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El general
que llevó el método de Guantánamo a las cárceles de Irak
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Gustavo
Sierra Clarín 130504
Geoffrey D. Miller es un general estadounidense de dos estrellas,
dientes mucho más grandes que
su boca y unos ojos chiquitos de acero. Y pasará a la historia por
ser el hombre que exportó los métodos para interrogar, torturar y castigar
a los prisioneros desde el campo de Guantánamo hasta la infame cárcel
iraquí de Abu Ghraib
Miller se hizo cargo en octubre de 2002 del centro de detenidos de la base
aeronaval de Guantánamo, enclavada desde hace cien años en pleno
territorio de Cuba. Hacía apenas unas semanas que habían comenzado a
llegar allí prisioneros de la Guerra Antiterrorista, la mayoría
transportados drogados y maniatados desde Afganistán, pero también
desde Pakistán y hasta algunos países europeos. Llegaron a ser 660. Desde
entonces, salvo algunas pocas liberaciones, esos hombres permanecen en
un limbo jurídico sin derecho a la defensa ni contacto con sus
familias y son constantemente interrogados
Cuando las cosas comenzaron a complicarse en Irak, el Pentágono envió a
Miller para que estudiara el caso. En septiembre del año pasado, el
general visitó varios centros de detención iraquíes y se concentró,
particularmente, en la cárcel de Abu Ghraib, en las afueras de Bagdad, la
misma en la que el régimen de Saddam Hussein mantenía y torturaba a
decenas de miles de presos políticos. De acuerdo al informe del
general Antonio Taguba, que hizo explotar la última semana el escándalo de
las fotos de los soldados estadounidenses torturando a los prisioneros
iraquíes, Miller encontró graves fallas de organización y "métodos poco
efectivos para obtener información". Por esa razón recomendó que los
guardias participaran de todo el proceso y que se encargaran de
"ablandar" a los prisioneros antes de que pasaran a manos de sus
interrogadores de las Fuerzas Especiales (léase la CIA)
Al Pentágono le pareció tan buena la recomendación que en marzo pasado
nombró a Miller como el nuevo jefe de todos los centros de detención en
Irak, con oficina principal en la cárcel de Abu Ghraib. Para entonces, ya
se conocía el informe del general Taguba que denunciaba la tortura
sistemática y predecía el escándalo que luego provocaron las fotos.
Entre uno y otro destino entrevisté a Miller en su oficina de Guantánamo.
Nos recibió junto a otros tres colegas de Europa y Japón con una sonrisa
amplia y diciéndonos que "acá no queremos ocultar nada"
En esa charla, Miller aseguró que allí no se torturaba a los prisioneros,
pero aceptó que se usaban "métodos de coerción" como interrogarlos
por 16 horas seguidas, mantenerlos confinados durante 23 horas y media por
día, transportarlos drogados, premiarlos o castigarlos con la comida y
tener un sistema de "recompensas" para los que "colaboren con sus
interrogadores". También dijo que trabajaban con él 70 agentes
especializados en "obtener información" de los prisioneros y
que hasta ese momento, todo el sistema había sido "muy exitoso"
Miller es un hombre aficionado al golf y en sus ratos libres se ocupaba de
poner a punto una cancha bastante raída de césped ubicada entre la zona
comercial de la base de Guantánamo y el campo de prisioneros Delta. Su
esposa, Pamella Ellis, una mujer amable y graciosa que nació en el mismo
pueblo que su esposo, Menard, Texas, y a quien conoce desde que iban
juntos a la escuela primaria, comentó a los periodistas que donde hubiera
sido destinado Miller "siempre tiene que haber un campo de golf"
Cuando llegó a Irak, Miller impuso su estilo en Irak y hasta dividió Abu
Ghraib en cuatro sectores —como lo había hecho en Guantánamo— que van de
unos de extrema seguridad a otros de baja seguridad y para que un
prisionero pueda ser trasladado debe entregar la información que buscan
sus interrogadores. En este complejo carcelario iraquí de unas 100
hectáreas hay más de 4.000 prisioneros. El sector de máxima seguridad,
conocido por los guardias simplemente como "Hard" (duro), consiste en un
bloque de 203 celdas individuales. Allí alojan a hombres y mujeres y es
donde se tomaron la gran mayoría de las fotos que muestran los abusos
contra los prisioneros. El segundo sector se lo llama "Campo Ganci" y
es un sector abierto de ocho bloques con capacidad hasta para 4.800
presos, la mitad confinados en tiendas de campaña. Luego aparece el "Campo
Vigilante", con unos 600 prisioneros. Y por último está el Campo Avalancha
que fue construido en los últimos meses para albergar a los prisioneros de
"mejor comportamiento" y es el único que tiene ventiladores de techo y
duchas individuales para combatir el calor del desierto
En todos sectores, el general Taguba encontró que se habían producido
"numerosos incidentes de abusos criminales sádicos, flagrantes y
perversos"
En la visita que hizo un pequeño grupo de periodistas estadounidenses la
semana pasada a Abu Ghraib, el general Miller dijo que ya no ocurría nada
de todo eso allí y aseguró que el jefe de los interrogadores, el coronel
Foster Payne de la 504 Brigada de Inteligencia, estaba revisando las 53
técnicas recomendadas en el manual de interrogatorios elaborado por el
Ejército. "Entre 8 y 10 de estas técnicas más agresivas van a ser
restringidas o prohibidas", aseguró Miller
Manual del Buen torturador
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Fuente
The Guardian
Desde 1983 enseña cómo "quebrar" a los prisioneros.
Se usó en Honduras bajo la supervisión política de
John Negroponte, para doblegar a
opositores de izquierda. Negroponte fue nombrado ahora, embajador de EE.UU.
en Irak
Cada vez hay más evidencias de que las torturas a las que fueron
sometidos los prisioneros iraquíes por parte de soldados de EE.UU. no
fueron "aisladas", como intenta demostrar la Casa Blanca. Por el
contrario, los abusos y humillaciones que sufrieron los detenidos son
exactamente los tormentos que figuran en un manual de la CIA
redactado en 1983 para ser utilizado en Honduras, contra opositores
"izquierdistas".
El "Manual de entrenamiento para la explotación de los recursos humanos"
enseña cómo quebrar psicológicamente a los presos, y fue una de
las herramientas utilizadas por los militares hondureños que, en los
'80, torturaron y asesinaron a miles de supuestos subversivos. Los
militares contaban con el apoyo del entonces embajador de EE.UU. en
Tegucigalpa, John Negroponte.
El diplomático ha sido duramente cuestionado por su papel en los tiempos
de exterminio de opositores hondureños, pero también por la influencia
que ejercía entonces en toda la convulsionada Centroamérica. Ahora,
Negroponte ha sido designado como embajador en Irak.
Las explicaciones del manual, al que accedió el diario británico The
Guardian, son claras: "El propósito es inducir la regresión
psicológica en el sujeto a través de una fuerza exterior para doblegar
su voluntad para resistir. La regresión es básicamente la pérdida de
autonomía", indica.
Un artículo publicado por el diario británico señala la similitud
entre las instrucciones redactadas en 1983 y las torturas que en los
últimos meses utilizaron los soldados estadounidenses contra los
prisioneros iraquíes.
Una de las fotos de los abusos, que los últimos días dio la vuelta al
mundo, muestra a un hombre encapuchado, de pie sobre una caja, con
cables atados a sus piernas y brazos, bajo la amenaza de ser
electrocutado si se caía. Este es, justamente, uno de los ejemplos de
tortura enumerados en el texto de la CIA, que sostiene que es mejor
amenazar con la electrocución que realizarla.
"La amenaza de coerción generalmente debilita o destruye la resistencia
con más efectividad que la coerción misma. Por ejemplo, la amenaza de
infligir dolor puede causar un miedo más dañino que la sensación
inmediata de dolor", especifica el manual.
"Si un sujeto se rehúsa a cooperar después de que la amenaza ha sido
hecha, se debe aplicar (la electrocución). De lo contrario, las
siguientes amenazas resultarán ineficaces", agrega. Según se supo en las
últimas semanas, a partir de informes de la Cruz Roja Internacional y de
declaraciones de algunos soldados estadounidenses, otro de los métodos
usados para atormentar a los prisioneros en Irak era dejarlos durante
varios días encerrados en celdas de cemento, sin ningún tipo de
ventilación.
La explicación se encuentra en el documento de la CIA: "La detención
debe planificarse para incrementar los sentimientos de aislamiento de
cualquier cosa familiar que lo aliente".
El manual también explica qué se puede obtener a través de las
humillaciones sexuales a los prisioneros. "La situación de
interrogatorio es en sí misma perturbadora para quien la enfrenta por
primera vez. El objetivo es potenciar ese efecto, romper radicalmente
con las emociones y asociaciones psicológicas que son familiares. Cuando
esta meta se alcanza, la resistencia se deteriora seriamente", detalla
el texto.
Washington no niega la existencia del manual. Según un documento
de 1992, publicado ayer en el sitio web "Archivos de Seguridad
Nacional", de la Universidad George Washington, el entonces secretario
de Defensa y hoy vicepresidente, Dick Cheney, decía que los manuales de
inteligencia del ejército estadounidense, utilizados antes por la CIA
para entrenar a militares de Latinoamérica en técnicas de
interrogatorios contenían "material ofensivo y objetable" que "debilita
la credibilidad de EE.UU. y podría causar conflictos significativos".
Con todo, esas instrucciones siguen vigentes.
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