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El ex
mandatario norteamericano
y Premio Nobel de la Paz 2002, fijó
su posición sobre el conflicto con Irak en una columna enviada a
The New York Times, que aquí se reproduce
.
ATLANTA.- Profundos cambios han
tenido lugar en la política exterior estadounidense, revirtiendo
consistentes compromisos bipartidarios que por más de dos siglos
han hecho la grandeza de nuestro país. Estos compromisos han sido
reafirmados en principios religiosos básicos, respeto a la ley
internacional y alianzas que resultaron en decisiones sabias y
restricciones mutuas. Nuestra aparente determinación de lanzar una
guerra contra Irak sin apoyo internacional es una violación de
estas premisas.
.
Como cristiano y como presidente
que lidió con varias crisis internacionales, me familiaricé
concienzudamente con los principios de una guerra justa, y resulta
claro que un ataque sustancialmente unilateral a Irak no cumple con
esos lineamientos. Esta es una convicción casi universal de los líderes
religiosos.
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Para que una guerra sea justa, debe
seguir distintos criterios claramente definidos:
- La guerra puede ser declarada
sólo como último recurso, cuando se hayan agotado todas las
opciones no violentas. En el caso de Irak, es obvio que existen
claras alternativas a la guerra. Estas opciones -previamente
propuestas por nuestros propios líderes y aprobadas por las
Naciones Unidas- fueron delineadas de nuevo por el Consejo de
Seguridad el viernes. Pero ahora, sin una amenaza directa a
nuestra propia seguridad nacional y a pesar de la apabullante
oposición de la mayoría de los pueblos y gobiernos del mundo,
los Estados Unidos parecen determinados a llevar a cabo acciones
militares y diplomáticas casi sin precedente en la historia de
las naciones civilizadas.
.
La primera fase de nuestro tan
publicitado plan de guerra consiste en lanzar, durante las
primeras pocas horas de invasión, 3000 bombas y misiles sobre
una población iraquí relativamente indefensa, con el propósito
de dañar y desmoralizar a tal punto a la población que cambiarán
a su detestable líder, quien probablemente estará escondido y
seguro durante los bombardeos.
.
- Las armas de guerra deben
discriminar entre combatientes y no combatientes. El bombardeo aéreo
intensivo, aun con exacta precisión, inevitablemente produce
"daños colaterales". El general Tommy Franks,
comandante de las fuerzas norteamericanas en el Golfo Pérsico,
expresó preocupación acerca de los muchos blancos militares
cercanos a hospitales, colegios, mezquitas y hogares privados.
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- La violencia debe ser
proporcional al daño sufrido. A pesar de otros serios crímenes
de Saddam Hussein, los esfuerzos estadounidenses de vincular a
Irak con los ataques terroristas de septiembre de 2001 fueron
poco convincentes.
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- Los atacantes deben tener legítima
autoridad aprobada por la sociedad que representan. La aprobación
unánime del Consejo de Seguridad de eliminar las armas de
destrucción masiva de Irak aún puede ser cumplida, pero
nuestros anunciados objetivos son ahora lograr el cambio de régimen
y establecer una Pax Americana en la región, tal vez
ocupando un país étnicamente dividido durante toda una década.
Para estos objetivos, no tenemos autoridad internacional. Otros
miembros del Consejo de Seguridad resistieron hasta ahora la
enorme influencia económica y política que se está ejerciendo
desde Washington y nos enfrentamos a la posibilidad de un
fracaso para conseguir los votos necesarios o incluso de un
posible veto de Rusia, Francia y China. Pese a que Turquía aún
puede ser persuadida de brindarnos ayuda mediante jugosas
recompensas económicas y un futuro control parcial de los
kurdos y del petróleo del norte iraquí, su Parlamento democrático
sumó su voz a las expresiones de preocupación mundial.
.
- La paz que establezca debe
ser un claro progreso respecto de lo que existe. Aunque hay una
visión de un Irak en paz y en democracia, es muy posible que el
período posterior a una invasión militar desestabilice la región
y lleve a los terroristas a poner en mayor peligro nuestra
seguridad en casa. Además, al desafiar la aplastante oposición
mundial, Estados Unidos socavaría a las Naciones Unidas como
una institución viable para la paz mundial.
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¿Cómo quedaría parado
Estados Unidos frente al mundo si no vamos a la guerra luego de
semejante despliegue militar en la región? La sincera simpatía
y amistad recibida luego de los ataques de 2001, aun de parte de
regímenes antes antagónicos, se ha disipado hace tiempo; políticas
cada vez más unilaterales y hegemónicas han llevado la
confianza internacional en nuestro país al nivel más bajo que
recordemos.
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El prestigio estadounidense
decaerá con seguridad aún más si iniciamos una guerra en
claro desafío a las Naciones Unidas. Pero usar la presencia y
amenaza de nuestro poder militar para obligar a Irak a cumplir
con todas las resoluciones de la ONU -con la guerra como último
recurso- realzará nuestro status como campeones de la paz y la
justicia
FUENTE: LA NACIÓN. BUENOS AIRES
http://www.lanacion.com.ar
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