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Cheney...entre
la guerra y los negocios
Molly
Invins
Cuando el ahora
vicepresidente fue funcionario de la firma Halliburton, abastecedora
de campos
petroleros, llevó a cabo operaciones por 23.8 millones de dólares
con el gobierno de Bagdad. Al salir de esa empresa recibió 3.4
millones de dólares por paquete de renuncia, pese a que el
contrato más grande en su carrera fue la adquisición de
Dresser Industries, que terminó siendo un gran fraude,
porque la compañía cargaba ya con obligaciones legales relativas a
un asunto de asbestos
Un viejo conocido
de Saddam encabezaría
la invasión estadounidense en Irak
Austin.
Texas. Disculpe usted: no
quiero enchinchar ni nada parecido, pero ¿no se le ha ocurrido a
nadie en Washington que enviar al vicepresidente Dick Cheney a
encabezar una invasión en Irak, invocando el pretexto de que Saddam
Hussein es un ''dictador asesino'', es algo intermedio entre el mal
gusto y la hipocresía rampante?
Cuando
Dick Cheney fue funcionario de la firma abastecedora de campos
petroleros Halliburton, la compañía hizo negocios por 23.8
millones de dólares con Saddam Hussein, ese malvado que se prepara
a ''compartir sus armas de destrucción masiva con los
terroristas''.
Así
que, si Saddam es el ''peor líder del mundo'', ¿cómo es que
Cheney le vendió equipo para que sus despilfarradores campos
petroleros funcionaran hasta el punto de permitirle fabricar armas
de destrucción masiva?
En
1998, Naciones Unidas pasó una resolución que permitía a Irak
comprar refacciones para sus campos de petróleo, pero otras de las
muchas sanciones contra dicho país quedaron como estaban. Estados
Unidos sigue presionando a la ONU para que deje de exportarle
medicinas y otros abastos básicos sobre la base de que podrían
tener ''doble uso''. Siendo secretario de Defensa durante el
gobierno de Bush el viejo, Cheney tenía una posición
particularmente vulnerable, por la hipocresía de mantener negocios
con Irak. (Aunque en 1991, después de la Guerra del Golfo, Cheney
le dijo a un grupo de ejecutivos de la industria petrolera que él
estaba enfáticamente en contra de derrocar a Hussein.)
Mediante
dos subsidiarias -Dresser-Rand e Ingersoll-Dresser-, Halliburton
ayudó a reconstruir los campos petroleros de Saddam, dañados por
la guerra. El valor combinado de estos contratos a cuenta de partes
y equipo fue mayor que el de cualquier otra compañía estadounidense
con negocios en Irak: empresas como Schlumberger, Flowserve, Fisher-Rosemount,
General Electric. Su acción la mediaban subsidiarias extranjeras o
compañías filiales en Francia, Bélgica, Alemania, India, Suiza,
Bahrein, Egipto u Holanda.
En
muchos casos, queda claro que lo único que hicieron las compañías
europeas fue prestarle el nombre a las firmas estadounidenses para
que trataran con Hussein. Irak se convirtió en el segundo
abastecedor petrolero más grande del Medio Oriente a Estados
Unidos.
El
relato de todo esto apareció por vez primera en el Financial
Times de Londres, hace más de dos años, y desde entonces la
prensa europea le ha dado mayor cobertura. Pero como ha pasado con
el caso de Harken Energy y otras historias más, existe una
diferencia entre un relato que se publica y uno al que se le presta
atención (distinción que a algunos periodistas les cuesta
trabajo). Así, el gobierno pudo, en el caso de Harken y sus
nebulosas negociaciones, menospreciar nuevas informaciones pues
''eran noticia vieja'', simplemente por el hecho de que nunca le
prestaron atención cuando la noticia vieja era nueva.
Cuando
Cheney dejó Halliburton recibió 34 millones de dólares de paquete
de renuncia, pese a que el contrato más grande en su carrera de
cinco años en esa empresa fue la adquisición de Dresser
Industries, que terminó siendo un gran fraude porque la compañía
cargaba ya con obligaciones legales relativas a un asunto de
asbestos. (En su campaña, Cheney se ufanó mucho de que ''había
estado en el sector privado creando empleos''. Lo primero que hizo
después de la fusión de Dresser fue despedir a 10 mil personas).
Halliburton,
la compañía estadounidense número uno en servicios petroleros, es
la quinta más grande concesionaria militar de la nación y la
empresa que más empleos no sindicalizados ocupa en Estados Unidos.
Tiene contratados a más de 10 mil trabajadores en el mundo y gana más
de 15 mil millones de dólares anuales. Con Cheney, Halliburton hizo
negocios con varias dictaduras brutales, incluido el despreciable
gobierno de Birmania. La compañía tuvo acomodos cuestionables en
Argelia, Angola, Bosnia, Croacia, Haití, Somalia e Indonesia.
Halliburton
hizo negocios con Irán y Libia, ambos países en la lista de
Estados terroristas del Departamento de Estado. La subsidiaria de
Halliburton, Brown&Root, la vieja firma constructora texana que
emprende muchos negocios con los militares estadounidenses, fue
multada con 3.8 millones de dólares por exportar a Libia, en
violación a las sanciones estadunidenses.
Si
quieren saber por qué los demócratas no se arrebataron este
reportaje, ni hicieron gran escándalo con él, diremos que porque
-como siempre- los demócratas también tienen negocios semejantes.
El antiguo director de la CIA, John Deutsch, está en la junta
directiva de Schlumberger, la segunda firma de servicios petroleros
después de Halliburton, que también hace negocios con Irak a través
de subsidiarias.
Hace
ya rato que los estadounidenses están conscientes de que el dinero
ha corrompido la política interior en favor de los intereses
corporativos, y que ambos partidos están sojuzgados por las enormes
donaciones de campaña provenientes de las corporaciones. Estamos
menos acostumbrados a conectar puntos cuando se trata de política
exterior. Pero las corporaciones le confieren igual importancia a
sus ganancias en el extranjero que a las de sus negocios nacionales.
Enron,
como siempre, nos puede adosar algunos ejemplos, de manual, de cómo
pueden ser indiferentes a los derechos humanos las compañías
estadounidenses. Los negocios de Halliburton en Nigeria, en sociedad
con Shell y Chevron, proporcionan otro ejemplo así, que implica
serias violaciones a los derechos humanos y abusos ambientales.
Nadie
se va a poner a argumentar que Saddam Hussein es un gran tipo, pero
Dick Cheney no es el hombre correcto para enfrentarlo. Nunca he
entendido por qué la prensa de Washington no puede recordar nada
por más de 10 minutos, pero escuchar a Cheney denunciando a Hussein
es como para decirle: ''Te pasas, de veras''
Los sucios negocios del vicepresidente Cheney
La empresa que construye las
barracas, limpia las letrinas y da de comer a los soldados en la
guerra de EU contra el terrorismo alrededor del mundo es la misma
que dirigió el vicepresidente Dick Cheney hasta que asumió su
cargo. El Pentágono le ha otorgado contratos de miles de millones
de dólares sin tener que pasar por un proceso normal de
licitación, y además en unas condiciones inexplicablemente
ventajosas, contrarias a la política de control presupuestario del
Gobierno: cuanto más gasten, más les pagan.
La empresa de
servicios Brown & Root, subsidiaria de la petrolera Halliburton,
de la que Cheney fue consejero delegado, fue elegida a pesar de que
la estaban investigando en California por fraude y de que la Oficina
de Control del Congreso recomendara al Pentágono que no se lo
dieran porque anteriormente había pasado facturas infladas en
decenas de millones de dólares. Por ejemplo, la factura de luz de
las tropas estadounidense estacionadas en Kosovo ha ascendido
anualmente a $17 millones de, el doble de lo necesario, según un
informe del Congreso.
Tanto los altos
mandos militares como la propia compañía afirman que los dos
contratos actuales, con el Ejército y la Marina no los han
conseguido con tráfico de influencias, sino por su experiencia y
calidad de servicio. La portavoz de la empresa, Zelma Branch, dice
que ni ellos se pusieron en contacto con Cheney cuando su propuesta
la estaba evaluando el departamento de intendencia del Pentágono ni
Cheney les llamó. 'Nadie en su sano juicio concede un contrato
así', opina el profesor Steven Schooner, especialista en contratos
del Gobierno.
Vicepresidente
Richard B. Cheney,
Según la Casa Blanca
El Vicepresidente Richard B.
Cheney ha tenido una distinguida carrera como hombre de negocios y
funcionario público. Ha prestado sus servicios a cuatro Presidentes
y como funcionario electo. Durante sus años de servicio, el Sr.
Cheney se ha desempeñado con responsabilidad, honor y liderazgo
inquebrantable, lo cual le ha ganado el respeto del pueblo
estadounidense durante épocas militarmente difíciles.
El Sr. Cheney nació en Lincoln,
Nebraska, el 30 de enero de 1941 y creció en Casper, Wyoming.
Obtuvo un bachillerato y una maestría en letras en la University of
Wyoming. Su carrera de servicio público se inició en 1969 cuando
se incorporó al gobierno de Nixon y prestó servicios en un sinnúmero
de cargos en el Concilio del Costo de Vida (Cost of Living Council),
la Oficina de Oportunidades Económicas (Office of Economic
Opportunity), y dentro de la Casa Blanca.
Cuando Gerald Ford asumió la
presidencia en agosto de 1974, el Sr. Cheney fungió como parte del
equipo de transición y más adelante como Auxiliar Adjunto al
Presidente. En Noviembre de 1975, fue nombrado Auxiliar al
Presidente y Jefe del Gabinete de la Casa Blanca, un cargo que
retuvo durante el resto del gobierno del Presidente Ford.
Tras su retorno a su estado de
residencia, Wyoming, en 1977, el Sr. Cheney fue elegido a la Cámara
de Representantes de Estados Unidos para servir el único cargo de
congresista del estado. Fue vuelto a elegir cinco veces y sus
colegas lo seleccionaron para que prestara servicios como Presidente
del Comité Republicano de Política (Republican Policy Committee)
de 1981 a 1987. Fue elegido Presidente de la Asamblea Republicana de
la Cámara de Representantes (House Republican Conference) en 1987 y
líder de la minoría de esa cámara en 1988. Durante sus años en
la cámara, el Sr. Cheney adquirió la reputación de una persona de
sabiduría, carácter y accesibilidad.
El Sr. Cheney también prestó
servicios en una función crucial cuando los Estados Unidos más lo
necesitaban. Como Secretario de Defensa de marzo del 1989 a enero
del 1993, el Sr. Cheney dirigió dos de las más grandes campañas
militares de los últimos años — la Operación Justa Causa en
Panamá y la Operación Tormenta del Desierto en el Mediano Oriente.
Fue responsable por perfilar el futuro de las fuerzas militares del
país durante una época de profundo y rápido cambio al concluirse
la Guerra Fría. El Secretario Cheney fue otorgado la Medalla
Presidencial de Libertad por el Presidente George Bush el 3 de julio
de 1991 por su liderazgo durante la Guerra del Golfo.
El Sr. Cheney se casó con su novia
de la escuela secundaria, Lynne Ann Vincent, en 1964, y la pareja
tiene dos hijas adultas, Elizabeth y Mary, y tres nietas
Fragmentos Rotos de la Guerra
Javier Villate
Mentiras, chantajes, sobornos,
intereses económicos inconfesables, prepotencia, hipocresía..., en
una palabra, inmoralidad y crimen contra la humanidad es lo que
rodea a la guerra de invasión y conquista emprendida por Estados
Unidos y Reino Unido, con el apoyo de Aznar. Para ellos, todo
nuestro desprecio.
"Es
cuestión de conciencia" . Esa fue la respuesta de un
manifestante cuando le preguntaron por qué se oponía a la guerra
contra Irak. Y es que las diferencias políticas, el pluralismo político
no puede ser absoluto. Solo podemos aceptarlo dentro de los límites
de lo consideramos moral.
Tenemos también diferentes puntos
de vista morales, pero todos los seres humanos compartimos unos
valores morales básicos, fuera de los cuales ni siquiera
reconocemos la ``humanidad'' de una conducta. Asesinar, por ejemplo,
es algo que consideramos inhumano. A quien mata por intereses económicos
no lo consideramos ``humano''. Con ello no pretendemos negar que él
también sea un ser humano, ni siquiera que le otorguemos los
derechos que él mismo está dispuesto a privar a los demás. Pero sí
queremos decir que su conducta no cabe entre nosotros. ``Es una
cuestión de conciencia''. ¡No a la guerra! ¡No al terrorismo
vestido de uniforme! ¡No al crimen, aunque sea perpetrado por
gobiernos supuestamente democráticos!
A quienes todavía sean incapaces
de distinguir cuándo una guerra es justa y cuándo no lo es, les
recomiendo la lectura de un apasionante libro de Jonathan Glover, Humanidad
e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX, editado por Cátedra.
Tantas
justificaciones como mentiras
Ningún demócrata moverá un dedo
en apoyo a Saddam Hussein. Los demócratas quisiéramos ver al
dictador apeado del poder y respondiendo por sus crímenes ante un
tribunal.
Tampoco se trata, como
frecuentemente se dice de forma errónea, de que el fin no justifica
los medios. La cuestión es otra: cada fin determina los medios
apropiados para lograrlo. Y cuando el fin es acabar con un régimen
dictatorial, los medios deben ser promover la solidaridad y el apoyo
a quienes resisten frente al dictador, difundir la verdad sobre su régimen,
promover los valores de la libertad, la democracia, el pluralismo y
todos los derechos humanos. Aquel fin no puede lograrse por otros
medios. Y cuando los medios empleados son los del crimen y el
terror, entonces tenemos muchas razones para pensar que los fines
que se persiguen no son los de la libertad y la democracia.
Dicen que van a ``liberar'' al
pueblo iraquí. Pero colocan la bandera de las barras y las
estrellas en las zonas que ocupan. ¿Qué piensan hacer para
``liberar'' al pueblo chino, tibetano o a los pueblos turcos que
viven bajo la bota del régimen de Pekín, mucho más oprobioso que
el de Hussein?
Dicen que van a ``liberar'' al
pueblo iraquí y han mantenido durante trece años un embargo
criminal que es el responsable primero de la muerte de decenas de
miles de niños. Embargo, no lo olvidemos, también practicado por
gobiernos que se oponen a la guerra.
Dicen que Irak tiene armas de
destrucción masiva, pero han sido incapaces de dar una sola prueba
sólida de ello. Son varios los informes de expertos e
investigadores que afirman, precisamente, lo contrario. ¿Queremos
destruir las armas de destrucción masiva? Muy bien. Quienes las
tienen en grandes cantidades son otros. Como dice Greenpeace en Irak
no es el único país en la región con armas de destrucción masiva,
``los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad --Estados
Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China-- tienen los mayores
arsenales mundiales de armas nucleares: más de 35.000''. Israel
tiene el mayor programa de armas nucleares en Oriente Medio, y se
piensa que tiene importantes programas de armas químicas y biológicas.
¿Que Hussein ha obstaculizado la labor de los inspectores de la
ONU? Israel se ha negado a ser inspeccionado. ¿Que Hussein se ha
negado a cumplir las resoluciones de las Naciones Unidas? Ningún
otro país en el mundo se ha burlado tanto como Israel de las
resoluciones de ese organismo. ¿Que Hussein es una amenaza para la
seguridad de Estados Unidos? ¿Y qué representa Israel para los
palestinos? ¿Por qué esa doble moral? Ya lo sabemos.
Pero Bush, Blair y Aznar no dejarán
de mentir por eso. Insistirán una y otra vez en presentar como
evidencias lo que solo son conjeturas o, incluso, manifiestas
mentiras. Como cuando Bush se apoyó en un informe de la Agencia
Internacional de la Energía Atómica para decir que Irak estaba a
punto de tener su bomba atómica. En realidad, el informe de la
agencia decía justamente lo contrario. O cuando dijo que ese país
árabe tenía una flota de aviones teledirigidos, dispuestos para
atacar a Estados Unidos. En realidad, un informe de la CIA decía
que solo se trataba de un proyecto experimental. Y así todo.
Dicen que el gobierno iraquí tiene
vinculaciones con Al-Qaeda, pero tampoco lo han probado. Más aún,
es conocido que no son buenas relaciones precisamente lo que ha
existido entre unos y otros.
Dicen que la intervención bélica
persigue restaurar la legalidad internacional. Aznar ha repetido
hasta la saciedad este argumento falaz. No es algo nuevo. El
presidente español ya ha demostrado en anteriores ocasiones su
peculiar concepto de la legalidad, la democracia y el estado de
derecho. En su boca estas palabras se han convertido en cáscaras
vacías, en contenidos particulares al servicio de la demagogia.
Olvida sistemáticamente que la legalidad, la democracia y el estado
de derecho no son cosas que él define, sino, en primer lugar,
procedimientos establecidos en las propias leyes. El estado de
derecho no es algo que exista al margen de los procedimientos que el
estado mismo pone en práctica. Es, precisamente, la legalidad de
esos procedimientos lo que garantiza la existencia de un estado de
derecho, y no al revés. Es el cumplimiento de los procedimientos
establecidos en el derecho internacional lo que garantiza la
existencia de la legalidad internacional, y son precisamente esos
procedimientos lo que han ignorado él y su aliado de Washington.
Tenemos que prepararnos para la
contaminación informativa y moral que acompaña a todo conflicto bélico.
Es indignante que el gobierno de Estados Unidos invoque la Convención
de Ginebra para criticar la exhibición de los soldados
norteamericanos hechos presos, a pesar de que han sido las
televisiones de Estados Unidos las que unos días antes mostraban a
centenares de soldados iraquíes presos. O, peor aún, a pesar de
que Estados Unidos mantiene presos, sin juicio, sin abogados y sin
ningún derecho a centenares de afganos en la base de Guantánamo,
en clara violación de todas las leyes internacionales y de los más
elementales derechos humanos. La ley no es la voluntad del poder de
Washington. Es triste tener que hacer estas aclaraciones.
Si el régimen de Saddam Hussein
representa una amenaza, tan improbable como no demostrada, ¿qué
podemos decir de la amenaza que representa para la paz mundial el
poderío de los Estados Unidos? Ellos sí tienen armas de destrucción
masiva, ellos sí han atacado y desestabilizado a una gran cantidad
de países (Irak, Irán, Pakistán, Chile, Vietnam, Nicaragua, Panamá,
Puerto Rico, Guatemala, Filipinas y un largo etcétera, ellos sí
han financiado y entrenado a bandas paramilitares y de mercenarios
en gran cantidad de países... Por no hablar de la amenaza que
representa el propio Bush para los ciudadanos estadounidenses: no
olvidemos que es el hombre que más sentencias de muerte ha firmado
en el país
"Si
ellos encienden los radares, vamos a volar sus malditos SAMs.
Saben que somos dueños de su país. Controlamos su espacio aéreo.
Dictamos la manera en que viven y hablan. Y eso es lo correcto para
América ahora. Es algo bueno, especialmente cuando hay un montón
de petróleo que necesitamos''William
Looney, General de Brigada de Estados Unidos a cargo de las
ofensivas aéreas anglo-norteamericanas contra Irak. Fuente:
Washington Post, agosto 1998
Guerra
por petróleo
Otro informe
de Greenpeace muestra cuáles pueden ser las verdaderas razones de
la invasión de Irak. Cita un informe del Foro de Política Global,
un organismo de Naciones Unidas, que revela la preocupación de las
compañías petroleras norteamericanas ante la posibilidad de perder
el liderazgo mundial.
Las reservas de petróleo de
Estados Unidos han descendido notablemente, hasta alcanzar el nivel
más bajo desde 1975. Sus rivales franceses, chinos y rusos han
firmado contratos con Irak para la explotación de sus pozos petrolíferos.
``Las compañías de Estados Unidos
y Reino Unido están nerviosas pero entusiastas por las opciones de
guerra de Washington, ya que ven que es el único medio de desbancar
a sus rivales y establecer una presencia dominante en el beneficioso
mercado de producción de petróleo en Irak'', dice el informe del
citado foro.
Es bien conocido los fuertes
vínculos de la familia Bush y del gobierno de Washington con la
industria petrolera y energética de Estados Unidos. Kenneth Lay,
director de Enron, es --o era, vaya usted a saber-- amigo íntimo de
Bush y Enron ha sido el contribuyente más generoso de las campañas
electorales del tejano: más de 623.000 dólares a lo largo de
su carrera política. El escándalo financiero de Enron ha salpicado
a Bush, pero no tanto como el que ha vinculado al vicepresidente
Dick Cheney con Halliburton, compañía energética de la que fue
director cuando se produjeron los supuestos fraudes financieros. Los
accionistas de esta compañía se han querellado contra Cheney, pero
el gobierno se ha opuesto a que el Tribunal de Cuentas investigue al
segundo de Bush. Por cierto que Halliburton hizo negocios con Irak
--hasta 73 millones de dólares en suministros de equipos petrolíferos
a través de varias subsidiarias-- después de que se impusieran las
sanciones contra el régimen iraquí. Cheney negó que su empresa
hubiera hecho negocios con Irak, pero posteriormente todo quedó al
descubierto, lo que, además, supone una violación de las leyes de
Estados Unidos.
Lo cierto es que el gabinete de
Bush está repleto de magnates
y antiguos ejecutivos de la industria petrolífera y energética,
incluido el propio presidente.
Las inconsistencias de las
acusaciones contra el régimen iraquí, la doble moral para
enjuiciar a unos y otros sobre la posesión de armas de destrucción
masiva y sobre el incumplimiento de resoluciones de Naciones Unidas,
junto a los vínculos del gobierno de Washington con la industria
petrolífera, todo ello no deja mucho lugar a las dudas: lo que
Estados Unidos pretende no es acabar con un régimen dictatorial ni
con las armas de destrucción masiva ni con una inexistente amenaza
para su seguridad, sino derrocar a Hussein y colocar en su lugar a
un pelele, tal vez con acento tejano, que se pliegue a los intereses
económicos de la industria petrolífera norteamericana.
Estados
Unidos contra todos
El 2 de marzo, el dominical británico
The Observer, editado por el diario The Guardian, levantó
la liebre: Estados Unidos estaba espiando las comunicaciones de
varias delegaciones de miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.
The Observer obtuvo un documento
interno de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la más secreta
de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en el que se
ordenaba que los teléfonos y correos electrónicos de las casas y
las oficinas de los delegados de Angola, Camerún, Chile, México,
Guinea y Pakistán fueran interceptados. Se trataba de conocer cuáles
eran sus intenciones de voto en el Consejo de Seguridad y, es fácil
imaginarlo, poder influenciar en ellos si fuera preciso.
En el documento se decía que las
operaciones de espionaje habían de ir ``especialmente dirigidas a
(...) miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (excepto
Estados Unidos y Reino Unido, por supuesto)''. Por supuesto. Por
supuesto que el documento fue enviado al Government Communications
Headquarters (GCHQ), servicio de inteligencia británico que
colabora con la NSA en la famosa red de espionaje internacional
Echelon.
Aunque el espionaje de diplomáticos
extranjeros es algo permitido por las leyes estadounidenses,
representa una violación de la Convención de Viena sobre
Relaciones Diplomáticas. Esta convención estipula que ``el estado
receptor [en este caso, Estados Unidos, pues la sede de la ONU está
en Nueva York] permitirá y protegerá las comunicaciones libres de
la misión a todos los efectos (...) La correspondencia oficial de
la misión será inviolable''. A una guerra ilegal le corresponden,
como no podía ser de otra forma, medios ilegales e inconfesables.
Bush --y Aznar-- ya nos han acostumbrado a esa visión maniquea y
perversa que tienen de todo lo que se enfrenta con sus planes: o estáis
conmigo o estáis contra mí. Como para Bush, Aznar ha dejado bien
claro en infinidad de ocasiones que quienes critican su política
antiterrorista son cómplices de los terroristas, y quienes critican
su política belicista y criminal son cómplices de Hussein. ``No
hay lugar para la equidistancia'', no hay término medio. La política
que Aznar ha aplicado con respecto al terrorismo etarra es un calco
de la que él y su señor Bush han decidido para luchar contra
Saddam Hussein. Algunos deberían tomar buena nota de ello.
A finales de febrero se
descubrieron, en la sede del Consejo de la Unión Europea,
dispositivos de escuchas telefónicas que afectaban a las
delegaciones británica, italiana, austríaca y española. La policía
belga identificó a Estados Unidos como el autor del espionaje.
La
tecnología de la guerra
Según un capitán norteamericano,
el ejército norteamericano tiene verdaderos
problemas con la alta tecnología. Por primera vez, la infantería
norteamericana ha instalado en muchos de sus tanques y vehículos
armados nuevas tecnologías informáticas y de comunicaciones. Pero
en algunos casos no ha sido suficientemente probada, es defectuosa y
adolece de incompatibilidades que puede poner en peligro la
seguridad de los combatientes.
Tal vez algún día pueda saberse
por qué los norteamericanos han abatido un avión británico o por
qué tropas anglo-americanas han disparado contra periodistas
occidentales.
Los vehículos armados disponen de
ordenadores portátiles que proporcionan mapas del campo de batalla
en tiempo real. Van equipados con unidades GPS y muestran en
pantalla los vehículos norteamericanos como iconos azules, mientras
que los vehículos iraquíes aparecen como iconos rojos. Con estos métodos
de identificación, el ejército estadounidense espera evitar la
experiencia de la primera guerra del Golfo, en la que el 30 por
ciento de las víctimas fueron consecuencia del fuego de sus compañeros.
En teoría, los comandantes de las
unidades se comunicarán entre sí por correo electrónico a través
de una intranet segura. Eso les
permitirá coordinar y precisar los planes de ataque, disponer de
informes actualizados de los movimientos de las tropas iraquíes e,
incluso, avisar de posibles ataques químicos o biológicos.
Todo el sistema depende de dos
grandes servidores que serán transportados por el campo de batalla
en dos furgonetas con aire acondicionado.
Mucho se ha hablado de una posible
``ciberguerra'' entre norteamericanos e iraquíes. Pero no parece
muy posible que las escasas y deficientes infraestructuras informáticas
y de telecomunicaciones de Irak, el escaso número de ordenadores
conectados en ese país a Internet y la poca experiencia de sus
usuarios permitan pensar en ataques informáticos de entidad
procedentes del país.
Más aún, si Estados Unidos
quisiera, podría dejar a Irak desconectado de la red global. El único
proveedor de servicios de Internet iraquí, la Empresa Estatal de
Servicios de Internet, envía y recibe casi todo el tráfico de
comunicaciones a través de satélites ubicados en Atlanta y
propiedad de Atlanta
International Teleport, y en la campiña inglesa de Warwickshire,
operados por SMS Internet. Siempre que un iraquí envía o recibe un
mensaje electrónico o visita una página web, sus bits
pasan por Atlanta o Warwickshire. Con otras palabras, las
comunicaciones de Internet de Irak dependen casi completamente de
Estados Unidos y Gran Bretaña y están en sus manos.
No solo la infraestructura de
comunicaciones de Irak es así de vulnerable, sino que también lo
son sus ordenadores y su software, la mayor parte de los mismos
anticuados y bien conocidos por los hackers
que trabajan para los servicios de inteligencia norteamericanos.
Es bien claro, pues, que el
gobierno iraquí no tiene capacidad para emprender una ciberguerra
contra Estados Unidos. Pero, sin embargo, son varias las noticias
que se han hecho eco de la existencia de planes de Washington para
infectar los ordenadores del gobierno de Saddam Hussein.
Fuentes
de información alternativa
A nadie se le escapa, y tampoco lo
ocultan los medios de comunicación, que la información sobre la
guerra va a estar muy mediatizada, tanto del lado iraquí como del
de Estados Unidos y Gran Bretaña. No abundaré sobre ello.
Los medios de comunicación
norteamericanos ocultan ciertas informaciones a los ciudadanos
estadounidenses.
Una vez más, Internet representa
una buena alternativa, si bien con las limitaciones evidentes
derivadas de su escasa presencia en el campo de batalla y de la ridícula
penetración que la red global ha tenido en el país árabe.
En todo caso, aquí van algunos
sitios de interés:
-
http://www.observer.co.uk/iraq/0,12239,753696,00.html.
Informes especiales sobre la guerra proporcionados por el británico
The Observer
-
http://www.antiwar.com
-
Campaña
por la Paz de Izquierda Unida.
Con información, manifiestos, documentos y vídeos.
-
Nodo50
-
Independent
Media Center. Contiene
información sobre hechos que no suelen ser noticiados en los
medios más populares. ¿Quieres saber si, por ejemplo, hay
soldados norteamericanos que rehúsan ir a la guerra? Gran
cantidad de enlaces a sitios de Indymedia de todo el mundo y
mucha información.
-
Sitio
sobre la guerra de AlterNet
-
Blog
de Raed. Mensajes
escritos por iraquíes, pero lamentablemente son muy escasos.
-
No
a la guerra. Información
y vídeos de manifestaciones de protesta.
-
Gulfwar-2,
de Yahoo! Groups, es un foro de discusión.
-
Back to Iraq 2.0.
Relatos periodísticos sobre Irak.
FUENTE: DIARIO RED
http://diariored.com/index.php
LA GUERRA Y LOS NEGOCIOS
Contratistas: una carrera con ganadores
seguros Fuente
NYT
Los primeros
contratos para la reconstrucción de Irak se firmaron esta
semana, en medio de tensiones y suspicacias.
La guerra empezó hace diez días. La reconstrucción ya está
marchando.
Al menos, eso piensan los funcionarios de Estados Unidos
encargados de los contratos públicos, que esta semana
firmaron con compañías estadounidenses los primeros
contratos para reconstruir a Irak. La tarea, según los
expertos, costará entre 25.000 y 100.000 millones de dólares,
y representará la mayor reconstrucción de posguerra desde el
Plan Marshall en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
Los funcionarios del gobierno de Bush no pierden oportunidad
de hacer esta comparación y enfatizar la generosidad y
perspicacia de EE.UU. Pero la decisión oficial de convocar
solamente a empresas estadounidenses para competir por esos
contratos acentúa las fuertes desavenencias internacionales
en torno a la guerra.
El jueves, un funcionario estadounidense rechazó enérgicamente
las quejas europeas de que EE.UU. está adjudicando en forma
poco equitativa los contratos. El funcionario, Alan Larson,
subsecretario de Estado se "sorprendió" por las
sugerencias de empresas y funcionarios europeos de que EE.UU.
está custodiando los despojos de una guerra controvertida.
Dado que las estimaciones de los costos de la reconstrucción
ascenderían a varias decenas de miles de millones de dólares,
el debate, en el que EE.UU. es acusado de arrogancia y de
amiguismo con los contratistas, no tiene nada de académico.
Los europeos se quejan de que EE.UU. está favoreciendo a
empresas estadounidenses bien conectadas con el poder, y mira
a Irak como un "protectorado".
Buenas conexiones políticas
El Cuerpo de Ingenieros del ejército anunció el martes que
otorgó el contrato para la extinción de incendios en los
pozos petroleros del sur de Irak a una subsidiaria de
Halliburton, la empresa de Houston de la que el vicepresidente
Dick Cheney fue presidente hasta el año 2000.
Algunas de las empresas mejor colocadas para ganar los
contratos están, de hecho, entre las que gozan de mejores
conexiones políticas en Washington: la Fluor Corporation,
vinculada con ex funcionarios de compras del Pentágono y el
grupo Bechtel, que tiene entre sus autoridades al ex
secretario de estado George P. Shultz y otros ex ministros
republicanos.
En Europa, muchos encontraron particularmente irritante un
comentario hecho el miércoles por el Secretario de Estado
Colin Powell. Powell dijo al congreso "No tomamos esta
enorme carga con nuestros socios de coalición para no poder
tener un control dominante y significativo sobre cómo se
desarrolla".
Como parte de un presupuesto de emergencia de casi 75.000
millones de dólares que está pidiendo para solventar la
guerra en Irak y sus consecuencias, el presidente George Bush
pidió al congreso 8.000 millones de dólares para reconstruir
a Irak y ayudar a países vecinos.
EE.UU. quiere retener el control de la ocupación y
reconstrucción de Irak, dejando que el gobierno decida cómo
gastar el dinero necesario para rehacer el país. Esos
contratos serán financiados por los contribuyentes, si bien
altos funcionarios del gobierno dieron a entender que los
ingresos provenientes del petróleo iraquí también serán
utilizados para reconstruir. "Vamos a usar los activos
del pueblo de Irak, especialmente sus activos petroleros, para
beneficiar a los iraquíes", dijo Colin Powell.
Una prioridad es reconstruir Um Quasr, el único puerto de
aguas profundas de Irak, de donde parten los buques de carga
hacia el Golfo Pérsico. Un contrato de 7,1 millones de dólares
fue adjudicado el martes a International Resources Group, para
el control técnico; Stevedoring Services of America, de
Seattle, se encargará, por 4,8 millones, de operar ese
puerto, que fue tomado por una fuerza de invasión británica
en el segundo día de la guerra.
La Agencia de Defensa para la Reducción de Amenazas, una
dependencia del Departamento de Defensa, está manejando otro
proceso de licitación: busca ofertas y antecedentes de
empresas especializadas en desmantelar y neutralizar armas químicas
y nucleares.
Otras prioridades inmediatas serán supervisadas por la
Agencia Estadounidense del Desarrollo Internacional. Entre
ellas, la rehabilitación de dos aeropuertos internacionales y
tres de cabotaje, el abastecimiento de agua potable y la
reparación de centrales eléctricas, rutas, ferrocarriles,
escuelas, hospitales y sistemas de irrigación.
El Cuerpo de Ingenieros del Ejército otorgará contratos para
reparaciones más "básicas" en toda la región.
Demasiado rápido
El gobierno de Bush está solicitando una partida
suplementaria de fondos al Congreso. Pero es probable que esta
iniciativa encuentre resistencia en legisladores molestos
porque el gobierno está firmando contratos demasiado rápido
sin consultar antes con el Congreso.
Entre las empresas invitadas a concursar por los contratos
figuran las constructoras más grandes y con más contactos
políticos del país. Además, de Halliburton, el Bechtel
Group y Fluor, las otras empresas facultadas son Parsons
Corporation, el Louis Berger Group y el Washington Group
International.
Traducción de Susana Manghi
La
Guerra y los negocios: Contratistas: una carrera con ganadores
seguros
The
New York Times
Los primeros
contratos para la reconstrucción de Irak se firmaron esta
semana, en medio de tensiones y suspicacias
La guerra empezó hace diez días. La reconstrucción ya está
marchando.
Al menos, eso piensan los funcionarios de Estados Unidos
encargados de los contratos públicos, que esta semana
firmaron con compañías estadounidenses los primeros
contratos para reconstruir a Irak. La tarea, según los
expertos, costará entre 25.000 y 100.000 millones de dólares,
y representará la mayor reconstrucción de posguerra desde el
Plan Marshall en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
Los funcionarios del gobierno de Bush no pierden oportunidad
de hacer esta comparación y enfatizar la generosidad y
perspicacia de EE.UU. Pero la decisión oficial de convocar
solamente a empresas estadounidenses para competir por esos
contratos acentúa las fuertes desavenencias internacionales
en torno a la guerra.
El jueves, un funcionario estadounidense rechazó enérgicamente
las quejas europeas de que EE.UU. está adjudicando en forma
poco equitativa los contratos. El funcionario, Alan Larson,
subsecretario de Estado se "sorprendió" por las
sugerencias de empresas y funcionarios europeos de que EE.UU.
está custodiando los despojos de una guerra controvertida.
Dado que las estimaciones de los costos de la reconstrucción
ascenderían a varias decenas de miles de millones de dólares,
el debate, en el que EE.UU. es acusado de arrogancia y de
amiguismo con los contratistas, no tiene nada de académico.
Los europeos se quejan de que EE.UU. está favoreciendo a
empresas estadounidenses bien conectadas con el poder, y mira
a Irak como un "protectorado".
Buenas conexiones políticas
El Cuerpo de Ingenieros del ejército anunció el martes que
otorgó el contrato para la extinción de incendios en los
pozos petroleros del sur de Irak a una subsidiaria de
Halliburton, la empresa de Houston de la que el vicepresidente
Dick Cheney fue presidente hasta el año 2000.
Algunas de las empresas mejor colocadas para ganar los
contratos están, de hecho, entre las que gozan de mejores
conexiones políticas en Washington: la Fluor Corporation,
vinculada con ex funcionarios de compras del Pentágono y el
grupo Bechtel, que tiene entre sus autoridades al ex
secretario de estado George P. Shultz y otros ex ministros
republicanos.
En Europa, muchos encontraron particularmente irritante un
comentario hecho el miércoles por el Secretario de Estado
Colin Powell. Powell dijo al congreso "No tomamos esta
enorme carga con nuestros socios de coalición para no poder
tener un control dominante y significativo sobre cómo se
desarrolla".
Como parte de un presupuesto de emergencia de casi 75.000
millones de dólares que está pidiendo para solventar la
guerra en Irak y sus consecuencias, el presidente George Bush
pidió al congreso 8.000 millones de dólares para reconstruir
a Irak y ayudar a países vecinos.
EE.UU. quiere retener el control de la ocupación y
reconstrucción de Irak, dejando que el gobierno decida cómo
gastar el dinero necesario para rehacer el país. Esos
contratos serán financiados por los contribuyentes, si bien
altos funcionarios del gobierno dieron a entender que los
ingresos provenientes del petróleo iraquí también serán
utilizados para reconstruir. "Vamos a usar los activos
del pueblo de Irak, especialmente sus activos petroleros, para
beneficiar a los iraquíes", dijo Colin Powell.
Una prioridad es reconstruir Um Quasr, el único puerto de
aguas profundas de Irak, de donde parten los buques de carga
hacia el Golfo Pérsico. Un contrato de 7,1 millones de dólares
fue adjudicado el martes a International Resources Group, para
el control técnico; Stevedoring Services of America, de
Seattle, se encargará, por 4,8 millones, de operar ese
puerto, que fue tomado por una fuerza de invasión británica
en el segundo día de la guerra.
La Agencia de Defensa para la Reducción de Amenazas, una
dependencia del Departamento de Defensa, está manejando otro
proceso de licitación: busca ofertas y antecedentes de
empresas especializadas en desmantelar y neutralizar armas químicas
y nucleares.
Otras prioridades inmediatas serán supervisadas por la
Agencia Estadounidense del Desarrollo Internacional. Entre
ellas, la rehabilitación de dos aeropuertos internacionales y
tres de cabotaje, el abastecimiento de agua potable y la
reparación de centrales eléctricas, rutas, ferrocarriles,
escuelas, hospitales y sistemas de irrigación.
El Cuerpo de Ingenieros del Ejército otorgará contratos para
reparaciones más "básicas" en toda la región.
Demasiado rápido
El gobierno de Bush está solicitando una partida
suplementaria de fondos al Congreso. Pero es probable que esta
iniciativa encuentre resistencia en legisladores molestos
porque el gobierno está firmando contratos demasiado rápido
sin consultar antes con el Congreso.
Entre las empresas invitadas a concursar por los contratos
figuran las constructoras más grandes y con más contactos
políticos del país. Además, de Halliburton, el Bechtel
Group y Fluor, las otras empresas facultadas son Parsons
Corporation, el Louis Berger Group y el Washington Group
International.
Traducción de Susana Manghi
El plan económico de Bush: buen
regalo de guerra para las corporaciones estadounidenses
Kate Randall
17/10/01
Aquella personas que el gobierno y
los medios de prensa han convencido de que la guerra contra Afganistán
se está llevando a cabo para defender a las masas del pueblo
estadounidense deberían considerar la política interior que se está
planeando en el Congreso, aun mientras el gobierno expande su campaña
militar en Asia Central.
La serie de estímulos económicos
que el gobierno de Bush ha propuesto luego de los ataques
terroristas del 11 de septiembre le ofrece billones de dólares a
los ricos por medio de la reducción de los impuestos, pero le
ofrece poco auxilio a los millones de trabajadores y familias que
han sido afectados por la tragedia.
Durante los días que siguieron el
ataque, el Congreso aprobó $40 billones en asistencia de
emergencia, gran parte de ella destinada a pagar los costos de
limpieza del World Trade Center y del Pentágono y tomar los
primeros pasos para reconstruir la infraestructura de las zonas de
Nueva York que fueron devastadas.
Quince billones de dólares
adicionales se usaron para asistir a las aerolíneas, quienes habían
presionado extensamente para que se les ‘inyectara' el dinero que
le pertenece a los contribuyentes [de impuestos o rentas internas].
Al mismo tiempo, despedían a más de 100,000 empleados. Esperando
aprovecharse de la situación, la industria de los seguros también
esta presionando para que se adopte legislación que establezca un
fondo, respaldado por el gobierno federal, que la proteja de
reclamos que resulten de ataques terroristas en el futuro.
Con el proyecto de ley para el estímulo
de la economía, el gobierno de Bush se ha aprovechado de los trágicos
acontecimientos del 11 de septiembre para avanzar su agenda pro
corporativa. El programa proveerá solamente $3 billones en
beneficios de desempleo (con extensión), primas para el seguro médico
y costos para los trabajadores de jardines infantiles que han
perdido sus empleos, resultado de los secuestros-bombardeos. No
permite casi ningún dinero adicional para comenzar proyectos de
construcción urgentes o para la reconstrucción de la
infraestructura de la nación. La mayoría de los fondos—cuyo
total se calcula entre $60 y $75 billones—están destinados a
acelerar el plan para la reducción de las rentas internas (que batió
el récord) promulgada por la ley a principios de año y que de
varias maneras excluye a las corporaciones de pagar los impuestos.
Luego de reunirse en la Casa Blanca
la semana pasada con aproximadamente 70 líderes del mundo de los
negocios, Bush declaró: “El Congreso no necesita gastar más
dinero; lo que tienen que hacer es reducir las rentas internas”.
Los miembros del establecimiento político y corporativo entienden
esto bien. Quiere decir la mayor parte de estos fondos caerá en
manos de los sectores más ricos y privilegiados de la sociedad. Un
asistente de la dirigencia Republicana comentó que con esta
legislación el presidente “decidió irse con la gente que lo habían
traído a bailar”; es decir, los sectores más voraces de la élite
corporativa.
Varios Demócratas han
protestado—aunque muy suavemente—los prejuicios
extravagantemente pro negocios del plan de Bush. El diputado Charles
Rangel (estado de Nueva York), Demócrata y miembro del más alto
rango del Comité de Medios y Árbitros de la Cámara de Diputados,
declaró: “Creen que pueden sacar al aire todo lo que quieran y
cubrirlo con la bandera”.
Pero la oposición más escandalosa
al plan proviene de figuras en el Partido Republicano, que han
denunciado al plan porque, al no concederle suficiente plata a las
grandes empresas, representa tremenda concesión a los Demócratas.
Cierto grupo de diputados conservadores, con el Caudillo de la Mayoría
del Congreso, Tom DeLay (Republicano de Texas), a la cabeza, se ha
opuesto a todo gasto y asistencia a los trabajadores que han quedado
destituidos de sus empleos o a la reconstrucción de la
infraestructura. Según el grupo, el plan sólo debería incluir
reducciones de las rentas internas.
Se espera que el Congreso apruebe
las principales disposiciones del plan del gobierno durante las próximas
semanas. El gobierno de Bush ha cambiado de parecer en cuanto a las
reducciones en los impuestos que se le cobran a los ingresos de las
corporaciones y los incrementos de capital. Pero es posible que se
adopte otra política para reducir las rentas internas, cosa que por
mucho tiempo los grandes negocios habían buscado.
Uno de los grandes despilfarros
para los ricos es la propuesta para acelerar del año 2004 al 2002
la reducción por 1% de la tasa de impuestos sobre la renta que se
fija al 27% de los ingresos. Esta categoría impositiva sólo se le
aplica a un 24% de los hogares que ganan un promedio de $132,000 al
año.
Entre las prioridades que Bush
quiere añadirle a este programa está la revocación del impuesto mínimo
alterno (AMT) que se le cobra a las corporaciones. Desde 1986, la
Asociación Nacional de Manufacturantes ha estado tratando de hacer
todo lo posible para que el AMT se rescinda. La anulación de éste
permitiría que muchas empresas no paguen ningún impuesto sobre la
renta.
Otra disposición extendería el
período durante el cual a las empresas se les permitiría descontar
hacia el pasado—de dos a cinco años—las pérdidas netas
sufridas por sus actividades normales. Esto permitiría que los
negocios recuperen varios impuestos de la renta que tuvieron que
pagar sobre las ganancias récord que tuvieron a principios de los
1990. Las aerolíneas y la industria del petróleo son los
patrocinadores más fervorosos de esta medida.
En contraste, los fondos y
beneficios destinados a los trabajadores y sus familias son
dolorosamente inadecuados y temporales. Los beneficios del seguro de
desempleo han de extenderse de 26 a 39 semanas para los trabajadores
que perdieron sus empleos luego del 11 de septiembre, pero solamente
en aquellos estados donde la tasa de desempleo aumentara el 30%
desde esa fecha. Sólo tres estados están exentos de este requisito
del 30%: Nueva York, New Jersey y Virginia.
Sólo uno de tres trabajadores
estadounidenses actualmente es idóneo para recibir los beneficios
de desempleo, pero muchos que reciben sueldos bajos, que tienen
oficios temporales, que son eventuales o trabajan por contrato, serán
excluidos de esta cobertura. El hecho que los trabajadores idóneos
para recibir los beneficios de desempleo sean tan pocos revela de la
propuesta de Bush para extender los beneficios—con
restricciones—es todavía más cínica. También revela la
tremenda erosión en las condiciones de vida de los trabajadores que
ha ocurrido como consecuencia de una ofensiva contra la clase
obrera; ofensiva que ha durado veinte años con el apoyo de las
corporaciones.
Más de 200,000 trabajadores
estadounidenses han perdido sus empleos desde el 11 de septiembre,
ya que las compañías en casi todos los sectores de la economía
han anunciado reducciones importantes. Aquellos empleados que son idóneos
para recibir los beneficios de desempleo van a tener muchas
dificultades en encontrar nuevos trabajos, pues la crisis económica
sigue profundizándose. Cuando los beneficios de desempleo se
acaben, el último recurso para estos trabajadores serán los
programas de asistencia social que el gobierno Clinton desentrañara
al instituir sus “reformas de bienestar social”.
Bajo el disfraz de “gastos para
la asistencia”, otra disposición del programa la robaría a un
sector de la clase obrera para financiar a otro sector de la misma.
Bush propone sacar $11 billones del Programa de Seguro Médico para
Niños (CHIP) con tal de expandir la cobertura médica para los
desempleados. Bajo la ley de 1997 que creó CHIP, los estados
reciben cierta cantidad anual para proveer seguro médico a los niños
pobres. El dinero que no se gaste por tres años se le reparte a
otros estados. Actualmente, este dinero llega a los $11 billones,
los cuales los funcionarios del gobierno consideran “dinero que no
se ha gastado”.
Ron Pollack, director ejecutivo Families
USA, grupo que aboga por la salud, ha declarado que este dinero
no estaba “tirado a un lado” esperando que lo gastaran; había
sido destinado para el seguro médico de los niños pobres. Comentó:
“No es manera muy eficaz de ayudar a las familias, cuando se le
roba a los niños para pagar a los adultos”.
El plan de Bush también propone
enviar cheques de descuentos a los contribuyentes que poseen
recursos económicos escasos y que no recibieron el descuento de
$300-600 establecido por la ley adoptada a principios de año. Esta
medida, como las anteriores, es temporal y sólo de la daría una
ayuda mínima a los trabajadores y a los pobres.
El estímulo que el proyecto de ley
que Bush ha propuesto demuestra que no habido ningún paro en la
ofensiva que la clase gobernante ha emprendido desde los ataques
terroristas. Esta legislación debería conocerse por lo que en
realidad es: otra oportunidad para que la élite corporativa avance
sus limitados intereses clasistas a costillas de las masas amplias
de la población. Las disposiciones de esta ley están hechas a la
medida para satisfacer a los grandes negocios, quienes ya habían
conducido una campaña para reducir sus impuestos.
El pueblo trabajador debería
hacerse la siguiente pregunta: si el gobierno de Bush actúa tan
despiadadamente para defender los intereses de una minoría
privilegiada en cuanto a la política interior, ¿puede su política
exterior ser motivada por intereses clasistas diferentes? Las mismas
fuerzas capitalistas que respaldan el programa de Bush para
estimular la economía promueven la guerra contra Afganistán, país
de gran inestabilidad ubicado estratégicamente en una zona geográfica
que contiene enormes reservas de petróleo crudo.
La familia Bush y el Vice
Presidente Cheney, entre otros, tienen vínculos directos a la
industria petrolera. La política interior del gobierno y su guerra
en Asia Central representan dos lados de la misma moneda que se le
ocultan al público, lo cual refleja los intereses de la oligarquía
financiera.
El gobierno y los
medios de prensa hacen llamados patrióticos a la unidad nacional en
la “guerra contra el terrorismo” para manipular la opinión pública
con tal de que apoye la guerra. Pero el plan económico que está
siendo empujado en el Congreso revela que detrás de la unidad
nacional, la clase gobernante está despiadadamente siguiendo su
programa de guerra contra la clase trabajadora
Bush y Bin
Laden, socios en
los negocios y amigos íntimos
Francesco Piccioni
Il Manifesto
La saga infinita de
las relaciones entre las dos familias, en las que los bin Laden
tienen las de perder
El viejo pirata
Prescott Bush (abuelo de George Bush) estaría contento al ver hasta
que punto sus descendientes han asimilado su espíritu. En 1918
dirigió una incursión en un cementerio apache para robar la
calavera de Jerónimo y hacer de esta el trofeo de su sociedad
estudiantil, la Skull & Bones (calavera y huesos). En los años
30 y en los primeros 40, negoció con la empresa alemana Luftwaffe
creando tres sociedades de las que fue el accionista más
importante, habiendo sido sancionado para haber comerciado con el
enemigo violando la Trading with Enemy Act. Almorzaba normalmente
con Allen Foster Dulles, jefe de la CIA en el momento del asesinato
de John Kennedy, y convocó al jefe de la nación apache por una
ceremonia de restitución de la calavera de Jerónimo, la cual
terminó mal, porque intentó darle otra calavera cualquiera, ofendiéndolo
a muerte.
Estaría contento
con su primogénito George Herbert, petrolero de escasa fortuna pero
que como agente de la CIA fue capaz de llegar hasta la cumbre,
siendo nombrado su director en 1976, a pesar del mal resultado del
desembarco en Bahía de Cochino en Cuba, del que fue coordinador.
Pero demostró amar las raíces tejanas, el petróleo y la familia,
llamando a tres de los barcos del desembarco: Houston, Zapata -el
nombre de su sociedad petrolífera que había quebrado- y Bárbara,
el nombre de su mujer. Tiene que haber pasado de largo sobre aquella
extraña relación de su hijo, en los años 60, con un constructor
árabe que venía de vez en cuando por Tejas y que trató de
introducirse en la alta sociedad local. Al fin de cuentas, aquel
Muhammad Bin Laden, no duró mucho: se estrelló con su avión
mientras volaba sobre los pozos que tan poca satisfacción le dieron
a su hijo predilecto. Era el 68, el mundo pensaba en otra cosa.
George W., al
principio, tiene que haberle dado bastantes preocupaciones. Un burro
en la escuela, con notas medias de "C", a un paso del
suspenso, fue el último en el examen de admisión para las fuerzas
aéreas de la Guardia Nacional, al límite para no tener que ir a
Vietnam, asiduo de las botellas de bourbon y de las líneas de cocaína.
Pero por fin, también él, se lanzó al business del petróleo. A
mitad de los años 70, creo la Arbusto Energy (nombre original en
español, Bush significa arbusto), teniendo como socios a unos
cuantos amigos paternos,ya que en la CIA tenía muchos amigos. Su
compañero del servicio militar, James Bath, le proporcionó
inversiones por parte de Khaled Bin Mafouz y Salem Bin Laden, el
hijo mayor de Muhammad y nuevo jefe de la familia. Personaje
notable, Mafouz. Banquero de la familia real saudí, novio de una
hermana de Salem y Osama, gran jefe de Relief y Blessed Relief, los
dos "ong" árabes imputadas de ser una cobertura para la
organización de Osama.
George, en los
negocios, fue desdichado. La Arbusto Energy fracasó, se transforma
en Bush Exploration, luego en Spectrum7. Infaliblemente llega la
bancarrota. Salem hace que no le falte su generoso apoyo. El éxito
parece llegar cuando la Harken Energy compra su parte de acciones en
Spectrum pagando 600.000 dólares. Qué se añaden a un contrato de
consultoría de 120.000 dólares al año. En resumen se mete en el
bolsillo un millón de dólares, mientras que Harken pierde decenas.
Pero se procura un contrato de perforación en una parte del mar de
Barein, ganando a Amoco y a Esso. Es el año 91, y la guerra del
Golfo está a punto de estallar, Bush padre es el presidente; y el
jeque local, Khalifa, prefiere no arriesgarse. También son viejos
amigos de la familia. Khalifa, Bin Mafouz y Salem Bin Laden
estuvieron en la dirección del BCCI cuando pasaban inmensos
movimientos de dinero del Asunto Irán-Contra. Al final de los 80,
los republicanos se encuentran secretamente en París con los
jomeinistas moderados para retardar la liberación de los rehenes
americanos en Teherán y perjudicar así a Jimmy Cárter en las
elecciones, George padre llega a al reunión a bordo del avión de
Salem Bin Laden.
George W. es
desafortunado con sus socios. En aquel mismo avión, en el año
1988, Salem encuentra la muerte, también él, mientras volaba sobre
los pozos de Tejas. La coincidencia parece a muchos excesiva, pero
la investigación fue profunda. Las conclusiones, en efecto, no
fueron jamás divulgadas. Mientras tanto otro protagonista del
encuentro de París, Amiram Nir - agente del Mossad - muere en un
accidente de avión. Nada sospechoso, ya que se estrella en México,
no en Tejas.
La desdicha también
persigue a los periodistas que investigan a Bush. Danny Casolaro está
trabajando en su libro "Untanglig the Octopus", que
reconstruye la red de los escándalos grandes y pequeños de la
presidencia paterna. Antes de acabarlo decide suicidarse "por
su incapacidad" según cuenta Steve Mizrach. La misma suerte
corre James H. Hatfield, 43 años, que había logrado publicar
"A fortunate Son: George W. Bush and the making of an American
President". Una biografía no autorizada que, en 1999, revela
como George ha tenido a escondidas frecuentes caídas en la cocaína.
Por la ley del contrapeso, es encontrado muerto de sobredosis en un
hotel de Springdale, Arkansas, el 18 de julio de ese año.
Ahora le toca a
Osama, naturalmente. Asunto no de negocios, pero si de operaciones
que llevan la marca de la CIA. Quizás los otros 52 hermanos tendrán
algo que objetar. Pero, como Prescott diría, en una guerra mundial
hay espacio suficiente para solucionar los líos entre viejos socios
http://www.sodepaz.org/Actualidad/bushbinladen.html
(Il Manifesto, 25/09/01)
Los vínculos de George W.
Bush con millonarios sauditas y con la familia Bin Laden
Redacción/La Jornada
La incursión en
los negocios petroleros del actual presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, que se inició a finales de los años 70, fue hecha
al amparo de "oscuros vínculos" con millonarios de origen
saudita y con la familia de Osama Bin Laden, líder de la organización
Al Qaeda (La Base), a quien la Casa Blanca acusa de los atentados
del 11 de septiembre contra las Torres Ge-melas del World Trade
Center, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington, de acuerdo
con varios reportes.
Un reporte
difundido por la organización no gubernamental Bush Watch, una
persistente crítica de las intenciones del actual gobierno
estadunidense de limitar las libertades individuales bajo el
pretexto de combatir al terrorismo, señaló que el actual
mandatario tendría que revisar sus propias inversiones si
efectivamente desea congelar todos los activos financieros de
empresas y personas relacionadas con Bin Laden, un ex ciudadano
saudita que dirige Al Qaeda desde algún lugar de Afganistán.
El 24 de septiembre
pasado el presidente Bush anunció en el Jardín de las Rosas de la
Casa Blanca la decisión de su gobierno de tomar medidas para
debilitar las redes financieras de grupos terroristas y de quienes
les brindan apoyo.
"Todos los
bancos estadunidenses que tengan activos de esos grupos o individuos
deberán congelar esas cuentas", dijo entonces el republicano
Bush.
"Pero el
actual presidente estadunidense no siempre ha practicado lo que
ahora predica", señaló Bush Watch, en un reporte difundido a
través de su página de Internet (www.bushwatch.net).
George W. Bush
posee negocios que alguna vez fueron financiados por prominentes
figuras del régimen de Arabia Saudita -entre las que se cuenta la
Bin Laden, dedicada a negocios financieros y de la construcción-,
las que al mismo tiempo apoyaban las actividades de Osama Bin Laden,
reclutado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para combatir
al régimen pro soviético de Afganistán en la década de los años
80.
"El primer
negocio de George W. Bush, Arbusto Energy, obtuvo en 1979
financiamiento de James Bath, un empresario originario de Houston y
amigo cercano de la familia Bush", señaló el reporte de la
agrupación, elaborado por el periodista residente en Washington
Wayne Madsen.
Uno entre varios
inversionistas, Bath dio a Bush 50 mil dólares a cambio de una
participación de 5 por ciento en Arbusto Energy. Por esos años
Bath era el único re-presentante en Estados Unidos de los negocios
de Salem Bin Laden, cabeza de la acaudalada familia saudita y uno de
los mu-chos hermanos de Osama.
Sospecha no
confirmada
"Por mucho
tiempo ha existido la sospecha, que nunca ha sido confirmada, de que
el dinero para Arbusto provino directamente de Salem Bin Laden",
añadió.
En un comunicado
difundido después de los atentados del 11 de septiembre, la Casa
Blanca rechazó tajantemente esa posible conexión e insistió en
que Bath invirtió su propio dinero, no el de Salem Bin Laden, en
Arbusto Energy.
En pronunciamientos
contradictorios so-bre el tema, Bush primero negó haber conocido
alguna vez a Bath, pero después reconoció la participación del
empresario de Houston en Arbusto Energy y también ad-mitió haber
estado consciente de que Bath representaba intereses sauditas.
Bush Watch señaló
que, "en efecto, Bath tiene profundos vínculos tanto con la
familia Bin Laden como con los principales involucrados en el escándalo
que rodeó la quiebra del Banco de Crédito y Comercio Internacional
(BCCI), donde había fondos de Osama Bin Laden.
Afirmó la agrupación
independiente que el BCCI "defraudó a sus depositantes 10 mil
millones de dólares en los años 80, en un hecho que en su momento
fue calificado por Robert Morgenthau, fiscal del distrito de
Manhattan, como 'el más grande fraude en la historia financiera
mundial'".
Agregó:
"Durante los años 80 el BCCI actuó como el principal canal
para lavar dinero destinado a financiar actividades clandestinas de
la CIA, que iban desde dar apoyo financiero a los mujaidines afganos
(que combatían al régimen pro soviético de Kabul) hasta pagar a
los intermediarios que traficaban con armas de Irán para la contra
de Nicaragua".
Cuando el
presidente Bush anunció que tiene la firme decisión de seguir la
pista al dinero usado en los últimos años para fi-nanciar el
terrorismo, debe estar consciente de que esa pista conduce no sólo
a Arabia Saudita, sino también a los mismos financieros y hombres
de negocios que originalmente lo ayudaron a incursionar en los ne-gocios
petroleros y después lo impulsaron a la Casa Blanca, señaló la
agrupación.
"Los vínculos
entre Osama Bin Laden y la Casa Blanca pueden ser mucho más
estrechos de lo que el propio Bush está dispuesto a
reconocer", señaló por último Bush Watch.
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