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Los saqueadores
Paul Bremer en Irak
Naomi Klein

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Declaraciones de Bremer - Los escándalos financieros de la ocupación - Los saqueadores de Irak, conducidos por Paul Bremer

Bremer, hombre de Bush y experto en negocios basados en el terror y en la guerra

El nuevo administrador que Washington impuso en la recién invadida nación árabe, Paul Bremer, es un experto en lucrar con el terror de la guerra y en ayudar a las multinacionales a hacer dinero en lugares lejanos donde no son ni populares ni bienvenidas. En tan solo dos semanas, Bremer abrió las fronteras a las importaciones, provocando la quiebra de la economía local. También ha desmantelado el sector público lanzando a la calle a casi medio millón de trabajadores. Las intenciones de Bremer apuntan hacia la privatización, pero también a crear tensiones sociales y riesgos de los cuales él –experto antiterrorista– sacaría jugoso provecho.

LAS CALLES DE BAGDAD son un pantano de basura y crimen. Los estropeados negocios locales van a la bancarrota, incapaces de competir contra las importaciones baratas. El desempleo aumenta y miles de trabajadores estatales despedidos protestan en las calles.

En otras palabras, Irak se ve como cualquier otro país que haya pasado por "ajustes estructurales" a fuego ardiente prescritos por Washington, desde la infame "terapia de shock" aplicada a Rusia a principios de los noventa hasta la desastrosa "cirugía sin estética" en Argentina algunos años después. Excepto que la así llamada reconstrucción en Irak hace que aquellas retorcidas reformas parezcan tratamientos de spa.

Paul Bremer, el gobernador de Irak designado por Estados Unidos, ya ha demostrado en sus tres semanas ahí, ser una especie de fiasco en el capítulo democrático, convirtiendo los planes de que el pueblo iraquí elija su propio gobierno interino a favor del equipo de asesores que él mismo escogió. Sin embargo, Bremer ha demostrado tener un gran talento cuando se trata de desplegar la alfombra roja para las multinacionales norteamericanas. Con razón George W. Bush se veía tan complacido cuando se encontró con Bremer en Quatar.

Por dos semanas, Bremer ha estado descuartizando el sector público de Irak, como Chainsaw Al Dunlap con un chaleco antibalas (Al Dunlap, presidente ejecutivo de Sunbeam, se ganó el apodo de Chainsaw –"el descuartizador"– por los despidos masivos que promueve en la restructuración de empresas). El 15 de mayo, Bremer echó de sus trabajos en el gobierno a casi 30 mil altos oficiales del Partido Baas.

Poco menos de una semana después, disolvió el ejército y el Ministerio de la Información, dejando a 400 mil iraquíes sin trabajo, sin pensión ni programas de desempleo.

Claro, si los colaboradores y propagandistas de Saddam Hussein se quedaran con el poder en Irak se desataría un desastre en materia de derechos humanos. La "des-baasificación", como ha sido llamada la purga de oficiales del partido, podría ser la única manera de prevenir que resurjan los seguidores de Saddam y así permitir el único beneficio posible que puede resultar de la guerra ilegal de George W. Bush.

Sin embargo, Bremer ha ido más allá de una simple purga entre los poderosos fieles del Baas; avanza hacia un asalto a gran escala del Estado mismo. Doctores que se unieron de niños al partido, y que no le tienen afecto alguno, ahora enfrentan el despido, mientras que servidores públicos de bajo rango, con ningún tipo de vínculo con el partido, han sido despedidos en masa. Nuha Najeeb, antiguo director de una imprenta en Bagdad, dijo a Reuters: "No tuve nada que ver con los medios de comunicación en el gobierno de Saddam... entonces, ¿por qué me despiden?"

Mientras el gobierno de Bush es cada vez más abierto en sus intenciones de privatizar las industrias estatales de Irak y partes del gobierno, la des-baasificación de Bremer toma un nuevo sentido. ¿Trabaja sólo para deshacerse de los miembros del Partido Baas o está también laborando para reducir a todo el sector público de manera que, hospitales, escuelas e incluso el ejército sean lugares favorables para la privatización por firmas estadounidenses? Así como la reconstrucción es la excusa para la privatización, la des-baasificación se parece bastante a una demolición encubierta.

Preguntas similares surgen del muy burdo trabajo que Bremer ha hecho con las compañías iraquíes, de por sí golpeadas por 12 años de sanciones y un mes y medio de saqueos. Bremer ni siquiera esperó a que se restableciera el servicio eléctrico en Bagdad, a que se estabilizara el dinar, o que llegaran las refacciones para las fábricas paralizadas, cuando ya había declarado, el 26 de mayo, que Irak estaba "abierta para los negocios".

Televisores y alimentos empacados inundaron las fronteras, orillando a la quiebra a muchos negocios iraquíes, incapaces de competir con estas importaciones exentas de impuestos. Así es como Irak se unió a la economía global de libre mercado: en la oscuridad.

Paul Bremer es, según Bush, "una persona capaz". Ciertamente lo es. En menos de un mes ha preparado largas franjas de las actividades estatales para su apropiación por las corporaciones, dando preferencia a los importadores extranjeros para que aniquilen a casi toda la competencia local, y se aseguró de que para esto no haya incómodas interferencias del gobierno iraquí; de hecho, se aseguró de que, durante este momento clave en el que se están tomando tantas decisiones cruciales, ni siquiera haya gobierno iraquí. Bremer es, él solo, el propio FMI de Irak.

Como tantos de los hombres que conforman el paisaje de la política exterior de Bush, Bremer ve la guerra como una oportunidad de negocio. El 11 de octubre de 2001, justo un mes después de los ataques terroristas en Nueva York y Washington, Bremer, que alguna vez fue el embajador de Reagan para el anti-terrorismo, lanzó una compañía diseñada para capitalizar la nueva atmósfera de miedo en las salas de consejo de las corporaciones estadounidenses. Crisis Consulting Practice (Despacho de Consultoría en Crisis), una división del gigante de los seguros Marsh & McLennan Companies, se especializa en ayudar a las multinacionales a encontrar "soluciones de crisis comprensivas e integradas" para todo, desde ataques terroristas hasta fraudes de contabilidad. Y, gracias a su alianza estratégica con Versar Inc., analista en armas químicas y biológicas, a los clientes de ambas compañías se les brindan "servicios totales de contra-terrorismo".

Para vender esta costosa protección a las firmas estadounidenses, Bremer tuvo que hacer vínculos explícitos entre el terrorismo y la fallida economía global, articulación por la cual llaman consistentemente lunáticos a los activistas.

En un documento de noviembre de 2001, intitulado Nuevos riesgos en los negocios internacionales, explica que las políticas de libre comercio "requieren el despido de trabajadores. Y abrir los mercados al comercio exterior impone gran presión sobre los vendedores minoristas y los monopolios de comercio". Esto lleva a "crecientes brechas en el ingreso y tensiones sociales", que a su vez pueden desembocar en una serie de ataques sobre las firmas norteamericanas, desde terrorismo hasta intentos gubernamentales por revertir la privatización y los incentivos comerciales.

Bien podría estar describiendo las consecuencias que sus propias políticas tienen en Irak. Pero los tipos como Bremer siempre saben cómo jugar para ambos bandos. Como un hacker que desmantela sitios de Internet corporativos y luego vende sus servicios como un especialista de seguridad en la red, en pocos meses Bremer bien podría estar vendiendo seguros antiterrorismo a las mismas compañías que ha recibido en Irak.

¿Y por qué no? Como les dijo Bremer a sus clientes de Marsh: "La globalización puede tener consecuencias negativas a corto plazo para muchos", pero también lleva a "la creación de riqueza sin precedentes". Así ha sido para Bremer y sus secuaces. El 15 de mayo, día en que llegó a Irak, su antiguo jefe, Jeffrey W. Greenberg, director general de MMC, anunció que 2002 "fue un gran año para Marsh –su ingreso operativo aumentó 31 por ciento–. La especialidad de Marsh en análisis de riesgo y ayudar a los clientes a desarrollar programas de manejo de riesgo han tenido una gran demanda. Nuestro panorama nunca ha estado mejor."

Muchos han señalado que Paul Bremer no es un experto en política iraquí. Pero esa nunca fue la intención. Es un experto en lucrar con el terror de la guerra y en ayudar a las multinacionales estadounidenses a hacer dinero en lugares lejanos donde no son ni populares ni bienvenidas.

En otras palabras, es el hombre ideal para el trabajo

Paul Bremer, administrador civil para Irak: «La seguridad vendrá con la recuperación económica» - E. Villarejo Fuente ABC 24/10/2003

A la conferencia de prensa que ofreció ayer el secretario del Tesoro estadounidense, John Snow, en la Embajada de Estados Unidos en Madrid, asistió un invitado de excepción, el administrador civil estadounidense para Irak, Paul Bremer, que ostenta el cargo desde el mes de mayo pasado.

Atento al discurso de Snow, en la primera fila, junto al embajador George L. Argyros, Paul Bremer, confiaba en que las palabras del secretario del Tesoro, alentando al sector privado, se conviertan en realidad. Tras la intervención del secretario, Paul Bremer respondió a las preguntas de un grupo de periodistas.

-¿Cuál es su mensaje a los empresarios para que se animen a invertir en Irak?

-Básicamente lo que todos ya conocemos. Irak es un país muy rico que temporalmente es pobre. El otro mensaje es el del pueblo iraquí que merece un futuro basado en la estabilidad y en la democracia, un futuro con una economía próspera; para ello necesitamos la ayuda del sector privado para levantar sus infraestructuras, poner en marcha su economía y que se sientan ciudadanos de este mundo.

-¿Es optimista sobre la cantidad de dinero que se pueda recoger mañana ?

-Veremos lo que sucede en veinticuatro horas. No sabemos aún, pero creo que la Conferencia de donantes será un éxito.

-¿Realmente invertiría su propio dinero en Irak, con las condiciones existentes hoy?

-Sin duda, lo invertiría. Soy muy optimista acerca del futuro de Irak.

-¿Cree que tras una mejora económica en el país la seguridad vendrá a las calles iraquíes?

-Seguro. Muchos de los ataques que tienen ahora lugar en Irak son fruto de la desesperación. Con la recuperación económica y con la progresiva reestructuración, la seguridad se impondrá en Irak. Pero no esperemos que los ataques paren de inmediato, seguiremos viendo ataques.

Asimismo, Bremer rechazó ayer las acusaciones de una ONG británica, Christian Aid, según la cual habrían desaparecido cuatro mil millones de dólares generados por el petróleo iraquí. «La transparencia no puede ser cuestionada. Vamos a ser totalmente transparentes sobre los fondos gastados por el pueblo iraquí. No tengo ninguna preocupación al respecto», declaró Paul Bremer, indicando que «la totalidad de las cuentas de los fondos para el desarrollo de Irak se publicarán en comunicados, periódicamente, y bajo la supervisión de los organismos internacionales de control»

La ilegalidad de las reformas en Irak
Un país hipotecado para siempre
Naomi Klein Fuente: Traducción: Tania Molina Ramírez. Copyright 2003 Naomi Klein. Una versión de este artículo fue publicado en The Nation

Según expertos en derecho internacional, si el próximo gobierno iraquí decide que no quiere ser una sucursal propiedad de Bechtel y Halliburton tendrá fundamentos legales para volver a nacionalizar los bienes que fueron privatizados bajo los edictos de la Autoridad Provisional de la Coalición.

No es demasiado tarde para negarle a los invasores de Irak la miríada de premios económicos por los cuales se lanzaron a la guerra

Cancelen los contratos. Abandonen los acuerdos. Hagan trizas las reglas.

Estas son algunas sugerencias de lemas que podrían ayudar a unificar el creciente movimiento contra la ocupación de Irak. Hasta ahora, los debates de los activistas se han enfocado en si la demanda debería ser un retiro total de las tropas o que Estados Unidos le ceda el poder a las Naciones Unidas.

Pero la discusión que gira en torno a "que se salgan las tropas" no toma en cuenta un importante hecho. Aún si el último soldado se sale del Golfo mañana y un gobierno soberano llega al poder, Irak seguiría ocupada: por las leyes escritas pensando en los intereses de otro país, por las empresas extranjeras que controlan sus servicios básicos, por el 70% de desempleo provocado por los despidos en el sector público.

Cualquier movimiento que tome en serio la autodeterminación iraquí debe demandar no sólo el fin de la ocupación militar en Irak, sino también de su colonización económica. Eso significa revertir las reformas de terapia de shock que el administrador estadounidense de Irak, Paul Bremer, fraudulentamente hizo pasar como "reconstrucción", y cancelar todos los contratos de privatización que emanan de estas reformas

¿Cómo se puede lograr una meta tan ambiciosa? Fácil: mostrando que, para empezar, las reformas de Bremer son ilegales. Claramente violan la convención internacional que gobierna el comportamiento de las fuerzas de ocupación, las Regulaciones de La Haya de 1907 (la compañera de las Convenciones de Ginebra de 1949, ambas ratificadas por Estados Unidos), así como el propio código de guerra del ejército estadounidense.

Las regulaciones de La Haya declaran que una fuerza de ocupación debe respetar, "a menos que se vea absolutamente imposibilitada de hacerlo, las leyes bajo las cuales se rige el país". Con gozoso desafío, la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) hizo trizas esta simple regla. La constitución de Irak no permite que los bienes clave del Estado sean privatizados y prohíbe que los extranjeros sean dueños de empresas iraquíes. No hay manera de argumentar que la APC estuvo "absolutamente imposibilitada" de respetar esas leyes, y sin embargo, hace dos meses, la APC las revocó unilateralmente.

El 19 de septiembre, Bremer promulgó la ahora tristemente famosa Orden 39. Anunciaba que 200 compañías estatales iraquíes serían privatizadas; decretaba que las empresas extranjeras podían retener 100% de la propiedad de bancos, minas y plantas iraquíes; y permitía que esas empresas sacaran 100% de sus ganancias de Irak. The Economist declaró que las nuevas reglas eran un "sueño capitalista".

La Orden 39 también viola las Regulaciones de La Haya de otras maneras. La convención declara que las fuerzas de ocupación "serán tomadas en cuenta sólo como administradoras y usufructuarias de edificios públicos, bienes raíces, bosques y tierras agrícolas pertenecientes al Estado hostil, y situados en el país ocupado. Debe salvaguardar el capital de estas propiedades, y administrarlas de acuerdo a las reglas de usufructo".

El Diccionario de Leyes de Bouvier define "usufructo" (probablemente la palabra más fea del idioma inglés) como un arreglo que otorga a una parte el derecho de usar y derivar beneficios de la propiedad de otro "sin alterar la sustancia de la cosa". Puesto de manera más simple, si eres una niñera, puedes comerte los alimentos que están en el refrigerador, pero no puedes vender la casa y convertirla en condominios. Sin embargo, esto es lo que está haciendo Bremer: ¿qué podría alterar más "la sustancia" de un bien público que volverlo privado?

Por si aún no le quedaba claro este detalle a la APC, la ley de guerra terrestre del ejército estadounidense declara que "el ocupante no tiene derecho a vender la propiedad [no militar] o a hacer un uso de ella para el que no está calificado". Esto queda bastante claro: bombardear algo no te da el derecho a venderlo. Todo parece indicar que la APC está consciente de lo ilegal de su plan de privatización. En un memorándum filtrado, escrito el 26 de marzo, el procurador general de Gran Bretaña, Lord Peter Goldsmith, advirtió al primer ministro Tony Blair de que "la imposición de grandes reformas económicas estructurales no estaría autorizada por la ley internacional"

¿Un feliz matrimonio?

Hasta ahora, la mayor parte de la controversia que rodea la reconstrucción de Irak se ha centrado en el derroche y la corrupción a la hora de otorgar los contratos. Esto no le da en el clavo a la amplitud de la violación: aunque el remate de Irak se hiciera con trasparencia total y licitación abierta, de todos modos sería ilegal por la simple razón de que Irak no es de Estados Unidos para que lo venda.

El reconocimiento del Consejo de Seguridad de la autoridad de ocupación de Estados Unidos y el Reino Unido no provee de una cobertura legal. La resolución de las Naciones Unidas que se aprobó en mayo requiere que los poderes de ocupación "acaten a plenitud sus obligaciones bajo las leyes internacionales, incluyendo las Convenciones de Ginebra de 1949 y las Regulaciones de La Haya de 1907".

Según un creciente número de expertos en derecho internacional, esto implica que si el próximo gobierno iraquí decide que no quiere ser una sucursal propiedad de Bechtel y Halliburton, tendrá poderosos fundamentos legales para volver a nacionalizar los bienes que fueron privatizados bajo los edictos de la APC. Esa es la opinión de Juliet Blanch, la encarga legal de arbitraje en materia energética e internacional del importante despacho, Norton Rose. Dice que debido a que las reformas de Bremer contradicen directamente la constitución de Irak, "no acatan la ley internacional y probablemente no se puedan hacer cumplir". Blanch argumenta que la APC "no tiene ninguna autoridad o habilidad para firmar esos contratos [de privatización]" y que un gobierno soberano iraquí tendría "serios argumentos a favor de volver a nacionalizar sin pagar compensación". Las empresas que se enfrentan a este tipo de expropiación no tendrían, según Blanch, "ningún remedio legal".

La única salida para la administración actual es asegurarse de que el próximo gobierno iraquí sea todo menos soberano. Debe ser lo suficientemente complaciente como para ratificar las leyes ilegales de la APC, que entonces serán festejadas como el feliz matrimonio de los libres mercados y los pueblos libres. Una vez que eso suceda, será demasiado tarde: los contratos estarán firmados, los acuerdos hechos y la ocupación de Irak será permanente.

Razón por la cual las fuerzas contra la guerra deben usar esta ventana que rápidamente se cerrará para demandar que el próximo gobierno iraquí esté libre de los grilletes de las reformas impuestas por Bremer. Es demasiado tarde para parar la guerra, pero no para negarle a los invasores de Irak la miríada de premios económicos por los cuales se lanzaron a la guerra en primer lugar.

No es demasiado tarde como para cancelar los contratos y abandonar los acuerdos

Los escándalos financieros de la ocupación - Robin Cook Fuente The Independent Traducción: Jorge Anaya

La perturbadora pérdida de vidas en el helicóptero Chinook abatido por la resistencia iraquí ha ocasionado expresiones de sorpresa al confirmar que Washington no cuenta con una estrategia de salida.

La ausencia de tal estrategia es menos sorprendente que reveladora. La principal motivación de los neoconservadores para invadir Irak fue asegurar una nueva base de influencia para Estados Unidos en la región. Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz no perdieron tiempo en una estrategia de salida porque imaginaban que irían a Irak para quedarse.

Una consecuencia comprometedora de la confianza sin límites que tenían en sí mismos es que siempre se mostraron abiertos en cuanto a su objetivo: es posible rastrear las demandas neoconservadoras de una nueva presencia estratégica estadounidense desde mucho tiempo antes de la victoria del presidente Bush. El ataque a las Torres Gemelas acentuó sus designios sobre Irak, no porque hubiese la menor evidencia de que Saddam Hussein estuviera conectado con él, sino porque los múltiples vínculos sauditas pusieron de relieve la urgencia de identificar una ubicación alternativa para las bases militares estadounidenses. De inmediato, después de la ocupación de Irak, Donald Rumsfeld visitó la región para cerrar las bases en Saudí Arabia que se consideraban redundantes.

Un indicio de la precaria situación de seguridad en Irak es que las mismas personas que alguna vez lo consideraron terreno potencial para establecer bases permanentes ahora respaldan la búsqueda de una puerta de salida. Por desgracia han perdido seis meses en los cuales se comportaron como ocupantes con intención de permanecer y fueron vistos con resentimiento por eso mismo. Imposible saber con precisión cuántas familias, tribus y poblados iraquíes han quedado aislados en el proceso, puesto que las fuerzas de ocupación no llevan cuenta de los civiles a los que disparan. De manera aún más extraordinaria, ni un solo oficial o soldado estadounidense ha sido acusado formalmente por alguna de las muchas ocasiones en que han matado por error a iraquíes inocentes, incluida una patrulla de policías reclutados y entrenados por las autoridades estadounidenses que fue emboscada y abatida a tiros por sus soldados.

El peligro es que las fuerzas de ocupación se vean atrapadas en una espiral descendente en la que los ataques cada vez más frecuentes de que sean objeto den lugar a una escalada de represión y creciente violencia de ambas partes. Las fuerzas estadounidenses ya están alcanzando un estado mental en el que cualquier iraquí es visto como un riesgo de seguridad. De ahí la práctica de traer en autobús desde otro continente un ejército auxiliar de filipinos para hacer la limpieza de sus cuarteles, en un país con 70 por ciento de desempleados.

Lo anterior nos lleva a la otra fuente de tensión entre ocupantes y ocupados. Existen economías paralelas, en una de las cuales la mayoría de los iraquíes dependen de la ayuda alimentaria, mientras en la otra las empresas estadounidenses derivan atractivas ganancias de su país. Esto se está volviendo un escándalo no sólo en Irak, sino también en Estados Unidos. Newsweek, que no es una publicación subversiva, preguntó la semana pasada por qué las autoridades de la coalición pagaban a Halliburton, con su famosa conexión con el vicepresidente Dick Cheney, 1.59 dólares por galón de petróleo, cuando la compañía nacional petrolera iraquí ofreció suministrarlo a 98 centavos. Las reglas normales de contratos públicos se hicieron a un lado para Halliburton, que recibió el contrato sin evaluación de competidores ni una oferta rival que permitiera obtener mayor valor del dinero. Los escándalos financieros de la ocupación de Irak podrían llegar a ser tan graves como las controversias sobre los informes de inteligencia que precedieron a la invasión.

Si los proveedores se están llevando al baile a la Autoridad de Coalición, es un asunto de legítimo interés para los iraquíes, puesto que su dinero ayuda a pagar las cuentas. Es un escándalo, que ni Estados Unidos ni el Reino Unido aceptarían en su propio territorio, que seis meses después de que Naciones Unidas autorizó al Fondo para el Desarrollo Iraquí tener en depósito los ingresos petroleros, aún no se haya establecido un sistema independiente de auditoría. En un célebre discurso, Tony Blair prometió que los fondos petroleros se utilizarían para atender las necesidades del pueblo iraquí. Aún no tenemos forma de saber si es así, y los indicios son que buena parte de ellos se aplican a los costos de la ocupación en vez de invertirlos en la reconstrucción.

El gobierno británico se ha vuelto extrañamente silencioso respecto de Irak. Parece ser que a todo lo largo de Whitehall se ha establecido como principio de prudencia que la mejor estrategia es seguir con otros asuntos y no recordar al público un impopular desliz hablando de él. Sin embargo, nos dicen que la razón de unirnos a la guerra era conservar influencia en el gobierno de Bush. Si alguna vez hubo un motivo para ejercer esa influencia es presionar a Washington para que defina cómo pasar de la presente debacle en Irak a una salida digna.

El imperativo central es fácil de identificar: transferir a los iraquíes la atención a las necesidades de su país tan aprisa como sea posible. Es improbable que la ocupación estadounidense de principios del siglo XXI llegue a ser más popular de lo que fue la ocupación británica a principios del XX. De momento es necesario que la administración del país se internacionalice, tanto para brindar legitimidad como para proporcionar la experiencia en reconstrucción de naciones de la que los virreyes estadounidenses carecen en forma tan conspicua. Tal vez la consecuencia más maligna del torpe manejo de la secuela de la invasión es que ahora hay menor presencia de Naciones Unidas en Irak que en cualquier momento del último decenio de gobierno de Saddam Hussein.

Si esa estrategia política tiene alguna oportunidad de fructificar, necesita ir acompañada de un enfoque económico bastante más razonable que el aplicado hasta ahora por la Autoridad de Coalición. Por principio de cuentas, debe abandonar la práctica de asignar contratos para la reconstrucción a compañías estadounidenses que luego envían ejecutivos de su país a Irak, los cuales a su vez mandan pedir tecnología estadounidense. Esto no sólo niega muchos de los beneficios económicos a los iraquíes, sino que probablemente produce mayores retrasos en las obras.

El abastecimiento de agua potable y electricidad fue restaurado con más rapidez después de la primera guerra del Golfo, tal vez porque los iraquíes tenían más experiencia e inventiva para remendar y componer equipo obsoleto. Inclusive esta vez los iraquíes han levantado y puesto en operación la central telefónica maestra, reparando 50 mil líneas con un aislamiento de papel que hubiera hecho que cualquier ingeniero de Silicon Valley se sentara a llorar.

Luego, la Autoridad de Coalición debe archivar sus grandiosos planes de vender todos los bienes del Estado, que pertenecen al pueblo iraquí. Puede que a la larga este sea un paso esencial, pero a corto plazo ni la economía ni la sociedad iraquíes son capaces de absorber un golpe de dislocación tan fuerte y repentino. Es una decisión que deben tomar los propios iraquíes, después que Estados Unidos haya dejado la administración del país.

Me causa alivio que ahora hasta el Pentágono reconozca la necesidad de una estrategia de salida. Sin embargo, me produce ansiedad que tal estrategia vaya a ser cortar y salir corriendo. Existe el peligro de que, así como la fecha límite para la invasión fue determinada por los preparativos militares, más que por las inspecciones de armamento de Naciones Unidas, el calendario para la salida sea fijado más por la fecha de la campaña del presidente Bush para la reelección que por los avances logrados en el terreno. Cierto, jamás debimos meternos en este dilema, pero, ya que hemos ocupado Irak, no podemos irnos y dejarlo en el mismo estado de violenta confusión en que quedó Afganistán.
 

* Robin Cook fue ministro del Exterior de Gran Bretaña y este año renunció a su puesto como presidente de la Cámara de los Comunes en protesta por el apoyo que el gobierno de su país dio a la guerra contra Irak.

 

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