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Cisjordania: Un Muro para Encerrar a un Pueblo
Antonio Subijama
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A grandes males, grandes remedios. Así es como Israel quiere que se vea la construcción del muro de separación entre las comunidades palestinas e israelíes: una barrera física que impida a supuestos terroristas llevar a cabo atentados contra las ciudadanas y ciudadanos del Estado judío. Es algo gráficamente sencillo de explicar y de entender; una solución que muchos, en el exterior, verían razonable y con la que estarían de acuerdo. Pero la población Palestina está convencida de que la seguridad no es el verdadero motivo de la construcción del muro, sino la anexión de más tierras, un nuevo mapa que sentará las bases para una futura negociación sobre las fronteras de un Estado palestino; y la expulsión silenciosa de más palestinas y palestinos.

En junio del 2002, el gobierno de Israel decidió levantar un muro de grandes dimensiones a lo largo de la Línea Verde para prevenir la entrada ilegal de ciudadanas palestinas y palestinos de Cisjordania a Israel. Esta decisión se produjo después de una serie de atentados suicidas especialmente sangrientos que tuvieron lugar durante la primera mitad del año pasado. Para rebatir el argumento de la seguridad basta sólo con mirar el recorrido del muro: no se está construyendo sobre la Línea Verde sino más al Este, anexionándose un 10% de toda Cisjordania. La transparencia en todo este asunto brilla por su ausencia: el Ministerio de Defensa israelí se niega a publicar ningún mapa sobre la ruta exacta del muro, que no es algo cerrado y las modificaciones se van haciendo sobre la marcha, confiscando más tierras y confinando a la población Palestina en cárceles más pequeñas. A mediados de marzo del 2003, el Gobierno de Sharon anunció que el muro se movería más hacia dentro para incluir en Israel algunos de los asentamientos más importantes en Cisjordania. A la semana siguiente, Sharon continuó anunciando cambios, esta vez declaró que el muro dejaría los asentamientos del Valle del Jordán bajo control total israelí. Algunos oficiales israelíes dicen que existe un plan similar para anexionarse los asentamientos que hay cerca de Belén y Hebron. Así pues, no se trata de proteger a la ciudadanía israelí dentro de las fronteras reconocidas de su país, sino de proteger la ocupación y los asentamientos, ilegales según la legislación internacional. Mientras las palestinas y palestinos van a quedar recluidos en guetos sin poder moverse libremente, los colonos podrán viajar sin ningún tipo de restricciones por Cisjordania. Israel pretende continuar con su política de Faits Accomplits que le posicione favorablemente en futuras negociaciones. Según un informe elaborado por las Naciones Unidas y presentado en la Comisión para los Derechos Humanos, el muro "se está utilizando para expandir el territorio de Israel".

Con la construcción del muro, Israel conseguirá que miles de palestinas y palestinos decidan abandonar sus casas y trasladarse más al interior de Cisjordania, huyendo de las condiciones insostenibles a las que Israel les someterá una vez finalizado el muro. 11.700 personas quedarán completamente encerradas entre la Línea Verde y el muro; 128.500, deberán vivir en enclaves aislados al quedar sus poblaciones muy cercanas al muro y entre la primera barrera y la extensión que se hace al Este para incluir a los asentamientos; mientras que 72.200 personas no van a poder llegar a sus tierras porque éstas van a quedar al otro lado del muro.

De acuerdo con un informe publicado recientemente por la organización Israelí Bt'selem, la construcción del muro infringirá una serie de Derechos Humanos que van desde el derecho a la propiedad privada hasta el derecho a la asistencia médica. Para construir el muro, Israel ha confiscado y confiscará tierras, ha demolido y demolerá casas y negocios, ha destruido y destruirá tierras de cultivo, ha arrancado y arrancará árboles frutales y olivos (que los constructores Israelíes venden a 200 euro la pieza), y ha destrozado y destrozará pozos de agua y canalizaciones de agua. Aquellos palestinas y palestinos que queden atrapados entre la Línea Verde y el muro, o entre el primero y la extensión, verán su libertad de movimiento total y permanentemente coartada. Más allá del efecto psicológico que supone el saberse rodeado por una fuerza hostil, y controlado y vigilado constantemente por ella, "los palestinos del muro" tendrán serias dificultades para acceder a los servicios médicos y hospitales, a las escuelas y Universidades, a sus puestos de trabajo, a los mercados para dar salida a los productos, a sus tierras de cultivo o para visitar a familiares y amigos. Aunque el muro no cree total aislamiento, reducirá la capacidad de muchos residentes para trabajar y ganar suficiente para asegurar unos niveles mínimos de subsistencia. Las áreas mas afectadas por el muro son las más fértiles y productivas de Cisjordania, con gran cantidad de recursos acuíferos. Dañar el sector agrícola en esta zona tendrá graves consecuencias para la población. La disminución de trabajos y de ingresos llevará a miles de personas a vivir en la pobreza o a marcharse de sus tierras. De acuerdo con la legislación israelí, las tierras cultivables que estén sin trabajar por un periodo de 3 años son confiscables. Israel ha dicho que establecerá una serie de puertas a lo largo del muro y permisos especiales para permitir que las palestinas y palestinos pasen a la otra parte para cultivar sus tierras o acceder a otros servicios. Este tipo de formula se lleva utilizando en Palestina desde hace años y la experiencia dice que Israel puede cerrar los pasos y rechazar los permisos cuando estime necesario o cuando quiera infringir castigos colectivos a toda una población por la acción terrorista de uno de sus vecinos.

Una vez finalizado, se estima que a finales de este año, el muro (sin contar las modificaciones) tendrá una longitud de 360 Km. y 6 metros de ancho, tres veces más largo que el Muro de Berlín y dos veces más alto, y estará dotado de torres de vigilancia cada 300 metros, de sensores, alambradas, y zanjas de 2 metros de profundidad. El kilómetro de muro sale a 1.6 millones de euros, pero no hay que preocuparse por cómo pagarlo porque Israel es el país del mundo que recibe más ayuda exterior de EEUU.


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