Palestina Al día
El porqué de la Intifada
Gema Martín Muñoz

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Arafat y Sharon - Yasser Arafat Vida - Edward Said Vida - Textos de E Said - Mapa de los Asentamientos en Cisjordania
Dimensión psicológica de la Intifada

En el año de 1987, patrullas israelíes atropellaron indiscriminadamente a un grupo de palestinos. El hecho fue presenciado por un grupo de niños que quedaron atónitos ante el hecho y comenzaron a lanzar piedras al ejercito sionista. Este estallido inédito de los jóvenes de los territorios ocupados fue el estallido de los años de maltrato y frustración sufridos bajo la ocupación violenta de su tierra, casa, cultura y dignidad. Desde ese día el “levantamiento” (Intifada) no se calmó y la desobediencia civil fue el arma nueva de los palestinos. Ahora tenían por qué luchar, pues la intifada le dio sentido a sus sueños de independencia y el mismo ejercito que borró del mapa a Palestina en 1948 y 1967 y que destruyó el armamento de los demás países árabes, llegó a tener miedo de aquellos que estaban dispuestos a darlo todo por la patria.


Desde octubre pasado, el denominado proceso de paz palestino-israelí ha vuelto a tornarse en conflicto y agresión, devolviendo esta cuestión al estadio anterior a Oslo. Pero lo que está ocurriendo en la actualidad no es una simple revuelta cuya solución consista en resolver una crisis en términos de seguridad —como la repetida focalización en el "cese el fuego" se empeña en plantear—, sino que es, ante todo, un síntoma político, y su resolución debe ser fundamentalmente pensada en términos políticos.

La provocación consentida de Ariel Sharon y la —desde un primer momento— desmedida represión de las fuerzas militares y de seguridad israelíes han prendido la mecha de una frustración y descontento cuyo poso ha ido alimentándose de manera intensiva en los años precedentes, fruto de un marco negociador que se ha traducido mucho más en seguridad que en territorios, y en el que los palestinos nunca han sido vistos como socios, sino como un riesgo para la seguridad que había que contener.

En consecuencia, territorialmente, el proceso de paz se ha centrado en satisfacer la concepción de seguridad israelí. Esto es, conservar territorio sin población palestina y aislar los pedazos de territorio bajo control palestino. El reducido traspaso territorial a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) se ha limitado al 60% de la banda de Gaza y a las siete principales ciudades de Cisjordania (3% del territorio, donde se concentra el 70% de la población), mientras que en Hebrón, habitado por 140.000 palestinos, Israel ha conservado el 20% de la ciudad para una colonia de 400 judíos instalados en pleno centro urbano.

En el 24% restante de Cisjordania, a los palestinos sólo se les ha concedido la gestión municipal, en tanto que Israel conserva la seguridad. En consecuencia, Israel ha conservado el control absoluto sobre el 69% del territorio cisjordano, donde sólo habitan unos 2.000 palestinos, y el 30% del de Gaza, donde 6.000 colonos controlan el 42% de las tierras cultivables (y el 58% restante es para 1.200.000 palestinos). Mientras tanto, se ampliaban las colonias judías y se construían más carreteras para colonos, encerrando aún más el territorio bajo control palestino en islotes inconexos.

En los acuerdos de Wye Plantation (1998), Israel no cumplirá el repliegue acordado para ampliar el territorio palestino de Cisjordania hasta el 13 , pero Arafat sí cumplirá con celo los acuerdos sobre seguridad allí decididos, por los cuales la ANP se comprometió, a petición de Israel y con ayuda de la CIA, a perseguir y encarcelar a los contrarios a Oslo, principalmente los militantes de Hamás (en tanto que en Israel los contrarios al proceso de paz son invitados a formar parte de los Gobiernos).

En conclusión, a la exigüidad del territorio devuelto a los palestinos se sumará su extrema discontinuidad y fragmentación en pequeñas porciones, de manera que se va a reducir drásticamente la libertad de desplazamiento de los palestinos fuera de los islotes bajo control de la ANP, en tanto que aumentará la capacidad israelí de aislar y encerrar a dichos palestinos no ya dentro de Cisjordania y Gaza como antes, sino incluso en su minúscula aldea o ciudad. El numantino sitio al que Israel está sometiendo a los palestinos actualmente así lo demuestra, excediendo con mucho la situación vivida en los peores momentos de la anterior Intifada entre 1987 y 1993.

Por ello, la aparentemente generosa propuesta que se dice que Barak hizo a Arafat en Camp David no podía tener viabilidad para los palestinos. Según publicó el periódico israelí Haaretz, la propuesta israelí se basó en la oferta del 90% de Cisjordania a cambio de anexionarse un 10% en el que se agruparía el 80% de los colonos (y 40 pueblos palestinos con 80.000 habitantes de futuro incierto).

Otros 40.000 colonos quedarían en lo que se denominó settlement clusters , que son aquellos situados en el centro de los territorios palestinos y que quedarían como islas de soberanía israelí. De acuerdo con este plan, Palestina sería un conglomerado de guetos territoriales separados por colonias, carreteras y controles israelíes con capacidad para sitiar a los palestinos cuando la seguridad israelí lo decidiese; además, esta propuesta israelí iba unida a que los palestinos renunciasen al control de las principales arterias de transporte y del valle del Jordán.

Para mayor inri, ningún reconocimiento de los refugiados palestinos por parte israelí se consiguió en Camp David. Así, llegado ese momento, se podría decir que la cuestión de Jerusalén no fue más que el escenario grandilocuente tras el que se levantaba un proyecto americano-israelí de una Palestina inviable.

Pero esa inviabilidad no es sólo político-territorial, sino también económica. En el proceso de paz, los israelíes han cedido a los palestinos la jurisdicción en los ámbitos de sanidad, educación y bienestar social, de manera que se han desembarazado de dichos gastos y responsabilidades, pero se han negado a la creación de un banco central palestino y a la emisión de una moneda palestina propia, manteniéndose el shekel israelí como moneda de curso legal.

Se aceptó la construcción de un aeropuerto y de un puerto en Gaza (con financiación europea), si bien el atraque de buques y el vuelo de aviones sigue sometido a la autorización israelí. El sistema fiscal acordado establece que el 60 de los impuestos que deben ser recaudados por los palestinos es recogido en primera instancia por Israel y transferido posteriormente a la Autoridad Nacional Palestina.

De esta situación se deriva una insoportable dependencia Palestina de Israel, que retrasa o suspende las transferencias según su criterio, como está haciendo en la actualidad. A esto se añade que en torno al 92% de las tierras agrícolas y el 80% de los recursos hídricos de los territorios palestinos siguen bajo dominio israelí.

El control en materia de empleo y comercio por parte de Israel sigue siendo también una constante. Los territorios palestinos son un mercado cerrado al comercio exterior y una cantera de mano de obra barata para Israel supeditada a su sistema productivo (más del 40 de los trabajadores palestinos ganan sus salarios en este país en sectores poco cualificados, como construcción, industria textil y agricultura).

Su escasa productividad procede de la imposición israelí de normas que protegen la potencial competencia palestina para sus industrias. Así, mientras las exportaciones palestinas a Israel son muy reducidas, el gran contingente de importación que los palestinos tienen que realizar procede en su 90% de Israel. De ahí la capacidad israelí de estrangular económicamente a los palestinos como está ocurriendo hoy día, pudiendo desencadenarse un escenario catastrófico de hambre y enfermedades.

Los colonos, población judía civil armada, han incentivado sus agresiones no sólo contra la población palestina, por supuesto, sino también contra los campos de olivos en plena campaña de recogida de la aceituna, clave en la economía palestina, y mientras Israel pide a la ANP que contenga las manifestaciones, los palestinos no ven que los militares contengan la violencia de los colonos.

Y no hay que olvidar que esa población de colonos está implantada ilegítimamente en territorio palestino y que sus miembros provienen de los sectores fundamentalistas judíos más ultras de Israel, con una mentalidad violentamente antipalestina y que disponen de un amplio armamento y protección militar. Es decir, no se trata de una pobre población acosada por elementos invasores que les atacan —a ellos y a "sus" tierras—, tal y como la propaganda israelí, en su siempre muy diestra habilidad para lograr invertir la realidad, ha logrado filtrar en muchos medios de comunicación.

Es por todas estas recalcitrantes realidades lo que plantear el enderezamiento de la situación actual en función de recuperar la cooperación palestino-israelí en materia de seguridad y de encarrilar a la población rebelde palestina en el marco de los acuerdos de Oslo y las propuestas de Camp David es, además de vergonzante, muy poco realista.

Es el rechazo a este marco, utilizado como camuflaje para perpetuar la ocupación y control israelíes, lo que ha precipitado la Intifada actual. Dicha Intifada, lejos de ser objeto de la manipulación de un perverso Arafat que sacrifica a sus niños para perjudicar la imagen de Israel, como han expuesto también muchos medios de comunicación voluntariamente manejados por el influyente lobby israelí, ha procedido tanto de un movimiento de masas políticamente desorganizado, compuesto principalmente por jóvenes entre 15 y 25 años, como de sectores armados irregulares (armados quiere decir que tienen pistolas y metralletas frente a los tiradores de elite y los sofisticados tanques, helicópteros y mísiles israelíes).

La estructura organizativa del levantamiento está siendo provista por un bloque de fuerzas de oposición nacionalistas e islamistas en conjunción con Al Fatah, que viene a ser algo así como el partido gubernamental palestino. Esta coalición está dominada por el sector Tanzim de Al Fatah sobre la base de un entendimiento informal con la oposición. Las relaciones entre dicha coalición y el Gobierno palestino no son de independencia, pero tampoco de subordinación; más bien varían según la zona y según las circunstancias lo piden o permiten.

Probablemente, Israel está determinado a continuar las radicales presiones políticas, económicas y militares hasta que la ANP acepte volver al marco de Camp David o logre imponérselo con la ayuda estadounidense y la hiriente ausencia europea como parte de pleno derecho en la mediación. En ese punto, los palestinos estarán cada vez más decididos a convertir el levantamiento en una auténtica guerra de liberación nacional de grandes consecuencias en la zona.

Gema Martín Muñoz es profesora de Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Autónoma de Madrid

La dimensión psicológica de la Intifada - Entrevista a Eyad El-Sarraj por Linda Butler

"Quienes cometen los atentados suicidas en esta Intifada son los niños de la primera, personas que han sufrido demasiados traumas en la infancia. Así que al crecer, su propia identidad ha emergido con la identidad nacional de la humillación y la derrota, y se vengan de esa derrota a nivel personal y nacional", dice Eyad El-Sarraj, psiquiatra palestino, quien sostiene que de no hallarse una solución al conflicto, la siguiente Intifada será incluso peor de lo que hemos visto en los últimos dos años

-En el período de vigencia de los Acuerdos de Oslo, mucha gente comentaba la buena voluntad de los palestinos para "perdonar y olvidar" la ocupación y superar el pasado. Hoy, a la luz de lo que ha ocurrido, especialmente en Cisjordania, ¿será eso tan de fácil?

-Por supuesto que la desconfianza y el odio son más profundos ahora. Una de las grandes victorias de Sharon es el modo en que ha incrementado el nivel de odio en ambas partes. Si la estrategia era destruir cualquier posibilidad de paz, ha logrado un gran éxito. Sin embargo, si se halla una solución justa -y quiero decir volver a las fronteras de 1967, una Jerusalén compartida, una verdadera solución para los refugiados, el desmantelamiento de los asentamientos- creo que los palestinos la aceptarán y los israelíes también. Si eso ocurriera, cambaría enormemente la psicología de la gente en ambos lados. Pero si los palestinos terminan por percibir que han sido derrotados, la solución no durará. Habrá nueva violencia, incluso una violencia aún mayor, tal como cada ciclo resulta más violento que el anterior.

-A ese respecto, ¿podría comparar las dos Intifadas?

-Déjeme decirle primero que la gente que comete los atentados suicidas en esta Intifada son los niños de la primera, personas que han sufrido demasiados traumas en la infancia. Así que al crecer, su propia identidad ha emergido con la identidad nacional de la humillación y la derrota. y se vengan de esa derrota a nivel personal y nacional. Esta es una primera observación.

El aumento del nivel de la violencia es increíble. En la primera Intifada había piedras como mucho. En esta Intifada hay armas de fuego y morteros caseros y explosivos y, especialmente, bombas humanas. La siguiente Intifada que, de no hallarse solución, tendrá lugar sin dudas dentro de otros cuatro o siete años, será incluso peor de lo que hemos visto en los últimos dos años.

-Además de las armas, ¿a qué atribuye esta extraordinaria escalada de violencia en la segunda Intifada?, ¿tiene una dimensión psicológica también?

-Por supuesto. A la desesperación. A la desesperanza que surge de una situación que empeora, una desesperación en la que vivir no es distinto de morir. La desesperación es una fuerza muy poderosa -aunque no es sólo negativa. Incita a la gente a acciones o soluciones que previamente hubieran resultado impensables. Lo que es impensable hoy se hace aceptable mañana. ¿Quién hubiera imaginado bombas suicidas en Palestina hace diez años? No existen precedentes en nuestra sociedad. A eso me refiero cuando digo que si esto continúa habrá nuevos métodos de escalada de violencia demasiado horribles incluso para imaginarlos hoy.

Mire, en el último levantamiento, los niños solían jugar un juego llamado "Intifada". Era una especie de juego de indios contra vaqueros -más concretamente, de soldados israelíes contra palestinos que lanzaban piedras- en el que los niños adoptaban el papel de soldados armados con palos que representaban armas de fuego y palestinos con kufiyas [el pañuelo tradicional que usan los hombres palestinos] y piedras. Muchos niños de aquel tiempo preferían jugar como judíos, básicamente porque los judíos con las armas representaban el poder. Este juego ha desaparecido por completo. Hoy, el símbolo del poder es el martirio. Si en la actualidad le pregunta a un niño de Gaza qué quiere ser de mayor, no dirá que quiere ser médico o soldado o ingeniero. Dirá que quiere ser un mártir.

-¿Cómo ha ocurrido esto, pasar de identificarse con el poder, incluso con el opresor, a querer morir?

-La gente, incluida la gente joven, necesita sentirse respetada. Quieren un reconocimiento en su sociedad. Hoy se glorifica el martirio. Para ellos, el mártir es el poder de la gente, el poder de vengarse en nombre de las víctimas. Tienen todas estas nociones románticas. Contemplan al mártir como un valiente que se sacrifica a si mismo (sea hombre o mujer) por el bien de todos, como un símbolo de la lucha por la libertad porque por esto es por lo que lucha este pueblo.

Todo esto son diferentes formas de poder, especialmente ante la destrucción de la imagen del padre a los ojos del niño. Durante la primera Intifada, algunos estudios demostraron que el 55% de los niños habían sido testigos de las humillaciones o las palizas que padecieron sus padres por parte de los soldados israelíes. El impacto psicológico que esto acarrea es impresionante. El padre, normalmente la figura [que representa] la autoridad comienza a ser visto como alguien impotente, que ni siquiera puede protegerse a si mismo -mucho menos a sus hijos. De modo que los niños se hacen más militantes y más violentos. La gente es el producto de su entorno. Los niños que han visto demasiada realidad inhumana, básicamente las políticas de la ocupación, salen inevitablemente con respuestas inhumanas. Así es como hay que entender realmente las bombas suicidas.

-Por supuesto en este último análisis, las bombas suicidas han dado a los israelíes una excusa para seguir. Siendo así, ¿existe una reacción popular contra las bombas suicidas como factor que contribuye a su sufrimiento?

-Bien, verá, las bombas suicidas y todas esas formas de violencia -y aquí hablo como psiquiatra- son solo los síntomas, la reacción a este proceso crónico y sistemático de humillación popular con el fin de destruir su esperanza y su dignidad. Esa es la enfermedad, y a menos que se resuelva y se trate, habrá más y más síntomas de la patología.

Antes de salir de Gaza esta última vez, uno de nuestros psiquiatras infantiles de la clínica me habló de cómo algunos de los niños que está tratando le han dicho que pasan su tiempo no con juegos sino figurando hacer morteros, imaginándose cómo podrían hacerlos a mano. Uno puede imaginarse que alguno de ellos podría empezar a pensar en armas químicas o proyectiles de bombas suicidas.

-Habla usted de las bombas humanas como si de alguna forma fuese una respuesta psicológica a la ocupación, pero hasta qué punto los suicidas son manipulados por Hamas y otros grupos similares?

-Hamas tienen su propia ideología. Sinceramente no estoy versado en ella, pero hasta lo que conozco, tiene una ideología que reclama un Estado islámico en Palestina mediante la guerra santa y el asesinato del enemigo. Creen que los israelíes sólo pueden escuchar el lenguaje de la fuerza. Por ello, están dispuestos a usar cualquier método incluido el de las bombas suicidas. Y existen muchos voluntarios...

-¿Pero Hamas anima a esos niños a que sean voluntarios? Cuando la Fundación Tierra Santa, una importante institución de caridad musulmana en EEUU, fue clausurada por el presidente Bush tras el 11 de septiembre, una de las razones argüidas fue que la organización financiaba instituciones de caridad apoyadas por Hamas, y que, según los informes, exaltaba las bombas suicidas en las escuelas y a través del reclutamiento activo.

- Eso es falso, desde luego. Los norteamericanos también hablan del modo en que el curriculum vitae palestino promueve el odio contra los judíos. Pero si examina ambos curricula verá que no hay nada que enseñe ese odio. No hacen falta escuelas para eso, sólo te hace falta ver a los soldados israelíes humillando a tu padre, o los Phanton 16 destruyendo tu casa, y el mensaje está listo. Hamas no necesita reclutar. Uno de mis colegas me habló de un paciente que cayó en una depresión cuando no fue aceptado como bomba suicida; había perdido la oportunidad de ser un mártir.

Quizá esto resulte difícil de entender en Occidente, aunque en Occidente, también, se glorifica a vuestros muertos de guerra, se construyen memoriales por aquellos que cayeron por la nación. En cada sociedad, esa gente es respetada. Pero a ello hay que añadir el nivel de amarga desesperación que existe en los Territorios Ocupados, la falta de esperanza. Y unido a ello, está la noción religiosa de que la vida comienza con la muerte. Eso es lo que la gente religiosa cree. Los militantes creen que si mueren como luchadores suicidas en la lucha por la justicia, están triunfando ante la derrota y la muerte, creen que no mueren, que con la muerte comienzan a vivir (aunque toda esa patraña de las vírgenes del paraíso es falsa y ninguno lo hace por eso). Si la vida es intolerable, sin esperanza, y si existe una promesa de que si mueres como un mártir alcanzarás una nueva y mejor vida, ¿por qué no aprovechar la oportunidad?

Por supuesto, en el Islam el suicido por razones personales es un pecado; está prohibido. Pero el martirio es otra cosa. Y hay tantas interpretaciones sobre las bombas suicidas debido a que, obviamente, no existía en la época del profeta Mahoma -de hecho, es un fenómeno completamente nuevo en el Islam. La primera vez que fue practicado fue por Hizbollah tras la ocupación israelí del sur de Líbano en 1982, y las más altas autoridades religiosas de Egipto y Arabia Saudí se han pronunciado en su contra. Así que es una cuestión muy debatida en el Islam: ¿es una forma de sacrificarse uno mismo por Dios?, ¿es aceptable asesinar a civiles? Los militantes islamistas consideran que todos los israelíes son militares, incluidas las mujeres. Otro argumento, incluso para Hamas es que ellos no convertirían sus cuerpos en bombas si tuvieran F-16, helicópteros Apache, tanques, una mínima fracción de las armas que Israel obtiene de EEUU. Consideran que si quieres atacar a un soldado israelí -quien es absolutamente invulnerable en su bunker o en su tanque- ¿de qué otro modo puedes hacerlo? Para ellos, los israelíes tienen el poder de los F-16, mientras nosotros tenemos el poder de morir. Así se ha alcanzado esta posición de profunda paranoia.

Personalmente estoy absolutamente en contra de las bombas suicidas por principios, por una cuestión moral. Creo que el Islam está por la vida. El Islam nos enseña que en tiempo de guerra debemos proteger a las mujeres y a los niños, incluso a los árboles. Esas son las palabras del profeta Mahoma. Entonces, ¿cómo desde el Islam se pueden matar a si mismos y a civiles inocentes de esta forma? Sin embargo los militantes musulmanes tienen interpretaciones diferentes.

-Algunos informes de prensa aquí ofrecen a menudo la impresión de una especie de atmósfera de celebración dentro de las familias cuyos hijos han muerto como bombas suicidas, lo que refuerza la idea de que, al contrario de los israelíes, a los palestinos no les preocupa demasiado la vida humana o ni siquiera su propia carne y sangre. Existen también rumores de reconocimientos económicos, de que las familias obtienen dinero.

-Cualquiera que crea realmente tal interpretación está en un proceso de deshumanización racista. ¿Cómo se puede creer en la propia humanidad si no se cree en la humanidad del enemigo?

Sobre esa atmósfera de celebración que menciona, esa es la forma en que nuestra cultura reacciona ante la muerte en cualquier circunstancia. En nuestra tradición, cuando alguien muere la gente va a ver a la familia durante días para mostrar su respeto. Las formulas de la costumbre dicen que ese hombre o mujer ha sido bendecido, ha sido llamado por Dios, y por tanto no debemos estar tristes sino que de hecho debemos sentirnos felices por esa persona que ahora está con Dios. Todo el mundo dice esas cosas a la familia para ayudarlas a superar su sentimiento de pérdida y dolor. Y así se expresa ese apoyo durante cuarenta días; esa es la tradición.

Ahora bien, cuando se trata de una persona -hombre o mujer- que se ha sacrificado a sí mismo por Dios, son incluso más respetados. Adquieren un reconocimiento de santidad a los ojos de la gente por las razones que ya he descrito. Y el abrumador apoyo de la sociedad ayuda a la familia a sobrellevar la pérdida. Existe el heroísmo de morir por otros, el de no aceptar la humillación y la derrota, y más que eso, de estar apoyado por Dios, y lo que quiera que nos pase es una prueba de nuestra fe. Tenemos que ser buenos musulmanes para agradar a Dios. Y el último extremo de ser un buen musulmán -piensan ellos- es morir por Dios.

Esa es la atmósfera. Más tarde, por supuesto, las familias comienzan a sentir lo que llamamos reacción retardada del dolor. Una vez que todo ese apoyo social y solidario pasa y se quedan solos comienzan a darse cuenta: ¿dónde está mi hijo? Y sienten la pena como cualquiera.

En relación con el dinero, por supuesto que la gente apoya a las familias de los mártires. Yo mismo, estando firmemente en contra de las bombas suicidas apoyo también a las familias. Como palestino, como árabe, como musulmán y como ser humano me siento en la obligación de apoyarles. No puedo dejar a sus hijos en medio de la pobreza -tengo que hacer lo que pueda para dejarles algo de esperanza y de dignidad. Por eso apoyamos a las familias, no para animar a las bombas suicidas. Ninguna persona se convierte en bomba suicida por esa razón.

-Se dice que existe en la sociedad palestina un debate sobre la militarización de la segunda Intifada y especialmente el fenómeno suicida, que hay quienes piensan que eso ha causado un gran perjuicio.

-Existe un debate entre los intelectuales pero entre la gente no se da todavía, no en esta atmósfera, cuando la gente se encuentra sometida a los cierres, bajo ataques. Hay una profunda amargura, un desafío, de modo que incluso aún cuando la gente sabe que esas tácticas no traerán la solución, las apoyan a pesar de todo. Se trata de una reacción emocional.

Existe un debate en los círculos políticos palestinos. No sobre moralidad; es político: ¿se logra algo con las bombas suicidas o no? Creo que cada vez más y más personas comienzan a darse cuenta de que son contraproducentes, desastrosas y que, políticamente todo lo que hacen es radicalizar a los israelíes, quienes siguen apoyando a Sharon -que se alimenta de eso- y le justifican para hacer todo lo que se le antoja. Más y más gente opina así, pero hasta ahora ocurre en círculos intelectuales.

-¿Hay estudios acerca de los efectos a largo plazo de este tipo de violencia en la sociedad, por ejemplo en Bosnia?

-No he visto ningún estudio sobre Bosnia pero todo lo que hay que hacer es mirar a aquellos lugares donde ha existido un régimen colonial particularmente brutal y ver que ocurrió allí. La violencia en los municipios negros de Sudáfrica tras la independencia. Y Argelia, donde el nivel de brutalidad y atrocidad que ejercieron los franceses fue casi inimaginable -asesinatos masivos, destrucción de pueblos enteros y otras cosas. Estaban determinados a arrasar la cultura argelina. Todo eso se posó en la psique del pueblo argelino y hoy podemos ver toda esa rabia contenida que se ha vuelto contra si mismos.

-Todo esto no presagia nada bueno...

-Lo que significa esto es que hay una necesidad absoluta de un completo y profundo proceso de reconciliación nacional que permita a los palestinos asumir su dolor, su trauma, su pena y su pérdida -lo mismo para los israelíes, por cierto. Pero no podrá ocurrir sin que se de primero una solución política justa y digna que dé esperanza.

-Entonces, ¿qué significa esto a largo plazo para los palestinos? Algunas personas han escrito durante algún tiempo sobre un resurgimiento de la violencia en Gaza, incluso de cierta desintegración de la sociedad?

-No hay duda de que la violencia se ha incrementado pero hay que darse cuenta de que ha comenzado con un umbral muy bajo: si conocía Gaza antes de 1967, el homicidio era prácticamente inaudito, como mucho uno cada pocos años. Pero con el paso de los años, la violencia de la ocupación y la violencia que trajo a la sociedad ha aumentado: violencia política, violencia contra la mujer y otros tipos. Pero hay que decir que la violencia se restringe al nivel político o dentro de la red social. La violencia se da dentro de la familia, dentro de la tribu o entre las tribus. Si tu eres una persona corriente que no se mete en política o en asuntos tribales, estás absolutamente a salvo. Aquí no hay violencia anónima, o casual, o caótica. Eso no ha cambiado.

Y no se puede decir que la sociedad se esté desintegrando porque las estructuras de clanes o tribales se mantienen todavía intactas. Es la estructura en la que la gente confía para sentirse seguros, para buscar protección apoyo y ayuda.

-¿Usted lo ve de alguna manera como una fuente de esperanza?

-No, no es una fuente de esperanza; es una fuente de resistencia. Cuando haya paz será algo que deberemos dejar atrás para aprender verdaderas nociones de ciudadanía. Pero en tiempos de bloqueo, bajo condiciones de extrema dureza, permite a la gente vivir, sobrevivir. Esta es la historia de Gaza donde el estado ha sido siempre un extraño. Este es el modo en que la gente ha vivido durante siglos, confiando en si mismos y en su clan. Ello es la razón en parte de la extraordinaria resistencia del pueblo. Gaza no ha estado sometida al cerco como Cisjordania, pero incluso aquí no te puedes mover de un lado a otro, estás bajo cierre, la electricidad está cortada, el agua escasea, no puedes llegar a los hospitales. Y aún así la gente se apaña; logran salir adelante. Bajo la dura nube de desesperación, frustración y desesperanza, existe todavía una profunda convicción y un muy fuerte sentimiento de desafío emparejado a un sentimiento de que Dios está con nosotros, que nos está probando pero que vendrá en nuestra ayuda. Todo eso quiere decir que la gente puede aguantar todavía y asegura que ante las nuevas leyes de la confrontación, si esto continua, el pueblo seguirá estando allí.

Este pueblo puede con mucho, se lo aseguro. Puede con mucho más, mucho más. Por eso, en lo más profundo, resiste todavía.

-¿Ve Vd. esperanza a largo plazo?

-¡Sí, por supuesto! Creo en la humanidad básica de nuestro pueblo. Y creo que habrá paz porque no hay otra opción. Más y más gente se dará cuenta de que las muertes y los asesinatos no son la solución. Incluso los expertos militares israelíes como Benjamin Ben Elizer, afirman que no hay solución militar. Cada vez más gente entenderá esto. Lo que espero es que ocurra más pronto que tarde para poder salvar las vidas de tanta gente que no necesita morir, eso es lo que espero. Es posible que haya todavía unos pocos más de cientos por cada lado pero si al final alcanzamos una solución pacífica basada en lo que ya sabemos, ¿por qué debe haber más muertes?

La fuente: Eyad El-Sarraj es psiquiatra palestino, fundador y director del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza, en cuya clínica se tratan gratuitamente a uno de cada diez residentes de la Franja. El-Sarraj es también secretario general de la Comisión Palestina Independiente para los Derechos de los Ciudadanos, habiendo sido galardonado con el premio 'Médicos por los Derechos Humanos' en 1997 y el premio 'Martín Ennals' de defensa de los derechos humanos en 1998. El artículo, publicado en Journal of Palestine Studies, fue traducido por Loles Oliván para el Comité de Solidaridad con la Causa Arabe (www.nodo50.org/csca).

Publicado: 02-12-2002


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