200508 -
OH Magazine -
David Reuben - ¿Qué
es exactamente el orgasmo y cuál es la diferencia entre el orgasmo
femenino y el masculino?
Un orgasmo es el clímax explosivo de una relación sexual. Es la
liberación repentina, placentera hasta un punto casi insoportable,
de tensión sexual que se va acumulando de manera continua desde que
se inicia la excitación. El orgasmo es la experiencia más
sensacional que puede tener un ser humano. Gracias a ella, todas las
personas muestran un interés continuo en el sexo.
Aunque el orgasmo, idealmente, se alcanza durante el coito o
cópula, esto es, durante la relación íntima entre un hombre y una
mujer, también se puede alcanzar a través de la masturbación. Y eso,
también, hace que la masturbación sea una actividad tan popular y
tan universal. Los orgasmos masculino y femenino son diferentes en
muchos sentidos importantes. El primero suele ser repentino,
drástico y concentrado principalmente en el pene, El orgasmo
femenino se extiende por todo el clítoris, los labios genitales y el
área pélvica. Por lo regular, dura un poco más que el orgasmo
masculino.
La
mayoría de las mujeres está lista para otro orgasmo en cuanto acaba
de tener uno; en cambio, la mayor parte de los hombres tienen que
esperar un buen rato para que se recuperen sus reflejos sexuales y
estar nuevamente en condiciones. Finalmente, y no es lo menos
importante, el orgasmo del hombre es un proceso más complejo que el
de la mujer, La erección es el primer evento del ciclo sexual
masculino... la eyaculación es el último, en respuesta a estímulos
físicos o mentales (o de ambos tipos), el pene se llena rápidamente
de sangre y se convierte, de un flácido conducto para expulsar la
orina, en un órgano rígido, listo para expulsar esperma en la vagina.
La erección hace al pene más largo, más grueso y mucho más
sensitivo. Cuando sus terminales nerviosas han recibido suficiente
estimulación al frotarse contra el forro de la vagina -por lo
regular durante un periodo de 10 a 20 minutos- ocurre la
eyaculación.
A decir
verdad, la primera parte de la eyaculación se produce de manera casi
completamente mecánica. El líquido espermático es arrojado del pene
en cinco o seis chorros, como si fueran disparos de una pistola de
agua. La segunda parte de la eyaculación es la que constituye
realmente el orgasmo masculino.
La mujer, por su parte, llega casi siempre al clímax mediante la
manipulación del clítoris, que es donde se concentran sus terminales
nerviosas.
¿Hay algún estimulante sexual que sea confiable y seguro, y que
funcione tanto en hombres como en mujeres? ¿No sería más fácil para
todos si pudieran usarlo juntos?
O más difícil, dependiendo de quién usara qué en quién. Como si no
tuviéramos ya suficientes problemas, imagínense el pandemónium que
se armaría si millones de personas pusieran todos los días un
potente estimulante sexual en el café de la cena, compartida con
algún miembro del sexo opuesto, cuidadosamente seleccionado.
En realidad, existen numerosos estimulantes sexuales que casi
cualquier persona puede llegar a utilizar. Básicamente pertenecen a
dos categorías: los afrodisíacos exógenos y los afrodisíacos
endógenos. Los del tipo exógeno suponen que usted y su pareja
quieren hacer el amor, pero algo se interpone en su propósito. Puede
ser temor, timidez, fatiga o escrúpulos morales.
Los
estimulantes exógenos destruyen la inhibición y permiten que los
impulsos sexuales contenidos se liberen, puedan expresarse y se
hagan cargo de la situación. Incluyen cosas tales como un martini
doble, un buen perfume o un “caballito” de tequila. Son los más
frecuentemente usados por personas de menos de 40 años.
Los afrodisíacos endógenos en cambio, se utilizan en los casos en
que el deseo está ahí, pero la capacidad necesita, sin embargo, un
ligero empujón. Estos estimulantes trabajan directamente sobre los
órganos sexuales o sobre los centros del cerebro que controlan la
sexualidad. Incluyen sustancias químicas tan exóticas como el
yohimbine, la estricnina, el ginseng y, desde luego, la hormona
masculina testosterona.
La testosterona funciona, pero puede llegar a producir muy malos
efectos tanto en hombres como en mujeres, a menos que sea
administrada con gran cuidado, por un doctor que haya tenido amplia
experiencia en ello.
Aunque
la estricnina es un veneno mortal, hace más de cien años que se la
usa, en dosis mínimas, para estimular los centros sexuales del
sistema nervioso. El único problema es que un ligero error de
cálculo en la dosis puede mandarlo rápidamente al otro mundo, donde
se supone que el sexo es sustituido por solos de arpa.
El yohimbine puede ayudar, como también puede llegar a hacerlo el
ginseng, aunque probablemente el efecto de ambos es en gran parte
psicológico. (Desde luego, un efecto psicológico es magnífico... si
funciona.)
LOS
ESTIMULANTES DE DOBLE ACCIÓN
Hay una tercera categoría de afrodisíacos que funciona en ambas
formas. Esto es, desde el exterior - lo que los hace afrodisíacos
exógenos- porque destruyen las inhibiciones, y desde el interior -lo
que permite que también se puedan considerar afrodisíacos endógenos-
porque estimulan directamente los centros sexuales del cerebro.
Sólo existen dos de estos afrodisíacos dobles, de efecto interno y
externo.
Uno es la pornografía. Este es un estimulante sexual que por lo
regular funciona de manera más efectiva en los hombres que en las
mujeres. Sin embargo, a medida que las mujeres se vuelven
sexualmente más agresivas, responden más a la estimulación
pornográfica.
Por
supuesto, nos estamos refiriendo en este caso, a la pornografía
común, del tipo de la que presentan las revistas y los videos
marcados con la inscripción “sólo para adultos”. No incluimos para
nada los juegos sadomasoquistas, los ritos animales y otras
estimulaciones exóticas de ese tipo, que pertenecen a otra
categoría.
El otro afrodisíaco de doble efecto es la mutua estimulación sexual
que procede de una relación emocional excitante con alguien a quien
usted ama. No hay nada como el amor, para echar abajo las barreras
sexuales, destruir la inhibición y aumentar, realmente, la
producción de hormonas en las glándulas endocrinas.
El verdadero y más efectivo afrodisíaco que existe, y para el cual
no se necesita receta, es el amor... dosis masivas de cariño y
ternura. Ningún otro puede sustituirlo.
LOS
SUSTITUTOS PELIGROSOS DEL AMOR
¿Qué efectos reales tienen el alcohol y las drogas sobre el sexo?
Tanto el alcohol como las drogas influyen en el impulso sexual del
individuo, aunque actúan en forma diferente. El alcohol va
deprimiendo de manera gradual la actividad del cerebro. Con uno o
dos tragos, la parte del cerebro que se preocupa de que la persona
sea socialmente correcta o “moral” se hace a un lado y no interviene
ya en las decisiones. Por eso, la gente que bebe tiende a hacer
cosas que no haría de otra manera. Esa es la razón de que los
muchachos a veces alienten a sus jóvenes parejas a beber. Pero el
alcohol interfiere con las respuestas sexuales, y los mismos tragos
que logran que una muchacha esté dispuesta a hacer el amor con un
chico, pueden impedir que éste alcance una erección.
Al mismo
tiempo, la euforia que produce la bebida puede hacer sentir a ambos
que las medidas de control natal son una innecesaria pérdida de
tiempo. Y las consecuencias de tal descuido pueden complicar la vida
de ambos.
En cuanto a las drogas, no es un secreto que la cocaína y la
marihuana están “de moda” en ciertos sectores de la sociedad. En
muchas personas parecen haber sustituido al alcohol, como el
afrodisíaco más popular. La marihuana tiene un efecto similar al del
alcohol, en cuanto a que produce relajación y destruye algunas
inhibiciones. Además, distorsiona la percepción un poco, lo que
suaviza el impacto de lo que está ocurriendo. La cocaína actúa en
otra forma. Destruye todo, incluido el impulso sexual.
Y hay algunos problemas adicionales en cuanto al uso de las drogas.
Estas son sustancias químicas extrañas, terriblemente perjudiciales
para el organismo, sobre todo para el cerebro, en el cual producen
daños con frecuencia irreparables.
Además, consumir drogas bajo la suposición de que constituyen un
buen afrodisíaco, es un error garrafal. Hay formas mejores, de
mejorar la vida sexual: enamorarse, por ejemplo.