¿Qué se entiende por "caricias intimas"?
Es toda aquella expresión corporal, manifestada a través de los
besos o por vía de las manos, que llega hasta áreas del cuerpo que se
denominan íntimas: los senos, los glúteos, la pelvis, el clítoris y los
labios mayores, en la mujer; la pelvis, los testículos y el pene en el
hombre.
En la relación de pareja adolescente existe un grado de excitación
sexual cuando la pareja entra en contacto corporal. Puede ser menor o
mayor en ambos integrantes de la pareja o menor en uno y mayor en el otro.
Todo dependerá de la aceptación o rechazo a la utilización de las caricias
en general.
El rechazo a las caricias, cualesquiera sean las razones, actúa como un
agente inhibidor de la excitación sexual y, a su vez, la aceptación como
un agente promotor.
Al iniciarse un proceso de excitación sexual por vía de las caricias en
zonas erógenas del cuerpo, de manera automática los impulsos generados
desde esas zonas ponen en marcha todos los complicados mecanismos
fisiológicos y psicológicos predispuestos por la naturaleza en los seres
humanos para su reproducción. En la mujer su aparato reproductor se
humecta con mucus lubricante y puede producirse erección del clítoris y de
los labios menores; en el hombre hay manifiesta erección del pene y
secreción de mucus lubricante. En ambos hay manifiestas contracciones de
los miembros ya indicados.
La excitación sexual en los adolescentes, por lo general, se produce a
los pocos minutos del contacto corporal. Su alto grado de sensibilidad
física y psicológica favorece que así ocurra.
Las caricias íntimas por sus características, es decir, el hecho de que
alcancen a zonas erógenas íntimas, pueden llevar en corto tiempo al
orgasmo, tanto a la mujer como al hombre.
Persiste, sin embargo, aunque cada vez con menos fuerza, la discusión
entre algunos especialistas -médicos sexólogos, psicólogos, psiquiatras y
orientadores de adolescentes, entre otros-, respecto de si en la etapa de
la adolescencia la caricia íntima puede ser aceptada como un mecanismo de
liberación de la libido, o sea del impulso sexual que es considerado como
la raíz de las varias manifestaciones de la actividad psíquica. Sin
embargo, tras tales discrepancias hay, indiscutiblemente, respetables
puntos de vista religiosos e ideológicos que presionan o pesan sobre sus
protagonistas.
Se argumenta en favor, señalando que en tanto en la adolescencia las
relaciones de pareja son carentes de formalidad y compromiso, las caricias
íntimas, que pueden llevar al orgasmo, permiten a los adolescentes liberar
la inmensa y para ellos muchas veces desconcertante carga de su potencial
sexual por vía de una relación natural de contacto corporal indirecto, es
decir, donde no están comprometidos directamente ni los órganos ni el
sistema reproductor masculino y femenino.
A lo anterior se agrega que en muchos casos los adolescentes alcanzan
el orgasmo en su relación de pareja, sin que existan tales caricias
íntimas y por el sólo hecho de una también natural sobreexcitación producto
de besos y simples caricias que no alcanzan a las principales zonas
erógenas del cuerpo.
También el movimiento corporal en una pareja de adolescentes que se
abrazan, besan y acarician y rozan sus zonas genitales por sobre la ropa,
por lo general les provoca grados de excitación que los llevan al orgasmo,
en una suerte de situación no expresada o manifiesta entre ambos, aunque
silenciosamente aceptada como tal.
Se añade, además, que las caricias íntimas, por el hecho de efectuarse
durante el contacto de la pareja de adolescentes, está acompañada de una
fuerte carga emocional y psicológica positiva que involucra sentimientos y
afectos mutuos.
Por último, se señala que el orgasmo alcanzado por los adolescentes
durante sus contactos de pareja, contribuye al logro de su equilibrio
fisiológico y psicológico final y a una mayor estabilidad emocional en un
período considerado difícil.
Entre los argumentos contra las caricias íntimas se indica que pueden
ser lesivas para la integridad psicológica de los adolescentes puesto que
afectarían sus mecanismos de autocontrol, los mismos que no sólo permiten
la regulación a voluntad o inhibición de sus impulsos sexuales sino que
toda una gama de otros impulsos, como el de la agresividad vinculado
estrechamente a la rebeldía e indisciplina.
Además, ésta liberación del sexo -se señala-, podría llegar a alterar
en el adolescente su valoración de etapas superiores en la vida como el
matrimonio y lo que él significa como consumación del amor.
A los planteamientos anteriores se agregan aspectos de tipo moral y
hasta estéticos.
Como autor de este libro asumo responsablemente una equidistancia de
los extremos que participan de las caricias intimas o que se oponen,
señalando que siendo este tipo de caricias un hecho natural y
consubstancial o inherente a la especie humana y una realidad que se da a
diario en la relación de pareja adolescente, ningún argumento puede ser
lo suficientemente válido para oponerse o evitar que así suceda. Y más
que fomentar el uso de este tipo de mecanismos u oponerse a él hay que
orientar a los adolescentes, expresándoles que la ocurrencia de estas
caricias sólo es materia íntima de los integrantes de la pareja, los
cuales en un acto de plena libertad y alcanzando la mayor sinceridad
posible, deberán determinar si tales caricias les son aceptables o no,
comprendiendo que todo exceso en el uso de los mecanismos del cuerpo no es
bueno, pero que también todo impulso contenido puede dañar más que
beneficiar.
Es mi personal opinión que cada pareja adolescente en su relación debe
actuar según decisiones propias. La experiencia que surja del hecho de
llevar a la práctica tales decisiones, establecerá si, en el caso de las
caricias intimas, es un mecanismo que beneficia o perjudica su relación.
Si tú y tu pareja consideran que este mecanismo los acerca más, los
lleva a mayores grados de comprensión, los libera biológicamente y esta
liberación contribuye a un proceso de estabilización personal que se
traduce en grados de mejor concentración en tus estudios o en tu trabajo,
entonces no te niegues a emplearlo con la moderación que merecen todos los
actos humanos, particularmente aquellos en que se está compartiendo con
alguien.
Pero, por otra parte, debes comprender que el mecanismo de las caricias
íntimas no es un camino único o excluyente para que tu potencialidad
sexual, que en esta etapa de tu adolescencia alcanza niveles propios del
desarrollo de tu organismo, sea liberada.
Tu, como yo, sabes que está el mecanismo de la
autosatisfacción o masturbación. Es un mecanismo natural respecto del que
los y las adolescentes no deben tener inhibiciones, si se advierte el
impulso irresistible de utilizarlo como camino de liberación de la
sexualidad.