Desde la niñez
Andrade, autora del libro La magia del corazón, explica que la
formación de los hijos comienza con una relación saludable de la pareja,
porque de esa manera los padres podrán tener comunicación para ponerse de
acuerdo en cómo educarlos.
“Mucho del comportamiento del niño refleja si los padres se han preparado
para ayudarlo en su desarrollo”, comenta la especialista.
Una vez que el niño (a) ha desarrollado su cerebro, a la edad de 5 años,
comienza a percibir cómo es el mundo y cómo lo tratan.
“Su comportamiento a esa edad reflejará lo que será en la adolescencia”,
manifiesta Andrade.
En su desarrollo el niño (a) va adquiriendo ciertas actitudes que pueden
ser positivas o negativas; tiene formada una personalidad, un temperamento y
ciertos talentos que los padres deben identificar.
“Si los padres no saben canalizar la energía negativa de un niño (a), sus
malos hábitos se van a incrementar y se verán reflejados en su
adolescencia”, señala.
Por ejemplo, si los papás no saben controlar su propio mal genio, el
niño (a) tampoco podrá lograrlo. Si lo reprenden con gritos, él (o ella)
responderá igual.
Según la educadora, en la etapa de la niñez los padres deben crear un
ambiente de confianza y comunicación con los hijos, para que cuando tengan
un problema se acerquen a ellos sin mayor dificultad.
La vida loca
La ropa extravagante los enloquece. Imitan lo último de la moda, y de la
música ni se diga... en la mayoría de los casos, nada de lo que les agrada
tiene que ver con la personalidad de los padres.
“Los adolescentes de todas las épocas han sido extravagantes porque se
están buscando a sí mismos, los mismos padres de esos niños lo
experimentaron”, comenta Andrade.
Aunque los padres no estén de acuerdo con “los gustos” de los hijos,
deben tener “muchísima paciencia” y aceptarlos.
“Con una mano deben dar cariño y con la otra poner límites”, dice la
experta, “siempre deben recordarle que hay reglas en su casa que se deben
respetar. Deben hablar con ternura y paciencia”.
Por lo general, los padres suelen sentirse rechazados por sus hijos, y en
cierta forma lo son, sobre todo las madres que son quienes pasan más tiempo
con ellos o son las que dirigen su conducta.
Andrade señala que la autoestima de los adolescentes es muy confusa. Un
día están estáticos, otro depresivos, de un momento a otro se molestan,
hacen muecas, hacen los ojos hacia arriba y se sienten incomprendidos.
“Son situaciones a las que los padres no deben poner mucha atención, así
son ellos, son reacciones hasta cierto punto normales de su edad”, indica,
“pero se debe hablar cuando ambas partes estén calmadas”.
Andrade explica que los cambios de un adolescente se acentúan cuando
tiene que pasar el proceso de divorcio de sus padres.
“Ir de una casa a otra, donde tiene que respetar reglas diferentes, le
ocasiona más confusión”, comenta Andrade, “porque uno de los cónyuges será
más consentidor que el otro”.
Algunos expertos coinciden en que los padres deben ponerse de acuerdo
entre sí sobre cómo manejar la situación y apoyarse uno al otro —aun cuando
estén separados— porque es muy perjudicial cuando un padre se alía con su
hijo contra el otro.
Reglas y libertad
Las reglas son un requerimiento odiado por los adolescentes, pero los
padres tampoco deben exagerar con ellas.
Los profesionales en relaciones familiares dicen que algunas de esas
“reglas” se deben negociar y llegar a un acuerdo con los hijos.
Las normas tienen que ser claras, razonables y restrictivas, de manera
que puedan saber en qué situación se encuentran, y esto puede realmente
reducir las discusiones. Los padres deben diferenciar qué es importante y
qué no lo es, ya que no pueden existir normas para todo.
“Es importante que los adolescentes tengan un poco de libertad, que los
dejen tomar decisiones por sí mismos. Si los padres ven que sus hijos
utilizan bien esa libertad, en ese momento pueden decirles que les da gusto
el provecho que le están dando”, señaló Andrade.
Los padres deben hablar con sus hijos de los diferentes temas que a ellos
les inquietan o perjudican como sexo, drogas y alcohol, entre otros.
“Es muy positivo tratar de entenderlos sin criticarlos”, concluye la
experta.
Recomendaciones de la experta
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Hable con el adolescente con ternura.
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Póngale límites de manera respetuosa.
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No utilice castigos brutales, vulgares o humillantes.
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Ayúdele a descubrir y desarrollar sus talentos para que realice
actividades que lo haga sentir bien.
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Comprenda que el adolescente busca la forma de sentirse diferente a
los demás.
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Ofrézcale amor, cariño, respeto y límites.
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Busque literatura que le ayude a conocer más sobre el desarrollo de
los niños en sus diferentes etapas.
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No sienta temor de acudir a consejería con profesionales.
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Participe en grupos de padres.
Más
información:
www.nlm.nih.gov/medlineplus (con información en
español)
www.familymanagement.com (con información en
español)
www.ppal.net