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El Coito

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200508 - J R L - El término coito -del latín coitus- hace referencia al ayuntamiento o la cópula sexual.

En castellano los verbos ayuntar y copular significan "juntar", "unir". Sin embargo, cuando se habla de coito suele hacerse referencia a una sola y exclusiva forma de unir o juntar. Esta es "penetrar", "introducir", "meter".

De hecho cuando al sustantivo "coito" no se adjetiva, se sobreentiende "penetración del pene en la vagina". Más aún, se da por hecho la erección de este pene y, -cada vez más, aunque no siempre- la humedad de esa vagina. Incluso, si cabe, se presupone a un hombre -arriba- penetrando a una mujer -abajo-.

El coito intergenital se ha convertido gracias a la larga influencia eclesiástica en la única conducta erótica legítima. Sin embargo no es justo responsabilizar de esta constricción erótica sólo a las grandes religiones monoteístas. Por ejemplo muchos tratados eróticos nada sospechosos de resultar eclesiales son una colección más o menos organizada de diferentes posturas coitales. En contraposición a esto, algunas corrientes han tratado de satanizar esta conducta. Por ejemplo, "la penetración es una violación" fue una consigna feminista largamente repetida. Todo ello ha dado lugar a la siguiente pugna: o el coito lo es todo y es la medida misma de la erótica, o el coito es nada y ha de evitarse. En virtud de esto propendemos o bien a un reduccionismo coitalizador de la erótica humana, o bien al prohibicionismo descoitalizador de ésta.

Sin embargo, esto es un hecho incontestable, la inserción del pene en el interior de la vagina sigue siendo la conducta sexual reina en la mayor parte de las parejas. Con frecuencia, si no es la única, sí es la principal manifestación corpórea. De esta suerte, el resto de comportamientos eróticos, se convierten o bien en "sustitutivos" o bien en "aderezadores" y "preparativos" a éste. Hasta el punto que algunas personas piensan del siguiente modo: "soy un adulto erótico en tanto que practico el coito". O sea, "coito ergo sum". Lo cual es, seguramente, excesivo.

Puede ser útil resituar esta conducta en el marco global de la sexualidad humana. Esta tiene tres dimensiones: la reproductiva (ser padre o madre), la recreativa (el placer, la fantasía, los juegos, etc.) y la relacional (el amor, el compromiso, el interconocimiento, la intimidad, etc.).

El coito es la única conducta erótica con potencial reproductor. Así pues, cuando la finalidad de la sexualidad es reproductiva, el resto de las conductas no coitales son cuanto menos ineficaces.

Desde el punto de vista recreativo el coito suele garantizar el orgasmo del hombre, pero no necesariamente el de la mujer (el clítoris está fuera de la vagina). Ahora bien, con orgasmo o sin él, el coito puede ser gratificante, placentero y divertido para ambos. A veces, conviene no olvidarlo, puede ser lesivo, agresivo o doloroso, sobre todo para la mujer.

Finalmente algunos de los requerimientos de la dimensión relacional sí pueden verse satisfechos con esta conducta, por cuanto que comparativamente con otras permite simbólicamente el sentimiento de "fusión" ("sentirte dentro de mí", "sentirme dentro de ti", "sentirnos un solo cuerpo"). Las personas no siempre pretendemos fundirnos con el otro, pero cuando lo deseamos, el coito nos permite una comunión corpórea especialmente íntima e intensa

 

 

Analizar el lenguaje nos permite ver qué hay detrás de éste. Las expresiones "relación sexual completa", "hacer el acto" o "hacer el amor" hacen referencia todas ellas al coito. ¿Pero es incompleta la relación cuando no se lleva a cabo el coito?, ¿cuando se produce la inserción del pene en la vagina hacemos "el acto sexual" o "un acto sexual"?, ¿el amor "se hace" penetración mediante?  

El coito, el primer coito, se ha convertido en un ritual de iniciación al estadio adulto. Nuestros jóvenes, más que nunca, se sienten presionados a su realización. Con frecuencia lo buscan compulsivamente, para auto etiquetarse como "sexualmente adultos"

Heinz Göll

En esta carrera, transgreden a veces su propio ritmo. Y lo que es más grave, auto convertidos en "adultos prematuros" dan por finalizada la etapa de conocimiento y experimentación del propio cuerpo y del cuerpo de su pareja

El coito no exigente o "coito reservado" consiste en la inserción del pene en el interior de la vagina sin que se produzca eyaculado. Lo peculiar de este comportamiento es que no se pretende el orgasmo masculino, aunque sí puede darse el femenino. Por lo tanto siquiera requiere la erección del pene

El coito ínter femoral, también conocido como "coito anteportas", consiste en la inserción del pene entre los muslos. En el coito ínter mamario, el pene se aloja entre los pechos femeninos. También las axilas, la conjunción en forma cóncava de las manos o los pies, los glúteos o la región poplítea (parte posterior de la rodilla) pueden convertirse en alojamientos acogedores y gratificantes para el pene

En el coito interrumpido o "coitus interruptus", sí se pretende y se procura la eyaculación masculina, pero ésta se produce en el exterior de la vagina, para lo cual se extrae el pene justo antes de que se produzca. Tradicionalmente esta conducta se ha usado como medida contraceptiva. En el mundo del "porno duro" el coitus interruptus es la conducta casi exclusiva. El fin que se persigue es que la cámara registre la veracidad del eyaculado

Coito anal
El coito anal, o la introducción del pene en el recto, es, en primera instancia, una práctica homosexual, si bien las parejas heterosexuales lo practican en ocasiones a fin de evocar respuestas eróticas en alto grado. Los hombres, cuando  lo admiten, también lo disfrutan, y para las mujeres que han tenido varios hijos, el ano ofrece una rigidez placentera. Además, cuando la mujer tiene a su compañero por detrás, el puede estimular el pecho, el clítoris y la vagina con mayor facilidad.

Casi siempre son los hombres los que toman la iniciativa, ya que la gran mayoría de las mujeres declaran que esta actividad sexual no les satisface, esto puede ser debido al dolor que puede causar si se intenta realizar con poca lubricación; muchas veces es imprescindible utilizar cremas dilatadoras.
 
Consejitos 

Es importante adoptar una postura adecuada. Muchas mujeres prefieren estar encima para regular la velocidad a la que se lleva a cabo la penetración. A otras les gusta tumbarse boca-abajo, ponerse a cuatro patas como los perrillos o ser penetradas mientras están tumbadas de lado. Elegid cual es la mejor para vosotros antes de empezar. Tomaos todo el tiempo que necesitéis y usad una gran cantidad de lubricante. Si ella te dice que empieza a doler, retrocede, saca tu pene y aplica más lubricante. Puede llegar un momento durante el coito en el que su ano se relaje lo suficiente como para permitir que la punta de tu pene se salga de forma natural. Si ella está completamente relajada, esta "salida" deberá sentirse de una forma totalmente indolora.

Lo primero y principal que necesitan para hacer posible el sexo anal es Paciencia. La penetración inicial es siempre la parte más difícil. El ano es un estrecho anillo de carne a la entrada del recto, que tiene como misión controlar la eliminación de los residuos corporales. Está parcialmente controlado por la voluntad pero también es parcialmente receptivo a estimulación externa. Tu pareja debe relajarse y tú debes ir despacio para incitarlo a abrirse lo suficiente como para recibir tu pene. Empieza con un dedo bien lubricado o un consolador delgado (más que pequeño que tu pene). El consolador es más real, pero tus dedos pueden flexionarse y sentir lo que están haciendo dentro de su ano. Desliza muy despacio un dedo dentro de su ano permitiéndole que se ajuste a él. Saca tu dedo totalmente y luego vuelve a introducirlo. Da tiempo a su ano para acostumbrase a este tipo de actividad. Luego introduce un segundo dedo. Si consideramos el tamaño de un pene normal, probablemente dos dedos sean más que suficientes.

 

 

 

 

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