200508 -
TN Relaciones

Cara a cara Postura clásica y universal, pero no por eso aburrida,
el cara a cara permite una infinidad de variantes para hacerla más
atractiva y excitante. La movilidad de las manos, la cercanía de los
rostros y la comodidad de los cuerpos son las ventajas que la hicieron
famosa. No hay que temer probar nuevos tipos de contacto durante el
coito: que ella toque los glúteos y el ano de su compañero, que él frote
el clítoris de la mujer o que ella misma lo haga, que las piernas de
ambos estén más cerradas para sentir cierta dificultad en la
penetración.... Es una posición que muchos identifican con el amor y el
romance, los comienzos de una pareja, la adolescencia... pero vale la
pena experimentarla en todas las etapas de la vida sexual y sacarle el
jugo a sus ventajas

El arco Variante del "Cara a cara", el arco es una posición
que, a través de una pequeña variante, modifica las sensaciones al
extremo. La mujer permanece acostada boca arriba con las piernas
abiertas y flexionadas, apoyando sus brazos detrás de los hombros.
Cuando su compañero esté listo para penetrarla, eleva sus caderas y se
posa sobre las piernas flexionadas del compañero. El placer que ella
recibe se centra en la penetración profunda y en la particularidad de
sentir toda la zona vaginal y abdominal envuelta de la piel del hombre.
El cansancio que se experimenta al mantener la posición se ve
recompensado con la potencia del orgasmo que puede provocar

Clásica Mujer dominante Esta postura clásica también se realiza
con la mujer en la posición dominante, lo que resulta muy excitante para
muchos ya que modifica sustancialmente lo tradicional en la "Cara a
cara" que es el hombre sobre la mujer. De esta forma ella puede frotar
su clítoris en el vientre de su compañero con más facilidad y según su
antojo. Es ideal para las mujeres a las que les cuesta llegar al orgasmo
y necesitan una estimulación muy directa del clítoris y los labios
vaginales. Además el hombre puede tocar impunemente los glúteos de su
compañera, meter sus dedos en el ano de ella y atraerla hacia su cuerpo
con fuerza tomándola de las nalgas.

Profundidad Esta es una posición de penetración total, de allí
su nombre. Con las piernas elevadas y abiertas, ella aguarda a que su
compañero introduzca el pene en su vagina para calzar sus piernas en los
hombros de él, que apoyará sus manos para regular el movimiento. A
muchas mujeres puede parecerles complicada, incómoda o dolorosa la
visualización de esta postura, pero vale la pena probarla porque ofrece
la penetración absoluta y un contacto genital único: los testículos se
posan suavemente entre los glúteos y el clítoris se encuentra presionado
por la abertura de las piernas. La dificultad para besarse y la
distancia de los rostros pueden ser ampliamente excitantes para ambos

Deleite Ella se arrima al borde de la cama o de una silla. El
se arrodilla para dejar su pene a la misma altura que la vagina de ella,
que se abre de piernas para recibir el sexo de su compañero y echar su
cuerpo para atrás en una sutil relajación. Al mismo tiempo, el cuerpo de
él es envuelto por las piernas de ella mientras se ocupa de marcar el
ritmo de la penetración.

El abrazo La pareja está de pie, desnuda y enfrentada. Ella
trepa a su compañero por los hombros y abraza su cuerpo con las piernas.
El toma a la mujer de los glúteos y la atrae a su cuerpo para
penetrarla. El abrazo total es parte de un sexo pasional y creativo,
donde el contacto corporal es muy completo. El ritmo del coito puede ser
de dos maneras: de arriba hacia abajo o de atrás para adelante,
dependiendo de la intensidad de placer que ambos experimenten con cada
opción.

La butaca Recostado sobre una almohada o almohadón
confortable, el hombre se sienta con las piernas flexionadas y un poco
abiertas. Esta posición permite la postura que consiste en que ella se
siente cómodamente en el espacio que él forma con su cuerpo. Con la
ayuda de sus manos, el hombre acomoda a su compañera en su erección,
controlando ambos el ritmo y la intensidad de la penetración. Las
piernas de ella se apoyan suavemente en los hombros del hombre, quien
tiene su cabeza atrapada y envuelta en los muslos de su compañera. El
hombre puede tocar el clítoris de ella al tiempo que la sostiene de la
cintura con fuerza. La dificultad que reside en acercar los rostros y lo
osado de la propuesta, convierten a "La butaca" en una postura
diferente y extremadamente sensual

Sorpresa Esta postura es ideal para los amantes del sexo más
salvaje y primitivo. El hombre, de pie, toma a la mujer por detrás y la
penetra tomándola de la cintura. Ella, relaja todo su cuerpo conforme la
gravedad hasta apoyar sus manos en el piso. El hombre "sorprende" a la
mujer por detrás y marca la cadencia del coito. Para ella, el placer se
concentra en el ángulo de abertura de la vagina que, al ser limitado,
provoca una sensación de estrechez muy placentera para muchas mujeres.
Para él, la sensación más poderosa se expande desde el glande, que entra
y sale de la abertura vaginal a su antojo y acaricia el clítoris en las
salidas más audaces. Además, el campo visual del hombre abarca el ano,
los glúteos y la espalda, zonas altamente erógenas para muchos. La
dominación que él ejerce y la relajación total de ella pueden favorecer
el jugueteo del hombre con el ano de ella: introducir un dedo durante el
coito puede ser enormemente excitante.

La carretilla Al borde de la cama y con los antebrazos
apoyados, la mujer se dispone a ser "levantada" de las piernas por el
hombre, quien de pie detrás de ella, la penetra sosteniéndola de los
muslos. El estímulo y el placer se concentran en los genitales de ambos,
pero es el hombre quien lleva el ritmo atrayendo el cuerpo de ella hacia
el suyo. La variedad de movimientos y sensaciones que permite la postura
es asombrosa: circulares, ascendentes y descendentes, con las piernas de
ella más cerradas o bien abiertas...

El trapecio El hombre se sienta con las piernas abiertas y su
compañera (ya penetrada) arriba de él. Tomándola de las muñecas, ella se
va relajando hacia atrás hasta caer por completo: debe estar súper
relajada y entregada a la fuerza de su compañero que la atrae a su
cuerpo con sus brazos provocando la embestida necesaria para el coito.
Es una postura complicada ya que requiere la liviandad de la mujer,
bastante equilibrio de ambos y la fuerza y habilidad del hombre. Ideal
para cambiar la rutina y probar nuevas emociones...

El tornillo Nada más recomendable para una mujer con
dificultades para llegar al orgasmo que las posturas que presionan el
clítoris mientras la vagina es penetrada. En "El tornillo" esto
se cumple a rajatabla. Ella se acuesta en el borde de la cama y tiende
sus piernas flexionadas a un costado de su cuerpo (cada mujer sabrá cuál
cuál de los dos lados le resulta más confortable). Esto permite mantener
el clítoris atrapado entre sus mejores aliados para llegar al preciado
orgasmo: los labios vaginales. La mujer puede contraer y relajar toda la
zona, mientras él la penetra arrodillado frente a ella y tocando sus
pechos. Un manjar.

La fusión Para esta postura, el hombre se sienta echando su
cuerpo levemente hacia atrás y apoyando sus manos al costado del cuerpo.
Las piernas pueden estirarse o flexionarse según la comodidad que se
disponga y la cabeza puede estar relajada. La mujer, asumiendo el rol
activo de la ocasión, pasa sus piernas por encima de su compañero y
apoya sus brazos atrás del cuerpo. La estimulación previa debe ser
intensa, ya que durante la penetración esta postura impide el
acercamiento manual y el contacto de las bocas. La mujer marca el ritmo
o se pacta un encuentro pene-vagina con un movimiento de ambos hacia el
centro. De cualquiera de las dos formas, es esencial que el clítoris
aproveche los impactos con el cuerpo de él. La mirada tiene un
componente fundamental y la palabra puede ser un increíble arma para
gozar la fusión por completo.

La fusión 2 Si el hombre se relaja y apoya todo su cuerpo y la
mujer se incorpora levemente, la fusión adquiere una variante donde la
penetración es más profunda. El ritmo lo sigue llevando ella y el
movimiento que sale con más facilidad es el arriba-abajo que la mujer
debe realizar sobre su compañero. Las manos de ella pueden tocar el
pecho de él o tomar su pene como si lo masturbara para aumentar el
placer de ambos.

La somnolienta La mujer se tiende de costado y el hombre se
ubica en su espalda para penetrarla. Ella estira una pierna hacia atrás
y la enrosca en la cintura de él. Ideal para hombres dotados y mujeres
flexibles, "la somnolienta" cumple varios anhelos de las mentes
fantasiosas: en primer lugar, que ella esté de espaldas a él, y al mismo
tiempo acceda a su rostro y cuello. Además, que él tenga cómodo acceso
al clítoris y los pechos de su compañera. La apertura de la pierna
posterior de ella para recibir al pene y el abrazo de esa misma pierna
alrededor del compañero es quizás lo más sexy de esta postura. Anímate!

La hamaca El hombre está sentado (preferentemente en una
superficie dura, no la cama), con las piernas flexionadas y se toma la
parte posterior de sus rodillas. De esta manera, recibe a la mujer que
se hace penetrar acomodándose en el espacio que queda entre las piernas
de él y su tronco. El presiona con las rodillas el cuerpo de su
compañera, la atrae hacia el suyo provocando el vaivén de ambos
mientras, por ejemplo, le besa los pechos que están a la altura de su
rostro. Una sensación única que recuerda el tierno ir y venir de las
hamacas de la infancia.

El espejo Ella se acuesta de espaldas, boca arriba. Levanta
sus piernas y deja que él las sostenga arrodillado al final de su cuerpo
y apoyando el otro brazo en el piso. El hombre penetra, domina y posee
el control. La postura permite variar el sentido de la penetración y la
apertura de las piernas. Los rostros no pueden acercarse y las manos
poco pueden hacer en esta posición, lo cual genera una ansiedad
sumamente excitante: ambos cuerpos corren juntos la carrera para llegar
al orgasmo y reflejan en el otro los más variados gestos de placer y
lujuria.

El molde Con las piernas juntas y recogidas (para que
presionen bien al pene), la mujer se tiende de costado y relaja su
cabeza hacia atrás mientras él la penetra, ya sea por la vagina o por el
ano (excelente posición para sexo anal) Los movimientos deben ser suaves
y coordinados y la penetración lenta y profunda: ambos cuerpos se
amoldan como dos piezas perfectas de un rompecabezas... "El molde"
es ideal para mujeres que tienen problemas en alcanzar el orgasmo y/o
gustan de causar la fricción del clítoris durante el coito: las piernas
juntas logran este efecto tan placentero: aprovéchalo.

La amazona En este caso, es el hombre quien se relaja y se
acuesta boca arriba, con las piernas levemente abiertas y flexionadas
hacia su pecho. La erección la espera a ella, que se acomoda en
cuclillas amoldándose a la postura adoptada por él. La mujer se "sienta"
literalmente en el pene de su compañero. Debe hacerlo lentamente. Sus
muslos impulsarán todo el movimiento que necesita esta postura, donde la
penetración se da en sentido arriba-abajo. Sólo apta para espíritus
arriesgados y mentes abiertas, "La amazona" es la mujer que
cabalga a su hombre de la manera más salvaje y primitiva.

La libélula Ambos tendidos de costado, en un lugar cómodo y
flexible, como la cama. Ella de espaldas a él, los cuerpos amoldados...
En un alarde de destreza, la mujer pasa su pierna externa flexionada
abriendo la puerta al placer: el hombre la penetra haciendo palanca con
la pierna de ella, que se apoya en la cadera de él. Los secretos que el
hombre puede propiciarle a su compañera por la cercanía de su oreja son
el condimento perfecto para alcanzar el máximo de placer. La penetración
llega hasta la mitad del camino, por lo que el goce viene de la mano del
deseo de que se haga profunda y estalle en el orgasmo más excitante...

El sometido El hombre se acuesta cómodamente entregando su
placer a la voluntad de su compañera. Aprovechar este juego de
sometimiento masculino puede ser un estimulante total para ambos: el
encuentro puede empezar con caricias y besos de ella a él, que permanece
siempre en la misma posición, para terminar en la penetración profunda
que permite la posición, donde ella se coloca de espaldas y controla los
movimientos ayudándose de los brazos. Muy erótico para el hombre resulta
que ella asome su rostro por sobre su hombro. Además, el hombre tiene un
fácil acceso al ano y los glúteos de su compañera, quien puede disminuir
la velocidad de los movimientos para disfrutar del estímulo anal o de
que su pareja toque sus pechos.

El sometido 2 Otra forma de probar esta postura es que la
mujer extienda su cuerpo hacia atrás, apoye sus brazos en los de su
compañero y extienda sus piernas hacia adelante. De esta manera, el
hombre podrá llegar a sus pechos con facilidad y la mujer podrá apoyar
sus glúteos en el vientre de su compañero y realizar movimientos
circulares. El pene no puede penetrar tanto en la vagina, lo cual puede
ser sumamente excitante para ambos.

La catapulta Elevar las caderas, en el caso de las mujeres, es
una valiosa fuente de placer, ya que pone en contacto con el cuerpo del
hombre áreas de su cuerpo que, en posiciones más tradicionales, no se
tocan. En este caso, el hombre se arrodilla y recibe la vagina de su
compañera dejando que ella apoye los glúteos en sus muslos. La mujer
puede extender sus piernas en el torso del varón o flexionarlas apoyando
las plantas de los pies en su pecho. El hombre tiene fácil llegada al
clítoris, por lo que puede estimular la zona con las manos y mirar la
vagina en primer plano. El ritmo lo marcan juntos, acorde al deseo de
ambos y a la flexibilidad de la mujer.

La doma El hombre cómodamente sentado recibe a su compañera
que se encaja a su cuerpo sentándose también sobre la erección de él. La
mujer puede hacerse desear tomando el pene con la mano y posándolo sobre
su vagina haciendo movimientos suaves sobre ella, pero sin introducirlo.
El hombre puede imponer su voluntad presionando a la mujer hacia su
miembro lentamente, mirándola a los ojos. La pasión del abrazo, los
juegos de lengua y las espaldas de ambos al alcance de la mano para
causar escalofríos en el otro son algunas de sus bondades. La doma puede
ser un camino hacia un orgasmo intenso e inolvidable.

La doma 2 La mujer también puede "domar" a su potro
colocándose de espaldas a él y marcando el ritmo apoyando sus pies en el
piso. El, a su vez, puede tocar sus pechos, besar su cuello y tirar del
cabello de su compañera mientras ella se mueve. El ángulo de visión que
ofrece esta variante es uno de los más excitantes para el hombre, ya que
permite ver en primer plano cada embestida que realiza su compañera.

Variante de La medusa Si el hombre está dotado de flexibilidad
y resistencia, esta posición tiene una variante muy atractiva para los
amantes del balanceo durante el coito. En cuclillas, el hombre recibe a
la mujer preparado para quedar realmente extasiado: sus movimientos
pueden imitar los de una hamaca, yendo de atrás para adelante con los
pies bien apoyados en el piso. De otra manera, él puede quedarse inmóvil
y dejar que ella se mueva hasta el final.

La posesión Las piernas se entrelazan en esta postura sensual
y placentera, donde la mujer permanece acostada y con las piernas
abiertas esperando que su compañero la penetre sentado y tomándola de
los hombros para regular el movimiento. El pene entra y sale desviando
su movimiento hacia abajo, ya que la altura del vientre de la mujer
queda levemente más arriba que la del hombre.

La acrobática No apta para cuerpos entumecidos, esta posición
puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede
resultar muy excitante. El se acuesta relajado y erecto. Ella se coloca
de espaldas a él, se hace penetrar, flexiona sus rodillas y se inclina
hacia atrás, lentamente para que el pene no se salga de la vagina. Para
activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su
vientre y relajarlo sobre el de su compañero. El tiene fácil acceso al
clítoris y los pechos de su compañera. Ella no puede estar más cargada
de ocupaciones, con lo cual no tiene más que relajar el resto del cuerpo
hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el
orgasmo. Según el Kama Sutra muchas de estas posiciones están tomadas
del hatha yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no
iniciados.

Furor salvaje También conocida como "perrito", esta
posición es apasionada y salvaje. Ambos en cuatro patas, concentra una
cantidad de ventajas que pocas posturas tienen: la comodidad del hombre
para tocar el clítoris o el ano de su compañera, la variedad de
movimientos que permite, la posibilidad de que la mujer tome con una
mano los testículos del hombre y la facilidad para intercalar sexo anal
y vaginal. Además, la posición permite al pene "atraparse" entre los
glúteos, lo cual suele ser muy excitante para el hombre. En pocas
palabras, el encuentro sexual que incluye esta postura suele ser salvaje
y hacer furor entre sus protagonistas. Dice el Kama-Sutra: "En el
ardor de la cópula, una pareja de amantes enceguece de pasión y prosigue
con gran impetuosidad, sin prestar la menor atención a los excesos".

El molino Boca arriba, la
mujer se tiende con las piernas abiertas a recibir a su compañero que,
en esta posición, la penetra de frente a las piernas de ella. La
diferencia de sensaciones es notable en este tipo de penetración: el
clítoris y los labios vaginales están en pleno contacto con la pelvis y
los alrededores del pene del compañero y la penetración más accesible es
a través de movimientos circulares. El hecho de no poder verse cara a
cara le da un encanto especial a la postura. La novedad de las caricias
sorprende gratamente: la mujer puede acariciar las nalgas de su
compañero, clavar suavemente sus uñas en la parte posterior a las
rodillas, asir los testículos de su compañero. El hombre; chupar los
pies de ella, morder sus dedos, acercar su mano a los genitales de ambos
que se están fundiendo y tomar su pene para penetrarla mejor.