200508 -
Tanto los adolescentes como sus familias pueden percibir los años
que comprende la adolescencia como una época tormentosa y
emocionalmente agresiva plagada de frecuentes enfrentamientos entre
unos y otros.
Sin embargo, estudios recientes han
puesto de manifiesto que a la mayoría de los adolescentes realmente les
gustan sus padres y que creen que se llevan bien con ellos. Entonces, ¿por
qué consideramos la adolescencia como una época
difícil? Lo cierto es que en la adolescencia se produce un rápido desarrollo
físico así como profundos cambios emocionales que, aunque pueden ser
excitantes, no obstante también pueden resultar confusos e incómodos tanto
para el adolescente como para sus padres. En este folleto usted encontrará
información sobre estos cambios, sobre los problemas que los mismos pueden
generar y sobre algunas formas de afrontar ambos
Los cambios de la adolescencia.
Durante la adolescencia, las personas crecen y maduran rápidamente. Estos
cambios suelen comenzar a la edad de los once años en las mujeres y sobre
los trece en los varones. Los cambios hormonales responsables realmente
comienzan años antes y pueden dar lugar a períodos de inquietud y mal humor.
Las niñas experimentan estos cambios antes que los niños. Debido a esto, en
los primeros tres o cuatro años, ellas parecen madurar mucho más rápido,
pero después los varones las alcanzan para, a la edad de 17 años,
convertirse ambos en hombres y mujeres jóvenes. Estos jóvenes pueden ser ya
físicamente tan grandes como sus padres y serán capaces de tener hijos
propios. Todo esto se complica con el hecho de que la capacidad de procrear
o concebir hijos puede desarrollarse en los adolescentes al mismo tiempo que
su madre la está perdiendo debido a la menopausia. Los buenos tiempos y
oportunidades disfrutados por su hijos adolescentes pueden hacer sentirse a
sus padres demasiado mayores y cierta envidia.
No es sorprendente que, debido a la velocidad de estos cambios, algunos
adolescentes lleguen a estar tan preocupados por su apariencia que precisen
ser tranquilizados, especialmente si ellos no crecen o maduran tan
rápidamente como lo hacen sus amigos. Puede ser útil el recordar que cada
adolescente se desarrolla a una velocidad diferente.
La primera regla para las chicas o el cambio de voz en los chicos son
acontecimientos importantes que pueden tener lugar en edades diferentes
entre los adolescentes. Todo este crecimiento y desarrollo utiliza gran
cantidad de energía, lo cual podría tener que ver con el hecho de que los
adolescentes parecen necesitar dormir más. El que se levanten tarde puede
irritar a sus padres, pero generalmente no es fruto de la pereza u
holgazanería.
A la vez que se hacen más altos, comienzan a afeitarse o tienen reglas,
las personas de esta edad comienzan a pensar y a sentir de forma diferente.
Es la época en que empiezan a establecer relaciones íntimas fuera del
entorno familiar con amigos de su misma edad. Las relaciones con la familia
también cambian, los padres se hacen menos imprescindibles cuando los
adolescentes desarrollan su vida fuera de la familia.
Los primeros desacuerdos suelen surgir cuando los adolescentes comienzan
a desarrollar sus propios puntos de vista que con frecuencia no son
compartidos por sus padres. Como forma de alcanzar un sentido de identidad
diferente del de sus familiares, los adolescentes suelen pasar mucho tiempo
en compañía de personas ajenas a la familia o hablando por teléfono con sus
amistades. Esta es otra de las cosas que puede irritar a sus padres, pero es
un forma importante de lograr un sentido de identidad propio, independiente
del de su familia. Estas amistades forman parte del aprendizaje sobre como
hacer progresos con los demás. En esta época, el vestido y la apariencia
física se convierten en muy importantes, bien como forma de expresar
solidaridad con los amigos bien como forma de declarar su creciente
independencia de la familia.
Los padres suelen sentirse rechazados, y en cierto sentido lo son. Pero
este rechazo aparente es necesario para que el joven llegue a ser un adulto
con una identidad propia. Aunque los enfrentamientos y discusiones sean
frecuentes, los adolescentes suelen tener un alto concepto de sus padres.
Los rechazos y conflictos no suelen tener que ver con la personalidad de los
padres, sino más bien con el hecho de que es de sus padres de quien tienen
que independizarse si quieren tener su propia vida.
Ala vez que se esfuerzan por ser más independientes, los adolescentes
desean intentar nuevas cosas, pero cuando se encuentran en dificultades
pueden reconocer que tienen poca experiencia para retroceder. Esto puede
producir rápidos cambios de su confianza en sí mismos y de su conducta de
forma que parezcan muy maduros un momento y muy infantiles en el siguiente.
El sentirse trastornados o el perder la confianza en sí mismos puede
hacerles sentir infantiles y esto con frecuencia se expresa por medio de
conductas mal humoradas y enfurruñamiento más que como disconfort. Los
padres tienen que ser flexibles con estas conductas a pesar de que se
sientan bastante estresados al respecto.
Asumiendo riesgos
La adolescencia es el momento de nuestras vidas en que realmente
comenzamos a aprender sobre el mundo que nos rodea y a encontrar nuestro
lugar en él. Este aprendizaje implica el intentar nuevas experiencias,
algunas de las cuales pueden resultar arriesgadas o incluso peligrosas. Los
jóvenes a esta edad anhelan la excitación en una forma que la mayoría de los
adultos encuentran difícil de comprender, sobre todo las actividades
excitantes que pueden resultar peligrosas. Afortunadamente, la mayoría de
los jóvenes buscan estas sensaciones en la música, el deporte u otras
actividades que precisan de gran cantidad de energía pero que conllevan un
escaso riesgo físico real.
Las primeras experiencias con la bebida, con drogas o el fumar
generalmente tiene lugar en compañía de otros. Aquellos que lo hacen solos
poseen un mayor riesgo. Las advertencias de los adultos al respecto suelen
ser ignoradas, aunque si éstas proceden de algún adolescente mayor que ellos
si suelen ser atendidas.
Problemas frecuentes.
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Problemas emocionales
La investigación ha puesto de
manifiesto que cuatro de cada diez adolescentes en algún momento se han
sentido tan tristes que han llorado y han deseado alejarse de todo y de
todos. En el transcurso de su adolescencia uno de cada cinco adolescentes
piensa que la vida no merece la pena vivirla. Estos frecuentes
sentimientos pueden dar lugar a un estado depresivo que puede no ser
evidente para los demás. Las ingesta alimenticias excesivas, la
somnolencia y las preocupaciones excesivas sobre su apariencia física
pueden ser también signos de malestar o disconfort emocional. De forma más
obvia, pueden aparecer fobias y ataques de pánico. Los estudios recientes
han demostrado que los problemas emocionales del adolescente no suelen ser
reconocidos ni siquiera por sus familiares o amigos
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Problemas sexuales
Los dramáticos cambios
físicos de la adolescencia pueden llegar a ser muy preocupantes para
algunos adolescentes, especialmente para aquellos que son tímidos y que no
desean hacer preguntas al respecto. En el otro extremo, las preocupaciones
pueden ponerse de manifiesto en forma de presunción excesiva tanto sobre
su capacidad sexual como sobre sus experiencias. Más de la mitad de los
adolescentes tendrán su primera experiencia sexual completa antes de los
16 años. Aquellos que comienzan tempranamente con relaciones sexuales
tienen un mayor riesgo de embarazos no deseados y de problemas de salud.
Los nuevos riesgos para la salud que suponen la infección por HIV y el
SIDA constituyen una preocupación adicional
Además, un adolescente puede no estar seguro de su orientación sexual,
sobre si es homosexual o no. Esta preocupación puede ser compartida por
sus padres.
El apoyo sensible, una guía clara e información exacta acerca de estos
diferentes aspectos de la sexualidad son muy apreciados por los
adolescentes ya sean procedentes de sus padres, del colegio, del médico de
cabecera o de los centros de orientación familiar.
La mayoría de los adolescentes son bastante cuidadosos a la hora de la
elección de sus parejas. La promiscuidad sexual y la relaciones de riesgo
repetitivas sin protección suelen ser signo de la presencia de problemas
emocionales subyacentes, aunque también pueden reflejar un estilo de vida
al límite - los adolescentes que asumen riesgos en algunos aspectos de su
vida tienden a asumirlos en otras facetas de la misma
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Problemas conductuales
Los adolescentes y sus
padres suelen quejarse cada uno de la conducta del otro. Los padres con
frecuencia sienten que han perdido cualquier tipo de control o influencia
sobre sus hijos. Por su parte, los adolescentes, al mismo tiempo que
desean que sus padres sean claros y les suministren una estructura y unos
límites, sin embargo, se toman a mal cualquier restricción en sus
libertades crecientes y en la capacidad para decidir sobre sí mismos. Los
desacuerdos son frecuentes, ya que la persona joven lucha por forjar una
identidad independiente. Aunque todo esto es bastante normal, lo cierto es
que la situación puede alcanzar un punto en el que los padres realmente
pierdan el control, no sabiendo dónde están sus hijos, quiénes son ellos o
qué les está pasando. La experiencia sugiere que los adolescentes tienen
una mayor probabilidad de tener problemas si sus padres no saben donde
están. Por tanto, es importante que ellos permitan a sus padres conocer
dónde van, aunque también es recomendable que sus padres se tomen la
molestia de preguntar
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Problemas escolares
Los adolescentes que
rechazan ir al colegio con frecuencia tienen dificultades en separarse de
sus padres, y este problema puede haber tenido su origen ya en la escuela
primaria. Este problema puede también manifestarse en forma de molestias
del tipo de dolores de cabeza o estómago. Ante un adolescente que no desea
ir al colegio es necesario comprobar la posibilidad de que esté siendo
acosado por alguno de sus compañeros. El acoso es un problema frecuente
del que la gente joven encuentra difícil el hablar y que puede hacer que
ir al colegio resulte una experiencia solitaria, miserable y amenazadora,
que finalmente puede dar lugar a problemas del tipo de ansiedad y
depresión, falta de confianza en sí mismo, y dificultad para hacer amigos.
La forma que tienen los padres para poder ayudarles es asegurándose que el
colegio tiene una política antiacoso efectiva, e informando a los
profesores de su hijo cuando precise de su ayuda.
Aquellos que van al colegio y hacen novillos son generalmente infelices
en casa y se sienten frustrados en el colegio y por eso suelen pasar su
tiempo con otros que se sienten del mismo modo. Los problemas emocionales
con frecuencia afectan el rendimiento escolar. Es difícil concentrarse
adecuadamente cuando uno está preocupado sobre sí mismo o sobre lo que
ocurre en casa. Aunque la presión para hacerlo bien y para aprobar los
exámenes suele proceder de los padres o profesores, los adolescentes
generalmente desean hacerlo bien y se presionan a sí mismo si se les da la
oportunidad. El insistir de forma excesiva al respecto puede ser
contraproducente. Los exámenes son importantes, pero no se les debe
permitir que dominen sus vidas o que les hagan infelices
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Problemas con la ley
La mayoría de la gente
joven no viola la ley y aquellos que lo hacen son generalmente varones.
Cuando lo hacen, generalmente lo hacen una sola vez. Las ofensas repetidas
pueden reflejar una cultura familiar, aunque también pueden ser resultado
de la infelicidad o del malestar emocional. Es necesario descartar la
presencia de estos trastornos ante un adolescente que se mete de forma
repetida en problemas
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Problemas de
alimentación
El sobrepeso es una causa
frecuente de infelicidad en los adolescentes. Si son criticados o se ríen
de su aspecto físico pueden disgustarse consigo mismos y llegar a
deprimirse de forma significativa, estableciéndose un círculo vicioso,
ellos hacen poco y comen para sentirse mejor, pero esto sólo hace que el
problema del peso empeore. El hacer dieta puede realmente agravar la
situación. Es más importante que se sientan felices consigo mismos estén
gordos o delgados. A pesar de que muchos adolescentes hacen dieta,
especialmente las mujeres, afortunadamente son muy pocos los que
desarrollarán un trastorno de la alimentación del tipo de la bulimia o la
anorexia nerviosa. Sin embargo, estos trastornos ocurrirán con mayor
probabilidad si los que se someten a una dieta estricta tienen una pobre
opinión de sí mismos, se encuentran bajo tensión o han tenido un problema
de sobrepeso en la infancia
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Drogas, Pegamentos y
Alcohol
La mayoría de los
adolescentes no usa drogas, ni inhala pegamento, y la mayoría de los que
lo hace no irá más allá de experimentar ocasionalmente con ellos. A pesar
de la publicidad sobre otras drogas, el alcohol es la droga que con mayor
frecuencia causa problemas a los adolescentes. La posibilidad del uso de
cualquier tipo de droga debería ser considerada cuando los padres observen
cambios repentinos y graves en la conducta de sus hijos
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Abuso
Los abusos sexuales, físicos y emocionales pueden tener lugar en la
adolescencia y pueden dar lugar a muchos de los problemas mencionados con
anterioridad. Las familias con estos problemas precisan de ayuda
especializada además de consejo legal ya que muchas de estas conductas
constituyen un delito que debe ser denunciado. No es infrecuente que el
desconocimiento sea cómplice de la permisividad y que la ayuda en este
orden de cosas resulte tardía
Problemas menos frecuentes
Mucho menos frecuentes, los cambios conductuales y del estado de ánimo
graduales pueden ser signo de un trastorno psiquiátrico más grave. Aunque
son trastornos infrecuentes, la esquizofrenia y la depresión maníaca pueden
comenzar en la adolescencia. El aislamiento extremo puede ser un signo de
esquizofrenia, aunque pueden existir otras explicaciones para el mismo. Los
padres preocupados con estas posibilidades deben ponerse en contacto con su
médico de cabecera
Cómo afrontar la adolescencia.
Aunque la adolescencia puede ser percibido como una época difícil, el
proceso de maduración que implica puede dar lugar a cambios positivos en la
persona que faciliten la superación de los problemas del pasado.
La preocupación de los padres se suele asociar con los períodos de
incertidumbre, confusión e infelicidad experimentados por los adolescentes.
Pero, a pesar de todo esto, es importante no olvidar que, aunque pueden
venir tiempos difíciles, la mayoría de los adolescentes no desarrollará
problemas graves.
La mayoría de las dificultades en la adolescencia, por tanto, no son ni
graves ni duraderas, aunque esto es de poco consuelo para aquellos que
tienen que afrontarlas. Los padres pueden llegar a sentir que han fallado.
Sin embargo, aunque pueda decirse cualquier cosa en el calor del momento,
los padres todavía juegan un papel crucial en la vida de sus hijos.
Una de sus tareas es la de suministrar una base segura para que sus hijos
vuelvan. Para que esto ocurra, los padres tienen que estar de acuerdo entre
sí sobre como están manejando las cosas y apoyarse el uno al otro.
Generalmente es muy perjudicial cuando un padre se alía con su hijo contra
el otro padre.
El siguiente requerimiento son reglas. Aunque los adolescentes crezcan
rápidamente, los padres todavía son sus mantenedores y es razonable que sean
ellos quienes decidan cuales son las reglas del juego, aunque algunas de
estas puedan ser negociadas. A pesar de que los adolescentes puedan
protestar, unas reglas sensibles pueden ser la base para la seguridad y
pueden realmente reducir las discusiones. Las normas deben ser claras de
forma que todo el mundo pueda saber en qué situación se encuentra, y deben
ser aplicadas con justicia y de forma consistente. Las reglas también deben
ser razonables y menos restrictivas según el adolescente madura y se hace
más responsable. Los padres necesitan diferenciar que es importante y qué no
lo es, ya que no pueden existir reglas para todo. Mientras que algunas cosas
no serán negociables, debería existir un margen para la discusión en otras.
Las sanciones o castigos del tipo de no poder salir o quedarse sin paga
funcionarán mejor si son establecidas con anterioridad a la infracción, y no
deberá nunca amenazarse con las mismas si no se van a llevar a cabo.
Otra tarea para los adultos es el ser una fuente de consejo, simpatía y
confort. Los chicos sólo acudirán a sus padres si saben que éstos no los
avasallarán, sermonearán o criticarán. Escucharlos es lo fundamental.
Finalmente, los padres no deberían esperar que sus hijos se lo
agradecieran - hasta que ellos no tengan hijos probablemente no se darán
cuenta de lo agotadora que resulta la tarea de educarlos.
Buscando ayuda.
En ocasiones, la familia o el adolescente se verán desbordados y
precisarán de ayuda externa a la familia.
Las preocupaciones sobre problemas con el desarrollo físico pueden ser
discutidas con el médico de cabecera, quien también podrá ayudarle con los
problemas emocionales.
Cuando los problemas surjan en el colegio, los padres necesitarán hablar
con los maestros o profesores de sus hijos. Si existieran dificultades con
el aprendizaje, el colegio puede solicitar la valoración y ayuda de los
psicólogos y pedagogos de la Consejería de Educación. Estos profesionales
pueden ayudarle con los problemas de aprendizaje así como ofrecerle consejo
y ayuda con los problemas de relación que puedan existir.
Los adolescentes que se sientan confundidos o alterados emocionalmente
por períodos de tiempo superiores a unos pocos meses - depresión
persistente, ansiedad, problemas con la alimentación o conductas difíciles -
generalmente precisan de ayuda extra. Este tipo de ayuda la pueden obtener
de los profesionales pertenecientes a su Unidad de Salud Mental
correspondiente, quienes le podrán ofertar tratamiento a nivel ambulatorio.
A estos profesionales podrá acceder a través de su médico de cabecera o de
los equipos específicos de la Consejería de Educación.
Según se hacen mayores, los adolescentes desean una mayor privacidad e
independencia lo cual hará que puedan querer ver a su médico por sí mismos.
La ley les permite el poder cuestionar sus tratamientos desde la edad de los
16 años, o incluso antes bajo ciertas circunstancias.
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