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05 -
Colvet España
- V. Briones y J. Goyache
La Fiebre Aftosa o Glosopeda es una enfermedad contagiosa de
etiología vírica, de curso agudo, que afecta a animales fisípedos y
que se determina la formación de aftas o vesículas en la piel de los
belfos, ollares y jeta, mucosa oral (encías, rodete dentario y
lengua), piel del rodete coronario e interdigital y, ocasionalmente,
en los pezones.
La epidemia británica ha vuelto a
atraer la atención sobre la Fiebre Aftosa que es, sin embargo, una
enfermedad antigua sobre la que se han realizado numerosos estudios
siendo el virus responsable el primer "agente filtrable"
responsabilizado de causar enfermedad en ellos. Sin embargo, la
Fiebre Aftosa continua representando en la actualidad un serio
problema sanitario en amplias zonas del mundo, y el control de esta
enfermedad se ve dificultado por poderosos factores
socio-económicos.
Etiología
El agente etiológico es un
Aphtovirus de la familia Picornaviridae, con ARN (+) monocatenario
(de unos 8500 nucleótidos) incluido en una cápside proteica
icosaédrica formada por protómeros integrados por 4 proteínas
estructurales distintas (VP1, VP2, VP3 y VP4). De entre ellas, la
proteína VP1 es la más importante, ya que constituye uno de los
antígenos más inmunógenos y biológicamente activos del virus.
Presenta además una serie de
proteínas no estructurales de entre las que destacan el complejo
3ABC (implicado en la iniciación de síntesis y encapsidación) y la
proteína 3D ó Antígeno de Infección Vírica (VIA) que es en realidad
una proteína de acción ARN polimerasa. Los anticuerpos anti-VIA son
detectables tanto en animales enfermos como infectados (portadores).
Existen 7 serotipos, que algunos
autores consideran virus distintos que causan una sola enfermedad, y
que responden a las denominaciones A, O, C, SAT1, SAT2, SAT3 y
Asia1. Dentro de cada serotipo existen hasta un total de
aproximadamente 65 subtipos. La extrema variabilidad determina que
no exista resistencia cruzada. Asimismo pueden darse variaciones
antigénicas e incluso recombinaciones en el curso de una misma onda
epizoótica, lo que vendría a complicar aún más la situación.
El virus de la Fiebre Aftosa (VFA)
es inestable a pH menor de 6 ó mayor de 9, resiste bastante bien la
refrigeración y la congelación, pero las temperaturas elevadas lo
inactivan por completo, por lo que se utilizan para eliminarlo de
productos como la leche o preparados cárnicos. Los desinfectantes
más útiles son, precisamente hidróxido sódico, carbonato sódico o
ácido cítrico, por ejemplo, pero es relativamente resistente en el
seno de materia orgánica. El VFA no sobrevive al proceso de
carnificación, ya que el pH muscular cae por debajo de 6. Sin
embargo, sí puede sobrevivir en otros tejidos, como ganglios
linfáticos o médula ósea, lo que los hace peligrosos desde el punto
de vista de la transmisión. En el medio ambiente la supervivencia
depende de la humedad, exposición a los rayos UV (que lo inactivan)
temperatura y pH, pudiendo persistir hasta un mes en ciertos
sustratos como estiércol, cama, o pienso.
Importancia Económica y
Sanitaria
Europa Occidental, junto con
Japón, Australia, Nueva Zelanda, América Central y del Norte y
Groenlandia son zonas exentas, aunque de forma esporádica han
aparecido brotes que han sido controlados con rapidez y eficacia
(Italia 1993, Grecia 2000, Japón 2000). En cambio, América del Sur,
Oriente Próximo, Asia y África, así como Europa Oriental son zonas
endémicas o con brotes frecuentes, en los que, en consecuencia, se
sigue una política activa de vacunación. En España, el último brote
de FA se produjo en 1986.
Las pérdidas indirectas que
produce debido a su condición de enfermedad altamente transmisible,
lo que hace ser miembro destacado de la lista A de enfermedades de
la OIE, fundamentan su importancia económica y sanitaria. Esta
consideración exige la adopción de medidas cautelares extremas,
incluyendo el sacrificio obligatorio de los animales donde aparece
un foco y los de explotaciones colindantes, inmovilizaciones,
cierres de mercados y reuniones de todo tipo, destrucción de
cadáveres, piensos, desinfección de locales, vehículos... etc. El
comercio exterior para animales y sus productos (leche, semen,
óvulos, carne...) queda por completo abolido inicialmente para luego
sufrir sucesivas modificaciones siempre sujetas a la evolución de la
enfermedad, etc. En Gran Bretaña, origen del foco actual en la Unión
Europea, cientos de miles de animales han debido ser sacrificados y
las pérdidas económicas son y serán devastadoras para la ganadería y
el mundo rural británico, que necesitará varios años para
recuperarse.
Por último, si bien la Fiebre
Aftosa es un problema gravísimo de Sanidad Animal, no constituye en
modo alguno un riesgo desde el punto de vista de la Salud Pública ni
de la Seguridad Alimentaria. En el hombre hay descritos unos 40
casos en la literatura, siempre benignos. La Organización Mundial de
la Salud no considera a la FA como una zoonosis. Epizootiología
La FA tiene como hospedadores a todos
los fisípedos, siendo los óvidos, cápridos, bóvidos, suidos y cérvidos
los grupos más importantes. De entre las otras especies domésticas y de
abasto, los équidos, carnívoros o aves no padecerán la enfermedad pero
pueden actuar como vectores mecánicos. Mención aparte merecen las
especies de ungulados salvajes que, al igual que sus congéneres
domésticos pueden padecer y transmitir la enfermedad, actuando como
reservorios de dificilísima erradicación.
La transmisión de la FA es
extraordinariamente fácil. La vía aerógena es la más preocupante, ya que
los animales enfermos excretan en sus secreciones respiratorias grandes
cantidades de partículas víricas que pueden sobrevivir varias horas,
posibilitando así la difusión lejana. Se han demostrado transmisiones
por esta vía entre Francia y Gran Bretaña en el pasado. El contacto de
un individuo sano con uno infectado tiene un alcance mucho más limitado.
Con la transmisión aerógena, la vía
indirecta de diseminación es la que presenta mayores peligros y
problemas, pese a que sobre ella cabe plantear medidas preventivas. Todo
tipo de vectores mecánicos (animados o inanimados) son útiles para el
VFA en su difusión: Ropa, calzado, pienso, pájaros, vehículos, perros,
gatos, etc. Hay que añadir que los productos alimenticios procedentes de
animales infectados pueden contener virus viable y transmitir la
enfermedad si se suministran -incorrectamente- a animales susceptibles,
como también puede ocurrir a través de semen, embriones y, en general
cualquier producto animal.
Tras la fase clínica de la enfermedad,
los animales recuperados quedan no obstante como portadores durante
meses o incluso años. Estos, presentan en el epitelio de orofaringe y
esófago partículas víricas que pueden ser excretadas al exterior,
alcanzando nuevos hospedadores. Esta es la razón de las limitaciones a
la exportación que sufren los países no exentos de la enfermedad, ya que
incluso en ausencia de focos, los animales aparentemente sanos pueden
actuar como transmisores (Probang test). Este es un grave problema que
exige el sacrificio de todos los animales enfermos o que hayan estado en
contacto con ellos, ya que de otra manera no puede garantizarse la
eliminación del problema.
Patogenia y Manifestaciones
clínicas
El VFA penetra en el hospedador por
ingestión o inhalación y se produce una primera replicación en el
epitelio de la orofaringe. La diseminación intraorgánica se produce por
vía linfohematógena, originando en consecuencia una viremia, que se
manifiesta por estados febriles, que se inician a los 2-3 días de la
infección. A partir de ese momento el virus se localiza preferentemente
en los siguientes puntos: piel de los belfos, epitelio oral y faríngeo,
epitelio digestivo (pilares del rumen), piel de la mama y pezones, piel
del rodete coronario y espacio interdigital, y, finalmente, músculo
estriado, particularmente el cardiaco. El período de incubación oscila
entre los 2 y los 18 días aproximadamente, mientras que la fase clínica
de la enfermedad, en ausencia de sobreinfecciones y complicaciones, se
sitúa entre los 8 y 15 días.
La lesión esencial es la formación de
las aftas características por degeneración vacuolar del estrato espinoso
epitelial, y que se encuentran presentes en lengua, rodete dental de
rumiantes, paladar, carrillos, encías, ollares, jeta, rodetes
coronarios, zonas interdigitales... que están cubiertas sólo por la capa
epitelial y contienen un líquido seroso. Estas aftas se rompen
espontáneamente por el roce y devienen en úlceras rodeadas de restos del
epitelio que las cubría. Sin infecciones secundarias, se reepitelizan
con rapidez, dando lugar a formaciones cicatriciales. Por otra parte, el
VFA puede provocar una fatal miocarditis aguda, frecuente en animales
jóvenes. Como consecuencia de la viremia y el subsiguiente estado febril
los animales muestran depresión, abortos (inespecíficos), agalaxia y
cese de la rumia. Finalmente, reflejo de las lesiones mencionadas los
animales presentan claudicaciones muy marcadas, estomatitis, ptialismo y
sialorrea (y el característico "besuqueo"), anorexia (por el dolor) y
pérdida de peso progresiva. Pueden darse, además, de forma colateral,
alteraciones en parénquima mamario y en glándula tiroidea, lo que
repercutirá negativamente en la recuperación del animal, dejando
secuelas como menor producción láctea y alteraciones en la
termorregulación.
Diagnóstico
Las características clínicas,
epidemiológicas y lesionales de la Fiebre Aftosa son suficientemente
orientativas para un diagnóstico presuntivo, al que, no obstante, es
imprescindible añadir la obligatoria confirmación laboratorial. La
Fiebre Aftosa es una enfermedad cuya presencia en una zona geográfica es
algo notorio por lo general, así como su ausencia, por lo que en una u
otra situación, el veterinario debe incluir cualquier enfermedad con
signos compatibles con Fiebre Aftosa en el diagnóstico diferencial de
acuerdo a las condiciones epidemiológicas locales. En todo caso, la
sospecha, aun basada únicamente en las lesiones observables, es
suficiente para notificar a los servicios veterinarios oficiales la
existencia de una posible enfermedad vesicular. El diagnóstico
diferencial debe incluir por tanto la enfermedad vesicular porcina, que
desde el punto de vista clínico es prácticamente indistinguible. En
cuanto al ganado vacuno, la Fiebre Catarral Maligna, con Rinotraqueitis
Infecciosa Bovina y, sobre todo, con Diarrea Vírica Bovina y Enfermedad
de las mucosas. En el caso de ganado ovino, fundamentalmente debe
tenerse presente un proceso que cursa con vesículas en la boca, el
Ectima contagioso y con otro que cursa con cojeras y lesiones podales
como es el Pedero.
El diagnóstico laboratorial tiene como
objetivo no sólo confirmar el diagnóstico presuntivo
clínico-epidemiológico, sino, eventualmente, contribuir a averiguar el
origen del brote mediante la determinación de tipo y subtipo. Las
muestras deben recogerse de animales que presenten aftas sin abrir. Para
el aislamiento vírico, además del líquido interior, se recorta con
tijeras la pared de las aftas; si estuvieran rotas, los flecos. El
epitelio contiene numerosas partículas víricas. También puede tomarse
una muestra de mucus de la zona esofágica o faríngea. Este material debe
remitirse al laboratorio en condiciones adecuadas, donde se utilizará
para la detección del virus. Existe igualmente la posibilidad de la
detección de anticuerpos en suero, lo que puede permitir la detección de
animales seropositivos en casos sospechosos. Para su detección pueden
emplearse técnicas de inmunodifusión, virus neutralización, o ELISA. El
uso de técnicas de ELISA que detectaran anticuerpos frente a proteínas
no estructurales, que sólo se expresan en el curso de la replicación
vírica, permitiría eventualmente detectar animales infectados y
distinguirlos de los vacunados.
Medidas de Control
La Fiebre Aftosa es una enfermedad
sujeta a numerosas normativas y adaptaciones de éstas a la cambiante
situación epidemiológica, por lo que remitimos, para mayor información,
al Decreto 90/423 (y su trasposición a la normativa española a través
del RD 2223/1993 y modificaciones posteriores. En términos genéricos, la
Fiebre Aftosa implica: 1)La Declaración obligatoria y urgente de
cualquier enfermedad vesicular incluso antes de confirmarse el
diagnóstico.2)Inmovilización de ganado (y especies no sensibles) y sus
productos, así como de los vehículos destinados a su transporte. Se
prohíbe la celebración de mercados y ferias. 3) Confirmada la existencia
de un foco, se adopta una política de"stamping out". Se eliminan todos
los animales de las explotaciones afectadas y se destruyen los cadáveres
(y la leche en su caso) en forma que asegure la no diseminación de la
enfermedad. Alrededor de la zona, se establecen perímetros sanitarios
dentro de los cuales se limitan todas las actividades relacionadas con
los animales y se realizan encuestas epidemiológicas. 4) Cierre de
fronteras a la exportación de animales y sus productos. 5) Desinfección
obligatoria y certificada. 6) Seguimiento clínico e inmunológico de los
animales hasta garantizar la ausencia dela enfermedad.
Sin embargo, la presente epidemia debe
hacernos reflexionar sobre la posible modificación de la política
presente, una vez que la presunción de que los focos, en ausencia de
vacunación, se identifican y se eliminan rápidamente. La epidemia se ha
extendido más allá de lo previsible debido a un fallo de la vigilancia,
lo que permitió que los animales enfermos hubieran pasado por varias
granjas y mercados distantes entre sí. Por tanto, la vigilancia
epidemiológica y clínica deben extremarse; no puede pasar desapercibida
como ha ocurrido en Gran Bretaña, durante semanas.
En cuanto a la vacunación frente a la
Fiebre Aftosa, las vacunas al uso en zonas endémicas son inactivadas,
polivalentes (incluyendo los serotipos más frecuentes en cada área) y
presentan serias limitaciones. Dado que no existe inmunidad cruzada
plena, la vacunación debe realizarse con el serotipo y subtipo más
prevalente en la zona, lo que no proporciona protección frente a otros.
La inmunidad lograda es de corta duración, y exige revacunaciones con
una frecuencia incluso mayor que la anual. Por añadidura, existe la
posibilidad de accidentes vacunales, y no son igualmente útiles en todas
las especies susceptibles. Además, una política sanitaria basada en la
vacunación supone la pérdida de la condición de "país libre de Fiebre
Aftosa", circunstancia de grandes repercusiones económicas.
Añádase el inevitable desarrollo, como
consecuencia de esta crisis, de nuevas vacunas más eficaces, a base de
ADN, cepas atenuadas genéticamente, vectores víricos recombinantes,
vacunas de péptidos y subunidades, etc. Las nuevas vacunas
incorporarían, la ventaja de ser compatibles con sistemas de diagnóstico
que permitan distinguir fuera de duda a los animales vacunados de los
infectados. Estas técnicas, basadas en la detección de respuesta inmune
frente a proteínas no estructurales (3ABC, que sólo aparecen en el curso
de la replicación vírica, y no como efecto de vacunas que no inducen su
propia replicación en el individuo receptor) ya están disponibles.
Para concluir este breve repaso a la
vacunación, es preciso mencionar las vacunaciones de urgencia que crean
alrededor de los focos una zona tampón integrada por animales protegidos
frente al virus. Para lograrlo, se necesitan vacunas específicamente
diseñadas: muy potentes, que buscan establecer una protección intensa y
rápida aunque no necesariamente duradera, y generalmente, monovalentes,
es decir elaboradas con el serotipo implicado en el brote. Se consiguen
así animales en los que, si penetrara el virus, tendría menos
probabilidades de multiplicarse, lo que contribuiría a evitar su
difusión. Sin embargo, el concepto mismo de vacunación de urgencia exige
que los animales sean sacrificados de forma ordenada y paulatina, pero
forzosa, una vez controlado el foco.
La política de contención de la
enfermedad basada en la vacunación no parece necesaria en el entorno
europeo, con excepción, quizás, de la vacunación de urgencia, como se ha
hecho, con muchas dudas, en Holanda, siempre y cuando la presentación de
la enfermedad sea en forma de focos, y éstos puedan ser adecuadamente
afrontados. De hecho, la política actualmente llevada a cabo en Gran
Bretaña de sacrificio de la granja infectada en 24 horas, y las de
alrededor en 48 horas está logrando el progreso en la lucha que de ella
se esperaba. Sólo las limitaciones logísticas que supone un número tan
vasto de animales sacrificados han hecho más lento el progreso. Aunque
con retraso, la situación ya parece estar bajo control y se espera que
lo esté por completo para antes del próximo verano. A pesar de ello, con
toda probabilidad la "larga cola epidemiológica" de la Fiebre Aftosa
determinará la aparición de focos aislados y esporádicos durante varios
meses más. En cualquier caso la recuperación de la normalidad para la
ganadería británica requerirá varios años y grandes inversiones. La
Europa continental se ha librado de esta circunstancia gracias a la
adopción inmediata de medidas estrictas de control, lo que viene a
confirmar que la idoneidad de la política sanitaria adoptada frente a
esta y otras enfermedades depende, precisamente, del ejercicio constante
y metódico de la vigilancia epidemiológica. Para tal fin, el
reforzamiento de las estructuras de Sanidad Animal, a través de la
dotación de recursos económicos y la incorporación de más veterinarios a
estas tareas surge como una ineludible necesidad.
V. Briones y J.
Goyache del Dpto. Sanidad Animal. Fac. Veterinaria
UCM. 28040-Madrid, España.
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