|
Francis Carrasco M.V -
Una característica común a todos los rumiantes es que gran parte de la
resistencia a las enfermedades la adquiere el animal a través del calostro.
De aquí la vital importancia que el rumiante recién nacido ingiera calostro
lo más pronto posible Alimentación del recién nacido
El calostro es el primer alimento que consumen los terneros. Tiene tres
funciones básicas: ayuda al ternero a combatir posibles infecciones; debido
a su alto valor energético aporta suficiente energía para combatir las
posibles hipotermias y, gracias a su elevado contenido de sales de magnesio,
posee acción laxante que ayuda al ternero a expulsar el meconio y facilitar
el inicio del tránsito intestinal.
El tipo de placenta que presentan los bovinos (epiteliocorial) impide el
paso de macromoléculas, por lo que es una especie prácticamente
agammaglobulinémica al nacimiento, necesitando la ingestión y absorción de
calostro rico en anticuerpos y otros factores inmunes que aporten una
inmunidad pasiva. El calostro contiene una seria de inmunoglobulinas,
componentes celulares y factores inmunológicos. Un mes antes del parto se
inicia la transferencia de IgG e IgM de la sangre al tejido mamario
alcanzando el máximo nivel al momento del parto gracias a la gran vaso
dilatación que existe. El contenido de inmunoglobulinas (Ig) del calostro
depende de diversos factores: la edad, el número de parto, la raza, el
estado nutricional, el programa de vacunación, el parto prematuro, la
lactación prematura (pérdida de leche), el tiempo transcurrido después del
parto, el estado sanitario general e individual de la mama o factores de
manejo del calostro como el tiempo y la temperatura de almacenamiento. Las
hembras de primer parto poseen menores concentraciones de Ig que las vacas
adultas. Esta diferencia es debida a que las vacas adultas han recibido una
estimulación antigénica continua durante más tiempo, y además poseen una
glándula mamaria con una capacidad secretora superior y un mecanismo activo
de transporte de Ig más eficaz.
Debido a que la transferencia de inmunoglobulinas hacia el calostro se
realiza durante las últimas 2 a 4 semanas de gestación, un parto prematuro o
un periodo de secado excesivamente corto originan calostros bajos en Ig. Los
partos inducidos reducen en general los niveles de Ig.
En el primer ordeño se libera la mayor cantidad de Ig, cuya concentración se
reduce drásticamente; así en las primeras 12 horas hay una reducción del
46,9% del nivel máximo de albúminas y globulinas.
Por lo tanto el ternero deberá realizar su primera ingestión de calostro
lo antes posible. Existen autores que sitúan el tiempo máximo dentro de los
primeros 30 minutos de vida. La capacidad del abomaso en estos momentos es
de unos 2 litros por lo tanto no deberá excederse dicha cantidad por toma,
es necesario que lo ingiera antes de las 6 primeras horas de vida.
El calostro de la propia madre no siempre es el más indicado, ya que, por
ejemplo, las vacas de primer parto o provenientes de otros predios, no
poseen anticuerpos contra los gérmenes presentes en una explotación. El
primer calostro dado por las vacas de 3º y 4º parto en la misma explotación
puede ser congelado para emergencias. El calostro es relativamente lábil y
puede mantenerse pocos días a temperatura de refrigeración. Sin embargo, es
muy estable cuando se mantiene congelado a –20ºC. Para evitar la
desnaturalización de las proteínas, el recalentamiento se hará a una Tº
máxima de 40ºC en un baño María. No es recomendable administrar calostro a
terneros mayores de 4 días porque puede provocarles diarrea, debido a su
alto contenido en sales de magnesio.
Los sustitutos lácteos para criar terneros destetados a las 6-8 semanas
de edad generalmente contienen niveles desde el 18 hasta el 24% de proteína
y pueden variar desde el 100% de proteína láctea hasta un 20%. El resultado
que se puede esperar con estas dietas puede diferir significativamente. En
un estudio realizado con 240 terneros en el que se estudiaban cuatro niveles
de proteína láctea como porcentaje total de la proteína (100, 50, 40 y 30
%), el rendimiento medio como ganancia diaria de peso (GDP) durante los
primeros días, del 1 al 14, disminuyó de 218 a 88 g/día para los grupos de
100 a 30 % de proteína láctea. Igualmente la morbilidad y la mortalidad
aumentó del 0 al 16% respectivamente.
Al momento de nacer, los compartimentos gástricos de los rumiantes están
constituidos de tal forma que el estómago verdadero está muy desarrollado,
siendo su capacidad igual o incluso mayor que la de la panza.
Posteriormente, la citada correlación experimenta una modificación
espectacular, pues la panza llega a tener una capacidad 20 veces superior a
la del verdadero estómago en la sexta semana de vida. El desarrollo del
rumen implica, por lo tanto, la implantación de la masa microbiana y la
capacidad de absorción de nutrientes. El tiempo que tarden los animales en
desarrollar anatómica y funcionalmente el rumen determina el ritmo al que
los procesos digestivos pasan de depender de las enzimas primordiales
producidas por el animal y a la relación simbiótica que se establece con los
microorganismos ruminales.
La absorción de los productos finales de la fermentación depende del
correcto desarrollo de las papilas del epitelio ruminoreticular y de una
abundante circulación capilar. El contacto continuo de los ácidos grasos
volátiles (AGV), especialmente del butírico y en menor medida el propiónico,
que estimula el epitelio estratificado del rumen el cual estimula el
desarrollo de las papilas.
El ácido acético pasa rápidamente al organismo sin sufrir ningún cambio y
es utilizado directamente como aporte de energía. El ácido butírico según
estudios realizados sería el que tiene mayor influencia en el desarrollo de
las papilas.
La fermentación de los alimentos sólidos y la producción de ácidos
estimulan el desarrollo de la panza, lo que a su vez permite que, conforme
crecen, los animales de corta edad dependan cada vez más del consumo de
alimentos sólidos. A partir de las dos semanas de edad, es necesario
disminuir la cantidad de sustituto de la leche que se les administra,
estimulándoles de esta forma a que ingieran una mayor cantidad de alimentos
sólidos.
Durante el tiempo en el que se estimula el consumo de alimentos secos, la
pauta de administración de los sustitutos de leche debe permanecer
invariable, si bien se puede disminuir su cantidad. No obstante, actualmente
hay otro aspecto del manejo muy importante, cual es el hecho de que el deseo
de consumir el alimento sólido va acompañado del deseo de beber líquido para
calmar la sed. Esto último debe considerarse desde el punto de vista
nutricional, ya que los líquidos ingeridos irán a parar directamente a la
panza.
La mayoría de los denominados concentrados se compran en forma de piensos
compuestos, si bien los animales jóvenes crecen satisfactoriamente cuando se
les administran alimentos tales como pulpa de remolacha azucarera, bagazo de
cervecería y otros productos, las cuales son recomendables si se cortan en
trozos de un tamaño adecuado. Asimismo, se les puede administrar grano
ligeramente aplastado y, a los pequeños rumiantes, grano entero. También se
les puede poner a su disposición heno y paja, aunque esto no es
imprescindible al principio de la fase de post-destete, pues los citados
alimentos no deben ser considerados como fuentes de nutrientes.
Las necesidades de proteína de los rumiantes de corta edad son superiores
con respecto a la cantidad de proteínas aportada por los microorganismos de
la panza, razón por la cual se les debe proporcionar proteína no degradable
en la dieta. En general, cuanto mayor es el índice de crecimiento, con
relación a la masa corporal y a la cantidad de alimentos que ingiere el
animal, tanto mayor es el porcentaje de proteína que deben contener los
alimentos, lo que significa que existen diferencias respecto al contenido
proteico de los alimentos que se deben a administrar a los animales de las
distintas razas. Las razas de crecimiento rápido necesitan alimentos con
mayor contenido proteico que las de crecimiento lento; en general cuanto
mayor es el peso vivo del animal adulto, tanto mayor es el peso vivo para el
que la proteína microbiana es suficiente para satisfacer sus necesidades.
Como aportes proteicos el más utilizado es la harina de soya a 44 % y la
soya integral tostada o extrusionada, aunque podríamos considerar la
posibilidad de utilizar harina de pescado, principalmente porque los
terneros en estas edades responden muy bien a los niveles altos de proteína
no degradable (35-40 % sobre total de la proteína bruta).
Los cereales constituyen la principal fuente de energía y son el
componente más importante, en cuanto a porcentaje de inclusión en los
concentrados de iniciación de terneros. En este tipo de concentrados es
recomendable la utilización de cereales. En el caso del maíz es ideal que
halla sido procesado térmicamente, debido a que la aplicación de calor
provoca la gelatinización del almidón, aumentando su digestibilidad, su
desdoblamiento hasta AGV (acidos grasos volátiles) en el retículo–rumen y
generalmente mejorando el consumo. Los otros cereales (cebada y trigo) de
utilización más común se pueden utilizar directamente debido a que su
almidón se aprovecha mejor. Sin embargo tienen compuestos como los B-glucanos
que podrían disminuir su digestibilidad total, además que el valor
energético de los cereales de invierno es inferior al del maíz.
Estos son algunas de los factores que debemos tener en cuenta al trabajar
con animales jóvenes en explotaciones comerciales, puesto que es en este
momento cuando se deben sentar las bases para un correcto crecimiento y
desarrollo de las porciones del aparato digestivo hasta lograr sus
dimensiones y proporciones que tendrán en su vida adulta.
Francis Carrasco M.V.
es Director Técnico Farmacia Veterinaria Puerto Varas
- 23-01-2004
|