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Poema Carlos Barbarito - La casada infiel Federico García Lorca - En el filo del gozo Rosario Castellanos - Sexo conjugado Graciela Conforti - Súplica para un aplazamiento Petronio - La de siempre, toda Paul Eluard -

 

Poema

Carlos Barbarito
(Argentino)

A Marianne Moore

Excluida la idea de la inmortalidad,

quedan el polvo,

la hierba,

el agua que forma charcos,

la rama desde la que canta el pájaro,

cierto misterio que la razón

supone sombra pasajera.

Queda, en fin, la vida,

el cuarto donde una mujer se sube las medias,

el otro cuarto, acaso contiguo,

donde dos se desnudan

y se abrazan, y al terminar

se dicen, uno al otro:

no moriremos

 

De "Amsterdam" Inédito - Datos del poeta Carlos Barbarito
 

 


"Desnudo acostado (sobre el lado izquierdo)", pintado por Amadeo Modigliani (1884-1920) en 1917

 

La casada infiel

Federico García Lorca (Español / 1898-1936)

Y yo que me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toque sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quito el vestido.
Yo, el cinturón con revólver.
Ella, sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río

 


"La joven bañista" (1892) Augusto Renoir

 

 

 

 

Besos en imágenes

 

El Beso. Diccionario del Beso

En el filo del gozo

Rosario Castellanos
(Mexicana / 1925-1974)

I

Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.
Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispersan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo.
Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,
todo lo que los lagos atesoran de cielo
más el bosque y la piedra y las colmenas.

(Cuajada de cosechas bailo sobre las eras
mientras el tiempo llora por sus guadañas rotas.)

Venturosa ciudad amurallada,
ceñida de milagros, descanso en el recinto
de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

II

Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo o mansamente
lamiendo las arenas asoleadas.
(Bajo tu tacto tiemblo
como un arco en tensión palpitante de flechas
y de agudos silbidos inminentes.
Mi sangre se enardece igual que una jauría
olfateando la presa y el estrago.
Pero bajo tu voz mi corazón se rinde
en palomas devotas y sumisas.)

III

Tu sabor se anticipa entre las uvas
que lentamente ceden a la lengua
comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo.

Cuando partes, arrasas jardines y transformas
la feliz somnolencia de la tórtola
en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas
el ánimo turbado te presiente
como los ciervos jóvenes la vecindad del agua.

Sexo conjugado

Graciela Conforti (Argentina)

Yacen alertas
dilatadas las pupilas
bajo los ojos cerrados.
Se tantean con ahínco
con mayor instinto que dulzura
Merodean eruditos
Los suburbios de sus bocas

                                    y se besan

Palpan los rincones prohibidos
reyes en busca de su torno;
los suspiros tropiezan y caen
mientras cada uno
encuentra en el otro

                                   su reino de delicias:

a pura caricia, a pulmón.
Vibran de anhelo
agitados, ritmados,

                                    jadean enloquecidos….

falta tan poco.

                                   Se colonizan

él dando, ella aceptando
entonces fluyen hasta estallar
en juegos vocales de artificio

                                   mientras van muriendo al derramarse….

reaparece el mundo
vuelve a discurrir el tiempo

                                  ¡Resucitan!

Súplica para un aplazamiento

Petronio (Latino)

Todo es demasiado rápido, todo acaba enseguida...
El ritmo apresurado, el jadeo, el desmayo final,
el súbito aquietarse de la llama y el ardor,
los miembros flácidos y el desvanecimiento del deseo.
Sepamos dominarlo, que el amor ha de
ser más
que el celo animal de un perro vagabundo.
Demoremos el instante, sepamos aguardar antes
de perder todos los sentidos y pasar a la consumación
de lo que mejor sería preservar.
Que los labios y las manos hagan cuanto necesitamos
para  satisfacer todas las demandas.
Que las bocas ansiosas y las lenguas traviesas
apacigüen nuestros más hondos deseos
hasta que... hasta que....

Datos del poeta Petronio


 
 


Pompeya

 

La de siempre, toda

Paul Éluard (Francés / 1895-1952)

Si yo les digo: "he abandonado todo"
Es porque ella no es la de mi cuerpo,
Nunca hice de esto una jactancia,
No es verdad,
Y la bruma de fondo en que me muevo
No sabe nunca si he pasado.

El abanico de su boca, el reflejo de sus ojos,
Sólo yo los menciono,
Sólo yo estoy rodeado
Por ese espejo tan nulo donde el aire circula a través mío
Y el aire tiene un rostro, un rostro amado,
Un rostro enamorado, el tuyo.
A ti que no tienes nombre y los demás te ignoran,
El mar te dice: sobre mí, y el cielo: sobre mí;
Los astros te adivinan, las nubes te imaginan
Y la sangre derramada en los mejores momentos,
La sangre de la generosidad,
Te lleva con delicia

Canto la gran alegría de cantarte,
La gran alegría de tenerte o no tenerte,
El candor en que te espero, la inocencia en que te conozco,
Oh tú que suprimes el olvido, la ignorancia y la esperanza,
Que suprimes la ausencia y me echas al mundo,
Canto para cantar, te amo para cantar
El misterio en que el amor me crea y se libera.

Eres pura, más pura todavía que yo


 

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