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120208 - COLPISA -
Por la boca muere el macho. Dicho así, puede parecer que la
ciencia es un cachondeo.
Probablemente se lo pareció a los 1.041 estudiantes que,
encantados de la vida, se presentaron voluntarios a los
experimentos. Sin embargo, los resultados son sorprendentemente
ricos. Detrás de un
beso de tornillo hay milenios de evolución, mucho de Darwin
y no poco de picaresca genética.
La conclusión más importante a la que han llegado en Albany es que lo
que empezó como una técnica de cortejo ha acabado convirtiéndose en un
método de espionaje. El beso,
cuanto más húmedo y con más lengua mejor, es una base de datos
bioquímica que la mujer procesa inconsciente, pero implacablemente: de
ahí obtiene información sobre las condiciones físicas de cualquier
candidato, así sea remoto, a padre de sus hijos. Por la boca muere el
pez, y por la saliva el macho que no da la talla.
También los machos humanos pueden sonsacar así hasta qué punto las
hembras humanas son fértiles, incluso si están más cerca o más lejos de
la menstruación. Como los hombres tienen menos sensibilidad bioquímica
que las mujeres, necesitan muestras más grandes. Esto explicaría porque
los hombres prefieren los besos de tornillo, hasta el fondo de la
garganta, y con la boca abierta al máximo.
De todos modos, el estudio concluye que los besos espía son más
patrimonio de las mujeres. Los hombres priorizan su uso como reclamo
sexual. No sólo en el sentido más evidente: a través de la saliva hay
intercambio hormonal, por ejemplo de testosterona. Cuando un hombre
logra introducir testosterona en la boca de una mujer, esto mejora la
receptividad sexual de ésta.
Hasta el punto de que algunos acusados de violación se sentían menos
culpables si había habido besos previos en la boca con la víctima.
Los autores del estudio insisten en que han apuntado a una población muy
concreta: jóvenes estudiantes solteros. Los resultados que valen aquí
pueden no valer, o no valer tanto, para personas más mayores, casadas,
con hijos, etc. En cambio constituyen una atalaya de privilegio para ver
si el beso es o no es un detonante decisivo para el futuro, o no futuro,
de una relación. ¿Se elige o se descarta a una pareja por el primer
beso?
Garantía de éxito
En Albany concluyen que besar bien no garantiza el éxito, pero besar mal
casi seguro que lleva al fracaso. Hombres y mujeres coinciden en dar más
importancia al beso en las relaciones de largo recorrido que en las
efímeras. En este último caso, para el hombre el beso es un mero
instrumento erótico; se muestra más dispuesto a prescindir de él (hay
más hombres que mujeres dispuestos a tener sexo sin besos, mientras más
mujeres dispuestas a marcar la diferencia, como las prostitutas cuando
se niegan a besar en la boca a sus clientes) y lo ve más útil al
principio, para engrasar la máquina, que al final. La mujer es más
proclive a besar después de un coito puntual. El hombre tiende más a
eludirlo, cuando ve en él el fantasma del compromiso.
La disponibilidad a un compromiso es una de las cosas que una mujer
puede estar midiendo inconscientemente cuando se besa con su hombre. O
cuando la que se besa es otra: entre mujeres son mayores los celos
cuando saben que su compañero sentimental ha besado con lengua a otra
persona.
Por último, los hombres usan más el beso para acabar una pelea. En eso
se igualan con los chimpancés y los bonobos, que también se besan mucho
para hacer las paces.
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