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Arquitectura / Architecture
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Introducción:

 

       Una de las máximas consecuciones del arte griego ha sido dar una tipología de construcción de la arquitectura a través de unos estilos u ordenes que han perdurado a lo largo del tiempo y que hoy conocemos con el nombre de arquitectura clásica.

 

        De lo que ha llegado hasta nosotros recordamos el origen de la arquitectura griega  es la transposición a la piedra de las construcciones en madera que se realizaron con anterioridad a la época clásica. Las principales construcciones se realizaron para honrar a sus dioses, por lo tanto forman parte de la  arquitectura religiosa, con el fin que perduraran en el tiempo. Las bases de la arquitectura griega se gestaron en las etapas históricas: minóica y micénica, que,  a su vez, se vieron influenciadas por culturas y civilizaciones mediterráneas anteriores. Pero es a partir del siglo VII cuando los griegos eligieron un universo arquitectónico propio que supuso un proceso de selección y delimitación de problemas:

 

        En primer lugar, eligieron el más sencillo "el trilito", o lo que es lo mismo, la combinación de una losa de piedra horizontal con otros bloques de piedra verticales para su apoyo; Es lo que conocemos con el nombre de arquitectura adintelada o arquitrabada, aunque también  conocían el arco y la falsa bóveda.

 

        En segundo lugar,  sus esfuerzos constructivos se concentraron en una tipología arquitectónica monumental: el templo. Esta edificación tenía que sobrevivir en el tiempo, por lo que se creo con una tendencia a la duración, a la que contribuye  la calidad del material utilizado, la piedra y el mármol para las zonas visuales,  y la función religiosa  y conmemorativa del templo o casa de los dioses.

 

        En tercer lugar, de la conjunción de ambos –material constructivo y función del edifico-  surgió  la tipología de templo;  que procede de la planta de la casa micénica, con su sala central rodeada por columnas que llamamos naos o cella, dónde se coloca la reproducción conmemorativa de dicho dios, en estatuaria.

 

        Y por último, se establecieron las leyes o normas, que los griegos llamaron ordenes arquitectónicos, para crear dicha arquitectura monumental. La idea  de “orden” consiste en la articulación de las partes fundamentales de un edificio con una serie de elementos, dotando a cada uno de una función determinada y una forma propia - elementos de base, soporte (columna con su basa, fuste y capitel) y elementos de coronamiento (arquitrabe, con su  friso decorado y cornisa) -. Estos elementos estaban unidos por reglas fijas de relaciones reciprocas, lo que permitirá, al arquitecto, trabajar mediante un esquema fijo, controlando de esta forma el resultado final.

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        Estas reglas de combinación de los elementos de construcción se llamaron, y se llaman, ordenes arquitectónicos clásicos y son tres: el dórico, el jónico y el corintio. Los tres están relacionados con las culturas helénicas primitivas y su instalación en las islas jónicas y en la península balcánica. El  primero  que  apareció y  el más sencillo es el dórico, hacia el siglo VII a. J.C.

 

        Análisis de las imágenes:

 

        Al no ser obras concretas sino una representación teórica de los ordenes arquitectónicos griegos, no se puede hacer una ficha técnica para el comentario de estas imágenes. Por lo que el objetivo principal de dicho comentario es tipificar las características  de la arquitectura griega en su periodo de máximo apogeo; Además de, señalar sus repercusiones e influencias en épocas posteriores, sobre todo en la etapa romana, en la renacentista y en la neoclásica.

 

        1. El orden dórico es el más antiguo, y  se le considera el orden básico, generador de los posteriores ordenes. Presenta una conceptualización estética del espacio arquitectónico sencillo, tanto por sus elementos constructivos y como, y sobre todo, por los escasos elementos decorativos.

 

        Desde el punto de vista formal, el orden dórico generalmente no presenta basa,  y si la tiene es la más simple;  Su fuste esta compuesto por los tambores y es liso o recorrido por canales verticales que se  llaman estrías; Su capitel, es el más sencillo de decoración: después de una pieza de transición del fuste llamada collarino, se pasa al equino de sección oblicua biselada y posteriormente al recto ábaco, donde apoyaran los bloques del arquitrabe.  

 

         El entablamento, parte sustentada por los diversos capiteles, se divide en tres partes: el arquitrabe, normalmente liso en el orden dórico, el friso dividido en triglifos, a modo de tres líneas verticales, y métopas, que contienen decoración, y la cornisa. Sobre esta, se sitúa el tímpano triangular que también se halla decorado.      

 

         ¿Cómo se originó el templo dórico, y, por consiguiente, su tipología? Hacia el 600 a. J.C., aparece el templo dórico con una clara reminiscencia del templo micénico. Es muy difícil ver en este orden, una transposición a piedra de estructuras de madera o naturales anteriores, pues no se sabe como construían los antiguos doríos. Si las formas arquitectónicas derivan de su función y del desarrollo técnico de sus constructores, en el orden dórico ya se puede ver una búsqueda por la belleza como auténtica fuerza motriz de la arquitectura.

 

          Los ejemplos de edificaciones que han llegado hasta nosotros de orden dórico son: La basílica y el templo de Poseidón en Paestum de hacia 550 a JC y 460 a J.C. respectivamente, el templo de Zeus en Olimpia, también del siglo VI a de J.C. Y sobre todo, hay que reseñar como el gran exponente del estilo dórico, la propia Acrópolis de Atenas con su Partenón ( 448 al 432 a J.C.), dónde se llega a la máxima perfección y belleza de los templos griegos; Esto es debido, al reajuste y el aligeramiento del espacio creado a través de los intercolumnios y la éntasis de sus fustes.

 

         2. El orden jónico, se apoya sobre una basa cuyo diseño tiene una ornamentación propia, la ática: dos toros y una o dos escocias. Su fuste  muestra mayor esbeltez de proporciones que el dórico;  se presenta normalmente acanalado. El capitel  esta formado por una gran espiral doble o  voluta que se origina después del collarino. Ha sido llamado con el adjetivo de   femenino frente al orden dórico, o  masculino, por su mayor elegancia y decoración. El entablamento es menos alto que en el dórico: el arquitrabe con tres bandas lisas – platabandas-; el friso, decorado con relieves y la cornisa con dentículos y decoración de flechas y ovas.

 

         El historiador del Arte, Vitrubio, nos habla de su génesis: " Cuando decidieron  levantar un templo en honor a Diana, inventaron un nuevo estilo, dándole esbeltez al aplicar la misma proporción que en el estilo anterior, pero ahora relacionándolo con las pisadas de una mujer. Hicieron que la anchura de la columna fuera la octava parte de su altura, para que tuviera un aspecto más grácil. Después pusieron en su base un anillo a manera de calzado, y en el capitel colocaron como cabellera unos bucles rizados que le caían a derecha y a izquierda, y con ondas y guirnaldas adornaron la rente como si llevara flequillo. A lo largo de todo el fuste marcaron estrías como si fuesen los pliegues de las estolas que llevan las matronas. Así hicieron el modelo de los dos estilos de columnas uno de belleza severa, sin adornos, varonil, y el otro con la figura, la ornamentación y la proporción femenina... Y como los primeros que lo usaron fueron los jonios se le llamó estilo jónico."

 

El estilo jónico aparece muy pronto, pero es en el siglo V a de J.C. cuando se perfecciorá, ejemplos relevantes de edificaciones son: el templo de Atenea Niké - realizado por Calícrates-  y los Propileos en la Acrópolis ( 427 y 437 a. J.C.), respectivamente). También en la Acrópolis se encuentra el Erecteión considerado el máximo exponente de este estilo.

 

             3. El orden corintio es  el último de los ordenes clásicos y en esencia no constituye un orden de arquitectura, sino que es una variante más esbelta y decorativa del estilo jónico. Se creó a finales del siglo V pero su uso se generalizó en la época helenística (siglo III a J.C.). Formalmente consta de una basa y un fuste acanalado y lo más específico de dicho estilo es su capitel  que después un  collarino resaltado, consta de  doble fila de hojas de acanto, caulículos, y cuatro volutas simétricas en las esquinas que sostienen el ábaco. Este capitel  tendrá numerosas variantes griegas y romanas que darían origen al orden compuesto romano. 

 

         Ejemplos representativos del estilo corintio son: El Olimpeión de Atenas ( siglo IV a JC.), el templete de Lisícrates,  y sobre todo será el más utilizado en épocas posteriores: en primer lugar, durante el Imperio Romano en su variante de orden compuesto y más adelante,  en el arte renacentista y neoclásico.

 

           En resumen, la importancia de la arquitectura griega - representada en esta imagen - esta  en la creación del concepto de “orden” y de la tipología de templo, a los que aplican su concepción de belleza ideal por medio de la proporción, las medidas, las reglas, etc. Además  de la importancia de  la  perduración de dichos conceptos y formas durante todas las épocas hasta hoy.

 

 

 

LA ACRÓP0LIS DE ATENAS, SIGLO V a. J.C. ATENAS. GRECIA

 

         Introducción:

 

         Entre el mar y la montaña, en medio de una fértil llanura, se yergue una escarpada roca en cuya plataforma superior situada a 156 m. de altura, se encuentra la Acrópolis de Atenas. Esta roca abrupta e  inaccesible excepto por su lado W y con una fuente de agua en su ladera, debió parecer a los primitivos habitantes de la zona un presente de los dioses y, como tal, a ellos se la dedicaron, convirtiéndose en la ciudad sagrada desde la época micénica.

 

        La acrópolis arcaica fue destruida por los persas durante las Guerras Médicas. En el S.V el esplendor de Atenas permitió a Pericles levantar una nueva acrópolis.

 

         En el 449 a.J. C. comenzó la construcción del Partenón bajo la dirección de Fidias. Más tarde se iniciaron los Propíleos, después el pequeño templo de Atenea Niké y por último el Erecteión. Ni siquiera la guerra del Peloponeso fue capaz de interrumpir el proyecto, y aunque Pericles y Fidias  habían muerto en el año 404 a. J. C. ya se había realizado lo más esencial del proyecto.

 

         Análisis de la obra:

 

         La roca es un lugar poco propicio para construir por su inaccesibilidad, su plano alargado y su suelo irregular, pero estos inconvenientes fueron transformados en virtud por el genio de los griegos, como lo demuestran los Propíleos o puertas delanteras. Estos se empezaron a construir por Mnesicles en el año 437 con fábrica de mármol y refinamientos parecidos a los del Partenón. Sin embargo su mayor encanto está en la forma en que los elementos de un templo griego han sido aplicados a otra función, y ello en un terreno irregular y empinado.

 

        Mnesicles cumplió dignamente la función que se le había encomendado. Su proyecto no sólo se adapta a las dificultades del suelo, sino que además transforma éste hasta el punto de convertir un paso agreste entre rocas en una entrada monumental digna del acceso a un recinto sagrado.

 

         Los Propíleos propiamente dichos constan de dos fachadas y entre ellas un vestíbulo de 48 m de profundidad. Al cruzar ambos pórticos diríase que nos enfrentamos con la fachada de un templo dórico clásico, a no ser por el amplio espacio que queda entre las columnas 3ª y 4ª que nos delata la puerta de acceso.

 

         La fachada W o exterior estaba flanqueada por dos alas. En el ala izquierda se encontraba la primera pinacoteca que se conoce. En el lado derecho, la roca se proyecta hacia delante y en este farallón que vigila la rampa de acceso, Calícrates construyó el pequeño templo jónico de Atenea Niké perfectamente adaptado a la estrechez del terreno, pero de una gran belleza arquitectónica.

        

La irregularidad del suelo del vestíbulo obligó a dividirlo en dos partes, la oriental elevada sobre tres gradas y la occidental, más baja y articulada en tres naves por dos filas de columnas jónicas. Nuevamente el genio de Mnesicles fue capaz de crear una unión de dos órdenes dispares, haciéndolo con tal armonía que se convertirá en ejemplo a imitar.

 

        Al atravesar la fachada oriental  se abre ante nosotros el recinto sagrado en el cual se disponen los edificios sin orden establecido. Ello se debe en parte a la irregularidad del terreno y en parte a la preferencia por ciertas zonas debido a la fuerte carga sagrada que poseen y que impulsa a levantar un templo sobre los cimientos de otro, desde la más remota antigüedad.

 

        Tal es el caso de la zona Norte en la que se construyó el Erecteión cuya complejidad, tanto arquitectónica como religiosa, responde a las más antiguas tradiciones de la Polis. Así, en sus múltiples espacios, se concentra el culto a dioses, como Poseidón o Atenea Polias, las tumbas de los míticos reyes de Atenas, Cécrope y Erecteo, y símbolos ancestrales como el olivo plantado por Atenea, las señales del rayo de Zeus o las huellas del tridente de Poseidón.

 

       Sin embargo, la aparente desconexión de los edificios protegidos por sus recintos cerrados, no impide que sobre todos sobresalga el más majestuoso de ellos, el Partenón, realizado en honor de la diosa Atenea, patrona de la ciudad y su protectora durante las Guerras Médicas. Los mejores artistas de la época realizaron el templo más espectacular, todo él de mármol blanco primorosamente labrado y adornado con relieves y estatuas..

 

        Pero el templo para los griegos era la casa de la diosa, un territorio sagrado al que difícilmente los mortales tenían acceso. La piedad religiosa se concentraba entonces en el recinto al aire libre que rodeaba el templo y al que se accedía por un camino procesional, que en el caso del Partenón estaba relacionado con la celebración de las Panateneas. Durante estas fiestas toda la ciudad se dirigía en procesión a la Acrópolis para realizar sacrificios a la diosa y ofrecerle un peplo tejido por las doncellas, como describe Fidias en el friso interno del Partenón.

 

       El Partenón se ubicó en el lado sur, al fondo de la Acrópolis, precisamente porque era el punto más alto del recinto con lo cual destacaba sobre el resto de los edificios y dominaba la ciudad y el mar. Su orientación también estaba minuciosamente elegida en dirección este.

 

       Tanto la ubicación como la orientación eran decisivas en el itinerario procesional, pues cuando el cortejo se adentraba en la Acrópolis se debía bordear el lateral norte para desembocar en el frente oriental donde, ante la fachada principal, se realizaban los sacrificios y las plegarias.

De esta manera los fieles iban descubriendo el templo, de forma que desde una visión distante al entrar, pasaban a una visión cercana del lateral, para finalmente poder disfrutar del tímpano de la fachada en el que se representaba el nacimiento de Atenea.

 

       Significado y función:

 

        La Acrópolis la levantaron los atenienses en el momento de mayor confianza en sus dioses, en los valores morales y, sobre todo, en su cultura. Es por ello que esta grandiosa obra se nos presenta como el resultado de un plan establecido, lógico, claro, cómodo y racional en el que la concepción del espacio se convierte en su principal virtud, dándonos un ejemplo de aprovechamiento de una topografía difícil y de una disposición visual de los edificios subordinada a un itinerario religioso.

 

       En esta ciudad de los dioses el arte se entretejía con las ceremonias cívicas que iban acompañadas de representaciones dramáticas, ofrendas y ritos religiosos expresando la confianza del hombre en sí mismo, en su lugar en el mundo y en la dignidad de sus dioses, poseedores de cualidades tanto humanas como divinas.

 

EL PARTENÓN. SIGLO V a. J.C. ATENAS, GRECIA. ICTINOS Y CALICRATES.

 

         Introducción:

 

        Es un templo de orden dórico, edificado entre el 447 al 438 a. J.C.; la decoración escultórica se terminó hacia el 432 a. J. C. Está situado en la colina de fa Acrópolis de Atenas y sus autores son los arquitectos Ictinos y Calicrates, mientas que la decoración escultórica es obra de Fidias. Sustituyó a un templo anterior destruido por los Persas. Se mantuvo en relativo buen estado de conservación gracias a que fue iglesia bajo dominio bizantino, luego mezquita persa, pero los venecianos lo volaron en 1.687. Entre 1.801 y 1.803 el embajador inglés en Turquía, Lord Elgin, compró la mayor parte de la escultura que quedaba para llevársela a Londres, donde se conserva actualmente en a] Museo Británico.

 

        Análisis de la obra:

 

         El propósito principal del Partenón era proporcionar a Atenea una morada digna. Su forma desciende de los antiguos megarones micénicos, edificados en la Acrópolis mucho antes de la época del Partenón. El templo no está concebido como espacio interior, ya que el culto se celebraba en el exterior, en un altar frente a la entrada oriental.

 

        Se trata de un templo octástilo y períptero, con una proporción de 8 columnas en el lado corto y 17 en el largo. El interior esta dividido en pronaos, naos y opistódomos.

        

Está orientado de Este a Oeste. Su eje central está ligeramente ladeado hacia el Sur del levante de modo que, en el día del cumpleaños de Atenea, el sol naciente proyectaba sus rayos directamente por las puertas sobre fa imagen de la diosa. Su situación en la Acrópolis también estaba cuidadosamente calculada para permitir una completa vista de la ciudad de Atenas y su paisaje circundante.

 

         La forma del Partenón es la del templo griego tradicional, con el interior dividido en dos partes. La cámara oriental, sin ventanas y que contenía la estatua de la diosa, denominada Hecatompedos por su longitud, 30.48 m.. Más adentro, un peristilo abierto que continuaba desde el umbral  de la puerta hasta detrás de la estatua. La iluminación se recibía a tras de una enorme puerta (9.75 de alto por 3.96 de ancho). El techo era piano y de vigas de madera. La segunda cámara, occidental, de menor tamaño, era donde se guardaban los objetos del ritual y el tesoro de la liga ateniense y del estado. Se le denominaba “Partenón" o cámara de la virgen, de la que tomó su nombre el edificio entero.

 

          Los arquitectos griegos clásicos dan más protagonismo al exterior del templo que al interior y por ello, el diseño exterior del Partenón es lo más sobresaliente de la obra. Esta característica puede deberse al hecho de que el ritual religioso y público transcurría al aire libre y visualmente junto al templo. La decoración escultórica en el exterior, en frontones y métopas, incide también en este protagonismo del exterior frente al interior. Las columnas exteriores son de mármol pentélico, blanco y los triglifos estaban pintados de azul; los arquitrabes estaban decorados con trofeos militares.

 

         El templo se elevaba sobre una base de tres gradas, con efecto similar al del pedestal de una escultura. El muro y las entradas exteriores estaban rodeados por una hilera de columnas, tanto las columnas como el correspondiente entablamento pertenecen al orden dórico. La severidad de este orden era lo más adecuado para una diosa guerrera.

          El templo es la materialización de la idea griega del mundo: cognoscible, estático y simétrico. Está concebido como una escultura clásica y se proyectó  según el ideal griego de proporción, armonía y estética (euritmia). Daba una impresión inmediata de compatibilidad y plenitud, y su belleza se basaba en la imposibilidad de añadir, restar o alterar ninguna parte sin romperlo todo. La armonía se basa en la repetición de elementos que componen un conjunto en el que las diferentes partes se integran en un todo ordenado y disciplinado en relación unas con otras a semejanza de la “Polis". Cada elemento tiene su propia identidad y su proporción en el conjunto constituye el ideal griego de simetría.

        

La belleza para los griegos está en las proporciones del cuerpo humano y su relación armónica. En el templo, las columnas y capiteles son como las piernas que sostienen el tronco y las diferentes partes que lo integran utilizan la escala humana a diferencia de las proporciones de la arquitectura oriental. Las proporciones del Partenón se basan en un módulo matemático. La proporción de la altura del templo con su anchura en las fachadas este y oeste es de 4 a 9; la de la anchura con la longitud también es de 4 a 9, y la del decímetro de la columna con el intervalo entre estas es de 4 a 9. Las 16 columnas de los costados longitudinales, son el doble mas una de las columnas que hay en el este y en el oeste, nuevamente la relación 9 a 4. Esto nos demuestra cómo el número y las matemáticas se consideraban valores incorruptibles.

 

         En todo el edificio no existe una línea enteramente recta. El propósito de estas curvaturas pudo ser el de corregir la distorsión óptica de combadura que se experimenta cuando se contempla una línea recta larga o también dar una apariencia más escultural al conjunto. Están curvados los escalones, toda la parte superior del templo e incluso los bastidores de la puerta. Las columnas de los ángulos se han colocado más juntas para corregir el efecto, óptico y alinear los triglifos y metopas con las columnas. Los fustes de las columnas tienen un ligero abombamiento (éntasis) y además están ligeramente inclinados hacia atrás para evitar la impresi6n de que el edificio se cae hacia delante. El uso de todos estos recursos ópticos indica un gran conocimiento de las matemáticas y aumentan todavía más, la belleza y perfección del templo si además tenemos en cuenta, que estos trucos no se perciben por el espectador que, sin embargo, capta en su totalidad la perfección del templo.

 

          El Partenón está decorado con magnificas esculturas. El friso interior, la procesión de las Panateas, las metopas, acróteras y dos grupos de tímpanos. Las metopas narran las guerras de los atenienses contra Lapitas, centauros y Troyanos. Los tímpanos están decorados con representaciones escultóricas: en el Este, el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus; y en el Oeste, la victoria de Atenea sobre Poseidón. Dichas esculturas fueron supervisadas por Fidias. Muchas de ellas estaban pintadas y se habían esculpido de bulto entero.

 

         El Partenón supone la perfección del templo griego, aunque sea una obra, en su concepción, bastante conservadora, ya que, aunque los griegos conocían los principios del arco y la cúpula, en la construcción del Partenón utilizan la columna y el dintel, que tenían una antigüedad de miles de años. Los griegos no son partidarios de cambios ni novedades, sino que repiten y codifican los elementos y proporciones que intervienen en la construcción de un templo, hasta dar la sensación de que el tiempo está  detenido en el momento en que se ha alcanzado la belleza perfecta, cuyo ejemplo más claro puede ser el Partenón.

 

TEATRO DE EPIDAURO, EN EL PELOPONESO. Siglo IV a. J.C. POLÍCLETO

        

          Introducción:

 

          Los griegos, partiendo de que la naturaleza se rige por unas leyes, consideraron que el hombre debía adecuarse en todos los aspectos a ellas, incluido en la arquitectura. De ahí que  crearan una arquitectura ajustada a dos principios:

 

- Utilización de un único sistema de construcción: el sistema arquitrabado.

- Invención de la idea de “orden arquitectónico”: cada edificio se compone de una serie de partes que tienen una función y unas formas determinadas y que además están en perfecta armonía entre ellas.

 

         El teatro era, junto con otras construcciones como anfiteatros y circos, un edificio para espectáculos públicos. Su función era la de servir de marco a las representaciones teatrales a las que acudía numeroso público, de ahí que se construyeran con gran cabida.

        

         La arquitectura griega era esencialmente una arquitectura de piedra. Es cierto que los griegos conocieron y utilizaron ampliamente el ladrillo, pero en edificios privados. Para los monumentos públicos utilizaron un aparejo de piedra sillar unido, sin mortero, mediante grapas metálicas.

 

         Los griegos aprovecharon la pendiente natural de las colinas más próximas a la ciudad para excavar en ellas las graderías de sus teatros, a veces tallados en la misma roca,  aprovechando el pié mismo de la colina para la construcción de la escena y la orchestra.

 

         Las partes del teatro son: la gradería (cavea) que  son los escalones destinados al público, en ocasiones  cubiertos con grandes losas de piedra.  La orchestra que corresponde a la zona situada entre el graderío y la línea recta que limita el escenario. Era el lugar dedicado a los coros, que acompañaban la representación teatral. Debido a la mayor importancia que tenía el coro en el teatro griego, éste tenía forma circular, a diferencia del romano, que tenía forma semicircular. El escenario (scena) era un largo rectángulo frente a la orquesta donde se realizaban las representaciones teatrales y que estaba levantado sobre un zócalo para facilitar la visión de la representación teatral.

 

        Análisis de la obra:

 

        El teatro de Epidauro constaba de  cincuenta y cinco graderías, divididas en dos fases,  calculadas según una pendiente perfecta, al pie de la cual se situaba la orquestra y la escena. Las dimensiones de las graderías para el público alcanzaron enorme extensión en las ciudades helenísticas. Los teatros eran una verdadera vanidad de la época; las ciudades menos importantes rivalizaban entre sí para  construir grandes teatros que pudieran acoger cada vez más espectadores.

 

        El arquitecto que lo construyó, con toda probabilidad, fue Polícleto el Joven, nieto del escultor del siglo V, que lo comenzaría en torno al año 330.

 

         Significado:

        

         El teatro de Epidauro es una de las maravillas de la arquitectura griega, por la geometría de sus líneas, por la perfecta visibilidad de escena y por su asombrosa acústica, siendo además el que está en mejor estado de conservación.

 

        El teatro griego, al igual que otros modelos artísticos griegos, sobre todo de la época helenística, fueron los grandes inspiradores de la arquitectura romana posterior.
 

ESCULTURA GRIEGA

 

KOURÓS DE ANAVYSSOS (CROISOS) 530 – 520 a J.C. MUSEO NACIONAL DE ATENAS

 

        Introducción:

 

        La figura de los Kourós del periodo arcaico griego, son representaciones masculinas de atletas divinizados por haber acumulado victorias o por hacer algo extraordinario, morir tocados por un rayo en plena juventud o en muchos casos por haber realizado algo extraordinariamente piadoso, pero generalmente por alguna hazaña o muerte en combate.  Recubiertos de un halo de misterio, son elevados a la categoría de inmortales y no se representan con sus rasgos en la vida terrenal.

 

        Son figuras hieráticas, en las que la anatomía se resuelve reduciéndola a meras formas geométricas.  Imágenes frontales que avanzan una pierna, generalmente la izquierda, con  clara reminiscencia al mundo egipcio y en las que los brazos aparecen más  o menos pegados al cuerpo. Mirada perdida, serena, ojos almendrados y pelo geométrico y muy pegado a la cabeza, como si estuviese mojado.

 

        El Kourós Anavyssos es una extraordinaria excepción a muchas de éstas reglas.  La etapa que sigue a la de la estatua de Tenea, una generación inmediatamente posterior, está bien representada por éste Kourós cuyo recinto funerario fue encontrado cerca de Anavyssos en Mesogea.  Hallazgo muy posterior a la aparición de la estatua en el mercado internacional de antigüedades.  En el recinto aparecieron dos de los escalones inferiores de su base intactos, el superior desaparecido posiblemente al expoliarla.  El escalón intermedio porta inscrito un epigrama que nos habla de que el personaje representado se llamaba “Croisos” y que murió en combate en forma extraordinaria.

 

         Las aventuras de la estatua con un viaje de ida y vuelta de Atenas a París y la aparición de una copia falsa en el Museo Paul Getty, no deben poner en duda la autenticidad del Croisos.

 

        Análisis formal e iconográfico:

 

        La figura del  este Kourós fue realizada por un autor griego cuyo nombre se desconoce durante el siglo VI a de J.C., su altura es de1,94 cm. Es un Kourós con formas ya muy bien marcadas que huyen de lo geométrico, sus carnes pesadas y abundantes lo convierten en único.

 

        Lo esencial de ésta escultura es que transmite una sensación de elasticidad, todo ello debido a las redondeces de sus volúmenes y al equilibrio conseguido con el estudio de los relieves musculares, algo pesados pero minuciosos, sin geometrizaciones como en las obras anteriores, lo que lo destaca como diferente o quizás único.

 

        Solo algunos elementos, las marcadas aristas de las tibias y de las arcadas superciliares con formas geométricas muy pronunciadas son una concesión o un nexo con el arcaicismo anterior.

 

        La espalda está menos cuidada y se simplifica hasta el extremo, ya que fue concebido para ser visto de frente.  El perfil de la pieza es sorprendente, con los muslos extrañamente pesados y el arco pectoral profundo, se ve compensado con la flexibilidad de los brazos largos y casi pegados.  Vistos de frente los brazos están prácticamente despegados, con un solo punto de contacto con el cuerpo a la altura de las manos.

 

        Las caderas bien marcadas, ligeramente disimétricas articulan todo el vientre que es estrecho y otra vez geometrizante.  Todo, rodillas, clavículas se encuentran dulcemente moldeadas aproximándose a lo real.  La caja torácica parece alargarse hacia abajo, descendiendo por los costados de forma forzada, quizás para estructurar mejor el centro del torso, que baja a su punto de gravedad.

 

        La cabeza es pequeña, el rostro enjuto, con un sólido mentón y pómulos poderosos.  Las comisuras de la boca apenas marcadas desdibujan la sonrisa y conforman profundos pliegues verticales.  Los ojos ligeramente almendrados, muy poco hundidos en las órbitas, parecen resaltar hacia fuera.  Esta obra singular debió de ser terminada entre el 530 y 520 a de C.

 

LA DAMA DE AUXERRE, alrededor del 650 a de J.C. MUSEO DEL LOUVRE, PARIS.

 

          Introducción:

 

          La dama de Auxerre es una pequeña estatuilla de unos 55 cm de altura, que hoy se expone en los fondos del Museo  del Louvre. Realizada por un autor anónimo cretense del s VII a de J. C. Se la considera la primera obra de la estatuaria en piedra de bulto redondo.  Perteneció a la escuela cretense, escuela que fue uno de los primeros centros de ésta actividad escultórica en el Mediterráneo.

 

         Se la ha considerado cretense desde un principio, cuando apareció en una colección privada, su parecido con las figuras del estilo de Prinias confirman la teoría.  Se trata de la obra más reproducida y comentada del siglo VI a de C.

 

          Análisis formal e iconográfico:

 

          Hasta el momento actual de la cuestión, es la única obra de bulto redondo en la que figura una curiosa disposición de los brazos que la hace única.  Imagen claramente votiva, la mano derecha se sitúa sobre los pechos, en un intento de resaltarlos, aunque puede también tener que ver con una postura ritual, es un gesto que aparece ya en las pequeñas terracotas cretenses.  La mano izquierda se extiende pegada a lo largo del cuerpo en un ritmo más tradicional.

 

         Tal vez la dama de Auxerre guarda la forma del bloque de piedra original en que fue labrada, lo que explicaría su forzada rigidez.  De cualquier forma se observa un trabajo de labra bien diferente entre la parte inferior, cuya técnica es más rústica y uniforme y la parte superior en que la cabeza y el torso aparecen finamente trabajados.  Entre una y otra parte una ancha correa que rodea la cintura parece separarlas intencionadamente.

 

          La cabeza se enriquece con un pelo largo y ampuloso, que sigue la moda egipcia del “peinado de pisos” y que le da naturalismo.  El rostro rígido y frontal, de forma casi triangular, sigue las intenciones arcaicas de idealización.    Sin embargo la seguridad en el trazado de la boca, visible en la ruptura seca de las comisuras, anticipa una sonrisa suavemente esbozada y nos vuelve a recordar el mundo de las terracotas cretenses, pero al fin ésta sonrisa resulta algo forzada y falsa.  El busto, muy pequeño  como es habitual se puede comparar con el Kouros de Delfos, es agrandado también por la cabellera y modelado por la fina esclavina que cae siguiendo el ritmo del brazo izquierdo. 

       

          Llama  también la atención la enorme desproporción de formas, manos enormemente largas, si se las compara con el antebrazo, pies rudos, llenos de reminiscencias egipcias y de gran tamaño para el cuerpo.  También los ojos grandes y almendrados del rostro contribuyen a significar ésta desproporción.

 

          La estatuilla no se viste según el esquema habitual de las diosas cretenses.  Finalmente el faldellín que cae desde la cintura que se ve asfixiada por el ancho cinturón y que cubre la figura hasta los pies tiene una sencilla y arcaizante decoración geométrica de líneas rectas, horizontales y verticales que parecen sugerirnos la idea del laberinto y que contrastan fuertemente con las redondeadas formas de la parte superior de ésta singular pieza.                                                          

 

EL  AURIGA DE DELFOS, 474 alrededor de J. C. MUSEO DEL SANTUARIO DE DELFOS (GRECIA).  

 

        Introducción:

 

        Al lado del teatro de Delfos, encima del templo, una excavación arqueológica descubrió en la primavera de 1896 los restos de un grandioso conjunto escultórico en bronce.  Se trataba de los restos de una cuadriga fundida en bronce de tamaño natural, con un trozo de la base del monumento, la parte inferior de tres patas de caballos, una cola del mismo animal, el brazo izquierdo de un adolescente y la soberbia escultura de un varón vestido con un largo chitón y que representaba a un cochero con las riendas en los brazos.

 

        El grupo debió de ser enterrado cuando en el 373 a de J.C. un terremoto sacudió todo el santuario de Delfos y destruyó el templo.

 

        El joven auriga o conductor de carros, fue inmortalizado por un artista desconocido (Pitágoras de Región? – Onatas de Egina?), quizá para conmemorar su victoria en los Juegos Píticos que se celebraban en el santuario de Apolo en Delfos.  El hallazgo de la base muy maltratada del conjunto permitió saber que el corredor estaba al servicio de Polízalos, tirano de Gela, que luego caería en desgracia.  Polízalos fue hermano de Hieron de Siracusa e hijo de Deinoménes, éste personaje sería barrido políticamente con la llegada de la democracia, todo lo más tardar entre el 466 y el 465 a de J.C.  Esta fecha histórica nos permitiría una datación anterior del conjunto escultórico.

 

         El auriga es la pieza más importante encontrada de ese singular grupo escultórico de tamaño natural (1,80 de altura) y que debió estar formado pués, por un carro, cuatro caballos, un mozo de caballos (al que pertenecería el brazo de adolescente) y posiblemente la figura del propio Polízalos, que quizá fue destruida a su caída por el propio pueblo.

 

       Análisis formal e iconográfico:

 

       Centrándonos en el auriga, podemos decir que estilísticamente se da en la obra una perfecta conjunción entre la rigidez arcaizante y la vida y el movimiento del posterior periodo clásico.  Así pues, en cuanto al trabajo escultórico propiamente dicho, el auriga viste un largo chiton que en realidad cubre casi toda la pieza.  Este manto se ve anudado por un cinturón que se ciñe por encima del vientre, dividiendo la pieza escultórica en dos partes claramente diferenciadas.

 

        La mitad superior está mucho más cuidada en su trabajo y es más minuciosa en su acabado final conseguido a base de una sucesión de pliegues todavía demasiado rectilíneos y paralelos pero que se agitan y forman curvas sinuosas que anticipan el movimiento posterior.  En éste trabajo alternan claramente los ritmos verticales con los horizontales.

 

         Por el contrario, la parte inferior está trabajada con menos detalle, quizá porque estuvo destinada a permanecer oculta tras el frontal del mismo carro.  Estos pliegues de la parte inferior son mucho más largos y caen verticalmente, son gruesos y disimétricos y parecen recordarnos las estrías del fuste de una columna dórica, sin embargo aunque fueran un recurso para terminar más rápidamente la pieza, son un curioso ejemplo del trabajo de ahuecado.  El forzado ceñimiento de la túnica por encima del vientre acorta el torso y parece reducirlo a la parte superior del pecho y los hombros.

 

        Compositivamente el auriga o cochero sostiene las riendas con su mano derecha mientras gira la cabeza hacia el lado contrario, adentrándose en la tercera dimensión y buscando una compensación compositiva.  En definitiva se mantiene así una cierta rigidez en el conjunto, sin embargo la cabeza mínimamente ladeada y sobre todo el brazo derecho proyectado hacia delante rompen la simetría tradicional.

 

         La cabeza si se la observa frontalmente colocándose a su misma altura, es ancha, casi cuadrada.  El rostro juvenil impasible y mínimamente sonriente se organiza a partir de los arcos superciliares que forman un contorno algo seco y quizá demasiado rígido.  Pero la cabeza se anima y cobra vida a partir de los ojos incrustados en pasta vítrea, que se encuentran bien conservados y también por la cabellera y la incipiente barba.  La boca es pequeña y ligeramente entreabierta y deja entrever cuatro dientes cubiertos de plata y cuidadosamente moldeados.  Todo el pelo se ciñe con una venda que se anuda detrás de la nuca y un pequeño gorro o casquete de corredor cubre la parte superior del cráneo, los cabellos que se asoman a través de él, son ligeros y están finamente cincelados.  La esfericidad del cráneo no es gratuita y va a ser una constante de toda la escultura griega de los siglos posteriores.

 

         En definitiva el auriga es una de las más bellas composiciones clásicas realizadas en bronce, su expresión sigue en ese marco arcaico de idealización, aquí si cabe, la idealización es máxima al no existir conexión entre la acción real y la expresión, difícilmente nos imaginamos a un tenso conductor lanzado por sus cuatro caballos al galope en esa expresión serena y estática.  A pesar de todo, el rostro tiene un semblante amable que nos trasmite una sensación de calma y serenidad que está ya dentro de la armonía idealizada del mismísimo Polícleto.                         

 

El DISCÓBOLO. MIRÓN 

 

         Original fundido en bronce hacia el 450 a. J.C., mide 1,53 m de altura. El representado es una copia en mármol de la época imperial que se halla actualmente en el Museo de las Termas de Roma.

           

        Introducción
 

        La diapositiva nos presenta una escultura de bulto redondo en mármol, copia de un original en bronce de MIRÓN realizado hacia mitad del siglo V antes de Cristo, que representa un atleta griego, el lanzador de disco, a quien, probablemente su ciudad, agradecida a los dioses por una serie de triunfos logrados por el atleta, le dedicó y pagó esta obra para ser colocada y admirada en las cercanías del templo del dios protector. Pero no estamos viendo un original sino una copia romana en mármol. No cabe duda de  que el brillo del bronce dorado habría de producir un efecto completamente diferente a éste en que la vemos fuera de su contexto e incluso en otro material, aunque noble, el mármol.

        

        Análisis formal:

 

         La técnica utilizada es la fundición “a la arena”, hueca, puesto que se trata de una escultura de bulto redondo, tamaño natural y resultaría excesivamente pesada, casi imposible de mover, si fuera maciza. Como en el caso del “Auriga de Delfos” debió hacerse por partes. El artista preparó un alma de tierra refractaria arena o yeso de la parte deseada sobre el cual dispuso una capa de cera de un espesor de 0,5 a 1 cm, modelándola con facilidad, tras lo cual sería recubierta de tierra o yeso y enterrada en arena con dos orificios, uno de entrada y otro de salida. Realizada la “colada” del bronce (aleación de estaño y cobre) se echaba sobre el orificio de entrada mientras la cera se perdía, derretida, por el de salida. Así con cada parte de la estatua hasta finalizar. Posteriormente quedaba al escultor la tarea de soldar y ensamblar las partes cincelando y puliendo las imperfecciones que hubieran podido quedar en la misma. Muchas veces se utilizaban colores para el acabado final, pan de cobre en los labios, dorado para el pelo, vidrio para los ojos, etc.  La impresión, pues, de la estatua del atleta representado (no retratado) era magnífica y admirada por todos los ciudadanos que se sentían orgullosos de los triunfos atléticos y de las obras que los conmemoraban, lo que significaba una cierta predilección y protección divinas.

        

         La obra original fue encargada a un magnífico broncista, Mirón de Eleuteria o de Atenas, discípulo de Ageladas de Argos y condiscípulo de Policleto, con quien aprendió los secretos del tratamiento del bronce. Tenemos noticias de esta estatua y de otras que realizó en los años 40 de atletas victoriosos en los juegos.  El concepto o idea de esta estatua es diferente a otras de “kouroi” representadas hasta este momento, que estaban en reposo. Esta escultura, por el contrario, ha sido pensada en movimiento. El autor ha elegido el instante previo a la acción, no cuando lanza el disco que le dará la victoria sino aquél en que el atleta tensa los músculos para iniciar el giro que lo lanzará. Deja que el espectador imagine, interprete, el momento siguiente del lanzamiento. Todo este movimiento, contenido aún, está remarcado por la composición geométrica de la figura y abierta compuesta por dos arcos o por un arco y una línea en zig-zag:

 

·         Un arco iría desde la mano derecha ( donde se halla el disco redondo) y continuaría por el brazo izquierdo y la mano, hasta el pie izquierdo cuyos dedos doblados apoyan en el suelo.

·         Otro  podría trazarse desde la cabeza oval, siguiendo el zig-zag del cuerpo,  hasta el pie derecho completamente apoyado en el suelo.

·         A partir de la cabeza, podemos ver una línea zigzagueante o en S por el tórax, el muslo derecho y el resto de la pierna hasta el pie.

 

         Pero todo esto implica un punto de vista único, como si fuera un relieve, y frontal desde el cual podemos ver todo lo dicho. Desde otro punto de vista, aunque se puede girar en torno a la estatua, se pierde la visión principal casi bidimensional. La anatomía ha sido muy trabajada y ha progresado respecto a obras anteriores, aunque el modelado es sobrio. Hay detalles de un gran realismo, como los dedos del pie izquierdo, apoyados en el suelo, o la tensión muscular del hombro derecho.

 

         El rostro y el pelo, de los que ha desaparecido ya todo resto de arcaísmo, son realistas. El gesto es serio, sereno; la forma oval y se presenta de frente con el pelo trabajado pero pegado al casco y no acompaña a la acción. Lo lógico sería que la cara reflejara el esfuerzo del atleta en el instante de máxima tensión, pero resulta claramente inexpresivo. Estamos en un período de transición entre el Período Severo y el Clásico.

 

        Supone un paso importante dentro de la evolución de la escultura griega ya que nos revela una remodelación en el tema de las representaciones atléticas con finalidad conmemorativa. Se camina hacia el clasicismo de la segunda mitad del siglo V a. J.C.:

 

·         Se perderá el sentido de “gravedad” del Período Severo, hecho acompañado de un cambio de ambiente en Atenas, que vive un momento de mayor esplendor económico.

·         Se abandona la simplicidad y se va avanzando hacia una mayor complejidad en el clasicismo.

·         Se pasa del modelado sobrio a formas más blandas.

 

         Un aspecto importante  no debe ser pasado por alto; se trata de la colaboración estrecha entre todos los artistas (en este caso y especialmente entre los escultores y los decoradores de vasos cerámicos) de forma que unos y otros se van planteando y resolviendo problemas como el giro de la cabeza, la representación más realista de la rodilla o de cualquier parte del cuerpo desde diversas perspectivas. Otros artistas estudiaban e incorporaban estos logros a sus obras siendo también causa de que los avances se difundieran. Así la escultura griega fue pasando, desde una fase más abstracta del Período Arcáico, hacia el realismo y el idealismo conseguidos en el Período Severo y en el Período Bello.

 

         Iconografía:

 

          El hecho de que Mirón eligiera este momento para la representación del Discóbolo se ha interpretado de formas variadas: desde el estudio de un atleta en el momento culminante anterior a la acción, que hemos comentado, originando concienzudos estudios con vistas a que los deportistas modernos la tomaran como referencia para el lanzamiento de sus discos, hasta ver la relación de esta escultura con las normas de la representación egipcia del cuerpo humano (GOMBRICH): las diversas partes del cuerpo como más características son (tronco de frente, brazos y piernas de perfil, cara de frente…) Pero, aunque así fuera, el resultado de la escultura es completamente diferente: se ha conseguido representar el cuerpo de un hombre, de un atleta, real en movimiento. De la rigidez de los modelos anteriores a la plasmación natural de un cuerpo en acción. Podemos afirmar que Mirón conquistó el movimiento.

 

        Algunos grandes escultores posteriores como BERNINI (1598-1680), cuando se plantee la escultura de David  (1623-24) y elija representarlo en el mismo momento de la acción, tenga en cuenta, como referencia, la obra analizada.

        

EL FRISO DE LAS  PANATENEAS DE FIDIAS. S. V a J.C. PARTENÓN DE ATENAS.

 

        Introducción:

 

        Hablar de la escultura griega clásica, en este caso del relieve, es hablar del origen del arte occidental. Estos relieves son  uno de los máximos exponentes de dicha cultura y civilización, y por lo tanto, un "hito" en la Historia de la Humanidad puesto que esta civilización ha sido, y continua siendo, la más preponderante.

 

         Siempre se ha dicho que la escultura griega es el reflejo de su pensamiento y de su filosofía, basada en la idea de que “el hombre es la  medida de todas las cosas“, y una de estas manifestaciones, son estos relieves del periodo clásico griego. Su gran representante es Fidias, el autor de estos relieves del Partenón de Atenas, considerado tanto en su época, como posteriormente, un gran genio escultórico que no tendrá parangón hasta la época del Renacimiento con la figura de Miguel Angel.

 

          La construcción del  Partenón, así como la elección como escultor de su amigo Fidias, fue realizada por Periclés, gobernador de Atenas y máximo representante de su sistema democrático, que en el año 448 a. de J.C. trató de que la belleza del Partenón sirviera de testimonio de la altura cultural de Atenas, principal ciudad de la Liga de Delos,  que acababa de vencer en las guerras Médicas a los temidos Persas.

 

        Análisis de la obra:

     

         Los relieves del Partenón son unos de los ejemplos más relevantes de escultura monumental de todos los tiempos. El conjunto de estos relieves que adornaban los frontones y las métopas del exterior del edificio, y el friso interno, fueron encargados a  Fidias, incluida  la grandiosa estatua de la diosa Atenea de su interior. Fidias  creó todo el diseño del Partenón y realizó sus trabajos junto con su taller, desde 447 al 432 a. J.C.

 

         La magnificencia de su escultura cuyas características son: la grave serenidad de los rostros, los ampulosos, elegantes y naturales ropajes y la sinuosa composición, que se inserta en un esquema triangular muy riguroso. También su escultura  va a romper con gran parte de los convencionalismos de la época arcaica y se va a acercar a la idea de humanismo griego, basado en el ideal de belleza clásico donde la proporción y la medida queda reflejada en el  cuerpo  de un hombre joven cuyos sentimientos no son manifestados, ya que su aspiración es llegar a convertirse, mediante la razón, en un héroe capaz de equiparse a los dioses.

 

        Conviene recordar que todo el trabajo escultórico se policromaba  en Grecia, con lo que la experiencia estética sería muy distinta a la actual  ya que estamos acostumbrados a verla limpia de color.

 

         Fidias, realizó un gran trabajo en el friso que rodea el templo, muestra de ello es el fragmento del friso oriental que presenta esta ilustración. El friso tiene ciento sesenta metros de pared y un alto de un metro, donde, siguiendo un esquema repetitivo, se representa en  procesión una sucesión de personas reunidas por categorías homogéneas y dedicadas a la misma ocupación; pero no hay dos figuras que sean iguales ni que rompan con el naturalismo requerido. Los rostros son captados con diferentes expresiones pero siempre serenas -a modo de dioses-, los vestidos dan sensación de naturalidad absoluta y dejan ver la anatomía atlética masculina –estética propia del mundo heleno, como ya se ha dicho-. 

 

        En cambio, donde Fidias presenta su inigualable  maestría es en los frontones por la monumental de su composición triangular. En dichos frontones no  existe la antigua adaptación al marco arquitectónico sino una verdadera creación espacial; las figuras adquieren libertad de movimiento junto con una expresión y actitud serena, ya que lo que se representa no es la vida de los seres humanos, mortales, sino el mundo de los inmortales dioses.

 

         Es en las metopas donde se representa el movimiento, más o menos violento, unido a gestos más expresivos, puesto que en dichas tallas se esculpirán las batallas míticas entre los dioses, los héroes y los humanos;  es aquí donde aparecen más diferencias en la calidad de las tallas, según la maestría del escultor del taller de Fidias que las realizaba.

 

         El material que se uso era de gran calidad, las mejores placas de mármol del Pentélico. La técnica escultórica empleada se basaba en la combinación de los distintos tipos de relieve: rehundido, bajo, medio y alto relieves -incluso aparece verdadera escultura exenta que surge del muro-. La técnica de resaltar la anatomía del cuerpo debajo de la vestimenta, o técnica de paños mojados, es la que va a encumbrar la figura de Fidias a la fama o al Olimpo de sus dioses, como  gran escultor que va a ser imitado durante todos los tiempos.

 

         En cuanto al diseño del friso interior, este  fue un gran desafío para Fidias; Puesto que en un templo de orden dórico, realizado por Ictinos y Calícrates que escogieron la tipología de templo períptero, con dos pórticos, el artista lo esculpió con un friso corrido decorado, como en el orden jónico, sustituyendo el clásico friso liso de origen dórico. Este friso interior, junto con los dos frontones y las metopas,  le llevo a diseñar la completa decoración del templo, con un grandioso programa iconográfico dedicado a la deidad, de esta manera esta representada la vida de Atenea: nacimiento, hazañas, victorias,…. 

 

         El tema elegido en este fragmento de friso, de la parte oriental, es el de la procesión de las oferentes a la diosa o panateneas. En dicha procesión, además de las panateneas, aparecen: jinetes, carros, jóvenes y muchachas portando ofrendas que convergían en una asamblea de dioses y héroes. Estas panateneas oferentes portaban un gran paño plegado para la diosa, quizás el peplo para engalanar y vestir la estatua de Atenea que se hallaba en el interior del templo. Esta procesión debía recordar a los atenienses la gran procesión panathenáica que, en honor a la diosa, se celebraba regularmente, cada cuatro años, junto al friso esculpido,  y que conmemoraba  la victoria de Maratón. Esta idea de procesión esculpida tiene su antecedente, pero no en Grecia sino, con gran probabilidad, en el palacio de Persépolis, capital del Imperio Persa; dónde habían trabajado como esclavos numerosos griegos, y que también conocían muchos comerciantes. En estas tradicionales ceremonias anuales se entregaban a los emperadores persas el pago de los distintos tributos (como comenta Susan Woodford )

        

         En este fragmento de friso,  la imagen presentada viene a singularizar las características anteriores; Pertenece a la parte oriental o Este, dónde la procesión esta llegando a su fin, y unas muchachas junto a  sacerdotes y magistrados -vestidos para el evento con túnicas y peplos-, llevan el explendido peplo como regalo a la diosa. Todo ello es contemplado por los dioses que permanecerán sentados, mientras el resto de los personajes están de pié, y todos de forma distendida  comunican sus impresiones de manera natural. Es esta zona oriental es la principal, por donde sale el sol, y es  por lo que  en dicho frontón, Fidias esculpirá el nacimiento de la diosa. 

        

         Conviene recordar que todo el trabajo escultórico se policromaba  en Grecia, con lo que la experiencia estética sería muy distinta a la actual  ya que estamos acostumbrados a verla hoy limpia de color.

 

         El arte de Fidias aunque represente el naturalismo griego es difícil de realizar y de entender sin tener las claves del pensamiento clásico; La eterna juventud como ideal de belleza, la triunfal serenidad moral de sus esculturas, que no representan sentimientos humanos sino impasible divinidad, es a través de estos conceptos  de dónde se ha sacado el calificativo dado a Fidias como escultor de dioses,  que ya le otorgaban en su época.

 

          Los fragmentos originales de las esculturas del Partenón se hayan diseminados por numerosos museos – Británico, Louvre, Acrópolis,…- desde que Lord Elgin decidió recuperarlos y conservarlos para que no se perdieran. El edificio había sufrido numerosas vicisitudes: convertido en iglesia, mezquita, las más dañinas fueron la explosión de 1687 por los turcos, y sobre todo el expolio museístico mas reciente. Posteriormente a la independencia griega dichos restos han estado mejor conservados y se ha realizado numerosos esfuerzos para reconstruir la colina de la Acrópolis. Pero, para su conservación y reconstrucción, hay que valerse de los numerosos  escritos, copias (desde las romanas) y algunos restos arqueológicos originales, de entre los que se destaca este de la imagen que es el friso de las Panateneas, que se encuentra en el British Museum de Londres.

 

EL DORIFORO. Siglo V a de J.C.,  MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL DE NÁPOLES. POLÍCLETO.

 

         Introducción:

 

         El Doríforo es una escultura de bulto redondo, cuya altura es de 2,12 m. Se realizaría a  mediados del siglo V  a. J. C., perteneciente por lo tanto al periodo clásico de la escultura griega.  Representa a un joven que lleva en su mano izquierda una lanza y recoge el instante anterior a que éste se ponga en marcha.  Todo es tensión armoniosa y relación perfecta y buscada de todas las partes del cuerpo.  La figura del joven atleta se nos presenta en actitud serena, casi heroica, perfecta, es un canto, una exaltación del cuerpo humano.

 

        Análisis formal e iconográfico:

 

        El lancero apoya su peso sobre una pierna, mientras que la otra está descargada, desplazándose ligeramente hacia atrás, al igual que la lanza.  La mano contraria a la pierna sobre la que se apoya la estatua en sutil balanceo o contrapposto, sujeta esa lanza hoy inexistente, mientras que la otra relajada cae a lo largo del cuerpo.  Todo ello crea sensación de volumen y profundiza en la tercera dimensión.

 

         De la contemplación de esta obra clásica, se desprende una fuerte sensación de armonía y belleza idealizada.

        

         La escultura en su conjunto aparece ante el espectador, con una perspectiva frontal sólo desde ésta puede ser observado su equilibrio compositivo y su medida matemática, sin embargo, no está exenta de cierta rigidez y hieratismo.

        

         A su autor Polícleto, se le ha acusado de haber frenado los impulsos naturalistas y el movimiento aparecidos en la generación anterior y plasmados en obras como la del conjunto de los Tiranicidas.  Polícleto se había formado en la escuela de Argos, ciudad del Peloponeso famosa por la perfección de sus obras realizadas en bronce.  Por esta razón, Polícleto fue sobre todo un magnífico broncista y en esa materia haría todos los originales de sus obras.  El Doríforo, sólo ha llegado hasta nuestros días a través de tardías copias en mármol, casi siempre romanas.  De la rigidez que comporta la técnica del bronce y de las propias ideas de Polícleto,  que se sentía además de creador, didacta, surgen los aspectos arcaizantes de esta obra, con los que rompería después en parte, en su madurez, al crear el Diadúmeno.

                                                                                                      

         De su vocación didáctica nos queda una obra conocida siempre por las citas de otros autores, titulada el Canon, donde nos muestra su interés por las matemáticas y la geometría, por las formas esféricas y circulares, aproximándose grandemente a las ideas de Platón y de Pitágoras, y   sobre todo al Timeo

 

         En su obra, Polícleto,  parte del concepto de symmetría, entendida como la relación armónica de las partes del cuerpo y de cada una de ella con el conjunto, en un minucioso estudio de sus proporciones.  Piensa que lo bello consiste “en la relación de un dedo con otro y la de todos ellos con el metacarpo y el carpo, y de estos con el antebrazo y en la del antebrazo con el brazo, así hasta concertar el total de las medidas”.

 

         En el Doríforo llevó plenamente a cabo sus ideas, la cabeza mide exactamente la séptima parte del cuerpo, tomada desde el mentón hasta el inicio del cabello.  El arco torácico forma un perfecto círculo con el pliegue inguinal, el torso parece hundirse en su centro marcando una profunda vertical, sobre la que se cruza el doble arco pectoral también muy marcado.  Se acentúan también las líneas divisorias entre brazos y piernas que él bautizaría como hidartrosis, en fin todos los volúmenes y formas geométricas con las que soñara Platón, están aquí presentes.

 

         La cabeza es perfecta, como una de esas esferas dada por los dioses a los hombres por considerarlas la parte más noble del cuerpo y reflejo de la imagen del universo.  Polícleto recoge en esta esfera un rostro de mirada serena y embelesada, detenida posiblemente en un tiempo anterior, hierático como todos los kuroi.

 

         Por todo ello algunos autores han tildado esta obra como de demasiado pesada y no exenta de cierta robustez y además de ser una obra arcaizante que está dentro de los límites de la frontalidad de los kuroi y de las korai.  En fin, la imperfección de lo perfecto, sin  embargo el Doríforo se identificará plenamente con el Canon y será el prototipo de belleza, de medida y de armonía eterna.

 

LA  AFRODITA DE CNIDO. SIGLO IV a de J.C. MUSEO VATICANO. PRAXÍTELES

 

         Introducción:

 

         Esta escultura es una representación de la estatuaria griega de todos los tiempos, donde la figura femenina desnuda se presenta como tema central.  Los griegos del siglo V consideraban que todo tenía una forma ideal, de la cual los fenómenos de la existencia ordinaria -que son los verdaderamente existen- eran unas copias más o menos reales. Quedaba para el artista el interpretar dicha forma ideal con sus deformaciones concretas o perfeccionar lo que la Naturaleza había mostrado o dejado sin acabar.  La escultura clásica no fué una simple yuxtaposición de miembros y partes del cuerpo que el artista observaba en sus modelos sino que el criterio griego de forma ideal consistía en un equilibrio entre la necesidad funcional y un esquema ideal, pero este era masculino -el atleta- y no la mujer, especialmente  durante el siglo V antes de J.C.

 

        A principios del siglo IV a. JC. aparece en la estatuaria griega algunos avances  importantes que la harán más realista,  como  son: la expresión de los sentimientos humanos, la aparición del retrato individualizado, la ruptura de la composición rígida en eje vertical, el ritmo "deambulatorio", etc..  Todo ello se inscribe en una generalizada tendencia al realismo con el consiguiente abandono del idealismo clásico propio del siglo anterior. A este periodo los estudiosos lo llamarán “postclásico”, otras innovaciones que este periodo aportará son el cambio en los temas esculpidos: los atletas victoriosos de los templos serán sustituidos por cuerpos desnudos de héroes, cuyo combate más duro será vencerse a sí mismo, y el desnudo que, poco a poco, irá adquiriendo un significado más hedonista y sensual. De ahí  que los escultores se van a fijar en la figura femenina, cuyos cánones de belleza aplicarán a las representaciones de diosas y de sus jóvenes sacerdotisas.

      

        Uno de los máximos representantes de esta tendencia es el jonio Praxíteles, que es después de Fidias,  ha sido el más famoso de los escultores griegos, no sólo por la gracia de sus esculturas sino también por la lánguida postura en “S” que dará  mayor naturalismo y realismo a sus obras. Además de que es el primer artista  que esculpió un desnudo femenino.

 

       Análisis de la obra:

 

        La imagen representada es la de la diosa  Afrodita, posiblemente saliendo del baño y que es conocida como la Afrodita del Cnido. Esta escultura exenta será realizada en mármol por  Praxíteles hacía el 350 a. J.C. Tiene una altura de 2´05 m. y se encuentra, como copia romana, en el Museo Vaticano.

 

         Esta escultura presenta las características formales típicas de las esculturas praxitelianas: tiene un brazo tranquilamente apoyado sobre un soporte, que en este caso sostiene un paño o toalla que esta sobre la jarra del agua, lo que hace que el otro hombro quede ligeramente desplazado, para  contrarrestar el resto del peso del cuerpo (contrapposto praxiteliano). Respecto a los miembros inferiores, posee una pierna en posición de movimiento, únicamente apoyada con la punta del pie y otra completamente apoyada soporta el peso del cuerpo. Por último, la cabeza queda suavemente  ladeada, en actitud naturalista. Esta composición es típica de Praxíteles, en forma de "S", que da movimiento natural a la figura y que se conoce como curva praxiteliana,  característica común a  todas las esculturas de este maestro.

 

         A su vez, otra innovación respecto al siglo V, presenta una ruptura con el equilibrio clásico ya que la figura tiene distintos puntos de vista y no uno concreto. Para visualizar dichos puntos de vista, el espectador tiene que pasear alrededor de ella, con lo que se crea una atmósfera envolvente y un espacio circundante lleno de perspectivas.

 

         En cuanto a la calidad de su talla, las estatuas praxitelianas tiene como característica el exquisito tratamiento dado a la superficie del mármol:  modelado con calidad táctil sobre todo el cuello, el cuerpo y la cara, frente al tratamiento del cabello, que se ha dejado con un tocado relativamente tradicional y poco trabajado,  para conseguir el efecto de contraste. A este sutil  acabado de las esculturas se le conocerá, posteriormente, con el nombre de “esfumatura”.

 

         Otra innovación que aporta Praxíteles es la búsqueda de la expresión de los sentimientos humanos. Respecto a la expresión de esta escultura, la Afrodita de Cnido presenta  un gesto armónico y complaciente de nostalgia que rompe con la severidad y frialdad de la época anterior. De esta manera el arte de Praxiteles se volcaba no tanto en los caracteres generales de la estructura cuanto en la tierna vitalidad de su trabajo sobre el mármol.

 

         Sin embargo, la mayor consecución de Praxíteles es la  concepción de la belleza femenina, que esta representada en la imagen de la Afrodita del Cnido, que, además, es el primer desnudo femenino griego que se conoce. Es necesario imaginar a la diosa Afrodita con su carnosidad sólida y serena, animada por el movimiento, que le da la curva praxiteliana, y que se puede encontrar también  en otras esculturas del mismo autor como el Hermes con Dionisos o Hermes de Olimpia. Así, este desnudo de formas amplias y luminosas, animadas en cada una de sus partes por una sensibilidad nueva y con una calida superficie -esfumatura-, podría estar diseñado para ser el  centro de un templo circular columnado, el clásico tholos, como una especie de  principio de armonía y de  belleza vital del mundo.

 

         Por todo ello, esta escultura de Afrodita es una de las más famosas de la antigüedad y de ella nos han llegado réplicas y numerosas variantes desde la época helenística como la Venus de Milo hasta la época romana - donde fue profusamente copiada-, creando una tipología de representación femenina que ha llegado hasta la actualidad en su variante clásica.

 

EL LAOCONTE. Copia en mármol del bronce del PERÍODO HELENÍSTICO Siglo III a J.C. ESCUELA DE RODAS. MUSEO VATICANO.

AGESANDRO, POLIODORO Y ATENODORO.

 

          Introducción:

            

          El helenismo supone la universalización de la cultura griega. Tras las conquistas de Alejandro Magno (356-323), Grecia ve cómo su cultura se funde con la oriental y, en poco tiempo, la vieja Atenas que había dirigido el mundo cultural durante las últimas centurias, ve aparecer otros focos que competirán con ella: Rodas, Alejandría, Pérgamo, Antioquía, etc. Ciudades en las que florecerán como centros económicos y culturales, con observatorios astronómicos, museos y bibliotecas.

En un breve período de tiempo, en el marco de la vida griega se produce una transformación radical de concepción política, de relaciones económicas y de cambios profundos en la vida social.

Las experiencias recientes de las guerras del Peloponeso (431-404 a.C.) habían sido duras y trágicas para los griegos que atravesarán un momento de crisis, sobre todo en lo que hace referencia a los valores públicos y morales que habían encumbrado la polis y la democracia griega.

La época helenística supondrá  pues, un período de reajuste psicológico  El ciudadano se ve diluido en la abstracta y grandiosa red política y administrativa del Imperio de Alejandro. Se aprecia un desarrollo de la individualidad desconocida en la época de las polis y el lenguaje del corazón y las pasiones sustituye al del mito y la razón, de carácter más universal.

El artista plástico no es ajeno a estos cambios y centrará su atención en representar experiencias, emociones, momentos de emoción y tensiones máximas. Ese reflejo de las convulsiones que con toda intensidad agitan la vida del individuo es lo que se ha denominado barroquismo helénico. El grupo escultórico de Laoconte es un fiel exponente de todo ello.

Si el punto de partida de la escultura griega había sido el momento arcaico, el helenismo será el de llegada, su contacto con la estatuaria romana y su continuación. El legado escultórico griego formará con Roma el concepto de clasicismo en cuanto a realidad, perdurabilidad en el tiempo y permanencia.

 

          Análisis de la obra:

 

          Los estudiosos del Arte no se ponen de acuerdo a la hora de establecer una cronología exacta de Laoconte. Sus opiniones a la hora de establecer el momento de su ejecución van desde el siglo II a. J.C. al I d. J.C. ya que lo que tenemos hoy, es una copia romana en mármol de un original griego en bronce. Quizá la explicación más real sería aceptar que fue realizado a mediados del siglo I a.C. por unos escultores que adaptaron obras helenísticas para sus clientes romanos. El Laoconte podría ser la adaptación de un grupo de dos figuras realizado en bronce en el siglo III ó II a. J.C. al que se añade una tercera para hacerla coincidir con el relato de Virgilio en el que aparecen por primera vez un padre y sus dos hijos asesinados por las serpientes (las versiones anteriores sólo mencionaban al padre y a un hijo o a los dos hijos sin el padre).


Según el pasaje de Virgilio en la Eneida, Laoconte, sacerdote del templo de Neptuno, exhortó a sus compatriotas a que rechazaran el gigantesco caballo en el que se ocultaban los soldados griegos. Los dioses, al ver frustrados sus planes de destruir Troya, enviaron dos gigantescas serpientes de mar para que dieran muerte al sacerdote y a sus dos hijos estrujándolos con sus anillos.


El grupo escultórico de Laoconte está dentro de todos los planteamientos del arte helenístico en el que la exploración de la emoción humana es una constante. El pathos, reacción personal ante lo inmediato, sustituye al ethos, sentido plástico y búsqueda de la belleza pero falto de contenido expresivo de la época clásica.

Laoconte es la representación del dolor, de la angustia, de la tragedia humana concentrada en el gesto desesperado y agónico de la figura central que se ve castigado por aventurar la verdad de lo que iba a acontecer. Pero quizá el gesto supere a la expresión del rostro: los cuerpos retorciéndose ante el suplicio, la composición de las figuras a partir de la diagonal marcada por la figura principal, el ritmo de brazos y piernas, las curvas de las serpientes, etc., se complementan para acentuar la tensión dramática del momento. El gesto del sacerdote, intentando frenar con sus manos el ataque de las serpientes, pone su cuerpo en una tensión que contrasta con el cuerpo ya inerte de la figura de la izquierda y con la mirada interrogante del hijo mayor –a nuestra derecha- que no acierta a comprender lo que ocurre a la vez que intenta soltarse del abrazo del reptil.


El grupo, con un  único punto de vista frontal, se enmarca perfectamente en una composición triangular.  De esta manera deja  a los lados el canon desproporcionado de los hijos que, unido a la menor carga dramática, centra toda la atención del espectador en el poderoso cuerpo de Laoconte que manifiesta una expresión marcada por la tortura del ataque y por la angustia de ver morir a sus hijos.

 

          El trazado curvilíneo de la escultura y su dinamismo, la tensión de los músculos de torso, brazos y piernas y el convencimiento de que todo esfuerzo iba a resultar inútil ante el trágico final,  convierten a la escultura en la representación del héroe griego poseedor de un alma noble. Un alma que se refleja en el rostro dolorido, marcado por el esfuerzo titánico y surcado por las arrugas, al que el trabajo al trépano de cabello y barba sirven de complemento ideal.


¿Qué significado podemos extraer de Laoconte? ¿Podemos interpretar el gesto de tragedia en su sentido emotivo religioso? ¿Iba el vaticinio del sacerdote contra la voluntad de los dioses que habían decidido apoyar a los helenos y conquistar Troya? Si la escena es una venganza de los dioses, el mensaje puede ser terrible para el espectador: los dioses poderosos castigan con la muerte a los hombres que no ejecutan sus designios. Es quizá el reflejo de una nueva forma de pensamiento de una época en la que el hombre ha perdido la confianza en las divinidades y se entrega a la fatalidad de lo imprevisible.


Descubierta en 1506 en los restos arqueológicos del palacio romano del emperador Tito ( siglo I ), ejercerá una influencia extraordinaria en Miguel Ángel y en los artistas que preludian el Barroco. Actualmente se encuentra en los Museos Vaticanos.
 


 

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