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Distintas vistas del Teatro Popular
151207 - "Tengo
el mismo interés por la vida que cuando era joven", dijo
durante la inauguración en abril del 2007, del Teatro Popular de
Niteroi, en el estado de Río de Janeiro, en Brasil. Se trata de
un edificio curvilíneo que recuerda a una mujer tumbada sobre el
césped.
Óscar Niemeyer ha inaugurado el Teatro Popular de Niteroi
(Brasil), una obra que considera su proyecto "más demorado y
difícil de realizar" cuyo costo está alrededor de los cinco
millones de euros.
El teatro es la sexta obra de Niemeyer en Niteroi, una ciudad
situada en la bahía de Guanabara, frente a Río de Janeiro, y
tiene todos los elementos característicos de los trabajos del
arquitecto, como estas curvas de hormigón.
El teatro cuenta con un palco reversible que puede servir para
espectáculos de cara a una platea interior pero que también
puede abrirse hacia una plaza con capacidad para 10.000
personas.
La obra cuenta con dos paneles gigantes de azulejos con bocetos
de figuras humanas en movimiento.
Dejando solo una gran ventana de cristal abrazada por paredes
blancas, Niemeyer crea una fachada que refleja el cielo y parece
acercarlo a la tierra, o quizá algo de su poder divino a este
lugar de las artes. Por otra parte, algunos sketches sobre muros
amarillos, despiden tanta energía que uno se pregunta de donde
provienen. Todo el proyecto recae en una elaborada y efectiva
simplicidad.
El Teatro Popular de Niteroi -
Laura Della Badia
Ha sido definido por Niemeyer como la obra más difícil de su
carrera y que ha conllevado también un importante esfuerzo
financiero.
Su presencia se liga al así llamado "Camino Niemeyer", el
recorrido de obras realizadas por él en esta ciudad, que surge
en el estado de Río de Janeiro, y que es el segundo centro de
Brasil, después de Brasilia, que cuenta con el mayor número de
obras que llevan la firma de Niemeyer.
También en este caso el signo distintivo es su inconfundible
lenguaje hecho de curvas, sinuosidades e imágenes estilizadas. A
la superficie cubierta de unos 1.000 metros cuadrados, con un
auditorio de 350 butacas, se suma la mucho más amplia de la
plaza de 17.000 metros cuadrados, que puede acoger hasta 10.000
espectadores.
La permeabilidad entre el interior y el exterior es, de hecho,
uno de los aspectos peculiares de este teatro, gracias también a
una pared de cristal que ofrece un espectacular panorama de la
Bahía de Guanabara y que permite ver lo que sucede en el
interior, incluso permaneciendo en la gran plaza. Dos enormes
paneles de baldosas de colores revisten, en cambio, lateralmente
la estructura, avivando su aspecto con imágenes de figuras
humanas en movimiento.
El amarillo de las fachadas y el verde de las paredes son además
un homenaje a la bandera de Brasil, como ha afirmado el propio
proyectista que, en éste como en otros proyectos, ha utilizado
la forma y los colores para crear sorpresa y armonía.
Inicialmente concebido con líneas más simples, el teatro ha
seguido después la fantasía de Niemeyer, que ha hecho de éste
una expresión de alegría y de vitalidad, confirmando además su
capacidad para usar el cemento como materia expresiva.
La elección de una platea enorme, que puede abrirse hacia la
plaza y acoger a miles de personas, quiere ser precisamente un
homenaje al pueblo y a la tradición de música y espectáculo de
Brasil. La audacia de su composición, los grandes espacios, las
líneas onduladas y los colores claros hacen de esta obra una
especie de escultura, confirmando lo que ha sido dicho de
Niemeyer: un escultor monumental más que un arquitecto.
Las obras, que han costado unos 5 millones de euros, han sido
financiadas en parte por la ciudad de Niteroi y en parte por el
Ministerio de Turismo. Pero también ha sido firmado un nuevo
acuerdo entre el Ayuntamiento de Niteroi y el gobierno federal
para llevar a cabo las obras de la Fundación Niemeyer, que
surgirá precisamente junto al Teatro Popular.
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Distintas vistas del interior y
del exterior del Teatro Popular de Niemeyer en Niteroi |
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