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Los orígenes del movimiento
cubista cabe situarlos en 1907, fecha en la que
Pablo
Picasso
pintó su famoso cuadro
"Las señoritas de Avignon",
así como en la exposición antológica que se celebró en Paris a honor de Paul
Cézzane, muerto un año antes. A
Guillaume Apollinaire se le debe la primera clasificación de los
distintos tipos de Cubismo tras la publicación en 1913 de Méditations
esthétiques. Les peintres cubistes.
La pintura cubista
I.
Las virtudes plásticas: la pureza, la unidad y la verdad tienen bajo si a la
naturaleza domada.
Inútilmente se cubre el arco iris, las estaciones tiemblan, las muchedumbres
corren hacia la muerte, la ciencia deshace y recompone lo que existe, los
mundos se alejan para siempre de nuestra concepción, nuestras fugaces
imágenes se repiten o resucitan su inconsciencia y los colores, los olores,
los rumores que impresionan nuestros sentidos nos sorprenden, para
desaparecer después en la naturaleza.
Este fenómeno de belleza no es eterno. Sabemos que nuestro espíritu no tuvo
principio y que nunca cesara, pero, ante todo, nos formamos el concepto de
la creación y del fin del mundo.
Sin embargo, demasiados artistas-pintores siguen adorando las plantas, las
piedra, la ola o los hombres.
Nos acostumbramos pronto a la esclavitud del misterio, que termina por crear
dulces placeres.
Dejamos a los obreros gobernar el universo, y los jardineros tienen menos
respecto por la naturaleza que los artistas.
Ya es hora de ser sus amos.
La buena voluntad no garantiza en absoluto la victoria.
De este lado de la eternidad danzan las mortales formas del amor y el nombre
de la naturaleza resume su pésima disciplina.
La llama es el símbolo de la pintura y las tres virtudes clásicas flamean
radiantes.
La llama tiene esa unidad mágica por la cual, si se la divide, cada llamita
es semejante a la llama única.
Finalmente, tiene la verdad sublime de la luz que nadie puede negra.
Los artistas-pintores virtuosos de esta época occidental consideran su
pureza en oposición a las fuerzas naturales.
Ella es el olvido después del estudio. Y para que un artista puro muriera no
deberían haber existido todos los de los siglos pasados.
La pintura se purifica en occidente con aquella lógica ideal que los
pintores antiguos transmitieron a los nuevos como si les diesen la vida.
Y esto es todo.
El hombre vive en el placer, otro en el dolor, algunos malbaratan la
herencia, otros se hacen ricos, y otros, finalmente, no tienen mas que la
vida.
Y esto es todo.
No se pueden llevar consigo a todas partes el cadáver de nuestro propio
padre.
Se le abandona en compañía de los muertos. Se le recuerda, se le llora, se
habla de el con admiración.
Y, si nos toca llegar a ser padres, no debemos esperar que uno de nuestros
hijos vaya a desdoblarse por la vida de nuestro cadáver.
Pero en vano nuestros pies se levantan del suelo que guarda los muertos.
Estimar la pureza es bautizar el instinto, humanizar el arte y divinizar la
personalidad.
La raíz, si el tallo, la flor de lis muestran la progresión de la pureza
hasta su floración simbólica.
Todos los cuerpos son iguales ante la luz y sus modificaciones surgen de
este poder luminoso que construye a su voluntad.
Nosotros no conocemos todos los colores y cada hombre los inventa nuevos.
Pero el pintor debe, ante todo, representarse su
divinidad, y los cuadros que ofrece a la admiración de los hombres le
concederán la gloria de ejercer momentáneamente su propia divinidad.
Para eso es necesario abarcar con una mirada el pasado, el presente y el
futuro.
El lienzo debe presentar esta unidad esencial que por si sola provoca el
éxtasis.
Entonces nada fugitivo nos arrastrara al azar.
No volveremos atrás bruscamente.
Libres espectadores, no abandonaremos nuestra vida por nuestra
curiosidad.
Los contrabandistas de las formas no defraudaran nuestras estatuas de
sal ante la aduana de la razón.
No vagaremos por el provenir desconocido, que, separado de la eternidad,
no es mas que una palabra destinada a tentar al hombre.
No nos extenuaremos por aferrar el presente demasiado fugaz. Este no
puede significar para el artista mas que la mascara de la muerte: la
moda.
El cuadro existirá ineluctablemente.
La visión será entera, completa y su infinito, en lugar de señalar una
imperfección, solo hará remontarse la relación de una nueva criatura con
un nuevo creador, y nada mas.
Sin lo cual no habrá unidad, y las relaciones entre los distintos puntos
del lienzo con diferentes temperamentos, con diferentes objetos, con
diferentes luces, no mostraran mas que una multiplicidad de desemejanzas
sin armonía.
Porque si puede haber un numero infinito de criaturas que testimonia
cada una por su propio creador, sin que ninguna ocupe el espacio de las
que coexisten, es imposible concebirlas simultáneamente y su muerte
proviene de su superposición, de su mezcolanza, de su amor.
Cada divinidad crea su propia imagen: así también los pintores.
Solo los fotógrafos fabrican la reproducción de la naturaleza.
La pureza y la unidad nada cuentan sin la verdad que no se puede
comparar con la realidad, ya que siempre es la misma, al margen de todas
las fuerzas naturales que se esfuerzan por mantenernos en el orden fatal
en el que no somos mas que animales.
Ante todo, los artistas son hombres que quieren hacerse inhumanos.
Buscan penosamente las huellas de la inhumanidad, huellas que no se
encuentran en ningún lugar en la naturaleza.
Pero nunca se descubrirá la realidad de una vez para siempre. La verdad
será siempre nueva. Si no, no seria mas que un sistema mas mísero que la
naturaleza.
En este caso, la deplorable verdad, cada día mas lejana, menos clara,
menos real, reduciría la pintura al estado de escritura plástica,
destinada solamente a facilitar las relaciones entre gentes de la misma
raza.
Hoy encontraremos pronto la maquina para reproducir tales signos, sin
significado.
II
Muchos pintores nuevos no pintan mas que cuadros en los que no hay un
autentico tema.
Los títulos que hay en los catálogos desempeñan la función de los
nombres que designan a los hombres sin caracterizarlos.
Así como existen Legros que son delgadísimos, y Leblonds que son muy
morenos, he visto lienzos llamados Soledad llenos de figuras.
En estos casos aun se admite, a veces, usar palabras vagamente
significativas como "Retrato" "Paisaje" "Naturaleza Muerta", pero muchos
jovenes artistas-pintores no emplean mas que el vocablo genérico de
"Pintura".
Estos pintores, si observan la naturaleza, ya no la imitan y se dedican
cuidadosamente a la representación de las escenas naturales observadas y
reconstruidas mediante el estudio.
La verosimilitud no tiene ya ningún valor, porque el artista lo
sacrifica todo a la verdad, a la necesidad de una naturaleza superior
que el imagina sin descubrirla.
El tema ya no cuenta, o apenas cuenta. En general, el arte moderno
rechaza la mayor parte de los medios empleados por los grandes artistas
pasados para agradar.
Si el fin de la pintura es siempre, como lo fue en un tiempo, el placer
de la vista, ahora se pide al amante del arte que encuentre un placer
diverso del que le puede procurar, igualmente bien, el espectáculo de
las cosas naturales.
Nos encaminamos así hacia un arte completamente nuevo que será para la
pintura, tal como fue considerada hasta ahora, lo que la música es para
la literatura.
Será pintura pura, como la música es literatura pura.
El aficionado a la música experimenta, al escuchar un concierto, una
alegría distinta de cuando escucha los ruidos naturales, como el
murmullo de un arroyuelo, el mugido de un torrente, el silbido del
viento en el bosque o las armonías del lenguaje humano fundadas en la
razón y no en la estética.
Del mismo modo, los pintores nuevos procuraran a sus admiradores
sensaciones artísticas debidas únicamente a la armonía de las luces
contrastantes.
Es conocida la anécdota de Apeles y Protógenes que nos relata Plinio.
Muestra claramente el placer estético que resulta solo de esta
construcción contrastante de la que he hablado.
Apeles llega un día a la isla de Rodas para ver los trabajos de
Protogenes, que vivía allí. Este no estaba en su taller cuando Apeles
llego.
Una vieja cuidaba una tela lista para ser pintada. Apeles, en lugar de
escribir su nombre, trazo sobre la tela una línea tan delicada como
jamás podía verse algo mas logrado.
A su regreso, Protógenes la vio y reconoció la mano de Apeles y trazo
sobre ella otra línea de distinto color y mas fina, de modo que parecían
tres.
Apeles regreso al día siguiente sin hallar al que buscaba, y la finura
de la línea que trazo hizo desesperar a Protógenes.
Aquella pintura provoco por mucho tiempo la admiración de los
entendidos, que la admiraban con tanto placer como si, en lugar de
mostrar unos trazos casi invisibles, representase dioses y diosas.
Los jóvenes artistas-pintores de las escuelas de vanguardia tienen como
objetivo secreto hacer pintura pura.
Es un arte plástico completamente nuevo.
Apenas esta en su comienzos y todavía no es tan abstracto como querría
ser.
La mayor parte de los nuevos pintores hacen matemáticas sin conocerlas,
pero aun no han abandonado la naturaleza que interrogan pacientemente
para que les enseñe el camino de la vida. Picasso estudia un objeto como
un cirujano diseca un cadáver.
Este arte puro, aun si logra liberarse completamente de la antigua
pintura, no provocara necesariamente su desaparición, como el desarrollo
de la música no ha provocado la desaparición de los distintos géneros
literarios; como la aspereza del tabaco no ha sustituido el sabor de los
alimentos.
III
A los nuevos artistas-pintores se les han reprochado vivamente sus
preocupaciones geométricas.
Sin embargo, las figuras de la geometría son la base del dibujo. La
geometría, ciencia que tiene por objeto el espacio, su medida y sus
relaciones, fue en todo tiempo la regla misma de la pintura.
Hasta ahora las tres dimensiones euclidianas bastaban a las inquietudes
que el sentimiento de lo infinito despierto en el animo de los grandes
artistas.
Ciertamente, los nuevos pintores no se proponen, en mayor medida que los
antiguos, ser geómetras.
Pero se puede decir que la geometría es a las artes plásticas lo que la
gramática es al arte del escritor.
Hoy los sabios ya no se atienen a las tres dimensiones de la geometría
euclidiana. Los pintores se han visto llevados naturalmente, y, por así
decirlo, intuitivamente, a preocuparse por nuevas medidas posibles del
espacio que, en el lenguaje figurativo de los modernos se indican todas
juntas brevemente con el termino de cuarta dimensión.
Así, tal como se ofrece al espíritu, desde el punto de vista plástico,
la cuarta dimensión seria generada por las tres dimensiones conocidas:
ella representa la inmensidad del espacio eternizándose en todas las
dimensiones en un momento determinado.
Es el espacio mismo, la dimensión de lo infinito, y da plasticidad a los
objetos. les da en la obra las justas proporciones, mientras que en el
arte griego, por ejemplo, un ritmo en cierto sentido mecánico las
destruye sin tregua.
El arte griego tenia una concepción puramente humana de la belleza.
Consideraba al hombre como medida de la perfección.
El arte de los nuevos pintores considera al universo infinito como ideal
y a este ideal se debe la nueva medida de la perfección, que permite al
artista-pintor se debe la nueva medida de la perfección, que permite al
artista-pintor, dar al objeto proporciones conformes al grado de
plasticidad a que el quiera llevarlo.
Nietzcshe había adivinado la posibilidad de un arte semejante.
"'¡Oh, divino Dionisos! ¿Por que me tiras de las orejas? -pregunta
Ariadna a su filosófico amante en uno de los celebres diálogos en la
Isla de Naxos-. En tus orejas veo algo agradable, Ariadna; ¿Por que no
las tienes mas largas todavía?":
Cuando Nietzsche refiere esta anécdota, hace, en boca de Dionisos, el
proceso al arte griego.
Añadamos que esta abstracción, "la cuarta dimensión", no ha sido mas que
la manifestación de las aspiraciones, de las inquietudes de un gran
numero de jóvenes artistas que se interesaron por las esculturas
egipcias, negras y oceánicas, y meditaron obras científicas con las
esperanzas puestas en un arte sublime; hoy ya no se da esta expresión
utópica, que había que poner de relieve y explicar sino un interés en
cierto modo histórico.
IV
Al querer alcanzar proporciones ideales, no contentándose con las
humanas, los jóvenes pintores nos ofrecen obras mas cerebrales que
sensuales. Cada vez se alejan mas del antiguo arte de ilusiones ópticas
y de proporciones locales para expresar la grandeza de las formas
metafísicas.
Por esto, el arte actual, aun no siendo la emanación directa de
creencias religiosas determinadas, presenta muchos caracteres del gran
arte, es decir, del arte religioso.
V
Los grandes poetas y los grandes artistas tienen la misión social de
renovar sin tregua las apariencias que reviste la naturaleza a los ojos
de los hombres.
Sin los poetas y los artistas, los hombres se aburrirían pronto de la
monotonía natural. La idea sublime que tienen del universo se
derrumbaría con una rapidez vertiginosa.
El orden que aparece en la naturaleza, y que no es mas que efecto del
arte, se desvanecería rápidamente.
Todo se desharía en el caos.
Ya no habría ni estaciones, ni civilización, ni pensamiento, ni
humanidad, ni siquiera vida, y la imponente oscuridad reinaría para
siempre.
Los poetas y los artistas determinan, de común acuerdo, el carácter de
su época, y el provenir se conforma dócilmente a su idea.
La estructura general de una armonía es semejante a las figuras trazadas
por los artistas egipcios y, sin embargo, estos eran muy distintos los
unos de los otros. Pero se conformaron al arte de su época.
El carácter propio del arte, la nueva función social es crear esta
ilusión: el tipo.
¡Solo Dios sabe cuanto se han burlado de los cuadros de Manet y de
Renoir! Pues bien, basta echar un vistazo a las fotografías de la época
para darse cuenta de que personas y cosas se conforman totalmente a las
imágenes de estos pintores.
Esta ilusión me parece totalmente natural, ya que las obras de arte son
lo mas rotundo que produce una época desde el punto de vista de la
forma. Esta energía se impone a los hombres y es para ellos la medida
plástica de una época.
Así, los que se burlan de los nuevos pintores, se mofan de la propia
figura, ya que la humanidad del futuro se figurara la humanidad de hoy
según la representación que los artistas del arte mas vivo, es decir mas
nuevo, hayan dejado de ella.
No me digáis que hay hoy pintores en los que la humanidad puede
reconocerse pintada a su imagen.
Todas las obras de arte de una época acaban por parecerse a las obras de
arte mas vigorosas, mas expresivas, mas típicas.
Las muñecas nacieron de un arte popular y siempre parecen inspirarse en
las obras de un gran parte de la misma época.
Es una verdad fácil de comprobar.
Y, sin embargo, ¿quien se atrevería a decir que las muñecas que se
vendían en las tiendas hacia el 1880 se fabricaron con un sentimiento
análogo al de Renoir cuando pintaba sus retratos? Entonces nadie se daba
cuenta de ello.
Sin embargo, esto significa que el arte de Renoir era lo bastante
vigoroso, lo bastante vital para imponerse a nuestros sentidos, mientras
que al gran publico de la época en que el comenzaba sus concepciones
estas le parecían otros tantos absurdos y locuras.
VI
Se ha considerado a veces, y en particular a propósito de los
artistas-pintores mas recientes, la posibilidad de una mistificación o
de un error colectivo.
Ahora bien, no se conoce en toda la historia del arte una sola
mistificación y ni siquiera un error artístico que se hayan
generalizado.
Hay ejemplos aislados de mistificación y de error, pero los elementos
convencionales de que se componen en gran parte las obras de arte nos
garantizan que no pueden darse casos colectivos.
Si la nueva escuela de pintura nos presentase uno, seria un
acontecimiento tan extraordinario que habría que considerarlo un
milagro.
Concebir un caso de este tipo seria como pensar que en una nación todos
los niños nacieran, de repente, sin cabeza, sin una pierna o sin un
brazo, concepción evidentemente absurda.
No hay errores ni mistificaciones colectivas en el arte; no hay mas que
diversas épocas y diversas escuelas artísticas.
Si el fin que cada una de ellas persigue no es igualmente elevado,
igualmente puro, todas son del mismo modo respetables, y, según las
ideas que nos hagamos de la belleza, toda escuela de arte es sumamente
admirada, despreciada y nuevamente admirada.
VII
La moderna escuela de pintura lleva el nombre de cubismo. Le fue dado
despectivamente en el otoño de 1908 por Henri Matisse, que acababa de
ver un cuadro con casas, cuya apariencia cúbica le habría impresionado
fuertemente.
Esta nueva estética se fue elaborando primeramente en el espíritu de
Andre Deram, pero las obras mas importantes y mas audaces que produjo
fueron las de un gran artista al que también hay que considerar como un
fundador: Pablo Picasso.
Sus invenciones, apoyadas por el buen sentido de Georges Braque, que
expuso en 1908, un cuadro cubista en el Salón de los Independientes, se
hallaron formuladas en los estudios de Jean Metzinger, que expuso el
primer retrato cubista (el mio) en el Salón de los Independientes de
1910, y que, además hizo admitir ese mismo año obras cubistas por el
Jurado del Salón de Otoño.
También en 1910, aparecieron en los Independientes cuadros de Robert
Delaunay, de Marie Laurencin y de Le Fauconnier, que correspondían a la
misma escuela.
La primera exposición colectiva del cubismo, cuyos seguidores eran cada
vez mas numerosos, tuvo lugar en 1911, en los Independientes, donde la
Sala 41, reservada a los cubistas provoco una profunda impresión.
Allí se podían ver obras sabias y sugestivas de Jean Metzinger,
paisajes, el hombre desnudo y la mujer de los flocs, de Albert Gleizes;
el Retrato de Madame Fernande X y las Muchachas, de Marie Laurencin; La
torre, de Robert Delaunay, La abundancia, de Le Fauconnier, y los
Desnudos en un paisaje, de Fernand Leger.
La primera manifestación de los cubistas en el extranjero tuvo lugar en
Bruselas ese mismo año; en el prologo al catalogo de aquella exposición
yo acepte, en nombre de los expositores, los terminos cubismo y cubista.
A finales de 1911, la Exposición de los cubistas en el Salón de Otoño
tuvo una gran repercusión; no se escatimaron las burlas ni a Gleizes (La
caza, Retrato de Jacque Nayral), ni a Metzinger (La mujer de la
cuchara), ni a Fernand Leger. A estos artistas se había unido otro
pintor, Marcel Duchamp y un escultor-arquitecto, Duchampo-Villon.
Se celebraron otras exposiciones colectivas en noviembre de 1911 en la
Galería de Arte Contemporáneo, rue Tronchet de Paris; en 1912, en el
Salón de los Independientes, a la que se sumo Juan Gris; en mayo, en
España, donde Barcelona acoge con entusiasmo a los jóvenes franceses;
finalmente, en junio, en Ruan, una exposición organizada por la Sociedad
de Artistas Normandos, y que hay que recordar por la adhesión de Francis
Picabia a la nueva escuela.
El cubismo se diferencia de la antigua pintura porque no es arte de
imitación, sino de pensamiento que tiende a elevarse hasta la creación.
Al representar la realidad -concebida o la realidad-creada, el pintor
puede dar la apariencia de las tres dimensiones, puede, en cierto modo,
cubicar.
No podría hacerlo si ofreciera simplemente la realidad-vista, a menos de
simularla en escorzo o en perspectiva, lo que deformaría la cualidad de
la forma concebida o creada.
Cuatro tendencias se han manifestado actualmente en el cubismo tal como
yo lo he analizado. Dos de ellas son paralelas y puras.
El cubismo científico es una de las tendencias puras. Es el arte de
pintar composiciones nuevas con elementos tomados, no de la realidad
visual, sino de la realidad del conocimiento.
Todo hombre tiene el sentido de esta realidad interior. No es preciso
ser culto para concebir, por ejemplo, una forma redonda.
El aspecto geométrico que tan vivamente impresionó a quienes vieron las
primeras telas científicas derivaba del hecho de que la realidad
esencial se ofrecía en ellos con gran pureza y se eliminaba totalmente
el elemento visual y anecdótico.
Los pintores que pertenecen a esta tendencia son: Picasso, cuyo arte
luminoso se relaciona también con la otra corriente pura del cubismo;
Georges Braque, Metzinger, Albert Gleizes, la señorita Laurencin y Juan
Gris.
El cubismo físico, que es el arte de pintar composiciones con elementos
extraídos en su mayor parte de la realidad virtual.
Sin embargo, este arte depende del cubismo en su disciplina
constructiva. Tiene un gran porvenir como pintura de historia. Su
función social esta bien delineada, pero no es arte puro. En el se
confunde el tema con las imágenes.
El pintor físico que creo esa tendencia es le Fauconnier.
El cubismo órfico es la otra importante tendencia de la pintura moderna.
Es el arte de pintar composiciones nuevas con elementos no tomados de la
realidad visual, sino enteramente creados por el artista.
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