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I
Para el pintor como para el escultor, no existe otra luz
que aquella por medio de la cual se produce el modelado de las cosas, la
luz no parece ser el objetivo principal, sino un medio técnico que sirve
para revelar lo conocido de la profundidad de las tinieblas. Si la luz es
un simple medio técnico, es evidente que juega un rol de igualdad con
otros medios materiales, la luz está en el mismo nivel que cualquier
materia y posee un valor de igualdad con todos ellos, porque también
representan, de igual manera, los mismos medios y cualidades que la luz,
por los cuales se revela la idea, mostrando a través suyo la faz o forma
de las cosas que yacen en mi, como resultado de las reacciones de dos
fenómenos que existen en mi y fuera de mi.
De ahí, extraigo la siguiente conclusión, la pintura o la escultura no
revelan jamás ni la luz, ni el color, ni la forma sino la reacción que se
produce en la colisión de fuerzas que yacen fuera y dentro de mi.
Siempre se habla de la luz o del color como la tarea principal de revelar
la luz, el color y la forma, de modo que la idea de las reacciones que se
forman en mi es clara y conocida, es decir, revelada en toda su plenitud
real.
La idea así revelada será también la esencia del pintor y del escultor.
Por otro lado, la conciencia pictórica no concuerda con este problema y
dice que la idea de la pintura y de la escultura consiste en restituir la
idea externa; he llegado a pensar que para los pintores no existen objetos
(predmiet) que se encuentren fuera de mi, sino solamente lo que se
encuentra en mi. Esta última declaración habría encontrado su
justificación si el objeto dado se hallará fuera de mi, entonces no habría
servido de pretexto para lo que está en mi. Pero como existe el pretexto,
del cual gustan tanto hablar los pintores y los escultores, su voluntad
llega a depender de él y son impotentes para manifestar lo que yace en
su interior.
[1](... es decir, el pretexto
no se disuelve en mi y no está compuesto de elementos para configurar una
nueva forma. El pretexto se pone a dominar sobre mi propio yo y mi
voluntad obligando a mi voluntad creativa a someterse a sus leyes. En este
caso el pretexto se refleja como una pequeña reacción, producida sobre él
por mi emoción interior que representa también, a su vez, un proceso de
reacción de dos fuerzas, que se mantienen dentro y fuera. Doy a estos
momentos la denominación de pequeña reacción, y el nombre de gran reacción
lo doy a fenómenos que se dirigen con fuerza al exterior, cuando la forma
del fenómeno es vencida o se disuelve recíprocamente en un proceso
interior, creando una nueva forma.
Aquí tiene lugar la lucha de dos fuerzas por una nueva forma y lo que
llamamos momento de organización no es otra cosa que el proceso de lucha
de dos fuerzas que se oponen recíprocamente la una a la otra, debiendo
someterse a la idea que ha nacido en mi.
El hombre en su conjunto representa uno de los seres organizados de la
naturaleza con cierta energía de reacción, capaz de separar en sí mismo la
fuerza de formación y de sumisión. Tal ser encuentra en su ruta otro
cuerpo organizado semejante, y el momento del reencuentro comienza por la
separación de sus propias fuerzas de reacción una sobre otra. Los dos
cuerpos que se contradicen aquí no sirven de pretexto en la tarea de
reflejarse mutuamente sobre la pantalla de su actividad, sino sólo para
destruir mutuamente los obstáculos y los adelantamientos que se han
creado. Desde mi punto de vista no puedo considerar que haya
adelantamientos, sino es a partir de las reacciones recíprocas de una
nueva forma obtenida que enlaza en ella misma los dos últimos cuerpos.
Todo lo que existe en la naturaleza no ha sido creado sobre la base de los
pretextos, sino sobre la base de las causas, de los adelantamientos
recíprocos, de las reacciones sueltas que crean un nuevo cuerpo u
organismo que los une entre ellos.
El reencuentro de dos elementos naturales, del hombre y el mar, ha creado
por reacción un nuevo organismo, un bote o barco. Ni el bote ni el barco
significan en ellos mismos la victoria ni del mar sobre el hombre, ni del
hombre sobre el mar; es el simple lazo de un todo orgánico.
El bote a su vez, o bien el barco, no es la imagen del pretexto del mar,
esa imagen no está reflejada en él; no apela en él mismo al hombre, sino
sólo a un nuevo aspecto del organismo que me liga al mar y al mar conmigo.
La discusión pictórica está dirigida a la búsqueda de la autenticidad
pictórica: ¿qué debe revelar la pintura o la escultura? ¿Dónde está la
autenticidad revelable? Respondiendo a esta pregunta con los razonamientos
precedentes sobre el pretexto, observamos que la autenticidad de la
revelación no es una idea que yace fuera de mi; ni tampoco dentro de mi,
sino en el lugar donde se crea una tercera cosa en el proceso de las
reacciones. La revelación de esta tercera cosa sería entonces la
autenticidad.
La pintura, desde mi punto de vista, ha cumplido un proceso de revelación
de la idea, ha dirigido el trabajo sobre el conocimiento de las cosas, ha
hecho una búsqueda científica de los fenómenos y su realización, ha creado
su semejanza. A partir de los lienzos y de expresiones escultóricas en el
desarrollo de las artes plásticas, veo una línea según la cual se cumple
el desarrollo del proceso pictural, o bien plástico en general. Las
representaciones más remotas, las llamamos tentativas primitivas,
solamente porque el futuro ha representado la idea de manera más
autentica, más exacta, por ello todas las representaciones remotas han
sido clasificadas como primitivismo.
Todos los fenómenos del pasado del hombre llevan la denominación de
«primitivo», igual que la nuestra llevará, a su vez, la misma etiqueta.
Todo aspira, no solamente a la construcción artística, sino también a la
autenticidad real del estudio de la idea que en pintura se alcanza por la
autenticidad anatómica real de la representación, después atraviesa un
nuevo proceso de construcción sobre la base de leyes o elementos conocidos
en la naturaleza, a la revelación inmediata de nuevos agenciamientos de
formas.
La pintura, contrariamente a toda afirmación sobre la esencia de la tarea
del Impresionismo, con una voluntad de no alcanzar más que la impresión,
puede difícilmente estar de acuerdo con tal tarea, al saber que no se
prepara enteramente para devolver la autenticidad, sino solamente la
impresión.
Supongo que ninguna ciencia o cualquier otra actividad humana se resignará
a las simples impresiones, sino sólo a la autenticidad. Me parece
igualmente que la pintura quiere manifestar el principio auténtico, no su
impresión.)
La segunda conciencia pictórica no se
reconcilia con la proposición precedente, correspondiendo al objeto decir
que la luz es lo que posibilita su revelación, esto es el primer y
principal trabajo de la pintura; los objetos no son más que los lugares
sobre los cuales vibra la luz, el trabajo del artista es el de revelar,
pues los objetos ya revelan, representando las formas en otro orden de
conciencia.
Para la conciencia pictórica de los puntillistas la luz deviene el
problema del movimiento pictórico. La luz no es ya un pretexto, sino uno
de los enunciados precisos para resolver el problema de la luz y de la
idea pictórica. No es aquí la cuestión del hecho de la oscilación luminosa
como pretexto para reproducir sobre la tela una nueva modificación. Aquí,
se produce la mayor tensión de revelación de la luz auténtica, no se trata
de la impresión, la ciencia del puntillismo aspira a resolver en la
pintura, por una vía física, el problema de la luz viva.
El último hecho pictórico del puntillismo me obliga a buscar su
justificación lógica en las profundidades del movimiento histórico, en
tanto que ciencia pictórica cuya finalidad es conocer los fenómenos de la
naturaleza, después de haber atacado la revelación con la autenticidad de
su pintura.
De esta manera, la esencia (souchtchnost) pictórica está en la categoría
de la actividad científica, aspira de una forma u otra a revelar lo
auténtico, habiendo conseguido la identidad del fenómeno en el desarrollo
del hecho sobre la tela en forma de pintura, y en el espacio, en forma de
escultura.
En otros términos, aspira al desarrollo de libros científicos de la misma
manera que otras ciencias aspiran, con el estudio, descubrir la identidad
y la autenticidad del fenómeno de la naturaleza.
La ciencia pictórica puntillista, habiendo rechazado el estudio del
objeto, en otros casos la forma, parece probar que esta parte está, o bien
estudiada, es decir que su autenticidad anatómica está resuelta, o bien se
dirige a un nivel más elevado; pero el problema no ha sido resuelto,
permanece la luz; después de haber solucionado el problema de la luz, la
ciencia pictórica alcanzará una identidad completa de revelación del hecho
auténtico de la naturaleza.
Toda la ciencia pictórica ha seguido la vía del estudio de fenómenos de la
naturaleza y de la vida humana, representando en una mitad de su edificio
un trabajo literario, efectuando todos los análisis posibles de uniones de
materias, y en el otro, produciendo construcciones a partir de
experiencias y de leyes obtenidas en laboratorios.
Ejecuta el trabajo como cualquier otra ciencia, para analizar experiencias
físicas construye las obras prácticas. En la combinación de estas
necesidades, las interdependencias de fuerzas así conocidas y la simple
búsqueda por la búsqueda, ha dado finalmente los resultados indispensables
en la vida práctica.
Este último punto me da el derecho de suponer que el problema de la
esencia pictórica se manifiesta en el nuevo arte, negando la revelación
eterna de la naturaleza de la manera que ha tenido hasta entonces. Las
obras han pasado a un nuevo orden de expresión que se encuentra dentro y
fuera, paralelamente a las ciencias técnicas que reproducen sobre la base
de los resultados obtenidos, a través de experiencias de búsqueda en la
edificación de nuevas formas.
La conciencia pictórica ha pasado, en un caso, a la edificación de formas
prácticas en su búsqueda de una nueva forma. Otra parte de los pintores
han pasado a la no-figuración (bespredmietnost); se han formado dos
corrientes, una figurativa, práctica; la otra, no figurativa. No son dos
corrientes sino dos concepciones del mundo.
En esta última tendencia de la esencia pictórica se observa otro fenómeno,
la luz no juega el papel que jugaba con los puntillistas y, en general, en
todos los pintores. Aquí, se pone en primer término, el problema de la
revelación del color, pero no como elemento que yace fuera de cualquier
prisma, es decir, fuera de lo subjetivo, sino a través del prisma, es
decir, a través de cierta unión o construcción de cuerpos que darán tal o
cual refracción del color o de su intensidad. Cada prisma puede presentar
un parecido al hombre donde la misma luz o color pueden refractarse con
fuerza. De ahí que para estudiar el color, es indispensable dejarlo pasar
a través de los prismas pictóricos, y sólo las tendencias pictóricas
pueden ser tales prismas. Así, el cubismo, el futurismo representan
prismas pictóricos construidos, en los cuales tenemos distintos estados de
luz o de color.
En realidad, todas las tendencias no son otra cosa que los prismas en los
cuales el color es refractado de un modo distinto a los anteriores, y de
hecho, cada prisma muestra otro estado de una sola y misma materia, la
toma de conciencia cambia y, por consiguiente, la construcción depende
también de los hechos.
Para conocer tal o cual hecho, tal o cual acción, nos es indispensable
volver a su estudio, examinar todo el prisma para saber porque se produce
tal esclarecimiento o tal encoloración (otsviétchivanié) del hecho. Es
indiscutible que estamos delante de nuevos acontecimientos del movimiento
pictórico, cuya acción enfurece a la comunidad que en lugar de estudiar el
prisma, lo tira por tierra y lo rompe. Así, no resolveremos jamás ninguna
cuestión.
El prisma futurista construido por Marinetti ha mostrado la realidad del
mundo de un modo que no había sido visto hasta el momento, porque el arco
iris del mundo estaba enseñando un nuevo lado de la realidad. La comunidad
se indignó como antiguamente, no por la prueba (el prisma construido) de
que la tierra no posee una importancia primordial en el universo, sino que
ella misma gira cercana, al lado de otros soles.
Marinetti ha construido un prisma y espera el momento en que los indígenas
salvajes[2]
lo invectivarán.
Otro que ha construido un prisma con un aspecto definitivo es Pablo
Picasso, el prisma del cubismo; su suerte es idéntica.
Sobre la base de los dos primeros prismas de la ciencia pictórica he
logrado construir un tercero, que llamo suprematismo. Ha caído sobre mi
esclarecer progresivamente este prisma que supone mi trabajo principal en
la ciencia pictórica.
(Cada prisma parece una multitud de disciplinas imposibles de estudiar que
se desarrollan en el Gabinete físico correspondiente, que buscamos obtener
y que esperamos alcanzar en el futuro).
Para que esto resulte más claro, diré que la esencia pictórica no consiste
en el reflejo de lo visible, y todo lo visible no es un pretexto en el
sentido en que se comprende. La pintura es uno de los medios de
conocimiento del mundo de los fenómenos, y el fenómeno conocido en la
naturaleza o en la vida se expresa precisamente en una cierta construcción
de cada fenómeno, en la forma.
La cuestión de la revelación de la luz está en la pregunta, no en su
simple reproducción sobre la tela, es decir, en la repetición, pues una
solución a la cuestión sobre la luz no resolverá del todo el problema de
la luz. En este caso, la cuestión sería el conocimiento de un fenómeno
conocido. De esta manera tuvo lugar la experiencia pictórica científica
del puntillismo que, a través de una construcción puntiforme del color,
obtienen la sensación física de la luz.
Por otro lado, los pintores han comprendido la luz como cierto medio de
revelación de la obra. Suponían que la luz esclarecía lo auténtico, que
gracias a la luz todo fenómeno deviene limpio para el hombre que la luz
tiene la función particular de ofrecer claro lo oscuro y lo
incomprensible. Así, por ejemplo, los poetas y en general los hombres de
ciencia apelan al mundo «bajo la luz» , «seamos como el sol», vayamos
hacia la luz y por tanto el emblema sería el sol, de una manera o de otra,
veían en la luz solar el destello que puede aclarar nuestra vía cegada y
sombría. El sol puede aclarar los fenómenos escondidos en las tinieblas y
nuestra conciencia podrá tomar y revelar el lado real del fenómeno o de
la obra.
En realidad, pienso que si cada hombre es también sol, nada será de todas
maneras claro, y si hemos llegado al sol, entonces habrá igualmente
sombra, igual que en la tierra. Su luz habrá aclarado mi conciencia del
mismo modo que la luz se recoge en la pintura de la obra.
Toda la captura luminosa que hace el pintor, la captura del destello de
los rayos y el esclarecimiento, ha probado una cosa, que no hay luz con
funciones determinadas de esclarecer la verdad y que revelar su resplandor
como meta es imposible. La experiencia pictórica muestra únicamente dos
relaciones materiales diferentes de lo claro y lo oscuro, diferencias de
una sola y misma materia.
En la experiencia pictórica los rayos de luz han perdido la fuerza de
esclarecer, no vemos ya sobre la superficie el rayo luminoso, sino sólo la
factura del material. Aquella cosa que llamamos luz, deviene extinguida en
cualquier materia.
La tentativa de revelar la luz, su realidad física, ha obligado a los
puntillistas a construir sobre la tela puntos coloreados, no con el
objetivo de ofrecer solamente una impresión de Verdad, sino únicamente la
Verdad. Cada hombre quiere sobre todo conocer la Verdad, cualquier
impresión de lo Verdadero no le satisface, más que eso, quiere conocer las
causas de todas las causas, y es por ello que construye una cultura entera
con diversas llaves maestras para, con ellas, abrir la cerradura de la
silenciosa naturaleza que para ocultar su auténtico secreto ha escondido
la llave, por eso es poco probable que alguien un día llegue a
encontrarla.
No se trata pues de impresiones, sino de la casa de la vida, de lo
auténtico. Sólo los hechos auténticos pueden satisfacer al hombre. La
búsqueda de la luz, puede ser uno de los esfuerzos principales de cada
hombre, sabiendo que no se esclarece por la reverberación, pero que hará
más clara la vía auténtica que lleva a la Verdad.
El puntillismo ha sido la última tentativa en la ciencia pictórica que se
esfuerza por revelar la luz, fueron los últimos que creyeron en el sol, en
su luz y en su fuerza. Que sólo él revelará por sus rayos la Verdad de las
obras.
[3](Parece que los
puntillistas habían intentado resolver el problema de la luz, resolver la
tarea que no habían conseguido sus precursores pictóricos. El problema de
la luz en pintura y en escultura era uno de los medios principales porque,
solamente a través de ella se revela la forma.
Los puntillistas han asumido este trabajo, ignorando al objeto porque era
solamente el lugar sobre el cual se manifiesta la luz. Habiendo alcanzado
en su tarea algunos resultados a cerca del problema pictórico de la luz,
el pintor puede revelar la forma a través del orden y la realidad donde
ella se manifiesta en la naturaleza.
Para el puntillismo parece terminarse el realismo pictórico. La pintura ha
permitido el trabajo analítico y sintético de revelación de las cosas que
se encuentran alrededor del pintor.
Para ellos la luz ha podido cumplir un trabajo científico determinado y
todo un período de la idea pictórica que aspiraba a la expresión pictórica
natural y auténtica.
Tras ellos comienza una actividad pictórica dirigida hacia un nuevo
análisis y síntesis de la pintura pura, es decir, hacia la fabricación de
la materia pictórica en sí misma; la han deducido a partir de las
eflorescencias de la luz, produciendo la construcción de un nuevo cuerpo
pictórico a través del cual deberán construirse las cosas en el espacio de
la luz misma. Estos eran solamente los trabajos preparatorios de los
problemas pictóricos en el cubismo. En este dominio es el sabio pictórico
Paul Cezanne quien ha ocupado el lugar. Pero la cuestión de la luz no
desaparece).
En su lugar surgen nuevos trabajos, los
cubistas se ocupan también de resolver el problema de la luz. Ante ellos
aparece la misma cuestión, qué se puede considerar luz y qué se puede
considerar sombra. En (palabra ilegible) se introduce un desplazamiento (sdvig),
el concepto de luz se cuestiona de nuevo y se afirma que (palabra
ilegible) a través de lo cual es posible revelar la obra, es donde soñaban
llegar los puntillistas, no al espectro solar, que es solamente uno de los
medios. Las obras iluminadas y esclarecidas, no quieren decir que sean
reveladas, sólo es revelado aquello que es comprensible al espectador. Se
introduce un desplazamiento en el concepto del hecho, por luz entendemos
lo que es comprensible, por sombra lo que es incomprensible. De ahí, una
tela pintada en tonos negros y marrones puede ser viva, clara para quien
la ha comprendido, y a la inversa, una tela pintada de blanco será oscura
para el espectador que no la haya comprendido, no ha recibido el
conocimiento.
La conciencia del cubismo entiende por blanco no el material, sino el
momento de la toma de conciencia, por negro lo que no se comprende. El
blanco, el negro, lo claro, o la luz, cesarán de existir realmente en el
sentido en que eran comprendidos hasta entonces.
La continuidad de las antiguas experiencias se hace posible cuando todo lo
que es real en la conciencia de hoy desaparece, ni lo blanco, ni lo
negro, ni nada de lo que estaba ayer existe hoy. Nuevas circunstancias han
sido creadas, en virtud de lo cual la realidad se modifica. Ya en las
circunstancias dadas no se puede aplicar la realidad del pasado. No
podemos percibir el arco iris en la realidad de la conciencia de los
hombres del pasado. Para nosotros es más que un hecho, es la reacción
física de los rayos o de la luz a través de las gotas de agua.
No podemos admitir la continuidad histórica porque cada fenómeno tiene sus
propias circunstancias y por consecuencia, tiene también una nueva
relación-forma. El arte (palabra ilegible), la ciencia, el saber.
Parece que el concepto de luz debería permanecer sobre la única posición
de su realidad. Pero se asevera que su realidad cambia. En un caso, la luz
es considerada como algo intermediario a través de lo cual es posible
revelar la autenticidad, en otro caso, un medio semejante a los demás
materiales, por medio de los cuales se manifiesta la idea.
En el primer caso de la conciencia pictórica estaba el problema de la
revelación de la luz como medio particular para la revelación de la idea.
En el otro, la revelación contemporánea, la idea pictórica basada en la
manifestación del color que elabora su intensividad.
¿Para este fin se elabora entonces la intensividad coloreada? Siempre
permanece el mismo fin, la revelación de la idea coloreada. ¿Cuál es
entonces esta idea? ¿Es posible ante el esclarecimiento de la idea
preparar los medios? Cada idea exige los medios apropiados, como
consecuencia, la idea es ya algo a través de lo cual pasa la refracción de
los fenómenos y su descomposición en elementos que serán también los
medios de construcción de la idea, es decir, vendrá la realización de la
concepción del mundo.
[4](Repetir en otras palabras
que la idea es el resultado de reacciones de fuerzas que están en el
exterior y en el interior de su acción recíproca; se producen diversas
refracciones y constituciones de formas en este punto, llamado toma de
conciencia, en él comienza un proceso de construcción de fuerzas que son
reveladas en el proceso de reacción de fuerzas, de elementos, o de
materiales. De este modo, se produce en la conciencia la realización del
plan. Tenemos un plan real prestado, o bien, una constitución de formas
que aspiramos revelar hacia el exterior como algo suelto, un eslabón
orgánico que une mi interior con lo exterior.
Para revelar esta última cosa hay que trabajar sobre las ideas que son
aclaradas gracias a los materiales en el proceso de reacción. Considero
este trabajo positivo verdaderamente. No es que de ahí aparezcan
verdaderamente las disciplinas. Parece que el pintor toma conciencia de
su trabajo que se parece, a pesar de todo, a un fenómeno de la naturaleza
que intentamos conocer y argumentar).
Muchos piensan que el suprematismo tiene como
tarea revelar exclusivamente el color y que los tres cuadrados
construidos, rojo, negro y blanco representan también la manifestación del
color, e igualmente la resolución del problema pictórico en su pura
dimensión bidimensional como superficie plana. Desde mi punto de vista, el
suprematismo en tanto que superficie plana no existe, el cuadrado es
solamente una de las facetas del prisma suprematista, a través del cual el
mundo de los fenómenos se refracta de un modo distinto al cubismo, o al
futurismo. La captura de la luz, o bien del color, para la construcción de
una forma es negada totalmente por su conciencia, como rechazo total de
revelar figurativamente las cosas. Estableciendo la no-figuración (bespredmitnost),
la conciencia aspira con ello a lo absoluto. A partir de la construcción
de pantallas solares sobre las cuales llegará a ser definitivamente claro
cualquier fenómeno del mundo. No existe una unidad oscura que sea visible
y nítida sobre un disco de luz viva, no hay más que una unidad clara sobre
un disco oscuro.
Con el desarrollo del movimiento pictórico comienza a impulsarse al mismo
tiempo también el pensamiento pictórico, se inicia el proceso de
pensamiento que aspira a revelar y justificar, o bien, rechazar el
objetivo pictórico manifestado por el pintor. Así comienza a crearse la
filosofía de la creación pictórica que se alcanza en el sin-objeto (bespredmitnost)
o lo absoluto.
La pintura posee un objetivo semejante, desde mi punto de vista, a todas
las ciencias del hombre. Este objetivo se expresa con las palabras
«revelar», o manifestar. En un caso, el puntillismo ha descubierto que la
luz no es autenticidad, sino el resultado de auténticas oscilaciones
coloreadas. Parece que han encontrado la Verdad que produce la luz. Pero
es posible que el color no sea nada más que el resultado de las Verdades
que se tenían alrededor del saber. Así surgen entre nosotros una retahíla
de X que esperamos conocer en el futuro. Pero el futuro es elástico,
nuestros predecesores habían puesto sus esperanzas en que el futuro
revelaría la luz real, pero sus esperanzas han sido en vano, hoy solamente
hemos aprendido que la luz es el resultado de la Verdad, pero no la
Verdad.
Así ante nosotros hay una nueva Verdad, no sólo de la luz, sino también
del color que retomado en el futuro, no será la Verdad, sino el resultado,
como he dicho, de una nueva X.
Pero, a pesar de todo, en la búsqueda de la luz queda el objetivo
principal, la luz solar como medio de esclarecer no es suficiente para
aclarar las catacumbas excavadas por el hombre en busca de las
causalidades y de la revelación de sus autenticidades.
Es indispensable crear una nueva luz técnica para estas necesidades y en
este dominio se han producido perfecciones desde la que viruta encendía
el fuego hasta llegar a las lámparas eléctricas. La invención de la
lámpara eléctrica implica también la lámpara de luz, la cual se esfuerza
por revelar los fenómenos. Allí donde los rayos solares no pueden
satisfacer el trabajo humano, pero donde los rayos eléctricos deben
recibir el receptor de los rayos X y donde el fenómeno parece claro,
visible, nuestra conciencia puede llegar a conocer los fenómenos del
mundo.
El rol de la luz está en la claridad de los objetos en los que no puede
pasarse por alto la toma de conciencia o el conocimiento. Pero al lado de
la elaboración de la luz técnica aparece una nueva luz. Es la luz del
saber; y habrá sin duda una diferencia esencial con la luz que imprimen
los pintores, al revelar que han aclarado con la luz los fenómenos para
que sean claros, comprensibles, reales para el espectador.
Para la técnica, la luz en general no es más que un medio auxiliar, la luz
principal es el saber. La luz del saber ya no da, ni sombra, ni claridad,
pero es a pesar de todo resplandeciente, sus rayos penetran por todo y
obtienen, así, el conocimiento de los fenómenos que son ocultados a todos
los demás rayos.
Veo aquí una analogía con el movimiento pictórico, analogía que han
formulado los cubistas; no es suficiente ver, hace falta también saber, la
conciencia de los cubistas niega ya el carácter presuntuoso de la
proposición, según la cual, es real todo lo que es visible al ojo; ya el
hecho mismo de la construcción pictórica cubista prueba en primer lugar
que no hay nada real, que lo visible al ojo y lo iluminado es igual en la
luz eléctrica que solar. Se puede, teniendo conocimiento a través de otra
claridad, reflejar la fuente principal del saber justamente por esa puesta
en luz, por la mediación de los rayos del pensamiento, reflejados en la
fuente principal del saber
Y si efectivamente el saber es lo auténtico, hacia donde se dirigen todos
los conocimientos, entonces la realidad de todas las cosas depende
solamente de esta luz. Si todo fuese comprensible, real en la naturaleza,
no tendríamos cultura; y esto es solamente porque la naturaleza visible
que está iluminada por la luz no es, para nosotros, suficientemente real,
y con el fin de hacerla comprensible, es decir real, el hombre ha recurrido
a la creación de una nueva luz del saber, y a todos los aparatos físicos
creados y a los procesos de pensamiento de las hipótesis filosóficas, así
como a la verificación científica de esas hipótesis, lo que constituye
precisamente eso que llamamos los signos de la cultura y del saber. Para
asir lo real es indispensable leer y estudiar todo lo creado por la
terquedad del pensamiento y del entendimiento humano. Para tener el
conocimiento de la realidad del mundo vegetativo de los fenómenos, hay que
estudiar toda la anatomía de una ciencia dada, de modo que la flor visible
sobre la claridad de los rayos solares no es del todo real, su realidad
yace en el Instituto Botánico; es solamente ahí donde se produce el
aprovechamiento de sus múltiples facetas reales, ahí donde no es ya luz
solar sino claridad de la luz del saber.
La luz está en casi todas las manifestaciones de la vida humana, el saber
parece jugar el rol definitivo y domina todo. La luz del saber es la
lámpara de cualidad superior que posee la fuerza absoluta de iluminar, eso
no significa que con esta lámpara el hombre aniquile las tinieblas del
mundo, las dispersa; como enemigo único que ha ocultado todos los valores
auténticos, no ha dejado al hombre más que impresiones, suposiciones,
dejándole no el mundo como autenticidad sino el mundo como representación
(Vorstellung).
Poseemos dos fuerzas, una las tinieblas del mundo, la otra el saber. Son
dos enemigos irreconciliables que se baten no por la vida sino por la
muerte. El saber persigue a las tinieblas que llevan en sí las Verdades y
las causas auténticas, y tenemos la esperanza de vencer en el futuro; pero
no sabemos cual es la esperanza de las tinieblas. De ahí surgen dos
caminos filosóficos, uno optimista, el otro escéptico; uno sobre la
alegría de la victoria en el futuro, el otro tiene una actitud escéptica
en las consideraciones de ese futuro.
Por ejemplo, en las nuevas corrientes, incluso en el suprematismo, el
escepticismo existe para el futuro, para la ciencia y el saber, también
para los sabios que se han propuesto construir una llave con la cual sea
posible abrir la ley de la naturaleza, reunir en sus depósitos secretos
todos los valores. Para eso y sobre la invención de tal llave científica
trabajan la ciencia y los inventores.
Para mi personalmente supone un caso de escepticismo, pues tal empresa me
resulta extraña, porque no se sabe si la naturaleza tiene una cerradura y
si posee valores. La cultura aparece como un maestro-obrero que se ha
puesto a fabricar una llave para una cerradura que no conoce. Los hechos
de la enorme galería de artefactos científicos representan solamente la
tentativa de construir la llave maestra, o las llaves, y que el hecho sea
numeroso prueba el desconocimiento de la cerradura. De haber una cerradura
el maestro-obrero habría construido una sola llave.
El suprematismo, en tanto que no-figuración, tiene una actitud escéptica
respecto al trabajo de este maestro-obrero que sitúa la luz en la lámpara
del saber, teniendo la esperanza en el futuro de esclarecer las tinieblas
universales y de encontrar los valores ocultos para enriquecerse.
La aspiración a la luz y la necesidad de invención de la lámpara de
esclarecer, prueba ya que el hombre no representa la perfección que posee
la naturaleza. Ella no posee y no inventa las lámparas que esclarecen el
espacio astronómico. Los soles tienen la misma significación que las
acumulaciones que no brillan.
Es posible que existan atracciones materiales que, a través de una
reacción recíproca, den a ciegas resultados que se sitúan fuera del saber
y de las leyes. Es posible que exista la atracción de toda una serie de
«algo» que se llama o ha sido bautizado en nombre de cosas materiales que
representan el resultado de reacciones de ese «algo» sin fin.
Así transcurre el proceso eterno de aglomeración y de pulverización de un
aspecto o de una forma, en un nuevo aspecto de la sustancia absoluta
incambiable.
Hay en la naturaleza algunas necesidades conscientes y hay un trabajo
reflexivo de acción, no se sabe, pero supongo que no hay nada.
Es posible que la gente tome en consideración que la creación del sol ha
sido prevista y que fue construido con el objetivo reflexivo de iluminar
la tierra, estiércol nuevo para que la gente haga crecer las frutas,
calentar y hacer los días sobre la tierra.
La luna ha sido creada como luz nocturna, por eso no ha tenido tiempo de
llegar a su casa antes de ponerse el sol. Razonando así, es posible ver
todo el sentido lógico de la idea de la razón del mundo construido por el
hombre, el Universo.
Pero por desgracia funciona de otro modo, tal razonamiento sería solamente
la dimensión de una circunstancia concreta. Es posible que nuestro
razonamiento y nuestra existencia sea uno de los procesos de reacciones
recíprocas, que todos los resultados provienen de eso y que las
deducciones sean, en la serie de los procesos sin fin del espacio del
mundo, simples atracciones ciegas que no poseen en sus acciones, sólo
movimientos y saberes consecuentes que se desarrollan lógicamente, sino
también acciones imprevistas o un resultado de su unión recíproca. Es
posible que la aparición del sol o la temperatura del fuego vengan de la
violación del reposo de cierto «algo» por los otros. Es posible suponer un
acto violento, que el hombre ha considerado como un momento catastrófico,
pero la naturaleza admite la existencia absoluta de una sustancia o de una
energía que no desaparecerá jamás, entonces la reacción recíproca no será
catastrófica, porque tiene una temperatura que andaría calentando o
congelando a ese «algo» o sustancia.
Mi último razonamiento me ha conducido a muchas cuestiones y respuestas;
el pensamiento que formulo ahora vuelve a esta misma existencia de la luz.
Quiero simplemente mostrar esto: es posible justificar el trabajo de
invención de cierta lámpara o llave que habría desvelado la autenticidad
de las causas y de las Verdades. Y mostrar en segundo lugar que es el rol
de todos los fenómenos que juega la luz en general y la luz del saber. He
llegado a algunas soluciones pictóricas del problema de la luz, del
pensamiento de los puntillistas y del cubismo, y también del arte técnico
práctico, he indicado tres o cuatro prismas en los que la luz ahonda en
nuevas formas o significaciones reales. He mencionado también al
suprematismo, a través de su prisma las realidades existentes de la luz en
general, o de la luz del saber, no existen del todo. Su prisma no refleja
el mundo de los fenómenos que se encuentran en mi o a mi alrededor, en él
no se reflejan los fenómenos ni espiritual, ni práctico. De su filosofía
absoluta se deriva que no hay cosas en mi, ni fuera de mi, que el mundo en
tanto que representación no representa todavía las cosas, que mi voluntad
no puede crearlas. No hay nada que pueda ser conocido, a partir de lo cual
se habría podido construir la maquinaria del conocimiento.
II
La ciencia pictórica trabaja en un caso sobre la
revelación a través de la luz de la forma, en el otro de la luz, en un
tercero del color, en un cuarto de la construcción. A partir del
razonamiento precedente sobre la luz es posible construir un gráfico que
muestre que el movimiento de la luz, como color, pasa por los centros de
las culturas humanas construidas y cada cultura no es otra cosa que un
prisma en el cual se refleja la autenticidad conocida. Pero todo el
infortunio reside en que cada aparato de la cultura construida refleja la
misma materia en todos los colores del arco iris, y no se manifiesta él
mismo en la materia final. Existe una línea de culturas. Sobre esta línea
se forma toda una serie de puntos en los cuales se producen unas
acumulaciones de energía dirigidas hacia cada aspecto de las
circunstancias y de las necesidades que surgen. Nos cuestionamos si
efectivamente, la reacción de la forma o de la construcción de las cosas,
es en las circunstancias presentes una necesidad auténtica inherente al
hombre, o bien, si todas las cosas creadas son simple azar, resultado de
las circunstancias en las que el hombre ha caído; todas las cosas creadas
de importancia práctica no prueban totalmente que sean necesarias, que
pertenecen a mi ser.
Toda la cultura de la construcción, sobre la línea del movimiento humano,
puede no representar más que una serie entera de resultados del movimiento
y de los instrumentos abandonados en nombre de ese algo que perteneció al
ser humano. La lucha por la revelación de tal autenticidad continúa y se
expresa en el esfuerzo de aproximar hacia mi conciencia los fenómenos, es
decir, de poner las ideas más cerca del análisis de toma de conciencia.
Toda tentativa ha sido construida sobre está aproximación, esta
revelación; y en el trabajo pictórico, para revelar primero la forma fuera
de la luz, a continuación en color, de nuevo en la luz, después se llega a
la revelación de los elementos, de una sola luz, de un sólo color, porque
incluso han sido creadas disciplinas particulares de revelación. En la
época contemporánea parece ponerse en duda el hecho de que la luz, o el
color, no parecen estar revelados en la naturaleza, que su ser no está
suficientemente desarrollado y que es necesario cultivarlo.
En numerosos casos, la revelación del color se expresa en intensidad y se
ha supuesto que en ello está precisamente la solución de todo el problema
de las disciplinas de la ciencia pictórica, en el color o en la luz. Hay
que hacer la deducción de que tal revelación no está comprendida en este
sentido: ¿qué significa propiamente decir revela? ¿El color, o mi
conciencia con respecto al color, o el color con respecto a mi
conciencia?
Suponemos al color invariable en su ser (souchtchestvo), y sólo la
circunstancia formada en el tiempo cambia la intensidad del color
invariable desde mi punto de vista. Por tanto, cultivar cualquier
intensidad no parece posible.
Un automóvil mientras se aleja de mi conciencia, no pierde su fuerza, es
invariable, no resta distancia a mi conciencia o a la luz del saber. En
su distanciamiento más y más lejos, los rayos de luz, el saber, no pueden
alcanzar su realidad, e incluso, se puede garantizar que fuera de los
rayos de su luz, existe.
En consecuencia su realidad está dividida en mi conciencia, a partir de
una serie de circunstancias de las cuales depende cualquier estado de la
cosa revelada.
Revelar, quiere decir aproximar a mi la obra, o lo alejado en el tiempo, o
lo distanciado de mi conciencia. Este último proceso será un simple
desplazamiento de las cosas de una circunstancia a otra y solamente eso.
Las tentativas para cultivar la luz, el color, para hacerlo perfecto
resulta erróneo respecto al término "revelar". Eso que queremos revelar
puede encontrarse alrededor de cualquier circunstancia y su esencia
también, incluso son desconocidas y no puede ser revelada, porque todos
los prismas construidos de importancia cognoscitiva son nuevamente
construidos a partir de la observación, son cuanto menos construidos de
tal manera que es imposible garantizar que todo lo que se reparte en ellos
es la esencia auténtica, que recogen lo absoluto.
Es posible que esto quede fuera del movimiento y que sólo mi conciencia
esté en movimiento, pero también se mueve, lo repito nuevamente, no en el
mundo auténtico sino solamente en la representación (Vorstellung).
Cuál es el interés para el hombre de tal gimnasia, me resulta difícil
establecerlo. Unos dicen que recibimos los conocimientos, otros que
aumentan la razón, los terceros desarrollan los ojos [5], los cuartos los
sentimientos, la unión debe formar un organismo o un aparato práctico. Su
carácter probativo se expresa en la revelación, no en la impresión, no en
el mundo como representación, sino en la autenticidad, en la realidad
palpable.
Es posible que la evolución del aparato dado, que se llama hombre, en el
abismo desconocido del tiempo prehistórico de su desarrollo, no haya
conocido el mundo, ni sus manifestaciones, pero siente el contacto hacia
algunas de ellas y todas las funciones que componen ahora el aparato
sensible, resultado de las evoluciones precedentes, poseen la inclinación
del fenómeno físico que aspira a conocer o revelar la autenticidad de los
fenómenos que le conciernen. Los contactos de las partículas materiales
han excitado la idea y a partir de esta excitación se producen acciones,
sin predeterminar en nada si los movimientos dados son auténticos. Es
posible que a causa de tales contactos recíprocos se produzca determinada
acción como proceso de representación física de todos los fenómenos
determinados por hechos auténticos. El movimiento de partículas luminosas
puede haber dado lugar al nacimiento en el cuerpo a unos puntos que han
comenzado a percibir o acumular la luz, formando el globo del ojo.
Pero debo volver al tema de la luz y del color, volver a la cuestión:
¿cuándo aparece el momento real de la luz? La luz que atraviesa las gotas
de lluvia forman su división de lo real en colores, constituyendo una
nueva autenticidad real. La gota de agua deviene una nueva circunstancia
para la luz. Admitamos que esta circunstancia hace construir el mundo
entero coloreado en un sólo color, o los colores del arco iris; como
consecuencia, alguna parte habría sido puesta en tal circunstancia, más
allá de la cual no estaría la realidad de la luz. Sólo habríamos podido
revelarla, el color deviene autenticidad. Pero es posible que el color no
sea más que un resultado del prisma que nos muestra la realidad efectiva
del color en siete rayos; en otras circunstancias puede mostrar miles,
etc. Teniendo de profesión simplemente pintor, tengo delante de mi un
libro: la naturaleza, que leo y observo en el límite de mis posibilidades.
La naturaleza, es para mi, el gabinete del físico en el que se producen
diversos fenómenos. El arco iris, como resultado de la refracción de los
rayos a través del prisma de las gotas de agua, atrae mi atención sobre un
hecho que representa una de las numerosas circunstancias; es por lo que
cada flor resulta ser una circunstancia en la cual, una sola y misma
sustancia, es refractada y coloreada con tal color y no con tal otro, he
recibido a partir de la composición de un fenómeno uno de sus componentes.
Admitamos que los hombres no conocen el origen del arco iris, debe ser
para ellos un hecho particular de los fenómenos físicos, un hecho de la
fuerza sobrenatural de la acción.
De ser así (bytié), ha dirigido sobre una falsa ruta la conciencia de los
hombres; sin embargo, nosotros hemos profundizado hasta las causas
auténticas, aclarando que es un fenómeno de refracción física, de un único
y mismo rayo divido por el prisma; así la realidad del color bajo un
aspecto es una, bajo otro es otra; queda resolver la cuestión: ¿dónde está
la realidad o la autenticidad de la luz en el color o del color en la luz?
Ahora retomo la pregunta que he dejado en el gráfico, sobre la línea que
continúa se seguirá el desarrollo de energías humanas y otras en la
creación de centros de cultura, mostrando que el hombre representa uno de
los prismas vivos e interesantes en el mundo, que se encuentra en el
trabajo eterno de la construcción de su conciencia, creando a partir de
ella el prisma que refleja los fenómenos de su autenticidad.
En la línea que se desarrolla remarco una serie de lugares donde se
acumula la energía. La acumulación de energía debe seguramente haber
recibido una forma; la forma construida del centro dado será justamente el
signo del trabajo energético que es recogido en cada construcción; todo
centro de construcción humana no será otro que el prisma de la toma de
conciencia dada, del saber, de la matriz del arte, de la ciencia, etc.
Sobre la línea desarrollada tomo, en primer lugar, aquella en la cual son
acumuladas decenas de personas. Es la villa, el pueblo, la finca. Este
lugar representa un campo o un parterre ordinario de la cultura iluminada.
Sobre el espectro de nuestra investigación descubrimos una multitud de
colores vivos, y si verificamos el espectro en otro lugar, en un campo de
flores, percibimos la gran identidad de los dos espectros coloreados. Las
personas procedentes del campo coloreado representan los mismos puntos
coloreados que las flores en el campo. El prisma de refracción o de
percepción de la coloración es parecido a las flores.
Más allá de la villa, o del pueblo, existe otro centro llamado capital de
distrito. Si se compara el espectro de la capital de distrito con los
precedentes, encontraremos sobre su superficie plana la aparición de
bandas tonales, inclinado del lado negro o del blanco. El porcentaje de
rayos oscuros y de blanco comienza a absorber la coloración. Más allá de
la cabeza de distrito viene la capital de provincia y más lejos la
capital, es decir, el lugar en el cual la tensión de energía ha alcanzado
el momento supremo en la época humana contemporánea. Este centro tiene ya
un espectro de absorción supremo de los rayos iluminados, la coloración
pasa del negro al blanco, dejando entre ellos los intervalos de bandas de
color tonal pardo, marrón y gris.
Podemos encontrar una ley estableciendo la coloración legítima de las
cosas, podemos después de la ley de la coloración de tal, o cual cosa,
establecer también su época, es decir, a qué centro pertenece en el tiempo
coloreado. Hasta el presente, la ley del color de las cosas, de las casas,
incluso de la tela, no ha sido encontrada, existe en sí pero no ha sido
introducida en la conciencia.
Esclareciendo la causa del fenómeno dado, y siendo pintor, me he detenido
en este trabajo de búsquedas que debe darme las dimensiones, otorgándome
el legítimo derecho de colorear incluso mi tela pictórica.
Deviene imposible para mi dejarme guiar sólo por el esteticismo de mi
gusto o bien, basar mi coloración sobre la palabra "agradar".
En la medida en que soy una de las partículas del movimiento humano
general, debo estar en su movimiento dialéctico y evolucionar en el
espacio, a través de circunstancias siempre nuevas, en virtud de lo que
produce tal diversidad entre un centro y otro.
Una de las primeras causas de la búsqueda puede ser el color específico
que he establecido, todos los colores del destello iluminado en los
primeros centros de la línea, o del gráfico del desarrollo, tienen las
percepciones de la luz solar, y por tanto, los colores están igualmente
unidos a todos los fenómenos de la refracción física.
La luz solar es la fuente principal de las sustancias que colorean. Al
alejarse más y más lejos, el hombre se aparta también del sol. La villa,
la capital no está ya coloreada por los colores del arco iris como tono,
la conciencia está muy alejada del color.
Es, porque la luz se refracta en un estado apagado a través del prisma.
En segundo lugar, en la capital la luz juega, como he dicho en la primera
parte de mi curso, otro orden, el orden del saber. Saber que está apagado
alrededor de los diversos rayos coloreados. Y este último orden no puede
serlo sin influenciar la luz técnica del saber sobre la coloración de la
forma revelada. Situado todo en un orden de construcción, la coloración
iluminada de las cosas consigue íntegramente la solidez, o la protección
de las cosas, contra la influencia de sustancias destructoras. La pintura
del tejado de las casas, no es pintura desde el punto de vista del gusto,
sino solamente la solidez del material etc.
Agrego que la capital elabora un nuevo espectro de coloración que no está
privado de brillantez. Llamaría a ese espectro particular "espectro
metálico coloreado". La técnica expresa en ella misma un nuevo prisma a
través del cual se refleja el rayo: primero, a través del metal, en
segundo lugar, el rayo por sí mismo proviene de las transmutaciones
metálicas en conductor de luz metálica particular.
Aquí indico los primeros pensamientos, que podríamos decir, me sirven de
jalón en el trabajo que me he asignado y exigen todavía muchas
argumentaciones. Si las circunstancias me permiten continuar mi trabajo,
se introducirá entonces la claridad de aquello que quiero explicar,
pero...
Trabajando sobre el gráfico coloreado y tentado por la experiencia y la
observación del prisma humano, pongo la atención en el hecho de que la
línea de desarrollo del color, a través de los centros de la cultura,
posee su tiempo, y en consecuencia también su grado de conciencia o
cultura, para establecer una ley. En virtud del cual, surgen en él
distintas formas de la cosa y la coloración. En cada cosa, la relación del
color manifiesta, desde mi punto de vista, el nivel de cultura en la toma
de conciencia.
Tras el gráfico de la percepción coloreada es posible establecer el grado
de cultura de la sociedad y de cada personalidad tomada separadamente. La
producción de materias coloreadas abigarradas, vivas en la villa, son
elaboradas exclusivamente por los lugareños. Por eso, en la consumación de
los habitantes, existe un espectro particular de coloración.
Todos los acontecimientos provienen de la coloración de dos tonos, negro y
blanco. Esto es posible por las tradiciones puramente nacionales o
generales de una parte del pueblo. Pero incluso desde este punto de vista,
cada acontecimiento solemne, en tanto que cualquier cosa salida del orden
de lo cotidiano, no estará coloreado con colores vivos y abigarrados.
Pero si cualquier nación cubre todos sus acontecimientos de color, el
nivel de su cultura se encuentra entonces en un lugar determinado del
tiempo, por detrás de aquel que ha llegado al negro y al blanco.
Podemos ver ante el gráfico que he construido, los movimientos coloreados
partiendo de sus centros, ese movimiento, atendiendo al centro supremo, es
engullido por el negro y el blanco, el negro tanto como el blanco se
precipitan hacia atrás, coloreando en blanco y negro los centros que están
coloreados.
La revelación del color está unida a un gran trabajo de búsqueda, ante la
única línea del movimiento general del prisma humano vivo, y es, solamente
por medio del estudio de este prisma, de la definición en el tiempo y de
la conciencia en movimiento que podemos establecer y decidir aquello que
vamos a revelar. Es imposible revelar el color sin analizar la línea
general de su desarrollo.
Podemos revelar la intensidad del color, pero su intensidad no será útil
en el prisma general del tiempo dado. Así, revelar el color significa no
manifestar nada, o bien, desvelar toda la esencia del movimiento de la
cultura.
Acordemos un fenómeno que vea el hombre que revela el color sobre una
superficie o tela, especialmente preparada para este efecto. ¿Qué debe
hacer si ante él se determina la tarea de revelar un sólo color? Aquí
aparece la cuestión: ¿es posible revelar el color azul o rojo sin la ayuda
de algunos medios? ¿De qué modo podemos decir o probar que hemos revelado
un rojo más rojo que otro? En la revelación química esto se hace con la
ayuda del distanciamiento o agregando a la sustancia colorante dada otros
elementos, es decir, nuevas condiciones son creadas constituyendo al mismo
tiempo un sólo color, o bien, en otro caso, el matiz y su intensidad.
La disciplina de la revelación del color, diremos terrestre, del rojo, del
amarillo, depende en primer lugar del color químicamente purificado y
revelado, en tanto que materia, y en segundo lugar, de la creación de las
circunstancias con ayuda de las cuales nos disponemos a manifestar la idea
del color.
A partir de esta situación se puede ver que la frontera de revelación de
pureza intensa del color dado se nos ha escapado, porque las
circunstancias creadas para la revelación no pueden ejercer su influencia,
su fuerza sobre el color a revelar y su carácter de frontera no se
presenta para definirlo.
Tomemos otra experiencia. Admitamos que nos negamos a revelar sobre la
superficie plana un color indiferentemente azul o rojo o verde. Tenemos
delante la tela pintada del color revelado. Tendremos ante nosotros una
superficie plana representando la superficie plana coloreada. Podemos
incluso determinar su impenetrabilidad. Entonces, ¿será la revelación
definitiva de la superficie plana coloreada, o bien, la revelación del
espacio que, a través de la tentativa de revelar una idea coloreada
determinada, no hemos revelado el color sino el espacio?
Intentemos verificar si tenemos auténticamente revelado eso que pensamos.
Dibujemos en la parte inferior de la tela el tejado de una casa, o
tracemos una línea, o introduzcamos una nebulosidad blanca. Y percibamos
que en nuestra conciencia el color revelado desemboca en una nueva
circunstancia y se transforma no en superficie plana, sino en espacio.
La tercera posición del sujeto de la revelación, requiere en estas
circunstancias la posibilidad de revelar la luz, o el color u otro
material; respondiendo a esta cuestión puedo decir que se puede revelar
cualquier cosa, siempre y cuando se pueda efectuar la separación absoluta
de la sustancia, cuando estén desplegadas todas las circunstancias en
general.
Si podemos efectivamente esperar esto, la cuestión de la revelación
quedará entonces resuelta.
Observando el desarrollo del trabajo pictórico, se pueden remarcar
múltiples momentos, coloreados, tonales y por tanto materiales, pero
también...
La época actual del trabajo pictórico ha dado pruebas de una gran energía
para todas las revelaciones posibles. Este principio fue introducido por
el elemento intermediario de los pintores que se mantenían al margen del
conocimiento subjetivo de los fenómenos del mundo, los partidarios del
método objetivo, abstrayendo que nada puede ser conocido sino es
objetivamente a través de un prisma o una personalidad específica
elaborada.
El fracaso de los elementos intermediarios es inevitable, caemos en la
cuenta de que es imposible deducir la circunstancia conocida de la
personalidad subjetiva de las cosas, en un solo elemento y estudiarlo
objetivamente, no hay nada que sea percibido por todos de manera idéntica,
pues cada circunstancia cognoscible, o es conocida por la personalidad
aguzada, o la personalidad crea ella misma su deducción subjetiva, o bien,
afirma en el mundo su deducción.
Preveo el fracaso inevitable de todas las revelaciones en general de los
elementos, pues ellos mismos no pueden representar nada y por otro lado,
no existen hasta la revelación del fenómeno, hasta la plena claridad de la
idea, cuando surge la idea de la cosa; la idea o el análisis del fenómeno
deriva de la búsqueda y en ese caso, el trabajo sobre los elementos y los
materiales puede ser productivo.
Los elementos intermediarios en el trabajo pictórico no tienen la idea en
general, se hallarán siempre por el método objetivo. Los elementos
intermediarios olvidan que deben, bajo la objetividad, representar o
desarrollar la idea objetiva existente. Ellos mismos deben ser profesores
o conocedores de los conocimientos subjetivos y construir un método de
enseñanza, a través del cual, cualquiera que estudie pueda rápidamente
asimilar el fenómeno conocido por la personalidad.
Entre todas las tentativas de revelar el color, a la luz del nuevo color,
se añade aún una tarea, la revelación de los materiales. Podríamos deducir
que el hombre está siempre ocupado exclusivamente en las revelaciones y si
han surgido ciertas cosas, ha sido por simple necesidad de revelación. No
crea ladrillos porque construye casas, sino porque se evidencia en un
hombre cualquiera el deseo de revelar arena y barro.
El aeroplano en tal caso no tiene necesidad de elevarse sino en el prisma
de revelación de los materiales. El aeroplano ha sido creado por las
cualidades de los materiales o, a la inversa, ¿todos los materiales han
sido creados a partir de la necesidad de creación del aeroplano? ¿La
atmósfera revela al aeroplano, o bien, el aeroplano a la atmósfera? Mi
punto de vista es que no revelamos ni lo uno, ni lo otro, sino solamente
producimos, damos forma a la reacción que se produce de la acción
recíproca de las fuerzas que tienen en mi y fuera de mi, eso será una
necesidad, o un menester práctico, es difícil afirmarlo verdaderamente,
pero sin embargo se puede y es posible que reencontremos esta cuestión en
el futuro.
A partir del análisis del trabajo pictórico sobre la revelación, vemos que
la tentativa de revelar la luz ha generado multitud de experiencias que
han dado finalmente un concepto o un conocimiento particular, la luz puede
no ser sólo el conocimiento (que sea el destello del color o de la luz, no
deviene vivo y claro en la conciencia) y que revelar la luz quiere decir
dar la constitución formal al fenómeno, restituir el sol y la tierra
transparente, no representarla en cada rayo sobre la tela.
La conciencia pictórica ha trabajado siempre sobre este problema y
sucesivamente el estudio profundo ha desaparecido de la paleta como cosa
autónoma, dejando sobre la tela, o la paleta las ideas que la producen, es
decir, los elementos separados del espectro [6].
La cosa dada no puede manifestar su influencia sobre la conciencia
pictórica, delante de ella se despliega la autenticidad, es decir, la
realidad por medio de la cual es posible producir ideas, siendo el color
la simple división en partes constitutivas de la luz, es posible unirlas,
construirlas e introducirlas en el tiempo y obtener claridad en los
enunciados.
De esto, puede surgir primero la respuesta a la pregunta de saber qué es
la pintura. De otro modo, afirmamos que la pintura proviene del objetivo
consistente en tomar hechos cotidianos, cualquier fenómeno de la vida, de
reflejarlo de modo activo, de tomar lo que vemos, pero más tarde se puede
apoyar sobre el hecho de que la pintura es una cosa que es suficiente en
sí misma, y en la posición dada, se divide en dos interpretaciones: una
reconoce su autonomía como fin en sí, como cualquier cosa que crea y se
introduce en el mundo de los fenómenos; la otra, establece cierta
dependencia en relación a la naturaleza muerta existente u otra cosa,
reconociendo cierta dependencia en relación al pretexto.
En la pintura entendemos multitud de acciones que están lejos de responder
a la definición viva del hecho, pero es posible que por pintura se
entienda no solamente los hechos transmitidos, reproducidos sobre la tela
creada, construida. La paleta de los puntillistas ha probado que la
naturaleza envuelta por la luz es el estado de los movimientos coloreados
y que la luz no es otra cosa que un aspecto particular de la materia
pictórica. De una materia donde no hay nada coloreado y aislado, sino
donde todo es introducido en una gama determinada aero-luminosa.
El puntillismo ha descubierto una fuerza pictórica y científica, quedando
en la sombra a causa de la ausencia de un centro de búsqueda científica, a
quien habría incumbido la creación de la ciencia pictórica tomando ejemplo
de otras ciencias.
Cada invención o, como lo llama la comunidad, cada innovación, no ha sido
aceptada por el desprecio de ésta y la famosa crítica. Esta revelación ha
sido general por el hecho de que la pintura ha caído en el camino
artístico y estético, y no puede conquistar en sí la situación de la
ciencia. Estando en el fondo de su ser el mismo fenómeno, no ha podido
hacer admitir que los pintores son tan sabios conocedores de la naturaleza
como los otros sabios. El descubrimiento por la búsqueda científica del
hecho de que la tierra gira, o bien, que un fenómeno dado posee en sí tal
interdependencia química, no tiene nada de común ni con el gusto ni con
las combinaciones estéticas. La naturalización del fenómeno es la ciencia,
la naturalización del fenómeno pictórico es igualmente la ciencia.
La declaración de Galileo sobre la redondez de la tierra complace o no, ni
una ni otra cosa cambiará el hecho. Es cierto que el espíritu innovador de
Galileo no complació a sus contemporáneos, tal naturalización no
concordaba con los antiguos (es el mismo caso que se produce en la
pintura) y se le ha obligado, por ingenuidad, ha retractarse, pero el
hecho queda.
Las nuevas artes vuelven. De eso que han elaborado los puntillistas queda
el hecho y han dado algunas ideas sobre la definición, no querrá decir eso
que la pintura misma, es por encima de todo una materia semejante a la
luz, que la pintura es una masa como resultado de la construcción de los
elementos coloreados en cada caso separado de la idea de la pintura, que
su significación general es la armonización de todos los elementos de un
todo dado.
La construcción de la pintura como materia puede estar alrededor de los
estados de luz. La idea pictórica, introduce en sí la luz, está línea será
entonces una construcción particular en el tiempo del color.
Por primera vez los puntillistas han hecho inconscientemente desigual un
nuevo medio en la pintura, en el tiempo del movimiento de oscilación
coloreado. Hemos tomado conciencia de este tiempo solamente en el
cubismo.
Vayamos más lejos, los puntillistas han descubierto sobre su paleta, por
primera vez, el color y han tomado conciencia de su significación en el
arte pictórico. Los primeros han producido la división del arte en dos
vías: una trabaja sobre la materia pictórica pura, deduciendo el dominio
del poder de la luz y formando la materia pictórica; la otra, permanece
fiel al primer principio de expresión de los fenómenos de la vida, sobre
la tela o en la escultura. Estos últimos se encuentran siempre
literalmente en dependencia, o bien, lo literal encaja con su idea de
pretexto.
Dirigiéndonos en el primer caso hacia la materia pictórica, los pintores
no pueden poner sus materiales en la forma ya construida, y en una
construcción que no saldrá de las necesidades del material pictórico, sino
de necesidades prácticas particulares [7].
Por primera vez, la materia pictórica está ya fabricada o deriva de una
idea determinada y por eso ya no concierne a los fenómenos existentes. En
este caso, no se excluye que el material pictórico de construcción pueda
ser utilizado en el cuadro de las necesidades prácticas.
A partir de las últimas categorías indicadas podemos ver que unos revelan
lo que ven literalmente (Chichkin, Rousseau, atraviesan de una mirada la
naturaleza de parte a parte), otros, revelan más lo que se encuentra en
ellos, no ponen a actuar la naturaleza, y lo literal no se queda más que
como punto de partida para intervenir, o bien, como pretexto que en parte
conserva su aspecto o su forma en la pantalla reflexiva de la tela, con
grandes cambios en la base de la reconstrucción, cuyas causas consistirán
en la refracción de la acción reencontrada a través del prisma subjetivo
del pintor o del escultor.
Buscando descubrir la causa, hacemos que la pintura en un caso sea lo
literal, aspire a la transmisión de la reproducción justa de la
naturaleza, otra parte de ella se atiene a su pretexto, una tercera lo
rechaza completamente y considera la naturaleza como un medio material
para la expresión de la concepción del mundo en el sistema del universo
que existe en su representación, su voluntad creadora de realización.
Deliberando sobre esta cuestión, he esclarecido por mi mismo que todas las
gradaciones de la toma de conciencia pictórica vuelven sobre una sola
cuestión: revelar los fenómenos que se encuentran dentro y fuera de mi en
la realización espacial creativa, encerrar en el espacio la armonización
que he recogido del mundo conocible. Cada construcción del hombre supone
establecer un conocimiento normalmente ya establecido.
No puedo manifestarlo de otro modo más que en el espacio de revelación de
las circunstancias que están recogidas en mi, pues sólo en él puedo
físicamente ver y palpar la diversidad que crea en mi el todo; el espacio,
en tanto que tiempo representa el medio a través del cual puedo verificar
la idea de conocimiento que se encuentra en mi circunstancia interior.
Realizando la idea, creo también el espacio mismo que no puedo conocer
fuera de la idea. De tal modo, el espacio, lo mismo que el tiempo,
comienzan a jugar un rol de primer plano en el problema pictórico, en la
comprensión habitual que hay en la comunidad, pero en este caso también se
escapa, desde mi punto de vista, una falta, el tiempo y el espacio
devienen elementos de revelación. La revelación del espacio es la analogía
de la revelación de la luz, del color, de la materia. No se puede tratar
de otro modo la revelación del tiempo, puesto que no existe como elemento,
sino es en la realización espacial de las revelaciones pictóricas u otras,
yendo de las circunstancias interiores a las exteriores, representa un
hecho real [8].
III
Ante la pintura deviene más y más claro el velo
inevitable del tiempo y del espacio. Este último deviene motivo decisivo,
como un puente que la pintura debe inevitablemente atravesar para entrar
en una nueva circunstancia, habiendo dejado en la orilla toda la ropa e
incluso sus medios históricos. Debe dejar también la paleta y los pinceles
y toda la experiencia, como si no las quisiera.
Cuanto mayor sea la experiencia pictórica, más debe alejarse de la paleta.
Cuando se ha pasado sobre el espacio y el tiempo, comienza su nueva
historia, su nuevo arte, su habilidad y experiencia. El paso de la pintura
de la ribera bidimensional a ésta con tres, o más lejos, con cuatro, debe
inevitablemente chocar con una necesidad real de revelar las cosas que se
encuentran en el tiempo con una tela bidimensional. La tela no puede dar
lugar a esta realidad porque ya el interior de la pintura ha pasado a la
tridimensionalidad. La tela bidimensional no tiene la tercera extensión y,
por consecuencia, las vibraciones del volumen deben crecer a partir de una
base bidimensional en el espacio. Es posible encontrar aquí la
justificación principal del collage en el cubismo.
Anotemos por el momento todo ello hasta el análisis del cubismo y vayamos
examinando el trabajo ulterior de la pintura y el principio espacial en su
trabajo. Del análisis precedente vemos que la tela bidimensional no puede
satisfacer la toma de conciencia pictórica en sí de la tridimensionalidad.
Y está claro que la tela, en tanto que medio de un plano puramente
bidimensional, debe salir de su uso, siempre que la pintura se encuentre
en la evolución general del realismo volumétrico.
Pero, visiblemente, la pintura tiene sus razones, pues opera siempre sobre
la tela, afirmando la bidimensionalidad. Esta afirmación me obliga a
verificar la tela y resolver qué representa en sí misma y qué rol puede
jugar en el trabajo de la pintura. En un caso ha revelado la luz, en otro
el color, en el tercero la pintura y en un cuarto se esfuerza por resolver
el problema de la construcción pictórica espacial.
La tela representa el lugar o la superficie plana ordinaria donde sucede
el trabajo de la pintura para revelar sobre esta superficie las ideas
interiores y exteriores.
Si esto es exacto, hay otra cosa que será entonces igualmente exacta, que
cada parte de la tierra representa la misma superficie sobre la cual pasan
numerosas revelaciones o manifestaciones del espacio y del tiempo. La
superficie de la tierra, al igual que la tela tiene también la misma
bidimensionalidad, y al introducir allí un punto, comienza la dimensión
espacial en algún lado. A través de las inserciones de la diversidad
producimos su dimensión y la dimensión será también el espacio y el
tiempo. Por ejemplo, en la tela el espacio no existe, en profundidad, la
pintura no ha introducido la diversidad y establece sus propias relaciones
recíprocas.
Pero, de todos modos, esta sensación espacial no será física, real, sino
la impresión de una autenticidad viva que existe en el interior del
pintor.
La tela es el lugar sobre el cual la pintura se esfuerza por revelar todo
lo que se encuentra en movimiento, es decir, en el tiempo real de las
cosas espaciales en sí. Así, por ejemplo, revela lo complejo que es
construir los elementos en mi toma de conciencia interior por las
sensaciones físicas, y debo repetirlo todo la tela. Cumplir todo el
trabajo tomando de manera auténtica el estado interior, en mi, de lo real.
Donde se ve la forma de lo real que pienso transmitir al mundo exterior
con un tacto físico nuevo.
La tela pictórica como experiencia física dice que toda la superficie está
pintada por una sola sustancia, por consiguiente, la tela debe representar
también esta sustancia única, revelada bajo el aspecto del color o de la
luz, del material.
Si vamos más lejos, resulta que una sola y misma sustancia dispuesta en
una relación espacial, ha creado numerosas ideas, en un lugar deviene
agua, en otro árbol, casa, nube, etc.
Una sola y misma sustancia, el color, desplazada en cada circunstancia
diferente, crea distintas salidas a la idea, generando la diversidad.
Este proceso de desplazamiento vivo de una sola y misma sustancia en el
espacio se produce en la pintura, y la tela con las manchas depositadas,
sus figuras geométricas o sus objetos figurativos no son simple notación y
designación de los lugares que están en relación espacial viva en la
pintura dentro o fuera de su trabajo espacial.
Aquí comienza la operación del pintor con la tela, llegando el cuarto
estado, el cubismo, el momento de la ruptura definitiva con la tela y el
paso a la esencia pictórica de una circunstancia bidimensional a
cuatridimensional. Luego hablaré en mi curso sobre el cubismo.
El espacio como tiempo ha mostrado el cambio del aspecto de una sola y
misma esencia pictórica, esperando del cubismo el punto más alto del
tejido pictórico, que es visible a partir de obras de Braque, Picasso, por
ejemplo, en Dame à l'éventail y en muchas otras obras. La pintura ha
comenzado a dividirse. La división no significa la caída, no se trata del
valor de la materia pictórica, sino solamente del objetivo final que
deriva de sus entrañas. No debemos aquí fijar su nuevo aspecto dentro de
una nueva circunstancia de tiempo y espacio.
Numerosos ataques de los partidarios del estado pictórico bi- y
tridimensional creen en la caída del arte pictórico, pero olvidan que las
cosas no se terminan del todo en el tejido de la tela pictórica; es
necesario saber transformarlo dentro de su estado bidimensional a la vida
volumétrica, espacial. La esencia de las telas, del tejido de la pintura,
no se resume únicamente en belleza, sino en aquello que experimenta.
El espacio y el tiempo no son los únicos en influenciar la pintura, su
conciencia, también todos los aspectos de la vida. El hombre ha sentido
en el tiempo, la cuarta dimensión, a través de la cual se ha puesto a
medir cada uno de sus "no" y las relaciones recíprocas de su realidad
multiforme que le resultan desconocidas.
Se trata aquí no sólo de la conservación del valor pictórico tejido, sino
también de toda la cultura humana, su realismo completo, del edificio
integral de la cultura tridimensional. La lucha contra el elemento natural
del espacio y del tiempo es la lucha contra una nueva circunstancia que
amenaza destruir todo la cultura tridimensional y, en particular, la
cultura del arte.
No en vano los ancianos de todas las épocas redoblan sus ladridos y
aterran a los más jóvenes diciendo que lo nuevo es un «para» que esconde
la cultura antigua en su espacio y su tiempo burgués, y los otros dicen
que los idiotas pueden no comprender la significación de la cultura
clásica de la antigüedad para la futura generación del proletariado.
Olvidan que el proletariado no es (palabra ilegible). Los innovadores
pueden también responder a los amateurs del pasado que el futuro está
cerrado solamente a los idiotas y a los ancianos; ellos quieren el pasado,
porque ellos son el pasado, han pasado en el espacio y el tiempo, la
realidad del movimiento es más significativa, más multiforme que los
sarcófagos en tres dimensiones de la bella antigüedad.
Llega una situación seria, la creación de la cultura sobre un fundamento
de tres dimensiones, amenazada de muerte inevitable, muerte de sus formas,
se devana o "se pulveriza" en el espacio del movimiento. El hombre pasa
por una nueva circunstancia de tiempo y no puede construir la antigüedad
de la tridimensionalidad puesto que el volumen se encuentra en el tiempo y
no puede ser reforzado sobre estos fundamentos. No puede tomarse en cuenta
que vivimos nuestros últimos días en nuestras viejas casas
colono-acanto-formes, se olvidan que están en el tiempo, es indispensable
buscar nuevas formas, pues nuevas circunstancias nos envuelven y nos
llevan en un torbellino.
El arte pictórico debe disolverse en este torbellino, y estar compuesto de
una sola y misma sustancia, debe volver a llegar al primer elemento para
reorganizarse en la forma del tiempo en la cual se encuentra la
conciencia del hombre.
Esto es totalmente inevitable, igual que es inevitable para la luz caída
por un prisma disolverse en colores. El nuevo prisma representa el tiempo
y cualquier cosa introducida en él, no sólo el tiempo disminuirá su
realidad, sino que además lo profundizará. La cuestión reside únicamente
en un hecho, muchos reconocen en todas las circunstancias un sólo y mismo
hombre, una sola y misma sustancia.
Es posible que de otro modo una tabla ordinaria no haya sido percibida en
su realidad de tres dimensiones, sino solamente en dos, y todavía más
lejos, en el pasado, no ha sido percibida del todo.
La introducción de las cosas en el tiempo muestra todavía otra dimensión
entre sus diversidades. La cuarta dimensión ha existido siempre, todo se
encuentra allí; pero hasta el momento no hemos tomado conciencia. La
proporción y el vínculo no están del todo claros, incluso en el técnico y
el tornero que con todas sus fuerzas han protestado contra el cubismo,
mientras trabajaban su objeto que sin embargo lo giran y lo proporcionan
sólo a través de la cuarta dimensión (poner un ejemplo).
El cubismo en el debate de sus estados pictóricos conduce la pintura al
punto supremo, revelando sus diversidades de construcción a través de la
cuarta dimensión. Todo esto se relaciona con la forma y los momentos de
construcción de las relaciones recíprocas de la masa pictórica, de su
repartición en el tiempo. Pero igualmente de la fuerza de su oscilación
dinámica. De la fuerza de oscilación depende también la realidad de cada
caso. Situaré aquí, sobre el gráfico, el lugar del razonamiento
precedente, en el cual reclamo la atención sobre los centros de la
ascensión dinámica del saber humano, vamos inflexiblemente en el
torbellino del tiempo (palabra ilegible) para representarnos más
claramente el momento de la realización suprema de la cualidad del valor
pictórico del color y de la desaparición del color en la circunstancia de
los rayos de absorción que son revelados en los centros superiores de la
cultura humana.
Veamos así el fundamento legítimo de las modificaciones pictóricas que
constituyen en sí el anillo o la órbita de su propio movimiento; emanando
de su afelio de color, la densidad pictórica suprema espera en el centro y
se mueve hacia el perihelio, la densidad pictórica se disuelve poco a poco
y se ilumina intensamente de un color vivo en el perihelio, yendo más
lejos hacia el centro opuesto de su órbita que constituye una nueva
densidad opuesta de consistencia incolora.
El período suprematista me ha convencido de que en su prisma, el
movimiento del color, ha designado de un modo tajante tres estados en el
cuadrado rojo, negro y blanco.
Es posible que unificando estos momentos en el movimiento general, nos
encontremos en uno de los puntos de la órbita donde la toma de conciencia
no está coloreada por la salida de la esfera del color, hemos estado en el
prisma que queda impermeable a los rayos del color, o bien, reciben un
nuevo estado incoloro. Es posible deducir que la sustancia está fuera del
color y que la coloración por ella de las partículas no se debe al azar de
las circunstancias.
En las últimas obras del suprematismo blanco es posible considerar que el
blanco ha sido obtenido a partir de la oscilación física de los rayos
coloreados, por lo que tenemos un nuevo hecho de luz blanca. Es posible
que hayan partes de este movimiento supuesto, pero en todo caso no es más
que un elemento inevitable del movimiento de la conciencia integral que
va inflexiblemente hacia la creación de la obra, al otro lado de toda
diversidad o preferencia; moviéndose hacia la igualdad aspira a su
propia circunstancia fuera de toda diversidad.
La villa, en tanto que centro humano superior, muestra que el carácter
coloreado en su prisma desaparece del espectro. Podemos ir más lejos, en
un orden de ascensión, yendo del centro del campo a la villa, supongo que
igualmente las villas bajo formas de capitales deben tender hacia la
formación de un nuevo centro, diría el centro de todos los centros, que
concibe a Hércules alrededor del cual van girando todas las capitales. Así
obtendremos una nueva capital única del movimiento del hombre técnico o
espiritual-técnico.
El hombre recibirá un centro, como nuestros planetas y el sol, el sol con
la multitud de sistemas solares recibirá su Hércules alrededor del cual
todos giran y configuran la igualdad en el equilibrio de todo el sistema.
Es posible que la noción de blanco o de negro encontrare otra
interpretación (precisamente sobre el blanco puede fijarse otro objetivo,
es decir, el lugar donde la diversidad no será visible), la aspiración de
doctrinas humanas sobre la igualdad estarán comprendidas en el negro o el
blanco, de este modo el fondo constituido para la introducción o la
aparición de un hecho preeminente no existirá. Apelo al centro supremo de
lo único común «Blanco».
Dejando esta cuestión sobre el blanco para su interpretación ulterior en
nuestras reflexiones futuras, quiero dar una de las posiciones sobre el
carácter coloreado en el cubismo. Es sabido que los cubistas occidentales
son advenedizos con la pintura del espectro oscuro, se han puesto, como
ellos dicen, a colorear sus paletas, en otros términos, a deducir o
introducir en la materia pictórica el carácter coloreado. Que sea ésta la
causa no lo sé, pero es posible suponer que el origen esté en la necesidad
y en principios estéticos. Es posible que esta causa no sea más que uno de
los pretextos que descubrirá razones absolutamente distintas a las
mencionadas en las cuestiones sobre los centros y el gráfico del
movimiento del color.
Los cubistas rusos han sido los primeros en construir un prisma inverso de
acción, a través del cual la pintura se divide en colores. El cubismo
occidental comprueba en él mismo esta necesidad, pero la causalidad no
está esclarecida. No poseemos ningún argumento de esta causa excepto el
motivo estético. Cuando en los cubistas rusos se contemplan las
experiencias en la órbita del movimiento pictórico, el mundo de la esencia
pictórica entra en el color y el momento de pulverización de la densidad
pictórica en una serie de colores que pueden ser más intensos y que no
estaban en la formación de la densidad pictórica en general.
Tomemos parte en este trabajo de la nueva densidad pictórica, e igualmente
de su pulverización en colores. He rehusado hacer resurgir el color como
primer principio del tiempo, dado en el primer grupo del suprematismo.
Repito que no es cuestión de la revelación del color como tal. Queda claro
que la esencia pictórica tiene una idea más grande que la revelación de
los elementos del color, que no es un momento analítico, sino la idea
integral, ver la idea, el hecho que representa la cuestión, y la idea
pasada por la banda analítica de la búsqueda científica de la pintura, de
la pintura que propongo en parte analizar y argumentar.
En una de mis obras he remarcado que la pintura es solamente una ocupación
estrictamente profesional, un simple oficio, pero también es la hendidura
a través de la cual es posible examinar otros fenómenos del mundo.
Trazando diversos gráficos de búsqueda coloreada no puedo dejar de llamar
la atención sobre el siguiente hecho, cada fenómeno tiene su coloración y
así comencé a establecer, después del color, el nivel y el desarrollo del
fenómeno dado. El objetivo es entendido al introducir la clasificación
después del tiempo de tal o cual obra coloreada, e igualmente, de
establecer un grado de desarrollo de la conciencia no solamente
pictórica, sino también del hombre.
El trabajo no es estrecho sino extenso, abarca un gran dominio y pienso
que en el futuro el trabajo comenzado encontrará continuadores.
La época contemporánea después de mi gráfico coloreado representa una
banda de color, pero esta banda no representa una simple coloración
estética, aquí la coloración colorea, no la obra, sino la conciencia.
Las revoluciones económicas no se han realizado bajo cualquier color, sino
bajo el rojo, pero ese rojo también está dividido en muchas fuerzas de su
estado, de tal modo que en el proceso de desarrollo de la fuerza del único
color rojo han sido obtenidas grandes diferencias. La revelación rusa del
color rojo asevera ser más viva que la del socialismo occidental. La
conciencia de Rusia está coloreada más vivamente.
Es posible hacer una analogía entre dos revoluciones; aquella de los
desplazamientos socialistas que se expresan en las diversas formas de
partidos socialistas que agitan sólo las bases económicas, sólo la
conciencia establecida; y lo mismo en la revolución pictórica con los
desplazamientos cubistas de la conciencia pictórica establecida.
Los agrupamientos socialistas, son los mismos rayos coloreados que
atraviesan el prisma opuesto de la liberación y que aspira a unirse en una
nueva construcción sobre la dimensión de la nueva conciencia.
La revolución pictórica ha cumplido un gran trayecto hasta el último
límite, al lado del cual, viene el mundo blanco incoloro de las
igualdades.
La revolución política y económica ofrece una representación semejante a
la paleta pictórica coloreada. Cada conciencia del grupo político tiene
su propio color. La conciencia política no sólo lo tiñe sino que posee
también su propia forma, llamada las internacionales. La internacional, es
ya una nueva paleta de colores que debe componer un cuerpo único incoloro,
saliendo de todas las diversidades para ir a la unidad y la igualdad.
La internacional es la nueva forma de construcción en tanto que esencia de
las masas populares. Paralelamente a la masa pictórica. Pero no se
reconocerá ni lo uno ni lo otro.
Tenemos en el agrupamiento político muchas internacionales, en número de
tres que, parece, comienzan su enumeración solamente con el color amarillo
de la internacional, intensificando poco a poco su coloración, llegando la
fuerza hasta el rojo o Tercera Internacional, y habrá que prolongar este
agrupamiento político de la sociedad más adelante, el brillo del rojo
entonces se pondrá en movimiento, yendo del perihelio al centro, es decir
hacia una nueva forma incolora de igualdad.
Pero en el camino se tiene todavía un grupo político, el grupo del
anarquismo que, parece, tiene un estandarte negro, cuyo sentido puede ser
esclarecer que en el negro no hay diversidad, nada en él se distingue,
todo es igual.
Pero por lo mismo que tiene en su estandarte negro la idea de liberación
de la personalidad como cuestión de aislar y de unicidad, su idea debe
pasar por el blanco en tanto que sustancia sin diversidad, inamovible en
todos sus aspectos.
La paleta coloreada dividirá tanto a los grupos políticos como a los
pictóricos.
Concluyendo mi razonamiento sobre la luz y el color, debo decir todavía
algunas palabras a partir de las últimas reflexiones, veo que todo se tiñe
de tal o cual color, que cada idea en el hombre tiene su coloración, su
color. ¿Qué representa pues la idea? Desde mi punto de vista la idea
representa un prisma a través del cual se refracta cierto mundo conocido,
la idea es el antecedente.
El hombre desde el punto de vista de mi razonamiento es simplemente un
aparato técnico ensamblado que ha surgido de los contactos con una
multitud de circunstancias, y esta idea es simplemente un prisma previsor,
práctico, a través del cual se refractarán las ideas en una circunstancia
distinta, más práctica que no estaba delante.
Tenemos en este caso un sólo y mismo tema refractado en una realidad
distinta que deviene entidad del nuevo hecho construido.
A través del prisma del hombre, el mundo se refracta de forma diversa, las
discusiones tienen lugar, y la discusión tiene, a su vuelta, un objetivo:
establecer una Verdad, una autenticidad. Si en cada uno, el mundo se
refractará de modo idéntico, no habría entonces otro razonamiento, otro
pensamiento, sino un sólo pensamiento. Pero consciente de la personalidad
de cada prisma, es construido de otro modo, refractando la circunstancia
diferentemente y el color en otro color. Eso que es auténtico y eso que no
es auténtico no podemos definirlo más que en un estrecho punto de vista en
todo hecho convencional, no sabemos en el fondo cual es el color
auténtico, el verde, el azul o el rojo expresan en ellos mismos sus
propios límites definitivos; y puede ser que este mismo color azul o rojo,
en determinadas circunstancias, cambiará toda su fuerza. Pues no
encontramos en el proceso eterno dos interdependencias de fuerzas que
permanezcan en el interior y en el exterior. El hombre representa el
aparato de la efervescencia eterna de reacciones, creando eso que nosotros
llamamos las cosas humanas. ¿Son conscientes o no, de qué cada una de sus
acciones son la consecuencia de juicios razonables, o bien, son simples
hechos inconscientes para crear nuevas reacciones?
De hecho, puede haber conciencia en la acción infinita y al mismo tiempo
del reposo eterno del mundo.
Cómo dividir el mundo en orgánico e inorgánico, cuando es imposible
aislarlo, para sustraer el reposo eterno, ni para aumentar nada, cuando es
imposible revelar una unidad aislada a partir de la vibración eterna
indisoluble de fuerzas que tan pronto se aglomeran como se pulverizan.
En el mundo no acontecen más que dos acciones, la aglomeración y la
pulverización, existen dos prismas de acción directo e inverso, que
recorre una sustancia inalterable o un «algo», semejante a la luz, que
tiene una realidad sobre un lado del prisma y otra sobre el otro lado.
Y este último hecho solamente dice que ese «algo» auténtico es incoloro
porque sólo las circunstancias están coloreadas. Porque está fuera del
color, también fuera de la forma, fuera del espacio y del tiempo.
El hombre hace incansables tentativas por revelar la autenticidad, quiere
retirar la máscara de las acciones del mundo, para echar una mirada sobre
la Cara auténtica; dividido por especialistas, el mundo se fragmenta en
trozos para que cada uno en su profesión se esfuerce por revelar la
autenticidad de la causa. Pero ¿se logra verdaderamente dividir el mundo
en parcelas de profesión? ¿Está verdaderamente probado que el mundo se
compone de una cantidad determinada de ideas? Y se asevera que hay menos
parcelas que profesiones.
Todas las profesiones inventan una cantidad infinita de instrumentos, de
pruebas científicas, pero no conseguimos asir la autenticidad.
Los puntillistas querían revelar la luz, han tropezado con el color, o
bien el prisma científico ha demostrado que la luz es el resultado del
movimiento del color. Que el color si cae en una circunstancia apropiada
deviene luz, pero no color. Pero es sólo una de las combinaciones de las
circunstancias del mundo; ¿todos nuestros prismas científicos no pueden
tener las mismas combinaciones en las que una sola y misma cosa parezca
ser varias?
Todos son ciertos y hacen reposar su despreocupación sobre la ley y eso
que está construido y argumentado sobre la ley es auténtico, fuerte.
Oh! Si pudiéramos construir sobre la ley, la cuestión habría terminado,
tendríamos lo absoluto. Pero, todas nuestras leyes no son más que leyes de
leyes.
Y como son leyes de leyes se apresuran en coger lo que vive alrededor de
todas las leyes.
El mundo es construido alrededor de las leyes, no hay un continente donde
un ingeniero haya puesto la primera piedra, no hay en él ni muros, ni
techo, ni suelo, ni tejado, no hay ni punto de apoyo, ni vínculos de galón
que tengan en ellos mismos resumida la idea final. El mundo está alrededor
de la idea y alrededor de lo dado.
Pero sin perder el coraje, trabajamos con orgullo sobre las llaves
científicas para descubrir el mundo, afilamos el hacha y el espíritu para
horadar una grieta, pero el hacha no se clava, igual que la llave. Ni para
la primera existe lo firme, ni para la segunda el orificio de la
cerradura.
A pesar de esto estamos seguros de que la ciencia ha hecho brecha, ha
formado sus orificios, va y mira el mundo y aquello a lo que se aproxima
lo ve de otro modo; así para cada uno el mundo es un teatro con un
espectáculo siempre renovado.
El mundo actor disimula, como si tuviera miedo de mostrar su cara, miedo
del hombre que puede arrancarle su máscara de numerosas caras y no conocer
su rostro auténtico.
Este actor tiene un objetivo, son los rayos de absorción, el rayo negro.
Su autenticidad se apaga, sobre el prisma no hay más que una pequeña banda
negra, como una grieta, por la cual no vemos más que las tinieblas
inaccesibles a cualquier luz, sea cual sea, ni al sol, ni a la luz del
saber. En este negro se termina nuestro espectáculo, es aquí donde entra
el actor del mundo después de haber ocultado sus numerosos rostros ya que
no tiene rostro auténtico.
Notas
Origen de este texto
El texto la luz y el color fue publicado, según Jiri Pradrta, en el Carnet
B (1923-26) que se encontró en los archivos de Hans Von Riesen (hoy en el
Stedelijk Museum de Amsterdam). Esta versión parece ser el borrador de un
curso para los alumnos de INKHOUK. Existen diferencias respecto a otra
variante de este texto más elaborado, publicado en inglés por Troëls
Andersen. Nuestra versión muestra algunas revisiones realizadas
posteriormente por Malévitch y que aparecen impresas en cursiva. El texto
inédito fue traducido del ruso al francés por Jean-Claude Marcadé y
Sylviane Siger y publicado por Ediciones L'age d'homme, Lausanne, Suiza,
en 1993. Para esta traducción al español se han mantenido las
equivalencias de los términos rusos que aparecen en la versión francesa.
[1] ( ) Añadido por Malévitch.
[2] Ver la carta de Malévitch del
10 de febrero de 1914, tomando la defensa de Marinetti contra los ataques
de Larionov y la polémica que hace rabiar en las filas de la vanguardia
rusa hasta el regreso de Marinetti a Rusia en febrero de 1914, en Ecrits
II, p. 42, 141-145.
[3] ( ) Añadido por Malévitch.
[4] ( ) Añadido por Malévitch.
[5] Alusión al Zorved (Centro de
Visiología), sección de Inkhouk, dirigido por M. Matiouchine y B. Ender,
donde sean realizado experiencias sobre la «visión extendida» (cf. John
Bowlt "The Construction of Space" en Von der Fläche Zum Raum, Köln,
Galerie Gmurzynska 1974; Alla Povelihina "Matyushin's Spatial System", The
Structurist, Saskatoon, Univ. of Saskatchevan, 1975/76, p.64-70).
[6] Para capturar la luz los
pintores ensayan esclarecer la manera exhaustiva de los fenómenos para su
conciencia o para el conocimiento del fenómeno (Nota de Malévitch).
[7]La revelación del material: la
necesidad estética es igual a la manifestación del retrato en el sentido
general de las Bellas Artes. (Nota de Malévitch).
[8]Bien entendido, el hecho es
contestable; ¿dónde se hace la realización y dónde hay media-realización?.
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