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4. La estetización de los mundos de vida que se ha producido como
consecuencia de la extensión generalizada de los media y las industrias de
la imagen -publicidad, diseño, ...- es banal. Esto es: carece de
consecuencias tanto de cara a la emancipación del ciudadano como de cara a
la reapropiación por el sujeto de la totalidad de su experiencia.
5. La expansión del arte en las sociedades contemporáneas es un efecto
engañoso de la estetización banal de los mundos de vida. El único y
deplorable efecto de esta estetización mediá1tica de los mundos de vida
proyectada sobre la esfera del arte es su banalización.
6. El más grave efecto que en este proceso sufre el arte es, con todo, su
instrumentalización como dispositivo de legitimación. El enemigo mayor de
un programa crítico refinado a una conciencia de complejidad no debe ser
hoy pues el "arte estetizado" -cuya irrelevancia es evidente-, sino cl
arte que en su pretensión de radi-calidad no sirve sino a la legitimación,
por postulación fantasmagórica de un lugar otro, del proceso de
estetización banal de los mundos de vida.
7. Toda producción cultural está sometida a una lógica del tiempo que le
retira a medio plazo su fuerza transformadora, absorbida por el sistema
general de organización de los mundos de vida -en tanto forma
institucionalizada. Como tal, toda producción cultural esta abocada a
perder tarde o temprano su capacidad de alteración de la lógica de las
instituciones.
La toma de conciencia de esta dialéctica lleva a las formas temporáneas a
anticipar su absorción, apenas "simulando" su previa condición
revolucionaria -y ello sólo para obtener garantía de acceso a una dinámica
que reclama esa apariencia radical como pasaporte de ingreso. Es preciso
escapar a este destino cínico propio de las formas de la cultura
contemporánea.
8. Es necesario transformar radicalmente la forma contemporánea de la
cultura si se pretende que recupere su poder simbólico, de organización y
transformación de los mundos de vida. Es tarea del programa crítico
combatir con todas las armas posibles el proceso de sistemática
banalización y depotenciación simbólica de la cultura.
Sobre la crisis de la representación
9. Dos grandes pilares han caído irreversiblemente: la razón y la
historia. Queda uno aún más principal -y es su tambalearse a lo que hoy
asistimos. La idea misma de representación.
10. ¿Podríamos "representarnos" la hecatombe de la idea misma de
representación? ¿Y cómo? -es éste el brutal desafío que la época nos
depara. Un desafío que postula el único verdadero lugar del arte en
nuestros tiempos. El espacio en que éste podría recuperar su función
simbólica.
Sobre la "corrección política" y el multiculturalismo
11. Lo que inocentemente tomamos por multiculturalismo no es más que la
expresión consoladora de una vieja mala conciencia que se instala entre
nosotros para ayudar a ignorar lo fallido del proyecto humanista y
disimularlo bajo la máscara de una hipócrita asunción de culpa por el
colonialismo ejercido sobre los otros -eso sí, "en tiempos pasados".
12. La " corrección política " es una estrategia de enmascaramiento
ideológico de las contradicciones culturales y sociales del capitalismo
avanzado
13. El multiculturalismo es una estrategia paternalista mediante la cual
la cultura occidental ensaya mantener su condición hegemónica -astutamente
transfigurada en apertura metadiscursiva a la presencia de la diferencia.
En el "multiculturalismo" actual, falsamente tomado por mestizaje, la
occidental pretende convertirse en metacultura, en "cultura de culturas",
ya que no le es dado mantener su hegemonía horizontal.
Sobre ( contra) el populismo estético
14. La multiplicación del número de receptores no debe nunca ser
considerada rasgo de valor de una política cultural. La permeabilidad
extrema de la retícula de circuitos comunicacionales de las sociedades
contemporáneas garantiza que cualquier mensaje con una tonalidad intensiva
suficientemente elevada podría acabar por alcanzar, en resonancia, hasta
el último rincón del mundo, hasta el último sujeto de experiencia.
15. Es preciso acabar con el lamentable populismo estético que, con la
excusa de la mayor accesibilidad pública de las masas a los lenguajes
especializados, está liquidando todo el potencial de lo artístico para
intensificar, trastornar o modificar las formas de la existencia.
16. Bajo el punto de vista de una lógica de las intensidades, es preciso
defender espacios acotados de circulación de la mercancía-cultura. Sólo en
el contexto de tales "circuitos-micro" puede esperarse la aparición de un
producto capaz de responder activa y críticamente a la extrema
problematicidad conceptual del estado epocal de los lenguajes y las formas
de la cultura.
Sobre el arte público, el sociológico, y el pretendidamente
'político ".
17. La carencia de contenido revolucionario de la figura que postulaba una
superación del estado escindido de la esfera del arte, tal y como esta
figura se ha cumplido en nuestras sociedades mediáticas, debe resultarnos
moralmente inaceptable. Ello sitúa nuestra resistencia a representarnos
como cumplida la extensión plena del dominio de la institución-Arte a la
totalidad de los espacios de vida, y explica la pertinacia con que el arte
actual se empecina en "simular" una distancia infranqueada sobre la que
reivindicar todavía la vigencia de un necesario programa de "superación"
-la superación de una separación que, de hecho, ya ha dejado de existir.
18. Esta capacidad de al mismo tiempo simular una insuperada distancia
entre la institución-Arte y el espacio de vida cotidiana, por un lado, y
de insistir por otro en proclamar la necesidad de su superación, es la que
sienta el (falaz) fundamento actual del "arte público" y el "arte
sociológico", como expresión de una falsa conciencia pretendidamente
"revolucionaria" que sintomatiza el vértigo de nuestra " decepción
instruida" -de tardíos nihilistas postilustrados.
19. El arte público pretendidamente más politizado ha perdido su capacidad
para alterar la lógica de las instituciones -en cuanto ésta se ha
extendido hasta abarcar su dinámica en términos de espectáculo,
reaproximando su naturaleza y función públicas a la de monumento.
20. El arte público meramente refleja, bajo apariencia de denuncia, las
contradicciones culturales del capitalismo avanzado, de las que se
constituye en paradigma máximo -en cuanto su presencia en el dominio
efectivo y no separado de la vida cotidiana produce no sólo discurso
ideológico, sino también fantasmagoría, plasmación e implantación de la
ideología como aparente e impla-cable "realidad".
21. La representación crítica de las formas sociales contemporáneas es
tolerada y alentada por la industria de la cultura actual, ya que su
status quo obtiene de ella la sanción de legitimidad que otorga el efecto
de trasparencia que su sola existencia como fantasmagoría, supuestamente
"real" , produce -lo "otro" existe, se pretende.
22. El arte sociológico debe acertar a representar no sólo las
contradicciones de la sociedad en que aparece; sino su propia inoperancia
para alterarlas. Sólo en esa medida -en tanto sea al mismo tiempo denuncia
de las contradicciones que en el contexto de las sociedades actuales dan
función también al arte- conseguirá abrir la distancia crítica que podría
constituirle en otra cosa que pura ex-presión ideológica y legitimadora,
en pauta dominante del capitalismo avanzado.
23. La proliferación actual del arte sociológico expresa, de hecho, no
sólo la insatisfactoria constitución de las sociedades contemporáneas
-sino también la insatisfactoria, por depotenciada, función que el arte
cumple en ellas, la conciencia de insuficiencia que respecto al arte
experimentan las nuevas generaciones.
24. La negatividad crítica del arte actual naufraga una y otra vez en su
naivité. Cualquier orden de complejidad en la producción de la distancia
crítica ha sucumbido a la capacidad de absorción de un sistema que se
alimenta de la cantidad de (supuesta) negación que induce. Desesperados de
hallar en las respuestas complejas una eficacia crítica, los artistas más
simplones de nuestro tiempo se han refugiado en la mera enunciación
provocona. Ello no causa sino irrisión y profunda lástima por la heredad
de una causa de la que inocuos principiantes -meros repetidores del
sonsonete del agit-prop- se pretenden administradores.
25. La actual "politización" del arte se mueve en el orden de una mera "estetización
de lo político" -fenómeno cuyo carácter antirevolucionario, por no decir
que abiertamente fascista, quedó hace demasiado tiempo establecido. La
"politización del arte" con que todavía hoy cumple responder requiere un
afinamiento cada día mayor en la comprensión de lo que esa fórmula
significa.
Sobre arte y vida, y la estetización banal de la existencia
26. Lo que llamamos "vida " no es sino la forma en que ésta está
colonizada y sometida a la estructuración que le impone una organización
interesada de las relaciones sociales. Si el arte no logra separarse de la
vida a la busca de una distancia crítica, entonces se constituye
inevitablemente en mero reflejo especular -por ende legitimador- de esa
organización.
27. El estado actual de estetización de la vida es banal, y no constituye
forma alguna de realización utópica del programa vanguardista de
identificación arte = vida. Sin embargo, sí conlleva una forma implícita
de "muerte del arte" -como desvanecimiento de la existencia separada de
éste, como pérdida de su valor simbólico.
28. El hombre ha perdido toda capacidad de darse una representación
orgánica de sí mismo. Es tarea del arte alumbrar espacios de la
representación que consientan al hombre construirse una imagen de sí,
restituida cuando menos como totalidad inestable en su diseminación
perspectiva y fragmentaria -tarea tanto más trascendental cuanto que el
hombre es precisamente aquel ser que coincide milimétricamente con su
propia representación, aquel ser que no es nada fuera de ella.
29. El arte es un prelenguaje. Sienta las premisas sobre las que se
constituye toda capacidad de emparejar las palabras y las cosas. Esta
capacidad es por entero arbitraria y su economía fiduciaria se rige por
una opción profunda, estética, por una intuición genérica de lo que
significa ser conciencia.
Sobre la función simbólica del arte y la producción del sujeto
30. Una ideología, una cultura, se construye como sistema de creencias
tácitas a partir de una especulación sobre la relación en que se encuentra
el usuario de sus lenguajes con el tiempo; esto es: cuáles son sus
expectativas de existencia, cuál es su relación con la muerte individual y
cuál es su relación con la especie.
31. Toda enunciación perteneciente a un sistema de lenguajes dado
reproduce, como efecto retórico asociado, una determina-da idea del sujeto
enunciador -aquella que establece las creencias que soporta el sistema en
relación a su existencia individual.
32. Es tarea del arte producir ese efecto de creencia en la relación de la
existencia del sujeto con su muerte como condición de posibilidad de un
empleo cualquiera del lenguaje -de un empareja-miento cualquiera de
palabra y cosa. En cualquier enunciado se produce, además de lo que se
dice, a aquél que habla. Producirle en primera instancia es una tarea del
arte.
33. Producir al sujeto de todos los enunciados posibles de una cultura
naciente es la tarea que el nuevo arte debería abordar. En ello tendría
lugar una recuperación de la capacidad simbólica del arte.
34. Es preciso establecer el espacio virtual de la totalidad de los
enunciados posibles de nuevas formas de cultura, a partir del trazado de
nuevos mapas cognitivos que nos permitan construir nuevas formas de
relación con el mundo y los otros, y la totalidad de las mediaciones que
administran esa relación.
Es ésta -la preproducción de formas de cultura nuevas- la única tarea
verdaderamente política que concierne al arte -la única forma no
deponteciada de acción política hoy por hoy, de hecho.
Sobre las posibilidades de representación de la clausura del
espacio de la representación.
35. La indecibilidad del significado pleno, su impresencia, la
notrasparencia del mundo a la palabra, a la representación, constituye el
límite de la experiencia creadora. La exposición de ese límite -la
mostración de la impresencia del sentido- constituye el camino de toda
estrategia de clausura de la representación -y consiguiente apertura de un
pensamiento desnudo del acontecer, desde el reconocimiento de la
precariedad del lenguaje como adecuadamente expresiva de la del mundo, del
in acabamiento de la forma como ex-presión de la inclausura del ser en el
tiempo.
La imposibilidad de la lectura radical, ciertamente, nunca debe ser
menospreciada.
36. La representación desnuda del propio espacio de la representación es
una estrategia de recuperación de la capacidad simbólica del arte. Es la
pérdida de la capacidad de representación lo que caracteriza a la cultura
de nuestro tiempo. Representar ese fallo generalizado de la cultura es el
único camino a través del que se puede aspirar a restaurar un espacio de
eficacia simbólica.
37. En última instancia, el abanico de las posibles estrategias de
resistencia a la muerte de la cultura por pérdida de su capacidad de
representación se despliega en una misma orientación: la resistencia a su
banalización ejercida a través de la exigencia reflexiva.
38. Es tarea de todo programa crítico promover una extrema exigencia
reflexiva contra el proceso de banalización que fomenta la percepción
distraída inducida por la condición massmediática de toda la industria de
la conciencia y el consumo trivial de la mercancía cultural.
39. Cualesquiera dispositivos efectivos para lograr tal fin son válidos,
en principio, provengan de los repertorios clásicamente considerados
conservadores -como la restauración de la "mirada museística "-,
vanguardistas -como la exigencia del shock de lo nuevo-, radicales -como
la sistemática puesta en cuestión de lo establecido-, 0 críticos -como la
exigencia de autoreflexión y autoanálisis de la obra y sus estrategias
enunciativas-.
Sobre el programa crítico y la complejidad
40. La inagotabilidad en el tiempo del significado -el sometimiento de
todo proceso de lectura del significante a una hermenéutica interminable-
apunta una intuición de la lógica del acontecimiento como ley natural de
la caducidad, que funda el lugar potencial 'de asentamiento de una
distancia crítica -en el espacio de una cultura.
41. La forma contemporánea que debe adoptar todo programa crítico no puede
ser ajena al destino postindustrial que afecta a toda la industria de la
conciencia. Cualquier planteamiento, programa o sistema de análisis ha de
adaptar su forma externa a los condicionamientos y la complejidad impuesta
por el régimen de difusión massmediática a la totalidad de nuestra
cultura.
42. Cualesquiera dispositivos críticos deben asumir sin ninguna nostalgia
su necesidad de adaptación al contexto técnico de organización actual de
la vida de la cultura. La voluntad crítica concebida como exigencia de
poder simbólico no puede estar reñida con el reconocimiento de la
problematicidad que a la construcción del espacio cultural le impone la
complejidad de las sociedades actuales -dada por la irreductible
multiplicidad de los lugares en que en ellas se produce, distribuye y
consume enunciación, discurso.
Sobre la tarea del arte
43. Es tarea del arte producir la cualificación intensiva de la
experiencia que podría revelar negativamente la insuficiencia de la propia
representación -dejando a su través intuir el reverso de un pensamiento
del acontecimiento. Esta iluminación instantánea - que revela toda la
insuficiencia de la cultura en cuyo marco la experiencia se otorga forma-
poseería el poder de fundar el nuevo marco genérico de conciencia que
sería capaz de reorganizar la experiencia.
44. Es tarea del arte contribuir a una estetización no banal de los mundos
de vida. Esto es: capaz de trastornar la vida y la con-ciencia que de ella
poseemos de una manera tal que, en última instancia, sirva a la
emancipación del ciudadano ya la reconciliación del sujeto con su
experiencia.
45. Es tarea del arte ejercer de principio activo en la dialéctica
interminable de rupturas y estabilizaciones de las formas de la cultura.
Su poder de visión -más allá de la capacidad de representación-, como
potencial de revelación negativa, debe ponerse al ser-vicio de un programa
crítico de revolución permanente, de transformación continua e inagotable
del mundo, de ]a que él mismo constituye el motor y la guía.
46. Es en última instancia tarea del arte iluminar el lugar -el espacio de
la representación- desde el que podría realizarse ese trabajo de fundación
de las nuevas formas de cultura que permitirían al hombre, a la humanidad,
reconciliarse con su existencia. Esto significa: acertar a darse una
adecuada auto representación -como precisamente aquel ser que tiene esa
tarea por misión. El conocer-se y saber algo de sí; merecer ostentar con
dignidad el inalcanzable pero irrenunciable rango de verdadera humanidad.
[Este texto fue publicado originalmente en José Luis Brea: Un ruido
secreto. El arte en la era póstuma de la cultura. Murcia: Mestizo, 1996]. |