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Arte. Plástica. Estética. Cultura /
Art. Plastic. Aesthetic. Culture

Por un arte no banal Manifiesto
José Luís Brea

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"La totalidad del mundo del arte ha alcanzado un nivel tan bajo, ha sido comercializado hasta un grado tal, que el arte y todo lo que tenga que ver con él se ha convertido en una de las actividades más triviales de nuestro tiempo. El arte en estos tiempos se ha hundido hasta uno de sus más bajos niveles en la historia, seguramente incluso inferior al de finales del XVIII, cuando ya no había gran arte, sino pura frivolidad. En el siglo XX el arte está jugando un papel de puro entretenimiento, como si viviéramos una época diver-tida, ignorando todas las guerras que experimentamos como parte de lo que somos" - Marcel Duchamp


Sobre el lugar de la cultura en nuestra época


1. Ninguna de las certidumbres que sostenían el modo de representar el mundo propio de las sociedades occidentales se mantiene ya en pie. La cultura, en su forma actual, ha perdido su potencia para cumplir alguna función simbólica; su capacidad para organizar el espacio de la representación. La cultura, en su forma actual, se ha convertido en un apéndice banal e inocuo de la industria del entretenimiento -y su capacidad de fundación o transformación de los mundos de vida ha sido plenamente absorbida y reconvertida en mera eficacia legitimadora de los estados de cosas existentes.
2. Las aspiraciones de la especie hombre sobre la tierra y en relación con su propio destino han quedado reducidas a una lógica de la supervivencia carente de horizonte y proyecto. Persistir en el ser es para el hombre, a estas alturas de la historia, ya un logro.
3. La evolución de lo humano en el tiempo ha quedado donada a la espontaneidad de una lógica ciega, al azar de una combinatoria ajena a toda legislación del espíritu o la voluntad. La cultura ha caído bajo el peso de las fuerzas de entropía que regulan la espontaneidad del devenir, convertida la nuestra en parte indistinta de la "historia natural".

4. La estetización de los mundos de vida que se ha producido como consecuencia de la extensión generalizada de los media y las industrias de la imagen -publicidad, diseño, ...- es banal. Esto es: carece de consecuencias tanto de cara a la emancipación del ciudadano como de cara a la reapropiación por el sujeto de la totalidad de su experiencia.
5. La expansión del arte en las sociedades contemporáneas es un efecto engañoso de la estetización banal de los mundos de vida. El único y deplorable efecto de esta estetización mediá1tica de los mundos de vida proyectada sobre la esfera del arte es su banalización.
6. El más grave efecto que en este proceso sufre el arte es, con todo, su instrumentalización como dispositivo de legitimación. El enemigo mayor de un programa crítico refinado a una conciencia de complejidad no debe ser hoy pues el "arte estetizado" -cuya irrelevancia es evidente-, sino cl arte que en su pretensión de radi-calidad no sirve sino a la legitimación, por postulación fantasmagórica de un lugar otro, del proceso de estetización banal de los mundos de vida.
7. Toda producción cultural está sometida a una lógica del tiempo que le retira a medio plazo su fuerza transformadora, absorbida por el sistema general de organización de los mundos de vida -en tanto forma institucionalizada. Como tal, toda producción cultural esta abocada a perder tarde o temprano su capacidad de alteración de la lógica de las instituciones.
La toma de conciencia de esta dialéctica lleva a las formas temporáneas a anticipar su absorción, apenas "simulando" su previa condición revolucionaria -y ello sólo para obtener garantía de acceso a una dinámica que reclama esa apariencia radical como pasaporte de ingreso. Es preciso escapar a este destino cínico propio de las formas de la cultura contemporánea.
8. Es necesario transformar radicalmente la forma contemporánea de la cultura si se pretende que recupere su poder simbólico, de organización y transformación de los mundos de vida. Es tarea del programa crítico combatir con todas las armas posibles el proceso de sistemática banalización y depotenciación simbólica de la cultura.

Sobre la crisis de la representación

9. Dos grandes pilares han caído irreversiblemente: la razón y la historia. Queda uno aún más principal -y es su tambalearse a lo que hoy asistimos. La idea misma de representación.
10. ¿Podríamos "representarnos" la hecatombe de la idea misma de representación? ¿Y cómo? -es éste el brutal desafío que la época nos depara. Un desafío que postula el único verdadero lugar del arte en nuestros tiempos. El espacio en que éste podría recuperar su función simbólica.

Sobre la "corrección política" y el multiculturalismo

11. Lo que inocentemente tomamos por multiculturalismo no es más que la expresión consoladora de una vieja mala conciencia que se instala entre nosotros para ayudar a ignorar lo fallido del proyecto humanista y disimularlo bajo la máscara de una hipócrita asunción de culpa por el colonialismo ejercido sobre los otros -eso sí, "en tiempos pasados".
12. La " corrección política " es una estrategia de enmascaramiento ideológico de las contradicciones culturales y sociales del capitalismo avanzado
13. El multiculturalismo es una estrategia paternalista mediante la cual la cultura occidental ensaya mantener su condición hegemónica -astutamente transfigurada en apertura metadiscursiva a la presencia de la diferencia. En el "multiculturalismo" actual, falsamente tomado por mestizaje, la occidental pretende convertirse en metacultura, en "cultura de culturas", ya que no le es dado mantener su hegemonía horizontal.

Sobre ( contra) el populismo estético

14. La multiplicación del número de receptores no debe nunca ser considerada rasgo de valor de una política cultural. La permeabilidad extrema de la retícula de circuitos comunicacionales de las sociedades contemporáneas garantiza que cualquier mensaje con una tonalidad intensiva suficientemente elevada podría acabar por alcanzar, en resonancia, hasta el último rincón del mundo, hasta el último sujeto de experiencia.
15. Es preciso acabar con el lamentable populismo estético que, con la excusa de la mayor accesibilidad pública de las masas a los lenguajes especializados, está liquidando todo el potencial de lo artístico para intensificar, trastornar o modificar las formas de la existencia.
16. Bajo el punto de vista de una lógica de las intensidades, es preciso defender espacios acotados de circulación de la mercancía-cultura. Sólo en el contexto de tales "circuitos-micro" puede esperarse la aparición de un producto capaz de responder activa y críticamente a la extrema problematicidad conceptual del estado epocal de los lenguajes y las formas de la cultura.

Sobre el arte público, el sociológico, y el pretendidamente 'político ".

17. La carencia de contenido revolucionario de la figura que postulaba una superación del estado escindido de la esfera del arte, tal y como esta figura se ha cumplido en nuestras sociedades mediáticas, debe resultarnos moralmente inaceptable. Ello sitúa nuestra resistencia a representarnos como cumplida la extensión plena del dominio de la institución-Arte a la totalidad de los espacios de vida, y explica la pertinacia con que el arte actual se empecina en "simular" una distancia infranqueada sobre la que reivindicar todavía la vigencia de un necesario programa de "superación" -la superación de una separación que, de hecho, ya ha dejado de existir.
18. Esta capacidad de al mismo tiempo simular una insuperada distancia entre la institución-Arte y el espacio de vida cotidiana, por un lado, y de insistir por otro en proclamar la necesidad de su superación, es la que sienta el (falaz) fundamento actual del "arte público" y el "arte sociológico", como expresión de una falsa conciencia pretendidamente "revolucionaria" que sintomatiza el vértigo de nuestra " decepción instruida" -de tardíos nihilistas postilustrados.
19. El arte público pretendidamente más politizado ha perdido su capacidad para alterar la lógica de las instituciones -en cuanto ésta se ha extendido hasta abarcar su dinámica en términos de espectáculo, reaproximando su naturaleza y función públicas a la de monumento.
20. El arte público meramente refleja, bajo apariencia de denuncia, las contradicciones culturales del capitalismo avanzado, de las que se constituye en paradigma máximo -en cuanto su presencia en el dominio efectivo y no separado de la vida cotidiana produce no sólo discurso ideológico, sino también fantasmagoría, plasmación e implantación de la ideología como aparente e impla-cable "realidad".
21. La representación crítica de las formas sociales contemporáneas es tolerada y alentada por la industria de la cultura actual, ya que su status quo obtiene de ella la sanción de legitimidad que otorga el efecto de trasparencia que su sola existencia como fantasmagoría, supuestamente "real" , produce -lo "otro" existe, se pretende.
22. El arte sociológico debe acertar a representar no sólo las contradicciones de la sociedad en que aparece; sino su propia inoperancia para alterarlas. Sólo en esa medida -en tanto sea al mismo tiempo denuncia de las contradicciones que en el contexto de las sociedades actuales dan función también al arte- conseguirá abrir la distancia crítica que podría constituirle en otra cosa que pura ex-presión ideológica y legitimadora, en pauta dominante del capitalismo avanzado.
23. La proliferación actual del arte sociológico expresa, de hecho, no sólo la insatisfactoria constitución de las sociedades contemporáneas -sino también la insatisfactoria, por depotenciada, función que el arte cumple en ellas, la conciencia de insuficiencia que respecto al arte experimentan las nuevas generaciones.
24. La negatividad crítica del arte actual naufraga una y otra vez en su naivité. Cualquier orden de complejidad en la producción de la distancia crítica ha sucumbido a la capacidad de absorción de un sistema que se alimenta de la cantidad de (supuesta) negación que induce. Desesperados de hallar en las respuestas complejas una eficacia crítica, los artistas más simplones de nuestro tiempo se han refugiado en la mera enunciación provocona. Ello no causa sino irrisión y profunda lástima por la heredad de una causa de la que inocuos principiantes -meros repetidores del sonsonete del agit-prop- se pretenden administradores.
25. La actual "politización" del arte se mueve en el orden de una mera "estetización de lo político" -fenómeno cuyo carácter antirevolucionario, por no decir que abiertamente fascista, quedó hace demasiado tiempo establecido. La "politización del arte" con que todavía hoy cumple responder requiere un afinamiento cada día mayor en la comprensión de lo que esa fórmula significa.

Sobre arte y vida, y la estetización banal de la existencia

26. Lo que llamamos "vida " no es sino la forma en que ésta está colonizada y sometida a la estructuración que le impone una organización interesada de las relaciones sociales. Si el arte no logra separarse de la vida a la busca de una distancia crítica, entonces se constituye inevitablemente en mero reflejo especular -por ende legitimador- de esa organización.
27. El estado actual de estetización de la vida es banal, y no constituye forma alguna de realización utópica del programa vanguardista de identificación arte = vida. Sin embargo, sí conlleva una forma implícita de "muerte del arte" -como desvanecimiento de la existencia separada de éste, como pérdida de su valor simbólico.
28. El hombre ha perdido toda capacidad de darse una representación orgánica de sí mismo. Es tarea del arte alumbrar espacios de la representación que consientan al hombre construirse una imagen de sí, restituida cuando menos como totalidad inestable en su diseminación perspectiva y fragmentaria -tarea tanto más trascendental cuanto que el hombre es precisamente aquel ser que coincide milimétricamente con su propia representación, aquel ser que no es nada fuera de ella.
29. El arte es un prelenguaje. Sienta las premisas sobre las que se constituye toda capacidad de emparejar las palabras y las cosas. Esta capacidad es por entero arbitraria y su economía fiduciaria se rige por una opción profunda, estética, por una intuición genérica de lo que significa ser conciencia.

Sobre la función simbólica del arte y la producción del sujeto

30. Una ideología, una cultura, se construye como sistema de creencias tácitas a partir de una especulación sobre la relación en que se encuentra el usuario de sus lenguajes con el tiempo; esto es: cuáles son sus expectativas de existencia, cuál es su relación con la muerte individual y cuál es su relación con la especie.
31. Toda enunciación perteneciente a un sistema de lenguajes dado reproduce, como efecto retórico asociado, una determina-da idea del sujeto enunciador -aquella que establece las creencias que soporta el sistema en relación a su existencia individual.
32. Es tarea del arte producir ese efecto de creencia en la relación de la existencia del sujeto con su muerte como condición de posibilidad de un empleo cualquiera del lenguaje -de un empareja-miento cualquiera de palabra y cosa. En cualquier enunciado se produce, además de lo que se dice, a aquél que habla. Producirle en primera instancia es una tarea del arte.
33. Producir al sujeto de todos los enunciados posibles de una cultura naciente es la tarea que el nuevo arte debería abordar. En ello tendría lugar una recuperación de la capacidad simbólica del arte.
34. Es preciso establecer el espacio virtual de la totalidad de los enunciados posibles de nuevas formas de cultura, a partir del trazado de nuevos mapas cognitivos que nos permitan construir nuevas formas de relación con el mundo y los otros, y la totalidad de las mediaciones que administran esa relación.
Es ésta -la preproducción de formas de cultura nuevas- la única tarea verdaderamente política que concierne al arte -la única forma no deponteciada de acción política hoy por hoy, de hecho.

Sobre las posibilidades de representación de la clausura del espacio de la representación.

35. La indecibilidad del significado pleno, su impresencia, la notrasparencia del mundo a la palabra, a la representación, constituye el límite de la experiencia creadora. La exposición de ese límite -la mostración de la impresencia del sentido- constituye el camino de toda estrategia de clausura de la representación -y consiguiente apertura de un pensamiento desnudo del acontecer, desde el reconocimiento de la precariedad del lenguaje como adecuadamente expresiva de la del mundo, del in acabamiento de la forma como ex-presión de la inclausura del ser en el tiempo.
La imposibilidad de la lectura radical, ciertamente, nunca debe ser menospreciada.
36. La representación desnuda del propio espacio de la representación es una estrategia de recuperación de la capacidad simbólica del arte. Es la pérdida de la capacidad de representación lo que caracteriza a la cultura de nuestro tiempo. Representar ese fallo generalizado de la cultura es el único camino a través del que se puede aspirar a restaurar un espacio de eficacia simbólica.
37. En última instancia, el abanico de las posibles estrategias de resistencia a la muerte de la cultura por pérdida de su capacidad de representación se despliega en una misma orientación: la resistencia a su banalización ejercida a través de la exigencia reflexiva.
38. Es tarea de todo programa crítico promover una extrema exigencia reflexiva contra el proceso de banalización que fomenta la percepción distraída inducida por la condición massmediática de toda la industria de la conciencia y el consumo trivial de la mercancía cultural.
39. Cualesquiera dispositivos efectivos para lograr tal fin son válidos, en principio, provengan de los repertorios clásicamente considerados conservadores -como la restauración de la "mirada museística "-, vanguardistas -como la exigencia del shock de lo nuevo-, radicales -como la sistemática puesta en cuestión de lo establecido-, 0 críticos -como la exigencia de autoreflexión y autoanálisis de la obra y sus estrategias enunciativas-.

Sobre el programa crítico y la complejidad

40. La inagotabilidad en el tiempo del significado -el sometimiento de todo proceso de lectura del significante a una hermenéutica interminable- apunta una intuición de la lógica del acontecimiento como ley natural de la caducidad, que funda el lugar potencial 'de asentamiento de una distancia crítica -en el espacio de una cultura.
41. La forma contemporánea que debe adoptar todo programa crítico no puede ser ajena al destino postindustrial que afecta a toda la industria de la conciencia. Cualquier planteamiento, programa o sistema de análisis ha de adaptar su forma externa a los condicionamientos y la complejidad impuesta por el régimen de difusión massmediática a la totalidad de nuestra cultura.
42. Cualesquiera dispositivos críticos deben asumir sin ninguna nostalgia su necesidad de adaptación al contexto técnico de organización actual de la vida de la cultura. La voluntad crítica concebida como exigencia de poder simbólico no puede estar reñida con el reconocimiento de la problematicidad que a la construcción del espacio cultural le impone la complejidad de las sociedades actuales -dada por la irreductible multiplicidad de los lugares en que en ellas se produce, distribuye y consume enunciación, discurso.

Sobre la tarea del arte

43. Es tarea del arte producir la cualificación intensiva de la experiencia que podría revelar negativamente la insuficiencia de la propia representación -dejando a su través intuir el reverso de un pensamiento del acontecimiento. Esta iluminación instantánea - que revela toda la insuficiencia de la cultura en cuyo marco la experiencia se otorga forma- poseería el poder de fundar el nuevo marco genérico de conciencia que sería capaz de reorganizar la experiencia.
44. Es tarea del arte contribuir a una estetización no banal de los mundos de vida. Esto es: capaz de trastornar la vida y la con-ciencia que de ella poseemos de una manera tal que, en última instancia, sirva a la emancipación del ciudadano ya la reconciliación del sujeto con su experiencia.
45. Es tarea del arte ejercer de principio activo en la dialéctica interminable de rupturas y estabilizaciones de las formas de la cultura. Su poder de visión -más allá de la capacidad de representación-, como potencial de revelación negativa, debe ponerse al ser-vicio de un programa crítico de revolución permanente, de transformación continua e inagotable del mundo, de ]a que él mismo constituye el motor y la guía.
46. Es en última instancia tarea del arte iluminar el lugar -el espacio de la representación- desde el que podría realizarse ese trabajo de fundación de las nuevas formas de cultura que permitirían al hombre, a la humanidad, reconciliarse con su existencia. Esto significa: acertar a darse una adecuada auto representación -como precisamente aquel ser que tiene esa tarea por misión. El conocer-se y saber algo de sí; merecer ostentar con dignidad el inalcanzable pero irrenunciable rango de verdadera humanidad.

[Este texto fue publicado originalmente en José Luis Brea: Un ruido secreto. El arte en la era póstuma de la cultura. Murcia: Mestizo, 1996].


 

 

 

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