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Arte. Plástica. Estética. Cultura /
Art. Plastic. Aesthetic. Culture

La obra de arte
Ricardo Martín Crosa

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1.
He entrado en un recinto y me he detenido ante una masa mineral, ante una cantidad de materia expuesta a la curiosidad del visitante. Es un trozo de mármol. Es una obra de arte.

Esa obra está ahí, simplemente. No lleva finalidad ninguna. No cubre un hueco. No sostiene un techo. No sustenta un muro. Descansa, nada más. Está presente.

Si hubiéramos de medir el valor de los objetos por la función servicial que desempeñan, tendríamos que decir que este mármol no representa un valor. No sirve para nada. Es tan inútil como la piedra que acabo de patear frente a un edificio demolido.

Pero yo advierto que no puedo mirar esta piedra como he mirado aquella. Este mármol está ahí y descansa. Y, sin embargo, no me es indiferente como la piedra que hace un momento he apartado con el pie para continuar mi camino. Esta obliga a mi vista. Una cierta emanación parece desprenderse de su forma. Hay un dinamismo en su estar. Hay una actividad en su descanso. Esta piedra tiene algo, algo más, que no es ella misma, y que me obliga a abandonar mi actitud de curioso para entrar en su emanación, para detenerme ante su sugerencia, para adoptar una actitud contemplativa.

2.

He contemplado largo rato. Me he rendido al avasallamiento sereno que surge de este bloque marmóreo y que se impone a mi espíritu. Mi vista sube y baja nuevamente a lo largo de sus masas. No puede separarse de ellas y siente que nada podría en este momento añadirse a estas formas que no estuviera de más. Por otra parte, nada podría quitárseles. Mis ojos están atrapados en su armonía y siento ese bulto como una cosa única; como algo irrepetible, cerrado sobre sí en una actitud de compacta presencia.

3.

Pero no quiero decir, al pronunciar la palabra "cerrado", que el bloque sea opaco e impenetrable, que se muestre agresivo a quien lo mira. Por el contrario, una lenta blandura parece desprenderse de su materia. Y una irresistible transparencia me permite acceder a ese algo del que antes he dicho.

Más todavía. En este instante percibo claramente que el mármol no está muerto, que lo habita una especie de vida subterránea que organiza su materia y la torna irradiante. En él, como en un organismo vivo, y a pesar de su simplicidad, no hay pobreza. Siento que tiene mucha verdad acumulada. Relaciones sutiles. Aproximaciones inesperadas. Hay muchas cosas juntas en ese simple trozo de mármol.

4.

Compruebo ahora que no recuerdo el tamaño ni la forma de la piedra que encontré en mi camino. No, ni siquiera recuero su peso contra el empuje de mi pie. Era una piedra y nada más. Es todo lo que recuerdo. Pudo servir para tirarla contra un animal; pudo servir para echarla en los cimientos de un edificio. Pero en ninguno de esos casos me hubiera interesado poner en evidencia la materia como tal, sino simplemete utilizarla.

En cambio, aquí, en este recinto en que me encuentro, frente a este objeto que se llama obra de arte, siento que la materia misma ha tomado prestancia, ha sido puesta en relieve. Sin su luz peculiar, sin su tacto, sin su color, sin las estrías que la ciñen, nada llegaría a mi espíritu. Cuando pretenda rememorar la impresión única que ya no volveré a experimentar así frente a ningún objeto, tendré que recurrir a la memoria para resucitar la forma de este mármol, para recuperar esta materia: sólo en ella y por ella se me ha dado hoy lo que me ha sido dado.

5.

Salgo, pues, a la calle. El día tiene una cernida luz de invierno. Me alejo del museo. Porque es el Museo de Rodin, en París. La escultura, el par de manos, "Catedral o secreto", de Auguste Rodin.

6.

La obra de arte es, pues, ese objeto confeccionado por el hombre con la finalidad de que en él se haga presente la belleza.

Es por eso que en ella se da ese más, esa dimensión alegórica a la que ya antes hicimos referencia. Como, asimismo, esa plenitud, esa sobrecarga significativa que es propia del símbolo.

Ello es posible porque los elementos que se entremezclan en la obra han plasmado una estructura completa, viva, irradiante, intuitiva. Apretada sobre su forma, en la que brilla la materia a través de la cual se nos entrega el prodigio.


 

 

 

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