El escándalo que provocó Le Déjeuner sur l' herbe convirtió a Manet
en un paria dentro del mundo oficial del arte, pero en un héroe para los
artistas jóvenes, que buscaban liberarse de las rígidas reglas y
jerarquías del sistema académico. Estos pintores, que formarón el núcleo
del futuro movimiento impresionista, se conocieron siendo estudiantes en
París a principios de la década de 1860. Claude Monet (1840-1926), Auguste
Renoir (1841-1919), Alfred Sisley (1839-1899) y Frederic Bazille
(1841-1870), se hicieron amigos mientras estudiaban con el maestro Charles
Gleyre. Monet también conoció durante esta época, a Camille Pissarro
(1830-1903) y a Paul Cézanne (1839-1906), probablemente en la Academia
Suiza. En 1864, Monet encabezó un grupo de compañeros en una excursión
pictórica a una pequeña aldea cerca del bosque de Fontainebleau, donde
Renoir, Bazille y Sisley (6) pintaron juntos exteriores tomados
directamente de la naturaleza. Para establecer las condiciones climáticas
y de luz, en horas específicas del día, experimentaron con colores más
brillantes y pinceladas más espontáneas. Este enfoque violaba el método
tradicional de pintar únicamente bocetos o acuarelas al aire libre, a
manera de estudios preparatorios para composiciones mayores, más acabadas,
que se reorganizaban y se pulían en el estudio.
Contrariamente a lo que se piensa, los impresionistas no fueron los
primeros artistas que pintaron en el exterior. Pierre-Henri de
Valenciennes (1750-1819), pintor académico francés de principios del siglo
XIX, fue un gran defensor de la pintura rápida al aire libre, sin detalles
ni acabados, que permité capturar los efectos cambiantes de la naturaleza:
"[...] todos los estudios realizados en la naturaleza", afirmaba el
pintor, deberían hacerse, en el exterior, en dos horas y si se busca el
efecto de un amanecer o atardecer, "deberían terminarse en un máximo de
media hora".(7) Es significativo que Valenciennes estableciera una clara
distinción entre los estudios al aire libre y los cuadros para exhibición
producidos en el estudio. Después de 1830, la pintura al aire libre
adquirió popularidad en Francia, especialmente entre un grupo de pintores
que trabajaba en Barbizon, cerca del bosque de Fontainebleau. Salvo raras
excepciones, estos pintores continuaron realizando en el estudio la
mayoría de sus pinturas para el Salón. Charles-François Daubigny
(1817-1878), adaptó una barca para pintar en el río Sena y en el Oise en
1857, y fue el único de los artistas de Barbizon que no dejó de pintar al
aire libre sus cuadros para exposición. Eugène Boudin (1824-1898),
originario de Normandía, también pintaba al aire libre durante la década
de 1850, pero generalmente realizaba bocetos rápidos, y no cuadros para el
Salón.(8)
Claude Monet, hijo de un abarrotero de Le Havre, empezó a pintar al aire
libre, en 1858, bajo la dirección de Boudin. A principios de la década de
1869, Monet y Boudin, algunas veces acompañados por el holandés J.B.
Jongkind, pintaron escenas de playa y paisajes marinos en la costa
normanda. A mediados de esta década, Bazille y otros artistas se unieron a
Monet. Con el fin de liberarse de ideas preconcebidas, trabajaron como
científicos para lograr registrar, las condiciones exactas de la luz, del
clima y de la atmósfera, haciendo a un lado el carácter sentimental y
anecdótico de la obra.
En 1865, Monet respondió Le Déjeuner sur l' herbe de Manet,
pintando su propia versión del tema, pero ejecutado totalmente al aire
libre y en un formato más grande. (La pintura de Manet parece un pastiche
ingenioso, con modelos pintados en el taller, y colocados frente a un
paisaje imaginario.) Monet trabajó en su enorme composición casi hasta la
apertura del Salón de 1866, pero los cambios realizados en el último
momento no le gustaron, y presentó otro cuadro. Posteriormente, el pintor
abandonó su versión de Le Déjeuner sur l' herbe, en su taller,
donde se enmoheció a tal grado que terminó cortándola en pedazos. Entre
1866 y 1867 Monet volvió a intentar ejecutar una gran composición de
figuras completamente al aire libre, cuyo resultado fue Femmes au
jardin [Mujeres en el jardín]
Cuando Courbet visitó a Monet en la Ville d' Avray, cerca del bosque de
Fontainebleu, le divirtió descubrir una zanja en el suelo, que permitía
bajar el enorme lienzo para que el artista pudiera trabajar en la parte
superior. Lo que le sorprendió todavía más fue que Monet no estaba
pintando, sino esperando que saliera el sol para poder pintar el fondo con
la misma luz que el primer plano. Por razones obvias, Monet desechó la
sugerencia de Courbet de inventar el fondo; rechazó también los métodos
convencionales de modelado de la forma basados en medios tonos graduados.
La propuesta de Monet fue pintar la hierba y las hojas mediante gruesas
capas de color absoluto, técnica que produce la sensación de un boceto
ejecutado directa e inmediatamente frente al motivo.(9) En vez de usar los
grises o negros convencionales para las sombras, éstas se representan con
colores puros, como se ve en los verdes y lilas que se reflejan del
follaje en los vestidos blancos y sobre la cara de la muchacha sentada. La
técnica pictórica de Monet también esquematiza la forma, como si el motivo
fuera visto bajo un sol intenso. Cuando el jurado del Salón de 1867
rechazó esta pintura, el crítico Emile Zola salió en defensa de Monet:
[..] Han rechazado sus figuras de mujeres
con alegres vestidos de verano y recogiendo flores en un jardín. La luz
del sol cae directamente sobre sus luminosas faldas blancas, la cálida
sombra de un árbol cruza el sendero y sus brillantes vestidos parecen una
ancha tela gris. Nada podría ser más singular que este efecto. Un hombre
debe estar verdaderamente enamorado de su época para intentar un tour
de force tan espectacular, con telas cortadas en dos por el efecto del
sol y la sombra. (10)
En 1869 Monet y Renoir, trabajando juntos, señalaron la dirección que
tomaría el Impresionismo en una serie de vistas de un balneario popular en
el río Sena. La Grenouillère de Renoir, que representa el
embarcadero y el café exterior de ese balneario, fragmenta en su totalidad
la superficie del cuadro con pequeñas pinceladas de color, aplicadas en
forma de puntos y guiones entrecortados, para sugerir sensaciones de agua
ondulante, viento que sopla, luz solar reflejada por los botes y figuras
en movimiento constante. Se suprime el detalle para privilegiar el efecto
total, mientras que las formas sólidas se disuelven en un flujo de color
vibrante. Las sombras se logran con color en vez de tonos neutros, y la
luz reflejada, que se disemina por todo el cuadro, se manifiesta con
trazos cortos de color puro, sin mezclar en la paleta. Al mismo tiempo, la
intrincada red de pinceladas de color integra y le da energía a toda la
superficie pictórica. En 1870, el crítico de arte Theodore Duret aplaudió
este abandono de las reglas y teorías fijas en favor de una respuesta a la
naturaleza que fuera sincera, espontánea y original:
E1 impresionista se sienta a la orilla de
un río; el agua adquiere diversos tonos según el cielo, el ángulo de
visión, la hora del día y la calma o agitación de la atmósfera; y el
pintor pinta, sin titubeos, el agua con todos sus tonos. Si el cielo está
nublado y lluvioso, el artista pinta un agua verde mar, pesada, opaca; si
el cielo está tranquilo y el sol brillante, pinta un agua azul, de brillo
plateado; si hay viento, pinta los reflejos creados por las pequeñas olas;
si el sol se está poniendo y lanza sus rayos sobre el agua, el
impresionista pone amarillos y rojos en el lienzo para capturar el efecto.
(11)
A Monet y a sus colegas les fascinaba la vista de la luz del sol cayendo
sobre el agua y atravesándola, un proceso en donde la luz blanca se
fractura en un prisma de color. Por razones similares les atraía el
estudio de los efectos de la nieve. A pesar de lo desagradable de las
condiciones de trabajo, muchos impresionistas pintaron al aire libre
durante el invierno para estudiar el efecto de la luz cuando la reflejaba
la nieve y lanzaba destellos de colores hacia las superficies vecinas.
Otra de sus actividades favoritas era estudiar las figuras bajo sombras de
follaje o de toldos, donde la luz solar también se rompe en colores
reflejados. El Moulin de la Galette de Renoir de 1876, que
representa un parque de diversiones popular en Montmartre, es un estudio
magistral de luz reflejada en una multitud de figuras que pasan entre la
luz solar y la media sombra, creando notas vibrantes de color que bailan
sobre la piel humana como la luz del sol sobre el agua ondulante. Aunque
muchos de estos cuadros fueron en realidad compuestos (o por lo menos
terminados) en el estudio, las pinceladas ligeras y las formas borrosas
conservan la impresión de un boceto pintado al aire libre directamente
ante la naturaleza.
Hacia fines de la década de 1860 surgió un tipo distinto de impresionismo
en las pinturas de Edgar Degas (1843-1917). Nacido en el seno de una
familia rica, Degas recibió una enseñanza académica tradicional y durante
los primeros años pintó principalmente temas históricos y retratos. Sin
embargo, a partir de 1860, inspirado en parte por Manet, Degas se dedicó a
la observación directa de la vida diaria en la ciudad moderna. El
hipódromo, el ballet, los conciertos, las cantantes de café y la vida de
los bulevares de moda en París se convirtieron en sus temas predilectos.
Aunque Degas adoptó el color brillante del impresionismo, continuó
dibujando y organizando sus composiciones con precisión escrupulosa. Al
principio simuló el efecto de una instantánea por medio de innovadoras
estrategias en la composición. Las formas planas, simplificadas, pintadas
con color penetrante, de Aux courses en province (La Voiture aux
courses) [En las Carreras en provincia], de 1869, sugieren una escena
observada bajo el brillo decolorante de un sol intenso. Sin embargo, las
características más innovadoras del cuadro se encuentran en la composición
severamente asimétrica y en el inusitado recorte de las formas en la
orilla del cuadro, como se aprecia en el carruaje incompleto a la extrema
izquierda. Estas estrategias tan radicales en la composición, hacen pensar
en una "mirada errante" que ha captado sólo momentáneamente un evento
fugaz. Posteriormente, Degas combinó los mismos artificios con
perspectivas y ángulos de visión inusitadamente elevados, provenientes en
parte de grabados japoneses y de la fotografía, para crear arreglos
informales que, según las normas tradicionales, parecerían producto del
azar, especialmente si se comparan con la preferencia del arte académico
por un diseño simétrico y estético. No obstante, Degas disipó cualquier
idea de que sus composiciones fueran producto de la casualidad o de un
accidente. "Ningún arte puede ser menos espontáneo que el mío", señaló.
"Lo que yo hago es el resultado de una reflexión cuidadosa y de un estudio
de los grandes maestros."(12)
Como se aprecia en Café-Concierto en el Ambassadeurs
[Café-concierto del Ambassadeurs], pastel sobre monotipo pintado entre
1876 y 1877, también inventó métodos originales para combinar diferentes
medios, que dieron como resultado una síntesis novedosa de línea y color.
Maestro en el dibujo, Degas desarrolló un toque fluido, espontáneo,
creador de lo que podría describirse como un "impresionismo de la línea"
con habilidad propia para sugerir figuras y perspectivas en movimiento.
En lugar de limitarse a los placeres de la sociedad próspera, Degas
analizó aspectos desagradables de la vida moderna con la objetividad
imparcial de las ciencias sociales. Mientras que Le Bal du Moulin de la
Galette de Renoir celebra las costumbres sociales y diversiones de la
clase media, Mujeres en la Terraza de un Café de Degas,
aproximadamente de la misma época, retrata a dos prostitutas aburridas
sentadas en una mesa de café por la noche. Mientras esperan al próximo
cliente, la figura de un hombre que pasa por la calle se refleja en el
espejo detrás de ellas. La más vieja, a la derecha, sugiere el destino de
la más
joven, que tiene el pulgar metido en la boca de manera melancólica y
sugestiva. Aparenta poco interés en la bebida a medio consumir sobre la
mesa, tal vez alguno de los licores narcóticos a los que eran adictas
muchas prostitutas.
El impresionismo maduró y surgió como movimiento unificado al principio de
la década de 1870. Hacia fines de 1871 Monet se instaló en Argenteuil, una
pintoresca población situada justo al norte de París donde se navegaba por
el Sena. Durante los años que siguieron, lo visitaron con frecuencia
Renoir, Sisley y Manet. En Argenteuil los artistas pintaron juntos,
intercambiaron ideas y utilizaron colores cada vez más brillantes y
pinceladas más separadas. Hasta Manet; que siempre trató de mantener su
independencia negándose a exponer con esta joven generación de rebeldes
artísticos, acabó adoptando completamente el impresionismo en su cuadro
Monet en su Estudio Flotante, de 1874.
En ese mismo año los impresionistas organizaron su primera exposición
independiente. Habían considerado esta posibilidad desde 1867, pero sabían
que desafiar al Salón comprometería seriamente su reputación y sus
carreras. Quedarían para siempre marcados como radicales y acusados de
abandonar el Salón para ocultar sus propias fallas. Además, se expondrían
a una mayor crítica de la prensa, que perjudicaría a sus ventas y
destruiría las posibilidades de un futuro reconocimiento oficial. El
inicio de la guerra franco-prusiana interrumpió temporalmente sus planes
de una acción concertada. Renoir y Bazille se unieron al ejército, Manet y
Degas se alistaron en la Guardia Nacional. Cézanne regresó a su casa en el
sur de Francia, mientras Monet y Pissarro huyeron a Londres. El movimiento
sufrió su mayor pérdida cuando Bazille murió en acción en noviembre de
1870. A la firma de la paz en 1871 siguieron tres años de ocupación
militar y una fuerte reacción política, lo que disminuyó el entusiasmo que
se habría necesitado para enfrentarse al estado y a sus instituciones
culturales.
A fines de 1873, los impresionistas se encontraban frustrados por la falta
de ventas y el rechazo recurrente del Salón. Acordaron al fin organizar
una exposición grupal independiente, que no tendría jurado ni premios.
Junto con otros artistas que se les unieron, formaron un sindicato y
decidieron llamarse Société Anonyme des Artistes Peintres, Sculpteurs,
Graveurs, etc. Su exposición se abrió en la primavera de 1874 en los
estudios del fotógrafo Nadar. Con excepción de Manet, que seguía
considerando al Salón como el camino al triunfo, participaron las
principales figuras relacionadas con el impresionismo, entre las que
estaban Monet, Renoir, Sisley, Pissarro, Cézanne y Degas. Al grupo se unió
una mujer, Berthe Morisot (1841-1895), que empezó a pintar exteriores en
la década de 1860 y se convirtió depués en la protegida de Manet. En total
unos treinta artistas contribuyeron a esta exposición, que incluyó a
muchos pintores que no eran realmente impresionistas. La prensa, no
obstante, concentró su atención en Monet y sus colegas, y como ya se ha
mencionado, el crítico Louis Leroy escribió el artículo satírico que
bautizó al grupo como "impresionista", aunque no todo el mundo compartía
esa opinión de Leroy. La exposición contó con una nutrida asistencia y los
periódicos consignaron comentarios tanto favorables como negativos.
Entre 1874 y 1886 los impresionistas y sus seguidores organizaron ocho
exposiciones colectivas.(13) Durante esta época hubo violentos desacuerdos
con respecto al nombre del grupo. Degas prefería considerarse realista,
mientras que otros se describían sencillamente como artistas
"independientes". En una sola ocasión, para la tercera exposición de 1877,
estuvieron de acuerdo, por voto mayoritario del sindicato, en exhibir bajo
el título de "impresionistas".(14) A pesar de su corta duración, las ocho
exposiciones impresionistas tuvieron gran importancia histórica por haber
subvertido la autoridad del Salón y el control del estado sobre las artes.
También atrajeron a nuevos reclutas al impresionismo, que incluyeron a
Gustave Caillebotte (1848-1894), Mary Cassatt (1845-1926), y Paul Gauguin
(1848-1903).
II La crisis del impresionismo
Hacia 1880 el grupo de impresionistas se disolvió cuando los artistas
optaron por direcciones diversas, a veces opuestas. Varios de los miembros
originales se retiraron de las exposiciones colectivas. Otros pintores
reevaluaron su trabajo inicial y criticaron la falta de una estructura
disciplinada dentro del impresionismo. Algunos se inclinaron hacia métodos
más teóricos, incluso científicos, para estudiar el color. Un grupo
disidente reaccionó contra cierta falta de contenido significativo
percibida en el impresionismo y sus miembros empezaron entonces, a buscar
temas nuevos.
Renoir fue uno de los primeros en mostrarse insatisfecho con el
movimiento. Después de ver los frescos de Rafael, durante un viaje a
Italia, decidió replantear los conceptos del impresionismo ligando el
colorido de su paleta a la estructura compositiva de la tradición
clá1sica. "Mi época como impresionista había llegado a su fin", escribió
Renoir, "y estaba llegando a la conclusión de que yo no sabía ni pintar ni
dibujar".(15) Durante tres años, entre 1884 y 1887, el artista luchó por
terminar una nueva e importante composición, Baiigneuses [Bañistas].
El tema remite a los desnudos de Tiziano y Poussin, aunque la composición
se inspira en realidad en un relieve de François Girardon, escultor
francés del siglo XVII. A partir de esta influencia, Renoir definió las
figuras mediante contornos nítidos y formas precisas que dan a sus
desnudos peso y volumen. Este nuevo lenguaje estaba completamente alejado
de las sensaciones fugaces y de las figuras incompletas y efímeras de su
cuadro La Grenouillère de 1869. En Baigneuses se advierte la
influencia renacentista, consistente en organizar desnudos monumentales en
un triángulo situado al centro de la composición. Al mismo tiempo, Renoir
pintó el paisaje de fondo mediante pinceladas rápidas, ligeras y de color
intenso, sintetizando así la estructura clásica y la luz exterior natural
del impresionismo.
Durante la década de 1880, Cézanne también se desilusionó de la
espontaneidad ilimitada de los impresionistas y declaró que quería hacer
del impresionismo "un arte perdurable, como el de los museos".(16) Decidió
entonces organizar la superficie del lienzo mediante patrones a partir de
enérgicas pinceladas. También desarrolló métodos para ordenar el espacio y
usar el color en la construcción de formas sólidas con masa y volumen. En[
Mont Sainte --Victoire, Seen Irom Bellevue, visto desde Bellevue],
pintado entre 1882 y 1885, el espacio se reduce a una ordenada secuencia
de planos, desde los árboles del frente hacia el camino del plano
intermedio y a las montañas del fondo. La reducción espacial está
controlada por planos alternos de color cálido y fresco, con frecuencia
paralelos a la superficie del cuadro. Esta estructura disciplinada en la
composición recuerda el paisaje heroico de Poussin. Así, al igual que
Renoir, Cézanne sintetizó el color impresionista y el clasicismo francés
del siglo XVII.
Durante los mismos años, Pissarro también reaccionó contra la falta de
estructura del impresionismo y se unió a los neoimpresionistas, grupo
disidente que se formó alrededor de Georges Seurat (1859-1891). Los
neoimpresionistas, llamados también divisionistas y puntillistas,
presentaron juntos sus obras, por primera vez, en la última exposición
impresionista en 1886. Su objetivo era reformar los métodos espontáneos e
intuitivos de los impresionistas, dividiendo sistemáticamente el color,
con base en las leyes científicas de armonía cromática y contraste
complementario. Pissarro usó esta técnica en Apple picking at Eragny-sur-Epte
[Recogiendo manzanas en Eragny-sur-Epte], cuadro realizado en 1888. En
reacción a las pinceladas caóticas del impresionismo el artista aplicó la
pintura mediante pequeños puntos y guiones de medida uniforme, técnica que
permitía controlar mejor las relaciones de color. Esta distribución
meticulosa de color, ayudaba también a modelar las formas y a dar, así ,
masa y volumen a figuras humanas y objetos. Pissarro abandonó dicho
enfoque sistemático hacia 1890 y volvió a un impresionismo más espontáneo.
Aunque algunos pintores abandonaron el impresionismo en la década de 1880,
Monet y Degas lo orientaron hacia estilos muy personales. Degas lo enfocó
hacia figuras aisladas, solas o en pequeños grupos, generalmente vistos
desde ángulos inesperados y a distancias muy cortas. Al mismo tiempo el
artista, intensificó igualmente el color y dibujó con pinceladas
decididas, creando composiciones condensadas de formas compactas y ritmos
lineales expresivos. Monet también privilegió el motivo aislado, enfocando
así la atención en los matices sutiles de luz y color. Esta tendencia se
acentúa en sus series de Almiares y Álamos, de 1891, donde un mismo
motivo es representado al paso de las estaciones y según las distintas
condiciones climáticas y de luz. De 1892 a 1894, el artista pintó otra
serie importante, formada por más de treinta vistas de la fachada de la
catedral de Rouen observada a ciertas horas del día. La última gran serie
de Monet, proyecto al que dedicó los últimos veinte años de su vida,
representa el estanque de ninfeas en su casa de Giverny, al norte de
París, sobre el Sena. Al eliminar el primer plano y el horizonte en estos
lienzos monumentales, el artista concentró toda su atención en la
interacción poética de luz y color reflejados, creando así algo que podría
describirse como la máxima realización de la estética impresionista. En la
década de 1920, Monet logró su serie más ambiciosa al instalar, en dos
galerías ovaladas del Museo de la Orangerie en París, las enormes
pinturas de ninfeas que, encierran y rodean al espectador, creando así
distintas sensaciones de ilusión visual.
III. La influencia del impresionismo
El impresionismo transformó la historia del arte moderno al proporcionar
las bases que dieron lugar al surgimiento de las nuevas vanguardias.
Vincent van Gogh (1853-1890) se benefició como ningún otro con la
revolución impresionista. Hijo de un ministro holandés, Van Gogh viajó de
Holanda a París en 1886 para proseguir sus estudios de arte. Su hermano
Théo, quien trabajaba en París con el comerciante de arte Goupil, le
presentó a los impresionistas. Bajo su influencia, Vincent liberó sus
pinceladas e iluminó su paleta. En 1888 abandonó París con la intención de
reunir a un grupo de artistas en el sur de Francia, pero el único que se
le unió fue Gauguin. Es entonces cuando el estilo de Van Gogh que se
caracteriza por las pinceladas agresivas y el color violento, muchas veces
exagerado, y con intenciones emocionales y simbólicas, alcanza una
verdadera madurez. En una carta a Théo, el artista explica el objetivo del
espacio colapsado y de los colores estridentes de su cuadro Night Cafe
[Café nocturno], realizado en 1888: "He tratado de expresar en esta
pintura las terribles pasiones del ser humano, a través del rojo y el
verde [...] El color no coincide con la realidad, se trata de un trompe-l'
oell; que sugiere las emociones de un temperamento ardiente. En mi
pintura Night Cafe he tratado de mostrar que un café es un lugar
donde uno puede destrozarse, enloquecer o cometer un crimen".(17) Las
arbitrarias distorsiones que Van Gogh da al color, así como su
interpretación subjetiva de los temas constituyen un antecedente
fundamental para el expresionismo del siglo XX. Su carrera se vio
trágicamente truncada por una enfermedad, quizá una forma de epilepsia,
que le producía ataques violentos acompañados de alucinaciones auditivas y
visuales. Estos ataques precipitaron, a finales de 1888, su confrontación
con Gauguin, su reclusión voluntaria en una institución para enfermos
mentales, al año siguiente, y su trágico suicidio en 1890.
Paul Gauguin también exploró el impresionismo durante sus años de
formación. En la década de 1870 pintó paisajes exteriores bajo la
dirección de Pissarro y participó en las exposiciones del grupo
impresionista. A partir de 1880, Gauguin se sintió atraído por el color
estructurado y la pincelada de Cézanne. Este artista fue todavía más lejos
que Cézanne al organizar sus composiciones en planos simplificados,
relacionados estructuralmente con la superficie del cuadro. Gauguin
también criticó la "falta de imaginación" del impresionismo y las
limitaciones que imponía a sus artistas representar únicamente el reino de
las "cosas" , observadas directamente frente al motivo. Argumentaba que
los artistas debían tener libertad absoluta para inventar, distorsionar y
reordenar la naturaleza, creando así, composiciones abstractas y
decorativas. Su cuadro Vision after the Sermon [Visión después del
sermón] de 1888 representa una idea sin ser una copia directa de la
naturaleza. Las formas sintetizadas y los planos en un rojo sin matizar
tienen por objeto transmitir la intensidad espiritual y emocional de una
experiencia mística. Gauguin manifestó dicha intención en una carta a Van
Gogh: "Creo que he logrado en estas figuras una gran sencillez rústica y
supersticiosa. A mi modo de ver, el paisaje y la duda representados en
este cuadro, existen sólo en la imaginación de la gente que reza, y son el
resultado del sermón. Es por ello que este paisaje, irreal y
desproporcionado representa el contraste entre la gente real y la
duda".(18) En otra carta de 1888, Gauguin advertía a un colega: "[...] no
copies demasiado la naturaleza. El arte es una abstracción; captura esta
abstracción en la naturaleza, mientras sueñas frente a ella, y piensa más
en la creación que en el resultado".(19) La filosofía de Gauguin de
externar la idea y emplear el color en composiciones abstractas y
decorativas, sentó los fundamentos del simbolismo de finales del siglo XIX
y de la teoría estética del siglo XX.
De todos los pintores impresionistas, Paul Cézanne fue el que influyó de
manera más profunda y duradera en el desarrollo del arte moderno. Durante
los años de su madurez, el artista se dedicó al estudio disciplinado de la
estructura esencial que subyace en la naturaleza. Como se aprecia en
Mount Sainte-Victoire pintado entre 1900 y 1904, Cézanne abandonó por
completo el claroscuro y el modelado tonal, para crear sensaciones de
espacio yuxtaponiendo colores cálidos y frescos. También alteró las
apariencias naturales y abrió los contornos de las formas, permitiendo que
sus pequeños planos geométricos se intercectaran entre sí. Relacionó cada
plano con la superficie del cuadro, creando una red, compuesta por formas
arquitectónicas entrelazadas. Al unir el primer plano con el fondo,
Cézanne reconcilió el conflicto entre superficie y profundidad, lo que dio
como resultado la formación de un nuevo tipo de espacio que no retrocedía.
El pintor, insatisfecho con el esbozo instantáneo, empezó a trabajar en
sus cuadros durante periodos prolongados, donde sus diferentes
perspectivas provocaron varias sensaciones. Esto condujo finalmente a la
introducción de un punto de vista móvil que rompió con los sistemas de
perspectiva fija, utilizados por los pintores occidentales desde el
Renacimiento. Los métodos revolucionarios de Cézanne respecto a la
organización del espacio pictórico, marcaron las pautas del cubismo de
Pablo Picasso y Georges Braque.
El impresionismo ha sido uno de los movimientos que más influencia ha
tenido en la historia del arte. Sus colores libres y brillantes y su
pincelada espontánea fueron adoptados por numerosos artistas. A principios
del siglo XX, la pintura al aire libre se había vuelto ya tan popular que
el impresionismo se convirtió en el estilo dominante en muchos países. En
un sentido más general el impacto que tuvo este movimiento se debió en
gran medida a su rechazo de las reglas fijas y las doctrinas estéticas
establecidas. Al defender la libertad individual por encima de la
fidelidad a la tradición los artistas impresionistas dieron un lugar
fundamental a la idea moderna de originalidad e innovación. La rebelión
impresionista contra el sistema académico y el Salón se extendió también a
otros países, y finalmente debilitó a las instituciones artísticas
controladas por el Estado, estableciendo así las bases de la era
vanguardista. Las innovaciones de los impresionistas constituyeron,
efectivamente, los cimientos teóricos y estéticos del arte moderno del
siglo XX.
1. LouIs Leroy, reseña de la primera exposición impresionista de 1874 en
Le Charivari, traducida y citada por John Rewald en Historia del
impresionismo, Nueva York, Museum of Modern Art,1961, 323 pp.
2. Ibid., p. 320.
3. Las exposiciones se llevaban a cabo en el Palais de l'Industrie, en los
campos Elíseos.
4. Manet conocía la composición de Rafael a través de un grabado de
Marcantonio Raimondi. Los cuadros Fiesta y Concierto campestre, de
Giorgione y Tiziano, también le proporcionaron precedentes a Manet para
Le Déjeuner sur l' herba.
5. La interpretación formalista del impresionismo como una revolución
básicamente de estilo, que devaluaba la importancia del contenido,
proviene de afirmaciones hechas por algunos contemporáneos de los
artistas. En 1877, por ejemplo, el crítico de arte Georges Rivière definió
el objetivo esencial del impresionismo como "tratar un tema por su tono y
no por sí mismo, eso es lo que distingue al impresionista de otros
pintores". En décadas recientes, los historiadores del arte han estudiado
y atribuido mayor importancia al contenido del impresionismo, como lo
ejemplifica Robert L. Herbert en Impressionism Leisure, and Parisian
Society, New Haven, Yale University Press, 1988.
6. Monet y Bazille habían pintado directamente de la naturaleza en esa
zona durante las vacaciones de Pascua de 1863.
7. La cita y observaciones sobre Valenciennes provienen de David Bomford,
Impressionism: Art in the Making, Londres, National Gallery, 1991,
pp. 19-2O. Para mayores comentarios sobre los orígenes de la pintura al
aire libre, ver John House, Monet: Nature into Art, New Haven, Yale
University Press, 1986.
8. House anota que Camille Corot (1798-1875) y Théodore Rousseau
(1812-1867) pintaban algunas veces al aire libre cuadros para exhibición,
op. cit., p. 135.
9. John House observa que los impresionistas y sus defensores exageraron
el grado al que pintaron al aire libre. House afirma que aunque Monet
empezó a pintar Femmes au jardin en el exterior, lo terminó en su
estudio de Honfleur. El punto crucial es que aunque Monet con frecuencia
retocaba las pinturas en el estudio, intentaba conservar la apariencia del
trabajo exterior, creando una estética fundamental a su arte. Op. cit.,
pp. 135-146.
10. Citado por Caroline Mathieu, Guide to the Musée d' Orsay; París
Editions de la Réunion des Musées Nationaux, 1987, p. 78
11. Citado por Nello Ponente en Encyclopedia of World Art, vol. VIII,
Nueva York, Mac Graw-Hill, 1987, p.832.
12. Mathieu, op, cit., p. 128.
13. Las ocho exposiciones se analizan en The New Painting:
Impressionism. 1874- 1886, San Francisco, Fine Arts Museum of San
Francisco, 1986.
14. Para comentarios sobre los antecedentes históricos del nombre del
grupo, ver Stephen F. Eiseman , "The Intransigent Artist or How the
Impressionist Got Their Name", en The New Painting Impressionism,
1874-1886, pp. 51-57.
15. Rewald, op. cit., p. 486.
16. Ibidem, p. 412
17. Citado por John Rewald en Post Impressionism: From Van Gogh to
Gaugin, Nueva York, Museum of Modern Art , 1978, p. 210.
18. Ibid., pp. 181-182.
19. Ibid., p. 178
Impressionism
Impressionism marked a significant change
in art history. The artists of this movement seriously questioned
conventional art form, and dramatically changed the direction of modern
art.
They broke away from tradition by
painting outdoors, using different colours, and creating lighter
palettes.
In the latter half of the 19th century,
the Impressionists struggled to have their work accepted by the Official
Salons. In their quest to paint landscapes and contemporary life, the
Impressionists broke with over four centuries of tradition and departed
with such classical themes as religion and history. Because no other
group of artists prior to the Impressionists had challenged their
predecessors, their struggle to gain credibility was great. Despite
scathing comments from critics, the artists continued to work diligently
to preserve their "new way" of art. Today, the Impressionist movement is
considered one of the most beloved periods in the history of art.
History
The story of
Impressionism begins in Paris, France. In 1851, the newly-crowned
Emperor Napoleon III began to crack down on Paris’ medieval image (marked
with narrow windy streets and poor sanitation). He created new reforms
that encouraged growth in industry and commerce. In 1853, with the help
of architect Baron Haussman, Napoleon III transformed the run-down city
into the new showpiece of Europe.
Together, they rebuilt
Paris with 85 miles of new roads that boasted modern buildings,
restaurants, cafés, and today’s popular museum, the Louvre. The
Impressionists admired the new city for its modern appearance, and felt
that it was an atmosphere ideal for painting.
During the 1850’s, many
of the future Impressionists had been influenced by these critical
changes. The artists would develop a custom of gathering at local cafés.
A favourite spot of many of the Impressionists was Café Guerbois (9-avenue
de Clichy). If Impressionism had a birthplace, it was "The Bastignolles
District" of Paris, where they met regularly to discuss current events
and personal progress.
For a brief time, life
for the artists was trouble-free, but France would soon enter a deadly
war. The Franco-Prussian War of 1871 would scatter the aspiring artists
throughout Europe. Some artists such as Monet fled to England, while
others, including Bazille, went off to fight in the front lines.
After the Franco-Prussian
War had ended, many of the artists returned to Paris to peruse a career
in art. In France however, the Official Salons were the major
determining factor in the success of any artist. The Salons disliked the
Impressionist style. 'The Salon', an annual exhibition, preferred
paintings done in the academic styles of history, religion, and
mythology. The jury members of the Salon often rejected the
Impressionists paintings because they portrayed contemporary Parisian
life.
In protest to the Salons,
the Impressionists formed their own art society called the Salon d’
Refuses. This art society allowed for independent artists in the circle
of Impressionism to exhibit their work and receive recognition they
could not get from the Salons. Degas, Pissaro, Monet, Renoir, Sisley,
and Berthe Morisot founded the new society. The first exhibition took
place in 1874 on the first floor of 35 Boulevard de Capucines in Paris.
Between the years 1874 and 1886, the Impressionists exhibited their work
independent of the Salon. By the last exhibition in 1886, many of the
Impressionists had gone their separate ways. In 1880, Monet and Renoir
had already left the Salon d’ Refuses, after becoming successful and
financially secure.
Impressionism officially
ended in 1886, and their styles went on to influence such artists as Van
Gogh, Signac, Suerat, and Gauguin.
Appraisal and Aftermath
The goal of Impressionism
was to break away from the highly-finished technique of traditional
academic art. Impressionism focused on creating the fresh look of the
outdoors, something not achievable in the average studiobound
production. The Impressionists agreed on the main idea of 'painting
en plein air' to capture the perfect reproduction of light. The
painters wanted to convey a sense of modernity by giving their paintings
a sense of life and atmosphere. Instead of using their palettes to paint
history, mythology or religion, their aim was to capture life in
progress, to encompass both the realities of daily life and the
fast-paced aspects of nature. In both celebrations of life and nature,
the Impressionists put an emphasis on capturing life in a form of
continuum.
In a time when painting a
smooth "finish" was needed to receive the official praise of the Salons,
the Impressionists stood out as targets for rejection and ridicule.
Their paintings appeared sketchy, unfinished and inappropriate.
The critics cried that an
exhibition of Impressionist paintings was comparable to a house of
horrors. However, the critics did not understand that the Impressionists
were trying to achieve the perfect elements of light and the distortion
of subject. To achieve this aim, the Impressionists were forced to
abandon traditional technique. Working outdoors in the open air required
a more free — short-hand — technique, due to the constant change of
light. If the Impressionists followed the labouring process of academic
art, they would not have been able to capture the effects light had on
their subjects.
The painters made their
most significant break with academic tradition in their various use of
colours. Where academic paintings appeared dark-toned and dower, the
Impressionist style appeared bright and airy. Due to the growing paint
technology in France, many colour pigments were well preserved, and
therefore the artists were able to portray many different shades of
light. They used primary colours such as red, yellow and blue, while
complimenting their paintings with green, purple and orange. Instead of
using black to indicate shadow or form, colours were mixed to increase
overall brightness. An accomplished Impressionist could brag how he or
she totally eliminated the "unnatural" black from their canvas. The
illusion of form and outline allowed spectators to make their own
conclusions about the paintings, and this attracted many artists to the
Impressionist movement.
Impressionism was the one
of the starting points of modern art. Its styles and struggles paved the
way for an artistic revolution. Their techniques provoked new thoughts
and ideas that subsequent artists would consider. At a time when their
ideas were rejected and misunderstood, the Impressionists emerged as
innovators and pioneers. As a result of the Impressionsts’ perseverance,
the Salon slowly lost its hold on the world of art. Such painters as
Monet, Renoir, Pissaro and Degas, paved the way for other art movements
to come. Post-Impressionism, Fauvism and Cubism, invariably benefited
from the initial struggles undertaken by the Impressionists. In one
sense, the end of Impressionism was to serve as a beginning for the most
open ideologies that the painters of the 20th century were to experience
and embrace.
Impressionism
(1874-1886) - Robert Clark
- 121003
Places: France
Impressionism was born in Paris in the
1860s out of the Realist movement led by the prominent and politically-inspired
Gustave Courbet who, in the wake of the 1848 uprising, had rejected
academy painting in favour of unidealized paintings of people and
objects. However the Realist most in favour with the impressionists was
to be Edouard Manet (1832-83) who also chose to represent everyday
contemporary scenes and objects - a noted contrast the grand heroic and
classical topics favoured by earlier painters - but whose work was less
political Courbet’s and concerned to liberate visual perception from all
a prioris and conventions. Manet was the first painter to
emphasise the canvas as a painted surface rather than aiming at
transparent representation.
Impressionism was also very much
influenced by the development of photographic techniques which followed
the invention of the Dageurrotype in 1838, and more widely by new
scientific reflections on the processes of human perception and the
scientific theorisation of colour.
The impressionists in particular reacted
against what they saw as the sterile tendency of approved “Salon”
painters to produce classical scenes in studios, working through
preparatory studies, an initial drawing on the canvas, then blocking in
the ground and adding colour. The impressionists on the contrary were
engaged in a radical revisioning of both human perception, and artistic
representation, that involved dispensing with received ideas and looking
at the world afresh. They developed techniques of painting rapidly and
outdoors, catching the fleeting impression of light falling on natural
things, especially water and trees. The brushwork is typically rapid and
flickering, the drawing sketchy, and the attention on different effects
as light falls on different surfaces, and noticing especially the way
colours shift between bright light, gentle shade and shadows.
The first “impressionist exhibition” was
held in 1874 by a group of “independent artists ”in the Paris studio of
the photographer Nadar in 1874 and created the usual scandalised outcry
that greets artistic innovation. The movement’s name was given to it by
a critic who wrote dismissively of Monet’s painting Impression,
soleil levant and then adopted by the painters themselves for the
seven exhibitions which were to follow in 1877, 1878, 1880, 1881, 1882
and 1886. The group comprised Camille Pissaro (1830-1903), Edgar Degas
(1834-1917), Paul Cézanne (1839-1906), Claude Monet (1840-1926),
Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), and Sisley but whilst they tended to
meet regularly in the Café Guerbois and elsewhere and shared some
common ground in terms of technique, they each had their characteristic
particularities. Frédéric Bazille (1841-1870), the friend
of Monet whose paintings were influential in the early years, would have
been of their number had he not died on the battlefield in the Franco-Prussian
war.
By the early 1880s many of the original
protagonists of the movement felt that it had become exhausted and they
returned to painting more solid, substantial and well-drawn subjects, as
we see notably in Renoir’s ‘The Bathers’ of 1887 where the background
remains impressionist but the trio of nudes in the foreground recalls
classical models and where there bodies are clearly demarcated from
their surroundings by hard lines.
Impressionism left important marks on the
other arts and philosophy, its impact being very noticeable in the work
of Henry James whose stories “The Real Thing” and the “Lesson of the
Master” focus on the problems of pictorial representation and visual
apprehension, and whose A Portrait of a Lady becomes a sustained
and critical study of impressionism: its heroine, Isabel Archer, is much
taken by visual impressions, and her husband-to-be, Gilbe
Citation:
Robert Clark, University of East Anglia. "Impressionism."
The Literary Encyclopedia. 12 Oct. 2003. The Literary Dictionary
Company. 11 March 2007. <http://www.litencyc.com/php/stopics.php?rec=true&UID=546>
Impressionism: Art and Modernity -
Margaret Samu -
Institute of Fine Arts, New York University -
Metmuseum
In 1874, a group of artists called the Anonymous Society
of Painters, Sculptors, Printmakers, etc. organized an exhibition in
Paris that launched the movement called Impressionism. Its founding
members included
Claude Monet,
Edgar Degas, and Camille Pissarro,
among others. The group was unified only by its independence from the
official annual
Salon, for which a jury of artists from
the Académie des Beaux-Arts selected artworks and awarded medals. The
independent artists, despite their diverse approaches to painting,
appeared to contemporaries as a group. While conservative critics panned
their work for its unfinished, sketchlike appearance, more progressive
writers praised it for its depiction of modern life. Edmond Duranty, for
example, in his 1876 essay La Nouvelle Peinture (The New Painting),
wrote of their depiction of contemporary subject matter in a suitably
innovative style as a revolution in painting. The exhibiting collective
avoided choosing a title that would imply a unified movement or school,
although some of them subsequently adopted the name by which they would
eventually be known, the Impressionists. Their work is recognized today
for its modernity, embodied in its rejection of established styles, its
incorporation of new technology and ideas, and its depiction of modern
life.
Claude Monet's Impression, Sunrise (Musée
Marmottan Monet, Paris) exhibited in 1874, gave the Impressionist
movement its name when the critic Louis Leroy accused it of being a
sketch or "impression," not a finished painting. It demonstrates the
techniques many of the independent artists adopted: short, broken
brushstrokes that barely convey forms, pure unblended colors, and an
emphasis on the effects of light. Rather than neutral white, grays, and
blacks, Impressionists often rendered shadows and highlights in color.
The artists' loose brushwork gives an effect of spontaneity and
effortlessness that masks their often carefully constructed compositions,
such as in Alfred Sisley's 1878 Allée of Chestnut Trees (1975.1.211).
This seemingly casual style became widely accepted, even in the official
Salon, as the new language with which to depict modern life.
In addition to their radical technique, the bright
colors of Impressionist canvases were shocking for eyes accustomed to
the more sober colors of Academic painting. Many of the independent
artists chose not to apply the thick golden varnish that painters
customarily used to tone down their works. The paints themselves were
more vivid as well. The nineteenth century saw the development of
synthetic pigments for artists' paints, providing vibrant shades of
blue, green, and yellow that painters had never used before.
Édouard Manet's 1874 Boating (29.100.115),
for example, features an expanse of the new Cerulean blue and synthetic
ultramarine. Depicted in a radically cropped,
Japanese-inspired composition, the
fashionable boater and his companion embody modernity in their form,
their subject matter, and the very materials used to paint them.
Such images of suburban and rural leisure outside of
Paris were a popular subject for the Impressionists, notably Monet and
Pierre-Auguste Renoir. Several of them lived in the country for part or
all of the year. New railway lines radiating out from the city made
travel so convenient that Parisians virtually flooded into the
countryside every weekend. While some of the Impressionists, such as
Pissarro, focused on the daily life of local villagers in Pontoise, most
preferred to depict the vacationers' rural pastimes. The boating and
bathing establishments that flourished in these regions became favorite
motifs. In his 1869 La Grenouillère (29.100.112),
for example, Monet's characteristically loose painting style complements
the leisure activities he portrays.
Landscapes, which figure prominently in
Impressionist art, were also brought up to date with innovative
compositions, light effects, and use of color. Monet in particular
emphasized the modernization of the landscape by including railways and
factories, signs of encroaching industrialization that would have seemed
inappropriate to the Barbizon artists of the previous generation.
Perhaps the prime site of modernity in the late
nineteenth century was the city of Paris itself, renovated between 1853
and 1870 under Emperor Napoleon III. His prefect, Baron Haussmann, laid
the plans, tearing down old buildings to create more open space for a
cleaner, safer city. Also contributing to its new look was the Siege of
Paris during the Franco-Prussian War (1870–71), which required
reconstructing the parts of the city that had been destroyed.
Impressionists such as Pissarro and Gustave Caillebotte enthusiastically
painted the renovated city, employing their new style to depict its wide
boulevards, public gardens, and grand buildings. While some focused on
the cityscapes, others turned their sights to the city's inhabitants.
The Paris population explosion after the Franco-Prussian War gave them a
tremendous amount of material for their scenes of urban life.
Characteristic of these scenes was the mixing of social classes that
took place in public settings. Degas and Caillebotte focused on working
people, including
singers and
dancers, as well as workmen. Others,
including Berthe Morisot and
Mary Cassatt, depicted the privileged
classes. The Impressionists also painted new forms of leisure, including
theatrical entertainment, cafés, popular concerts, and dances. Taking an
approach similar to Naturalist writers such as Émile Zola, the painters
of urban scenes depicted fleeting yet typical moments in the lives of
characters they observed. Caillebotte's 1877 Paris Street, Rainy Day
(Art Institute, Chicago) exemplifies how these artists abandoned
sentimental depictions and explicit narratives, adopting instead a
detached, objective view that merely suggests what is going on.
The independent collective had a fluid membership over
the course of the eight exhibitions it organized between 1874 and 1886,
with the number of participating artists ranging from nine to thirty.
Pissarro, the eldest, was the only artist who exhibited in all eight
shows, while Morisot participated in seven. Ideas for an independent
exhibition had been discussed as early as 1867, but the Franco-Prussian
War intervened. The painter Frédéric Bazille, who had been leading the
efforts, was killed in the war. Subsequent exhibitions were headed by
different artists. Philosophical and political differences among the
artists led to heated disputes and fractures, causing fluctuations in
the contributors. The exhibitions even included the works of more
conservative artists who simply refused to submit their work to the
Salon jury. Also participating in the independent exhibitions were
Paul Cézanne and Paul Gauguin, whose
later styles grew out of their early work with the Impressionists.
The last of the independent exhibitions in 1886 also saw
the beginning of a new phase in avant-garde painting. By this time, few
of the participants were working in a recognizably Impressionist manner.
Most of the core members were developing new, individual styles that
caused ruptures in the group's tenuous unity. Pissarro promoted the
participation of Georges Seurat and Paul Signac, in addition to adopting
their new technique based on points of pure color, known as
Neo-Impressionism. The young Gauguin
was making forays into Primitivism. The nascent Symbolist Odilon Redon
also contributed, though his style was unlike that of any other
participant. Because of the group's stylistic and philosophical
fragmentation, and because of the need for assured income, some of the
core members such as Monet and Renoir exhibited in venues where their
works were more likely to sell.
Its many facets and varied participants make the
Impressionist movement difficult to define. Indeed, its life seems as
fleeting as the light effects it sought to capture. Even so,
Impressionism was a movement of enduring consequence, as its embrace of
modernity made it the springboard for
later avant-garde art in Europe.
Musée Marmottan Monet, Paris, Claude Monet,
Impression, Sunrise
http://www.marmottan.com/uk/chefs-oeuvres/monet/zoomsoleil.htm
Art Institute of Chicago, Gustave Caillebotte, Paris
Street, Rainy Day
http://www.artic.edu/aic/collections/eurptg/26pc_caillebotte.html
Museum of Fine Arts, Boston, Mary Cassatt, In the
Loge
http://www.mfa.org/artemis/fullrecord.asp?oid=31365&did=100
Citation
for this page: Samu, Margaret. "Impressionism:
Art and Modernity". In Timeline of Art History. New York: The
Metropolitan Museum of Art, 2000–. http://www.metmuseum.org/toah/hd/imml/hd_imml.htm
(October 2004)