La poética del espacio de
Gastón Bachelard en referencia a la Arquitectura
“Entonces, desde el fondo de su
rincón, el soñador se acuerda de todos los objetos de soledad, de los
objetos que son recuerdos de soledad y que son traicionados por el solo
olvido, abandonados en un rincón” - Gaston
Bachelard - La poética del espacio
Si se me pidiera cerrar los ojos y
encontrar en la profundidad de mí mismo un lugar en el cual pudiera
sentirme cobijado y seguro contra todo miedo del mundo exterior, un
único sitio vendría a mi mente para socorrerme: la localidad de Real del
Monte.
Comarca pequeña, ubicada a unos cuántos
kilómetros de la Ciudad de Pachuca, enclavada entre altas estructuras
montañosas que resguardan una serie de construcciones antiguas que han
sobrevivido al paso de los siglos. Real del Monte es una población que
data desde lejano pasado, pero cuyo destino comienza a ser modificado
desde los inicios de mil ochocientos, cuando los primeros ingleses,
integrantes de la “Sociedad de Caballeros Aventureros de las Minas de
Pachuca y Real del Monte” 9 arriban a estas tierras para fungir como
apoyo a la decadente minería.
Mi imaginación vuela y me transporto de
repente a esa época distante. ¿Por qué establecer un hogar en ese sitio?
Las montañas, el cielo bello y claro y el horizonte lejano. Un clima
frío y mañanas enmarcadas por espesa niebla que lo cubre todo; cubre
nuestras casas, nuestros pensamientos e ilusiones el caminar por ese
paraje antes de la salida del sol y sentir las diminutas gotas
cristalinas que flotan por doquier. ¿Acaso este sitio era un estrato de
Inglaterra enclavado en una tierra desconocida?
Las casas comienzan a nacer lentamente en
las faldas de las montañas. Los materiales: piedra, adobe, muros sólidos
y gruesos. Construcciones coronadas con techumbres de lámina inclinadas
en varias direcciones. Lámina que es el escudo contra la lluvia
frecuente que cae en la zona. Vigas de madera que atraviesan los
espacios altos y que sostienen las techumbres, sensibles a la intemperie
y la oxidación. Desde lejos, caminando por las veredas curvas y
graciosas, las casas lucen iguales y dotan al amplio espacio de una
naciente peculiaridad.
Las casas resguardan a sus habitantes.
Adentro, se respira un ambiente diferente, circundado por humedad y
toque de calidez humana. Hacia fuera, las ventanas, apoyadas por
balcones que miran hacia el horizonte enmarcan hermosos paisajes bañados
por el sol de mediodía.
Y ahí, en el interior de cada vivienda,
existen hasta hoy esos espacios de los que nos habla Bachelard 10 , que
cobijan y protegen: los rincones . La casa es en sí un rincón
en el que las tardes transcurren lentamente mientras se desvela la
quietud del exterior y el sol se oculta pacientemente en el horizonte.
Los muros parecen resguardarnos del peligro del afuera. La penumbra
interior se extiende por doquier, y nos invita a meditar y buscar en
nosotros mismos. Los muros parecen cerrarse en torno a nuestros cuerpos,
y el silencio nos envuelve por completo mientras los cantos de los
pájaros lentamente se desvanecen en la oscuridad que avanza. Rincones
interiores que han nacido y que se niegan a morir y sucumbir al frío del
olvido.
Los rincones cobran vida propia, y huyen
de repente de las viviendas, es decir, salen a habitar espacios
exteriores. ¿Escaparán acaso por las ventanas amplias que miran hacia el
vacío? En Real del Monte cada casa es un contenedor de rincones, y entre
las viviendas también se han desperdigado otros rincones. Amplias
escaleras y callejuelas de piedra comunican a las viviendas, y forman
nuevos espacios que son rincones en donde los ecos de los niños pueden
escucharse al anochecer. Y me pregunto entonces… ¿acaso esas risas son
todos los niños que han jugado en ellos por más de cien años? ¿Qué
habrán imaginado en esos rincones? ¿Hacia donde habrán viajado y que
hermosos parajes de Europa, África o Asia habrán visitado? ¿Acaso los
niños ingleses habrán regresado imaginariamente a su amada tierra?
Los rincones llaman siempre a nuevos
conquistadores del espacio. Se escurren por las noches a lo largo y
ancho de ésta y de toda ciudad dormida, se adueñan del sitio, del lugar…
Las casas son rincones de las ciudades, y entre ellas, y dentro de ellas
existen rincones también. Deja que cada rincón susurre al oído y te
lleve a dónde deseas ir.
En los rincones de Real del Monte
descubrirás el mercado donde la gente converge. En las esquinas de las
calles encontrarás locales confortables. Entra en ellos y el olor de un
paste caliente te poseerá y te invitará cordialmente a pasar. Sigue las
veredas altas de la ciudad y hallarás el cementerio inglés en
el que sus árboles altos enmudecen al caer de la noche y se transforman
en tétrico cobijo. Y la niebla que desciende pacientemente y otorga a
cada sitio un carácter de privado, donde puedes penetrar y convivir con
la soledad que te acompaña, y a la que rara vez escuchas.
En Real del Monte, deja que el rincón te
llame y despierte tus sentidos y tu imaginación. Permite que cada sitio
te transporte cual alma de niño a lugares que hace tiempo no visitas, no
conoces o simplemente no recuerdas. Las palabras de Bachelard podrán
guiarnos en esta travesía: “A veces, cuánto más simple es la imagen,
más grandes son los sueños 11 ” .
A mi mente llegan entonces recuerdos de
un espacio en particular, ubicado en esta población repleta de
rincones. Un sitio que descubrí hace muchos años y que solía visitar en
tardes lluviosas y tristes, en compañía de amigos lejanos. Una fonda
típica enclavada en una esquina y cuyo interior representaba un sitio de
aislamiento, donde las pláticas despreocupadas y amenas encontraban una
razón para existir. Muebles antiguos que invitan a dejar pasar el
tiempo, ambiente acogedor que expresa los cientos de años transcurridos
pacientemente. Vigas de madera oscura que aún penden del techo. Ventanas
que asoman hacia la Iglesia y el parque que se levantan más allá,
enmarcados por las viviendas tradicionales y el cielo alto cubierto de
nubes grises. Aroma a café y a comida recién horneada. Arriba, en la
segunda planta, un sitio especial para juegos de mesa, cuyo suelo de
madera cruje con cada paso que las personas dan. Muros que encierran y
acogen, invitándonos a la reflexión. Ecos interminables que lentamente
se apagan. Sonidos que parecen ser extraídos de las paredes, que han
sido testigos de conversaciones de cientos de años de antigüedad y que
nos escuchan, atentas. Antigüedad que flota en el ambiente, dónde el
tiempo parece detenerse, y el atardecer se prolonga indefinidamente.
Murmullos de personas que arriban. De vez en cuando aguardamos la
llegada de algún personaje antiguo y lejano. Nos reímos de nuestra
ingenuidad. Las luces tintinean poco a poco y alumbran la penumbra que
se niega a marcharse. Mucho tiempo ha transcurrido desde que visité ese
sitio por última vez, pero su recuerdo permanece en mí, viviendo
conmigo. Su imagen me acompaña. Espacio que no se olvida.
Cada uno de nosotros encontrará recuerdos
similares que aún existen en nuestro interior. Espacios que de alguna u
otra manera se han convertido en parte de nosotros. Cada espacio
arquitectónico es una invitación para penetrar en él.
Y la invitación permanece abierta. Cada
quien encontrará un rincón que ha sobrevivido al paso de los
años.
“Si se vuelve a la vieja casa como se
vuelve al nido, es porque los recuerdos son sueños, porque la casa del
pasado se ha convertido en una gran imagen, la gran imagen de las
intimidades perdidas”. Gaston Bachelard - La poética del espacio
9 Feria. Festejos de San Francisco.
Revista editada por el Gobierno del Estado de Hidalgo. 1987. Pachuca de
Soto, Hidalgo. Apartado XI. Monografía de Pachuca.
10 Bachelard, Gaston. La poética del
espacio . Capítulo Sexto: Los Rincones. Breviarios. Fondo
de Cultura Económica. México, D.F. 1997
11 Idem. Pp. 172
La esencia de la
Arquitectura
El Hombre como simple
constructor, lejos de la Voluntad Creativa
Se ha planteado que uno de los
principales aspectos que ha orillado un distanciamiento entre Hombre y
Arquitectura es la evolución del arquitecto y su desempeño dentro de la
vida en las ciudades.
El hombre es un ser vivo dotado de
peculiares dones y capacidades. Su principal característica es su
habilidad racional, que lo ha llevado a transitar por caminos
completamente diferentes que el resto de los seres vivos. Sabemos de
antemano que la Arquitectura, rama que nos interesa en este ensayo,
surgió como una necesidad que se buscaba ser resuelta. La capacidad
racional del hombre le dotó de la habilidad de adaptar los medios
naturales existentes en los alrededores, permitiendo la creación del
concepto espacio , que siglos después, cuando el lenguaje del
hombre hubo evolucionado hasta altos niveles de abstracción, surgió como
base para nombrar y diferenciar las actividades arquitectónicas
de todos los seres humanos con respecto a otras.
Hemos analizado como la vida y el punto
de vista del hombre de nuestros días han sido transformados e
influenciados lentamente por distintos aspectos. Una búsqueda y una
meta: alcanzar el desarrollo y una evolución, traducida en mejoras en la
calidad de nuestras vidas. La hipótesis: la Arquitectura se ha
convertido en simple satisfacción de necesidades por medio de la
construcción .
¿Qué es lo que ha sucedido en la vida
social de nuestras ciudades que nos ha llevado al lugar en donde nos
encontramos ahora? Un análisis de la esencia de la Arquitectura, nos
permitirá comprender la situación.
La Arquitectura es una vaga palabra que
ha encerrado a través de los siglos, la conjunción de varios elementos
que definen las actividades que los hombres realizan para la
satisfacción de necesidades de habitabilidad. Pero la Arquitectura es
mucho más que esto. Su campo de acción y jurisdicción abarca de igual
manera aspectos estéticos y necesidades más altas que las
simplemente biológicas. Las obras arquitectónicas penetran, por lo
tanto, en la esfera cognoscitiva de la Estética: término que reúne
aquellas características o aspectos que debe poseer una obra
arquitectónica para ser considerada como bella, bajo el supuesto de que
la Arquitectura forma parte del campo de las Bellas Artes, y no sólo
existe como medio de satisfacción de necesidades básicas de los seres
humanos.
La Estética es un concepto que desde la antigüedad ha
sido utilizado para hacer referencia a los diversos aspectos que
debe contener un objeto para ser relacionado con el arte, y por lo
tanto, con la belleza. Las formas sensibles de las cosas son
percibidas por nosotros (de acuerdo a las leyes de los
escolásticos ) por lo que se conoce como sentido común. Las
formas exteriores o apariencia de las cosas que se presentan ante
nosotros se conservan y permanecen gracias a la memoria y a
la imaginación del ser humano. El instrumento estético por
excelencia es el juicio o la razón. Los objetos nos gustan
o disgustan debido a la sensación visual que actúa como
intermediaria. La vista es el sentido estético por excelencia,
mientras que el resto de los sentidos están de alguna manera
excluidos. En arquitectura se ha tomado esta idea como supuesto, y
en base a ella se dice que son las sensaciones de la vista las que
nos permiten asimilar las impresiones estéticas que el objeto
contiene. Pero es la razón la capacidad responsable de generar y
comprender aspectos estéticos. Dicho juicio o razón puede ser
influido por aspectos culturales que rodeen al hombre que realiza
las valoraciones estéticas. Dentro del concepto de Estética, el arte
conforma aquél instrumento por el cual los seres humanos (autores de
obras artísticas – arquitectónicas – ) transmiten sentimientos a las
personas, por medio de la memoria y la imaginación, influida por
costumbres, tradiciones y aspectos propios del modo de vida humana.
La Estética puede dividirse en dos vías estimativas: la natural
(juicio natural) y la cognoscitiva (juicio racional). El ser humano,
como cualquier ser viviente, es capaz de experimentar juicios
naturales, pero es el único ser que puede experimentar juicios
racionales, es decir, ser capaz de sentir, frente a un objeto,
placer por considerarlo bello. La belleza es, por lo tanto, un
producto meramente intelectual.
La Arquitectura, entonces, satisface
necesidades propias del espíritu del hombre. La belleza es un
concepto que define aquello que agrada a los sentidos, y que de alguna
manera permanece fuertemente unido a la vida comunitaria de los seres
humanos, traduciéndose físicamente en formas y símbolos que complementan
las obras arquitectónicas surgidas de las mentes y manos de los hombres.
Sin embargo, los valores estéticos han sufrido al paso de los años, el
predominio de un solo juicio y valor: los cánones clásicos ,
derivados de la cultura griega antigua.
Cada pueblo, ubicado en cada tiempo y en
cada lugar específico, se ha desarrollado en una vida distinta y única.
Cada grupo humano busca no sólo satisfacer sus necesidades inmediatas,
sino encontrar la verdad que encierra el mundo que le rodea.
Todas y cada una de las obras arquitectónicas pertenecientes a cada
cultura humana es una expresión de dos aspectos: las necesidades
biológicas de la comunidad y sus costumbres, tradiciones y valores
sociales, reflejados en formas estéticamente comprensibles. En el último
Siglo, las formas clásicas han jugado un papel fundamental en
la valorización y crítica de las obras arquitectónicas, determinando
aquello que es universalmente bello y aceptable, de aquello que no
lo es.
Este punto de vista ha generado que los
elementos que conforman a la Arquitectura se fragmenten y separen. En
cada sitio y en cada pueblo, las consecuencias y expresiones de esta
ruptura son diversas. Hemos visto la situación en nuestro país:
inferioridad y copia de aquello que creemos bello
y verdadero . Sin embargo, detrás de este primer juicio, puede
hallarse un aspecto oculto, olvidado hasta ahora. Juzgamos veloz e
injustamente la situación. Un panorama más complejo y amplio nos
permitirá conocer y comprender aquello que se oculta detrás de la
Arquitectura que mira hacia el pasado clásico para existir 12 .
La Arquitectura, al igual que el resto de
las ciencias y los conocimientos del hombre, han sido cubiertas por la
búsqueda de la verdad , una búsqueda que desemboca en
principios y valores universales. La Ciencia del Hombre se ha planteado
como objetivo desde hace mucho tiempo encontrar el orden y los
principios que rigen todas las cosas . Teorías han
surgido, ido y venido por el mundo, cada una de ellas asegurando poseer
la verdad absoluta. El hombre sólo busca comprender para
anticiparse y controlar . Hoy nos damos cuenta, muy a
nuestro pesar, que eso no es posible. Muchas teorías se han debilitado y
caído, no por la carencia intelectual de sus autores (el hombre lo mide
todo por su capacidad racional) sino por lo cambiante del mundo que
nos rodea . La Arquitectura no podía ser la excepción. Su objeto de
estudio, aquél a quien sirve y satisface es al fin y al cabo el
hombre mismo .
Los análisis científicos de las últimas
décadas nos han demostrado que el mundo se mueve sin cesar y cambia
constantemente. Existe caos e incertidumbre , que
posee su propio orden paradójico . Los esfuerzos del hombre por
clasificarlo y racionalizarlo todo han sido inútiles. La Naturaleza
posee su propio orden. El caos y la incertidumbre son elementos
necesarios para lograr el orden y permitir el surgimiento de
sistemas estables 13 .
La Arquitectura ha intentado vanamente
encontrar un orden universal y eterno, y tal vez el dominio de los
cánones clásicos fue una fiel expresión de dicho objetivo. La
Arquitectura es respuesta y vida de los seres humanos, quienes, a su
vez, son seres que cambian, evolucionan y transforman sus conductas y
sus puntos de vista. Una mirada profunda a obras arquitectónicas pasadas
nos harán descubrir esta voluntad creativa , que se encuentra
siempre presente y que se manifiesta de diversas formas 14 .
Los pueblos de la antigüedad se
caracterizaron por lograr una armonía con la incertidumbre y el caos,
valiéndose de relaciones míticas profundamente valoradas y
respetadas por los pueblos. La voluntad creativa fue una capacidad
desempeñada con sumo cuidado, buscando siempre satisfacer cualquier tipo
y nivel de necesidad: biológica, social, espiritual.
Hoy en día, nuestro vano punto de vista
lo ha transformado todo. Muchas ramas de conocimiento han aceptado sus
límites frente a lo caótico, considerándolo no como negativo,
sino como la forma de ser del mundo. El Hombre pertenece a este sistema.
La verdad , amplia y
desesperadamente buscada, ha sido un concepto erróneo y mal
interpretado. “La verdad es, […] algo que se vive en el momento y que
expresa nuestra vinculación individual con el todo” 15 . La verdad no es
absoluta y estática, sino que se encuentra en cada uno de nosotros, al
romper con el abstraccionismo que impera en nuestra mente, y
descubrimos aquello que nos rodea como lo que realmente es ,
algo nuevo y por primera vez visto por nuestros ojos.
La Arquitectura responde al Hombre. Cada
obra arquitectónica encierra sus propios vórtices y aspectos caóticos.
Cada ser humano es distinto y diferente al resto. La Arquitectura no
puede ser encerrada nunca en valores estéticos universales, porque cada
tiempo, cada espacio y cada lugar hablan de hombres que viven y miran al
mundo con distintos ojos.
La creatividad es una manera de
penetrar en el caos para descubrir la verdad . El arquitecto de
los últimos años lo ha olvidado, se ha convertido en ese hombre que sólo
soluciona necesidades del estrato más superficial. Independientemente de
las formas arquitectónicas finales, cada obra posee dentro de sí,
estratos más profundos y ocultos. Valores, costumbres, tradiciones,
maneras de responder al caos y a la incertidumbre y la duda.
Aspiraciones míticas, políticas o sociales. Cultos y homenajes.
¿Qué es lo que alimenta a la
creatividad?
“Algunos lo llaman demonio, musa,
espíritu, genio; otros lo nombran trabajo, azar, inconsciente, razón.
Para el intelectual – y, también, para el hombre común – la
inspiración es un problema, una superstición o un hecho que se
resiste a las explicaciones de la ciencia moderna” 16 .
Los arquitectos de hoy se valen de la
técnica útil y eficaz, buscan clasificarlo y ordenarlo todo, por
medio de la repetición de procedimientos que se perfeccionan o degradan.
Dan la espalda al caos y a la incertidumbre, al trasfondo colectivo y a
lo profundo y cambiante que impera en los hombres. Se han vuelto
simples constructores.
12 Ver ensayo Sobre la plaza de los
héroes en Pachuca, una aproximación a su voluntad arquitectónica
generatriz.
13 Las Siete Leyes del Caos. John Briggs
y F. David Peat. Ed. Re ve laciones. 1999. Barcelona,
España.
14 Ver ensayo La Arquitectura:
Testimonio de un tiempo lejano y distante.
15 Las Siete Leyes del Caos. John Briggs
y F. David Peat. Ed. Re ve laciones. 1999. Barcelona,
España.
16 El arco y la lira. Octavio Paz. Fondo
de Cultura Económica. 2003. México. D.F.
Sobre la plaza de
los Héroes en Pachuca
Una aproximación a su
voluntad arquitectónica generatriz
“Lo único constante es la materia de
la historia humana, la suma de las energías humanas. Pero la composición
de sus factores particulares y las formas manifestativas resultantes son
variables por modo infinito”.
W. Worringer, La esencia del Gótico,
1973
Cada una de las ciudades en las que
vivimos posee una historia pasada perdida entre las sombras del tiempo y
el espacio. Son tantas las interpretaciones que se han hecho de las
formas arquitectónicas que nos acogen a nuestro alrededor, que pareciera
que su esencia original flota en el ambiente de manera vaga, hasta
desvanecerse por completo en el olvido.
Cada interpretación y cada análisis toman
como punto de partida datos específicos y verdaderos. Fechas de
concepción y construcción, lugares geográficos concretos, autores y
grandes mentes inspiradas cuyas ideas magníficas fueron cuidadosamente
escritas y esculpidas en aquellos bloques magnos de piedra, en cada una
de las grandes moles de concreto, y en cada gruesa y elevada pared que
se levanta hacia el alto cielo. Datos históricos que parecen ser los
únicos testimonios fieles del nacimiento de cada obra arquitectónica.
Sin embargo… cada obra se incrusta en el tiempo infinito, debiendo su
existencia física a cientos de manos humanas que depositan en cada
bloque de piedra, mole de concreto y sólida pared, sus propios sueños e
ideales que se pierden y confunden en la inmensidad del proceso de
construcción. Una parte de la propia vida de cada hombre permanece ahí,
integrándose en las formas arquitectónicas finales.
La historia de las ciudades se encuentra
escrita sólidamente en la Arquitectura, como las palabras se adhieren
firmemente al pergamino que las contiene.
Un sitio histórico he hallado cerca del centro de la Ciudad de Pachuca.
Una plaza imponente que ha subsistido al transcurso de los años, de la
llegada de la modernidad y al ágil y violento paso de los hombres que la
viven día con día. La historia nos muestra sus autores, las ideas
concebidas por sus mentes brillantes, así como las razones políticas de
su construcción, sin embargo, existe algo más profundo detrás de este
primer contexto. El sitio, conocido como Plaza Juárez, ha sido una obra
heredada del siglo XX, concebida y realizada en el año de mil
novecientos cincuenta y siete, bajo la batuta política de Quintín Rueda
Villagrán, buscando afanosamente un elemento de identidad nacional que
otorgara valor al nuevo espacio. Un análisis profundo a la historia de
la ciudad permite decidir sus elementos representativos. Un rescate de
aspectos históricos juega un papel decisivo en el diseño de la plaza. Un
homenaje al Presidente Benito Juárez García, por medio del genio
escultor de su bisnieto Carlos Obregón Santacilia, dando sincero
agradecimiento por haber acogido con respeto político el nacimiento del
Estado y de la Ciudad: La ciudad de Pachuca, cuyo origen es
indiscutiblemente minero. Una actividad que nos hizo ser descubiertos y
apreciados, nuestra bandera blandida ante el país y el mundo durante el
siglo XVI y XVII, y cuyo recuerdo se encuentra plasmado en el teatro
conocido como Bartolomé de Medina, en honor al minero sevillado que nos
otorgó fama y fortuna.
La Plaza, así, se convirtió en un sitio
cívico no sólo para la nueva organización de la ciudad tras la muerte y
desaparición del ferrocarril, sino como un centro de reunión para el
respeto político ejercido por el pueblo. Años después, en el inicio de
la década de los setenta, el Palacio de Gobierno encontraría en este
lugar, la ubicación apropiada para sus funciones. Por último, un enorme
parque coronaría el destino de la plaza: La Rotonda de los Hombres
Ilustres, un intento de inmortalizar y rendir homenaje a todos los
hombres en cuyos esfuerzos se hizo posible la creación y consolidación
de la ciudad. Nombres como: Manuel Fernando Soto Pastrana, Alfonso
Corona del Rosal, Guillermo Rosell de la Lama…
Las formas arquitectónicas presentes en
el sitio pueden ser interpretadas de acuerdo a la guía firme de fechas y
eventos históricos. La escultura de Benito Juárez, con su pesadez y sus
formas robustas y gruesas, propio de la tendencia revolucionaria de la
escultura de principio de Siglo, en su búsqueda de una identidad
sinceramente mexicana. El Teatro Bartolomé de Medina, copia del teatro
original que se ubicaba en otra parte de la ciudad, y que fue demolido
por serios daños sufridos por las inundaciones que azotaban la zona, con
sus formas arquitectónicas eclécticas: sólidos arcos de medio punto, un
sobrio y elegante frontón coronando el sutil acceso, columnas bañadas de
estilos clásicos, pilastras simples y cornisas y ménsulas como frío
ornamento, y una solidez y firmeza apoyada por bloques blancos de
cantera hermosa. Formas arquitectónicas cuyo objetivo era lograr
concepciones altas y repletas de buen gusto, imitando el estilo clásico
imperante en la arquitectura de Europa.
Tal vez las formas presentes en la Plaza
sean hermosas y del buen gusto de la época que las vio nacer; y en ello,
son sólo producto de una mentalidad estética que ha encontrado en la
cultura clásica su aposento satisfactorio y seguro. Worringer lo ha
descubierto ya: lo que llamamos estética científica no es, en el
fondo, otra cosa que una interpretación psicológica del estilo clásico
17 .
Como bien nos dice Worringer, por mucho
tiempo hemos valorado y juzgado cruelmente, a las obras arquitectónicas
por su fiel acercamiento a los aspectos arquitectónicos clásicos,
olvidando que la Arquitectura es más que una simple apariencia sobria y
vana: es el reflejo de nuestra propia vida humana . En efecto,
existe una voluntad artística , aquello que es verdaderamente
la expresión de lo humano local, y que hace posible el milagro de la
concepción arquitectónica, más allá de las formas tangibles que nuestros
sentidos perciben. Así, cada grupo humano, cada ciudad, cada pueblo y
cada cultura podría ser revalorizada de acuerdo a sus sueños y sus fines
comunitarios. Aquello que reúne y afirma la colectividad y la unión
social.
Aún así, la Plaza Juárez, más allá de las
simples formas aparentemente bellas y agradables a la vista, es reflejo
sincero de algo más. Un estrato profundo… y oculto.
¿Qué es lo que define aquella voluntad
artística de la que hemos hablado? Las formas arquitectónicas varían,
pero la voluntad permanece presente. Una Plaza, un espacio magno y
abierto, libre de espacios religiosos pero no sagrados… ¿Qué no acaso el
respeto a los hombres y al pueblo no es sagrado y mítico también? Un
lugar que despierta respeto y ofrece culto y homenaje a aquellos hombres
valientes e ilustres que han sobrepasado la simple capacidad de seres
humanos, que han ido más lejos, que han buscado y rebuscado entre la
colectividad y entre los sueños ajenos, pero comunes y propios a la vez.
Una voluntad emancipándose y encontrando
medios de expresión. Indiferente a las formas, ¿cuál es aquello que nos
ha definido, aquello que nos hace un pueblo único y distinto a los
demás? La respuesta se encuentra tal vez, en espacios urbanos lejanos y
distantes, pero cuya voluntad se expresa y sobrevive todavía. Como lo es
en este caso el espacio abierto, la plaza en sí.
En efecto, sólo algunos kilómetros separan a la ciudad de Pachuca de un
complejo arquitectónico prehispánico. Una cultura mesoamericana
enigmática cuyas obras arquitectónicas se distinguen por la compañía de
monumentales columnas en formas humanas: los Atlantes. ¿Quiénes fueron
semejantes personajes, o que papel desempeñaron en la vida de la ciudad
antigua? Su existencia y su desempeño fueron suficientes para
integrarlos a la Arquitectura de la ciudad. Dos aspectos similares a los
presentes en la Plaza Juárez surgen en este complejo arquitectónico
antiguo y solemne: la búsqueda de la trascendencia de hombres, cuya
temple y firmeza fueron elementos suficientes para rendirles honor
dentro de la vida urbana de la ciudad enorme. El segundo aspecto se
encuentra representado precisamente por esa monumentalidad
característica que les otorga vida y presencia dentro de la imagen y
vida misma de la ciudad. ¿Por qué guerreros, por qué rendirles homenaje
a estos hombres? Esculturas talladas a imagen y semejanza de simples
hombres reales, cuya fuerza quizá inspira o infunde profundo respeto.
Homenaje, agradecimiento, figuras inertes que se alzan imponentes sobre
el vasto horizonte. La idea, la misma que en el presente: escribir la
historia de un pueblo por medio de seres humanos que trascienden la
memoria colectiva, y de alguna manera maravillosa, se convierten en
leyenda de los hombres, cuya imagen permanece más allá de nosotros
mismos. ¿Qué no son estas figuras, en sus formas abstractas y simples,
lejos de la perfección clásica, hermosas piezas que otorgan algún
sentido a la ciudad existente? Respuesta a aspectos históricos y
sociales de un cierto tiempo y espacio, reclamando inquebrantables su
lugar en la valoración y estimación estética.
Una voluntad que se manifiesta, siempre
firme y decidida, indiferente a las formas perfectas clásicas
inmensamente valoradas por los pueblos. El valor, la identidad y la
fuerza de la Arquitectura se presentarán de todas formas, de maneras
inimaginables e infinitas.
17 Worringer, W., “La esencia del
Gótico”. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. Pp. 14.
La Arquitectura:
Testimonio de un tiempo lejano y distante
“En lo personal esta obra
arquitectónica me ha cautivado. La conocí hace diez años, pero ahora,
con una singular propuesta teórica para comprender de manera diferente
la arquitectura, decidí ir a visitarla de nuevo para analizarla mejor.
La reacción fue superior a la primera vez que la conocí. Es una obra que
pienso tiene todo aquello de lo que Hartmann habla en su libro.
Aunque la palabra escrita dice mucho
más que la gráfica, me pareció necesario incluir algunas fotografías
para mostrar un poco de manera visual lo que describo en el siguiente
texto”.
Se ha dicho tanto acerca de la
Arquitectura y lo que ésta debe representar dentro de la vida de los
hombres. Se ha hablado tanto acerca de sus cualidades y los fines que le
dieron vida. Sin embargo, una de las más valiosas y firmes actitudes de
la Arquitectura es su permanencia en el tiempo, reflejando aquello que
fue, y que continúa vivo dentro de sus confines, oculto tal vez a
nuestra vaga y lejana mirada.
He descubierto una obra arquitectónica
bella no sólo por sus singulares y perfectas formas que trascienden al
tiempo, sino por todo aquello que dichas formas y espacios reflejan,
susurrando memorias de sucesos pasados.
Se trata de un convento que se concibió y
comenzó a ser construido hacia el año de mil quinientos cincuenta,
cuando los españoles comenzaban a llegar a nuestra tierra, acompañados
de frailes cuya misión era evangelizar y enseñar al pueblo nativo la
religión y los principios de la ortodoxia europea. Una magna obra
localizada en el estado de Hidalgo, en un sitio conocido como Actopan,
cuyo nombre deriva de la lengua náhuatl y quiere decir: “tierra
gruesa, húmeda y fértil”. Hoy en día, esta obra arquitectónica ubicada
en Actopan, conocida como el exconvento de San Agustín de Hipona, se
sabe que fue planeada y realizada bajo los mandatos de los frailes de la
Orden de San Agustín. Una obra que aún mantiene viva dentro de su ser,
algo enigmático y atractivo que revela el lejano pasado en el que nació
y vivió.
Para comprender un poco más acerca de lo
que hay detrás o en el fondo de esta maravillosa obra de arquitectura,
acudimos al filósofo ruso-alemán, Nicolai Hartmann....
Hartmann, en su obra Estética ,
habla de aquello que la Arquitectura es: “…de todas las bellas artes, la
arquitectura es sin duda la menos libre: está doblemente atada 1)por la
determinación de los fines prácticos a los que sirve y 2) por el peso de
la fragilidad de la materia física con la que trabaja 18 ”. Dos aspectos
que la caracterizan y la delimitan. Sin embargo, de acuerdo con
Hartmann, dicho aspectos generan en las verdaderas obras
arquitectónicas, estratos , que muestran y se abren hacia el
trasfondo que guarda la obra, es decir, la Arquitectura
“deja aparecer una vida que está dentro de la construcción y de la que
da testimonio 19 ”.
El exconvento al cual hago referencia
posee dichas cualidades, y al conocer y vivir sus espacios, éstos hablan
de una vida pasada, atrapada y fielmente reflejada en cada lugar y en
cada forma. Si algo hemos aprendido, es que la Arquitectura es el hombre
mismo, y en ella plasma sus sueños, sus metas y sus ideales, de acuerdo
a aspectos temporales y espaciales en cada punto específico de la
historia.
El primer estrato, la composición
según el propósito se manifiesta por medio de la técnica
constructiva elegida, obligada por la época y delimitada por la mano de
obra disponible en el momento. Roca, piedra rígida y pesada, que fue
diestramente maleable gracias a miles de manos
del pueblo otomí. Material que fue usado
cuidadosamente, y que originó pesadez obvia, necesaria para demostrar la
fuerza y el poder de los conquistadores, quienes eran dioses frente a
las miradas nativas e inocentes. Sin embargo, algo más puede captarse en
esas formas fuertes y sólidas: un propósito final.
La composición espacial nunca es
en esta maravillosa obra una característica aplastada, minimizada o
limitada por la técnica constructiva y el material que ésta incluye. El
juego magistral de los espacios, sus configuraciones propias y sus
distribuciones en el conjunto son únicos y sorprendentes. Cada espacio
se encuentra donde debe estar y donde debe ser. La monumentalidad magna
del material usado no se hace presente en las celdas interiores y
privadas del convento: espacios que invitan a la silenciosa meditación
sin asfixiar nunca nuestras respiraciones. La fachada, pese a sus
proporciones, no destruye al ser humano y lo obliga a alejarse. La
capilla abierta, situada a un costado de la Iglesia, con aquella inmensa
forma de bóveda de cañón de diecisiete y medio metros de largo y doce
metros de alto no hacen más que invitar a los seres humanos a acercarse
y ser uno con aquella configuración espacial. De alguna peculiar manera,
el conjunto buscaba imitar la grandeza divina tan temida por los
indígenas, pero tan respetada por su capacidad de transformarse en
hombre mismo, guardando una misma escala con los seres humanos,
invitándolos a entrar en su misterio. Cada espacio es un antecesor
necesario del siguiente. Cada sitio y cada rincón se ubican de tal
manera que respeta al anterior y al próximo. La Iglesia, grandiosa y
bella, situada junto a la Capilla abierta que no hace más que
complementar la invitación. La entrada noble al convento, para dar paso
a un modesto vestíbulo que comunica al claustro y al jardín, bello y
abierto al cielo…
La composición dinámica de la
obra se refiere al dinamismo de las formas, externo a las limitantes del
material elegido. ¿Cómo puede ser posible que las formas presentes
en este proyecto tan antiguo logren despertar en nosotros tanta
admiración y respeto? El magno claustro, con sus arcos ojivales en
planta baja, memorias del imponente Gótico, y los arcos de medio punto
de la planta alta, reflejos del inmenso Renacimiento, existen unidos,
uno frente al otro, en constante oposición, pero en única unidad, sin
olvidar nunca la existencia del hombre mismo. Las humildes formas que
enmarcan los pasillos y las habitaciones del interior del convento. Las
sencillas y vanas formas que conforman la alta torre de la Iglesia. El
mirador, ubicado sobre la breve entrada al convento, apenas enmarcado
por pequeños arcos, pero en cuyo interior se alza una vista espectacular
nunca imaginada…
Los estratos anteriormente descritos son,
sin embargo, sólo estratos exteriores de las obras arquitectónicas.
Estratos distintos a éstos son los que hablan en realidad de aquello que
la Arquitectura guarda en sus profundidades. Hartmann lo dice: “…no toda
obra arquitectónica posee los estratos más profundos del trasfondo,
aquellos que dicen algo de la vida y del ser anímico de los hombres que
las construyeron 20 .”
El espíritu o sentido de la solución en la
composición según el propósito es un estrato representado por
el punto de vista didáctico que poseían los frailes en su búsqueda
por la construcción del convento. No es casualidad que las formas
arquitectónicas estén siempre acompañadas por el arte de la pintura,
cuyos motivos muestran siempre el mismo tema: pasajes de las
escrituras que buscan enseñar a los indígenas de la época, todos los
aspectos propios del cristianismo. La capilla abierta posee un mural
rico en imágenes con dicha temática. Muchas de las pinturas que aún
se observan hoy en día en los muros del ex–convento muestran de
igual manera los ideales de los cuales los frailes partieron, y a
los cuáles deseaban fervientemente regresar. No es simple
coincidencia que la vida de San Agustín de Hipona aparezca
en un gran mural en la portería. San Agustín de Hipona, personaje
crucial y base a partir del cuál parte la Orden Agustina: hombre de
fe, cuya fama cristiana lo recuerda y lo mantiene vivo. Pero el
primer estrato interno no se basa en la pintura como aspecto único;
todos los espacios arquitectónicos comparten de repente esta misma
visión. Cuando se observa por vez primera la capilla abierta, uno
permanece petrificado y admirado por aquel sutil efecto: el complejo
impone, sí, pero en cualquiera de sus espacios la invitación
permanece intacta y abierta: la meditación y la guía repleta de fe
que envuelven nuestro espíritu.
Este hecho liga de alguna manera
nuestro segundo estrato interior: la impresión del conjunto de
las partes y el todo . Cada espacio y cada rincón del convento
comparten la misma magia. El visitante descubre de repente cuál es
el propósito de aquél sitio: mostrarnos el camino a la verdad
absoluta. Al caminar por los espacios del conjunto, el efecto es
siempre el mismo: fiel reflejo de valores y de preceptos que aún
flotan en el aire. ¿A qué atribuirlo? La penumbra que invade los
espacios. El silencio infinito producto del aislamiento contra el
mundo externo. Las formas vanas y simples del interior. Las formas
pesadas y bellas de cada fachada. La monumentalidad. Las pinturas…
Se respira quietud y se perciben nobles, rígidos y valiosos
preceptos, que han sobrevivido al paso del tiempo. La vida dentro
del convento, la meditación y la búsqueda hacia valores más altos.
Todo ello puede sentirse, puede experimentarse en el interior… Una
vida pasada que fue… y que continúa siendo envuelta en los espacios
arquitectónicos que traspasan el tiempo, el espacio y el olvido.
El último de los estratos interiores
se devela entonces lentamente: la expresión de la voluntad vital
y del modo de vida de los hombres . Súbitamente, al entrar a la
Iglesia alta y monumental; mientras se camina por el amplio y verde
jardín del convento que mira al cielo azul; se entra en aquellos
pasillos amplios y repletos de penumbra, con aquellas miradas
delicadas al exterior enmarcadas con formas ovaladas y disformes; se
reflexiona silenciosamente dentro de las celdas bellas y quietas del
interior, o se experimenta una inexplicable sensación al permanecer
en el centro del claustro, podemos ser capaces de comprender sólo
por un instante el significado mismo de la vida de aquellos
personajes tan antiguos y lejanos. Actividades que han sido
inmortalizadas gracias a una sólida tradición. Valores humanos que
aún permanecen en silencio. La razón del ser que habitó aquellos
espacios. Ser un fraile que vive de la meditación, la respira y la
siente alrededor, firme a su misión evangelizadora, cuya causa es
justa; luchar enseñando pacientemente el mundo civilizado en un
nuevo mundo, ajeno y lejano del hogar querido. Un cielo azul
distinto y distante del conocido. Lidiar con costumbres nuevas y
desconocidas. Ser padres comprensibles frente a creaciones
desamparadas. La Arquitectura cumple así con un fin: mostrar
valores humanos emanados de una sólida vida basada en la tradición,
los sueños y creencias puras . La Arquitectura, que es reflejo
del hombre mismo, y en cuyas profundidades se encuentra la
verdad misma develándose .
18 Hartmann, Nicolai, “Estética”,
México, Universidad Autónoma de México. Primera edición en español,
1977. Pp. 147.
19 Idem. Pp. 249.
20 Op. Cit Pp. 252.
Algunos
aspectos a considerar:
Conclusiones
Debe existir un cambio en la actitud de los
arquitectos, que permita un acercamiento con las personas que le
rodean, quienes no comprenden los alcances que pueden generar
adecuadas intervenciones arquitectónicas en sus modelos de vida.
Es indispensable desarrollar métodos que nos permitan acercarnos
a ellos, conocer y comprender sus necesidades reales, ya que
muchas veces es difícil para ellos mismos tener ideas claras de
solución o deseos específicos de lo que se quiere, ya que la
cantidad de información y las influencias ideológicas no lo
permiten. Los arquitectos, por su parte, deben observar y
descubrir las necesidades reales, así como los aspectos
culturales que rodean a la sociedad. La imitación no es el único
medio de satisfacer necesidades espaciales. Cada región posee
características y aspectos propios que deben ser tomados en
cuenta. La observación y la crítica deben ser dos herramientas
indispensables en el quehacer arquitectónico. Es difícil generar
ideas y soluciones aptas, y comunicarlas a las personas que nos
rodean, quienes emiten juicios. Siempre hemos tenido una falsa
idea de crítica, y creemos que todo aquello que no elogia es
ofensa, cuando la crítica en contra es la mejor manera de
descubrir errores o puntos débiles. Debemos considerar, antes de
la imitación o la satisfacción de necesidades basadas en ella,
la riqueza que posee cada sociedad. Octavio Paz lo expresa en su
obra “El Laberinto de la Soledad”. Las sociedades mexicanas
están repletas de mitos expresados en ritos, de creencias y de
elementos culturales diversos. Los mitos y las fiestas cumplen
con un objetivo cultural específico: “El hombre, prisionero de
la sucesión [de la vida cotidiana global], rompe su invisible
cárcel del tiempo y accede al tiempo vivo: la subjetividad se
identifica al fin con el tiempo exterior, porque éste ha dejado
de ser medición espacial y se ha convertido en manantial, en
presente puro, que se recrea sin cesar. Por obra del Mito y de
la Fiesta […] el hombre rompe su soledad y vuelve a ser uno con
la creación. Y así, el Mito […] reaparece en casi todos los
actos de nuestra vida e interviene decisivamente en nuestra
Historia: nos abre las puertas de la comunión 21”. La fiesta y
el mito son dos elementos culturales profundamente arraigados a
nosotros, y muchas veces exigen la creación de espacios
arquitectónicos propios para poder existir entre las actividades
de los seres humanos 22 .
Muchos de estos aspectos
culturales, así como el desarrollo de una visión que permita
comprenderlos, no son enseñados en las escuelas de Arquitectura.
El modelo de enseñanza ha seguido un mismo modelo, descrito con
anterioridad, que debe ser modificado para cumplir con otros
fines. “Al hacer uso de la razón, podemos aprender muchas cosas
necesarias para la vida. Cosas que vamos a necesitar para el
trabajo, para manejar máquinas y aparatos, para poder
expresarnos con propiedad, para enterarnos de lo que pasa y ha
pasado en el mundo, para saber vivir en la sociedad .
Es decir, con el desarrollo de nuestra capacidad de razonar
vamos a adquirir toda una serie de conocimientos 23 . Estos
conocimientos deben centrarse en el desarrollo de capacidades
analíticas en los estudiantes, para que puedan observar,
analizar y comprender el medio que les rodea, y ser capaces de
generar propuestas adecuadas que satisfagan necesidades reales
de habitabilidad . La Arquitectura conforma parte de la
cultura que define a una sociedad, ya que permite el desarrollo
de actividades clave de los grupos humanos a los que satisface.
“La educación debe concebirse […] como un esfuerzo de la vida
misma que se defiende contra una civilización, la cual
aparentemente prepara muy bien a los hombres para vivir,
convirtiéndolos en autómatas perfectos, pero son voluntad, ni
inteligencia, ni sentimiento; es decir, sin alma 24.
¿Cómo luchar contra la
globalización y su inclusión en la Arquitectura?. Es sabido que
la situación de México obliga a la adopción de la tecnología y
la modernidad como medio de progreso para el mejoramiento de los
niveles de vida y la resolución de problemas de vivienda, pero,
no debemos olvidarnos de aquello que es nuestro. “Tenemos que
aprender a mirar cara a cara la realidad. Inventar, si es
preciso, palabras nuevas e ideas nuevas para estas nuevas y
extrañas realidades que nos han salido al paso. Pensar es el
primer deber de la “inteligencia 25”. Formas y soluciones
arquitectónicas que utilicen a la tecnología y las nuevas
técnicas generadas para solucionar problemas regionales, con
necesidades espaciales definidas, aspectos y condiciones
climáticas propias y una ideología específica.
Es trabajo del arquitecto,
observar, conocer y tratar de frente con la gente que solicita
sus servicios. Somos diseñadores de espacios, capaces de
trabajar, al igual que otros tantos diseñadores de ramas
diferentes, sobre usuarios generales, cuando diseñamos edificios
de gran magnitud y escala, que albergan a cientos o miles de
usuarios con una serie de características similares, pero no
específicas. Pero trabajamos también sobre el diseño de espacios
particulares , individuales , dentro de los
cuales viven y se desarrollan seres humanos definidos y únicos.
Fernando Martín Juez, señala que los diseñadores (incluidos por
supuesto los arquitectos) deben ser capaces de comprender,
asimilar y expresar las metáforas de los usuarios. Los
arquitectos, yendo más allá, deben ser capaces de guiar y
asesorar a los usuarios para el logro de espacios que realmente
satisfagan sus necesidades, lejos de las vanidades de la moda o
las formas temporales. El hombre, el ser humano, posee una
característica que lo distingue del resto de los seres humanos:
su raciocinio, que le permite poseer un sentido de distinción y
clasificación.
El arquitecto debe, siguiendo con este
planteamiento, desarrollar dos cualidades fundamentales: una
visión participante (ser capaz de profundizar, comprender y
tomar para sí la problemática planteada) y una imaginación
(o creatividad) prospectiva (cualidad que le
permite descubrir el mayor número de variables en una
situación y prever su interacción y sus consecuencias). Pero
lo más importante, debe ser capaz de desarrollar una
capacidad que le permita compartir, expresar y convencer a
sus semejantes sus ideas y sus planteamientos, basados en un
análisis de acuerdo al espacio y tiempo
específico sobre el que actúa. El arquitecto debe dejar de
ser exclusivamente constructor , y regresar a un
concepto de arquitecto ya olvidado: aquella profesión que
mira al hombre como un ser capaz de generar espacios, de
acuerdo a sus características y cualidades físicas,
psicológicas y de orden social, sin olvidar conceptos y
valores estéticos para ir más allá de una simple
satisfacción de orden física.
21 El laberinto de la soledad. Octavio Paz.
Fondo de Cultura Económica. Tercera Edición. Segunda
reimpresión, 2002. México, D.F. Pp. 229-230.
22 Ver ensayo: El mito como generador de
espacios incomprendidos: www.geocities.com/jefrancowriter/arq.swf
23 El fracaso de la Educación en
México. Eduardo del Río (Rius). Ed. Grijalbo. 2001.
México, D.F. Pp. 119.
24 El perfil del Hombre y la
Cultura en México. Samuel Ramos. Colección
Austral. Ed. Planeta Mexicana. Cuadragésima
segunda reimpresión: julio de 2003. México, D.F.
Pp. 89. 25 Idem.