Gótico temprano
En Francia, durante la primera mitad del siglo
XII, la bóveda de crucería apareció esporádicamente en cierto número de
iglesias. Sin embargo, la fase que iba a conducir a la construcción de las
grandes catedrales francesas comenzó en 1137, con motivo de la construcción de
la girola de la iglesia abacial de Saint-Denis, panteón real en las afueras de
París. En el deambulatorio de Saint-Denis, las finas columnas que sustentan las
bóvedas de crucería y la ausencia de muros divisorios entre las distintas
capillas radiales proporcionó un nuevo sentido de espacio continuo, fluido, que
anticipaba las creaciones posteriores.
Saint-Denis fue el modelo para la primera de las
grandes catedrales, Notre Dame de París (comenzada en 1163), así como para un
periodo de experimentación orientado a la desmaterialización del muro por medio
de la apertura de grandes ventanales traslúcidos. El añadido de un cuarto piso
en los alzados interiores incrementó la altura de forma vertiginosa. Este piso
adicional, denominado triforio, consiste en un estrecho pasadizo con arquerías
situado entre la tribuna que se halla sobre las naves laterales y el nivel de
los ventanales superiores (claristorio). Las catedrales francesas de Laon y
Noyon también corresponden a esta primera etapa.
Gótico clásico
La fase experimental del gótico temprano se
resolvió finalmente en la catedral de Chartres (comenzada en 1194). Eliminando
la tribuna del segundo piso heredada del románico, pero manteniendo el triforio,
recupera la sección longitudinal de tres pisos o niveles. En su defecto se gana
altura a través de un amplio claristorio o piso de ventanales, nivel de las
arquerías, que proporciona una luz casi vertical. Cada vano se organiza mediante
una estructura geminada, dividido por un parteluz y decorado con motivos de
tracería como tréboles, óculos o cuadrifolios. La catedral de Chartres sirvió de
modelo para las siguientes catedrales góticas.
Este periodo del gótico clásico culminó en la
catedral de Reims (comenzada en 1210). Con sus equilibradas proporciones, Reims
representa el momento clásico de serenidad y reposo en la evolución de las
catedrales góticas. La tracería calada, característica de la arquitectura gótica
tardía, fue utilizada por el primer arquitecto de Reims. En las placas
primitivas de tracería, como en los ventanales de Chartres, el muro de
mampostería esta perforado por una serie de aberturas. Por el contrario, en la
tracería calada cada ventana se subdivide en dos o más arcos apuntados por medio
de finas columnillas de piedra llamadas parteluces, y en la parte superior
aparece un diseño que produce el efecto de un recortable. Reims sigue el esquema
general de Chartres, pero otra solución del gótico apareció en la gran catedral
de cinco naves de Bourges (comenzada en 1195): en lugar de un crecido cuerpo de
ventanas como en Chartres, el arquitecto de Bourges redujo el claristorio en
favor del cuerpo de arquerías y del triforio. En torno a 1220, la nave de la
catedral de Amiens retomó el sentido clásico y ascensional de Chartres y Reims,
enfatizando la verticalidad y la estilización de los pilares. De este modo
Amiens supuso una transición hacia la más elevada de las catedrales góticas
francesas, la catedral de Beauvais. En ella aparece un gigantesco piso de
arquerías (derivado de Bourges) bajo un piso de ventanales del mismo tamaño, que
permite alcanzar la altura sin precedentes de 48 metros.
Gótico radiante o rayonnant
La catedral de Beauvais se comenzó en 1225, un
año antes de que Luis IX de Francia ascendiese al trono. Durante su largo
reinado, de 1226 a 1270, la arquitectura gótica entró en una nueva fase
denominada radiante o rayonnant. El término rayonnant deriva de los elementos
radiales, como los de una rueda, que conforman los enormes rosetones
característicos de este estilo. La altura dejó de ser el principal objetivo, y
en su lugar se extremó la desmaterialización del muro reduciendo el espesor de
la mampostería, extendiendo los ventanales y reemplazando el muro exterior del
triforio por vanos de tracería. Los muros de este periodo radiante asumieron el
carácter de membranas traslúcidas.
Todas estas características del gótico radiante
fueron incorporadas en la primera empresa importante llevada a cabo durante esta
nueva fase, la reconstrucción (comenzada en 1232) de la iglesia abacial de
Saint-Denis. De la primitiva estructura sólo se preservaron el deambulatorio y
la fachada principal. Sin embargo, el espíritu rayonnant está mejor representado
por la Sainte-Chapelle, la espaciosa capilla palatina construida para Luis IX
entre 1242 y 1248, en la Île-de-la-Cité, en el centro de París. Los inmensos
ventanales, que se elevan casi desde el nivel del suelo hasta el arranque de las
bóvedas, ocupan la totalidad del espacio entre los haces de columnas,
transformando de este modo la capilla en una robusta armadura pétrea recubierta
por superficies acristaladas por donde se filtra la luz a través de vidrieras
multicolores.
En la evolución de la arquitectura gótica, el
progresivo aumento de los vanos acarreó la posibilidad de crear un ambiente
interior sacralizado y simbólico a través de la luz coloreada que pasaba a
través de las vidrieras. Los colores dominantes fueron el azul oscuro y el rojo
rubí brillante. En las ventanas de las capillas subsidiarias y de las naves
laterales se dispusieron pequeñas vidrieras en forma de medallones, que
ilustraban episodios bíblicos y de la vida de los santos. Su proximidad con
respecto al observador permitía la contemplación de sus detalles. Cada una de
las ventanas del claristorio, por otro lado, estaba ocupada por enormes
vidrieras con imágenes monumentales, perceptibles desde el suelo. A partir del
último tercio del siglo XIII la mística oscuridad se fue disipando, a medida que
la técnica de la grisalla —cristal blanco decorado con dibujos en gris— se fue
combinando con los paneles de colores, cada vez más vivos y luminosos.
Expansión de la arquitectura gótica
La influencia de la arquitectura gótica francesa
en el resto de Europa fue enorme. En España, este estilo también está
representado por las grandes catedrales urbanas, si bien en el siglo XV la obra
civil adquirió mayor importancia. Durante la etapa del gótico clásico, la
implantación de las influencias francesas a través de la corte de Fernando III
se refleja en las catedrales de Burgos, Toledo y León. A pesar de ello, las
catedrales españolas no fueron copias provincianas de los modelos franceses, y
en ellas se perciben características arquitectónicas y decorativas propias de la
cultura hispana, como la introducción de elementos mudéjares. La más próxima a
los prototipos franceses es la catedral de León, terminada hacia 1280, que
responde a los ideales clásicos de altura y amplias superficies acristaladas con
magníficas vidrieras. En el siglo XIV el mayor desarrollo arquitectónico tuvo
lugar en Cataluña y Levante, con ejemplos destacados como las catedrales de
Barcelona, Palma de Mallorca y Gerona. El modelo de catedral en este área se
adecuó a los postulados del sur de Francia, por lo que se ha denominado gótico
mediterráneo. Este estilo se caracteriza por el predominio de la planta de salón
—consistente en la disposición de naves a la misma altura—, la diafanidad
espacial, el aprovechamiento de los vacíos entre contrafuertes para alojar
capillas, la escasa iluminación y la supresión de los arbotantes, lo que se
traduce en exteriores macizos y sin esa tendencia a la verticalidad propia del
gótico francés más ortodoxo.
En Alemania (que entonces formaba parte del Sacro
Imperio Romano Germánico junto a otros territorios de Europa central) el gótico
también apareció a lo largo del siglo XIII, aunque en una primera fase convivió
con los esquemas románicos autóctonos. En 1248 se inició la catedral de Colonia,
que excedía en su altura interior a la catedral de Beauvais y cuyo coro se
inspiró en el estilo radiante de la catedral de Amiens. Poco después se inicia
la de Estrasburgo, en el siglo XIV la de San Esteban de Viena y las catedrales
de Praga, Friburgo y Ulm, que destacan por sus esbeltas torres. También en
Alemania se materializó el modelo de iglesia-salón característica del gótico
mediterráneo, como se observa en San Lorenzo de Nuremberg (siglo XV).
En Italia e Inglaterra la aceptación de los
esquemas franceses se encontró con mayores reticencias, de modo que su
influencia fue escasa. Las iglesias florentinas y las reminiscencias
superficiales del gótico francés en las fachadas de la catedrales de Siena y
Orvieto son simples fases transitorias en la evolución que condujo en Italia del
románico clasicista a los inicios de la arquitectura renacentista en la obra de
Filippo Brunelleschi.
En Inglaterra, la influencia de la arquitectura
gótica francesa tan sólo se manifiesta en dos ocasiones, una en torno a 1170 con
la ampliación oriental de la catedral de Canterbury y otra, a mediados del siglo
XIII, en la abadía de Westminster (comenzada en 1245), basada en el esquema
general de Reims. Por lo demás, los arquitectos ingleses desarrollaron su propio
lenguaje gótico que enfatizó la longitud y la horizontalidad. La girola
poligonal o semicircular francesa se sustituyó por una cabecera cuadrada,
prolongada en ocasiones por una rectangular Lady Chapel o capilla de la Virgen.
Este acusado alargamiento de la planta, a menudo determinó el uso de dos
transeptos y la multiplicación de nervios en las bóvedas, algunos de los cuales
fueron puramente ornamentales.
El primer gótico inglés (Early Style) está
representado por la catedral de Salisbury (comenzada en 1220; la torre y la
aguja del siglo XV). La introducción de tracería calada en la abadía de
Westminster produjo una espectacular evolución de estos elementos. El periodo
decorativo subsiguiente (Decorated Style), con su profusa ornamentación, cuenta
con ejemplos como el coro de la catedral de Lincoln (comenzado en 1256), el
crucero de la catedral de Wells y la torre octogonal de la catedral de Ely,
entre otros.
Escultura
La escultura siguió el precedente románico, con
una amplia difusión de imágenes cuyo fin era adoctrinar a los fieles en los
dogmas de la fe religiosa y decorar las fachadas de las catedrales. La escultura
de los siglos XII y principios del XIII tuvo un carácter predominantemente
arquitectónico. Las figuras más destacadas son las estatuas colosales de las
jambas (pilastras laterales) de las portadas y las de los parteluces de los
vanos de entrada. Reciben el nombre de estatuas-columna por estar adosadas a
estos soportes. A veces, la estatua-columna tiende a liberarse del marco
arquitectónico, como si fuera una escultura exenta o de bulto redondo.
En el estilo considerado protogótico destacan las
estatuas-columna del famoso pórtico de la Gloria (fachada occidental) de la
catedral de Santiago de Compostela (España, último tercio del siglo XII), donde
apóstoles y profetas se hacen eco del nuevo sentido naturalista idealizado, a la
vez que expresan sus sentimientos y empiezan a entablar lo que se denomina sacra
conversazione, es decir, la comunicación entre los personajes sagrados. En
Francia cabe reseñar las estatuas-columna de la fachada occidental de la
catedral de Chartres, que datan aproximadamente de 1155. Las estatuas del
pórtico Real de Chartres poseen unas proporciones y un sentido del volumen que
revelan un naturalismo ajeno al mundo románico. Durante las décadas siguientes
las figuras de Chartres inspiraron a un gran número de artífices franceses. Sin
embargo, las estatuas-columna no eran las únicas manifestaciones escultóricas
figurativas de las portadas, que seguían un rico y elaborado programa
iconográfico centrado en los altorrelieves del tímpano, arquivoltas y en menor
medida, en los dinteles de las puertas. En los parteluces, solían aparecer
estatuas de la Virgen, Cristo o algún santo relacionado con la iglesia
catedralicia.
Sin embargo, las manifestaciones protogóticas
todavía conservaban un cierto carácter románico. En torno a 1180 la estilización
románica evolucionó hacia un periodo de transición en el que las estatuas
comenzaron a asumir una serie de rasgos naturalistas como la gracia, elegancia,
solemnidad, sinuosidad y libertad de movimientos. Este estilo ‘clasicista’
culminó en la primera década del siglo XIII en las series de esculturas de las
portadas de los transeptos norte y sur de la catedral de Chartres.
De todos modos el término clasicista debe ser
matizado, debido a la diferencia esencial que existe entre las figuras góticas y
las del auténtico estilo clásico antiguo. En la figura clásica, sea estatua o
relieve, puede apreciarse un cuerpo completamente articulado debajo y por
separado de sus ropajes, mientras que en la gótica no existe tal diferenciación.
Lo que puede apreciarse del cuerpo es inseparable de los pliegues de la
vestimenta: incluso cuando se trata de desnudos, como en las estatuas de Adán y
Eva (anteriores a 1237) de la catedral de Bamberg (Alemania) la anatomía se
subordina a un proceso de abstracción.
Aparición del naturalismo
Los convencionalismos en el tratamiento de los
pliegues fueron reemplazados por volúmenes más sólidos y naturales en un proceso
que comienza en torno a 1210 con la portada de la Coronación de la catedral de
París, y que continúa después de 1225 en las portadas de la catedral de Amiens.
A partir de 1240 ya se aprecian en la fachada occidental de la catedral de Reims
y en las estatuas de los apóstoles de la Sainte-Chapelle de París los pliegues
pesados y angulosos, profundamente esculpidos en forma tubular, característicos
de la escultura gótica posterior. Al mismo tiempo las estatuas se liberaron del
soporte arquitectónico.
En las estatuas de Reims y en las del interior de
la Sainte-Chapelle se consolidó el típico rostro de las figuras góticas: forma
triangular, mentón destacado, ojos almendrados y una marcada sonrisa. Al mismo
tiempo se inició la representación de posturas y gestos amanerados, que resultan
de una síntesis entre las formas naturalistas, la elegancia cortesana y una
delicada espiritualidad.
Otros géneros desarrollados por la escultura
gótica fueron las imágenes votivas, esculturas de bulto redondo de pequeño
tamaño con representaciones de la Virgen y el Niño o de Cristo crucificado, en
las que se aprecian los cambios iconográficos que se produjeron en el mundo
gótico, como una mayor humanización y naturalismo. Por otro lado, el relieve
alcanzó gran esplendor en los retablos, las sillerías de coro y los sepulcros de
grandes personajes.
En relación a las tendencias naturalistas,
aparecieron interpretaciones más humanizadas de la Virgen con el Niño, imágenes
que muestran una relación amorosa en la que la Virgen mira a su hijo dulcemente
o juega con él mientras le ofrece una flor o una fruta. Un ejemplo de esta nueva
iconografía es la Virgen con el Niño de la portada inferior de la Sainte-Chapelle,
un modelo que siguió vigente en Europa durante varios siglos.
Difusión de la escultura gótica
Aunque la génesis de la escultura gótica se
iniciara en el norte de Francia, como sucedió en el caso de la arquitectura,
algunas de las obras más notables se realizaron en Alemania. La escultura gótica
alemana se caracterizó por un fuerte expresionismo, algunas veces en el límite
de la caricatura, y al mismo tiempo por una lírica belleza y elegancia formal.
En el siglo XIII destaca el conjunto de la catedral de Bamberg, con numerosas
esculturas influidas por el estilo de Reims. Entre ellas sobresalen la del
Caballero de Bamberg, la primera estatua ecuestre aparecida en el arte
occidental desde la época carolingia. Aunque la identidad del jinete no se ha
confirmado, algunos apuntan la posibilidad de que se trate de Conrado II,
mientras otros opinan que tan solo plasma el ideal heroico de los monarcas
medievales, en este caso de la dinastía alemana. En este mismo periodo se
realizaron las esculturas de la catedral de Naumburgo, especialmente las parejas
oferentes situadas en el coro, como el famoso grupo de Ekkehard y Uta, que se
han relacionado con la escultura de la catedral de Burgos (España).
En Italia existió, como en el caso de la
arquitectura, una cierta reticencia a aceptar los postulados franceses. En este
caso sería más apropiado hablar de tendencias goticistas dentro de un clima en
el que va apareciendo el protorrenacimiento. El taller más representativo fue el
de Pisa, iniciado por Nicola Pisano, autor del púlpito de mármol del baptisterio
de Pisa. Su hijo Giovanni Pisano fue el primer artista italiano en adoptar las
directrices del gótico francés, combinadas con la influencia clásica recibida de
su padre, como se observa en el púlpito de la catedral de Siena. En la fachada
de la misma catedral, realizada en torno a 1290, labró un grupo de esculturas
que representan profetas y filósofos griegos dotados de una gran intensidad
expresiva.
Aunque durante las últimas décadas del siglo XIV
un número creciente de escultores italianos adoptó los principios del estilo
gótico francés, sus obras muestran el conocimiento del desnudo clásico y la
diferenciación entre cuerpo y vestimenta. Esta fase de la escultura italiana
acabó poco después de 1400, con las puertas de bronce para el baptisterio de la
catedral de Florencia realizado por Lorenzo Ghiberti, precursor de la escultura
del renacimiento italiano.
En España, en el segundo cuarto del siglo XIII se
introdujeron las formas de la escultura francesa a través de las intensas
relaciones políticas y culturales que la monarquía española estableció con la
francesa. En el siglo XIII destacaron dos talleres en torno a las catedrales de
Burgos y León. En la primera cabe citar la portada de la Coronería y la del
Sarmental, correspondientes a los transeptos, así como las esculturas de las
fachadas y el claustro. En relación con este taller, destaca la escultura de la
abadía de Las Huelgas, a pocos kilómetros de Burgos, con los excepcionales
sepulcros de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet. En cuanto a la de León, la
escultura española alcanzó altas cotas de calidad, como se aprecia en la portada
de la Virgen Blanca de la fachada occidental. Durante el siglo XIV en España la
escultura exterior de las catedrales se hizo más menuda por la influencia del
arte mudéjar y las obras en marfil. Destacan la puerta del Reloj de la catedral
de Toledo y la puerta Preciosa de la de Pamplona; aunque es en Cataluña donde se
encuentran los conjuntos escultóricos más sobresalientes, formados por sepulcros
y retablos de influencia italiana.
Artes decorativas
En Francia a lo largo del siglo XIII las artes
decorativas estuvieron bajo el dominio de la evocación religiosa. Los medallones
que aparecen en las ilustraciones de las Bibles moralisées (Biblias
moralizadas), en el segundo cuarto del siglo, se inspiraron sin duda en el
diseño de las vidrieras catedralicias. En el salterio de Luis IX (posterior a
1255), los gabletes con rosetones que enmarcan las miniaturas imitan los modelos
de la Sainte-Chapelle. A partir de 1250 el mismo estilo cortesano inspira la
escultura monumental y las pequeñas tallas elefantinas (de marfil). La elegante
estatuilla de marfil de la Virgen con el Niño (1265, museo del Louvre, París)
procedente de la Sainte-Chapelle, reproduce la estatua monumental ubicada en el
portal inferior de la capilla. El colosal grupo de Cristo coronando a la Virgen
en el tímpano central de la fachada occidental de Reims posee la misma gracia
íntima que las dos estatuillas con el mismo tema que también se conservan en el
Museo del Louvre. Los diminutos relicarios de orfebrería realizados a partir del
último tercio del siglo XIII tomaron la forma de las iglesias del gótico
radiante, con sus transeptos, rosetones y gabletes en fachadas. De este siglo,
una buena muestra de miniatura gótica española son los códices de las Cantigas
de Alfonso X (El Escorial y Florencia).
Hacia 1300 las artes decorativas comenzaron a
asumir un papel más independiente. En la región del Rin se produjeron piezas de
un marcado carácter expresivo, que van desde las estatuillas de la escuela del
lago Constanza, como la del joven san Juan sentado dejando caer su cabeza
tiernamente en el hombro de Cristo, hasta la espantosa evocación del sufrimiento
de la pasión de Cristo. Más avanzado el siglo, los escultores alemanes
formalizaron la Piedad, una representación de la Virgen llorando mientras
sostiene el cuerpo muerto de Jesucristo. En el segundo cuarto del siglo XIV la
decoración de los manuscritos miniados parisinos emprendió un nuevo rumbo de la
mano del artífice Jean Pucelle. En su Breviario Belleville (1325, Biblioteca
Nacional, París) las letras, las ilustraciones y los márgenes ornamentales
contribuyen a crear un efecto integrador en la decoración de la página,
estableciendo un precedente para los ilustradores posteriores. Pucelle había
aprendido su técnica de los pintores del protorrenacimiento italiano, y por ello
consiguió plasmar el sentido espacial en sus ilustraciones a través del uso de
una perspectiva rudimentaria.
Gótico final o tardío
París había encabezado el arte y la cultura
europeas desde 1230. Sin embargo, tras los estragos de la peste y el estallido
de la guerra de los Cien Años a mediados del siglo XIV, París perdió la
supremacía y se convirtió en uno más entre los numerosos centros artísticos que
florecieron en este periodo.
Pintura
Dentro de la evolución pictórica del siglo XV se
distinguen dos estilos, el estilo gótico internacional y el estilo flamenco. El
primero corresponde a los dos últimos decenios del siglo XIV y perduró en la
mayor parte de Europa durante la primera mitad del siglo XV. El estilo flamenco
surgió en Flandes en el primer tercio del siglo XV, paralelamente al
renacimiento italiano, y se difundió por el resto de Europa durante la segunda
mitad del siglo. El estilo internacional apareció en el centro del continente
como consecuencia de la fusión de elementos y formas del gótico lineal con las
innovaciones técnicas e iconográficas aportadas por los pintores italianos del
trecento (Giotto, Duccio, Simone Martini y los hermanos Lorenzetti). El estilo
se caracteriza por la valoración expresiva de lo anecdótico, la estilización de
las figuras, el predominio de las líneas curvas tanto en los pliegues como en
las posturas corporales, la introducción de detalles naturalistas con fines
simbólicos y el empleo de una técnica minuciosa. En torno a 1400 en Francia
comenzaron a florecer las cortes de los duques de Berry y Borgoña. En la corte
del duque de Berry destacó el importante taller de ilustración de manuscritos,
con ejemplos magníficos de libros de horas como Las grandes horas y Las muy
ricas horas del duque de Berry. El estilo gótico internacional contó con
interesantes artistas en Alemania, como el pintor Stefan Lochner y el maestro
del Jardín del paraíso; y en España, con destacados miembros de la escuela
aragonesa y catalana como Pedro Nicolau, Lluís Borrassà o Bernardo Martorell.
El estilo flamenco se inició en las cortes de los
duques de Berry y de Borgoña. La principal aportación de esta escuela es la
utilización de la técnica al óleo, que permite una mayor viveza y
enriquecimiento de la gama cromática, la realización de veladuras y la obtención
de colores compuestos. Los rasgos más definitorios del estilo flamenco fueron el
mayor naturalismo, el gusto por el detalle a través de una técnica minuciosa y,
en ocasiones, la codificación simbolista de la gama cromática y de ciertos
objetos. Los iniciadores de la escuela flamenca son los hermanos Huberto y Jan
van Eyck, cuya primera obra célebre fue el retablo de El cordero místico de la
iglesia de San Bavón de Gante. De Jan van Eyck es una de las mejores obras del
arte flamenco, Giovanni Arnolfini y su esposa (1434, National Gallery, Londres).
Otros pintores destacados son el maestro de Flémalle (Robert Campin), Rogier van
der Weyden, Hans Memling, Dierick Bouts y Hugo van der Goes. Sin embargo, dentro
de la escuela destacó una figura excepcional, avanzada para su época: Hieronymus
van Aken, llamado el Bosco, que desarrolló en sus obras un universo surrealista
en clave moralizante. Entre sus obras cabe citar El jardín de las delicias
(Museo del Prado, Madrid).
A lo largo del siglo XV la influencia flamenca se
extendió por toda Europa, considerada como un renacimiento nórdico ajeno al
punto de vista conceptual de la edad media. En España la pintura flamenca tuvo
un especial desarrollo gracias al oficio de algunos pintores destacados como
Luis Dalmau, Jaime Huguet, Jacomart, Bartolomé Bermejo y Fernando Gallego.
Escultura
La escultura gótica en el norte de Europa se
mantuvo ajena al protorrenacimiento italiano. La escultura del gótico final
francés se desarrolló en Borgoña. En torno al 1400 en la corte de Felipe el
Atrevido en Dijon destacó la figura de Claus Sluter, que introdujo la
sensibilidad realista de los Países Bajos en Francia. Renunciando a los modelos
estilizados y a las afectaciones del siglo XIV, Sluter envuelve a sus figuras en
voluminosos plegados. En los personajes que acompañan el sepulcro de Felipe el
Atrevido (comenzado en 1385, Museo de Bellas Artes, Dijon), ofrece un amplio
repertorio de expresiones que contribuyen a enfatizar la evocación de tristeza y
dolor. En las estatuas de los profetas que rodean el Pozo de Moisés (1395-1403,
cartuja de Champmol, Dijon) transformó a los personajes del Antiguo Testamento
en patriarcas flamencos, cuya representación naturalista se funde con un
sentimiento de grandeza espiritual.
Tras la muerte de Sluter, en 1406, su influencia
se difundió por el sur de Francia, España y posteriormente Alemania. En torno a
1500, Michel Colombe y los manieristas de la escuela de Troyes en Francia,
Tilman Riemenschneider, Veit Stoss y Adam Kraft en Alemania y Guillem Sagrera,
Egas Cueman, Rodrigo Alemán y Gil de Siloé en España, pusieron el broche final
al periodo gótico en el campo de la escultura.
Arquitectura
La última fase de la arquitectura gótica francesa
recibió el nombre de gótico flamígero o flamboyant, nombre derivado de los
paralelismos entre los motivos de la intrincada tracería curvilínea y la forma
de las llamas. La profusa decoración del estilo flamígero se localiza
generalmente alrededor de los vanos exteriores. El interior de las iglesias
emprendió un proceso de simplificación basado en la eliminación de obstáculos
visuales, como los capiteles sobre soportes verticales. El interés estructural
se concentró en las bóvedas, cuyos nervios, terceletes y ligaduras conformaban
una tupida red de complicados diseños.
Estilo flamígero (flamboyant)
La arquitectura flamígera se origina en la década
de 1380 con la obra del arquitecto cortesano francés Guy de Danmartin. Sin
embargo el estilo no se consolidó hasta la conclusión de la guerra de los Cien
Años en 1453, momento en que tuvo lugar el resurgimiento de la actividad
constructiva en toda Francia. El auge de la arquitectura flamígera se produjo
entre el final del siglo XV y el primer tercio del siglo XVI en la obra de
Martin Chambiges y su hijo Pierre, autores de una serie de portadas entre las
que cabe citar la fachada occidental de la catedral de Troyes y las fachadas de
los transeptos de Senlis y Beauvais.
Difundido por gran parte del continente, el
estilo produjo sus frutos más elaborados en España. En el siglo XV comenzaron a
aparecer formas flamígeras en las obras de la corona de Aragón, como puede
observarse en la lonja de Palma de Mallorca. Al mismo tiempo se empleó el nuevo
estilo en la capilla de San Jorge del palau de la Generalitat de Barcelona, así
como en otros muchos palacios catalanes. Sin embargo lo más característico del
siglo XV español es la creación del denominado estilo hispano-flamenco,
caracterizado por la fusión de formas flamencas y mudéjares. También recibe el
nombre de isabelino por corresponder cronológicamente con el reinado de Isabel I
la Católica. Entre los arquitectos más destacados de este último gótico cabe
reseñar a Hanequin de Bruselas autor de la capilla de don Álvaro de Luna en la
catedral de Toledo; Juan Guas, con el castillo de Manzanares el Real (Madrid),
el palacio del Infantado en Guadalajara y el convento toledano de San Juan de
los Reyes; Antón y Enrique Egas, que trazaron los hospitales de Santiago,
Granada y el de Santa Cruz en Toledo; Juan y Simón de Colonia, con obras como la
capilla del Condestable de la catedral de Burgos; y, en el área de Salamanca,
Juan Gil de Hontañón y su hijo Rodrigo Gil de Hontañón, que construyó la
catedral de Segovia en pleno siglo XVI.
En Portugal, durante el reinado de Manuel I
(1495-1521), apareció un gótico nacional conocido como estilo manuelino, marcado
por la profusión ornamental de motivos exóticos y marineros.
Estilo perpendicular (Perpendicular style)
Inglaterra también tuvo su propio estilo gótico
tardío, el estilo perpendicular, que triunfó en el siglo XV. Se caracteriza por
el uso de molduras verticales en los muros y las tracerías y por las bóvedas de
abanico.
Son ejemplos de este periodo la capilla de la
Virgen en Gloucester, la de San Jorge en Windsor, la de Enrique VII en
Westminster y la del King’s College en Cambridge (comenzado en 1443), donde se
consigue una majestuosa homogeneidad espacial gracias al empleo de las bóvedas
de abanico, que prolongan de manera continua los paños rectangulares de los
muros y las vidrieras.
Arquitectura civil
Durante el periodo gótico tardío se construyeron
un gran número de edificios civiles. En Bélgica se encuentran ejemplos tempranos
de estos edificios, algunos con torres-campanario como la gran lonja de Ypres
(1380 y destruida en 1915), y otros tan destacados como los ayuntamientos de
Lovaina (1448-1463) y Oudenaarde (1526-1530). En Inglaterra y Francia los
austeros castillos de los siglos XII y XIII muestran escasa influencia de la
arquitectura religiosa, pero en el último cuarto del siglo XIV estas severas
fortalezas comenzaron a sustituirse por elegantes châteaux, una tipología
residencial con barreras militares que incorporaba interesantes innovaciones
arquitectónicas. Un ejemplo temprano del estilo flamígero, la gran pantalla
(1388) con gabletes de tracería que corona la chimenea del antiguo palacio de
los condes de Poitiers, preludia la decoración de los templos flamígeros. En
torno a 1380 se añadió al palacio de Westminster (Londres) una techumbre de
vigas vistas de roble que se convirtió en el prototipo para numerosas iglesias
parroquiales inglesas.
En
Francia, desde finales del siglo XV hasta las primeras décadas del siglo XVI, se
construyeron numerosos châteaux en estilo flamígero, como los de Amboise
(1483-1501) y Blois (1498-1515) en el Loira, o el de Josselin (principios del
siglo XVI) en Bretaña (véase Castillos del Loira). Se caracterizan exteriormente
por sus tragaluces y buhardillas. Algunas veces, como en el caso de la fachada
añadida al palacio de justicia de Ruán, cada uno de los tragaluces está
flanqueado por diminutos contrafuertes. Otros ejemplos destacables en el campo
de la arquitectura civil son el gótico veneciano del palacio del Dux (comenzado
hacia 1345) y la Ca’ d’Oro (1430); el gótico tudor inglés del palacio de Hampton
Court y los espléndidos edificios administrativos españoles, entre los que
destacan las lonjas de Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca.