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Neoclásico. Neoclasicismo. Neoclassic. Neoclassicism.

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. Neoclassic. Neoclassicism (English)

. Neoclasicismo francés
. Neoclasicismo - Siglo XVIII

El Neoclásico (Español)

Desde la mitad del S. XVIII la mirada de los artistas se dirige nuevamente a la antigüedad greco-latina abandonando las tendencias barrocas que se exageran en el Rococó. A su vez este estilo se decanta por las nuevas ideas de la Ilustración frente al absolutismo imperante en Europa.

Su expansión europea se debe a que los grandes artistas consideraban casi obligado hacer un viaje a Grecia, a pesar de estar dominada por los Turcos Otomanos, y con más frecuencia a Italia, cuna del antiguo Imperio romano.

NEOCLASICISMO: EL ARTISTA Y LA SOCIEDAD DE LA ÉPOCA - Isabel Coll Mirabent- Las claves del arte neoclásico

El artista y la sociedad

Los filósofos, moralistas, pensadores y artistas de la Ilustración coincidían en la necesidad de fundamentar su pensamiento en la razón, en una fe ciega en la expe­rimentación y en un odio de principio al absolutismo monárquico. Es éste un período de avances en lo político, en lo social, en lo económico, en lo intelectual y en lo jurídico. (...)

              ... el artista de la segunda mitad del XVIII reivindicó su independencia intelectual y económica, despreciando las ayudas y el mecenazgo­. Los ilustrados criticaron severamente a los artistas que, atentos aún a las tendencias de la época rococó, producían obras sensuales y frívolas. Así, Diderot censuró a Boucher cuando éste, en 1765 fue nombrado pintor real, sostenien­do que la pintura de ese artista “lo tenía todo menos la verdad", y acusándolo de ser un claro exponente de la de­gradación del gusto de la composición, lo cual reflejaba depravación moral, por guardar ambos factores una rela­ción de causa‑efecto. En realidad, la oposición a Boucher traducía una oposición más amplia a la sociedad a la que representaba. Del mismo modo, las alabanzas a Chardin y Creuze revelaban aprobación a la nueva manera de sentir el arte: las finalidades didácticas y moral de las obras de estos artistas eran tomadas como contribución al avance social. Al analizar la relación del artista con la sociedad en el siglo XVIII, no se pueden olvidar las exposiciones que, en el curso de la centuria, llegaron a ser corrientes en ciudades europeas como Copenhague, Londres o Estocolmo. En Francia, desde 1737, los salones se convirtieron en aconteci­mientos bienales con destacable repercusión. (...)

Las vías del retorno a la Antigüedad clásica

El interés observado desde finales del siglo XVII por el mundo clásico, tiene su culminación hacia mediados del XVIII. Ya a principios de éste, Shaftesbury (1671-1713), abogó por la revalorización del mundo griego, convencido de hallar en él soluciones adecuadas para pro­blemas estéticos de su tiempo. (...) Winckelmann tendía, a través del estudio del arte clásico, a un conocimiento más amplio de la Antigüedad. Le preocupaba el sentido de la belleza en el arte griego, seguro como estaba de la posibilidad de acceder por vía de la estética a la verdad espiritual. Winckelmann preconizó un nuevo ideal de belleza, fundamentado en las obras griegas, que encontraba plenas de «sencillez y grandeza". Sus escritos, tanto por su valor historiográfi­co como por la trascendencia de sus conclusiones artísti­cas, son tenidos por hitos en el camino hacia la Antigüedad clásica. ... Seguidor y amigo de Winckelmann fue Anton Rafael Mengs, influido por el maestro alemán, sobre todo, en lo referente a la mitología y a la epopeya griega. Mengs expuso sus propias teorías artísticas en numerosos escritos sobre la pintura, sin oponerse en ningún caso a la copia de los grandes maestros de la Antigüedad. Sus obras pueden entenderse como claros ejemplos de la aplicación de las doctrinas de Winckelmann a lo pictórico.

 Pero el interés por el pasado grecorromano no se limitó a la teorización. La convicción de que las enseñanzas de la Antigüedad sólo podían hallarse en los territorios en que se habían producido sus mayores logros, determinó la realiza­ción de numerosos viajes que, a su vez, dieron lugar a la redacción de libros y artículos. Así, el conocimiento del mundo clásico se amplió considerablemente en poco tiem­po. El contacto personal directo con Grecia y sus monu­mentos suponía la posibilidad de «impregnarse de su esen­cia". Los viajes al mundo helénico fueron constantes. (...).

Hubo viajeros de diferentes tipos: los que viajaban por placer, los hedonistas curiosos, los estetas, y los que lo hacían por interés arqueológico, con una clara finalidad. Estos últimos medían los monumentos, los dibujaban y a menudo los daban a conocer en publicaciones varias. Tam­bién Italia formaba parte de la obligada peregrinatio. Desde mediados del siglo XVIII Roma fue tenida por referencia indispensable para quien quisiera conocer las obras hele­nísticas. El mundo romano, enaltecido por Piranesi, llama­ba la atención de numerosos admiradores del arte clásico.

              Pero los viajeros no atendían únicamente a la antigüedad grecorromana: también las grandes colecciones europeas eran válidas y necesarias para ampliar conocimientos. En Europa existía una considerable cantidad de colecciones semipúblicas, a las que se podía acceder tras la obtención, de determinadas autorizaciones. Una de las más visitadas fue la colección Medici. (...) También se iniciaron por entonces co­lecciones de arte clásico como la de Lord Tomneley, de obras escultóricas. (...)

              También la arqueología contribuyó en aquella época a la recuperación del arte clásico. En este sentido fueron funda­mentales las excavaciones de las ciudades de Herculano (1738) y Pompeya (1748). Estos trabajos, ... reavivaron, si cabe, el interés por la Antigüedad clásica, en especial por objetos y pinturas. La arquitectura se estudió posterior­mente. (...)

              La renovación artística del siglo XVIII se evidenció en la difusión de las academia por toda Europa. Tenían en común la relación con el ideario ilustrado. Su animad­versión hacia las tendencias barrocas y rocoso, y el propó­sito de alcanzar, en arte, la noble simplicidad, . Las acade­mias proporcionaron a los artistas un estatuto social e intelectual más elevado. Para que sus obras fuesen dignas de estimación, debían adquirir una sólida formación, de modo que reflejaran a la vez un saber enciclopédico y una conciencia social. A los conocimientos técnicos se añadie­ron la historia, la mitología, la teoría del arte, etc., todo ello como preparación para una búsqueda correcta de la forma estética deseada. Para aprender tales materias el artista había de acudir a un centro que contara con progra­mas de enseñanza adecuados a sus necesidades. La creación de academias tuvo también razones de ser de índole econó­mica: sus promotores vieron la posibilidad de conseguir beneficios industriales, porque de ellas saldrían artistas ca­paces de diseñar todo tipo de objetos. La amplitud del alumnado garantizaba a medio plazo el que las cortes de cada país no tuviesen que buscar en el exterior artistas de reputación para satisfacer sus pedidos.

              La mitología y las historias de héroes griegos o romanos estaban constantemente presentes en los trabajos de las academias, que así contribuían a mantener viva la relación creada con la Antigüedad.

              Ya a finales del siglo XVIII surgieron reacciones contrarias a las academias. Voltaire afirmaba que éstas fomentaban la vulgaridad, en detrimento del genio, y Diderot sostenía que ahogaban el espíritu artístico. Muchos señalaron que en ellas la preocupación por el comercio era mayor que la preocupación por el arte. En todas estas opiniones esta implícita la idea de que la capacidad creadora del individuo y los sentimientos humanos deben gozar de plena libertad. Son los inicios del Romanticismo. A pesar de todo ello, es cierto que las academias fueron decisivas en la formación de los principales artistas del momento.

La estética del sentimiento

En la época del Neoclasicismo, el arte fue considerado, además de un problema formal. un problema de sentimiento. Para juzgar una obra han de tenerse en cuenta, además de los cánones normati­vos, los valores de la sensibilidad, la imaginación y el gusto. Extensas discusiones sobre el gusto, el genio o el senti­miento artístico abundan en todo el siglo XVIII; ... En este terreno, en el que impera la subjetividad, es importan­te recordar las categorías de Belleza propuestas por Edmund Burke: una belleza delicada, sutil, atrayente, pla­centera, bella por sí misma, y una belleza de lo subli­me, concepto ligado a aquellas expresiones que, por su vaguedad o misterio, y por sus vínculos con sensaciones de terror, de miedo, de dificultad o de pena, resultan casi ininteligibles para el alma humana. La idea de sublime presente en la estética del siglo XVIII la proporcionan los elementos ilimitados, como el mar, la inmensidad del cielo, etc... Pero la idea de sublimidad puede ser producto de elementos limitados, como por ejemplo un árbol secular, cuyas raíces y cuyo tronco son realidades materiales que refieren al paso del tiempo y a la fuerza de resistencia. Idéntica condición propone la arquitectura, dadas las mag­nitudes que la caracterizan. Las ruinas clásicas y medieva­les sufrían también la idea de lo sublime, ya que a través de ellas se percibían las dimensiones del tiempo, de su efecto destructor, de la breve existencia del hombre y de su pequeñez, del poder de una cultura antigua.

              A estas dos categorías de lo bello, Price añadió, coinci­diendo en ello con Cilpin, la de lo pintoresco, idea cabal­mente desarrollada en el siglo XVIII. La belleza de lo pinto­resco radica en los “motivos” pictóricos o literarios. El pintoresquismo se encuentra en la irregularidad, en la va­riación de formas y colores, en la unión de elementos ar­quitectónicos y naturales, y en la utilización de efectos de luz y sombra para suscitar sensaciones. En el proceso de elaboración de esos rasgos, los ambientes o los elementos se transforman y son plasmados en la obra pictórica con un carácter distinto del que poseen en la realidad. Un objeto bello per se puede carecer de belleza pictórica: ésta habrá de surgir, entonces, en la traslación de la imagen, de lo real, al lienzo. Lo pintoresco se hace presente, por ejemplo en la disposición y la práctica decorativa de los jardines ingleses del XVIII, jardines en los que, contra la rígida for­malidad de los franceses y los holandeses, se pretendía lograr la impresión de paisaje natural, evitar la aparición manifiesta de la mano del hombre. Para ello se eliminaron las amplias avenidas rectas, sustituyéndolas por caminos estrechos y tortuosos; se añadieron lagos falsos, ruinas clá­sicas y medievales falsas, etc... elementos que, unidos a un crecimiento vegetal totalmente espontáneo, producen en el espectador la sensación de un entorno generado de manera progresiva y casual, sin ningún programa previo.

EL NEOCLASICISMO: CONCEPTO - Giulio Carlo Argán- El arte Moderno

            Una constante de todo el arte neoclásico es la crítica, que se convierte en condena, del arte inmediatamente precedente, el Barroco y el Rococó. Se condenan los «excesos» sin medida, el abandono del arte en manos de la imaginación, a la que corresponde el virtuosismo técnico que «realiza» todo lo imaginado. (...)

            La cultura barroca es la última clásica; los críticos del Barroco quieren corregir la exageración y la deformación del clasicismo, separar el clasicismo-teoría del clasicismo-imaginación.

            La cultura Iluminista del siglo XVIII orienta en sentido racionalista la oposición al arte imaginación: en Inglaterra se llega a afirmar que no se hace arte sin crítica. (...)

            Si el arte tiene una propia ley racional, si es autónomo, no puede ser instrumentalizado por la autoridad política o la religiosa en beneficio del poder. (...) Incluso cuando representa temas religiosos o construye iglesias, el arte no es religioso, sino civil: representa temas sacros y construye iglesias porque tal es la demanda de la sociedad y el arte, en definitiva, es un servicio social. ... El objetivo del arte es lo bello. (...)

            La elevación de lo clásico a la categoría de modelo no refuerza la continuidad histórica entre lo antiguo y lo moderno sino que la anula. El Barroco es todavía un desarrollo de la cultura clásica; la vuelta al clásico puro trunca este desarrollo. El arte neoclásico no es historicista: de hecho se producirá una reacción historicista contra el no-historicismo neoclásico. Se propone lo clásico a la admiración y a la imitación. (...)

            El arte neoclásico quiere ser arte moderno, comprometido a fondo con la problemática de su tiempo. (...) Los arquitectos neoclásicos saben que un nuevo orden social exige un nuevo orden de la ciudad y todos sus proyectos se inscriben en un plano de reforma urbanística. La nueva ciudad deberá tener, como la antigua, sus monumentos; pero el arquitecto deberá preocuparse también del desarrollo social y funcional. Se construyen iglesias a modo de templos clásicos, pero también escuelas, hospitales mercados, aduanas, puertos, cuarteles, cárceles, almacenes, puentes, calles, plazas.

            Los escultores y los pintores trabajan para la ciudad: estatuas, adornos, grandes representaciones históricas que sirvan de ejemplo a los ciudadanos. Y prefieren sobre todo el retrato, un modo de analizar y aclarar la relación entre la naturalidad (sentimiento) y la sociabilidad (deber) de la persona. ... El arte neoclásico acompaña la transformación de las estructuras sociales con la transformación de las costumbres. El Neoclasicismo no está rígidamente unido a la ideología revolucionaria, aunque se dé el caso de que el arte del tiempo de la revolución y del imperio neoclásico. (...) De hecho, el Neoclasicismo, como estilo, no tiene una propia caracterización ideológica, está disponible para cualquier demanda social.

            Al ideal barroco de la técnica «virtuosa» le sucede el ideal neoclásico, de la técnica rigurosa; ... A la imaginación barroca le sucede la ideación neoclásica; que aún es una imaginación, si se quiere, pero que uniforma sus propios procedimientos con los de la razón. La verdadera técnica del artista es la de proyectar, todo el arte neoclásico está rigurosamente proyectado. La realización es la traducción del proyecto mediante instrumentos operativos que no son exclusivos del artista, sino que forman parte de la cultura y del modo de vivir de la sociedad.

            En este proceso técnico-práctico de adaptación se elimina por fuerza el toque individual, la arbitrariedad genial del primer hallazgo, pero en compensación la obra adquiere un interés directo para la colectividad y cumple esa tarea de educación cívica que la estética iluminista le asigna al arte, en lugar de su antigua función religiosa y didascálica. Era un sacrificio que la ética de la época consideraba necesario; no se puede fundar una sociedad libre y ordenada sin limitar el arbitrio individual, aunque sea de un genio. El artista ya no aspira al privilegio del genio, sino al rigor del teórico; no da al mundo hallazgos admirables sino proyectos realizables. (...)

            La reducción de la técnica propia del arte a técnica (o método) del proyecto, señala el momento en que el arte se separa definitivamente de la tecnología y de la producción artesanal, y la primera posibilidad de unión entre el trabajo ideador del artista y la naciente tecnología industrial. (...)

            El arte neoclásico se sirve, sin ningún prejuicio, de toda disposición. En la arquitectura, el principio de la correspondencia de la forma con la función estática lleva al cálculo escrupuloso de los pesos y las tensiones, al estudio de la resistencia intrínseca de los materiales. Es precisamente la arquitectura neoclásica la que experimenta los nuevos materiales y revaloriza, en el plano estético, la investigación técnico-científica de los ingenieros. En las artes figurativas, la base de todo es el dibujo, el fino trazo lineal, que sin duda no existe en la naturaleza ni se da en la percepción de lo real, pero que traduce en cognición intelectual la noción sensorial del objeto. (...) Se quiere educar en la claridad absoluta de la línea, que reduce a lo esencial y no da lugar al probabilismo de las interpretaciones.

            Aunque la transformación del arte realizada por la cultura iluminista se dé en un lapso de tiempo que cubre casi todo el siglo XVIII sólo se puede hablar de auténtico Neoclasicismo a partir de la mitad del siglo, tras la teorización de Winckelmann y de Mengs; su fase culminante, de expansión por toda Europa e incluso por los Estados Unidos de América, es la que va desde principios del siglo XIX hasta el final del Imperio, y toma el nombre, precisamente por ello, de «estilo imperio».

Neoclasicismo francés

El siglo XVIII en Francia es el Siglo de las Luces, que alumbró la Ilustración, el enciclopedismo, la renovación de las teorías políticas, jurídicas, filosóficas... Por primera vez, un preso es considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario. Voltaire, Montesquieu y Rousseau revolucionan la teoría política. Se clama por la muerte del absolutismo y la separación de poderes. Se insinúa la necesidad de proclamar los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y los movimientos urbanos, sostenidos frecuentemente por una inmensa masa obrera femenina, tratan de establecer los Derechos de la Mujer. También se lucha por el derecho de los pueblos a ostentar su soberanía: oleadas revolucionarias determinan la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica y la serie de emancipaciones de los estados iberoamericanos, que culminó en el siglo XIX. Por supuesto, la culminación será la La revolución Francesa. Todos los países periféricos a Francia contemplaron con temor la ebullición ideológica de sus vecinos, en especial durante la Revolución, lo que en el caso español facilitó la invasión napoleónica tras la abdicación de Fernando VII. Dado tal estado de cosas, sería de esperar un arte igualmente apasionado, deseoso de cambiar la situación. Sin embargo, nos encontramos frecuentemente con un estereotipo de los ideales, que se encontraban desfasados entre la agitación popular y el clasicismo predominante en los círculos intelectuales. Tradicionalmente, en la cultura occidental de la Edad Moderna se había considerado aquélla como un patrimonio de la élite aristocrática. Sin embargo, los ilustrados tratan de hacerla extensiva al pueblo para alcanzar el progreso. Ése es uno de los motivos que nos introducen en la Edad Contemporánea. Para aleccionar al pueblo se rescatan los ideales clasicistas de la Roma republicana, reducto de la ética y la moralidad política o ciudadana en general, sin tener en cuenta, por supuesto, que los ciudadanos romanos eran una élite minoritaria frente a la masa que integraba los dominios romanos, sin status de ciudadanía. El objetivo es una regeneración moral de las costumbres y el arte del último Barroco, caído en la complacencia intrascendente del Rococó, una pintura concebida para deleitar los sentidos, no el intelecto. La regeneración siguió criterios casi de higiene social, para lo cual se recurrió al desarrollo de las ciencias. Aplicadas al arte nacen ciencias como la Estética, la Historia y la Historia del Arte o la Arqueología, que disfrutó una auténtica explosión erudita. Se iniciaron excavaciones y estudios, que añadieron datos para que los pintores los explotaran. Esta situación favoreció el desarrollo de la pintura de historia como género independiente y renovado. En la pintura de historia se elegían momentos ejemplares, especialmente de la Roma republicana, que resultaran aleccionadores sobre las virtudes ciudadanas y cívicas. Importan, a partes iguales, la claridad formal y la contundencia del mensaje. Por eso mismo se cayó con excesiva facilidad en el estereotipo de valores universales: el buen gobernante, el ciudadano responsable, la caridad, el amor al trabajo, el sacrificio por la patria... Respecto a la estética neoclásica, se aplicaron las normas racionalistas del teatro clásico francés de Molière o Racine: la regla de las tres unidades. Una acción ha de desarrollarse en un sólo espacio, en un momento unitario, que es el mismo que corresponde a la representación, y ha de centrarse en una acción, y no en varias historias de los personajes. Al aplicar esta regla a los cuadros se obtienen imágenes como el Juramento de los Horacios, de David, el pintor oficial del Neoclasicismo: una historia, la de los tres hermanos que van a luchar por su patria; un espacio, el interior de la casa patricia; y un momento, el que el padre elige para que los jóvenes juren fidelidad sobre sus espadas. El momento dramático se encuentra en el centro geométrico de la escena y, a los lados, compensada por completo, la masa de las mujeres de la casa, afligidas por la marcha de los muchachos; al otro, el padre y los soldados que esperan su partida. Esta escena responde a todos los estereotipos de la pintura neoclásica: luz uniforme y cenital, anatomías perfectas, disposición en friso de los personajes, estructura geométrica de los elementos de la escena, que se reducen a los estrictamente necesarios, etc. Y, por supuesto, la escena no puede ser más ejemplar que la elegida. Además de la pintura de historia, se cultivaron el retrato y el paisaje. El paisaje, tras los brillantes precedentes barrocos de Poussin y Lorena, apenas se trató y se mantuvo en fase latente hasta su recuperación durante el Romanticismo y el Realismo. Por ejemplo, de David sólo se conoce un paisaje, que pintó durante su encarcelamiento, sospechoso de traición a la Revolución, cargo del que sería absuelto más tarde. El retrato resulta una faceta más interesante; prima la sencillez y la caracterización a la romana, como si de un disfraz se tratara. Se impone la moda imperio, especialmente en el vestido y peinado femeninos: trajes-túnica con el talle muy alto, y peinados en moño, con caracolillos rodeando el rostro. Resultan excesivamente fríos; el único que intentó mezclar la severidad del detalle con la calidez de la psicología del modelo fue Ingres, cuyos retratos son absolutamente prodigiosos, así como otras escenas de su invención, de las cuales destacan sin duda sus series de odaliscas y baños turcos. Pero la característica común a todos ellos es el protagonismo de una línea nítida y pura, que describe volúmenes perfectos y formas muy delimitadas, lo que no sólo se aplica a los retratos sino también a los otros temas. La influencia sobre otros países varió enormemente: el Neoclasicismo español se redujo a ciertos círculos cortesanos, por pintores que visitaron el taller de David en París. Sin embargo, el Neoclasicismo inglés se vio bastante influido, puesto que trataba de establecer sus propias normas y carecía de tradición pictórica propia.

Neoclasicismo - Siglo XVIII - Fuente Imageandart - Roxana Fratícola paofraticola@imageandart.com

Búsqueda ética

Los pensadores y artistas del S XVIII, de la cultura del Iluminismo, iniciaron la reflexión sobre la decadencia de su mundo y trataron de investigar las culturas pasadas o lejanas donde creían encontrar la pureza y moral perdidas. Rousseau se refiere al estado natural de los hombres y Montesquieu toma a Roma como ejemplo para la modernización de los sistemas políticos.
En París a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se origina un rechazo al arte Rococó paralelo al que surge en contra de la aristocracia a la cual representa. Se produce una vuelta al orden propulsada por la clase media ilustrada que tenía nuevas pautas morales. En el valor normativo, la disciplina y austeridad del arte antiguo se halla el ejemplo para combatir al arte adoptado por la disoluta aristocracia.
La Revolución francesa le va a dar un nuevo contenido reafirmándolo como modelo estético pero por sobre todo como modelo ético. Este planteo sigue a Platón que identifica a la idea de belleza con la idea superior del bien.

Búsqueda arqueológica

En 1738 y 1748 se descubren Herculano y Pompeya respectivamente, lo cual alcanzó gran difusión en Europa. Se inician los viajes con fines arqueológicos y las consiguientes publicaciones de estudios y documentos que ellos originaron. La antigüedad de Herculano se publica en 1757 con láminas que sirvieron de modelo a muchos artistas, como Mengs, que conocieron la antigüedad por este medio.

Juan J. Winckelmann (1717 - 1768), de origen alemán, va a trabajar a Roma en 1755 y luego es Superintendente de monumentos antiguos. Aunque conoce sólo algunas obras, ya que la mayoría estaban por descubrir, llega a la conclusión de la superioridad de la cultura griega.
Se inicia una aproximación a la cultura greco- latina más rigurosa. Wincklemann inicia la arqueología científica, publica "Reflexiones", sobre la imitación del arte griego en 1755 e "Historia del arte de la Antigüedad" en 1764, traducida al francés y al inglés y con gran difusión en Inglaterra.
Vio en el arte griego, por encima del romano, un arte que plasmó ideales de belleza espejo de una sociedad pura, resultante de una armonía de cuerpo y espíritu. Hay pues que imitar a Grecia para regenerar la sociedad.

Giambattista Piranesi (1720 - 1778): arquitecto veneciano que realiza con sus cientos de grabados al aguafuerte la trascripción de las obras romanas propugnando la superioridad de esta arquitectura. Sus obras como Vedute donde aparecían imágenes de Roma antigua y moderna fueron muy famosas, y editadas aún mucho después de su muerte, configuraron la idea de la ciudad que los extranjeros tuvieron por mucho tiempo.

Durante el S. XVIII el Neoclasicismo se aproxima a lo romano pero los conocimientos aportados por las investigaciones de fines del siglo y comienzos del S. XIX producen un acercamiento a lo griego.
El Neoclasicismo se diferencia de anteriores resurgimientos del clasicismo en que los artistas imitaron conscientemente al arte antiguo con pleno conocimiento de las obras su estilo y temática. Se imitaron los relieves en pintura, acentuando la planimetría del cuadro en oposición a la profundidad barroca y se retomaron las poses y el modelado resultante de iluminar a las esculturas para los personajes de la pintura. Se imitaron los temas antiguos adaptándolos a las situaciones modernas y dándoles un nuevo contenido extra plástico. ( Político, moralizante, dogmático, etc. ).

Arquitectura neoclásica

Se origina en dos países que habían sido mas reacios a los excesos arquitectónicos barrocos: Inglaterra y Francia, donde el Rococó fue sólo un estilo decorativo.

En Francia, en 1665, de los proyectos de Bernini y de Perrault para el Palacio del Louvre se elige el del segundo, la pareada columnata corintia es el ejemplo de gusto por un lenguaje más sobrio, geométrico y ordenado, es decir más clásico.
La primera obra francesa neoclásica es la iglesia de Sainte Geneviève (actual Panteón) de J. G. Soufflot proyectada en 1755.

En Inglaterra en el S. XVII la tradición clásica aparece con Iñigo Jones, de inspiración palladiana, en el Banqueting Hall. El movimiento palladiano resurge a principios del siglo XVIII con el auspicio de Lord Burlington.
El Neoclasicismo se inicia en 1758 con el regreso de Italia de Robert Adam, quien va a promover el nuevo gusto. James Stuart construye un ejemplo de arquitectura de orden dórico el templo de los jardines de Hagley Park, 1758. En 1751 James Stuart y Nicholas Revett habían viajado a estudiar las ruinas de Grecia, publicando en 1762, "Antigüedades de Atenas", con perfectas descripciones.

En Italia las construcciones neoclásicas tardaron en realizarse, de allí surgió el impulso, la investigación arqueológica, pero la influencia de los arquitectos barrocos tardó en superarse para poder adoptar la claridad constructiva del estilo.

En Alemania se impone una generación más tarde con un lenguaje muy respetuoso de la severidad griega. L.von Klenze, realiza el complejo urbanístico de la Königsplatz en Munich, que se convierte, durante medio siglo, en el centro del Neoclasicismo alemán y del "revival" griego. En Berlín el arquitecto es K. F. Schinkel.

En España Juan de Villanueva construye en 1785 el Museo del Prado, con libertad en el uso de los órdenes arquitectónicos que agrupa en forma diversa pero teniendo en cuenta lo estético y funcional. Es notable el pórtico dórico de acceso que marca la simetría.

En los Estados Unidos, su tercer presidente, el Arq. Thomas Jefferson, va a construir en Richmond el primer Capitolio, según La Maison Carrée de Nimes, (16 a. C.) que sería modelo en las construcciones posteriores. Consideró que el neoclásico era el estilo perfecto para las construcciones de la nueva Unión con sus ideales republicanos. Supervisó la planificación de Washington, donde se construyeron gran cantidad de edificio gubernamentales. Algunos son de gran tamaño como el del Tesoro, de Robert Mills. Estas influencias llegaron a las construcciones señoriales del sur y del este de, gran refinamiento. Aún en el S. XX se construyeron monumentos neoclásicos. En 1917 el de Lincoln por Henry Bacon con un gran énfasis en la masa cúbica y en 1934 se construyó el Jefferson Memorial . Se tomó como modelo el Panteón de Roma, pero se cambió el orden corintio por jónico en las columnas que sostienen el frontón y rodean como columnata a la rotonda.

Características de la Arquitectura Neoclásica:

- Función cívica de la arquitectura y el urbanismo o finalidad social del programa constructivo. Los nuevos edificios son públicos como escuelas, hospitales, museos, aduanas, bolsas, academias. El poder económico- político pasa a manos de la burguesía. En 1733, Claude- Nicolas Ledoux proyecta la primera ciudad industrial al estudiar las instalaciones y servicios de las salinas Chaux . Junto a Etienne- Louis Boullée son los grandes teóricos de la arquitectura del momento aunque la mayoría de sus ideas no pasaron de proyectos. Su purismo geométrico y las enormes masas compactas escapan a lo que fue el lenguaje neoclásico.
En el S. XIX Napoleón va a modificar París y John Nash en Londres realiza calles ajardinadas y parques. Como urbanista es la figura más destacada aunque como arquitecto mezcló todo tipo de estilos incluso de otras culturas. En 1815 remodela lo que será Regent Park en una imaginativa mezcla de naturaleza y arquitectura
greco-romana de la que surge el Crescent Park, una avenida bordeada por un pórtico jónico y la Cumberland Terrace.

- Técnica rigurosa.

- Adopción del orden dórico, más macizo que el romano, ya que las ruinas dóricas que más se conocían eran las del sur de Italia, Pestum. El templo griego, único edificio público, es el tipo de arquitectura adoptada para infinidad de construcciones, lo que muestra la pérdida del protagonismo romano. Museo Británico de Londres, Neue Bache de Berlín.
Predomina lo horizontal por sobre lo vertical, la solidez, el uso del frontón, las columnas y los atrios. Esto es ORDEN, PROPORCIÓN Y ARMONÍA.

- Ascetismo en la decoración arquitectónica. Ausencia de colorido, minimización de molduras, ornamentos escultóricos.
En la época del Imperio aparecen en Francia unas formas más elaboradas con mármoles policromos órdenes aplicados. La Iglesia de la Madeleine, convertida por Bonaparte en el Templo de la Gloria, tiene un orden corintio. Inspirada en la Maison Carrée de Nimes, es un templo corintio peristilo.

- Arcos Triunfales, columnas conmemorativas, aparecen en el Imperio. A la Roma republicana se le opone la Roma imperial. El Arco de Triunfo del Carrousel de París, realizado en 1806- 1807 por Percier y Fontaine siguiendo como modelo los arcos imperiales romanos. Celebra en sus bajorrelieves los triunfos de Napoleón. Al arco central de medio punto lo flanquean dos menores, simétricos, de cada lado, con columnas de orden corintio. Coronando el ático aparece el grupo escultórico de una cuadriga romana de bronce. Interpreta el gusto triunfalista y opulento del Imperio napoleónico.

Pintura neoclásica

Antonio Rafael Mengs (1728- 1779): Nació en Dresde, fue educado en Roma y nombrado pintor de la corte de Dresde en 1745 y estuvo al servicio del duque de Northumberland en Inglaterra. En 1755 conoce a Wincklemann y adhiere a sus teorías. En 1757-58 decora en Roma el techo de San Eusebio, pero todavía su obra no es neoclásica. Luego de ver las excavaciones de Herculano hizo una serie de bocetos y de regreso a Roma, 1761 comienza a realizar el fresco El Parnaso, en la Villa Albani. En esta obra rompe con la tradición barroca del ilusionismo, trata el techo como si fuera un relieve, con figuras sacadas de las obras antiguas y sin utilizar escorzos violentos. En 1761 pasa a España como pintor de la Corte donde va realizar trabajos en los palacios reales y va a estar muy afianzado cuando llegue el Tiépolo. En 1771, de regreso a Italia, trabaja en el Vaticano entre el 1772- 73, regresa a España entre el
73- 77, y vuelve a Roma donde muere en 1779. Conoció a Vien en Italia y ambos son los iniciadores del lenguaje neoclásico, puentes entre el Barroco- Rococó y el nuevo ideal estético.

La pintura neoclásica se va a difundir en Francia luego de la expedición francesa a Nápoles a estudiar las ruinas romanas de 1749- 5 y por los viajes realizados por los pintores a Roma.

José María Vien (1716-1809): Viajó a Roma cuando estaba convulsionada por los descubrimientos de Pompeya y Herculano, y conoció a Mengs y las doctrinas de Wincklemann. Sus temas clásicos son fríos y recatados, representa doncellas griegas sin ninguna sensualidad. Retoma temas de la antigüedad, templos, ropajes, es la "mode á la grèque", para lo cual se basa en las pinturas romanas, aunque todavía hay algo de la temática galante del Rococó. Es un pintor de la transición entre los dos estilos. En 1763 realiza "La vendedora de Cupidos", la escena transcurre en un interior romano con pilastras, elementos como una urna y ropajes característicos, pero el tema puede bien pertenecer al arte cortesano.
Tuvo gran prestigio y fue muy valorado como profesor, su alumno más famoso es David.

Juan Bautista Greuze (1725- 1805): En 1769 presenta "Septimio Severo y su hijo Caracalla", es un tema histórico romano moralizante con el que intentó ingresar a la Academia, pero no lográndolo se apartó de los posteriores Salones. En los años posteriores sus obras fueron muy famosas a través de reproducciones hechas por los grabadores. Tras cuestiones familiares, oscurecida su fama ante la popularidad de otros pintores neoclásicos y arruinado durante la Revolución, terminó su vida olvidado.

Jacques Louis David (1748-1825): Familiar lejano de Boucher este lo recomendó a Vien. Ganó el gran Premio de Roma donde permaneció hasta 1781. Ahí abandonó el estilo rococó y conoció el claroscuro caravaggiesco.
En 1785 pinta en París el "Juramento de los Horacios", encargada por Luis XVI, que se convierte en la obra más representativa del Neoclasicismo. Se caracteriza por:
- La factura simple y severa, el lenguaje es sobrio.
- La exaltación de los valores republicanos que preanuncia una politización del arte. En la Revolución se le dará un significado diferente de llamado a la lucha.
- La subordinación del colorido al dibujo y las formas. Cumple con la idea de Wincklemann de "la precisión del contorno es el carácter de lo antiguo".
-Tratamiento escultórico.
- Rechazo de lo artificioso y decorativo, lo ilusionista.
- Se usan las verticales y horizontales, -ortogonalidad- y abandona las diagonales.
- El tema heroico- patriótico, lo extrae de las Décadas de Tito Livio.
- Reúne el agrado del público con la instrucción, principio planteado por Wincklemann.
- Utilización de un ambiente antiguo donde aparecen unas columnas toscanas.
Luego realizó otros cuadros de gran tamaño y temas que alaban las virtudes clásicas y republicanas. Con la Revolución fue elegido diputado y dictaminó sobre cuestiones artísticas. Abolió la Academia sustituyéndolo por el Instituto, creó grandes desfiles propagandísticos, realizó retratos conmemorativos de los mártires de la Revolución, Lepelletier de Saint Fargeau y El asesinato de Marat (1793). Estas obras se caracterizan por:
- Rigor y claridad. Organización geométrica.
- Austeridad, se despoja de lo accesorio.
- Clasicismo revolucionario. Los temas actuales tienen tanta importancia como los antiguos.
Tras la muerte de Robespierre estuvo en prisión. En 1798 comienza "El Rapto de las Sabinas", realizada en homenaje a su mujer, quien lo ayudó a salir de la cárcel y demostrando su amor por la Antigüedad. El trazo en esta obra es más elegante pero más artificioso, las poses de los actores principales recuerdan al Apolo de Belvedere y dan junto a la acción sensación de falsedad. El tema, de la historia romana, es el intento de las mujeres sabinas guiadas por Hersilia, de parar la lucha entre romanos y sabinos.
Ese año conoce a Napoleón quien reconoce el valor propagandístico de las obras de un pintor de la talla de David. Realiza "Napoleón cruzando los Alpes", "La Coronación de Napoleón" y "La distribución de las Águilas". Tras la derrota de Napoleón se refugió en Suiza, donde murió en 1825. En estas obras abandona el rigor neoclásico y tienen una luminosidad de tipo veneciano. Desde el exilio, que lo privó de participar en las controversias con el ascendente Romanticismo, continuó realizando obras de carácter clásico pero con un estilo más dulcificado. Sus retratos gozan siempre de un gran dibujo y exactitud realista. Entre sus numerosos alumnos se encuentran Gèrard, Girodet, Gros e Ingres.

Barón Francisco Gerard (1770- 1837): Nació en Roma, y a partir de 1786 fue alumno de David y durante la Revolución lo protegió. En 1795 es famoso por los retratos que realiza y durante el Primer Imperio fue rival de David por los favores de la Corte. Él sugirió a David que realizara a Napoleón coronando a Josefina en la Coronación de Napoleón, luego surgió una fuerte animosidad entre ellos, así como con Gros. Pero solo él continuó en la corte con la Restauración borbónica, ennoblecido por Luis XVIII. Tuvo un gran estudio con ayudantes donde realizaron retratos aparatosos y superficiales.
En el 1800 realiza el retrato de la "Familia Friez", donde aparecen con la ropa de moda, estilo imperio para la dama y el traje de campo inglés para el caballero. Es un gran retratista pero tiene tanto de frialdad como de edulcoramiento, como se observa en "Cupido y Psique".

Juan Augusto Doménico Ingrés (1780- 1867): Estudió con David y ganó el Premio de Roma en 1801, donde vivió durante 18 años. En 1805 realiza los retratos de la Familia Rivière, y comienza con la línea sinuosa que determina la silueta que es la que determina la forma. A la caída de Napoleón se ganó la vida realizando dibujos a lápiz de los visitantes que llegaban a Roma. En 1820 se estableció en Florencia donde realizó "El voto de Luis XVIII" encargo de la catedral de Montauban, su ciudad natal. Presentado en 1824 en el Salón donde obtuvo gran éxito. A partir del mismo pasó a ser considerado oponente oficial a las teorías de Delacroix. Pintó retratos donde hay ya influencia de las primeras fotografías. Pinto cuadros con argumentos orientales, pretexto para mostrar figuras de gran sensualidad.
En 1834 volvió a Roma como director de la Academia Francesa y de regreso a Paris en 1841 se opuso intransigentemente a toda postura opuesta a la suya respaldado como académico, ejerció su poder en contra Delacroix y toda la nueva generación romántica.
El neoclasicismo fuera de su gran personalidad había quedado en manos de imitadores mediocres y era un academismo estereotipado y es a esto a lo que se opone el Romanticismo. La forma de pintar de Ingres no varió mucho en todos sus años y siempre conservó:
- Dibujo sinuoso, gran dominio del mismo.
- Rafaelismo.
- Exactitud de la visión.
Pero comparándolo con los pintores neoclásicos de la generación de David se nota que está en otra atmósfera, la misma de los románticos. Se aparta de los cánones estrictos neoclásicos, hay una pérdida de los aspectos virtuosos, abandona los temas de la Antigüedad y la universalidad.

Características de la Pintura Neoclásica

- Temática histórica, ética, debe mostrar las virtudes, el heroísmo dentro del estilo de las Vidas de Plutarco. Temas de la Antigüedad clásica, elementos decorativos, vestimentas, poses de los personajes sacados de la escultura y pintura grecorromana.
- Racionalidad, apego a las reglas, la ciencia y el orden.
- Claridad y armonía.
- Linealidad, contornos fuertes.
- Composición con predominio de la ortogonalidad.
- El color se subordina al dibujo. Uso de las grisallas (sombreado monocromo).
- Tectónico, no es pictórico, no hay pinceladas sueltas que disuelven los contornos. El volumen se representa a través del modelado escultórico, con fuertes contornos lineales.
- Interés por lo conceptual y no por lo pictórico- visual.

Escultura neoclásica

Características:

- Perfección técnica, gran dominio del oficio.
- Idealización, simplificación de los volúmenes.
- Poses y vestimentas inspiradas en las esculturas clásicas.
- Reproducción de las vestimenta adheridas al cuerpo de la escultura griega o "ropa mojada".
- Abandono de lo erótico en la representación. En la "Lucrecia" de Campeny (Cataluña) se elige otra parte del relato, cuando ultrajada, se suicida.

Antonio Canova (1757-1822): En 1774 ya poseía un taller en Venecia, sus primeras obras se encuentran dentro de la tradición del S. XVIII. En 1780 viaja a Roma y Nápoles y se radica en la primera un año después donde ya su obra es neoclásica.
- 1782/7, realiza el Monumento a Clemente XIV el los Santo Apóstoles de Roma.
- 1787/92, Monumento funerario a Clemente XIII en San Pedro.
Con la invasión francesa se exilia en Viena en 1797 y realiza el Monumento a María Cristina en la Agustinerkirche. En 1802 acepta, a instancias del Vaticano, la invitación a viajar a París y realizó un busto de Napoleón. Entre 1806/8 realiza la Estatua Ecuestre de Napoleón y dos más del Emperador desnudo y de pie. En 1808 realiza el retrato de la hermana de Napoleón Paulina Bonaparte Borghese, representada como Venus de la Galería Borghese.
Tras la caída del emperador gestionó por orden del Papa la devolución de las obras italianas saqueadas por los franceses y por el éxito obtenido fue nombrado Marqués de Ischia.
En 1817 transformó la estatua ecuestre de Napoleón en la de Carlos III Borbón, en 1819 realiza el Monumento a los Estuardos, en San Pedro.
Introdujo modificaciones en el moldeado mecánico pero que le restaban algo de sensibilidad a las obras, por lo cual dedicaba mucho tiempo al acabado.
Otros artistas son Schadow, en Berlín; Campeny, en Cataluña; Flaxman, en Inglaterra; Thorwaldsen, de Dinamarca; y Gibson, inglés, que vivió en Roma y retomó el uso del color del mármol.

Neoclassic. Neoclassicism

Neoclassicism (sometimes rendered as Neo-Classicism or Neo-classicism) is the name given to quite distinct movements in the visual arts, literature, theatre, music, and architecture. These movements were in effect at various times between the 18th and the 20th centuries.

Neoclassic in architecture and the visual arts
In the visual arts the European movement called "neoclassicism" began after ca 1765, as a reaction against both the surviving Baroque and Rococo styles, and as a desire to return to the perceived "purity" of the arts of Rome, the more vague perception ("ideal") of Ancient Greek arts (where almost no western artist had actually been) and, to a lesser extent, 16th century Renaissance Classicism.

Each "neo"- classicism selects some models among the range of possible classics that are available to it, and ignores others. The neoclassical writers and talkers, patrons and collectors, artists and sculptors of 1765 - 1830 paid homage to an idea of the generation of Pheidias, but the sculpture examples they actually embraced were more likely to be Roman copies of Hellenistic sculptures. They ignored both Archaic Greek art and the works of Late Antiquity. The Rococo art of ancient Palmyra came as a revelation, through engravings in Wood's The Ruins of Palmyra. Even in all but unvisited Greece, a rough backwater of the Ottoman Empire, dangerous to explore, neoclassicists' appreciation of Greek architecture was mediated through drawings and engravings, which subtly smoothed and regularized, "corrected' and "restored" the monuments of Greece, not always consciously. As for painting, Greek painting was utterly lost: neoclassicist painters imaginatively revived it, partly through bas-relief friezes, mosaics, and pottery painting and partly through the examples of painting and decoration of the High Renaissance of Raphael's generation, frescos in Nero's Domus Aurea, Pompeii and Herculaneum and through renewed admiration of Nicholas Poussin. Much "neoclassical" painting is more classicisizing in subject matter than in anything else.

There is an anti-Rococo strain that can be detected in some European architecture of the earlier 18th century, most vividly represented in the Palladian architecture of Georgian Britain and Ireland, but also recognizable in a classicizing vein of architecture in Berlin. It is a robust architecture of self-restraint, academically selective now of "the best" Roman models.

A conservative Italian interior translated to Russia: Dressing-Room at the Gatchina palace by Luigi Vanvitelli's pupil Antonio Rinaldi, 1770sNeoclassicism first gained influence in England and France, through a generation of French art students trained in Rome and influenced by the writings of Johann Joachim Winckelmann, and it was quickly adopted by progressive circles in Sweden. At first, classicizing decor was grafted onto familiar European forms, as in the interiors for Catherine II's lover Count Orlov, designed by an Italian architect with a team of Italian stuccadori: only the isolated oval medallions like cameos and the bas-relief overdoors hint of neoclassicism; the furnishings are fully Italian Rococo.

But a second neoclassic wave, more severe, more studied (through the medium of engravings) and more consciously archaeological, is associated with the height of the Napoleonic Empire. In France, the first phase of neoclassicism is expressed in the "Louis XVI style", the second phase in the styles we call "Directoire" or "Empire." Italy clung to Rococo until the Napoleonic regimes brought the new archeaological classicism, which was embraced as a political statement by young, progressive, urban Italians with republican leanings. David's Oath of the Horatii (1784) is not just neoclassical in subject.

The high tide of neoclassicism in painting is exemplified in early paintings by Jacques-Louis David and Jean Auguste Dominique Ingres' entire career. David's Oath of the Horatii was painted in Rome and made a splash at the Paris Salon of 1784. Its central perspective is perpendicular to the picture plane, made more emphatic by the dim arcade behind, against which the heroic figures are disposed as in a frieze, with a hint of the artificial lighting and staging of opera, and the classical coloring of Nicholas Poussin.

In sculpture, the most familiar representatives are the Italian Antonio Canova, the Englishman John Flaxman and the Dane Bertel Thorvaldsen.

In the decorative arts, neoclassicism is exemplified in Empire furniture made in Paris, London, New York, Berlin; in Biedermeyer furniture made in Austria; in Karl Friedrich Schinkel's museums in Berlin, Sir John Soane's Bank of England in London and the newly built "capitol" in Washington, DC; and in Wedgwood's bas reliefs and "black basaltes" vases. The Scots architect Charles Cameron created palatial Italianate interiors for the German-born Catherine II the Great in Russian St. Petersburg: the style was international.

Indoors, neoclassicism made a discovery of the genuine classic interior, inspired by the rediscoveries at Pompeii and Herculaneum, which had started in the late 1740s, but only achieved a wide audience in the 1760s, with the first luxurious volumes of tightly-controlled distribution of Le Antichità di Ercolano. The antiquities of Herculaneum showed that even the most classicizing interiors of the Baroque, or the most "Roman" rooms of William Kent were based on basilica and temple exterior architecture, turned outside in: pedimented window frames turned into gilded mirrors, fireplaces topped with temple fronts, now all looking quite bombastic and absurd. The new interiors sought to recreate an authentically Roman and genuinely interior vocabulary, employing flatter, lighter motifs, sculpted in low frieze-like relief or painted in monotones en camaïeu ("like cameos"), isolated medallions or vases or busts or bucrania or other motifs, suspended on swags of laurel or ribbon, with slender arabesques against backgrounds, perhaps, of "Pompeiian red" or pale tints, or stone colors. The style in France was initially a Parisian style, the "goût Grèc" not a court style. Only when the plump, young king acceded to the throne in 1771 did his fashion-loving Queen bring the "Louis XVI" style to court.

At the Royal Scottish Academy, Edinburgh, Playfair employs a Greek Doric octastyle porticoFrom about 1800 a fresh influx of Greek architectural examples, seen through the medium of etchings and engravings, gave a new impetus to neoclassicism that is called the Greek Revival.

Neoclassicism continued to be a major force in academic art through the 19th century and beyond— a constant antithesis to Romanticism or Gothic revivals— although from the late 19th century on it had often been considered anti-modern, or even reactionary, in influential critical circles. By the mid-19th century, several European cities - notably St Petersburg and Munich - were transformed into veritable museums of Neoclassical architecture.

In American architecture, neoclassicism was one expression of the American Renaissance movement, ca 1890-1917; its last manifestation was in Beaux-Arts architecture, and its very last, large public projects were the Lincoln Memorial (highly criticised at the time), the National Gallery in Washington, D.C., and the American Museum of Natural History's Roosevelt Memorial. These were white elephants as they were built. In the British Raj, Sir Edwin Lutyens' monumental city planning for New Delhi marks the glorious sunset of neoclassicism. Soon World War II destroyed all illusions.

Literary neoclassicism
The arts do not always march in step, and "neoclassicism" in English literature is associated with the "Augustan" writers of the early 18th century, all the heirs of John Dryden and Milton. The giant among their inspiring Latin classics was Virgil. Major writers of the period have included Daniel Defoe, Jonathan Swift, Alexander Pope. The ensuing period of "Romantic" writers had its origins at the height of neoclassicism in the visual arts, about 1800.

In France, the hallmark of neoclassicism is the theater of Jean Racine, with his balanced lines of verse, restraint in emotion, refinement in diction, without excesses, his artistic consistency, so that the tragic tone was not offset by moments of realism or humor (as in Shakespeare), and his formal adherence to the "classical unities" extracted from Aristotle's Poetics.

In 1786, the German literary master Goethe ended his proto-Romantic Sturm und Drang period with his trip to Italy (recounted in his 1817 work, Italienische Reise). Afterwards, he and colleague Schiller emulated the themes and sensibility of Greek tragedy in works like Iphigenia auf Tauris (Iphigenia at Tauris), Römische Elegien (Roman Elegies), and Faust. Neo-Classical themes also dominated the work of German poet Hölderlin.

 

 

 

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