Hubo viajeros de diferentes tipos: los que
viajaban por placer, los hedonistas curiosos, los estetas, y los que lo hacían
por interés arqueológico, con una clara finalidad. Estos últimos medían los
monumentos, los dibujaban y a menudo los daban a conocer en publicaciones
varias. También Italia formaba parte de la obligada peregrinatio.
Desde mediados del siglo XVIII Roma fue tenida por referencia indispensable para
quien quisiera conocer las obras helenísticas. El mundo romano, enaltecido por
Piranesi, llamaba la atención de numerosos admiradores del arte clásico.
Pero los viajeros no
atendían únicamente a la antigüedad grecorromana: también las grandes
colecciones europeas eran válidas y necesarias para ampliar conocimientos. En
Europa existía una considerable cantidad de colecciones semipúblicas, a las que
se podía acceder tras la obtención, de determinadas autorizaciones. Una de las
más visitadas fue la colección Medici. (...) También se iniciaron por entonces
colecciones de arte clásico como la de Lord Tomneley, de obras escultóricas.
(...)
También la arqueología
contribuyó en aquella época a la recuperación del arte clásico. En este sentido
fueron fundamentales las excavaciones de las ciudades de Herculano (1738) y
Pompeya (1748). Estos trabajos, ... reavivaron, si cabe, el interés por la
Antigüedad clásica, en especial por objetos y pinturas. La arquitectura se
estudió posteriormente. (...)
La renovación
artística del siglo XVIII se evidenció en la difusión de las academia por toda
Europa. Tenían en común la relación con el ideario ilustrado. Su animadversión
hacia las tendencias barrocas y rocoso, y el propósito de alcanzar, en arte, la
noble simplicidad, . Las academias proporcionaron a los artistas un estatuto
social e intelectual más elevado. Para que sus obras fuesen dignas de
estimación, debían adquirir una sólida formación, de modo que reflejaran a la
vez un saber enciclopédico y una conciencia social. A los conocimientos técnicos
se añadieron la historia, la mitología, la teoría del arte, etc., todo ello
como preparación para una búsqueda correcta de la forma estética deseada. Para
aprender tales materias el artista había de acudir a un centro que contara con
programas de enseñanza adecuados a sus necesidades. La creación de academias
tuvo también razones de ser de índole económica: sus promotores vieron la
posibilidad de conseguir beneficios industriales, porque de ellas saldrían
artistas capaces de diseñar todo tipo de objetos. La amplitud del alumnado
garantizaba a medio plazo el que las cortes de cada país no tuviesen que buscar
en el exterior artistas de reputación para satisfacer sus pedidos.
La mitología y las
historias de héroes griegos o romanos estaban constantemente presentes en los
trabajos de las academias, que así contribuían a mantener viva la relación
creada con la Antigüedad.
Ya a finales del siglo
XVIII surgieron reacciones contrarias a las academias. Voltaire afirmaba que
éstas fomentaban la vulgaridad, en detrimento del genio, y Diderot sostenía que
ahogaban el espíritu artístico. Muchos señalaron que en ellas la preocupación
por el comercio era mayor que la preocupación por el arte. En todas estas
opiniones esta implícita la idea de que la capacidad creadora del individuo y
los sentimientos humanos deben gozar de plena libertad. Son los inicios del
Romanticismo. A pesar de todo ello, es cierto que las academias fueron decisivas
en la formación de los principales artistas del momento.
La estética del sentimiento
En
la época del Neoclasicismo, el arte fue considerado, además de un problema
formal. un problema de sentimiento. Para juzgar una obra han de tenerse en
cuenta, además de los cánones normativos, los valores de la sensibilidad, la
imaginación y el gusto. Extensas discusiones sobre el gusto, el genio o el
sentimiento artístico abundan en todo el siglo XVIII; ... En este terreno, en
el que impera la subjetividad, es importante recordar las categorías de Belleza
propuestas por Edmund Burke: una belleza delicada, sutil, atrayente,
placentera, bella por sí misma, y una belleza de lo sublime, concepto ligado a
aquellas expresiones que, por su vaguedad o misterio, y por sus vínculos con
sensaciones de terror, de miedo, de dificultad o de pena, resultan casi
ininteligibles para el alma humana. La idea de sublime presente en la estética
del siglo XVIII la proporcionan los elementos ilimitados, como el mar, la
inmensidad del cielo, etc... Pero la idea de sublimidad puede ser producto de
elementos limitados, como por ejemplo un árbol secular, cuyas raíces y cuyo
tronco son realidades materiales que refieren al paso del tiempo y a la fuerza
de resistencia. Idéntica condición propone la arquitectura, dadas las
magnitudes que la caracterizan. Las ruinas clásicas y medievales sufrían
también la idea de lo sublime, ya que a través de ellas se percibían las
dimensiones del tiempo, de su efecto destructor, de la breve existencia del
hombre y de su pequeñez, del poder de una cultura antigua.
A estas dos categorías
de lo bello, Price añadió, coincidiendo en ello con Cilpin, la de lo
pintoresco, idea cabalmente desarrollada en el siglo XVIII. La belleza de lo
pintoresco radica en los “motivos” pictóricos o literarios. El pintoresquismo
se encuentra en la irregularidad, en la variación de formas y colores, en la
unión de elementos arquitectónicos y naturales, y en la utilización de efectos
de luz y sombra para suscitar sensaciones. En el proceso de elaboración de esos
rasgos, los ambientes o los elementos se transforman y son plasmados en la obra
pictórica con un carácter distinto del que poseen en la realidad. Un objeto
bello per se puede carecer de belleza pictórica: ésta habrá de surgir, entonces,
en la traslación de la imagen, de lo real, al lienzo. Lo pintoresco se hace
presente, por ejemplo en la disposición y la práctica decorativa de los jardines
ingleses del XVIII, jardines en los que, contra la rígida formalidad de los
franceses y los holandeses, se pretendía lograr la impresión de paisaje natural,
evitar la aparición manifiesta de la mano del hombre. Para ello se eliminaron
las amplias avenidas rectas, sustituyéndolas por caminos estrechos y tortuosos;
se añadieron lagos falsos, ruinas clásicas y medievales falsas, etc...
elementos que, unidos a un crecimiento vegetal totalmente espontáneo, producen
en el espectador la sensación de un entorno generado de manera progresiva y
casual, sin ningún programa previo.
EL
NEOCLASICISMO: CONCEPTO
-
Giulio Carlo Argán- El arte
Moderno
Una constante de todo el
arte neoclásico es la crítica, que se convierte en condena, del arte
inmediatamente precedente, el Barroco y el Rococó. Se condenan los «excesos» sin
medida, el abandono del arte en manos de la imaginación, a la que corresponde el
virtuosismo técnico que «realiza» todo lo imaginado. (...)
La cultura barroca es la
última clásica; los críticos del Barroco quieren corregir la exageración y la
deformación del clasicismo, separar el clasicismo-teoría del
clasicismo-imaginación.
La cultura Iluminista
del siglo XVIII orienta en sentido racionalista la oposición al arte
imaginación: en Inglaterra se llega a afirmar que no se hace arte sin crítica.
(...)
Si el arte tiene una
propia ley racional, si es autónomo, no puede ser instrumentalizado por la
autoridad política o la religiosa en beneficio del poder. (...) Incluso cuando
representa temas religiosos o construye iglesias, el arte no es religioso, sino
civil: representa temas sacros y construye iglesias porque tal es la demanda de
la sociedad y el arte, en definitiva, es un servicio social. ... El objetivo del
arte es lo bello. (...)
La elevación de lo clásico a la categoría de modelo no refuerza
la continuidad histórica entre lo antiguo y lo moderno sino que la anula. El
Barroco es todavía un desarrollo de la cultura clásica; la vuelta al clásico
puro trunca este desarrollo. El arte neoclásico no es historicista: de hecho se
producirá una reacción historicista contra el no-historicismo neoclásico. Se
propone lo clásico a la admiración y a la imitación. (...)
El arte neoclásico
quiere ser arte moderno, comprometido a fondo con la problemática de su tiempo.
(...) Los arquitectos neoclásicos saben que un nuevo orden social exige un nuevo
orden de la ciudad y todos sus proyectos se inscriben en un plano de reforma
urbanística. La nueva ciudad deberá tener, como la antigua, sus monumentos; pero
el arquitecto deberá preocuparse también del desarrollo social y funcional. Se
construyen iglesias a modo de templos clásicos, pero también escuelas,
hospitales mercados, aduanas, puertos, cuarteles, cárceles, almacenes, puentes,
calles, plazas.
Los escultores y los
pintores trabajan para la ciudad: estatuas, adornos, grandes representaciones
históricas que sirvan de ejemplo a los ciudadanos. Y prefieren sobre todo el
retrato, un modo de analizar y aclarar la relación entre la naturalidad
(sentimiento) y la sociabilidad (deber) de la persona. ... El arte neoclásico
acompaña la transformación de las estructuras sociales con la transformación de
las costumbres. El Neoclasicismo no está rígidamente unido a la ideología
revolucionaria, aunque se dé el caso de que el arte del tiempo de la revolución
y del imperio neoclásico. (...) De hecho, el Neoclasicismo, como estilo, no
tiene una propia caracterización ideológica, está disponible para cualquier
demanda social.
Al ideal barroco de la
técnica «virtuosa» le sucede el ideal neoclásico, de la técnica rigurosa; ... A
la imaginación barroca le sucede la ideación neoclásica; que aún es una
imaginación, si se quiere, pero que uniforma sus propios procedimientos con los
de la razón. La verdadera técnica del artista es la de proyectar, todo el arte
neoclásico está rigurosamente proyectado. La realización es la traducción del
proyecto mediante instrumentos operativos que no son exclusivos del artista,
sino que forman parte de la cultura y del modo de vivir de la sociedad.
En este proceso
técnico-práctico de adaptación se elimina por fuerza el toque individual, la
arbitrariedad genial del primer hallazgo, pero en compensación la obra adquiere
un interés directo para la colectividad y cumple esa tarea de educación cívica
que la estética iluminista le asigna al arte, en lugar de su antigua función
religiosa y didascálica. Era un sacrificio que la ética de la época consideraba
necesario; no se puede fundar una sociedad libre y ordenada sin limitar el
arbitrio individual, aunque sea de un genio. El artista ya no aspira al
privilegio del genio, sino al rigor del teórico; no da al mundo hallazgos
admirables sino proyectos realizables. (...)
La reducción de la
técnica propia del arte a técnica (o método) del proyecto, señala el momento en
que el arte se separa definitivamente de la tecnología y de la producción
artesanal, y la primera posibilidad de unión entre el trabajo ideador del
artista y la naciente tecnología industrial. (...)
El arte neoclásico se
sirve, sin ningún prejuicio, de toda disposición. En la arquitectura, el
principio de la correspondencia de la forma con la función estática lleva al
cálculo escrupuloso de los pesos y las tensiones, al estudio de la resistencia
intrínseca de los materiales. Es precisamente la arquitectura neoclásica la que
experimenta los nuevos materiales y revaloriza, en el plano estético, la
investigación técnico-científica de los ingenieros. En las artes figurativas, la
base de todo es el dibujo, el fino trazo lineal, que sin duda no existe en la
naturaleza ni se da en la percepción de lo real, pero que traduce en cognición
intelectual la noción sensorial del objeto. (...) Se quiere educar en la
claridad absoluta de la línea, que reduce a lo esencial y no da lugar al
probabilismo de las interpretaciones.
Aunque la transformación
del arte realizada por la cultura iluminista se dé en un lapso de tiempo que
cubre casi todo el siglo XVIII sólo se puede hablar de auténtico Neoclasicismo a
partir de la mitad del siglo, tras la teorización de Winckelmann y de Mengs; su
fase culminante, de expansión por toda Europa e incluso por los Estados Unidos
de América, es la que va desde principios del siglo XIX hasta el final del
Imperio, y toma el nombre, precisamente por ello, de «estilo imperio».
Neoclasicismo
francés
El siglo XVIII en Francia es el
Siglo de las Luces,
que alumbró la Ilustración, el enciclopedismo, la renovación de las teorías
políticas, jurídicas, filosóficas... Por primera vez, un preso es considerado
inocente hasta que se demuestre lo contrario.
Voltaire,
Montesquieu
y
Rousseau revolucionan la teoría política. Se clama por la muerte del
absolutismo y la separación de poderes. Se insinúa la necesidad de proclamar los
Derechos del Hombre y del Ciudadano, y los movimientos urbanos, sostenidos
frecuentemente por una inmensa masa obrera femenina, tratan de establecer los
Derechos de la Mujer. También se lucha por el derecho de los pueblos a ostentar
su soberanía: oleadas revolucionarias determinan la independencia de los Estados
Unidos de Norteamérica y la serie de emancipaciones de los estados
iberoamericanos, que culminó en el siglo XIX. Por supuesto, la culminación será
la
La revolución Francesa.
Todos los países periféricos a Francia contemplaron con temor la ebullición
ideológica de sus vecinos, en especial durante la Revolución, lo que en el caso
español facilitó la invasión napoleónica tras la abdicación de Fernando VII.
Dado tal estado de cosas, sería de esperar un arte igualmente apasionado,
deseoso de cambiar la situación. Sin embargo, nos encontramos frecuentemente con
un estereotipo de los ideales, que se encontraban desfasados entre la agitación
popular y el clasicismo predominante en los círculos intelectuales.
Tradicionalmente, en la cultura occidental de la Edad Moderna se había
considerado aquélla como un patrimonio de la élite aristocrática. Sin embargo,
los ilustrados tratan de hacerla extensiva al pueblo para alcanzar el progreso.
Ése es uno de los motivos que nos introducen en la Edad Contemporánea. Para
aleccionar al pueblo se rescatan los ideales clasicistas de la Roma republicana,
reducto de la ética y la moralidad política o ciudadana en general, sin tener en
cuenta, por supuesto, que los ciudadanos romanos eran una élite minoritaria
frente a la masa que integraba los dominios romanos, sin status de ciudadanía.
El objetivo es una regeneración moral de las costumbres y el arte del último
Barroco, caído en la complacencia
intrascendente del Rococó, una pintura concebida para deleitar los sentidos, no
el intelecto. La regeneración siguió criterios casi de higiene social, para lo
cual se recurrió al desarrollo de las ciencias. Aplicadas al arte nacen ciencias
como la Estética, la Historia y la Historia del Arte o la Arqueología, que
disfrutó una auténtica explosión erudita. Se iniciaron excavaciones y estudios,
que añadieron datos para que los pintores los explotaran. Esta situación
favoreció el desarrollo de la pintura de historia como género independiente y
renovado. En la pintura de historia se elegían momentos ejemplares,
especialmente de la Roma republicana, que resultaran aleccionadores sobre las
virtudes ciudadanas y cívicas. Importan, a partes iguales, la claridad formal y
la contundencia del mensaje. Por eso mismo se cayó con excesiva facilidad en el
estereotipo de valores universales: el buen gobernante, el ciudadano
responsable, la caridad, el amor al trabajo, el sacrificio por la patria...
Respecto a la estética neoclásica, se aplicaron las normas racionalistas del
teatro clásico francés de Molière o Racine: la regla de las tres unidades. Una
acción ha de desarrollarse en un sólo espacio, en un momento unitario, que es el
mismo que corresponde a la representación, y ha de centrarse en una acción, y no
en varias historias de los personajes. Al aplicar esta regla a los cuadros se
obtienen imágenes como el Juramento de los Horacios, de
David,
el pintor oficial del Neoclasicismo: una historia, la de los tres hermanos que
van a luchar por su patria; un espacio, el interior de la casa patricia; y un
momento, el que el padre elige para que los jóvenes juren fidelidad sobre sus
espadas. El momento dramático se encuentra en el centro geométrico de la escena
y, a los lados, compensada por completo, la masa de las mujeres de la casa,
afligidas por la marcha de los muchachos; al otro, el padre y los soldados que
esperan su partida. Esta escena responde a todos los estereotipos de la pintura
neoclásica: luz uniforme y cenital, anatomías perfectas, disposición en friso de
los personajes, estructura geométrica de los elementos de la escena, que se
reducen a los estrictamente necesarios, etc. Y, por supuesto, la escena no puede
ser más ejemplar que la elegida. Además de la pintura de historia, se cultivaron
el retrato y el paisaje. El paisaje, tras los brillantes precedentes barrocos de
Poussin y Lorena, apenas se trató y se mantuvo en fase latente hasta su
recuperación durante el Romanticismo y el Realismo. Por ejemplo, de David sólo
se conoce un paisaje, que pintó durante su encarcelamiento, sospechoso de
traición a la Revolución, cargo del que sería absuelto más tarde. El retrato
resulta una faceta más interesante; prima la sencillez y la caracterización a la
romana, como si de un disfraz se tratara. Se impone la moda imperio,
especialmente en el vestido y peinado femeninos: trajes-túnica con el talle muy
alto, y peinados en moño, con caracolillos rodeando el rostro. Resultan
excesivamente fríos; el único que intentó mezclar la severidad del detalle con
la calidez de la psicología del modelo fue
Ingres,
cuyos retratos son absolutamente prodigiosos, así como otras escenas de su
invención, de las cuales destacan sin duda sus series de odaliscas y baños
turcos. Pero la característica común a todos ellos es el protagonismo de una
línea nítida y pura, que describe volúmenes perfectos y formas muy delimitadas,
lo que no sólo se aplica a los retratos sino también a los otros temas. La
influencia sobre otros países varió enormemente: el Neoclasicismo español se
redujo a ciertos círculos cortesanos, por pintores que visitaron el taller de
David en París. Sin embargo, el Neoclasicismo inglés se vio bastante influido,
puesto que trataba de establecer sus propias normas y carecía de tradición
pictórica propia.
Neoclasicismo - Siglo XVIII -
Fuente
Imageandart - Roxana
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Búsqueda ética
Los pensadores y artistas del S
XVIII, de la cultura del Iluminismo, iniciaron la reflexión sobre la decadencia
de su mundo y trataron de investigar las culturas pasadas o lejanas donde creían
encontrar la pureza y moral perdidas.
Rousseau se refiere al estado natural de los hombres y
Montesquieu
toma a Roma como ejemplo para la modernización de los sistemas políticos.
En París a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se origina un rechazo al
arte Rococó paralelo al que surge en contra de la aristocracia a la cual
representa. Se produce una vuelta al orden propulsada por la clase media
ilustrada que tenía nuevas pautas morales. En el valor normativo, la disciplina
y austeridad del arte antiguo se halla el ejemplo para combatir al arte adoptado
por la disoluta aristocracia.
La Revolución francesa le va a dar un nuevo contenido reafirmándolo como modelo
estético pero por sobre todo como modelo ético. Este planteo sigue a Platón que
identifica a la idea de belleza con la idea superior del bien.
Búsqueda arqueológica
En 1738 y 1748 se descubren
Herculano y Pompeya respectivamente, lo cual alcanzó gran difusión en Europa. Se
inician los viajes con fines arqueológicos y las consiguientes publicaciones de
estudios y documentos que ellos originaron. La antigüedad de Herculano se
publica en 1757 con láminas que sirvieron de modelo a muchos artistas, como
Mengs, que conocieron la antigüedad por este medio.
Juan J. Winckelmann
(1717 - 1768), de origen alemán, va a trabajar a Roma en 1755 y luego es
Superintendente de monumentos antiguos. Aunque conoce sólo algunas obras, ya que
la mayoría estaban por descubrir, llega a la conclusión de la superioridad de la
cultura griega.
Se inicia una aproximación a la cultura greco- latina más rigurosa. Wincklemann
inicia la arqueología científica, publica "Reflexiones", sobre la imitación del
arte griego en 1755 e "Historia del arte de la Antigüedad" en 1764, traducida al
francés y al inglés y con gran difusión en Inglaterra.
Vio en el arte griego, por encima del romano, un arte que plasmó ideales de
belleza espejo de una sociedad pura, resultante de una armonía de cuerpo y
espíritu. Hay pues que imitar a Grecia para regenerar la sociedad.
Giambattista Piranesi
(1720 - 1778): arquitecto veneciano que realiza con sus cientos de grabados
al aguafuerte la trascripción de las obras romanas propugnando la superioridad
de esta arquitectura. Sus obras como Vedute donde aparecían imágenes de Roma
antigua y moderna fueron muy famosas, y editadas aún mucho después de su muerte,
configuraron la idea de la ciudad que los extranjeros tuvieron por mucho tiempo.
Durante el S. XVIII el
Neoclasicismo se aproxima a lo romano pero los conocimientos aportados por las
investigaciones de fines del siglo y comienzos del S. XIX producen un
acercamiento a lo griego.
El Neoclasicismo se diferencia de anteriores resurgimientos del clasicismo en
que los artistas imitaron conscientemente al arte antiguo con pleno conocimiento
de las obras su estilo y temática. Se imitaron los relieves en pintura,
acentuando la planimetría del cuadro en oposición a la profundidad barroca y se
retomaron las poses y el modelado resultante de iluminar a las esculturas para
los personajes de la pintura. Se imitaron los temas antiguos adaptándolos a las
situaciones modernas y dándoles un nuevo contenido extra plástico. ( Político,
moralizante, dogmático, etc. ).
Arquitectura neoclásica
Se origina en dos países que
habían sido mas reacios a los excesos arquitectónicos barrocos: Inglaterra y
Francia, donde el Rococó fue sólo un estilo decorativo.
En Francia, en 1665, de los
proyectos de Bernini y de Perrault para el Palacio del Louvre se elige el del
segundo, la pareada columnata corintia es el ejemplo de gusto por un lenguaje
más sobrio, geométrico y ordenado, es decir más clásico.
La primera obra francesa neoclásica es la iglesia de
Sainte Geneviève (actual Panteón) de J. G. Soufflot proyectada en 1755.
En Inglaterra en el S. XVII la
tradición clásica aparece con Iñigo Jones, de inspiración palladiana, en el
Banqueting Hall. El movimiento palladiano resurge a principios del siglo XVIII
con el auspicio de Lord Burlington.
El Neoclasicismo se inicia en 1758 con el regreso de Italia de Robert Adam,
quien va a promover el nuevo gusto. James Stuart construye un ejemplo de
arquitectura de orden dórico el templo de los jardines de Hagley Park, 1758. En
1751 James Stuart y Nicholas Revett habían viajado a estudiar las ruinas de
Grecia, publicando en 1762, "Antigüedades de Atenas", con perfectas
descripciones.
En Italia las construcciones
neoclásicas tardaron en realizarse, de allí surgió el impulso, la investigación
arqueológica, pero la influencia de los arquitectos barrocos tardó en superarse
para poder adoptar la claridad constructiva del estilo.
En Alemania se impone una
generación más tarde con un lenguaje muy respetuoso de la severidad griega.
L.von Klenze, realiza el complejo urbanístico de la
Königsplatz en Munich, que se convierte, durante medio siglo, en el
centro del Neoclasicismo alemán y del "revival" griego. En Berlín el arquitecto
es K. F. Schinkel.
En España Juan de Villanueva
construye en 1785 el Museo del Prado, con libertad en el uso de los órdenes
arquitectónicos que agrupa en forma diversa pero teniendo en cuenta lo estético
y funcional. Es notable el pórtico dórico de acceso que marca la simetría.
En los Estados Unidos, su tercer
presidente, el Arq. Thomas Jefferson, va a construir en Richmond el primer
Capitolio, según La Maison Carrée de Nimes, (16 a. C.) que sería modelo en las
construcciones posteriores. Consideró que el neoclásico era el estilo perfecto
para las construcciones de la nueva Unión con sus ideales republicanos.
Supervisó la planificación de Washington, donde se construyeron gran cantidad de
edificio gubernamentales. Algunos son de gran tamaño como el del Tesoro, de
Robert Mills. Estas influencias llegaron a las construcciones señoriales del sur
y del este de, gran refinamiento. Aún en el S. XX se construyeron monumentos
neoclásicos. En 1917 el de Lincoln por Henry Bacon con un gran énfasis en la
masa cúbica y en 1934 se construyó el Jefferson Memorial . Se tomó como modelo
el Panteón de Roma, pero se cambió el orden corintio por jónico en las columnas
que sostienen el frontón y rodean como columnata a la rotonda.
Características de la
Arquitectura Neoclásica:
- Función cívica de la
arquitectura y el urbanismo o finalidad social del programa constructivo. Los
nuevos edificios son públicos como escuelas, hospitales, museos, aduanas,
bolsas, academias. El poder económico- político pasa a manos de la burguesía. En
1733, Claude- Nicolas Ledoux proyecta la primera ciudad industrial al estudiar
las instalaciones y servicios de las salinas Chaux . Junto a Etienne- Louis
Boullée son los grandes teóricos de la arquitectura del momento aunque la
mayoría de sus ideas no pasaron de proyectos. Su purismo geométrico y las
enormes masas compactas escapan a lo que fue el lenguaje neoclásico.
En el S. XIX Napoleón va a modificar París y John Nash en Londres realiza calles
ajardinadas y parques. Como urbanista es la figura más destacada aunque como
arquitecto mezcló todo tipo de estilos incluso de otras culturas. En 1815
remodela lo que será Regent Park en una imaginativa mezcla de naturaleza y
arquitectura
greco-romana de la que surge el Crescent Park, una avenida bordeada por un
pórtico jónico y la Cumberland Terrace.
- Técnica rigurosa.
- Adopción del orden dórico, más
macizo que el romano, ya que las ruinas dóricas que más se conocían eran las del
sur de Italia, Pestum. El templo griego, único edificio público, es el tipo de
arquitectura adoptada para infinidad de construcciones, lo que muestra la
pérdida del protagonismo romano. Museo Británico de Londres, Neue Bache de
Berlín.
Predomina lo horizontal por sobre lo vertical, la solidez, el uso del frontón,
las columnas y los atrios. Esto es ORDEN, PROPORCIÓN Y ARMONÍA.
- Ascetismo en la decoración
arquitectónica. Ausencia de colorido, minimización de molduras, ornamentos
escultóricos.
En la época del Imperio aparecen en Francia unas formas más elaboradas con
mármoles policromos órdenes aplicados. La
Iglesia de la Madeleine, convertida por Bonaparte en el Templo de la
Gloria, tiene un orden corintio. Inspirada en la Maison Carrée de Nimes, es un
templo corintio peristilo.
- Arcos Triunfales, columnas
conmemorativas, aparecen en el Imperio. A la Roma republicana se le opone la
Roma imperial. El
Arco
de Triunfo del Carrousel de París, realizado en 1806- 1807 por Percier y
Fontaine siguiendo como modelo los arcos imperiales romanos. Celebra en sus
bajorrelieves los triunfos de Napoleón. Al arco central de medio punto lo
flanquean dos menores, simétricos, de cada lado, con columnas de orden corintio.
Coronando el ático aparece el grupo escultórico de una cuadriga romana de
bronce. Interpreta el gusto triunfalista y opulento del Imperio napoleónico.
Pintura neoclásica
Antonio Rafael Mengs
(1728- 1779): Nació en Dresde, fue educado en Roma y nombrado pintor de la
corte de Dresde en 1745 y estuvo al servicio del duque de Northumberland en
Inglaterra. En 1755 conoce a Wincklemann y adhiere a sus teorías. En 1757-58
decora en Roma el
techo de San Eusebio, pero todavía su obra no es neoclásica. Luego de ver
las excavaciones de Herculano hizo una serie de bocetos y de regreso a Roma,
1761 comienza a realizar el fresco El Parnaso, en la Villa Albani. En esta obra
rompe con la tradición barroca del ilusionismo, trata el techo como si fuera un
relieve, con figuras sacadas de las obras antiguas y sin utilizar escorzos
violentos. En 1761 pasa a España como pintor de la Corte donde va realizar
trabajos en los palacios reales y va a estar muy afianzado cuando llegue el
Tiépolo. En 1771, de regreso a Italia, trabaja en el Vaticano entre el 1772- 73,
regresa a España entre el
73- 77, y vuelve a Roma donde muere en 1779. Conoció a Vien en Italia y ambos
son los iniciadores del lenguaje neoclásico, puentes entre el Barroco- Rococó y
el nuevo ideal estético.
La pintura neoclásica se va a
difundir en Francia luego de la expedición francesa a Nápoles a estudiar las
ruinas romanas de 1749- 5 y por los viajes realizados por los pintores a Roma.
José María Vien
(1716-1809): Viajó a Roma cuando estaba convulsionada por los
descubrimientos de Pompeya y Herculano, y conoció a Mengs y las doctrinas de
Wincklemann. Sus temas clásicos son fríos y recatados, representa doncellas
griegas sin ninguna sensualidad. Retoma temas de la antigüedad, templos,
ropajes, es la "mode á la grèque", para lo cual se basa en las pinturas romanas,
aunque todavía hay algo de la temática galante del Rococó. Es un pintor de la
transición entre los dos estilos. En 1763 realiza
"La vendedora de Cupidos", la escena transcurre en un interior romano con
pilastras, elementos como una urna y ropajes característicos, pero el tema puede
bien pertenecer al arte cortesano.
Tuvo gran prestigio y fue muy valorado como profesor, su alumno más famoso es
David.
Juan Bautista Greuze
(1725- 1805): En 1769 presenta "Septimio Severo y su hijo Caracalla", es un
tema histórico romano moralizante con el que intentó ingresar a la Academia,
pero no lográndolo se apartó de los posteriores Salones. En los años posteriores
sus obras fueron muy famosas a través de reproducciones hechas por los
grabadores. Tras cuestiones familiares, oscurecida su fama ante la popularidad
de otros pintores neoclásicos y arruinado durante la Revolución, terminó su vida
olvidado.
Jacques
Louis David (1748-1825): Familiar lejano de Boucher este lo
recomendó a Vien. Ganó el gran Premio de Roma donde permaneció hasta 1781. Ahí
abandonó el estilo rococó y conoció el claroscuro caravaggiesco.
En 1785 pinta en París el
"Juramento de los Horacios", encargada por Luis XVI, que se convierte en
la obra más representativa del Neoclasicismo. Se caracteriza por:
- La factura simple y severa, el lenguaje es sobrio.
- La exaltación de los valores republicanos que preanuncia una politización del
arte. En la Revolución se le dará un significado diferente de llamado a la
lucha.
- La subordinación del colorido al dibujo y las formas. Cumple con la idea de
Wincklemann de "la precisión del contorno es el carácter de lo antiguo".
-Tratamiento escultórico.
- Rechazo de lo artificioso y decorativo, lo ilusionista.
- Se usan las verticales y horizontales, -ortogonalidad- y abandona las
diagonales.
- El tema heroico- patriótico, lo extrae de las Décadas de Tito Livio.
- Reúne el agrado del público con la instrucción, principio planteado por
Wincklemann.
- Utilización de un ambiente antiguo donde aparecen unas columnas toscanas.
Luego realizó otros cuadros de gran tamaño y temas que alaban las virtudes
clásicas y republicanas. Con la Revolución fue elegido diputado y dictaminó
sobre cuestiones artísticas. Abolió la Academia sustituyéndolo por el Instituto,
creó grandes desfiles propagandísticos, realizó retratos conmemorativos de los
mártires de la Revolución, Lepelletier de Saint Fargeau y El asesinato de Marat
(1793). Estas obras se caracterizan por:
- Rigor y claridad. Organización geométrica.
- Austeridad, se despoja de lo accesorio.
- Clasicismo revolucionario. Los temas actuales tienen tanta importancia como
los antiguos.
Tras la muerte de Robespierre estuvo en prisión. En 1798 comienza "El Rapto de
las Sabinas", realizada en homenaje a su mujer, quien lo ayudó a salir de la
cárcel y demostrando su amor por la Antigüedad. El trazo en esta obra es más
elegante pero más artificioso, las poses de los actores principales recuerdan al
Apolo de Belvedere y dan junto a la acción sensación de falsedad. El tema, de la
historia romana, es el intento de las mujeres sabinas guiadas por Hersilia, de
parar la lucha entre romanos y sabinos.
Ese año conoce a Napoleón quien reconoce el valor propagandístico de las obras
de un pintor de la talla de David. Realiza "Napoleón cruzando los Alpes", "La
Coronación de Napoleón" y "La distribución de las Águilas". Tras la derrota de
Napoleón se refugió en Suiza, donde murió en 1825. En estas obras abandona el
rigor neoclásico y tienen una luminosidad de tipo veneciano. Desde el exilio,
que lo privó de participar en las controversias con el ascendente Romanticismo,
continuó realizando obras de carácter clásico pero con un estilo más
dulcificado. Sus retratos gozan siempre de un gran dibujo y exactitud realista.
Entre sus numerosos alumnos se encuentran Gèrard, Girodet, Gros e Ingres.
Barón Francisco Gerard
(1770- 1837): Nació en Roma, y a partir de 1786 fue alumno de David y
durante la Revolución lo protegió. En 1795 es famoso por los retratos que
realiza y durante el Primer Imperio fue rival de David por los favores de la
Corte. Él sugirió a David que realizara a Napoleón coronando a Josefina en la
Coronación de Napoleón, luego surgió una fuerte animosidad entre ellos, así como
con Gros. Pero solo él continuó en la corte con la Restauración borbónica,
ennoblecido por Luis XVIII. Tuvo un gran estudio con ayudantes donde realizaron
retratos aparatosos y superficiales.
En el 1800 realiza el retrato de la "Familia Friez", donde aparecen con la ropa
de moda, estilo imperio para la dama y el traje de campo inglés para el
caballero. Es un gran retratista pero tiene tanto de frialdad como de
edulcoramiento, como se observa en
"Cupido y Psique".
Juan
Augusto Doménico Ingrés (1780- 1867): Estudió con David y ganó el
Premio de Roma en 1801, donde vivió durante 18 años. En 1805 realiza los
retratos de la Familia Rivière, y comienza con la línea sinuosa que determina la
silueta que es la que determina la forma. A la caída de Napoleón se ganó la vida
realizando dibujos a lápiz de los visitantes que llegaban a Roma. En 1820 se
estableció en Florencia donde realizó
"El voto de Luis XVIII" encargo de la catedral de Montauban, su ciudad
natal. Presentado en 1824 en el Salón donde obtuvo gran éxito. A partir del
mismo pasó a ser considerado oponente oficial a las teorías de Delacroix. Pintó
retratos donde hay ya influencia de las primeras fotografías. Pinto cuadros con
argumentos orientales, pretexto para mostrar figuras de gran sensualidad.
En 1834 volvió a Roma como director de la Academia Francesa y de regreso a Paris
en 1841 se opuso intransigentemente a toda postura opuesta a la suya respaldado
como académico, ejerció su poder en contra Delacroix y toda la nueva generación
romántica.
El neoclasicismo fuera de su gran personalidad había quedado en manos de
imitadores mediocres y era un academismo estereotipado y es a esto a lo que se
opone el Romanticismo. La forma de pintar de Ingres no varió mucho en todos sus
años y siempre conservó:
- Dibujo sinuoso, gran dominio del mismo.
- Rafaelismo.
- Exactitud de la visión.
Pero comparándolo con los pintores neoclásicos de la generación de David se nota
que está en otra atmósfera, la misma de los románticos. Se aparta de los cánones
estrictos neoclásicos, hay una pérdida de los aspectos virtuosos, abandona los
temas de la Antigüedad y la universalidad.
Características de la Pintura Neoclásica
- Temática histórica, ética, debe
mostrar las virtudes, el heroísmo dentro del estilo de las Vidas de Plutarco.
Temas de la Antigüedad clásica, elementos decorativos, vestimentas, poses de los
personajes sacados de la escultura y pintura grecorromana.
- Racionalidad, apego a las reglas, la ciencia y el orden.
- Claridad y armonía.
- Linealidad, contornos fuertes.
- Composición con predominio de la ortogonalidad.
- El color se subordina al dibujo. Uso de las grisallas (sombreado monocromo).
- Tectónico, no es pictórico, no hay pinceladas sueltas que disuelven los
contornos. El volumen se representa a través del modelado escultórico, con
fuertes contornos lineales.
- Interés por lo conceptual y no por lo pictórico- visual.
Escultura neoclásica
Características:
- Perfección técnica, gran
dominio del oficio.
- Idealización, simplificación de los volúmenes.
- Poses y vestimentas inspiradas en las esculturas clásicas.
- Reproducción de las vestimenta adheridas al cuerpo de la escultura griega o
"ropa mojada".
- Abandono de lo erótico en la representación. En la "Lucrecia" de Campeny
(Cataluña) se elige otra parte del relato, cuando ultrajada, se suicida.
Antonio Canova
(1757-1822): En 1774 ya poseía un taller en Venecia, sus primeras obras se
encuentran dentro de la tradición del S. XVIII. En 1780 viaja a Roma y Nápoles y
se radica en la primera un año después donde ya su obra es neoclásica.
- 1782/7, realiza el Monumento a Clemente XIV el los Santo Apóstoles de Roma.
- 1787/92, Monumento funerario a Clemente XIII en San Pedro.
Con la invasión francesa se exilia en Viena en 1797 y realiza el Monumento a
María Cristina en la Agustinerkirche. En 1802 acepta, a instancias del Vaticano,
la invitación a viajar a París y realizó un busto de Napoleón. Entre 1806/8
realiza la Estatua Ecuestre de Napoleón y dos más del Emperador desnudo y de
pie. En 1808 realiza el retrato de la hermana de Napoleón Paulina Bonaparte
Borghese, representada como Venus de la Galería Borghese.
Tras la caída del emperador gestionó por orden del Papa la devolución de las
obras italianas saqueadas por los franceses y por el éxito obtenido fue nombrado
Marqués de Ischia.
En 1817 transformó la estatua ecuestre de Napoleón en la de Carlos III Borbón,
en 1819 realiza el Monumento a los Estuardos, en San Pedro.
Introdujo modificaciones en el moldeado mecánico pero que le restaban algo de
sensibilidad a las obras, por lo cual dedicaba mucho tiempo al acabado.
Otros artistas son Schadow, en Berlín; Campeny, en Cataluña; Flaxman, en
Inglaterra; Thorwaldsen, de Dinamarca; y Gibson, inglés, que vivió en Roma y
retomó el uso del color del mármol.
Neoclassic.
Neoclassicism
Neoclassicism (sometimes
rendered as Neo-Classicism or Neo-classicism) is the name given to quite
distinct movements in the visual arts, literature, theatre, music, and
architecture. These movements were in effect at various times between the 18th
and the 20th centuries.
Neoclassic in architecture and the visual arts
In the visual arts the European movement called "neoclassicism" began after ca
1765, as a reaction against both the surviving Baroque and
Rococo styles,
and as a desire to return to the perceived "purity" of the arts of Rome, the
more vague perception ("ideal") of Ancient Greek arts (where almost no western
artist had actually been) and, to a lesser extent, 16th century Renaissance
Classicism.
Each "neo"- classicism selects some models among the range of possible classics
that are available to it, and ignores others. The neoclassical writers and
talkers, patrons and collectors, artists and sculptors of 1765 - 1830 paid
homage to an idea of the generation of Pheidias, but the sculpture examples they
actually embraced were more likely to be Roman copies of Hellenistic sculptures.
They ignored both Archaic Greek art and the works of Late Antiquity. The
Rococo art of
ancient Palmyra came as a revelation, through engravings in Wood's The Ruins of
Palmyra. Even in all but unvisited Greece, a rough backwater of the Ottoman
Empire, dangerous to explore, neoclassicists' appreciation of Greek architecture
was mediated through drawings and engravings, which subtly smoothed and
regularized, "corrected' and "restored" the monuments of Greece, not always
consciously. As for painting, Greek painting was utterly lost: neoclassicist
painters imaginatively revived it, partly through bas-relief friezes, mosaics,
and pottery painting and partly through the examples of painting and decoration
of the High Renaissance of
Raphael's
generation, frescos in Nero's Domus Aurea, Pompeii and Herculaneum and through
renewed admiration of Nicholas Poussin. Much "neoclassical" painting is more
classicisizing in subject matter than in anything else.
There is an anti-Rococo
strain that can be detected in some European architecture of the earlier 18th
century, most vividly represented in the Palladian architecture of Georgian
Britain and Ireland, but also recognizable in a classicizing vein of
architecture in Berlin. It is a robust architecture of self-restraint,
academically selective now of "the best" Roman models.
A conservative Italian interior translated to Russia: Dressing-Room at the
Gatchina palace by Luigi Vanvitelli's pupil Antonio Rinaldi, 1770sNeoclassicism
first gained influence in England and France, through a generation of French art
students trained in Rome and influenced by the writings of Johann Joachim
Winckelmann, and it was quickly adopted by progressive circles in Sweden. At
first, classicizing decor was grafted onto familiar European forms, as in the
interiors for Catherine II's lover Count Orlov, designed by an Italian architect
with a team of Italian stuccadori: only the isolated oval medallions like cameos
and the bas-relief overdoors hint of neoclassicism; the furnishings are fully
Italian Rococo.
But a second neoclassic wave, more severe, more studied (through the medium of
engravings) and more consciously archaeological, is associated with the height
of the Napoleonic Empire. In France, the first phase of neoclassicism is
expressed in the "Louis XVI style", the second phase in the styles we call "Directoire"
or "Empire." Italy clung to
Rococo until the
Napoleonic regimes brought the new archeaological classicism, which was embraced
as a political statement by young, progressive, urban Italians with republican
leanings. David's Oath of the Horatii (1784) is not just neoclassical in subject.
The high tide of neoclassicism in painting is exemplified in early paintings by
Jacques-Louis David and
Jean
Auguste Dominique Ingres' entire career. David's Oath of the Horatii was
painted in Rome and made a splash at the Paris Salon of 1784. Its central
perspective is perpendicular to the picture plane, made more emphatic by the dim
arcade behind, against which the heroic figures are disposed as in a frieze,
with a hint of the artificial lighting and staging of opera, and the classical
coloring of Nicholas Poussin.
In sculpture, the most familiar representatives are the Italian Antonio Canova,
the Englishman John Flaxman and the Dane Bertel Thorvaldsen.
In the decorative arts, neoclassicism is exemplified in Empire furniture made in
Paris, London, New York, Berlin; in Biedermeyer furniture made in Austria; in
Karl Friedrich Schinkel's museums in Berlin, Sir John Soane's Bank of England in
London and the newly built "capitol" in Washington, DC; and in Wedgwood's bas
reliefs and "black basaltes" vases. The Scots architect Charles Cameron created
palatial Italianate interiors for the German-born Catherine II the Great in
Russian St. Petersburg: the style was international.
Indoors, neoclassicism made a discovery of the genuine classic interior,
inspired by the rediscoveries at Pompeii and Herculaneum, which had started in
the late 1740s, but only achieved a wide audience in the 1760s, with the first
luxurious volumes of tightly-controlled distribution of Le Antichità di Ercolano.
The antiquities of Herculaneum showed that even the most classicizing interiors
of the Baroque, or the most "Roman" rooms of William Kent were based on basilica
and temple exterior architecture, turned outside in: pedimented window frames
turned into gilded mirrors, fireplaces topped with temple fronts, now all
looking quite bombastic and absurd. The new interiors sought to recreate an
authentically Roman and genuinely interior vocabulary, employing flatter,
lighter motifs, sculpted in low frieze-like relief or painted in monotones en
camaïeu ("like cameos"), isolated medallions or vases or busts or bucrania or
other motifs, suspended on swags of laurel or ribbon, with slender arabesques
against backgrounds, perhaps, of "Pompeiian red" or pale tints, or stone colors.
The style in France was initially a Parisian style, the "goût Grèc" not a court
style. Only when the plump, young king acceded to the throne in 1771 did his
fashion-loving Queen bring the "Louis XVI" style to court.
At the Royal Scottish Academy, Edinburgh, Playfair employs a Greek Doric
octastyle porticoFrom about 1800 a fresh influx of Greek architectural examples,
seen through the medium of etchings and engravings, gave a new impetus to
neoclassicism that is called the Greek Revival.
Neoclassicism continued to be a major force in academic art through the 19th
century and beyond— a constant antithesis to Romanticism or Gothic revivals—
although from the late 19th century on it had often been considered anti-modern,
or even reactionary, in influential critical circles. By the mid-19th century,
several European cities - notably St Petersburg and Munich - were transformed
into veritable museums of Neoclassical architecture.
In American architecture, neoclassicism was one expression of the American
Renaissance movement, ca 1890-1917; its last manifestation was in Beaux-Arts
architecture, and its very last, large public projects were the Lincoln Memorial
(highly criticised at the time), the National Gallery in Washington, D.C., and
the American Museum of Natural History's Roosevelt Memorial. These were white
elephants as they were built. In the British Raj, Sir Edwin Lutyens' monumental
city planning for New Delhi marks the glorious sunset of neoclassicism. Soon
World War II destroyed all illusions.
Literary neoclassicism
The arts do not always march in step, and "neoclassicism" in English literature
is associated with the "Augustan" writers of the early 18th century, all the
heirs of John Dryden and Milton. The giant among their inspiring Latin classics
was Virgil. Major writers of the period have included Daniel Defoe, Jonathan
Swift, Alexander Pope. The ensuing period of "Romantic" writers had its origins
at the height of neoclassicism in the visual arts, about 1800.
In France, the hallmark of neoclassicism is the theater of Jean Racine, with his
balanced lines of verse, restraint in emotion, refinement in diction, without
excesses, his artistic consistency, so that the tragic tone was not offset by
moments of realism or humor (as in Shakespeare), and his formal adherence to the
"classical unities" extracted from Aristotle's Poetics.
In 1786, the German literary master Goethe ended his proto-Romantic Sturm und
Drang period with his trip to Italy (recounted in his 1817 work, Italienische
Reise). Afterwards, he and colleague Schiller emulated the themes and
sensibility of Greek tragedy in works like Iphigenia auf Tauris (Iphigenia at
Tauris), Römische Elegien (Roman Elegies), and Faust. Neo-Classical themes also
dominated the work of German poet Hölderlin.