La
falsa dicotomía: Bellas Artes y Artes Aplicadas
La experiencia visual humana
es fundamental en el aprendizaje para comprender el entorno y reaccionar ante
él; la información visual es el registro más antiguo de la historia humana. Las
pinturas rupestres constituyen el reportaje más antiguo que se ha conservado
sobre el mundo tal como lo vieron los hombres de hace 30.000 años.
Ambos hechos ponen de manifiesto la necesidad de enfocar de una manera nueva la
función no sólo del proceso sino también del visualizador en la sociedad. El
mayor escollo para este esfuerzo es la clasificación de las artes visuales en
artes aplicadas y bellas artes. En cualquier momento de la historia su
definición cambia y se altera pese a lo cual hay dos factores constantes de
diferenciación: la utilidad y la estética.
La utilidad designa el diseño y la fabricación de objetos, materiales y
demostraciones que responden a necesidades básicas.
Desde las culturas primitivas hasta la tecnología de fabricación altamente
desarrollada de nuestros días. Pasando por las culturas antiguas y
contemporáneas, las necesidades básicas del hombre han cambiado poco. El hombre
necesita comer; y para hacerlo necesita herramientas para cazar y matar, para
cultivar y cortar; necesita recipientes para cocinar y utensilios con los que
comer. Necesita proteger su cuerpo vulnerable de los cambios de clima y los
entornos traicioneros; y para ello precisa herramientas con las que coser,
cortar y tejer. Necesita permanecer caliente y seco y protegerse de los
depredadores, por lo que debe construir un hábitat. Las sutilezas de la
preferencia cultural o la localización geográfica tienen poca influencia sobre
estas necesidades; únicamente la interpretación y la variación marcan el
producto en lo relativo a la expresión creativa. Como representante de un
momento o un lugar concretos. En este campo del diseño y la fabricación para
satisfacer las sencillas necesidades de la vida. Se supone que todo miembro de
la comunidad no sólo puede aprender a producir sino que también puede, mediante
el diseño y la decoración. Dar una expresión individual y única a su trabajo.
Ahora bien, esta autoexpresión viene gobernada en primer lugar por el proceso de
aprendizaje del oficio y en segundo lugar
por las exigencias de la funcionalidad. Lo importante es que el aprendizaje sea
esencial y aceptado. La posibilidad de que un miembro de la comunidad aporte
innovaciones en numerosos niveles de la expresión visual trasluce una especie de
implicación y participación que se ha marchitado en el mundo moderno, proceso
que se ha visto acelerado por numerosos factores entre los cuales hay que
destacar el concepto contemporáneo de «bellas artes».
La diferencia más mencionada entre lo utilitario y lo puramente artístico es el
grado de motivación hacia la producción de lo bello. Este es el reino de la
estética. La indagación de la naturaleza de la perfección sensorial, la
experiencia de la belleza y posiblemente de la belleza artística. Pero las
finalidades de las artes visuales son muchas. Sócrates plantea la cuestión de si
las experiencias estéticas tienen un valor intrínseco o hay que valorarlas o
despreciarlas por su estímulo de lo provechoso y lo bueno, -.La experiencia de
la belleza no permite ningún tipo de conocimiento, histórico, científico o
filosófico -dice Emmanuel Kant-. Se la llama verdadera porque nos hace más
conscientes de nuestra actividad mental.- Cuando abordan el problema, los
filósofos concuerdan en que el arte tiene un tema, unas emociones, unas pasiones
y unos sentimientos. Dentro de la amplia gama de las diversas artes visuales, el
tema, sea religioso, social o doméstico, cambia con la intención y sólo presenta
siempre la capacidad de comunicar algo concreto o algo abstracto. Como dice
Henri Bergson, "el arte es sólo una visión más directa de la realidad-. En otras
palabras, incluso a este elevado nivel de evaluación, las artes visuales tienen
cierta función o utilidad. Es fácil trazar un diagrama para situar diversos
formatos visuales en relación con estos extremos. La figura 1.1 presenta una
manera de expresar las actitudes evaluativas contemporáneas.

Tal diagrama presentaría un aspecto bastante
distinto si representase otra cultura, por ejemplo, la prerrenacentista (1.2) o
el

punto de vista Bauhaus, según
el cual todas las artes, aplicadas o bellas, se concentrarían en un solo punto
del espectro. (1.3)

Mucho antes que la Bauhaus,
William Morris y los prerrafaelistas habían mostrado inclinaciones en la misma
dirección. "El arte es uno -decía Ruskin, portavoz del grupo y cualquier
distinción entre bellas artes y artes aplicadas es destructiva y artificial.»
Los prerrafaelistas añadían a su tesis una distinción que los alejaba totalmente
de la filosofía posterior de la Bauhaus, pues rechazaban el trabajo de la
máquina. Lo hecho a mano era, en su opinión, bello y, aunque abrazaban la causa
de compartir el arte con todos, volvían la espalda a las posibilidades de la
producción en masa, lo cual constituía una negativa evidente de los propósitos
que decían perseguir.
En su vuelta al pasado para
renovar el interés por una artesanía orgullosa y cuidada, el movimiento Arts and
Crafts, dirigido por Morris, afirmaba la imposibilidad de producir arte sin
artesanía, hecho que suele olvidarse al establecer esa dicotomía tan en boga
entre las bellas artes y las artes aplicadas. Durante el Renacimiento, el
artista aprendía su oficio partiendo de tareas sencillas y compartiendo, a pesar
de su categoría social, ese oficio o gremio con el auténtico artesano. Esto
permitía un sistema de aprendizaje más firme y, lo que era más importante, una
menor especialización. Había una interacción libre entre el artista y el
artesano y cada uno de ellos podía participar en todas las etapas del trabajo,
no existiendo entre uno y otro más barrera que su
grado de habilidad. Pero la moda cambia al pasar el tiempo. Lo que se denomina
"arte» puede cambiar con tanta rapidez como la gente que emplea esa etiqueta. "
Un coro de aleluyas " -dice Carl Sandburg en su poema- "EI pueblo, Sí", "siempre
cambiando su solista».
La visión contemporánea de las artes visuales ha avanzado más allá de la simple
polaridad entre artes "bellas» y "aplicadas» llegando hasta las cuestiones de la
expresión subjetiva y la función objetiva, y una vez más tiende a la asociación
de la interpretación individual con la expresión creativa perteneciente a las
"bellas artes.. y la respuesta a la finalidad y el uso pertenecientes a las
"artes aplicadas... Un pintor de lienzo que trabaje para sí mismo sin comisión,
se complace ante todo en su obra sin preocuparse del mercado y, por tanto, es
casi absolutamente subjetivo. Un artesano que da forma a una pieza de cerámica
puede parecernos igualmente subjetivo. Da a su obra la forma y el tamaño que le
place, pese a lo cual tiene una preocupación práctica:
¿ese diseño que tanto le agrada es capaz además de ser un buen recipiente para
el agua? Esta modificación de la utilidad impone al diseñador cierto grado de
objetividad que no es tan inmediatamente necesario o tan aparente en el trabajo
del pintor de lienzos. El aforismo del arquitecto norteamericano Sullivan, la
forma sigue a la función, viene ilustrado dinámicamente por el diseñador de
aviones cuyas preferencias personales están muy limitadas por el hecho de que
las formas a montar, sus proporciones y sus materiales tienen que volar
realmente. La forma del producto final está dada por su actuación ulterior.
Pero en los problemas más
sutiles de diseño hay muchos productos que pueden reflejar los gustos subjetivos
del diseñador y acomodarse además a la función. El diseñador no es el único que
ha de enfrentarse a este problema de llegar aun compromiso con las cuestiones
del gusto personal.
Muchas veces un artista o un escultor tiene que modificar su obra porque ha
recibido ese encargo de un cliente que sabe muy bien lo que quiere. Las largas
disputas de Miguel Ángel por los encargos que recibió de dos papas son el
ejemplo más vivo e ilustrativo de los problemas con que tropieza un artista a la
hora de controlar sus ideas subjetivas para agradar al patrón. y sin embargo,
nadie se atrevería hoya afirmar que
el Juicio final o el David son obras comerciales. Los frescos de Miguel Ángel
para el techo de la Capilla Sixtina demuestran claramente la debilidad de esta
falsa dicotomía.
El papa, como representante de las necesidades de la Iglesia, influyó en las
ideas de Miguel Ángel que también resultaron modificadas por la finalidad
directa del mural. Se trataba de una explicación visual de la Creación para un
público mayoritariamente analfabeto y, por tanto, incapaz de leer la historia
bíblica o, si la sabía leer, incapaz de imaginar el dramatismo de la historia de
una manera tan palpable. El mural muestra un equilibrio entre las aproximaciones
subjetiva y objetiva del artista, y un equilibrio comparable entre la pura
expresión artística y la utilidad del propósito. Este delicado equilibrio es
extraordinariamente raro en las artes visuales, pero cuando se produce nos
asombra por su precisión. Nadie podría discutirle a este mural que es «bella
arte»
auténtica, y sin embargo tiene un fin y una utilidad que contradicen la
definición de esa pretendida diferencia entre bellas artes y artes aplicadas:
las "aplicadas" deben ser funcionales y las "bellas" carecer de utilidad. Esta
actitud esnob influye en muchos artistas a ambos lados de la valla y crea un
ambiente de alienación y confusión. Aunque parezca extraño, se trata de un
fenómeno bastante reciente. La idea de «obra de arte» es moderna y se apoya en
el concepto de museo como reserva definitiva de lo bello. Cierto público,
entusiásticamente interesado en arrodillarse ante el altar de la belleza que hay
en el museo, se acerca a él sin que le afecte un entorno increíblemente feo.
Esta actitud aparta al arte de la corriente principal, le confiere la aureola de
ser especial y delicado lo reserva para una élite y de esta manera niega la
influencia que ejercemos sobre él a través de nuestras vidas y nuestro mundo.
Si aceptamos ese punto de vista renunciamos a una parte muy valiosa de nuestro
potencial humano. No sólo nos convertimos en consumidores carentes de criterios
profundos, sino que negamos la importancia esencial de la comunicación visual,
tanto para la historia como para nuestras propias vidas.
El impacto de
la fotografía
El último bastión de la
exclusividad del "artista"es una habilidad especial: la capacidad de dibujar, de
reproducir el entorno tal como aparece. La cámara, en todas sus formas, ha
acabado con ello. Constituye el eslabón final entre la capacidad innata de ver y
la capacidad extrínseca de registrar, interpretar y expresar lo que vemos sin
necesidad de tener una habilidad especial o un prolongado adiestramiento para
efectuar el proceso.
Hay pocas dudas de que el estilo de vida contemporáneo está profundamente
influido por los cambios que en él ha introducido la fotografía. En el impreso,
el lenguaje es el elemento primordial y los factores visuales, como el marco
físico, el formato y la ilustración, son secundarios. En los medios modernos
ocurre justamente lo contrario. Predomina lo visual; y lo verbal viene dado por
añadidura. El impreso no ha muerto ni seguramente morirá jamás, pero, con todo,
nuestra cultura, dominada por el lenguaje, se ha desplazado perceptiblemente
hacia lo icónico. La mayor parte de lo que sabemos y aprendemos, compramos y
creemos, identificamos y deseamos, viene determinado por el predominio de la
fotografía sobre la psiquis humana. Y este fenómeno se intensificará aún más en
el futuro. El aumento de influencia de la fotografía en sus numerosas variantes
y permutaciones constituye un retorno a la importancia de nuestros ojos en la
vida. Arthur Koestler, en su libro The Act of Creation, observa: "El
pensamiento en imágenes domina las manifestaciones del inconsciente, el sueño,
el semisueño hipnogógico, las alucinaciones psicóticas, la visión del artista.
(El profeta visionario parece haber sido un visualizador y no un verbalizador;
el mayor cumplido que podemos hacer a los que muestran una gran fluidez verbal
es llamarles pensadores visionarios)". Al ver, hacemos muchas cosas más:
experimentamos lo que está ocurriendo de una manera directa; descubrimos algo
que nunca habíamos percibido o posiblemente ni siquiera mirado; nos hacemos
conscientes, a través de una serie de experiencias visuales, de algo que
eventualmente Ilegamos a reconocer y saber; contemplamos cambios mediante la
observación paciente. Tanto la palabra como el proceso de la vista han llegado a
tener implicaciones mucho más amplias. Ver ha llegado a significar comprender.
La persona acostumbrada a entender las cosas sólo cuando las "ve", tiene
seguramente una comprensión mucho más profunda de ese algo que si se le hubiese
hablado de ello. Aquí las implicaciones son más importantes para la alfabetidad
visual. Expandir nuestra capacidad de ver significa expandir nuestra capacidad
de comprender un mensaje visual y, lo que es aún más importante, de elaborar un
mensaje visual. La visión incluye algo más que el hecho físico de ver o de que
se nos muestre algo. Es parte integrante del proceso de comunicación que engloba
todas las consideraciones de las bellas artes, las artes aplicadas, la expresión
subjetiva y la respuesta aun propósito funcional.
Conocimiento
visual y lenguaje verbal
Visualizar es la capacidad de
formar imágenes mentales. Recordamos un camino a través de las calles de la
ciudad hacia cierto destino, y seguimos mentalmente una ruta desde un lugar a
otro, contrastando claves visuales, rechazando, volviendo atrás y haciendo todo
ello antes de que procedamos realmente al viaje. Todo ello en nuestra mente.
Pero de manera aún más misteriosa y mágica vemos, creamos la visión de cosas que
nunca hemos visto físicamente. Esa visión o previsualización va íntimamente
ligada al salto creador, al síndrome de Eureka, como medio primario de resolver
los problemas. Es este mismo proceso de darle vueltas a imágenes mentales en
nuestra imaginación el que nos lleva muchas veces al punto de ruptura ya la
solución. Koestler, en The Act of Creation, lo ve de este modo: "El pensamiento
en conceptos emergió del pensamiento en imágenes a través del lento desarrollo
de los poderes de abstracción y simbolización, de la misma manera que la
escritura fonética emergió, por procesos similares, de los símbolos pictóricos y
los jeroglíficos.» De esta progresión podemos sacar una gran lección para la
comunicación. La evolución del lenguaje comenzó con imágenes, progresó a los
pictógrafos o viñetas autoexplicativas, pasó a las unidades fonéticas y
finalmente al alfabeto, que R. L. Gregory llama acertadamente, en The
Intelligent Eye, " la matemática del significado". Cada nuevo paso adelante fue,
sin duda, un progreso hacia una comunicación más eficiente. Pero hoy son
numerosos los indicios de un retorno de este proceso hacia la imagen, inspirado
nuevamente en la búsqueda de una mayor eficiencia. La cuestión fundamental es la
alfabetidad y lo que significa en el contexto del lenguaje, así como qué
analogías pueden establecerse con el lenguaje y aplicarse a la información
visual. El lenguaje ha ocupado una posición única en el aprendizaje humano. Ha
funcionado como medio de almacenamiento y transmisión de la información, como
vehículo para el intercambio de ideas y como medio para que la mente humana
pudiera conceptualizar. Logos, palabra griega que designa el lenguaje, comporta
también el significado colateral de pensamiento y razón en la palabra inglesa
derivada de ella, logic. Las implicaciones son bastante obvias; se considera el
lenguaje como un medio de llegar a una forma de pensamiento superior a los modos
visual y táctil. Pero es preciso someter esta hipótesis a determinados
interrogantes ya ciertas investigaciones. En primer lugar, el lenguaje y la
alfabetidad verbal no son la misma cosa. Ser capaz de hablar un lenguaje es muy
distinto de alcanzar la alfabetidad a través de la lectura y la escritura,
aunque podamos aprender a entender y usar el lenguaje en ambos niveles
operativos. Sólo el lenguaje hablado evoluciona espontáneamente. Los trabajos
lingüísticos de Noam Chomsky indican que la estructura profunda del lenguaje es
biológicamente innata. La alfabetidad verbal, el leer y el escribir, ha de
aprenderse, en cambio, mediante un proceso escalonado. Primero aprendemos un
sistema de símbolos, formas abstractas que representan determinados sonidos.
Esos símbolos son nuestro A B C, el alta y beta del lenguaje griego que ha dado
nombre a todo el grupo de sonidos-símbolos o letras, el alfabeto. Aprendemos
nuestro alfabeto letra a letra, y después aprendemos las combinaciones de letras
y sus sonidos, a lo cual llamamos palabras, que son los representantes o
sustitutos de las cosas, las ideas y las acciones. Conocer el significado de las
palabras es conocer las definiciones comunes que comparten. El paso final para
lograr la alfabetidad verbal implica el aprendizaje de una sintaxis común que
establezca límites constructivos acordes con los usos aceptados. Estos son los
rudimentos, los elementos irreductiblemente básicos del lenguaje. Cuando los
dominamos, nos es posible leer y escribir, expresar y comprender la información
escrita. Esta es una descripción muy sumaria. Pero está claro que incluso en su
forma más simple, la alfabetidad verbal constituya una estructura dotada de
planos técnicos y definiciones basadas en un consenso que, comparativamente,
hace que la comunicación visual resulte casi totalmente carente de organización.
Pero esto es sólo apariencia.
Alfabetividad
visual
El mayor peligro que puede
presentarse en el desarrollo de una aproximación a la alfabetidad visual es
intentar sobre definirla. La existencia del lenguaje, modo de comunicación que
tiene una estructura comparativamente muy bien organizada, ejerce sin duda una
fuerte presión sobre todos los que se ocupan de la idea misma de la alfabetidad
visual. Si un medio de comunicación es tan fálcil de descomponer en elementos y
estructuras ¿por qué no va a serlo el otro? Todos los sistemas de símbolos son
invención del hombre. Y los sistemas de símbolos que denominamos lenguaje son
invenciones o refinamientos de lo que en otro tiempo fueron percepciones del
objeto dentro de una mentalidad basada en la imagen. De ahí que haya tantos
sistemas de símbolos y tantos lenguajes, unos emparentados entre sí por su
procedencia de una raíz común, y otros totalmente irrelacionados. Por ejemplo,
los números son substitutos en un sistema único de información, y lo mismo
ocurre con las notas musicales. En estos dos casos, la facilidad para aprender
la información codificada se basa en la síntesis original del sistema. Se
adscriben significados y se dota a cada sistema con sus reglas sintácticas
básicas. Hay mas de 3.000 lenguas, independientes y distintas, que se usan hoy
en el mundo. La universalidad del lenguaje de la visión es comparativamente tan
superior que parece realmente rentable superar la dificultad que pueda suponer
su complejidad. Los lenguajes son conjuntos lógicos. Pero ninguna sencillez de
este tipo puede adscribirse a la comprensión visual, y los que hemos intentado
establecer una analogía con el lenguaje conocemos muy bien la futilidad de este
intento.
Pero el uso de la palabra "alfabetidad" en conjunción con la palabra «visual»
tiene una enorme importancia. La vista es natural; hacer y comprender mensajes
visuales es natural también hasta cierto punto, pero la efectividad en ambos
niveles sólo puede lograrse mediante el estudio. Si pretendemos la alfabetidad
visual, hemos de identificar claramente y evitar un problema. En la alfabetidad
verbal se espera que las personas educadas sean capaces de leer y escribir mucho
antes de que se pueda aplicar valorativamente palabras como «creativo». La
escritura no tiene por que ser brillante. La prosa clara y comprensible, de
ortografía correcta y de sintaxis normal, es suficiente. La alfabetidad verbal
puede lograrse a un nivel simple de realización y comprensión de mensajes
escritos. Podemos calificarla de instrumento. Saber leer y escribir, por la
misma naturaleza de su función, no exige implicativamente la necesidad de una
expresión más elevada, la producción de novelas o poesía. Aceptamos que la
alfabetidad verbal es operativa a muchos niveles, desde mensajes simples a
formas artísticas cada vez más complejas. En parte a causa de la separación
dentro de lo visual entre arte y artesanía, y en parte a causa de las
limitaciones del talento para dibujar, mucha comunicación visual se ha dejado en
manos de la intuición y el azar. Como no se ha hecho ningún intento para
analizarla o definirla en términos de estructura del modo visual, no se ha
obtenido ningún método de aplicación. En realidad, en este campo los sistemas
educativos evolucionan con lentitud monolítica, y todavía persiste en ellos un
énfasis en el modo verbal con exclusión del resto de las sensibilidades humanas
y prestando muy poca atención, si es que se presta alguna, al carácter
aplastantemente visual de la experiencia de aprendizaje del niño. Incluso la
utilización de métodos visuales en la enseñanza carece de rigor y de fines
claros. En muchos casos se bombardea a los estudiantes con ayudas visuales
(diapositivas, películas, artificios audiovisuales, etc.) pero esta presentación
refuerza su experiencia pasiva como consumidores de televisión. Los materiales
comunicativos que se producen y usan con fines pedagógicos suelen carecer de
criterios para evaluar e interpretar los efectos que se producen. El consumidor
de la mayor parte de la producción de los medios educativos no es capaz de
detectar, por emplear una analogía con la alfabetidad verbal, el equivalente a
una falta de ortografía, a una frase incorrectamente formulada, a un tema mal
estructurado. Lo mismo suele ocurrir con la experiencia de los medios
«manuales». Las únicas guías para el uso de cámaras en la elaboración de
mensajes inteligentes proceden de tradiciones literarias y no de la estructura e
integridad del modo visual mismo. Una de las tragedias del potencial abrumador
de la alfabetidad visual a todos los niveles de la educación es la función
irreflexiva que cumplen las artes visuales en los programas de estudio, y la
situación parecida que se da en el uso de los medios de comunicación, las
cámaras, el cine o la televisión. ¿Por qué hemos heredado en las artes visuales
una devoción inconfesada por el no intelectualismo? El examen de los sistemas de
educación revela que el desarrollo de métodos constructivos de aprendizaje
visual es ignorado, salvo por aquellos estudiantes especialmente interesados y
dotados. El enjuiciamiento de lo que es factible, apropiado, o efectivo en la
comunicación visual se ha abandonado en favor de definiciones amorfas del gusto
o de la evaluación subjetiva y autor reflexiva del emisor y el receptor sin
apenas intentar comprender, al menos, algunos niveles prescritos de lo que
llamamos alfabetidad en el modo verbal. Probablemente, esto no se debe tanto a
un prejuicio como a la firme convicción de que es imposible el empleo de
cualquier metodología o cualquier medio para alcanzar la alfabetidad visual. Sin
embargo, la demanda de medios de estudio ha desbordado la capacidad de nuestras
escuelas y facultades. Frente al desafío de la alfabetidad visual no podemos
seguir encogiéndonos de hombros durante mucho tiempo. ¿Cómo hemos llegado a este
punto muerto? Entre todos, los medios de comunicación humana, el visual es el
único que no tiene régimen ni metodología, ni un solo sistema con criterios
explícitos para su expresión o su comprensión. ¿Por qué nos esquiva así la
alfabetidad visual, cuando la deseamos y necesitamos tanto? Evidentemente hay
que desarrollar una nueva aproximación para resolver este dilema.
Una
aproximación a la alfabetividad visual
Sabemos mucho de los sentidos
humanos y particularmente de la vista. No todo, pero sí mucho. También tenemos
numerosos sistemas de trabajo para el estudio y el análisis de los componentes
de los mensajes visuales. Desgraciadamente, todo esto no se ha integrado en un
conjunto que constituya una forma variable. La clasificación y el análisis puede
ser realmente revelador de lo que siempre ha estado ahí, el comienzo de una
aproximación manejable a la alfabetidad visual universal.
Hemos de buscar la alfabetidad visual en muchos lugares y de muchas maneras, en
los métodos de adiestramiento de los artistas, en las técnicas de formación de
artesanos, en la teoría psicológica, en la naturaleza y en el funcionamiento
fisiológico del propio organismo humano.
Existe una sintaxis visual. Existen lineas generales para la construcción de
composiciones. Existen elementos básicos que pueden aprender y comprender todos
los estudiantes de los medios audiovisuales, sean artistas o no, y que son
susceptibles, junto con técnicas manipuladoras, de utilizarse para crear claros
mensajes visuales. El conocimiento de todos estos factores puede llevar a una
comprensión más clara de los mensajes visuales. Captamos la información visual
de muchas maneras. Las fuerzas, perceptivas y kinestésicas, de naturaleza
fisiológica, son vitales para el proceso visual. Nuestra manera de permanecer de
pie, de movernos, de mantener nuestro equilibrio y de protegernos, así como de
reaccionar a la luz, la oscuridad o los movimientos bruscos son factores
importantes para nuestro modo de recibir e interpretar los mensajes visuales.
Todas estas respuestas son naturales y actúan sin esfuerzo; no tenemos que
estudiarlas ni aprender a darlas. Pero están influidas y posiblemente
modificadas por estados psicológicos del ánimo, por condicionamientos culturales
y finalmente por las expectativas ambientales. El cómo vemos el mundo afecta
casi siempre a lo que vemos. Después de todo, el proceso es muy individual en
cada uno de nosotros.
El control de la mente viene frecuentemente programado por las costumbres
sociales. De la misma manera que ciertos grupos culturales comen cosas que
repugnarían a otros, tenemos preferencias visuales profundamente arraigadas en
nosotros. El individuo que crece en el moderno mundo occidental está
predispuesto a aceptar las técnicas de la perspectiva que presentan un mundo
sintético y tridimensional mediante la pintura y la fotografía, medios que en
realidad son planos y bidimensionales. Un aborigen tiene que aprender a
descodificar la representación sintética de la dimensión que se da mediante la
perspectiva en una fotografía. Tiene que aprender la convención; no puede verla
espontáneamente. El entorno ejerce también un control profundo sobre nuestra
manera de ver. El habitante de las montañas, por ejemplo, ha de reorientar a su
modo de ver cuando se encuentra en un llano liso e inacabable. El arte de los
esquimales constituye el mejor ejemplo de esto. Tras experimentar tan
intensamente el indiferenciado blanco de la nieve y el luminoso cielo de su
entorno, que provoca una difuminación del horizonte como referencia, el artista
esquimal se toma unas grandes libertades con los elementos verticales, tanto
ascendentes como descendentes. A pesar de estas modificaciones, existe un
sistema visual perceptivo básico que todos los seres humanos compartimos; pero
este sistema está sometido a variaciones que se refieren a temas estructurales
básicos. La característica dominante de la sintaxis visual es su complejidad.
Pero la complejidad no impide la definición. Una cosa es cierta. La alfabetidad
visual nunca podrá ser un sistema lógico tan neto como el del lenguaje. Los
lenguajes son sistemas construidos por el hombre para codificar, almacenar y
descodificar informaciones. Por tanto, su estructura tiene una lógica que la
alfabetidad visual es incapaz de alcanzar.
Algunas
características de los mensajes visuales
Es perfectamente comprensible la
propensión a conectar la estructura verbal con la visual. Una de las razones es
natural. Los datos visuales presentan tres niveles distintivos e individuales:
el input visual que consiste en una miríada de sistemas de símbolos; el material
visual representacional que reconocemos en el entorno y que es posible
reproducir en el dibujo. La pintura. la escultura y el cine; y la
infraestructura abstracta, o forma de todo lo que vemos. Ya sea natural o esté
compuesto por efectos intencionados. Existe un vasto mundo de símbolos que
identifican acciones u organizaciones. Estados de ánimo. direcciones; símbolos
que van desde los de gran riqueza en detalles representacionales a los
completamente abstractos y por tanto irrelacionados con la información
reconocible de modo que deben ser aprendidos de la misma manera que nosotros
aprendemos el lenguaje. El hombre ha avanzado dando los penosos y lentos pasos
de poner en forma preservable los acontecimientos y gestos familiares de su
experiencia. y de este proceso ha nacido el lenguaje escrito. Al principio las
palabras se representaban mediante imágenes y cuando esto no era factible se
inventaba un símbolo. Después, en un lenguaje escrito ya muy desarrollado. Se
abandonaron las imágenes y se representaron los sonidos mediante símbolos. Al
contrario que las imágenes. La reproducción de los símbolos requiere una muy
escasa habilidad especial. La alfabetidad es infinitamente más accesible para la
mayoría con un lenguaje basado en símbolos sonoros precisamente porque es mucho
más simple. El inglés tiene un alfabeto que consta sólo de 26 símbolos. Sin
embargo, los lenguajes que nunca superaron la etapa pictográfica, como el chino,
donde los símbolos de palabra-imagen o ideogramas se cuentan por miles, plantean
graves problemas para la alfabetización en masa. La misma palabra designa en
chino (caligrafía) la escritura y el dibujo de imágenes. Esto indica la
necesidad de cierta habilidad visual especial para escribir chino. Pero los
pictógrafos no son imágenes. R. L. Gregory los llama, en The lntelligent Eye. «cartoons
of cartoons» (viñetas de viñetas). Sin embargo, incluso cuando existen como
componente principal del modo visual, los símbolos funcionan de diferente manera
que en el lenguaje y, de hecho, por comprensible y hasta tentador que pueda
resultar, el intento de encontrar unos criterios para la alfabetidad visual en
la estructura del lenguaje sencillamente no tiene éxito. Sin embargo, los
símbolos, como fuerza dentro de la alfabetidad visual, tienen una importancia y
una viabilidad muy grandes.
Encontramos la misma utilidad para componer materiales y mensajes visuales en
los otros dos niveles de la inteligencia visual. Saber cómo funcionan en el
proceso de la visión y cómo se los entiende puede contribuir considerablemente a
la comprensión de sus aplicaciones a la comunicación. El nivel representacional
de la inteligencia visual está gobernado intensamente por la experiencia directa
que va más allá de la percepción. Aprendemos acerca de cosas que no podemos
experimentar directamente, gracias a los medios visuales, a las demostraciones,
a los ejemplos en forma de modelo. Aunque una descripción verbal puede ser una
explicación extremadamente efectiva, el carácter de los medios visuales se
diferencia mucho del lenguaje, particularmente por su naturaleza directa. No hay
que emplear ningún sistema codificado para facilitar la comprensión ni ésta ha
de esperar a descodificación alguna. Ver un proceso basta a veces para
comprender su funcionamiento. Ver un objeto proporciona en ocasiones un
conocimiento suficiente para evaluarlo y comprenderlo. Este carácter de la
observación no sólo sirve como artificio que nos capacita para aprender sino
también como nuestro vínculo más estrecho con la realidad de nuestro entorno.
Confiamos en nuestros ojos y dependemos de ellos. El último nivel de
inteligencia visual es posiblemente el más difícil de describir y quizá sea, en
último término, el más importante para el desarrollo de la alfabetidad visual.
Nos referimos a la infraestructura, a la composición elemental abstracta y, por
tanto, al mensaje visual puro. Anton Ehrenzweig ha desarrollado una teoría del
arte que está basada en un proceso primario de desarrollo y visión: el nivel
consciente y un nivel secundario preconsciente. Elabora esta clasificación de
los niveles estructurales del modo visual asociando el término de Piaget, «sincretístico»,
para la visión infantil del mundo a través del arte con el concepto de la
indiferenciación. Según Ehrenzweig, el niño es capaz de ver todo el conjunto con
una visión «global». En su opinión, este talento nunca se destruye en el adulto
y puede emplearse como una «potente herramienta». Otro modo de analizar este
sistema dúplex de la vista es reconocer que todo lo que vemos y diseñamos está
compuesto de elementos visuales básicos, que constituyen la fuerza visual
esquelética, crucial para el significado y muy poderosa en lo relativo a la
respuesta. Es parte integrante de todo lo que vemos, con independencia de que su
naturaleza sea real o abstracta. Es la energía visual pura, desguarnecida.
Bastantes disciplinas han abordado el problema de la procedencia del significado
en las artes visuales. Artistas, historiadores del arte, filósofos y
especialistas de diversos campos de las ciencias humanas y sociales han
explorado durante largo tiempo cómo y qué "comunican" las artes visuales. En mi
opinión, los psicólogos Gestalt han realizado algunos de los trabajos más
interesantes en este campo, trabajos cuyo mayor interés reside en los principios
de la organización perceptiva, del proceso de constitución de todos a partir de
partes.
El punto de vista subyacente de la psicología Gestalt, tal como la define von
Ehrehfels, afirma que «si tenemos doce observadores y cada uno de ellos escucha
uno de los doce tonos de una melodía, la suma de sus experiencias no
correspondería a lo que se percibiría si alguien escuchase la melodía entera».
Rudolf Arnheim ha hecho brillantes trabajos aplicando buena parte de la teoría
Gestalt, desarrollada por Wertheimer, Kohler y Koffka, a la interpretación de
las artes visuales. No se limita a estudiar el funcionamiento de la percepción
sino que investiga también la calidad de las unidades visuales individuales y
las estrategias de su unión en un todo final y completo. En todos los estímulos
visuales y a todos los niveles de inteligencia visual, el significado no sólo
recibe en los datos representacionales, en la información ambiental o en los
símbolos incluido el lenguaje, sino también en las fuerzas compositivas que
existen o coexisten con la declaración visual fáctica. Cualquier acontecimiento
visual es una forma con contenido, pero el contenido está intensamente influido
por la significancia de las partes constituyentes, como el color, el tono, la
textura, la dimensión, la proporción y sus relaciones compositivas con el
significado. En Symbols and Civilization, Ralph Ross sólo habla de «arte» cuando
observa que «produce una experiencia del tipo de las que llamamos estéticas, la
experiencia que la mayoría de nosotros tiene en presencia de la belleza y que
produce profundas satisfacciones. Durante siglos, los filósofos se han sentido
intrigados ante la causa exacta de esas satisfacciones, pero parece claro que
dependen de alguna manera de las cualidades y la organización de una obra de
arte incluidos sus significados, pero no solamente de esos significados
considerados aisladamente». Los términos como significado, experiencia, estética
o belleza confluyen en el mismo punto de interés: qué sacamos nosotros de la
experiencia visual y cómo. Esto abarca toda la experiencia visual a cualquier
nivel y de cualquier manera.
Para empezar a responder a estas preguntas es preciso examinar los distintos
componentes del proceso visual en su forma más simple. La caja de herramientas
de todas las comunicaciones visuales son los elementos básicos, la fuente
compositiva de cualquier clase de materiales y mensajes visuales, o de cualquier
clase de objetos y experiencias: el punto, o unidad visual mínima, señalizador y
marcador del espacio; la línea, articulante fluido e infatigable de la forma, ya
sea en la flexibilidad del objeto o en la rigidez del plano técnico; el
contorno, los contornos básicos como el círculo, el cuadrado, el triángulo y sus
infinitas variantes, combinaciones y permutaciones dimensionales y planas; la
dirección, canalizadora del movimiento que incorpora y refleja el carácter de
los contornos básicos, la circular, la diagonal y la perpendicular; el tono,
presencia o ausencia de luz, gracias al cual vemos; el color, coordenada del
tono con la añadidura del componente cromático, elemento visual más emotivo y
expresivo; la textura, óptica o táctil, carácter superficial de los materiales
visuales; la escala o proporción. tamaño relativo y medición; la dimensión y el
movimiento, tan frecuentemente involucrados en la expresión. Estos son los
elementos visuales que constituyen la materia prima en todos los niveles de
inteligencia visual ya partir de los cuales se proyectan y expresan todas las
variedades de declaraciones visuales, de objetos, entornos y experiencias. Las
técnicas de la comunicación visual manipulan los elementos visuales con un
énfasis cambiante, como respuesta directa al carácter de lo que se diseña y dela
finalidad del mensaje. La técnica visual más dinámica es el contraste, que se
contrapone a la técnica opuesta, la armonía. No debe pensarse que estas técnicas
sólo se aplican en los extremos pues, muy al contrario, su uso se extiende en
sutil gradación a todos los puntos del espectro comprendido entre ambos polos, a
la manera de todos los posibles tonos de gris existentes entre el blanco y el
negro. Son muy numerosas las técnicas aplicables para la obtención de soluciones
visuales. Enumeramos a continuación las más usadas y de mayor facilidad de
identificación, disponiéndolas en pares de opuestos:
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Contraste
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Armonía
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Exageración
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Reticencia
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Espontaneidad
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Predictibilidad
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Acento
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Neutralidad
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Asimetría
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Simetría
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Inestabilidad
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Equilibrio
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Fragmentación
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Unidad
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Economía
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Profusión
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Audacia
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Sutileza
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Transparencia
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Opacidad
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Variación
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Coherencia
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Complejidad
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Sencillez
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Distorsión
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Realismo
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Profundo
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Plano
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Agudeza
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Difusión
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Actividad
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Pasividad
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Aleatoriedad
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Secuencialidad
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Irregularidad
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Regularidad
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Yuxtaposición
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Singularidad
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Angularidad
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Redondez
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Representación
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Abstracción
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Verticalidad
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Horizontalidad
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Las técnicas son los agentes del proceso de comunicación visual: el carácter de
una solución visual adquiere forma mediante su energía. Las opciones son vastas
y muchos los formatos y los medios; existen interacciones entre los tres niveles
de la estructura visual. Sin embargo, por abrumador que sea el número de
elecciones abiertas al que ha de resolver un problema visual, las técnicas serán
siempre las que actuarán mejor como conectores entre la intención y el
resultado. Ya la inversa, el conocimiento de la naturaleza de las técnicas
creará una audiencia más perspicaz para cualquier declaración visual. En nuestra
búsqueda de la alfabetidad visual hemos de preocuparnos de cada una de las áreas
de análisis y definición que hemos enumerado: las fuerzas estructurales que
existen funcionalmente, es decir, física y psicológicamente, en la relación
interactiva entre los estímulos visuales y el organismo humano; el carácter de
los elementos visuales; y el poder conformador de las técnicas. Además, las
soluciones visuales deben venir gobernadas a través del estilo, personal y
cultural, por el significado y la postura pretendidos. Finalmente hemos de
considerar el medio mismo, cuyo carácter y cuyas limitaciones regirán los
métodos de solución. En cada paso del estudio se propondrán ejercicios para
ensanchar la comprensión de la naturaleza de la expresión visual. Este proceso
es complejo en todos sus numerosos aspectos. Sin embargo, la complejidad no
tiene por qué ser un obstáculo insalvable para la comprensión del modo visual.
Ciertamente, es más fácil disponer de un juego de definiciones comunes y de
normas para la construcción o la composición, pero no hay que olvidar que la
sencillez tiene también sus aspectos negativos. Cuanto más sencilla es una
fórmula, más limitado es su potencial para la variación y la expresión
creativas. La funcionalidad a tres niveles de la inteligencia visual -realista,
abstracta, simbólica-, lejos de ser negativa, nos ofrece una interacción
armoniosa por muy sincretista que pueda ser . Cuando vemos, hacemos muchas cosas
a la vez. Vemos periféricamente un campo enorme, vemos mediante un movimiento de
arriba a abajo y de izquierda a derecha. Imponemos a lo que aislamos en nuestro
campo de visión, no solamente ejes implícitos para ajustar el equilibrio, sino
también un mapa estructural para representar y medir la acción de esas fuerzas
compositivas que son tan vitales para el contenido y, por tanto, para el input y
el output del mensaje. Todo esto ocurre al tiempo que descodificamos muchas
clases de símbolos. Se trata de un proceso multidimensional cuya característica
más notable es su simultaneidad. Toda función está ligada al proceso, a la
circunstancia, pues la vista no sólo nos ofrece opciones metodológicas para la
obtención de información sino también opciones que coexisten, están disponibles
y son operativas en el mismo momento. Los resultados son asombrosos por muy
predispuestos que podamos estar a darlos por supuestos. La inteligencia visual
capta a la velocidad de la luz numerosas unidades básicas de información o bits,
sirviendo simultáneamente de dinámico canal a la comunicación y de ayuda a la
educación, ayuda mal reconocida. ¿Es ésta la razón de que en apariencia se
aprenda mejor lo visualmente activo? Gattegno lo ha expuesto magistralmente en
Towards a Visual Culture: «Durante milenios, el hombre ha funcionado como veedor
y ha abarcado la vastedad. Pero hasta hace muy poco, mediante la televisión (y
el cine y la fotografía, los medios modernos), no ha sido capaz de pasar de la
tosquedad del habla (por muy milagrosa y de largo alcance que ésta sea) como
medio de expresión visual, capacitándose así para compartir con todos los
inmensos conjuntos dinámicos en un instante.» No existe ningún procedimiento
fácil para desarrollar la alfabetidad visual, pero ésta es tan importante para
la enseñanza de los modernos medios como lo fueron la lectura y la escritura
para la imprenta. De hecho puede ser el componente crucial de todos los canales
de comunicación, ahora y en el futuro. Mientras la información se almacenó y
distribuyó fundamentalmente en el lenguaje y la sociedad consideró al artista
como el único individuo capaz de comunicarse visualmente, la alfabetidad verbal
universal se convirtió en esencial y la inteligencia visual ignorada en gran
parte. La invención de la cámara ha provocado el nacimiento espectacular de una
nueva visión de la comunicación y colateral mente de la educación. La cámara, el
cine, la televisión, los videocasettes y los medios visuales que todavía no
están en uso, modificarán nuestra definición, no sólo de la educación, sino de
la inteligencia misma. En primer lugar, se impone una revisión de nuestras
capacidades visuales básicas. En segundo lugar, la necesidad de proseguir y
desarrollar un sistema estructural y una metodología para la enseñanza y el
aprendizaje del modo de expresar e interpretar visualmente las ideas. Un campo,
en otro tiempo patrimonio exclusivo del artista y el diseñador, que hoy hemos de
considerar propio tanto de todos los que trabajan en cualquier medio visual de
comunicación como de su público. Si el arte es, como dice Bergson, «una visión
directa de la realidad», entonces hay que considerar los medios modernos como
medios naturales de expresión artística, pues presentan y reproducen la vida
casi como un espejo. «Oh, wad, concédenos algún poder para vernos como otros nos
ven», ruega Robert Burns. y los medios responden con sus vastos poderes. Pero
los medios no sólo han puesto su magia a disposición de los públicos sino que la
han colocado firmemente en manos de cualquiera que desee utilizarlos para la
expresión de ideas. En una incesante evolución del equipamiento técnico, la
fotografía y el cine se simplifican constantemente para ser usados con numerosos
fines. Pero no basta la maestría técnica en el manejo del equipo. El carácter de
los medios acentúa la necesidad de comprender sus componentes visuales. La
capacidad intelectual, fruto de un adiestramiento para hacer y comprender
mensajes visuales, se está convirtiendo en una necesidad vital para el que
quiera involucrarse en la comunicación. Es muy posible que la alfabetidad visual
llegue a ser uno de los raseros fundamentales de la educación en el último
tercio de nuestro siglo. El arte y el significado del arte han cambiado
profundamente en la era tecnológica, pero la estética del arte no ha respondido
al cambio. Más bien ha ocurrido lo contrario: la estética del arte se ha ido
fijando cada vez más a medidá que el carácter de las artes visuales y su
relación con la sociedad ha cambiado espectacularmente. El resultado es la idea
difusa de que las artes visuales constituyen exclusivamente el reino de la
intuición subjetiva, juicio tan superficial como lo sería el énfasis excesivo en
el significado literal. De hecho, la expresión visual es el producto de una
inteligencia muy compleja de la que desgraciadamente sabemos muy poco. Lo que
uno ve es una parte fundamental de lo que uno sabe, y la alfabetidad visual
puede ayudarnos a ver lo que vemos ya saber lo que sabemos.