Concepto de Estética
La estética es la
disciplina más joven, es la ciencia que estudia e investiga el origen
sistemático del sentimiento puro y su manifestación, que es el arte, según
asienta Kant en su Crítica del juicio. Se puede decir que es la ciencia
cuyo objeto primordial es la reflexión sobre los problemas del arte. Es
fundamental que por medio de la cultura se realicen los valores, ya que
cada valor da paso a una rama cultural y consecuentemente, cada rama
cultural encierra un valor. El valor se comprende preguntando cuál es el
fin que el hombre persigue, cuál es el propósito que lo anima en el
inagotable esfuerzo de cada día, cuál es la meta que lo orienta en la
infinidad de actos que lleva a cabo en su vida cultural. La mejor
respuesta parece ser la siguiente: el hombre realiza la cultura porque en
ella conquista un fin que considera valioso, el valor mismo es lo que
parece digno de conquista, no importa que reclame todo el titánico
esfuerzo de la humanidad. El valor se va transmitiendo de generación en
generación; desde los tiempos más remotos en que la cultura consistía
apenas en la habilidad para tallar una piedra o para hacer fuego, hasta la
época actual, pletórica de manifestaciones grandiosas de cultura, el
esfuerzo del hombre no ha dejado de dar fruto, ha tenido un motivo que
perseguir. Cada uno de esos motivos recibe el nombre de valor, valor
significa lo que es valioso, lo que vale en sí mismo, el valor es lo que
sostiene algo que lo realizan y lo convierte en algo objetivo que
cualquier hombre puede campar y apreciar. El valor representa un elemento
para cultivarse en la tarea de la existencia, que continuamente convierte
la aspiración a plasmar, el valor, en la realidad del acto cultural. El
valor es el contenido de la cultura, es el algo que el hombre busca,
anhela y pretende conquistar en su tarea; aunque ésta deba ser infinita,
el hombre sabe que rendirá su tributo a la tierra antes de conquistar el
valor, pero sabe también que su esfuerzo será provechoso para la
humanidad y que quizá lo que él no logró, será alcanzado más tarde.
Considerando los valores como el contenido de la cultura, cabe afirmar que
la conquista del valor es la dimensión de la humanidad; el sentido del
valor y su manera de medirlo es el problema que borda la filosofía. Según
el mencionado autor, cada una de las ciencias que se han citado
anteriormente posee una facultad espiritual que es la función que la
determina, una forma de manifestación cultural y un valor realizado, así
la facultad espiritual que caracteriza a la lógica es el pensamiento, se
manifiesta culturalmente como ciencia y el valor que realiza es la verdad.
La ética está caracterizada por la voluntad, tiene su forma de
manifestación cultural como moral y su valor es el bien. La estética se
manifiesta como arte en la cultura su facultad es el sentimiento y su
valor la belleza. Si la estética es la reflexión filosófica sobre el
arte, uno de sus problemas será el valor que se contiene en su forma de
manifestación cultural, y aunque un vario número de ciencias pueden
ocuparse del arte, solo la estética analiza filosóficamente los valores
que contienen en la obra de arte. Entre la lógica y la ética, entre la
ciencia del ser y la del deber ser, existe un vacío que la conciencia
cultural exige llegar, hay una contradicción entre la naturaleza, donde
la casualidad produce todo fenómeno natural, y la moralidad, en que la
voluntad se encamina a producir el bien; este vacío, esta contradicción,
es resuelta por la estética, porque en el arte la naturaleza se presenta
como moralidad y la moralidad como si fuera naturaleza. En efecto, en el
arte el ser presenta como deben ser, y el deber ser como siendo. Lo real
de la lógica y lo ideal de la ética encuentran su fusión en el arte,
puesto que sólo en el arte lo real, mediante el sentimiento, aparece como
ideal y lo ideal como real. La estética mediante el sentimiento, que es
facultad espiritual característica, se manifiesta como arte y realiza
como valor fundamental la belleza. De esta aseveración se deduce que el
arte es una manifestación de la cultura estudiada por la estética,
entonces la estética es la ciencia que se encarga de explicar filosóficamente
el arte como manifestación de la cultura, pero el arte es además
manifestación de belleza, puesto que es el valor que realiza; entonces,
la estética se puede definir atendiendo a su forma de manifestación en
la cultura, a su facultad espiritual y al valor que realiza, de la
siguiente manera: la estética es la ciencia que se ocupa filosóficamente
del arte, de sus manifestaciones y las experiencias del hombre en relación
con el mismo. Etimológicamente, la palabra estética deriva de las voces
griegas aistesis, sentimiento, e ica, relativo a; la definición sería
entonces, atendiendo a sus raíces: ciencia relativa a los sentimientos, más
concretamente a la belleza. Se le ha definido también como "ciencia
que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del
arte". Desde 1752, en que Baumgarten usó la palabra estética, se la
designó como ciencia de lo bello, misma a la que se agrega un estudio de
la esencia del arte, de las relaciones del éste con la belleza y los demás
valores. Algunos autores han pretendido sustituirla por otra denominación:
catología, que atendiendo a su etimología significa ciencia de lo bello.
Kant la toma en un sentido más bien etimológico, para él la estética
significó la teoría de la percepción, teoría de la facultad para tener
percepciones, o bien teoría de la sensibilidad como facultad para tener
percepciones; sin embargo, se ha difundido más bien el término estética,
que para todos significa hoy teoría del arte y la belleza
Valores Filosóficos
La axiología, que es la
teoría de los valores, considera con respecto a ciertos objetos (bondad,
Belleza, verdad, justicia y santidad), que el hombre formula a cada paso
juicios de valor, es decir, juzga acerca de tales cualidades y las acepta
o la s rechaza.
El hombre, con el concurso de las diversas partes de su cuerpo y guiado
por la inteligencia, descubrió la existencia de los diferentes objetos de
la naturaleza; su curiosidad lo llevó a tratar de explicarse la esencia
de cada cosa indagando acerca de sus notas constitutivas, es decir, hizo
primero una incursión en el campo ontológico, y en la búsqueda
incesante de cosas nuevas descubrió otro mundo, el de los valores, el
campo axiológico. Por intuición, por una especie de visión interna,
descubrió el mundo del valor y como no pudo permanecer inactivo, se
transformó en el eterno cultor de valores, lo que lo hizo diferente y
superior a los demás animales. Intentó dar forma corpórea a los
valores, originando los bienes culturales. Al descubrir el mundo de la
verdad, se convirtió en científico y filósofo. Descubrió el reino de
la belleza y dando rienda suelta a su sentimiento, por medio de mil formas
plasmó su ideal y se hizo artista; vislumbró el mundo de la moral y
aprendió a distinguir el bien y el mal. Inquirió por la justicia y la
conoció al igual que la injusticia. Imaginó el orbe de lo luminoso y creó
la religión; se descubrió a sí mismo y comprendiendo que el más
preciado valor es la vida humana, se dedicó a ennoblecerla, dándole como
sentido la realización de los más altos valores.
Para los tres pilares de la filosofía griega, Sócrates, Platón y Aristóteles,
el valor supremo fue la felicidad; hedonistas y epicureístas aceptaron el
placer como él más alto valor; los estoicos como supremo valor buscaron
la imperturbabilidad; los sofistas, sin embargo, negaron la existencia de
los valores.
Durante los primeros tiempos del cristianismo, la totalidad de la vida se
subordinó al dogma religioso; no se especuló sobre la existencia o
inexistencia de los valores, porque la única preocupación fue la fe
cristiana; el valor único fue alcanzar la salvación del alma. La Edad
Media fue estéril en filosofía; sin embargo, desde el Renacimiento el
hombre renunció al apoyo de la religión y comenzó a buscar por sí
mismo los valores en la ciencia y en el arte.
En el transcurso de los siglos el hombre ha levantado sobre problemas de
importancia como la naturaleza de la belleza, la bondad, la verdad o la
justicia, pero ¿qué se debería creer a la luz de los muchos cambios que
trajo el mundo moderno? El primer impacto fue el de las teorías
evolucionistas, la consideración biológica del hombre como parte del
reino animal; y el estudio mismo de la evolución en la moral, a cuya luz
los modos primitivos aparecen desprovistos de toda espiritualidad, llevó
a negar la existencia de los valores como algo objetivo: es el hombre
quien da valor a las cosas, los valores son creaciones del hombre, son
subjetivos.
Este argumento fue superado con cierto éxito: el origen del hombre adujo
la tesis opuesta, no menoscaba sus presentes ideales sobre moralidad y
otros patrones normativos considerados generalmente buenos; la misma
evolución siguiere un proceso natural en la humanidad, desde los más
rudimentarios y crudos valores de la vida. Luego intervinieron en la
discusión los conceptos históricos: no hay valores universales, no hay
verdad, ni bondad, ni belleza, ni justicia, ni santidad; según lo
demuestra la relatividad histórica, no existe ese desarrollo uniforme de
la humanidad hacia los mismos ideales de la vida.
El materialismo histórico de Marx acentúa ese relativismo al explicar
que son los factores materiales los que condicionan la vida del hombre,
los valores los concibe el sujeto.
El utilitarismo opinó que los valores dependen de lo que una sociedad
encuentra necesario para su supervivencia y bienestar; para otras
opiniones lo social tiene menos significado, ya que los valores deben
interpretarse simplemente como expresiones del hombre, individualmente
considerado dentro de ocasiones concretas.
Para estas teorías los valores son subjetivos, y su validez desaparece
cuando el individuo pierde interés. Es cierto que acaba por crearse una
opinión general que influye en el propio sentido de los valores de cada
hombre, pero los términos bondad, verdad, belleza, justicia y santidad,
en el intercambio social son meros instrumentos de persuasión para los
individuos que piensan de manera semejante.
Estas teorías crearon un escepticismo acerca del valor: no hay, por
tanto, ninguna base objetiva y real de lo bueno, lo malo, lo verdadero y
lo falso, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto.
Los más renombrados filósofos habían puesto siempre su fe en la razón,
fundando su filosofía en esa peña. Los pensadores griegos de hace dos
mil años concebían la vida desprovista de significado en caso de no
existir los valores; Sócrates y Platón los concibieron como entidades
existentes, patrimonio de la humanidad; esta tradición fue reafirmada por
Leibniz y Hegel, quienes agregaron que la razón puede penetrar en el
pensamiento de las distintas épocas y descubrir principios universales y
permanentes, los valores.
Esta concepción fue puesta en dudad por Montigne y Hume: "¿Qué
mundo es éste en que la justicia varía de una margen a otra de un mismo
río? ¿Por qué la esclavitud fue para el pueblo griego, el más
civilizado de la antigüedad, justa y dejó de serlo para el
cristianismo?" Entonces, concluyen, los valores son lo que el hombre
desea que sean.
A estas inquietudes se contestó que los valores se transforman sin que
esto afecte su esencia íntima. La apreciación del valor que el hombre ha
hecho a través de la historia es lo que cambia. En Grecia había por
naturaleza hombres libres y esclavos, y no podía darse a los esclavos lo
que correspondía a los hombres libres. Con la predicación de amor al prójimo
y la igualdad pregonada por las doctrinas cristianas, la esclavitud se
consideró injusta y tendió a desaparecer.
En el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales, se
desarrollaron doctrinas pesimistas y aun desesperadas, originadas en
Shopenhauer y Nietzsche, que niegan rotundamente la existencia de los
valores. Así como también después de la segunda guerra mundial cobró
fuerza el existencialismo, que contempla lo absurdo e insustancial de la
vida y encuentra los valores más allá de la desesperación, buscando una
nueva vida para el hombre, basada en su propia existencia como guía.
La filosofía naturalista sostiene que los hombres, al buscar el
conocimiento, llegarán a encontrar naturalmente los valores y a apreciar
las cosas buenas, verdaderas, bellas y justas. Esta tesis ha sido
rechazada por la mayoría de los filósofos.
Entonces, ¿qué son los valores, son objetos reales, o concepciones
subjetivas?
Tres posturas adopta la filosofía actual: el subjetivismo, el objetivismo
y una tesis ecléctica.
El subjetivismo sostiene que los valores son reflejos de nuestro espíritu
sobre las cosas, el sujeto los crea, lo valioso se da en su conciencia,
sin el hombre el valor queda suprimido. El mundo no es bello, ni bueno, ni
verdadero; es real, pero es calificado en la conciencia del sujeto.
El objetivismo considera que los valores existen independientemente del
hombre, éste se concreta a captarlos, pero existen aun cuando no sean
captados; no se les puede cuantificar, son ajenos a toda idea
cuantitativa, simplemente valen, por eso se les llama valores. "No
revela talento quien inquiere acerca de su existencia, dice Müller, pues
siendo ésos no demostrables, sino apenas mostrables, quien así pregunta
revela estrechez intelectual y una absoluta incapacidad filosófica."
Schiller resguarda los valores del subjetivismo, los valores son y se
captan por medio de la preferibilidad emocional y afectiva.
Hartman sostiene que los valores son determinados por la conciencia
estimativa del hombre; si bien son esencias independientes de la realidad,
que no provienen de las cosas ni de los sujetos y a las que se llega por
una visión intuitiva a priori, la conciencia puede aprehenderlas, pero no
crearlas; afirma que son esencias puras, objetos ideales existentes en sí,
pero intuidos por el sujeto.
Ninguna de las dos teorías explican realmente la naturaleza de los
valores. Una tercera teoría sintetiza y combina las dos: el valor, dice,
sólo tiene sentido y plenitud cuando se establece una relación entre un
objeto dotado de ciertas propiedades naturales en él y un sujeto que las
descubre, las adapta a sus necesidades y las valora; sin embargo, el valor
es social. La sociedad es un ser apto para forjar ideales, es el alma
colectiva que forja los ideales, colectivos también, que no son fría y
abstractas representaciones, sino principios vivos y actuantes. La
sociedad es esencialmente creadora del ideal y los valores son esas formas
del ideal que no son solamente obra de cada uno de los hombres.
El valor nace entonces de las relaciones de los hombres y de las cosas, no
se constituye ni toma conciencia de sí mismo sino cuando se fija en las
cosas y puede ser visto, sentido y aprehendido por todos. Los valores,
además, son poseedores de una materia que no es otra cosa que el conjunto
de determinaciones ideales que hacen aparecer en nuestra intuición
emocional Las cosas como algo valioso o no; esta materia es lo que les da
su objetividad, como cuando se juzga lo bueno o lo malo de un acto, lo
verdadero o lo falso de un pensamiento, lo bello o lo feo de un cuadro, lo
justo o lo injusto de una decisión.
Los valores son imperativos porque son colectivos. La fuerza original,
nacida en la conciencia social, es la que crea el valor y le da fuerza; la
sociedad posee un fruto producto de su esfuerzo, de su afán de dar
sentido a la existencia humana, este fruto es la cultura, por esto los
valores se muestran como entidades existentes aparte del sujeto, son
sociales.
Los valores no son dones que nuestra subjetividad da a las cosas, sino un
sutil conjunto de percepciones que nuestra conciencia encuentra fuera de sí.
El valor no es inventado, es descubierto, las cosas no valen porque sean
buenas, bellas o verdaderas; son buenas bellas y verdaderas porque valen:
el ruibarbo no es amargo porque es desagradable, es desagradable porque es
amargo.
El hombre no es libre para atribuirles sólo porque sí, valor a las
cosas; acciones hay, afirma el filósofo Jaime Balmes, consideradas como
buenas de manera natural: el amor filial, la piedad, la templanza, etc.,
la esencia de la bondad es la negación de la maldad; sin embargo, la
esencial objetividad del valor encuentra su necesario complemento en
nuestra subjetividad. Esto significa que las cosas parecen subjetivamente
valiosas, pero ningún valor puede relizarse sin el sujeto, sin darle el
hombre tal calidad a las cosas.
No hay que olvidar, sin embargo, que los valores dados sufren las
modificaciones circunstanciales de tiempo y de lugar.
Las cosas son y valen porque así lo sentimos irrecusablemente en la
conciencia. Aunque ignoramos por qué valen, es un hecho universal que
valgan lo verdadero, lo bello, lo bueno, lo justo, y si tienen existencia
y son valiosos y son universales, son relativos en al conciencia del
hombre según su manera de estimarlos: esto que es bello para ti, no lo es
para mi.
Los valores entonces, no son esencias lógicas, sino axiológicas; su
determinación esencial es el valer, no el ser.
La vida humana es el fundamento del valor, es valioso aquello que
contribuye a darle su plenitud. Los valores, ya se dijo, son el contenido
de la cultura, el algo que el hombre anhela poseer, lo que da sentido y
motiva su existencia. José Ingenieros afirma que los valores son el ideal
del hombre, "sin ellos sería inexplicable la evolución humana,
palpitan detrás de todo esfuerzo magnífico realizado por un hombre o
pueblo. Los ideales son faros luminosos que de trecho en trecho alumbran
la ruta".
Tal es la postura que acepta la filosofía actual con respecto a los
valores; sin embargo, lejos de haberse agotado el problema, sigue siendo
motivo de estudio.
Valores Estéticos
Desde que los filósofos
empezaron a ocuparse de la estética, surgió el problema, bastante arduo
por cierto, de definir los valores estéticos; puesto que la estética
tiende a crear un valor, es preciso, de decía, definir su o sus valores.
Este punto es esencial y de gran trascendencia para la filosofía del
arte; sin embargo, el intento de encontrar una definición que llene los
requisitos de tal, es casi una de sus imposibilidades.
Para Ramos, "mientras que los valores en el arte se dan con plena
evidencia a la intuición del artista o del contemplador, no sucede lo
mismo cuando se trata de aprehenderlos racionalmente para determinar su
esencia conceptual. Los valores estéticos muestran que su cualidad
sensible es ilógica e irracional, quedan fuera de toda lógica y de toda
razón".
El primer intento, fracasado, fue de Platón, quien al tratar de llevar la
idea de la belleza como valor estética hacia el mundo inteligible, se
encontró con que su sentido concreto se evaporó convirtiéndose en idea,
una idea completamente vacía.
El valor belleza, fundamental en el arte, no es valor formal, sino un
valor de contenido concreto, lo que es patente sólo con pensar que se da
tal calificativo a un poema, una melodía o un cuadro, en realidad se
trata de cosas diferentes aun cuando se les aplique el mismo adjetivo; lo
que en estas cualidades aparece como esencial es precisamente lo que en
cada caso las individualiza, no con rasgos comunes, de ahí la dificultad
de definir la belleza y los demás valores estéticos.
Bajo el nombre de belleza ha dado el hombre en comprender toda la gama de
valores estéticos, lo sublime, lo gracioso, lo trágico; enseguida,
cierto valor estético concreto, como cuando se hace referencia a la
belleza de la figura humana manifestada en pintura y escultura, por
ejemplo.
Entonces, ¿cómo encontrar una unidad del valor estético?
Parece que no hay otro camino para entender, no definir, los valores estéticos,
que a partir de las reacciones emocionales que corresponden a los mismo
valores.
Estas reacciones son individuales, subjetivas, pero están relacionadas
con el objeto que nos parezca bello (o feo, trágico, gracioso, etc.). Los
diferentes valores expresados en el arte corresponden entonces a intereses
espirituales de un orden peculiar que encuentran su manifestación
adecuada en la expresión artística; empero en la obre de arte no sólo
se dan valores estéticos, se dan valores de muy diversa índole, de los
que no se puede hacer abstracción al contemplar o juzgar la obra; así,
hay expresiones artísticas cuya finalidad es moral, religiosa, política
y aun de propaganda comercial que llevan en sí valores que no son
puramente estéticos y no por eso puede disminuirse su valor estético.
Entonces en la obra de arte existen, además de los valores estéticos,
valores extraestéticos. Raymond Stites considera que en la obra de arte
existen valores formales, valores de asociación y valores utilitarios.
- VALORES FORMALES
Los valores formales son los valores estéticos y son propios de la obra
de arte (recuérdese que el arte no sólo expresa lo bello); estos valores
hablan a la sensibilidad del hombre, son los que provocan en el
contemplador la emoción estética, ya que tienden a despertar la
sensibilidad humana y a producir experiencias estéticas, haciendo caso
omiso de cualquier otro tipo de mensaje.
- VALORES DE ASOCIACIÓN
Los valores de asociación, que son como los utilitarios extraestéticos,
constituyen el aspecto ideático del arte, pueden expresar los mitos,
ideales o sueños de cada raza, pero no como los valores estéticos;
tienen la peculiaridad de transmitir a través de la obra pensamientos,
opiniones e ideas ajenos a los valores estéticos, así como estimular
emociones que puedan se consideradas de valor social.
- VALORES UTILITARIOS
Los valores utilitarios constituyen el aspecto práctico de la obra; los
de asociación, precisamente por asociación de ideas, buscan la afloración
de ideas no estéticas; los utilitarios se dirigen a la inteligencia práctica,
incluso a la comercialización de la obra.
La paradoja del arte consiste en el hecho de que la obra de arte reúne
las dos modalidades más contradictorias de la vida: pensamiento y
sentimiento, abarcando sus valores; los valores estéticos, formales,
resultan de conflicto y final conjunción de estos elementos en el alma
del artista, irreductibles generalmente, sólo reconciliables en el arte.
No es posible, al contemplar la obra de arte, disociar estos valores y
atender solamente a los valores formales, puesto que en toda obra de arte
aun en mínima parte existen valores de asociación y utilitarios; así
las más elevadas manifestaciones de arte serán aquellas en que los
valores de asociación y utilitarios representen el papel más pequeño.
En realidad los valores estéticos son una constelación de valores que se
conjugan en la obra de arte como una unidad indisoluble y que produce en
el espectador una impresión emotiva, unitaria también
¿Qué es el arte?
Si la estética
constituye una reflexión filosófica sobre el arte, ¿qué es el arte?
Resulta sumamente difícil definir el arte, y no por falta de elementos,
sino porque cada filósofo, cada historiador de arte y aun infinidad de
artistas lo han definido de muy diversas maneras. He aquí algunas de las
múltiples definiciones que se han dado:
Platón consideró el arte como un idioma que todos los hombres pueden
entender.
Arte, dice Emilio Zolá, es naturaleza a través de un temperamento.
Para Hegel, el arte es la conjunción del espíritu y la forma, de lo
finito en lo infinito, de lo real y lo ideal, de lo subjetivo y lo
objetivo.
León Tolstoi considera que evocar un sentimiento experimentado y luego
por medio de líneas, colores, movimientos, sonidos o palabras
transmitirlo a los demás, constituye el arte.
Según el escultor Augusto Rodin, el arte es la contemplación, el placer
reservado al espíritu, que penetra en el naturaleza y adivina en ella el
alma de que él mismo está animado, es la sublime misión del hombre,
puesto que consiste en un empeño de la inteligencia por comprender y
hacer comprender el mundo.
Arte es intuición pura, afirma Benedetto Crece.
Lo que nos hace conocer las maravillosas versiones de un mismo pensamiento
en los diversos lenguajes de la pintura, la escultura, la arquitectura, la
música y la poesía es el arte dice Ralph Waldo Emerson.
El historiador de arte Stites define el arte como una expresión de la
naturaleza humana en composiciones llenas de significación que tienden a
inducir sentimientos nobles por lo bello, lo dinámico y lo sublime.
El pintor contemporáneo Alfonso Michel considera que el arte es la
respuesta del hombre a la presencia devoradora del tiempo y la muerte.
Para Corrales Ayala, el arte es plasmar el artista su angustia para la
posteridad en su creación artística, es el grito de la soledad, el
anhelo del artista que zaherido por el silencio y la desesperanza sacude
con furia la grama interior de sus sentimientos y entrega al mundo sus
joyas más preciadas.
De acuerdo con Adolfo Sánchez Vázquez, el arte es una forma de praxis
que igual que el trabajo humano, transforma la materia que se imprime en
una forma dada, exigida no ya por una necesidad práctico-utilitaria, sino
por una necesidad general humana de expresión y objetivación.
Arte, se ha dicho, es el lenguaje creado por la fantasía, por medio del
cual comunica el hombre a los demás sus sentimientos y estado de ánimo.
Es el ensueño hecho realidad, el sueño del hombre que cobra forma
material. Algún filósofo definió el arte como la expresión del alma de
las cosas.
Arte es la expresión de la emoción humana por medio de la representación
que da forma y significado a un ideal. El acto mediante el cual el hombre
valiéndose de lo material o l o visible expresa lo inmaterial o
invisible, constituye el arte.
Podrían seguirse citando definiciones de arte; la mayor parte de ellas
coinciden en que el arte es una expresión de la emoción humana. En
efecto, el arte no es otra cosas que una proyección del espíritu que se
materializa, es la objetivación de un ideal, la materialización del
sentimiento, o bien, si se quiere, la espiritualización de la materia;
pero el arte, dice Matteo Marangoni, "es un mundo cerrado a la
multitud indiferente y solamente abierto a quien consiga, con amor,
conquistarlo".
El arte es un medio de evasión aunque sea momentánea; la realidad humana
es transfigurada por la magia del arte, al mismo tiempo que cobran
conciencia y plenitud todos los sentimientos que yacen dormidos bajo la
capa de los intereses prácticos de la vida actual; el arte se aparte de
la realidad para enriquecerla, va más allá de la filosofía y de la
ciencia.
En efecto, en la vida diaria normalmente la imaginación y los
sentimientos se encuentran reprimidos, en infinidad de ocasiones resultan
incompatible con el vértigo del vivir actual, con el ritmo de vida que la
industrialización ha impuesto al hombre, y así todos los deseos,
emociones o ideales que muchas veces constituyen nuestro verdadero ser,
son sometidos las contingencias de la vida diaria, en donde no tiene
cabida la emoción ni el sentimentalismo; los valores espirituales quedan
de esta manera relegados porque no resultan prácticos.
El artista encuentra en el arte el mejor medio de alejarse de tráfago de
la vida cotidiana; su quehacer constituye una válvula de escape para sus
sentimientos y su imaginación; pero el hombre que no puede ser artista
porque carece del don de la facultad creadora, también encuentra en el
arte la manera de fugarse de todas las tensiones a que comúnmente se ve
sometido. Ante la imposibilidad de crear una obra de arte, el hombre común
y corriente canaliza sus sentimientos reprimidos y sus ideales que siente
inasibles, en la obra artística; también encuentra en el arte el medio
de evadirse de la monotonía, por una parte, y de las presiones de la vida
por otra, aunque en distinta forma que el artista. El arte, por tanto es
un medio de liberación.
Es, además, una necesidad, cumple una importante función: en el arte
sublima el hombre todo lo que de trágico o grotesco tiene la vida. La sed
innata de belleza y de formas artísticas llevó al hombre en los albores
de la humanidad no sólo a fabricar cacharros que le fueran útiles, sino
a adornarlos para hacerlos más agradables. En los grupos humanos más
primitivos hubo siempre manifestaciones de arte: los primeros instrumentos
de trabajo y las primitivas armas tenían los mangos tallados o grabados,
reproduciendo en ocasiones animales o bien, grecas y flores. Los hombres,
antes de cubrir sus cuerpos con ropas, se tatuaron y pintaron con hermosos
colores, adornaron sus cuevas con pinturas que si bien también tenían un
significado mágico-religioso, fueron demostración de su necesidad de
belleza.
Justino Fernández afirma que "todos los hombres, por serlo, están
necesitados de algo, necesitan hacer sus mundos, hacerse un mundo propio
habitable, humano, necesitan la belleza. No pueden satisfacerse con lo útil,
de algún modo han necesitado y necesitan hacerlo. Y es aquí donde el
arte surge",
Aun considerando el arte como una forma de praxis, Sánchez Vázquez
admite que "la praxis artística permite la creación de objetos
humanos o humanizados que eleven a un grado superior la capacidad de
expresión y objetivación humana, la obra artística es ante todo creación
de una nueva realidad y puesto que el hombre se afirma creando o
humanizando cuanto toca, la praxis artística, al ensanchar y enriquecer
con sus creaciones la realidad humana, es una praxis esencial en la vida
del hombre".
Por otra parte, el hombre en la obra de arte contempla la eternidad, todo
nace condenado a morir, pero la obra de arte perdura a través de los
siglos; en el arte las cosas dejan de ser fugaces perecederas, porque son
trasladadas a un plano intemporal; el hombre goza con el arte porque
intuye que lo que en el arte se representa ha vencido la destrucción, el
tiempo y la muerte y posee valor de eternidad; la obra de arte es un jirón,
un fragmento de la realidad salvado del influjo de la temporalidad.
El arte, según Simón Latino, "es un mensaje de lo eterno, o sea de
la belleza, del amor y de la muerte. Ser poeta consiste en decir con
palabras ese mensaje, como ser músico es decirlo con notas, ser pintor en
colores, ser escultor con formas. Los artistas nacen y mueren, la belleza
es eterna".
El arte rodea al hombre, es parte de su propia vida; en el arte el hombre
expresa sus inquietudes, sus anhelos, sus sueños, su rebeldía y aun sus
agonías y sus fracasos, y recibe del arte múltiples influencias (¿quizá
podría decirse beneficios?). A través del arte los hombres subliman lo
que admiran y lo que temen; es un intento del hombre, del artista, ante lo
que lo precede, de fijar el tiempo y su paso por la tierra, y para el
contemplador, de encontrar serenidad y paz para su ser torturado.
El arte ha sido venero inagotable de transformaciones sociales, hasta en
sus más pequeñas expresiones plantea las quejas y las inquietudes de los
pueblos, y en sus máximas manifestaciones: la novela, la pintura mural,
la gesta heroica, la sinfonía, palpita con frecuencia una vigorosa
demanda de justicia. Un ejemplo palpable se tiene en la música del
inmortal Chopin, que fue el grito de rebelión de su alma ante la invasión
de su amada patria, su música fu e no solamente una expresión
individual, sino que en ella expresó la angustia de todo su pueblo.
Además se ha comprobado que el arte es uno de los mejores instrumentos
para despertar las facultades humanas; mediante el arte se encuentran en
el mundo que nos rodea mayores valores espirituales y mediante el arte el
hombre se llega a integrar mejor al mundo en que vive.
Arqueles Vela considera que el raso distintivo del arte es que refleja la
conciencia social, y para expresarla utiliza imágenes vívidas y
concretas. Ineludiblemente toda concepción del mundo expresada en el arte
contiene un espíritu de clase que corresponde a otras disciplinas científicas
o filosóficas que integran los sistemas ideológicos de la misma clase. A
su juicio, la única diferencia entre estas disciplinas y el arte es el
proceso formal de expresión.
Vivimos rodeados de manifestaciones artísticas y la mayor parte de las
veces somos indiferentes a ellas. Adentrándonos en el arte, en las
inquietudes y anhelos expresados por los artistas, acercándonos a las
maravillosas obras de arte que nos rodean, cada uno de nosotros aprenderá
a amar la vida y a amar el suelo que le vio nacer.
Concepto de Folklore y Artesanía
-
Concepto de Folklore
Palabra inglesa que significa ciencia del pueblo. Ciencia de las
tradiciones y costumbres de un país. Conjunto de las tradiciones,
poemas, leyendas, etc., de un país: el folklore andaluz es riquísimo.
Fam. lio, jaleo.
Clasificación de las Artes
En su significado más
amplio, arte es el conjunto de reglas que se siguen para hacer bien algo,
o bien es el talento o aptitud que se tiene para hacer bien las cosas. El
arte según el fin que se propone puede ser útil o noble: se llama arte
útil o utilitario al que está encaminado a proporcionar utilidad,
comodidad; se llama arte noble al que prescindiendo de toda utilidad,
manifiesta valores estéticos, objetivándoles, es decir, dando a los
mismos forma material sensible. A la primera forma de arte, al utilitario,
corresponde el arte industrial que crea objetos útiles, en los cuales
puede expresarse también cierta belleza: cerámica, herrería, orfebrería,
tapicería, ebanistería, repujado, mosaico, etc. Estas artes constituyen
lo que se llama artes menores; los que se ocupan de ellas se llaman
artesanos. Dentro de esta forma de arte se suele englobar también
cualquier manifestación de una habilidad realizada en forma más o menos
perfecta, así se habla del arte culinario, del caligráfico, etcétera.
A la segunda forma de arte, el nombre, corresponden las artes que crean
solamente valores estéticos haciendo caso omiso de la utilidad; las
bellas artes, que también se han llamado artes mayores: pintura,
escultura, arquitectura, música, literatura, danza, teatro, ópera, son
las artes por excelencia, ya que son las que crean toda la gama de valores
estéticos sin más propósito que crearlos. El arte puro se contienen en
estas formas de arte, en las bellas artes; no debe ser industria ni
comercio, debe amarse por sí mismo, debe ser una vocación y no una
carrera. Según algunos filósofos, debe ser una actividad desinteresada,
por eso según José D. Calderaro, es una actividad creadora de algo, que
tienen una significación especial, que está como un denominador común
en el fondo de todas las bellas artes y constituye una "necesidad
innecesaria".
Si el arte puro es aquel que sólo busca la manifestación de la belleza y
los más valores estéticos, las obras de arte creadas bajo este propósito
poseen un alto valor estético, su contemplación originará un emoción
tal, que producirá una experiencia estética también pura. Las obras de
arte que no tienen como finalidad solamente la expresión de valores estéticos,
sino que buscan además la transmisión de otra clase de ideas ajenas al
arte: morales, religiosas, políticas o comerciales, no son estéticamente
puras, no son obras de arte puro por más que pertenezcan a las bellas
artes.
Las bellas artes se han clasificado siguiente diferentes criterios, hay
infinidad de clasificaciones. Atendiendo al sentido con que son percibidas
se les divide en artes del oído (música y poesía), artes de la vista
(arquitectura, pintura, escultura y dibujo) y artes mixtas (danza, teatro
y ópera). Atendiendo al grado de imitación que hagan de la naturaleza se
ha pensado que son: esencialmente creadoras (arquitectura, música y poesía),
esencialmente imitadoras (escultura y pintura), y artes que participan del
afán creador y del imitador (danza, teatro y opera).
Otra clasificación se basa en el material con que se lleva a cabo la
expresión: espirituales, que tienen un material espiritual inmaterial (música
y literatura); y materiales, que tienen un material palpable (pintura,
escultura y arquitectura). Se les ha clasificado en artes del sonido (música,
artes del lenguaje (literatura) y artes del dibujo (pintura, escultura y
arquitectura). Existe otra división: artes musicales (música, canto y ópera),
artes plásticas (arquitectura, pintura y escultura), literarias (poesía)
y complejas (danza, drama, comedia, cine...). Esta última división está
muy difundida.
No se puede pasar por alto la clasificación de Challayè que por una
parte considera la usual distinción entre las bellas artes que aspiran a
crear objetos cuya única finalidad es satisfacer la necesidad de belleza
que siente el alma humana y por otra, las artes industriales que producen
objetos útiles a los que se les dota así mismo de cierta armonía para
que resulten agradable.
Un poema, dice, es una obra bella porque tiene como única finalidad
despertar un sentimiento estético, crear belleza, la poesía es una de
las bellas artes; un tapiz es bello, pero se atiende más a su valor de
utilidad que a su valor estético, la tapicería es entonces un arte
industrial.
La mayor parte de las veces es fácil distinguir entre las artes
industriales y las bellas artes; sin embargo, en ocasiones hay duda: la
arquitectura es una de las bellas artes, ha sido considerada así desde
siempre y sin embargo produce edificios destinados no solo a la
contemplación estética o a la satisfacción de la necesidad espiritual
de belleza, sino que su fin es satisfacer una necesidad material, la de un
sitio cómodo para vivir o trabajar. La joyería es en general un arte
industrial; sin embargo, bien puede darse el caso de un artesano que haya
creado una joya sin paralelo, única por su belleza, entonces el joyero se
convirtió en arte y la joya en obra de arte.
Conservando la distinción usual entre bellas artes y artes industriales,
el citado autor subdivide las bellas artes teniendo en cuenta los sentidos
a que hablan y la posición de sus obras en los dos planos en que sitúan
todos los datos de nuestra conciencia: espacio y tiempo, o sea la extensión
y la duración. De acuerdo con esto su clasificación comprende artes plásticas,
fonéticas, del movimiento y del gesto.
Son artes plásticas las que hablan al espíritu a través de la vista,
sus obras están situadas en el espacio, hechas con elementos simultáneos
e inmóviles, sus manifestaciones son materiales y objetivas, su belleza
es exterior, son: arquitectura, que se define como el arte de construir y
adornar; pintura, arte de representar seres y cosas, de materializar imágenes
con ayuda de hermosos colores, y escultura, considera como el arte de
modelar y tallar la materia a fin de crear formas bellas.
Las artes fonéticas hablan al espíritu por medio del oído, sus obras se
deslizan en el tiempo, su principio es la sucesión, son artes más
espirituales y subjetivas, en ellas la belleza parece interior, son: música,
arte que crea la belleza por medio del sonido, y literatura, que la crea
en virtud de la palabra en poesía o en prosa.
Las artes del movimiento son las que se realizan simultáneamente en el
tiempo y en el espacio, llegan al espíritu como las plásticas, pero sus
creaciones se desarrollan en el tiempo como las fonéticas; las artes del
movimientos comprenden la danza y el ballet, que son la creación de
belleza precisamente por el movimiento.
Las artes del gesto aspiran a crear belleza por medio de la expresión y
los movimientos, se comprenden dentro de éstas: el teatro en todas sus
variantes (tragedia, drama y comedia) y el cine, que es el arte que tiende
a provocar emociones gracias a una sucesión de imágenes proyectadas en
la pantalla.
El maestro Bueno por su parte afirma que el primer paso en la
sistematización de cualquier tipo de conocimientos está dado por la
clasificación de los objetos que comprende, ésta es una operación lógica
que dispone y ordena tales objetos en una serie de grupos de acuerdo con
un criterio previamente adoptado, de tal modo que todos los miembros de un
mismo conjunto queden identificados por una propiedad común y los
miembros de los diferentes grupos queden separados por una propiedad
distinga. Así la clasificación de las bellas artes tendrá que agrupar a
todos los objetos que se consideren como obras de arte, incorporándolos a
varios grupos de acuerdo con el criterio previamente establecido. Este
criterio atiende a la categoría estética en función de la cual se
realiza cada obra de arte. La categoría estética, es decir, la nota
esencial de cada una de las bellas artes es el carácter fundamental,
propio y distintivo de cada especia artística, es el elemento que expone
de manera más amplia la esencia constitutiva del arte y su naturaleza,
como síntesis de diversos factores. La categoría estética fundamental
de la plástica es el espacio, de la música es el tiempo y de las letras
es el símbolo.
Espacio, tiempo y símbolo son las tres categorías que según mencionado
autor reportan el mejor criterio para establecer una clasificación
funcional de las artes
Ciencias del Arte
Se ha dicho que todo arte
es una ciencia y que toda ciencia implica un arte. Cicerón dividía el
arte en dos clases: una por cuyo medio las cosas eran conocidas por el espíritu
y otra por la cual las cosas eran creadas, tal vez hoy se llamaría
ciencia a lo primero y arte a los segundo.
A la ciencia corresponde observar, analizar, sintetizar, elaborar las
leyes que han de regir determinado tipo de fenómenos; al arte compete
elevar a la categoría de obras de arte los fenómenos que la ciencia
estudia. La ciencia se expresa en es, el arte dice sea; la ciencia conoce
a través de la razón, el arte crea mediante el sentimiento. Sin embargo,
a pesar del aparente abismo que separa el arte de la ciencia, existen
infinidad de puntos de contacto.
Miguel Bueno opina:
La vieja creencia de que el arte ha de ser exclusivamente vivido, sin
preocuparse de pensar en él, se ve desmentida por la aparición de un
conjunto de ciencias que reflexionan sobre el hecho artístico (...) El
estudio de tales ciencias es fundamental para la estética, pues de cada
una deriva un aspecto diferente e irreducible en el conocimiento del
hecho artístico (...) para penetrar en el arte hay que encararlo en todos
sus aspectos (...) La vivencia del arte es más profunda mientras mayor se
la reflexión que se proyecta en él.
Esto corrobora la idea de Gustavo Schelling de que lo racional y lo
intuitivo en el arte no están reñidos, que se puede disfrutar de los
valores dados en el arte emotivamente y comprender ese sentimiento
racionalmente.
Para encarar racionalmente el arte, auxilian al hombre de manera específica
algunas ciencias que se proyectan sobre el problema artístico y que se
han a llamado ciencias del arte: psicología, sociología, física, matemática,
historia, antropología, pedagogía y filosofía. El objeto de estudio de
estas ciencias no es el arte, pero penetran en él para un mejor
conocimiento del fenómeno artístico.
La psicología es la ciencia que se ocupa de las actividades de la mente
humana y de todos los fenómenos que en ella ocurren y que reciben el
hombre de vivencia; la psicología del arte analiza el proceso artístico
para determinar el papel que desempeñan las funciones psíquicas no sólo
en el momento de la creación artística, sino en la contemplación, la
interpretación y la crítica, es decir, en toda la vivencia artística.
Examina la sensibilidad del artista, del contemplador y del crítico, del
intérprete y aun del que reproduce la obra de arte; además esta vivencia
artística es estudiada por la psicología tanto en su aspecto individual
como social.
La física y la matemática en general se ocupan de establecer la base numérica
para medir y cuantificar los hechos reales; en el arte todas las obras se
expresan en el espacio y en el tiempo, con las formas que imprime el
artista. La física atiende al material que se usa para la realización de
la obra, la matemática determina la medida y proporciones que explicarán
su aspecto cuantitativo.
La sociología es una ciencia que estudia el desenvolvimiento de las
sociedades, los factores de la vida social: raza, herencia, costumbres y
tradiciones, religión, economía, sistema de gobierno, etc., y la
influencia que del medio social recibe el hombre. La sociología del arte
estudio todo esto en relación con el fenómeno artístico, observa al
artista para determinar la influencia que ha recibido del ambiente en que
se desenvuelve, así como la que el propio artista y sus obras han dejado
en una época o un pueblo; además se ocupa de establecer cuáles formas
de arte influyen más en el conglomerado humano y en especial, cuál es la
función que desempeña el arte en la vida humana.
La historia estudia los hechos ocurridos en el pasado; la historia del
arte relata la evolución de éste a través de los tiempos. La historia
enseña que ninguna época ha estado aislada de las demás sino que cada
una representa un eslabón en una cadena que abarca desde los tiempos más
remotos hasta el día que la vida humana termine. El presente del arte no
es atribuible solamente al momento en que se vive, sino a todo el conjunto
de aportaciones que a través del tiempo han dado a los artistas. Las
formas de arte y los estilos no perecen, los complejos emocionales
vertidos en el arte de una época o de un pueblo persisten, surgiendo en
ocasiones, pasados los siglos, en otro núcleo humano. Lo gótico
reflejado en las artes plásticas persistió hasta el Renacimiento y el
barroco, hasta el romanticismo y aun en el arte moderno, después de haber
dejado de existir en la Edad Media como actualidad histórica. Así, de
cada estilo nuevo tendrá antecedentes en el pasado y destellos en el
futuro.
Y así como la historia no se limita a una escueta narración de los
hechos, sino que a través del espíritu histórico obtiene una
interpretación de los mismos, la historia del arte no se limita a hacer
una descripción de obras, estilos y escuelas, sino que penetra para en
ellas para indagar el espíritu que las ha modelado. La investigación
histórica sobre el arte representa un valioso elemento auxiliar de la estética,
pues arroja luz sobre un aspecto muy importante del hecho artístico: la
evolución de sus formas en el tiempo. La historia describe el drama de la
vida humana; la historia del arte describe ese drama en relación con el
arte, el artista y su obra.
La antropología, ciencia del hombre, abarca el estudio del mismo en toda
su amplitud; la antropología social estudia de modo especial los grupos
primitivos sin relacionarlos con el proceso histórico de cambio. La
primera analiza toda la actividad del hombre, desde su más temprana
manifestación; la segunda, la misma actividad, pero realizada dentro de
un grupo: La antropología del arte contempla a éste como una expresión
típicamente humana, analiza la espontaneidad del arte primitivo y trata
de descubrir el tipo de sensibilidad y los conceptos que de la vida
subyacen bajo la forma de las obras, donde se mezcla la expresión artística
con las necesidades prácticas de la vida rudimentaria.
El contacto entre arte y pedagogía es innegable, la educación requiere
del arte como uno de los elementos formativos de la personalidad; el arte
a su vez necesita de la educación para pulirse y para buscar nuevas
expresiones.
La filosofía se ocupa del hombre, de sus pensamientos y problemas en
relación con la vida, es una reflexión sobre el quehacer humano; la
filosofía del arte contempla lo que el hombre realiza en el terreno del
arte, y con un criterio científico auxiliada por todas las demás
ciencias, estudia al artista y su obra, los valores entendidos en la
misma, investiga su esencia, su origen, sus fundamentos, su métodos, su
finalidad y su función en la vida humana. La filosofía del arte se
convierte en una axiología del arte.
Técnica es el camino o procedimiento que se sigue para realizar un propósito.
En el caso del arte el fin propuesto es la expresión del sentimiento, lo
que implica disponer del nutrido conjunto de elementos materiales que
posee el artista y elegir el que vaya de acuerdo con su expresión. Es
decir, la técnica comprende la elección del material y la realización
de la forma, es fruto de un prolongado ejercicio, el domino de la técnica
da al artista el conocimiento pleno de los materiales y la manera de
aplicarlos. La técnica varía en cada una de las bellas artes, así como
el modo correcto de aplicarlos, la perspectiva, la proporción, la textura
del material que va a usar como fondo de su obra; el escultor y el
arquitecto deberán poseer sentido del equilibrio y de la armonía, así
como de la dureza del material que van a usar. El compositor debe saber
manejar los sonidos, manejar el ritmo y la armonía; el poeta debe conocer
profundamente su lengua y todas las reglas relativas, para poder convertir
en poético el lenguaje prosaico.
La estética, ciencia para la cual el problema del arte es lo fundamental
engloba, y ordena los datos proporcionados por las ciencias del arte y con
base en ellos enseñará a justipreciar al artista y sus creaciones.
Introducción
Por sus raíces griegas
la palabra categorías significa afirmar o predicar algo de algo. A lo
largo de la historia de la filosofía diferentes pensadores la han
empleado, queriendo significar con ella la atribución de un predicado a
un sujeto.
Aristóteles empleó el término categoría para los "predicamentos
atribuidos al ser", postura aceptada por la filosofía escolástica,
que quiere indicar que la palabra categorías enseña la objetividad de
las cosas, qué son y cómo son.
En Kant se perfila un concepto diferente, las categorías pierden su
objetividad y pasan a ser "formas a priori" del conocimiento,
que responden a las funciones esenciales del pensamiento discursivo.
Para Hartman "las categorías son aquellos fundamentos por los cuales
un ente es lo que es, pero el fundamento no es el ser en sí, el ser en sí
lo es por su relación o correlato". Parece significar que aunque las
categoría explican el ser de algo, no necesariamente deben ser semejantes
al ente al que se refieren.
Ahora bien, las categorías constituyen la actividad ordenadora y
reguladora del pensamiento partiendo de la realidad pero implican la
unidad con el objeto.
Las categorías son leyes de la realidad, ésta incide en la de los
objetos cognoscible, no son como sostuvieron Aristóteles y Kant, producto
exclusivo de la inteligencia; su naturaleza es compleja: las categorías
implícitas en la realidad de los objetos se han de convertir en explícitas
mediante la actividad del sujeto cognoscente. Wind sostiene que el
pensamiento ejercita sus funciones lógicas y de ellas al contacto con la
experiencia surgen los principios, sin que esto signifique que se suprima
el carácter a priori de las leyes del pensamiento.
Entonces las categorías constituyen una unidad que engloba lo objetivo y
lo subjetivo, lo que un objeto es y cómo lo es, no es un elemento aislado
que por sí mismo signifique algo, debe encontrar su correlato en el espíritu
mismo del hombre. No corresponden las categorías a alguno de los dos
aspectos solamente, representan una dualidad, son lo que son, pero se dan
en el hombre y provocan ciertas reacciones.
Según Farré, la base de las categorías estéticas está formada por
tres ordenamientos: objetivo, artístico y emotivo, conciliando el objeto
(obra de arte) con el sujeto (contemplador) mediante el elemento emotivo.
Aunque se dice que se puede expresar en el arte lo elegante, lo bonito, lo
grandioso, etc., pueden considerarse válidamente como categorías estéticas
lo bello y lo feo, lo sublime y lo grotesco, lo gracioso y lo ridículo,
lo trágico y lo cómico.
La vida entera, con sus momentos dolorosos, cómicos o grotescos, es
susceptible de trasladarse al arte; todas las cosas, por triviales o
vulgares que sean, pueden ser sus motivos, pues gracias al sentimiento del
artista, esas cosas triviales, rostros vulgares, actitudes cómicos o
grotescas, momentos trágicos o dolorosos sufren un proceso de sublimación
y son presentados al contemplador como una obra de arte. Cuando el artista
ha plasmado estos valores, las obras no resultan feas, cursis o grotescas,
sino que son la expresión de lo feo, lo grotesco y lo ridículo, es
decir, se expresan valores diferentes a la belleza pero que también
tienen cabida en el arte, han sido captados por la sensibilidad de un
artista y cuando son cabalmente expresados, tienen tanto valor estético
como cuando se plasma la belleza.
Muchos filósofos coinciden en que la máxima aspiración del artista es
crear la belleza, pero en cada momento histórico, en cada pueblo y aun en
cada hombre existe un diferente credo estético, es decir, una manera
diferente de sentir y expresar la belleza.
La belleza y la fealdad
Desde tiempos remotos el
hombre intentó definir la belleza, la mayor parte de los pueblos antiguos
la identificaron con la verdad o la bondad. Para Platón la belleza era
algo de origen divino que inspiraba amor. Plotino la consideró como algo
inmaterial unido al "ser puro"; para Longino lo bello se
convierte en sinónimo de lo sublime; Waldo definió la belleza como el
momento de transición en el cual una forma parece hallarse en trance de
fluir a otras formas.
Agustín de Hipona, para quien la belleza consistía en la armonía,
elaboró una teoría: existen dos tipos universales de belleza, una basado
en los valores materiales y la otra sobre valores de asociación, ésta última
estriba en el objeto, íntimamente unida con los símbolos que pueden
adornarlo: "Un estilete de hierro hace tornado útil porque con él
podemos escribir, ésta es su propia e individual belleza, pero por cuanto
nos puede proporcionar un goce estético constituye está una parte de la
belleza divina".
Tomás de Aquino expuso la belleza en tres sentidos: primero, el objeto
debe ser algo perfecto, circunstancia que lo convierte en un trasunto de
la belleza celeste; segundo, el atributo de la belleza se refiere a las
proporciones de las partes que constituyen la obra de arte, y tercero,
debe existir una mística correspondencia entre el objeto y la
"divina luz".
Odón consideró la belleza como "un presentimiento del cielo";
para Leibniz, la belleza consistía en la perfección. Hume decía que no
era cualidad de las cosas, sino del espíritu que las contempla.
Baumgarten la sintió como un reflejo de la belleza divina que es la
perfecta; para Kant, es un juicio humano. Hegel, por lo contrario, afirmó
que siendo la consonancia del espíritu y la forma, resultaba una perfección
y una excelencia. Diderot, para quien la belleza es la vida, sostuvo que
la vida entera es bella.
Podrían seguirse citando definiciones de todos los tiempos, en general la
mayor parte de los filósofos coinciden que es algo relativo al espíritu,
salvo Voltaire, que con un criterio materialista la considera como una
apreciación de los sentidos: "Para el sapo no hay nada más bello
que su sapa",
¿Qué es entonces la belleza?
Harto difícil, cuando no imposible, resulta tratar siquiera de definir la
belleza. En realidad, pretender dar una definición de la belleza es, como
dice Eugenio Carrir, "pedir el significado de un nombre". Sin,
por ejemplo, se pregunta que cosa es lo bello y se responde que lo que
proporciona determinado placer a la vista, al oído o, de manera más
material, al tacto, sería necesario añadir qué clase de placer
proporciona, y naturalmente no podría explicarse con claridad. Querer
definir lo bello es como querer definir un color; cuando se pregunta qué
es lo que quiere decir azul, según Carrir a nadie se le ocurriría
responder: "azul es un movimiento cerebral originado por la
estimulación de los nervios ópticos ante determinada vibración de la
luz", más bien se busca un punto de referencia, y señalando una
flor, unos ojos o el firmamento, se contesta: "eso es azul".
¿Lo útil es lo bello? No, lo bello es en cierto modo útil y deleitoso,
pero el objeto útil y deleitoso no siempre es bello: los manjares más
exquisitos, los aromas más delicados son útiles y deleitan, pero de
ninguna manera pueden llamarse bellos. ¿Lo bello es lo agradable?
Tampoco; aunque por lo regular lo bello es agradable, hay infinidad de
cosas agradables que distan mucho de ser bellas: una buena digestión, un
sueño reparador son agradables, pero de ninguna manera bellos.
Por otra parte, a ciertas cualidades se les califica como algo bello, la
virtud, la bondad o la verdad, también al alma humana se le da tal
calificativo, a algún gesto generoso se le estima como tal. Se habla de
la belleza en las flores, en las mañanas, en el mar, de la misma manera
que se considera bello un poema, una sonata o una catedral.
La reacción del hombre frente a ciertos actos, cualidades o sentimientos,
frente a la naturaleza y frente al arte, es emotiva; sin embargo, pese a
la emoción que se siente no pueden definirse los sentimientos ni la
belleza que todo ello encierra. Esto quiere decir que la esencia de la
belleza, su contenido, es desconocido, la belleza entonces es algo
indefinible; sin embargo, si hay muchas cosas, fenómenos naturales, obras
de arte, actos humanos que parecen bellos; ¿no será que existe una
cualidad común a todo esto, que aunque no se haya pensado en ello, se
convierte en bellas? Debe existir, puesto que si no es posible definir la
belleza porque su esencia es desconocida, puede definirse de acuerdo con
el efecto capital que produce. Según esto, la belleza será una cualidad
común a todas estas cosas que se han mencionado y que produce con su
contemplación un sentimiento puro.
Esa cualidad común a todo lo bello, que produce sentimientos puros,
Carrit la llama "significación o sentido" y es algo que poseen
las obras de arte, la naturaleza y aun los actos y cualidades y que es lo
que permite llamar bella a la verdad, a una obra de arte o a un fenómeno
natural.
Cuando no se trata del arte, este sentido o significación se comunica comúnmente
con una mirada, una sonrisa y hasta con una cosa tan trivial como un apretón
de manos.
En el arte este sentido o significación es el algo que poseen
profundamente las obras de arte y que se nos comunica, es lo que el
artista quiso expresar y expresó en su obra. Pero aún hay más, entre
las cosas que despiertan imágenes sensibles, sólo serán bellas aquellas
cuya significación o sentido sea natural o inmediato en ellas, de ninguna
manera convencional. Un poema es bello porque es significante, porque
evoca de manera natural imágenes sensibles; un experimento científico sólo
podrá llamarse bello de forma convencional.
Si la belleza es siempre significativa, resulta que esta cualidad de
significación no es en absoluto una cualidad propia de los objetos, las
cosas no significan anda en sí mismas, con ellas significamos o bien
leemos en ellas un significado. Se capta la belleza en la naturaleza o en
el arte según el significado o sentido que tenga lo bello, es entonces lo
que agrada por la significación o sentido que tenga individualmente. Las
cosas sensibles despiertan en el alma recuerdos adormecidos, que son lo
que Platón llamó reminiscencias.
La apreciación de la belleza resulta subjetiva, ello se demuestra al
decir que las cosas en sí no son bellas, sino que lo parecen por lo que
significan o por las imágenes que al contemplarlas se evocan.
De conformidad con todo lo expuesto a la pregunta inicial qué es lo
bello, Carrit opina que la mejor respuesta parece ser: "Una cosa es
bella cuando es una cosa sensible, que agrada por la significación o
sentido que tiene para nosotros", debiendo ser naturales o inmediatas
en el objeto estas cualidades.
Contribuyen a considerar lo bello cualidades secundarias: forma, color,
sonido, proporción, etc., las cualidades del sujeto: cultura,
temperamento, imaginación y aun su estado de ánimo.
La belleza es expresión de la emoción y como tal nunca penetra a través
del gusto, el tacto o el olfato; se percibe por medio de la vista, llega a
través de la forma de las cosas, su gracia y su primero que combinados
armónicamente hacen que parezca bello un objeto. Con la vista se percibe
la belleza en la pintura, escultura y arquitectura; con el oído se
percibe la cadencia, el ritmo, la dulzura, la combinación armónica de
estos elementos constituye la música y la poesía. Con la vista y el oído
se percibe la belleza de las artes complejas: danza, teatro y ópera.
El mensaje que el artista escribió con lenguaje artístico en su obra y
que quedó plasmado en ella, ese es el significado, y se trasmite porque
todo ser humano, salvo ceguera estética, la cual por fortuna es rara,
puede percibir la belleza. Este sentido o significación se palpa más
claramente en las artes literarias, pero igual aparece en las demás
bellas artes.
Cuando se trata de la naturaleza, es muy difícil hacer su sentido
definido; sin embargo, la convicción de que lo posee es tan rotunda que
los teólogos no han vacilado en afirmar que la naturaleza es el arte de
Dios. Hay fenómenos naturales que han cobrado una significación, pudiera
decirse universal, desde tiempos remotos: un mar tempestuoso parece símbolo
de cólera; el viento huracanado, de impetuosidad; una mañana llena de
sol se califica de alegre; se dice que hay juventud en los botones de las
rosas, nadie se ha fijado ese carácter expresivo, pero así se han
considerado. La belleza en la naturaleza tiene la propiedad de excitar los
sentimientos más puros del alma: la serenidad de un valle silencioso, la
grandeza del cielo estrellado, lo inconmensurable del mar tienen efecto
conmovedor en el alma por su significación y sentido. La contemplación
del arte en cualquiera de sus formas provoca en lo más íntimo del ser
humano una emoción indefinible. Así sucede siempre al contemplar lo
bello donde quiera que se encuentre; se percibe, emociona, eleva los
sentimientos aunque no pueda explicarse el porqué.
Si la característica más sobresaliente de las cosas bellas es su
significación, cabe hacer notar que esta cualidad no es exclusiva de lo
bello; las fórmulas físicas, químicas y matemáticas son símbolos
significantes, pero no son bellos ni sugieren imágenes bellas, entonces
resulta que para llamar bellas a las cosas, éstas deben ser, ante todo,
significantes por su carácter sensible o por las imágenes sensibles que
despiertan al contemplarlas.
Justino Fernández dice que todos los hombres, por serlo, están
necesitados de algo, necesitan hacerse un mundo habitable, humano,
necesitan de la belleza.
Según Emmanuel Kant, "la belleza artística no consiste en
representar una cosa bella, sino en la bella representación de una
cosa"
Como antítesis de la belleza se encuentra la fealdad, si bien ha existido
siempre, fue Ulrico de Engelbert el primero en reflexionar acerca de la
naturaleza de lo feo y lo grotesco. Inicialmente se le consideró como la
ausencia de belleza, como algo carente de proporción y armonía, incluso
hasta muy avanzado el Renacimiento se pensó que el propósito de la
existencia de lo feo y lo grotesco era inducir por razón de contraste, a
una más clara percepción de la belleza.
Este concepto ha variado y aunque se ha llegado a afirmar que ala fealdad
le son necesarios la proporción y el orden, actualmente se considera la
fealdad no como un contraste solamente, pues aun opuesta a la belleza
constituye una categoría estética tan susceptible de expresarse en el
arte como lo bello. Siguiente a Farré se diría que el vaho de lo feo
exige también consideración estética.
La fealdad penetra en el arte con todo derecho y los artistas no la
esquivan. Sio en el arte sólo se había dado cabida a la belleza, esos
seres dotados de infinita sensibilidad que son los artistas miraron
sinceramente la vida, sin ocultar sus aspectos desoladores y sus miserias
y representaron en sus obras la fealdad con tanto vigor como la belleza.
Puesto que la vida se encuentra plena de contenidos emotivos, el mundo de
la sensibilidad que recoge el arte comprende la fealdad, lo desagradable,
lo despreciable. Ciertas pinturas parecen discordantes respecto al
concepto clásico y equilibrado del arte, algunas obras escultóricas se
exhiben con aparente desproporción que choca al gusto tradicional, hay
composiciones musicales que se antojan estridentes a un oído acostumbrado
a la música conservadora, la representación de tipos degenerados,
incluir palabras fuertes y duras en una novela o una obra teatral puede
resultar intolerable para quien carezca del sentido dramático que
verdaderamente posee la vida; sin embargo, estas obras que no son la
expresión de la belleza, pueden encerrar un genuino contenido de gran
valor estético.
Por eso algunos autores para evitar confusiones y no caer en la paradoja
de considerar que hay fealdades bellas, en vez de hablar de que el arte es
la representación de la belleza, lo consideran como la expresión de
valores estéticos, incluyendo toda la gama de contenidos que puedan ser
volcados en una obra de arte.
Hay cosas por las que se siente desagrado, repulsión, que se rechazan en
la vida diaria: un cuerpo mutilado o contrahecho, una riña, un asesinato,
la miseria moral del hombre, los horrores de la guerra, y que producen
sensaciones desagradables; sin embargo el arte repara en ello, el artista
capta esa cruda realidad que se convierte en un motivo de inspiración y
el hecho de ser vertida fielmente de acuerdo con el propósito del
artista, le concede un innegable valor a sus obras, las convierte en
ocasiones en obras maestras, ya que el artista transfigura todo lo
desagradable de la vida diaria en lo que es expresivo en el arte. Es difícil
comprender la actitud de un avaro, mas no hay duda que la descripción de
Shakespeare en El mercader de Venecia fue perfectamente realizada, puede
penetrarse en su personaje del avaro y hasta quizá entenderlo, lo que en
la realidad no es posible.
Quien entienda el arte como un reflejo de sensaciones placenteras no podrá
concebir una obra de arte que represente otra cosa diferente de la
belleza, la proporción o la armonía. La obra que expresa la fealdad como
valor contrario a lo bello puede provocar una emoción intensa, aunque no
placentera; precisamente el provocar esa emoción es la intención de la
obra, si la intuición y la expresión se lograron en forma correcta, la
obra estéticamente tiene tanto valor como cuando realiza la belleza,
porque expresa la emoción que ha inspirado. Su valor intrínseco puede
ser mayor o menor, según determinadas condiciones, pero en todo caso
lograr la expresión de la fealdad depende de la fidelidad con que sea
volcada en la forma y cómo se logre trasmitir el contenido de la intuición
misma, es por esto que un cuadro que expresa lo deforme tiene valor estético
si el deseo del artista fue expresar dicha deformidad. Un dibujo hecho con
unos cuantos trazos es estéticamente valioso cuando a pesar de su
simplicidad o precisamente por ella, tiene gran poder sugestivo; una obra
musical es valiosa por sus distorsiones.
Es cierto que la reacción frente a la belleza (o a lo sublime o lo
gracioso) es diversa a la que se experimenta cuando se contempla en el
arte la fealdad, lo vulgar o lo grotesco; la belleza inunda el alma de
armonía, de paz, es, dice Hegel, como si el hombre se acercara a lo
divino; el efecto que causa la fealdad es deprimente. Lo feo representa
para Farré lo que el error y la mentira con relación a la verdad, lo que
el vicio en relación con la virtud; según el propio autor, ¡qué mundo
de profunda desolación se expresa en la fealdad y la miseria de la vida
humana y sin embargo, qué valiosas son tales obras aunque no sean la
expresión de la belleza!
Lo sublime y lo grotesco
Sublime equivale a una
elevación extraordinaria, a excelsitud. Lo sublime es un grado más alto
que lo bello, se origina en un predominio de la majestad, de la
magnificencia, denota grandeza incomparable. Equivale a una belleza de tal
fuerza y magnitud, que no halla una manera adecuada de expresarse;
engendra un sentimiento de asombro, de perturbación que revela un choque
violento entre una fuerza que intenta manifestarse y una forma que no
alcanza a contenerla. En lo sublime el hombre contempla al infinito, que
no puede representarse de modo sensible más que mediante el arte, por
ello se ha llegado a decir que lo sublime es creación del espíritu
humano.
En lo sublime predomina la grandeza sobre la armonía, su manifestación
en la vida humana se encuentra en la abnegación, el sacrificio, el heroísmo,
el martirio, la lucha entre las pasiones y el deber, el triunfo de los
sentimientos sobre el egoísmo, la ofrenda de la vida en aras de un ideal.
Son sublimes el espacio celeste, la inmensidad del océano; es sublime la
actitud de Sócrates apurando la cicuta fiel a sus ideales, el sacrifico
de un niño que envuelto en su bandera se arrojó al vacío, la actitud de
la mujer del pueblo que amamanta a su hijo; personifican lo sublime el
Hombre clavado en la cruz, la madre que contempla dolorosamente angustiada
a su hijo muerto. En lo sublime se realiza la conjunción de lo divino, lo
bueno y lo bello.
Para que exista la emoción de lo sublime se debe experimentar un
sentimiento derivado de la grandeza y que sobrepase prodigiosamente lo
humano. Lo sublime precisa una magnitud cuyos límites, si los tiene,
escapan a la comprensión humana; en lo sublime el hombre siente que
existe algo más grandioso, superior a él.
Y así como en el arte se expresa la fealdad, se expresa también la
sublimidad, sólo en el arte puede ser expresado de manera palpable lo
sublime; si el artista no hubiese dado forma sensible a ciertos momentos
que quedan fuera del alcanza humano, no atinaríamos a representarnos lo
sublime.
Ante la belleza el hombre se funde en su contemplación, está como
perdido en la obra de arte que la expresa; en presencia de lo sublime
siente su pequeñez, se sobrecoge, aunque al mismo tiempo experimenta la
elevación de su espíritu. Por representar algo inalcanzable para el
hombre, despierta una peculiar emoción estética, una mezcla de pez,
euforia, dolor y angustia, como una feliz y dolorosa sensación que
embarga al alma y la enriquece.
Si el fin del arte es conmover y se logra con la expresión de lo bello y
lo sublime, ¿por qué el arte se ocupa de lo grotesco?
En Holanda, en el siglo XVII surgió un grupo de artista que usaron en sus
cuadros los motivos más vulgares y groseros que pudieran existir, entre
ellos Hals y Rembrandt, cuya pintura es realista; pintaron gente del
pueblo tal como la veían en las calles de los barrios bajos, los mercados
y las tabernas, no retrocedieron ante las figuras más vulgares: gruesos
comercientes, tabernos barrigudos, bebedores de cara abotagada, mujeres
astrosas; Hals pintó incluso una mujer idiota, creando una magnifica obra
que pone al hombre en contacto con otro hombre en su nivel más bajo, casi
de animalidad. Rembrandt sintió la necesidad de pintar no la apariencia
exterior de los hombres, sino sus características psicológicas, esta
tendencia fue seguida por infinidad de artistas. Y así nació la expresión
de lo grotesco en el arte, porque su origen se encuentra en la vida misma,
porque enseña a comprenderla elevando sus miserias a una más noble
expresión, resaltando y afirmando con ello los valores humanos.
En la representación de lo grotesco no se podrá jamás vislumbrar el
menor destello de belleza, como en la obra de Orozco, que aunque
objetivamente carece de ella, es significativa y por ende puede calificársele
de bella; lo grotesco es la realidad enaltecida por el arte, la obra tiene
valor estética no por lo que en sí representa sino por la fidelidad con
que el artista plasmó las figuras grotescas, porque la vida vulgar y
grosera en ocasiones puede ser purificada por medio del arte.
La sublimidad, lo mismo que la belleza, cabe en todas las bellas artes; lo
grotesco sólo en la pintura, escultura y teatro
Lo gracioso y lo ridículo
Farré define la gracia
como el movimiento que se agita alrededor de lo bello. Tal parece que el
arte pudiera desentenderse de la gracia y prescindir de ella, porque puede
pensarse que es un simple derivado de la belleza; sin embargo, es tan
maravilloso su encanto que aunque está ligada a la belleza, cobra autonomía,
logra independizarse y constituirse en categoría estética.
Al hablar de lo gracioso no debe pensarse en el significado que comúnmente
tiene este vocablo, para el arte lo gracioso no es la expresión de algo
chistoso, esto pertenece a lo cómico; la gracia de que se ocupa el arte
implica movimiento, es precisamente el movimiento la esencia de esta
categoría, sin su presencia la gracia estaría ausente. Pero este
movimiento tiene características especiales, si fuera un movimiento
pesado, brusco o mecánico, resultaría cómo, grotesco, ridículo; debe
ser un movimiento fácil, alado, sin esfuerzo aparente; debe implicar que
lo espiritual y lo corporal se entregan libre y espontáneamente a sus
manifestaciones, lo gracioso es contrario a todo lo que sea afectado o rígido.
Lo gracioso puede elevarse hasta lo sublime (aunque lo sublime jamás
descenderá a lo gracioso) y cuando pierde su armonía puede degenerar en
la cursilería. Puede acompañar a la belleza, de hecho es siempre así,
pero es una categoría estética con vida propia; sus principales
cualidades son la libertad, la espontaneidad y la espiritualidad, cuya
ausencia provocaría la ridiculez.
Para el crítico y e poeta inglés Alejandro Pope, la gracia es "una
cualidad estética distinga, un don o regalo de la naturaleza, o quizá
libertad hecho naturaleza, es diferente a la belleza, desafía el análisis
y apela más al corazón que a la cabeza, es especialmente la señal del
genio".
La gracia no es estrictamente posible sino en los límites y medida donde
el esfuerzo no puede aparecer, es el símbolo sensible de la vitalidad que
florece en los movimiento y actitudes del cuerpo, parece desconocer normas
y obstáculos, surge espontáneamente, ágil e inesperada, pero no
ascendería a categoría estética si además de lo corporal no existiera
lo espiritual: espíritu y materia son una feliz conjunción, realizan la
gracia.
Por extensión, según Challayè el término gracioso puede aplicarse
también al reposo. Hay actitudes fáciles y graciosas que han sido tema
para pinturas sobre todo: niños, especialmente, que de por sí
representan la gracia, que es inmortalizada por el pincel de algunos
artistas como Berta Morisot y María Cassatt que expresan la ternura y la
gracia de la niñez.
Si las categoría estéticas no son entre sí absolutamente
independientes, la gracia resulta lógico complemento de la belleza, sin
la gracia lo bello resultaría insípido, es la gracia la que le da el
toque mágico, no hay belleza sino para el alma impregnada de la gracia
que emana de una actitud, cuya intención y sentido revela; por algo
Leonardo da Vinci consideró que la belleza es la gracia fijada..
Lo que está falto de gracia es de mal gusto, cursi, es ridículo. ¿Puede
expresarse lo ridículo en el arte? Ha quedado dicho que la sensibilidad
del artista intuye en todos los aspectos de la vida lo que es susceptible
de expresión artística, y la ridiculez no es una excepción. Sin
embargo, esta categoría estética debe entenderse en relación con el
momento histórico en que se vive, pues así como cada época y cada
pueblo tienen su ideal de belleza, tienen así mismo su concepto de lo
cursi.
Lo ridículo es una categoría que puede expresarse de dos maneras: o bien
el artista capta la ridiculez propia de una persona o una época en una
obra de arte, en cuyo caso transforma lo chocante de la actitud, las
situaciones o las costumbres, y cifra el valor de su obra en el
equilibrio, la armonía, los colores, los juegos de luz; o bien tiende a
exagerar mordazmente, no con el propósito, como en lo cómico, de
provocar risa alegre, sino expresando de tal modo ciertas características
de personas o situaciones que resulten ridículas, en este caso es
indudable que el artista con un espíritu satírico quiere mostrar en toda
su verdad la degradación humana.
Es preciso recordar que no porque se expresa la cursilería, la obra
resulte ridícula, sino que es una obra de arte que representa la
ridiculez y que por expresarla en forma adecuada, tiene tanto valor estético
como cuando expresa la belleza o los demás valores estéticos
mencionados.
El pintor español Francisco de Goya retrató a la nobleza de su tiempo
con actitudes, peinados y vestidos que a nuestro gusto estético parecerían
ridículos; pero no es eso lo que debe juzgarse, sino el extraordinario
equilibrio que logra aun en grupos numerosos, lo fielmente que captó y
pintó las expresiones de los rostros, y desde luego el uso magistral de
la técnica. Nuestro muralista Diego Rivera en la Secretaría de Educación
Pública en México conscientemente pintó, llevando al extremo, la
ridiculez de la sociedad porfiriana, y José Clemente Orozco en el Palacio
de Gobierno de la ciudad de Guadalajara, en el panel que ha sido llama El
circo político, no desdeñó ridiculizar las dictaduras europeas,
vistiendo de payasos a quienes las profesaban
Lo trágico y lo cómico
Mientras que el
sentimiento estético se mantiene plácido en lo bello, llega a la
excelsitud con lo sublime y al gozo con la gracia; y con lo feo, lo
grotesco y lo ridículo se identifica con lo que tiene de desagradable la
vida misma, la realidad humana es su aspecto doloroso "punza
agudamente, dice Farré, por introducir en el alma su afilado aguijón".
El hombre se empeña afanosamente por afirmar su personalidad ante un
destino que cree inmutable, se enfrenta a las fuerzas ineludibles de la
naturaleza que sustraen sus propios valores y lo entregan a la adversidad,
pero en medio del dolor que le produce la conciencia de su finitud e
impotencia ante la muerte, en medio de sus debilidades se yergue
valerosamente y se enfrenta al destino. He aquí la tragedia.
Lo trágico es la tensión existente en la conciencia como resultado de
dos alternativas que tienen vida autónoma e independiente y omnipotencia;
el hombre sabe que tiene que optar por una, aunque sabe también que le
acarreará una existencia trágica o bien la muerte.
Lo trágico es la categoría estética que mejor expresa la esencial
condición del hombre y lo enseña a conocerse en el despliegue de
pasiones que describen tanto su grandeza como su mezquindad.
Hegel afirma que lo trágico está constituido por tres elementos:
conflicto, sufrimiento y un fin desdichado; aunque este último no es
necesario, sí existen en la tragedia los dos primeros elementos,
antinomia a que se ve sometido el hombre, y un intenso dolor resultado de
las frustraciones provenientes de la incapacidad humana para realizarse íntegramente.
Lo trágico va unido a la desolación y la muerte, pero también es
producido por la lucha del hombre consigo mismo para decidir el camino que
ha de seguir; lo trágico trata de responder simbólicamente al enigma de
la vida, el hombre lleva en sí mismo sus dolorosos problemas y en el arte
expresa mediante lo trágico aquello que no puede formular de otra manera.
El arte enfoca el problema de la realidad por diferentes caminos, intenta
penetrar en la realidad de la vida humana, en la realidad de las
relaciones entre el hombre y el mundo y sus eternas dificultades, y lo
logra en la tragedia.
Lo trágico es una categoría que por el dolor acerca a lo humano, pero
conserva todavía una gran dosis de elevación propia de lo sublime. En lo
auténticamente trágico nunca falta la dignidad, jamás se renuncia a la
grandeza, es inseparable de la sublimidad, si se alejara de ellas llegaría
hasta el extremo opuesto, resultaría cómico.
A través de la tragedia, según Aristóteles, se podría llegar a la
catarsis, es decir, la purificación mediante emociones que impactan.
Lo trágico ha sido expresado en el arte por infinidad de artistas: Miguel
Angel en la Piedad, Goya en El fusilamiento, Picasso en Guernica, para no
citar sino a unos cuantos, y en nuestro medio artístico: Clemento Orozco
en los murales del Hospicio Cabañas, Gabriel Flores en su cuadro La
guerra y la paz, ambos en Guadalajara; Amado Nervo en La raza de bronce y
Mariano Azuela en Los de abajo.
Si lo trágico produce dolor, lo cómico tiende a suscitar risa, a
divertir; en todos los tiempos, sin dejar de ser ridiculizante ha sido
formidable arma de combate. Lo cómico resulta del aspecto trágico de la
vida contemplado desde un punto de vista jocoso. La comicidad ha surgido
del instinto de imitación natural en el hombre, de su genio mímico
espontáneo y universal, de su necesidad de alegre expansión, de su
inclinación a burlarse de los defectos e imperfecciones de los demás.
Produce, en opinión del sociólogo Mendiete y Núñez, una especie de
catarsis social.
El artista cuando expresa comicidad está alerta a todo lo que la vida
tiene de limitado, insignificante o discordante y lo transforma por virtud
del arte en algo humorístico, cómico, capaz de provocar la risa en forma
espontánea.
Lo cómico se expresa a través de todas las artes: pintura, escultura,
literatura, danza, teatro y música sobre todo cuando va acompañada de
letra a propósito; pero por su propia naturaleza, donde ha encontrado su
mejor expresión es en el dibujo.
En Grecia se hizo resaltar lo cómico en la escultura exagerando rasgos de
personajes conocidos. En la pintura, Daumier y Orozco lo expresaron
magistralmente; en la literatura, en su soneto A una nariz Francisco de
Quevedo resaltó burlescamente lo desproporcionado de una nariz,
precisamente. En el teatro, lo cómico pertenece al género llamado astracán;
en la danza podría mencionarse la danza michoacana de Los viejitos; en la
música, la parodia.
Brota la comicidad en todas partes y siempre bajo aspectos sumamente
similares, consiste en la exageración de ciertos rasgos físicos,
defectos, aspectos morales, actitudes de una persona o bien, las
costumbres de una época o un pueblo realizados con una intención satírica
y hasta cruel.
La comicidad se encuentra desde Grecia, donde músicos ambulantes,
danzarinas callejeras, adivinos y agoreros provocaban la risa de los
espectadores con las imitaciones que hacían de ciertos personajes; en
Roma, los payasos divertían con sus discursos burlescos. En la Edad Media
y aun después, los cómicos son los bufones que divierte caricaturizando
a sus amos. En la India, China y Japón, la caricatura se manifestó a
través de mímica exagerada.
La comicidad se expresa en la caricatura, que encuentra sus características
esenciales a finales del siglo XVIII y se perfecciona con el desarrollo de
las artes gráficas; tiende, como se ha dicho, a representar clases
sociales, sobre todo políticos, símbolos, costumbres, épocas o pueblos
y su éxito radica, paradójicamente, en el parecido extraordinario que se
logra con el modelo a pesar de la exageración de sus características;
lleva propósitos de crítica festiva, aunque en ocasiones ha llegado a
ser sumamente mordaz; su contemplación provoca invariablemente la risa.
El sociólogo citado considera que la caricatura de carácter no político
"constituye un verdadero archivo de documentos sociológicos de valor
inapreciable, porque contribuye a esclarecer la historia social de
diversos países en las diferentes épocas de su vida".
La expresión de lo trágico provoca una dolorosa emoción, la expresión
de lo cómico produce una gozosa reacción; en ambos casos el arte cumple
su objetivo: mostrar la vida en todos sus aspectos
La facultad estética
En el alma humana hay una
facultad que permite captar, juzgar o crear los valores contenidos en la
obra de arte y a los que se ha dado el nombre de categoría estéticas; es
la facultad estética, que reviste tres formas: cuando se limita a
contemplar los valores contenidos en la obra es contemplativa; cuando
decide o juzga acerca de los mismos es crítica, y cuando de acuerdo con
un ideal o tomando como modelo la naturaleza crea la belleza, la
sublimidad, la gracia, la comicidad, etc., la facultad estética se
denomina creadora o artística.
La facultad estética en su primera forma permite gozar de lo que el arte
expresa; la contemplación estética es una percepción desinteresada, una
alegría con asombro, una sorpresa gozosa; los momentos de contemplación
estética son de exaltación emotiva, con un valor excepcional y salvo
ceguera estética que es una absoluta incapacidad para poder apreciar las
manifestaciones artísticas, lo cual es raro que suceda, la facultad de
captar la belleza y los demás valores que según se ha visto son volcados
en el arte, es privilegio de todo ser humano: en el alma late el
sentimiento contemplativo que se despierta ante el arte y aunque hay
factores que influyen en la contemplación, la capacidad contemplativa, la
aptitud receptiva existe en todos los hombres, todos somos capaces de
sentir la auténtica contemplación estética.
Sin embargo, la receptividad estética no es idéntica en todos los
hombres, varía según la cultura y el grado de sensibilidad de cada ser
humano; la cultura permite pulir los gustos y perfeccionar el sentido artístico
y cambia el punto de vista receptivo. La sensibilidad es un don innato que
la cultura no crea, aunque puede desarrollar; es algo que posee el hombre
como parte integrante de su personalidad, en mayor o menor grado; entre más
alto sea el grado de sensibilidad, mayor será al aptitud receptiva, la
capacidad para comprender el mensaje que el artista dejó en la obra.
Cuando de la contemplación surge el genuino goce estético, la obra de
arte habrá logrado su cometido y el mensaje del artista no quedará
perdido.
En algunos casos la facultad estética no se limita a percibir el arte,
sino que juzga acerca del valor de la obra, emite un juicio valorativo
sobre la misma, sea ésta la expresión de cualesquiera de las categorías
estéticas que ya han sido mencionadas; se trata entonces de la facultad
estética crítica, que se dirigen a la obra para juzgarla.
Para captar los valores estéticos no es imprescindible la cultura, la
reacción emotiva que la obra origine será resultado de la poca o mucha
sensibilidad del espectador y desde luego la apreciación del arte es muy
subjetiva, pero cuando se hace uso de la facultad estética crítica, se
debe n poseer ciertas cualidades: amplia cultura, suficiente sensibilidad
y una receptividad estética profunda que capacite al crítico para sentir
y comprender al artista y su obra.
Cuando la facultad estética no se limita apercibir la belleza o juzgar
acerca de la misma, sino que crea, se convierte en facultad estética artística
o creadora, de esta forma de facultad estética gozan esos seres con
cualidades excepcionales que son los artistas. El artista, dotado de
profunda sensibilidad, vive la sublimidad de la naturaleza y su facultad
estética creadora la materializa en el arte, o bien de acuerdo con su
ideal o proyectándose a sí mismo manifiesta en sus obras su emoción,
sus sentimientos. El artista es el hombre que animado por el soplo divino
crea un estado de ensoñación que lo desliga de la realidad; donde el
hombre común y corriente encuentra solamente cosas, el artista por su
intuición y sensibilidad encuentra una fuente inagotable de inspiración
que materializa en un poema, una sinfonía o un cuadro, gracias a su
facultad estética creadora.
Si como dice Tolstoi, el arte es evocar un sentimiento experimentado y
luego por medio de líneas, colores, sonidos, palabras o movimientos
trasmitirlo a los demás, el artista es el que evoca ese sentimiento y en
su obra de acuerdo con el material que elige, manifiesta su espíritu,
trasmite sus sentimientos, materializa en fin, su ensueño, porque goza de
una facultad estética, la creadora, que le permite dar forma material a
su inspiración.
Todos somos capaces de encontrar la belleza, o los demás valores que
tienen cabida en el arte, gracias a la facultad estética contemplativa,
pero a pocos les es dado poder plasmarla. Si la realidad llegara a
impresionar directamente nuestros sentidos y pudiéramos entrar en
comunicación inmediata con el mundo exterior y con nosotros mismos, todos
seríamos artistas, pero entre la naturaleza y nuestra persona, más aún,
entre nuestra persona y nuestra conciencia, se interpone un algo, un
abismo insalvable para el común de los hombres, fácilmente franqueable
para el artista gracias a su facultad estética creadora. Pero si bien el
poder de crear formas artísticas depende de la proyección de la emoción
en forma adecuada, lo cual constituye un don antes que una cualidad
adquirida, aun los hombres sin gran medida de este don pueden mediante la
facultad estética contemplativa, sentir y apreciar el arte; no todos
poseemos facultad estética creadora, pero gozamos de la facultad estética
contemplativa que nos capacita para sentir y encontrar la belleza y los
demás valores contenidos en el arte
El Artista
En el fenómeno llamado
arte deben concurrir tres elementos: artista, obra de arte y contemplador,
la presencia de los tres es indispensable para que se verifique el fenómeno
artístico.
El artista es el creador, el que impulsado por la inspiración da a sus
sentimientos forma material en una obra de arte. La obra de arte, valga la
redundancia, es la creación artística, lógicamente la materialización
de los sentimientos del artista. El contemplador es el que se acerca a la
obra de arte para admirarla y recrearse en ella.
Las bellas artes son el recinto del tiempo que el artista hizo suspender,
porque el contemplador, el hombre de hoy y el mañana podrán ser testigos
del momento vivido por el artista, quien pudo precederles por los siglos,
aun por milenios. Así es como han sobrevivido al tiempo el Laocoonte, símbolo
de la angustia; el Moisés, de Buonarroti; este último al invocar la
Creación del mundo y el Juicio final en la Capilla Sixtina, aprisionó
los extremos del tiempo.
El artista es el hombre que ante la sublimidad de la naturaleza y a través
de su facultad creadora la materializa siguiendo su ideal, proyectando su
espíritu; crea la obra volcando en ella su sentimiento, su emoción y
desde luego su sello individual característico. Es el hombre que animado
por el soplo divino crea en un estado de ensoñación artística que lo
desliga de la realidad.
El artista es necesariamente un amante de la belleza, ya que en el arte lo
bello es querido y producido intencionalmente; es un soñador y un
creador, realiza en su obra un esfuerzo por crear belleza, y aun en el
caso de que no llegue a realizar su propósito, de que no llegue a
alcanzar el fin a que aspira, su propósito es siempre crear la belleza,
aspira a crearla, ocurriendo lo mismo con los demás valores estéticos.
El artista es un soñador, pero no sueño sólo para sí mismo, sueña
para otros, su ensueño se hace material para la humanidad, es creador,
porque al realizar la obra de arte hace tangibles los valores estéticos,
eternizando en la misma el aspecto fugitivo del mundo, plasmando incluso
su angustia para la posteridad.
El artista es el hombre que convierte un yermo en un vergel, es todo el
que transforma sus emociones en expresiones, se distingue de los demás
hombres por su facultad estética creadora vertida en la obra de arte.
Charles Lalo concibe al artista como un narcisista, con amor a sí mismo,
pero no es egoísta sino en artista.
Comúnmente se nombra bohemio al artista por su personalidad tan ajena a
la realidad. Bergson dice que en el artista la naturaleza se olvidó de
unir la percepción a la necesidad, su alma desligada de la vida percibe
la naturaleza en su fuerza original, olvidando todo lo demás. El artista
es un ser excepcional que abandona el mundo exterior, vive en una perenne
ensoñación artística, estado de ánimo común a los artistas en que
evocan imágenes, se olvidan de todo lo que los rodea y viven fuera de la
realidad, en íntimo contacto con su yo interno, hasta el logro de la
cristalización de su sueño. Algo acontece al artista cuando se halla
creando, el material manejado por su inspiración obra forma, su talento
se expresa en un poema, una sinfonía, un óleo, una escultura, etc., en
un estado tal de ensoñación, que pierde todo contacto con la realidad.
El artista es con frecuencia incomprendido, muchas veces se rebela contra
la tradición y el espíritu de su época, y se opone al medio;
especialmente el genio, no pertenece de lleno a su momento, se adelanta a
él, es un visionario, un profeta, por algo al poeta se le llama vate, que
etimológicamente tiene la misma raíz que vaticinio. Aunque es producto
de su tiempo crea el provenir, el futuro es obra suya, él enseña a los jóvenes
una nueva manera de concebir el arte al echar las raíces del novedoso
trazo del mañana. El artista sin proyección futura, que sólo se adapta
a su tiempo, no logrará para sus obras valor de eternidad, por tanto
deberá ser además de idealista, un desadaptado.
El artista no deberá mentir en su obra, ésta debe ser sincera porque en
ella debe expresarse fielmente, por lo mismo debe ser original, si imita a
otro artista incurre en mentira, falsea su propio ser; es lícita, claro
está, seguir el estilo del maestro, de una época o de una escuela, pero
imprimiendo a sus obras el sello inconfundible de su personalidad; imitar
la obra ajena es, sin duda, un fraude.
El artista no debe pintar solamente cosas concretas; sin alcanzar la
esencia de las cosas, el verdadero arte trasciende de la singularidad de
las cosas y las hace universales gracias a lo esencial que intuye en
ellas, sin este tránsito del mundo material al espiritual, no habría
obra de arte, carecería de sentido su producción. Si Shakespeare se
hubiese limitado a describir cómo un hombre asesinó a su esposa en un
arranque de celos, tendríamos la noticia de un crimen, pero el excelso
escrito penetró profundamente en la esencia del amor y de los celos, supo
efectuar el tránsito de lo material a lo espiritual y legó a la
humanidad una magnífica obra de arte, tan es así que el símbolo de
celos es Otelo. Las tragedias del escritor inglés dan la idea universal
del amor en Romeo y Julieta, de la avaricia en El mercader de Venecia, de
la duda en Hamlet.
El artista debe transformar el objeto que su inspiración ha tomado como símbolo,
hasta ajustarlo a su alma y después a su expresión, por ello, con el
mismo tema, la crucifixión por ejemplo, existen tantos cuadros y
esculturas diferentes, y si la obra resulta en verdad poseedora de un
significado, ante ella el contemplador sabrá descubrir la clave del
mensaje e interpretar el panorama del alma del artista y mirar el mundo
como él lo mira.
El arte en si además de valores estéticos tiene su significado en sus
valores de asociación: un paisaje en su quietud significa paz, la
escultura de una mujer con un niño en brazos es la maternidad, Cristo
crucificado es el sacrifico. Las cosas que se contemplan en el arte se
desmaterializan, dando lugar a ideas, sentimientos o imágenes
espirituales universales, y corresponde al artista enseñar este lenguaje
universal. El artista es el hombre dotado de una profunda aptitud
contemplativa, de una intuición especial para captar todo lo que sea
susceptible de traducirse en una obra de arte, y además, de habilidad
para expresarse; es el que a través de su facultad creadora hace ver el
mundo bajo un prisma diferente del diario bregar.
Todas las bellas artes requieren de ciertas cualidades para ejercitarse,
las espirituales son indispensables en cualquier artista y comunes a todos
ellos y algunas de carácter material son diferentes en cada una de las
artes; además, es imprescindible la técnica, puesto que cada forma de
arte requiere un método y un mínimo de reglas a seguir; la técnica
implica conocer ambos, para saber usar el material que se va a emplear.
En el esfuerzo creador el artista se preocupa de consideraciones técnicas
mucho más de lo que puede sospecharse, la lucha contra el material, el
esfuerzo por dominarlo y dotarlo de agilidad y vida tienen fundamental
importancia, puesto que debe prepararse para esta lucha y su arma es la técnica.
La manera como la domine determinará su estilo, la diversidad de técnicas
se traduce en la diversidad de expresiones; la aplicación de reglas,
tradicionales o nuevas pero personales y vivientes; la dará como
resultado la imposición a la materia de la voluntad creadora propia de
cada artista, su peculiar estilo, que a decir de Ernes Hass es "su
manera de soñar con los ojos abiertos", es el modo propio de crear
que precisa y define su personalidad.
Cuando el artista haya dominado la técnica le será más fácil la
realización de la obra; sin embargo, más que una técnica perfecta, la
obra de arte debe ser expresión de sentimientos, pues sin ésta resultará
solamente una demostración de habilidad que no logrará despertar ninguna
emoción. El artista puede seguir las técnicas de los grandes maestros
pero también puede crear su propia técnica, desconociendo reglas y
principios establecidos, aunque siempre se requiere de un mínimo de
conocimientos técnicos.
Las facultades espirituales son, indudablemente, las más importantes y el
artista precisamente por poseerlas resulta diferente a los demás hombres.
El artista es quien eleva la condición perecedera de la materia,
transformándola en arte, por tanto la vocación resulta una cualidad
necesaria; si en cualquier actividad se requiere la vocación, que es la
inclinación, dedicación, pasión, con mayor razón en el arte; la vocación
posee el vigor necesario para producir reacciones emotivas, sin esta
fuerza la obra resultará mediocre, falta de interés; le proporcionará
asimismo la voluntad artística, que para Ramos es "la intención
deliberada que le lleva a producir y a plasmar en su obra valores
permanentes, que salvan las cosas de la fugacidad y temporalidad".
El artista, según se ha dicho, es un ser dotado de sensibilidad para
captar todo lo que sea posible de volcarse en una obra de arte pero además
de ese don, goza de habilidad suficiente para transformarlo en una obra de
arte, de tal manera que la contemplación produzca un efecto semejante a
la creación. Desde luego que debe poseer una limpia y sagaz inteligencia
que le permite intuir en la vida misma la esencia de las personas o las
cosas para transformarlas y elevarlas en el arte; el equilibrio entre la
inteligencia y la sensibilidad es lo que produce grandes artistas. Al
conjunto de estas cualidades se le llama talento artístico, y es innato
en el artista, pues el ejercicio del arte le permitirá perfeccionar la técnica
pero no le procurará el talento artístico. Su maravillosa sensibilidad
lo dota de inspiración que le permite encontrar en cualquier momento y
lugar motivo para la expresión artística, pero logra crear cuando la
inteligencia la guía.
Además, es indispensable una cualidad que se llama ingenio y que es también
un conjunto de cualidades: percepción clara, que puede llamarse criterio
estético, para ver las cosas como son y no de un modo falso; amor, para
encender con su llama y dar vida a las ideas que nacen en el espíritu
como resultado de la inspiración; fantasía, que es la cualidad en virtud
de la cual se crea la obra, es el ropaje que viste de gala las ideas; y
por último el estro, que es un poderoso y eficaz estímulo que inflama a
los artistas y los impulsa a exteriorizar sus conceptos íntimos revistiéndolos
de forma material
El Genio
Cuando un artista reúne
en bien concertado equilibrio todas las cualidades espirituales y
facultades materiales enunciadas, que hacen de él un gran artista,
hebreos encontrado un genio. El genio como cualidad común implica una
fuerza extraordinaria y una disposición especial para la ciencia, el
arte, la filosofía y cualquier ocupación. Como epíteto aplicable al
artista, es una metáfora que supone que el artista digno de tal adjetivo
se eleva por encima de la naturaleza humana; cada genio cultiva de manera
muy personal su estilo, que es su ideal dentro del arte lo expresa en
todas sus creaciones: Miguel Angel, la fuerza; Leonardo, lo espiritual;
Velázquez, la elegancia; Goya, la pasión; Murillo, el misticismo.
El genio debe reunir todas las cualidades del artista en el grado más
alto, para ser superior a los demás, un artista entre los artistas; pero
a pesar de su marcada personalidad individual debe algo al espíritu
colectivo, al medio social que prepara y dispone elementos y factores que
en el genio se condensan y adquieren madurez suficiente para dar frutos
sazonados; el genio con su perspicacia y penetrante mirada recoge los
elementos y gérmenes que condensa en la síntesis armoniosa de su obra,
que se eleva por encima de los límites exclusivamente individuales; su
verdadera característica se encuentra en su superior espontaneidad, en un
espíritu libre, su poder de concentración y su facilidad de expresión,
con lo que da relieve e imprime sello de grandeza a todas sus obras.
La aparición del genio es absolutamente imprevisible, está muy lejos de
ser solamente producto del momento, ya que el genio comúnmente se
adelanta a su época, desconoce y arrasa los cánones establecidos, crea
nuevas formas de expresión, que a menudo son incomprendidas, descubre y
emplea nuevas técnicas con nuevos materiales. Genio de la escultura fue
Donatello; de la arquitectura, Bernini; de la música, Chopin; de las
letras, Lope de Vega.
Por otra parte el genio no tiene patria, es universal, es patrimonio de la
humanidad.
Cuando entre los genios surge uno que difiere totalmente del medio que lo
rodea, que es superior a los demás genios, que crea algo nuevo,
excepcional, admirable, que cultiva un estilo de manera muy propia infundiéndole
el sello e inconfundible de su personalidad, dando su nombre al estilo que
ha creado, fundando una escuela, se estará en presencia del genio entre
los genios, del genio epónimo, que es un ser sobrenatural y semidivino.
El estilo del genio epónimo es considerado como la expresión máxima de
una personalidad artística y sus obras contienen la más alta calidad estética,
los genios epónimos son excepcionales: entre los griegos, Fidias fue
genio epónimo de la escultura y Homero de la poesía; en el Renacimiento,
Miguel Angel lo fue de la escultura y Leonardo, de la pintura. De las
letras españolas fue genio epónimo Cervantes; en Inglaterra, Shakespeare;
en Italia, Dante y