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Dylan Marlais Thomas

. Manifiesto poético de Dylan Thomas

111109 - Adrián Icazuriaga -

"Soy un caprichoso usador de palabras, no un poeta. Ésa es la verdad." - Dylan Thomas

El gato persa que Dylan Marlais Thomas nunca tuvo restregaba su lomo contra las patas de la mesa mientras amanecía en el condado de Carmarthenshire. Efectivamente, aquella estevada casa sobre pilotes, levantada a orillas de un estuario en el corazón de Gales, carecía por completo de ratones; y el poeta lo sabía, aunque de vez en cuando diera un grito y se trepara a una silla ante la admiración de todos.

Cuando las crecidas invernales del río Towy anegaban el jardín, tal vez se entretuviera apedreando los zarapitos o entrelazando nombres que rimaran con cada una de las colinas que se veían al este, en la margen opuesta del río, pero esta mañana no había nadie en la galería ni en el cobertizo, ni nadie sentado a la mesa garabateando nombres sobre tan arrebatador paisaje. No, aquella habitación estaba empolvada de silencio y sólo se inflamaba con los ronquidos de un hombre pálido y resacoso, que en el milagro de su impotencia, la noche anterior y sin saberlo, habría comenzado a escribir dos de los poemas más hermosos de la lengua inglesa de este siglo. Corría el verano de 1951.

Dylan Thomas puede haber elegido la muerte de innumerables maneras a lo largo de su falsaria vida, pero sólo una lo llevó a confesar:

"I make this in a warring absence when
Each ancient, stone-necked minute of love´s season
Harbours my anchored tongue.."
(1)
 

I. Hacia el comienzo

Bajo, con el pelo rojizo ensortijado y los labios carnosos, ojos que resaltaban la expresividad de una voz de histrión shakesperiano con notables dotes de actor, Dylan Thomas, que a los cuatro años ya declamaba de memoria versos de Ricardo II sentado en las rodillas de su padre (una obra que le ocuparía años después siendo parte del elenco del Swansea Little Theatre), se propuso a sus diecisiete años representar el más ingrato de los oficios: el de ser poeta.

Nació en Swansea (Gales del Sur), una pequeña ciudad que conoció la prosperidad con el auge del comercio marítimo a comienzos de este siglo, en el número 5 de Cwmdonkin Drive y un 27 de octubre de 1914; quien "antes de nacer ya sufría" estaba llamado a ser uno de los espíritus de su época.
Tan lejos del criticismo intelectual de
T.S. Eliot, como de la poesía social que en los años 30 liderara Auden en Oxford, su poesía comienza a gestarse en el período de entreguerras con la inédita influencia de un surrealismo inglés y, en mayor medida, con el retorno de una religiosidad incandescente, donde se mezclan por igual imágenes de rica tradición celta con temas de ufano carácter bíblico o imbricada simbología sexual.

Adelantándose a la tesis de George Oppen, el poeta embarca sus sentidos -y a menudo pierde el rumbo- en develar la "significancia cósmica de la anatomía humana". En una carta a Pamela Hansford Johnson afirmaba devotamente que "todos los pensamientos y los actos emanan del cuerpo. Por lo tanto, la descripción de un pensamiento o de una acción -por abstrusa que sea- puede ser comprendida llevándola al nivel físico. Toda idea, intuitiva o intelectual, puede ser imaginada y traducida en términos del cuerpo, su carne, piel, sangre, nervios, venas, glándulas, órganos, células o sentidos."

En una atmósfera exaltada, rayano en la grandilocuencia y la teatralidad, Dylan Thomas se deja manejar por las imágenes con el único presupuesto de atenerse al objeto musical.(2)

El primer verso irrumpe como un vivo fogonazo. "Should Lanterns Shine", "Hold Hard, These Ancient Minutes in the Cuckoo´s Month", "O Make me a Mask" o "If my Head Hurt a Hair´s Foot". A partir de allí, el poema trabaja con una sucesión de imágenes contrapuestas, que aniquilándose unas a otras, se traslucen en sus primeros poemas de un marcado carácter opresivo. Si de algo adolecían entonces era de falta de continencia. Un esfuerzo que el Dr. Daiches refiere como "el intento de comprimir demasiado en demasiado poco espacio".

De todas formas, la impresión que nos queda a su
lectura, más allá del tratamiento técnico de un estilo que poco nos importa, es la certeza, corroborada una y otra vez, de que aquel primer verso permanece indemne, y que el poema se desarrolla tan sólo como una posible interpretación de algo, de por sí, ya bastante oscuro. Sin embargo, en sus últimos poemas se avizora la claridad y la apertura como nota preponderante, y es en ellos donde el poeta alcanza su máximo esplendor.

En obras como: "In the white giant´s thigh", "Fern Hill", "Poem in october", "Do not go gentle into that good night", "Elegy", "In country sleep" o "Poem on his birthday", recuerda y hace evidente aquella notable premisa de Frost: "From Delight to Wisdom".(3)

"Un diccionario de rimas, una pequeña selección de objetos naturales y un don de dos centavos para enhebrar palabras bonitas juntas, y uno puede escribir todo el día.
El hombre que dijo por primera vez Veo la rosa, no dijo nada, pero el hombre que por primera vez dijo La rosa me ve expresó una verdad maravillosa [...] en:
"Mi sangre nace en las venas de las rosas", le das a la rosa una vena humana y les das a tus venas la sangre de la rosa, y esto es una relación. "Soy su hijo" es poco comparado a "Soy su carne y su sangre".(4)

En cuanto al tema todos sus poemas son monográficos: humanidad en la naturaleza. Y cuando opta por la primera persona lo hace de forma impersonal, alejado de lo cotidiano, conservando únicamente cuento hay de sufrimiento, frescura o muerte en cada uno de los hombres, sus hombres. Él nunca caracterizó la vida privada en un poema, como lo hiciera por ejemplo Yeats en "The Tower", sino que relegó sus datos autobiográficos para ser revividos como fragmentos de prosa, con su genio para la conversación, la improvisación de monólogos e historias, tanto en una locución para la BBC, como en una universidad norteamericana, un teatro o en el más ruinoso de los tugurios.


Dylan Marlais Thomas

II. Una obra en marcha

Para aquellos que han crecido a la vera de una rica tradición religiosa y cultural, rica en cuanto variadas son las posturas dentro del protestantismo, desde protestantes-inconformistas, metodistas-disidentes y predicadores salmistas que han hecho tronar su reclamo en todas las capillas de Gales desde el siglo XVII, podría resultar tentador y a veces fraudulento, apostatar la fe religiosa para convertirse en bardos de una "nación musical".
Una postura más cercana al paganismo, con su sincrética visión del hombre y la naturaleza, ante el pasaje de las estaciones, los ríos y la muerte, que a cualquier doctrina teocrática. Hecho éste que por otra parte, significaría retrotraerse a tiempos anteriores a Cromwell y la Reforma. Esta recreación de una consciencia pagana en las primeras décadas del siglo XX, marcó uno de los aportes de Dylan Thomas a la poesía.

Precedido e influenciado por dos ilustres detractores de las "viejas costumbres", como lo fueron su contemporáneo, y polémico escritor anglogalés, Cardoc Evans, autor de varias novelas y una obra de teatro (My Neighbours), que entre otras escatologías afirmó: "Gales podría ser una tierra más prometedora y cristiana si cada iglesia fuese quemada para construir sobre sus cenizas una taberna"; y la primera persona que tuvo consciencia de su enorme talento, ya en la temprana juventud, y que posteriormente abarcaría una definitiva influencia, posiblemente la única, en toda la
obra de Dylan: su padre, D.J. Thomas. Escritor frustrado, licenciado en filología por la universidad de Aberystwyth, daba clases en la Swansea Grammar School a la que asistió Dylan entre 1925 y 1931.

Fútil nos podría parecer, y hasta gratuito, querer trazar un paralelismo entre Dylan Thomas y Henry James, si bien es cierto que los dos escritores se dedicaron al ejercicio de su Arte con la meticulosidad de un esteta, pero no siendo casualidad que "el Maestro" concibiera el mundo ideal como un hospital de lujo y que el poeta de gales muriera alcoholizado en una taberna de Nueva York, confiamos en que el placer de elucubrar nos lleve a golpe de inferencias desde un muladar hasta los salones de Babilonia.

Pero en este caso, y sin pecar en la adocenada interpretación que de la muerte de Thomas hacen la mayoría de sus biógrafos, hay, es cierto, un claro paralelismo en el rol de sus respectivos padres. Y esto es así, en cuanto que los inmediatos ascendentes de ambos escritores hayan tenido una destacada influencia de "liberalidad-religiosa" en aquellas mentes jóvenes y receptivas, cuando éstas recién despertaban a la complejidad del mundo.

En pocas palabras, el padre de Dylan Thomas, al igual que el de Henry James, tal vez no legaran la definitiva respuesta a sus inquietudes de índole moral o religioso, pero sí les dejaron, y esto es quizá mucho más importante, la libertad formativa y la vasta herencia de una cultura. Algo que el escritor norteamericano siempre supo agradecer; sumado a la cuantiosa herencia que le tocara recibir de su abuelo, un fiel seguidor de la iglesia presbiteriana -tres millones de dólares de la época-, lo enfrentaba a la vida con la única preocupación de un creador por su obra.

Dylan Marlais Thomas

Dylan Marlais Thomas

Es decir, se completó con la tercera generación de los James un círculo, que para mayor gloria del Dr. Maslow, forman las necesidades materiales, las necesidades espirituales, y las necesidades intelectuales y artísticas. Para desgracia de nuestro doncel galés, su abuelo, Evan Thomas, fue, es y será un pobre pastor congregacionista de la aldea de Johnstown, y lo único que sobrevivió a su descendencia bien puede haber sido una cierta pasión por la sopa con picatostes. No le quedaba pues otro remedio que salir a venderse, con toda su gracia y su moldura, sin un centavo en el bolsillo, primero a Londres y luego a los Estados Unidos, donde completó cuatro giras leyendo poesía en auditorios repletos de quinceañeras enamoradizas y entomólogos jubilados.

De no haber sido así, probablemente no habría escrito Under Milk Wood, pero tampoco habría asistido a su última tertulia en la "White Horse Tavern". Por lo evidente nos apresuramos a agregar que Dylan Thomas no era un chico de Harvard como Eliot, y, para colmo de males, cuando le tocó ir a Londres, allí ya no estaba
Ezra Pound.

Ya finalizada su formación básica, y sin demasiados honores, a excepción de una destacada puntuación en el examen final de lengua inglesa, Dylan abandona la Swansea Grammar School e ingresa como reportero de un periódico local, el South Wales Daily Post. Empleo éste que obtuvo gracias a la mediación de su padre, quien por aquel entonces ya se habría resignado en sus pretensiones de enviar a Dylan a Oxford. Las ambiciones filiales no pasaban por aquella ciudad, ni tampoco por el South Wales Daily Post: Reportes funerarios redactados con la precisión de un paisajista, críticas de cine y teatro alternativamente insultantes y siempre cínicas, donde los personajes más reputados de la escena galesa eran vapuleados hasta el cansancio, hecho que normalmente sucedía mucho después de que el involucrado soltara el periódico y empuñara el teléfono, pidiéndole explicaciones al Editor en Jefe, al Jefe de Reporteros y a las Doce Parcas.

Su breve y tumultuoso pasaje por el periodismo ha legado a la posteridad sólo dos cosas: "The Antelope" y su afición al escándalo. El primero figuraba entre sus bares favoritos, cuando después de una jornada de trabajo dejaba la redacción y se encaminaba hacia el puerto, envalentonado y con un Woodbine en los labios, a escuchar la retahíla de historias contadas por marineros ingleses, entre tufaradas de alcohol y prostitutas avejentadas. La resaca de tales borracheras le serviría de inspiración tiempo después para escribir el cuento "La vieja Garbo", que apareciera formando parte de su "autobiografía provinciana": Portrait of the Artist as a Young Dog (Retrato del artista bribonzuelo) en 1940.

Esta colección de cuentos nos presenta a un Dylan estereotipado, con la divisa del adolescente que viviendo en la ciudad, hijo de una clase media inglesa que en otra época nos diera a los Keat´s y a los Browning´s, se vuelve al campo en busca de inspiración y del lugar idóneo donde concretar sus desaguisados. En un marco de granjas familiares, animales silvestres que son sistemáticamente perseguidos, cuando no exterminados, graneros, colinas y trifulcas de todo tipo -una de ellas intitulada "La Pelea", contra el músico Daniel Jones-, Dylan Thomas se explaya y nos lleva a la emoción cuando contemplamos su inocencia desde la perspectiva de una vida que resultará comparativamente trágica.

Los diez cuentos que integran esta antología están escritos sin afectación y con la magia característica del
autor, alternando con desigual fortuna cada uno de ellos, entre la primera y la tercera persona. Como ejemplo de su estilo bástenos citar este fragmento de "Los Duraznos":

"Entramos en el patio de la granja de Grosehill; resonaron los adoquines y los establos negros y vacíos recogieron el sonido ahuecándolo, de modo tal que hicimos alto en un vacío círculo de oscuridad; y la yegua fue entonces un animal hueco, y me pareció que nadie vivía en la casa hueca, al final del patio, salvo dos palos con rostros tallados como nabos...
El frente de la casa era el costado de una concha oscura y la puerta de arco un oído que escuchaba. Empujé la puerta y salí del viento, entrando en el pasillo. Era como si después de haber estado caminando por la noche hueca y al viento, atravesara una alta concha vertical, hacia la costa de un mar interior. Al final del pasillo se abrió una puerta; vi los platos en los anaqueles, la lámpara encendida sobre la mesa larga cubierta de hule:
<<Prepárate a reunirte con tu Dios>> bordado sobre la chimenea, los sonrientes perros de porcelana, el castaño ennegrecido, el reloj vertical, y entré corriendo en la cocina y me eché en los brazos de Annie".

Una reseña aparte merecerían sus Relatos completos(5), y si hemos de destacar alguno nos quedaríamos con tres. En "Los Huertos", el autor, el
héroe, un recolector de manzanas, sueña con una mujer espantapájaros y su hermana de carne, una estaca, que protege la colina donde se yergue su círculo de árboles frutales. Ella le señala los árboles que arden y los pájaros que vuelan. Al despertar, Marlais, el héroe, emprende un viaje mítico a través de once huertos, hacia el oeste y hacia el mar. Con el atardecer del tercer día llega al onceavo huerto y merienda con las dos hermanas en un círculo de manzanos, sobre una montaña de carbón. El fuego que crepitaba en los árboles ya se había extinguido y la amante del poeta era un espantapájaros de púas.

En "El Visitante", la agonía de un hombre se puebla de fantasmas. Desde el crepúsculo hasta el alba de su último día recorre el valle de Jarvis en brazos de un espectro, ve secarse los ríos que azogaban las rocas, ve la crisálida detenerse en el aire. Al amanecer le pregunta a su esposa por qué le cubre el rostro con una sábana.

En "El Niño en Llamas", un clérigo comete incesto con su hija y lleva al
pecado de la carne para quemarlo sobre un matorral de aulagas. La expiación es asumida con esta frase: "la muerte recostó las flores oscuras".

Con dieciocho años recién cumplidos y tras año y medio de trabajo en el periódico, el joven de Swansea decide que ha llegado la hora de consagrarse de lleno a su "Arte u hosco oficio"; dispuesto y apresurado, abandona el empleo de reportero y literalmente se encierra durante los próximos cinco meses en su habitación del Nº5 de Cwmdonkin Drive.

Comenzando una ininterrumpida labor con el lenguaje que le llevaría a completar en dos años más de cinco cuadernos de poesía y cientos de borradores, o como el poeta gustaba llamarlos: "hojas de trabajo". Estos cuadernos se editaron póstumamente bajo el título de "Poet in the Making: The Notebooks of Dylan Thomas" (Ralph Maud, Dent 1968), los originales fueron adquiridos por la Universidad de Texas.

Encapotado con una larga bufanda y un sombrero tirolés, un joven de aspecto ensimismado viene bajando por las desoladas rocas del Gower en una fría mañana de invierno, allá por el mes de octubre de 1933; entre brezos y colinas, serpentea el camino varias millas antes de ensancharse ante los límites de la ciudad. Como Stephen Dédalus despertando a un sueño entre almohadones y cenizas con un cancioncilla en los labios: "Are you not weary of ardent ways...?"(6), nuestro joven ansía llegar a su cuarto para esbozar en cualquier trozo de papel, entre tostadas, mantequilla y moscas de la fruta, los versos en que ha conspirado por igual una resaca, Dios y Gales:

"The force that through the green fuse drives the flower
Drives my green age; that blasts the roots of trees
Is my destroyer.
And I am dumb to tell the crooked rose
My youth is bent by the same wintry fever
".(7)

El resultado inmediato de este impulso fue que sus poemas comenzaran a aparecer en las revistas más prestigiosas del momento, Adelphi (en la que colaboraban por aquel entonces escritores de la talla de D.H.Lawrence, Tolstói y H.M.Tomlinson, entre otros); el suplemento literario del periódico The Sunday Referee publicó varios poemas suyos entre 1933 y 1935, en las revistas New Stories, New Verse, Life and Letters Today, The Criterion (dirigida por T.S.Eliot) se publicaron poemas y cuentos que luego ampliaría en sus tres primeros libros: 18 Poemas (1934), 25 Poemas (1936) y, en agosto de 1939, El Mapa del Amor.

En febrero de 1946 la
editorial Dent saca a la venta el libro Defunciones y Alumbramientos que incluye más de veinte poemas, entre ellos algunos de sus textos fundamentales: "A Winter´s Tale", "In my Craft or Sullen Art" o "The Conversation of Prayer".

Obtiene el Poetry Book Prize en 1934, otorgado por el Sunday Referee, en 1952 el Premio de Poesía William Foyle y en 1953 el Premio Internacional de Poesía Etna-Taormina, que lo convertirían en el poeta vivo más importante de Inglaterra.

Dylan Thomas y su mujer Caitlin Macnamara


Dylan Thomas y su mujer Caitlin Macnamara

III. Hacia el final

"¿Funciona este micrófono?, es uno de mis temores hablar a un micrófono que no funcione, y aquí estoy, vocalizando en el vacío... ¡Ni un alma me escucha!, uno de esos sueños kafkianos que le ocurren a todo el mundo, ¿podéis oír algo, o grito?, ¡No pueden! ¡Lo sabía!, sabía que estaba destinado a ocurrir algún día. Bueno, esto no es una lección, sólo una lectura de poemas... (¿pueden oírme?, ¿está funcionando esta maldita cosa?, ¿se supone que debe funcionar?; de acuerdo, voy a hablar para que todo el mundo me pueda oír sin el micrófono, vamos a hacerlo sin estos malditos aparatos) -aplausos-.

Esto es una lectura de poemas con algunos breves comentarios entremedio, que de todas maneras podrían no ser necesarios. Hay suficiente teoría poética ocurriendo aquí para que les dure por todas vuestras vidas, pero no queréis eso de mí. Tal vez podría manejar apropiadamente... preferiría manejar inapropiadamente una lección sobre poesía pero yo leo sólo los poemas que a mí me gustan, y no digo que sean buenos, lo cual significa por supuesto que tengo que leer muchos que no me gustan antes de encontrar los que me gustan, y cuando encuentro los que me gustan lo único que puedo decir es: aquí están. Todo lo que puedo hacer es leerlos en voz alta, para mí mismo o para cualquiera arrinconado voluntariamente como lo están ustedes... Voy a leer algunos poemas de Yeats, Hardy, Auden, los he elegido porque son directos y claros (espero que hayan sido oídos), y gradualmente iré descendiendo en mí mismo... -risas-, e incluso mi
madre no podía decir que mi mente estuviera lúcida, y cuando digo incluso quiero decir especialmente mi madre -risas-. De paso, espero que nadie se vaya... y, por favor, que nadie haga ninguna pregunta. No me importaría contestar, pero no puedo. Inclusive a tan simples preguntas como: ¿cuál es la relación entre la poesía, la sociedad... y la era prehidrógena? -risas-. Me gustaría ser capaz de responder preguntas fluidamente, ser capaz de hablar con brillantez, templadamente -risas-, pero, tan pronto como comienzo, tan pronto como... fantasmalmente, inarticuladamente atascado me lanzo a mí mismo en una frase que sé que no podré terminar nunca (como esta frase que ni siquiera he hecho) -risas-.

Me descubro pensando en otras respuestas a otras preguntas, inclusive más interesantes que las preguntas supuestamente en discusión, de tal materia eh... Rilke y el patrón oro; Charles Morgan (8) , mi personaje favorito en ficción -risas-; si cada hermafrodita o esquizofrénico ¿qué mitad les gusta? -risas-; o la influencia de W.C. Fields sobre Virginia Woolf -risas-..." (9)

Un hombre gordo y desaliñado ha irrumpido a grandes zancadas en el escenario, cruzando una rápida mirada al público inclina hacia atrás la cabeza y bebe un sorbo de agua. Había venido desde el este y más allá del este desde Gales, regando de poesía estos estados durante los últimos cuatro meses, todos oirían hablar de él y lo esperaban, de universidad en universidad, de colegio en colegio.

Aquella noche en Los Ángeles, posiblemente al final de su segunda gira, seguramente en la primavera de 1952, frente a más de mil estudiantes y tras dos horas y media de lectura, un inspiradísimo Dylan Thomas inventó a Thomas Hardy y, con gran generosidad, le dio vida a W.H. Auden. Prodigando su voz de tenor por todos los rincones recitó como si educara a una nación de salmistas, transcribió a Lawrence, rescató a los isabelinos y a los raros, leyó a Yeats antes que a Eliot y a W.H. Davies antes que a Wordsworth, prefirió los obscenos a los metafísicos, y, cuando se dio vuelta, un año y medio después, se vio súbitamente sentado en un aula vacía.

Dylan Thomas murió el 9 de noviembre de 1953 a las 12:40hs en el Hospital St. Vincent de Nueva York, cuatro días antes había entrado en coma etílico mientras se hospedaba en su habitación del Hotel Chelsea. El 25 de octubre, en el Poetry Center de N.Y., acudió al estreno mundial de su comedia para voces Under Milk Wood. Dylan Thomas, la primera voz, conmovió a un público entregado hasta el arrobamiento, sacudiendo el auditorio desde un silencio hasta otro silencio y como no quedara ya nada más por decir, avanzó entre una muerte: "for as long as forever is". (10) -
Henciclopedia

Notas:

(1) Adlitteram: Hago esto en una reñida ausencia cuando/ cada antiguo, pétreo minuto acogotado de la estación del amor/ fondea mi enraizada lengua...
(2) Algo que la catalogaría como melopea (o
melopoeia) según los géneros poéticos de Pound.
(3) Robert Frost, poeta norteamericano, haciendo referencia al ideal movimiento de un poema: "del deleite a la sabiduría"
(4)v. Carta a Pamela H.J., Noviembre de 1933
(5) The Collected Stories (Dent, 1983)
(6)"¿No estás cansada de ese ardiente afán...?". James Joyce, Retrato del artista adolescente.
(7)"La fuerza que por el verde tallo impulsa la flor/ Impulsa mis verdes años; la que agosta la raíz del árbol/ Es la que me destruye./ Y yo estoy mudo para decirle a la rosa doblada/ Que dobla mi juventud la misma invernal fiebre".
(8)Novelista inglés autor de "Retrato de un espejo"
(9) Transcripción del Autor
(10)"por tanto tiempo como lo es para siempre"
 


Dylan Marlais Thomas

Manifiesto poético de Dylan Thomas

Introducción
- Esteban Ierardo

De la tierra galesa brotan las voces de las antiguas leyendas celtas. El paisaje embelesa con imágenes de montañas, hierbas y árboles, lagos y rocas. La naturaleza, en el amanecer, el mediodía o el ocaso, abre cascadas de belleza. Que parecen nacer de los labios de hechiceros dioses creadores. Un poeta podría celebrar el pasado de los profundos mitos, y la lírica de la tierra, y de las nubes errantes. Que pintan el cielo. En el pequeño poblado galés de Swansea, en 1914, nació ese poeta. Dylan Thomas.

En su infancia, su padre y su maestro lo encauzaron en un incipiente aprendizaje poético mediante el estímulo a la lectura y la escritura. Luego, buscó conquistar alguna cima en Londres. Entre la niebla y la agitación cultural, fue reconocido como poeta. En 1934, escribió sus “Dieciocho Poemas”, donde su poesía adquirió un tinte no convencional, muy alejado del puro subjetivismo o del libre hermetismo metafórico surrealista. Su poesía comenzó a exhalar sus típicos vapores panteístas, su acento religioso, su regreso a esa fusión céltica de la fantasía y la existencia cotidiana. Su poema arquetípico, que une intensidad lírica y religiosa con un simbolismo de matriz céltica y pagana, es "Visión y Plegaria"; aquí los versos se ordenan dentro de la forma de un Grial.

En 1936 se casó con la bella Caitlin Macnamara. Tres seres nacieron de ese amor. Una alegría y vitalidad infantiles que se ensombrecieron bajo el tormentoso vínculo con su cónyuge, que iría empeorando y que malograría los futuros días del poeta.

Durante el derrumbe de su matrimonio y del Viejo Continente que se desangraba en la segunda Guerra, Dylan se dedicó a la radiodifusión y a escribir guiones para el cine. Percibió entonces los poderes infernales de la muerte. Pero ésta no alcanza a destruir la belleza, el misterio y un sentido de pulsación divina. Así lo manifiesta su gran poema: " Y la muerte no tendrá dominio" (que incluimos al final).

Aun durante la tempestad bélica, escribió y publicó los apuntes autobiográficos “ Retrato del Artista Cachorro” (1940) y “Aventuras en el Tráfico de Pieles” (de póstuma edición en 1954). Y luego, tras la agudización de su doloroso desencuentro matrimonial y de la orgía sangrienta de la guerra, le dio vida a “Defunciones y Nacimientos” (1946), “En el Sueño Campestre” (1951), y la obra de teatro para voces “Bajo el Bosque Lácteo”(también de aparición póstuma en 1954).

En el crepúsculo de su camino, dictó conferencias y recitó sus poemas en numerosas universidades norteamericanas. Su relación con la bebida trepó hasta un vértigo incontrolable. Esta adicción, que era también una lenta embriaguez del frenesí y la muerte, detuvo su corazón el 9 de noviembre de 1953, en Nueva York.

Aquí, en este momento de Textos Olvidados en Temakel, presentamos un texto poco difundido del gran poeta galés. En el verano de 1951, un joven estudiante que realizaba una tesis sobre Dylan, le realizó cinco preguntas. Las respuestas que en esta ocasión dio Dylan Thomas, componen este informal manifiesto de su visión personal sobre su propio oficio de poeta y sobre el significado de la poesía.
 


Dylan Marlais Thomas

Manifiesto Poético

Por
Dylan Thomas

Usted quiere saber por qué y cómo empecé a escribir y qué poetas o tipo de poesía me emocionaron e influyeron en mí.
Para responder a la primera parte de esta pregunta diría en primer lugar quería escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. Los primeros poemas que conocí fueron canciones infantiles, y antes de poder leerlas, me había enamorado de sus palabras, sólo de sus palabras. Lo que las palabras representan, simbolizan o querían decir tenía una importancia secundaria; lo que importa era su sonido cuando las oía por primera vez en los labios de la remota e incomprensible gente grande que, por alguna razón, vivía en mi mundo. Y para mí esas palabras eran como pueden ser para un sordo de nacimiento que ha recuperado milagrosamente el oído, los tañidos de las campanas, los sonidos de instrumentos musicales, los rumores del viento, el mar y la lluvia, el ruido de los carros de lechero, los golpes de los cascos sobre el empedrado, el jugueteo de las ramas contra el vidrio de una ventana. No me importaba lo que decían las palabras, ni tampoco lo que le sucediera a Jack, a Jill, a la Madre Oca y a todos los demás; me importaba las formas sonoras que sus nombres y las palabras que describían sus acciones creaban en mis oídos; me importaba los colores que las palabras arrojaban a mis ojos. Me doy cuenta de que quizás, mientras repienso todo aquello, estoy idealizando mis reacciones ante las simples y hermosas palabras de esos poemas puros, pero eso es todo lo que honestamente puedo recordar, aunque el tiempo haya podido falsear mi memoria. Me enamoré inmediatamente -esta es la única expresión que se me ocurre-, y todavía estoy a merced de las palabras, aunque ahora a veces, porque conozco muy bien algo de su conducta, creo que puedo influir levemente en ellas, y hasta he aprendido a dominarlas de vez en cuando, lo que parece gustarles. Inmediatamente empecé a trastabillar detrás de las palabras. Y cuando yo mismo empecé a leer los poemas infantiles, y, más tarde, otros versos y baladas, supe que había descubierto las cosas más importantes que podía existir para mí. Allí estaban, aparentemente inertes, hechas solo de blanco y negro, pero de ellas, de su propio ser, surgían el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración y todas las demás abstracciones imprecisas que tornan peligrosas, grandes y soportables nuestra vidas efímeras. De ellas surgían los trasportes, gruñidos, hipos y carcajadas de la diversión corriente de la tierra; y aunque a menudo lo que las palabras significaban era deliciosamente divertido por sí mismo, en aquella época casi olvidaba que me parecían mucho más divertidas la forma, el matiz, el tamaño y el ruido de las palabras a medida que tarareaban, desafinaban, bailoteaban y galopaban. Era la época de la inocencia; las palabras estallaban sobre sí, despojadas de asociaciones triviales o portentosas; las palabras eran su propio ímpetu, frescas con el rocío del Paraíso, tales como aparecían en el aire. Hacían sus propias asociaciones originales a medida que surgían y brillaban. Las palabras "Cabalga en un caballito de manera hasta Banbury Cross" (Ride a cock-horse to Bandury Cross), aunque entonces no sabía qué era un caballito de madera ni me importaba un bledo donde pudiera estar Bandury Cross, eran tan obsesionantes como lo fueron más tarde líneas como las de John Donne: "Ve a recoger una estrella errante. Fecunda raíz de mandrágora" (Go and catch a falling star. Get with child a mandrake root), que tampoco entendí cuando leía por primera vez. Y a medida que leía más y más, y de ninguna manera eran sólo versos, mi amor por la verdadera vida de las palabras aumentó hasta que sabía que debía vivir con ellas y en ellas siempre. Sabía, en verdad, que debía ser un escritor de palabras y nada más. Lo primero era sentir y conocer sus sonidos y sustancia; que haría con esas palabras, como iba a usarlas, que diría a través de ellas, surgiría más tarde. Sabía que tenía que conocerlas mas íntimamente en todas sus formas y maneras, sus altibajos, partes y cambios, necesidades y exigencias. (Temo que estoy empezando a hablar vagamente. No me gusta escribir sobre las palabras, porque entonces uso palabras malas, equivocadas, anticuadas y fofas. Me gusta tratar las palabras como el artesano trata la madera, la piedra o lo que sea, tallarlas, labrarlas, moldearlas, cepillarlas y pulirlas para convertirlas en diseños (secuencias, esculturas, fugas de sonidos que expresan algún impulso lírico, alguna duda o convicción espiritual, alguna verdad vagamente entrevista que tenga que alcanzar y comprender). Cuando era niño y empezaba a ir a la escuela, en el estudio de mi padre, ante deberes que nunca hacía, empecé a diferenciar una clase de escritura de otra, una clase de bondad, una clase de maldad. Mi primera y mayor libertad fue la de poder leer de todo y cualquier cosa que quisiera. Leí indiscriminadamente, todo ojos. No había soñado que en el mundo encerrado dentro de las tapas de los libros pudiese ocurrir cosas semejantes, tales tormentas de arenas y tales ráfagas heladas de palabras, tales latigazos a la charlatanería y también tanta charlatanería, una pez tan tambaleante, una risa tan enorme, tantas y tan brillantes luces enceguecedoras que se abrían paso a través de los sentidos recién despiertos y se diseminaban por todas las páginas en un millón de añicos y pedazos que eran todos palabras, palabras, palabras, cada una de las cuales estaba viva para siempre en su propia delicia, gloria, rareza y luz. Escribía infinitas imitaciones, aunque no las consideraba imitaciones sino más bien cosas maravillosamente originales, como huevos puestos por tigres. Eran imitaciones de lo que estuviera leyendo en ese momento; Sir Thomas Browne, de Quincey, Henry Newbolt, las Baladas, Blake, la Baronesa Orczy, Marlowe, Chums, los imaginistas, la Biblia, Poe, Keats, Lawrence, los Anónimos y Shakespeare.

(...) a media que empecé a amar las palabras y odiar las manos torpes que las zarandeaban, las lenguas espesas sin sensibilidad para los infinitos sabores, los obtusos y chapuceros escritores mercenarios que las aplastaban convirtiéndolas en una pasta colorada e insípida, los pedantes que las tornaban moribundas y pomposas como ellos mismos. Lo que primero me hizo amar el idioma y desear trabajar en él y por el fueron las canciones infantiles y los cuentos populares, las Baladas escocesas, algunas líneas de los himnos, las narraciones más famosas de la Biblia y sus ritmos, Los cantos de inocencia de Blake y la casi incomprensible majestad mágica y desatino de Shakespeare escuchado, leído y casi asesinado en los primeros años de la escuela.
 


Portada de la edición en español del ensayo sobre Dylan Thomas, escrito por John Malcolm Brinnin - Título original: Dylan Thomas in America

(...) la pregunta siguiente es si mi empleo de combinaciones de las palabras para crear algo nuevo, "a la manera surrealista", está de acuerdo con una fórmula prefijada o es espontáneo.

Aquí hay una confusión puesto que, la fórmula prefijada de los surrealistas era la de yuxtaponer lo impremeditado. Trataré de aclarar esto si puedo. Los surrealistas (es decir superrealistas, o sea los que trabajan por encima del realismo) constituían en la década de 1920 en París un círculo de pintores y escritores que no creían en la selección consciente de las imágenes. Para decirlo de otra manera: eran artistas insatisfechos tanto de los realistas (en términos gruesos: los que trataban de poner dibujos o en palabras una representación real de lo que ellos imaginaban que era el mundo real en que vivían) como los impresionistas quienes, hablando otra ves en términos gruesos- trataban de dar una impresión de lo que ellos imaginaban que era el mundo real. Los surrealistas querían bucear en el subconsciente, en la mente que estaba por debajo de la superficie consciente, y de allí extraer sus imágenes sin la ayuda de la lógica o la razón y ponerlas, ilógica e irracionalmente, en colores o en palabras. Los surrealistas afirmaban que, dado que tres cuartas partes de la mente estaban sumergidas, la función del artista era la de extraer su material de la mayor, de la masa sumergida de la mente más bien que de esa cuarta parte que, como el extremo de un iceberg, surgía del océano subconsciente. Uno de los métodos que empleaban los surrealistas en su poesía era el de yuxtaponer palabras e imágenes que no tenían ninguna relación racional entre sí y con eso esperaban alcanzar una especie de poesía subconsciente u onírica, que sería más fiel al mundo real e imaginativo de la mente, sumergido en su mayor parte, de lo que lo es la poesía de la mente concientes, que descansa en la relación racional y lógica de ideas, objetos e imágenes.

Este es, muy crudamente, el credo de los surrealistas, con el que estoy en profundo desacuerdo. No me interesa de dónde se extraen las imágenes de un poema; si quiere se pueden sacar del océano más recóndito del yo oculto; pero antes de llegar al papel deben atravesar los procesos racionales del intelecto. Los surrealistas, por otra parte, escriben sus palabras sobre el papel exactamente como emergen del caos; no las estructuran ni las ordenan; para ellos el caos es la estructura y el orden. Esto me parece excesivamente presuntuoso; los surrealistas se imaginan que cualquier cosa que rastree en sus subconscientes y pongan en colores o en palabras debe ser, esencialmente, de algún interés o valor. Yo lo niego. Una de las artes del poeta es la de tornar comprensible y articular lo que puede emerger de fuentes subconscientes; uno de los usos mayores y más importantes del intelecto es seleccionar de entre las masa amorfa de imágenes subconscientes aquellas que mejor favorezcan su finalidad imaginativa, que es escribir el mejor poema posible.

Y la quinta pregunta es, Dios nos ampare, cuál es mi definición de poesía.

Yo sólo leo poesía por placer. Leo sólo los poemas que me gustan. Esto significa, naturalmente, que tengo que leer una cantidad de poemas que no me gustan antes de encontrar los que me gustan pero cuando los encuentro, entonces lo único que puedo decir es "Los encontré" y leerlos por placer.

Lea los poemas que le gusten. No le preocupe el que sean "importantes" o perdurables. Después de todo, ¿qué importa lo que la poesía es? Si quiere una definición de poesía, diga: "Poesía es lo que me hace reír o llorar o bostezar, lo que hace vibrar las uñas de mis pies, lo que me hace desear hacer esto, aquello o nada", y conténtese con eso. Lo que importa con respecto a la poesía es el placer que proporcionada, por trágico que sea. Lo que importa es el movimiento eterno que está detrás de ella, la vasta corriente subterránea de dolor, locura, pretensión, exaltación o ignorancia por modesta que sea la intención del poema.

Puede despedazar un poema para ver que lo hace técnicamente rico y al tener ante sí la estructura, las vocales, las consonantes, las rimas y los ritmos, decirse a sí mismo: "Sí, es esto. Por esto me conmueve el poema: Por la artesanía". Pero está usted de vuelta en donde empezó. Otra vez se encuentra con el misterio de haber sido conmovido por las palabras. La mejor artesanía siempre deja agujeros y grietas en la estructura del poema de manera que algo que no está en el poema pueda arrastrarse, deslizarse, relampaguear o tronar.

La alegría y la función de la poesía es, y ha sido, la alabanza del hombre, que es también la alabanza de Dios. (*)

(*) Fuente: Dylan Thomas, Manifiesto poético, Ediciones nueva caledonia, pp. 89-100
- Temakel

Y la muerte no tendrá
dominio


Por
Dylan Thomas

Y la muerte no tendrá dominio.

Desnudos los muertos se habrán confundido

con el hombre del viento y la luna poniente;

cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,

tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;

aunque se vuelvan locos serán cuerdos,

aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,

aunque los amantes se pierdan quedará el amor;

y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.

Bajo las ondulaciones del mar

los que yacen tendidos no morirán aterrados;

retorciéndose en el potro cuando los nervios ceden,

amarrados a una rueda, aún no se romperán;

la fe en sus manos se partirá en dos,

y los penetrarán los daños unicornios;

rotos todos los cabos ya no crujirán más;

y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.

Aunque las gaviotas no griten más en su oído

ni las olas estallen ruidosas en las costas;

aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten

ya más la cabeza al golpe de la lluvia;

aunque estén locos y muertos como clavos,

las cabezas de los cadáveres martillearan margaritas;

estallarán al sol hasta que el sol estalle,

y la muerte no tendrá dominio.
 
 


 

 

 

 

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