|
|
|
Federico Jiménez Losantos |
Glosarios -
Biografías
-
Textos |
|
La
indagación histórica en torno a su vida está
basada en la excelente obra de Antonina Rodrigo,
cuyas 4
Mariana nació el 1º de Septiembre de 1804 en Granada, segunda hija sobreviviente de Ma. de los Dolores Muñoz y Bueno, de Lucena, Córdoba, plebeya, y de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío, retirado, de Guatemala, noble; y murió asesinada en garrote vil el 26 de mayo de 1831, por el verdugo José Campomonte, poco antes de cumplir 27 años, viuda, con dos niños pequeños. Sus padres no estaban legalmente casados, porque la condición de noble de su padre no lo permitía, y entre 1804 y 1805, sus padres litigaron por la herencia. Antes de morir en 1805, el padre testó a favor de Mariana a quien reconoció como hija natural, y nombró tutor y curador a su hermano José. Su madre desapareció de su vida al agotarse sus posibilidades de percibir siquiera una parte de los bienes de don Mariano. José de Pineda era ciego, de 47 años al hacerse cargo de su sobrina. En 1806, cuando Mariana tenía 2 años, decidió casarse con una prima suya, menor de edad, que no quería criarla. Fue un matrimonio arreglado por la madre de la novia, para restablecer su situación económica. Don José murió en 1812, y en su testamento ordenó cumplir con las decisiones judiciales sobre la herencia paterna de la niña Mariana inició su activismo político en 1824, un año después del fallecimiento de su esposo, Manuel de Peralta y Valte, militar retirado, liberal, padre de sus dos hijos, José María y Úrsula María. Asistía a las reuniones de liberales, conseguía los pasaportes falsos, mantenía y distribuía la correspondencia bajo nombres falsos con los exiliados en Gibraltar, y entre éstos y los presos en la cárcel de Granada, a quienes asistía a diario...Parte de las tareas de inteligencia estaban a su cargo. Tuvo un nuevo proyecto matrimonial con Casimiro Brodett y Carbonell, de 26 años, destacado militar liberal, pero los tribunales no lo purificaron. Entre 1825 y 1827, Mariana se ausentó de Granada. En 1829, lo impurificaron nuevamente, y en 1830 se asiló en Cuba, retornó a España en 1834 y se incorporó al Ejército hasta su muerte en servicio, en 1837. Aun se desconocen por qué no pudieron casarse Antes de que Ramón Pedrosa y Andrade llegara a Granada, Mariana y su criado, Antonio Burel, fueron procesados por primera vez por causa de infidencia, delatados por Romero Tejada, preso en Málaga. Merced a su defensor, sobre Mariana no recayó sentencia alguna. Pedrosa intentó reactivar la causa, sin éxito En 1825, Fernando VII nombró a Pedrosa Alcalde del Crimen de la Real Chancillería de Granada. Fue el Juez que la condenó a muerte por garrote, y su nombre, sinónimo de fanatismo, intolerancia y tiranía. Estaba enamorado de Mariana, quien lo rechazó, y la sentencia a muerte estuvo relacionada con esto En 1828, Mariana organizó la fuga de la cárcel de Granada de su primo y amante, don Fernando Álvarez de Sotomayor, 33 años, militar liberal, activo conspirador. Procesado y sentenciado a pena de muerte en 1827, se fugó disfrazado de fraile, y días después, huyó a Gibraltar. La policía requisó la casa de Mariana sin probarle nada, la rodearon de espías, y el alcalde de la cárcel de corte fue depuesto Ese mismo año, Mariana se mudó a la casa que habitó hasta su muerte, ubicada a pocos metros de la campiña granadina, donde vivía con su hijo, un criado y dos criadas. En 1929, murió su tutor; doña Úrsula se mudó con ella y nació su tercera hija, Luisa, hija de don José de la Peña y Aguayo, señorito andaluz. Mariana la reconoció como hija natural, la confió a un ama, y se complicó aun más su situación económica. Intentó vender dos propiedades heredadas, cobrar los réditos adeudados, y los bienes heredados por su hijo. A comienzos de 1831, tras el fracaso de los alzamientos de Torrijos y Manzanares, ordenó interrumpir el bordado de una bandera masónica, a enarbolarse en un inminente alzamiento liberal. Pedrosa sospechaba de Mariana, y por azar, por una delación, logró iniciarle proceso por causa de infidencia. El 18 de marzo de 1831, en un reconocimiento en su casa, hallaron la bandera y los letreros, que doña Úrsula trató de esconder infructuosamente. Quedaron bajo arresto domiciliario con vigilancia policial durante 9 días, cuando las trasladaron al Convento de Sta. Ma. Egipciaca. Mariana intentó fugarse sin éxito. Desde el inicio del proceso Pedrosa le insistió conque delatase a sus cómplices a cambio de indulgencia, pero estaba consternado frente a su mutismo. Mariana permaneció en el Convento hasta el 24 de Mayo, cuando la trasladaron a la Cárcel Baja para ajusticiarla el 26. El 19 de Marzo Pedrosa elevó un completo informe de lo hallado al Ministro de Gracia y Justicia, don Francisco Tadeo Calomarde, quien adoptó medidas urgentes y remitió la resolución real, que ascendió a Pedrosa a Alcalde de Casa y Corte, puesto ocupado por don Andrés Oller, liberal amigo de Mariana, designado fiscal en la causa. El ascenso otorgó poder a Pedrosa para condenarla a muerte. El proceso duró 2 meses. Su defensor, don José Ma. Escalera, tuvo 24 horas para estudiar el caso y preparar el escrito. Le negaron la posibilidad de apelación y le formularon un cargo falso que nunca conoció. El 26 de Abril, le notificaron el fracaso del litigio por la herencia paterna y al mismo tiempo, la sentencia a pena de muerte suscrita por Oller, fundada en el art. 7º del Decreto del 1 de Octubre de 1830, tras 4 días de juicio. Fernando VII firmó la sentencia de muerte que llegó a Granada a fines de Mayo. Oller fue destituido poco después y rehabilitado en 1833, cuando depusieron a Pedrosa. El 24 de Mayo la trasladaron desde el Beaterio de Sta. Ma. Egipciaca a la Cárcel Baja. Pedrosa temía una rebelión popular. Allí estuvo 2 días, hasta su ejecución en el Campo de Triunfo de la Inmaculada. En la cárcel le notificaron la sentencia, pero no declaró. A su confesor le expuso su estado patrimonial y la situación de sus hijos. Le confiscaron todos los bienes y Pedrosa inutilizó las cartas para su hijo y su tío, presbítero. La ejecutaron el 26 de Mayo por la mañana. La trasladaron al cadalso en mula por su origen noble. Iba un nutrido grupo de funcionarios de justicia, sacerdotes y militares. Todas las desembocaduras del Albaicín estaban llenas de mujeres, que lloraban ante su entereza. Llegaron refuerzos de tropa presintiendo un amotinamiento. Hubo un complot preparado para salvarla y matar al verdugo, que falló a último momento. La enterraron en el cementerio de Almengor. Esa noche, dos figuras de negro ingresaron al cementerio y clavaron una cruz en la tumba innominada de Mariana. |
|
|
La Libertad en el cadalso Don Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío retirado, había nacido el 1754, en Guatemala. Treinta años le llevaba a María Dolores, con la que huyó a Sevilla. Allí nació su hija Luisa Rafaela, pero no llegaron a casarse por las diferencias sociales y tal vez por presiones familiares. Acabaron instalándose en Granada, en una casa de la Carrera del Darro, en 1803. Allí murió Luisa y nació Mariana, nuestra heroína, el 1 de septiembre de 1804. La pareja duró poco. María Dolores se fue con otro hombre y el moribundo señor Pineda, que le había concedido la custodia legal de la niña y adjuntado su herencia, salió trabajosamente del lecho para reclamar su custodia y volvió a morirse. La madre se desvaneció y Mariana quedó bajo la tutoría de su tío José, solterón, achacoso y ciego. Pero una arpía astutísima de la familia, Tomasa Salazar, lo casó con un hija suya, Tomasita Guiral, y el ciego debió entregar a Mariana al cuidado de don José de Mesa y doña Ursula de la Presa. Tras recibir una educación esmerada según las costumbres de la época, se convirtió en una de las jóvenes más bellas de Granada. Y no sólo enamoraba a quienes la veían sino que, en lo tocante a efectos, era de rompe y rasga. A los 14 años, conoció a un militar retirado y con malísima salud llamado Manuel de Peralta, del que, hija al cabo de su padre, se enamoró. Casaron al año siguiente y con gran prisa, ahorrando amonestaciones: la boda fue el 9 de octubre de 1819 y el 31 de marzo de 1820 tuvo Mariana su primer hijo. Dos años después, Peralta dejó este perro mundo y convirtió a Mariana en la viudita más bella de Granada. Se supone que ese breve marido le ayudó por también a concebir una pasión sincerísima por las ideas liberales, que reinaban en buena parte de la oficialidad, pero su muerte coincidió con la segunda de las libertades constitucionales a manos de Fernando VII, personaje al que compararlo con las ratas sería un insulto a los roedores. Nacía la Ominosa Década, en la que el Trono y la alcantarilla se igualaron bastante. Verdugos, espías y traidores vivieron tiempos de prosperidad. También florecían en salones nobilísimos como el de los Condes de Teba, los padres de Eugenia de Montijo, desterrados de Galicia por liberales y que en Granada daban albergue a los enemigos del absolutismo. Entre ellos destacaba la hermosa viuda y de ella se enamoró perdidamente un joven que, andando el tiempo, sería ministro de Hacienda y uno de los hombres más ricos de España: el Marqués de Salamanca. Pero Mariana no le correspondió. Según ha averiguado su minuciosa biógrafa Antonina Rodrigo, prefirió a otro militar liberal, asiduo de la casa de los Montijo, llamado Casimiro Brodett. Se dieron palabra de matrimonio, pero él no logró su purificación política para licenciarse y la boda se frustró, no sabemos por qué. Murió 11 años después, en el campo de batalla, sin haberse casado nunca. Mariana volvió a Granada en 1827 y continuó su carrera de conspiradora, siendo procesada por primera vez tras la delación de Romero de Tejada en su prisión malagueña. Salió indemne de milagro. En 1828, el comandante Fernando Alvarez de Sotomayor (sobrino del célebre cura liberal García de la Serrana, tío de Peralta y, por tanto, primo de Mariana) fue condenado a muerte por colaborar en el fracasado alzamiento de los ejércitos de Andalucía contra Fernando VII. Mariana, que tenía permiso para visitar diariamente a su tío el cura consiguió introducir, prenda a prenda, un hábito completo de fraile y unas barbas postizas en la celda de don Fernando, que salió tranquilamente de la cárcel por la única puerta que había, a la vista de todos. Liberales y absolutistas quedaron convencidos de que Mariana era la artífice de la fuga del condenado y aunque Pedrosa, alcalde del Crimen de la Real Chancillería, no pudo contra ella, se la guardó. Mariana había conocido a otro hombre, Manuel Peña y Aguayo, astuto y cobardón que muchos años después llegó también a ministro de Hacienda de Isabel II. Tuvo con él una hija que Peña sólo reconoció en su testamento. Así vivió Mariana con su madre adoptiva, doaña Ursula, viuda de Mesa, y sus hijos José María y Luisa, empeñada en diversos pleitos para recuperar algo de la herencia de su padre y de su tutor don José. Pero dedicaba lo mejor de su tiempo a la conspiración, entre asonada y asonada. En una de éstas, fraguada como siempre en Gibraltar, se le encargó un estandarte con el lema Libertad, Igualdad y Ley. Compró para ello un tafetán morado en cuyo centro cosió un triángulo verde. Estos eran los colores del Oriente masónico, así que no se trataba de una bandera nacional como quiso luego la leyenda, aunque su sentido político sea el mismo. Como ella sabía coser pero no bordar, encargó las letras y la labor a dos criadas, y ése fue el pórtico de su ruina. Cierto clérigo liberal tenía relaciones con una de las criadas y vio el bordado en cuestión. Víctima de la devoción filial, advirtió a su padre, un doctor llamado Julián Herrera, realista furibundo, que moderase sus ímpetus absolutistas porque la revolución era inminente. El padre sonsacó al hijo y se fue a denunciar el caso. Pedrosa vio llegada su oportunidad y arregló las cosas de modo que devolvieran el bordado a casa de Mariana e inmediatamente entrase la policía para incautarse de la prueba del delito, como en efecto sucedió. Mientras se armaba el proceso, fue Mariana arrestada en su domicilio junto a doña Ursula y sus criadas. Entonces debió ser cuando Pedrosa, enamorado de Mariana o confundido por su libertad sentimental, se atrevió a pretenderla, pero sus insinuaciones fueron contestadas como sus averiguaciones, con silencioso desdén. Mariana se negaba a decir una palabra. Luego cayó o se fingió enferma y al poco trató de escapar disfrazada de vieja. Casi lo había conseguido cuando la atrapó su único guardián, que la encerró de nuevo. Pedrosa la envió entonces al Beaterio de Santa María Egipcíaca, en convento en funciones de cárcel creado para rehabilitar prostitutas y que acabó albergando a mujeres condenadas por delitos comunes o políticos. El trato era excelente por parte de las monjas pero los interrogatorios eran cada vez más largos y apremiantes. Pedrosa decidió llevar la situación al límite y sugirió al fiscal Andrés Oller, conocido liberal granadino, que sólo conservaría su puesto si pedía la pena de muerte contra su vieja amiga Mariana. La condena siguió su trámite y llegó a la corte. Calomarde lo trasladó a la instancia superior de Justicia, que encontró la sentencia de muerte «justa y arreglada a la ley». Faltaba la firma real, que naturalmente Fernando VII se apresuró a estampar, indicando el garrote como medio de ejecución. Pedrosa, ya con la condena en la mano, trató de forzar la voluntad de Mariana, pero ella se negó a delatar. Sólo habían pasado dos meses desde su arresto cuando llegó la fecha de su ejecución. La víspera, serena, escribió un testamento que el escribano no pudo pergeñar por impedírselo las lágrimas. En otra carta explicó a sus hijos que moría dignamente por la Libertad y la Patria. Antes de acostarse para su última noche, que fue de sueño breve y sereno, tuvo un rasgo que retrata su personalidad. Debían cambiarle el vestido por si tenía algún veneno y también quitarle las ligas para evitar que pudiera ahorcarse con ellas. Mariana aceptó el cambio de vestido si, tras su muerte, lo picaban con unas tijeras para evitar que desnudaran el cadáver; pero no transigió con las ligas: «Eso, no. Jamás consentiré ir al patíbulo con las medias caídas» Así subió la Libertad al cadalso el 26 de mayo de 1831, en Granada. Nunca se la ha visto más hermosa. |
|