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Jorge Teillier |
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En memoria de Sergio
Esenin: León Trotsky La vida de Esenin se inicia como una especie de cuento de hadas. Nació en el centro mismo de Rusia, en la aldea de Konstantinovo, cerca de Riazán. Hijo de campesinos, sus padres lo habían destinado a ser preceptor primario, pero rehusó continuar sus estudios, para dedicarse a la poesía, para la cual desde su infancia había mostrado la más viva disposición. "Serguéi Esenin, más que un hombre es un órgano que ha creado la naturaleza exclusivamente para la poesía", dijo Máximo Gorki cuando lo conoció. Desde niño escuchaba a los poetas populares errantes y repetía sus canciones, a la vez que componía las propias. Se unía a los peregrinos para visitar las catedrales, admirar los íconos, haciendo una vida de vagabundo y nómade. "En el transcurso de uno de esos peregrinajes –cuenta Franz Hellens–, Esenin cantó sus poemas, a los peregrinos que esperaban el tren agrupados en una pequeña estación. Conmovió en tal forma a esas almas simples, que los hizo llorar; un viejo se salió del grupo, y aproximándose al poeta, tembloroso de alegría, desanudó el pañuelo que le servía de monedero y sacó de él cincuenta kopeks, toda su fortuna para el camino, que obligó a Esenin a aceptarlos". El renombre del poeta campesino se extendió más allá de su aldea y un funcionario que lo tomó bajo su protección, lo llevó a leer sus versos ante los zares. "Seguirá la luna creciente o menguante / derramando sus remos por los lagos. / Y la Rus, como siempre vivirá, bailará y llorará botada en el camino". La Emperatriz halló que los versos eran "demasiado tristes". "Rusia es así" le contestó el poeta. Esenin empieza a oír el llamado de la venidera Revolución, ese sordo fragor como de un mundo que se derrumba que escuchaba Blok mientras escribía Los 12 y entra a formar parte del grupo dirigido por Ivanov-Razumnik, ideólogo del "socialismo místico" proclamador que en "el socialismo el sufrimiento del mundo salva al hombre", al revés del cristianismo; y que Rusia es revolucionaria y orgánicamente socialista, en contraposición al Occidente burgués, individualista y ateo. En Moscú, Esenin obtiene una fulminante popularidad, ya surge su fama de "camorrista y escandaloso", seduce a todos con su figura de joven de cabellos rubios y ojos azules. Poéticamente, encabeza el grupo de los Imaginistas, pero lo abandona prontamente y declara que "lo importante no es la imagen, sino el sentimiento poético del mundo". Su expresión poética proviene del sentimiento ancestral del campesino que ignora las comparaciones abstractas y para el cual todo objeto es definido en comparación con otro objeto. Así, para Esenin los sauces son ancianos, el sol una rueda, la aurora una gata que se lava en el tejado, la tierra una nodriza, la luna una miga o una oveja. Se puede decir de la poesía de Esenin lo que se dijo en su tiempo de la poesía de Francis Jammes: "que aparece como una muchacha desnuda en el rocío", rompiendo el aire enrarecido que había traído el simbolismo de Balmont y Merezhkovski a la poesía rusa. Parece no estar escrita con palabras, sino con surcos de arados, bosques, perros que ladran a la luna (Volodia Teitelboim en su ensayo Hombre y Hombre compara la poesía de Esenin con la de nuestro Juvencio Valle). La poesía de Esenin se singulariza por ser un intento de revivir la tierra natal y los días de infancia –esas hermanas gemelas– que constituyen el "paraíso perdido", en este caso el mundo campesino estable y ordenado. Mientras para Maiakovski era preciso escupir sobre el pasado y la poesía era un vehículo para transformar el mundo, Esenin –aunque desgarrado por contradicciones internas– fundamentalmente se volvía hacia un mundo pasado, al que presentía condenado a desaparecer, tal como en un poema en el cual describe un caballo que se esfuerza inútilmente por alcanzar una locomotora. Al llegar la Revolución de Octubre, Esenin se pone de lado de los bolcheviques, escribe poemas revolucionarios y un largo poema "Inonia" ("Otra") en la cual –influido por el poeta Nicolai Kliúiev– expone su mesianismo campesino, según el cual la Revolución traerá a Rusia el reinado del mujik, el paraíso terrestre aldeano. Lo que halló expresión artística en la poesía de Esenin, dice el crítico Suren Gaisarian, "fue el sueño con el justo país del mujik, y en ese sueño se mezclaban caprichosamente los sentimientos y estados de ánimos más contradictorios. El secular apego a la tierra, la exaltación del atraso de la aldea y el miedo a la ciudad. El anhelo de acabar con la vieja vida y el desconocimiento de las auténticas vías de lucha, el temor a los cambios. El ingenuo carácter soñador y la animadversión a los señores. Plegarías, óleos sagrados y granujadas, golfería, sobre todo entre la juventud campesina. "Fuerzas ciclópeas y debilidad de espíritu, impotencia". La popularidad de Esenin se acentúa durante los tiempos de la Revolución, en los cuales en las ciudades la poesía oral o escrita es el género más apetecido hasta por los tranquilos burgueses, y desplaza a la prosa en plazas y cafés como lo describe Ilya Ehrenburg en sus Memorias. Pero la Revolución se desplaza política y económicamente en un sentido distinto al que esperaban Lenin y los poetas campesinos. "El comunismo es el poder soviético más la electricidad" decía Lenin. La Revolución ha sido fundamentalmente obra del proletariado industrial que dirigido por los bolcheviques empieza a hacer salir de su letargo al coloso ruso. "Edificación", "Cemento", "El torrente de hierro" son las obras de éxito, que la situación requiere. Aunque Esenin escribe poemas revolucionarios como "Anna Sniéguina", "Lenin", "Balada de los 26" empieza a acentuarse su desajuste con la realidad. Su poema dramático "Pugachov", biografía del héroe rebelde cosaco del siglo XVIII, en el fondo exaltación del individualismo anárquico, es mal acogido por la crítica. Esto aumenta su depresión, su afición a la bebida. Entretanto aparece en la URSS como un meteoro la bailarina Isadora Duncan, que se une en matrimonio con el poeta (1921) y lo lleva consigo, para darlo a conocer en el Occidente. Aparecen sus primeras antologías en Alemania y Francia. Pero Esenin que hasta se negaba a hablar en un idioma que no fuera el suyo, se sentía totalmente desambientado en el extranjero. "Occidente es el reino del dólar, del fox trot, de la espantosa pequeña burguesía, siempre vecina a la idiotez", escribía a su amigo Marienhof. Y añadía: "Aquí hasta los pájaros se posan sólo donde les está permitido". Después de numerosos incidentes y escándalos vuelve a su tierra, en donde siente acentuarse sus contradicciones interiores, por los cambios revolucionarios. En un poema expresa su deseo de "remangarse los pantalones y correr en pos del komsomol". Y en "De vuelta a la patria" exclama: "Yo veo / que más triste, más desolados parecen mi madre y mi abuelo / más alegre, y sonriente el rostro de mi hermana. / Para mí, sin duda / Lenin no es un ícono / pues yo conozco el mundo. / Pero amo mi hogar. / Y mi hermana comienza / abriendo como una biblia el Capital ventrudo / a hablarme de Marx y de Engels. / jamás, en ninguna estación / yo he leído, por cierto, esos libros...". Llegan los años de la NEP, calificada por los críticos soviéticos como la "época más tenebrosa en la vida y la obra del poeta". Escribe Las tabernas de Moscú, en donde describe su vida de "hooligan", de desplazado social. La inadaptación, los fracasos sentimentales, la dipsomanía lo llevan al suicidio. "El pueblo ha perdido a su resonante guitarrero borrachín" escribió reprobatoriamente Maiakovski, el que se suicidaría cinco años más tarde "al estrellarse la barca del amor contra la vida". |
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En sus momentos de depresión Esenin consideraba que su poesía resultaría superflua en una nueva sociedad. Sin embargo, como le decía su amigo el pintor Rybikov, el triunfo del socialismo no significaba necesariamente que se terminaran los sauces y los atardeceres. Hoy día, Esenin es considerado uno de los grandes de la poesía soviética, sigue siendo uno de los favoritos del público, sus obras se editan en miles de ejemplares. Al entregar por primera vez en habla castellana una antología de su obra poética, por supuesto nos enfrentamos a una tarea casi insuperable, como es costumbre decir en los traductores, máxime considerando que la poesía de Esenin está íntimamente ligada a una musicalidad de la palabra que necesariamente se pierde al verterse a otro idioma. Sin embargo, confiamos en que "el espíritu que sopla donde puede" ha estado con nosotros y aunque sea en un espejo turbio, el lector encontrará la huella luminosa del "último poeta de la aldea". Por último, pensamos que no es una casualidad que, este libro aparezca en un momento crucial de la historia de nuestro país, en cierto modo semejante en el aspecto agrario al Octubre en el cual los campesinos esperaban oír "cantar el gallo rojo". Serguéi Esenin en los días que vivimos es un poeta nuestro, no lo dudamos. "Prologo" en Serguéi Esenin, La confesión de un granuja (Antología poética). Traducción directa del ruso de Gabriel Barra, versión poética de Gabriel Barra y Jorge Teillier. Editorial Universitaria, Santiago, 1973, pp. 9-14. Primera versión en El Siglo, Santiago (26.05.1963). Fuente Jorge Teillier. UNIVERSIDAD DE CHILE En memoria de Sergio Esenin - León Trotsky emos perdido a Esenin, ese poeta admirable, de tanta frescura, de tanta sinceridad. ¡Y qué trágico fin!. Se ha ido por voluntad propia, diciendo adiós con su sangre a un amigo desconocido, quizá, para todos nosotros. Sus últimas líneas sorprenden por su ternura y dulzura; ha dejado la vida sin clamar contra el ultraje, sin protestas vanidosas, sin dar un portazo, cerrando dulcemente la puerta con una mano por la que corría la sangre. Con este gesto, la imagen poética y humana de Esenin brota en un inolvidable resplandor de adiós. Esenin compuso los amargos “Cantos de un hooligan” y dio a las insolentes coplas de los tugurios de Moscú esa inevitable melodía eseniana que sólo a él pertenecía. Con frecuencia se jactaba de gestos vulgares, de una palabra cruda y trivial. Pero bajo esta apariencia palpitaba la ternura particular de un alma indefensa y desprotegida. Con esa grosería semifingida, Esenin trataba de protegerse contra las durezas de la época que le había visto nacer, pero no tuvo éxito. “No puedo más”, declaró el 17 de diciembre sin desafío ni recriminación... el poeta vencido por la vida. Conviene insistir en esa grosería semifingida porque, lejos de ser simplemente la forma escogida por Esenin, era también la huella dejada por las condiciones de nuestra época, tan escasamente tierna, tan poco dulce. Cubriéndose con la máscara de la insolencia -y pagando a esa máscara un tributo considerable y por tanto nada ocasional-, está claro que Esenin se ha sentido siempre extraño a este mundo. Y esto no es una alabanza, porque precisamente por esa incompatibilidad hemos perdido a Esenin; tampoco se la reprocho: ¿quién pensaría en condenar al gran poeta lírico que no hemos sabido guardar entre nosotros? Aspero tiempo el nuestro, quizá uno de los más expertos de la historia de esta Humanidad que se dice civilizada. Todo revolucionario nacido para estas pocas decenas de años está poseído por un patriotismo furioso para esta época, que es su patria en el tiempo. Pero Esenin no era un revolucionario. El autor de Pugachev y de las Baladas de los veintiséis era un lírico íntimo. Nuestra época no es lírica. Es la razón esencial por la que Sergio Esenin, por propia voluntad y tan temprano, se ha ido lejos de nosotros y de nuestro tiempo. Las raíces de Esenin son profundamente populares, y, como todo en él, su fondo “pueblo” no es artificial. La prueba más indiscutible se encuentra no en sus poemas sobre la rebeldía popular, sino nuevamente en su lirismo:
Esta imagen del otoño y tantas otras han asombrado, en primer lugar, como audacias gratuitas. El poeta nos ha obligado a sentir las raíces campesinas de sus imágenes y a dejarlas penetrar profundamente en nosotros. Fet no se habría expresado así, y Tiuchev, menos. El fondo campesino -aunque transformado y afinado por su talento creador- estaba sólidamente anclado en él. Es el poder mismo de ese fondo campesino lo que ha provocado la debilidad propia de Esenin: había sido arrancado al pasado y desarraigado, sin nunca poder arraigarse en el presente. La ciudad no le había fortalecido, al contrario, le había quebrantado y herido. Sus viajes por el extranjero, por Europa y el otro lado de¡ océano- no habían podido “levantarle”. Había asimilado más profundamente Teherán que Nueva York y el lirismo interior del niño de Riazán encontró en Persia más afinidades que en las capitales cultas de Europa y de América. Esenin no era hostil a la revolución y jamás le fue ella extraña; al contrario, constantemente tendía hacia ella, escribiendo a partir de 1918:
La revolución penetró violentamente en la estructura de sus versos y en sus imágenes que, confusas al principio, se depuraron. En el derrumbe del pasado, Esenin no perdió nada, nada lamentó. ¿Extraño a la revolución? No, pero la revolución y él no tenían la misma naturaleza. Esenin era un ser íntimo, tierno, lírico; la revolución es pública, épica, llena de desastres. Y un desastre fue lo que ha roto la corta vida del poeta. Se ha dicho que cada ser porta en sí el resorte de su destino, desarrollado hasta el final por la vida. En esta frase no hay más que una parte de verdad. El resorte creador de Esenin, al desenroscarse, ha chocado con los ángulos duros de la época, y se ha roto. Hay en Esenin muchas hermosas estrofas contagiadas de su época. Toda su obra está marcada por el tiempo. Y, sin embargo, Esenin “no era de este mundo”. No es el poeta de la revolución:
Su resorte lírico no habría podido desarrollarse hasta el final más que en una sociedad armoniosa, feliz, plena de cantos, en una época en que no reine como amo y señor el duro combate, sino la amistad, el amor, la ternura. Ese tiempo llegará. En el nuestro, se incuban todavía muchos combates implacables y salutíferos de hombres contra hombres, pero vendrán otros tiempos que preparan las actuales luchas. La personalidad del hombre se expandirá entonces como una auténtica flor, como se expandirá la poesía. La revolución arrancará para cada individuo el derecho no sólo al pan, sino a la poesía. En su último momento, ¿a quién escribió Esenin su carta de sangre? ¿Quizá llamaba de lejos a un amigo que aún no ha nacido, el hombre de un futuro que algunos preparan con sus luchas como Esenin lo preparaba con sus cantos? El poeta ha muerto porque no era de la misma naturaleza que la revolución. Pero en nombre del porvenir, la revolución le adoptará para siempre. Desde los primeros tiempos de su obra poética, Esenin, consciente de ser interiormente incapaz de defenderse, tendía hacia la muerte. En uno de sus últimos cantos se despidió de las flores:
Sólo ahora, después del 27 de diciembre, todos nosotros, que le hemos conocido mal o bien, podemos comprender totalmente la sinceridad íntima de su poesía, cada uno de cuyos versos estaba escrito con la sangre de sus heridas venas. Nuestra amargura es tanto más áspera por eso. Sin salir de su dominio íntimo, Esenin encontraba, en el presentimiento de su próximo fin, una melancólica y emocionante consolación:
En nuestra conciencia un pensamiento suaviza el dolor agudo todavía reciente: este gran poeta, este auténtico poeta, ha reflejado a su manera su época y la ha enriquecido con sus cantos, que hablan de forma nueva del amor, del cielo azul caído en el río, de la luna que como un cordero pace en el cielo, y de la flor única, él mismo. Que en este recuerdo al poeta no
haya nada que nos abata o nos haga perder valor. El resorte que
tensa nuestra época es incomparablemente más poderoso que
nuestro resorte personal. La espiral de la historia se desarrollará
hasta el fin. No nos opongamos a él, sino que ayudémosle con
toda la fuerza consciente de nuestro pensamiento y de nuestra
voluntad. Preparemos el porvenir. Conquistemos, para todos y para
todas, el derecho al pan y el derecho al canto. |
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