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1101 -
La leyenda de Alejandro
Alejandro Magno -
Pedro Adolfo Rodríguez Díaz
Alejandro nació en Macedonia en la ciudad de Pella (actual
Grecia), en el 356 a.C., hijo de Filipo II, rey de
Macedonia y de Olimpia, hija del rey de Epiro Neoptolomeo. Recibió
una esmerada educación a cargo en un primer momento de Leónidas y
posteriormente del filósofo Aristóteles, en el 345, que ejerció una
notable influencia sobre Alejandro.
Desde muy temprana edad mostró gran interés por el
Imperio Persa y su funcionamiento, así como por la invasión de los
persas sobre Macedonia. Del mismo modo, le interesaron las leyendas
de Baco, que la mitología convierte en conquistador de la India.
Ferviente lector de Homero, encontró en Aquiles su modelo que debía
imitar. Se cuenta que era capaz de recitar de memoria la Ilíada y la
Odisea. Según la leyenda, consiguió domar al caballo Bucéfalo, que
nadie había podido montar con anterioridad, para lograr su intento,
Alejandro lo puso siempre de cara al sol, porque el animal se
espantaba de su propia sombra. Alejandro estuvo muy ligado a este
caballo que lo acompañó durante gran parte de su expedición a Asia.
A su muerte fundó varias ciudades a las que dio. el nombre de
Bucefalia.
A partir de los 16 años desempeñó el gobierno de
Macedonia, mientras su padre sitiaba Bizancio. Tomó parte por
primera vez en una contienda en la victoriosa batalla de Queronea
(338 a.C.) contra los medas. Poco después se enfrentó a su padre
debido a que éste repudió a Olimpia para casarse con Cleopatra,
sobrina de Atalo, noble macedonio. Alejandro se puso de parte de su
madre y, tras protagonizar un enfrentamiento con Atalo en el
banquete de bodas de su padre, se exilió a Epiro junto con Olimpia.
No regresó hasta la muerte de su padre, asesinado por Pausanias.
Al
morir Filipo, se sospechó acerca de la responsabilidad de su hijo en
el crimen, pese a lo cual le sucedió en el trono, aclamado por el
ejército. Cuando se convirtió en rey en el 336 a.C., se encontró con
un buen número de problemas, Plutarco los sintetiza así: "Los
bárbaros de los confines no soportaban la esclavitud y deseaban
organizarse formando reinos independientes ;por otra parte, una vez
conquistada Grecia por sus huestes, Filipo no había tenido tiempo de
someterla y avasallarla porque, después de haber cambiado y
modificado profundamente el orden de las cosas, la dejó: a
continuación y a raíz de la novedad de la situación, todos se
sublevaban", por otro lado los nobles macedonios querían recuperar
los privilegios que su padre les había quitado. Para ganarse su
fidelidad, les eximió de tributos y les dio los más altos cargos de
su ejército. Por otro, Átalo, que se encontraba al mando de un
ejército en Asia, intentó deponer a Alejandro y dar la corona al
recién nacido hijo de Cleopatra. Grecia se sublevó al saber de la
muerte de Filipo, dirigidos por Demóstenes. También hubo
sublevaciones en Ambracia y los tebanos atacaron Cadmea. Al mismo
tiempo los tracios, tribalos, getas e ilirios preparaban la invasión
de Macedonia, convencidos por los griegos. Para poner remedio a todo
esto, mandó asesinar a Atalo, a continuación se puso al frente del
ejército y se dirigió rápidamente a Grecia. Las ciudades griegas no
esperaban una reacción tan fulminante y, por tanto, no estaban
preparadas, por lo que tuvieron que rendirse a Alejandro. En su
corte eliminó a todos aquellos que se le oponían.
Pacificados
sus dominios, convocó la Asamblea de la Liga de Corinto en el 335, la
cual aprobó la guerra
contralos persas, tal como su padre la había proyectado, y eligió a
Alejandro como estratego y comandante supremo de los helenos. Tras el
nombramiento regresó a Macedonia para preparar la guerra y allí tuvo que
hacer frente a los tracios, tribalos e ilirios. Llegó con sus armas
victoriosas hasta el río Danubio, en tanto que en Grecia, especialmente
en Tebas, se creyó que Alejandro había muerto en combate, por lo que el
pueblo se levantó en armas; sin embargo, Alejandro regresó antes de que
se desmintiera la noticia de su muerte. Tebas fue sitiada, saqueada y
destruida en el 335 y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud;
los demás estados griegos se sometieron y alcanzaron su indulgencia.
Después de asegurar las fronteras de su reino
macedonio, dejándolo al cuidado de su amigo Antípatro, cruzó el
Helesponto al mando de un ejército compuesto en su mayoría por
macedonios, pero en el que había contingentes de todos los pueblos
conquistados en ese momento por Alejandro, con él derrotó a los sátrapas
persas de Asia Menor junto al río Gránico en el 334 (ver anexo 1). La
batalla fue terrible para los persas que tuvieron importantes bajas, ya
que su ejército se desmoronó ante el organizado ataque de Alejandro, al
que sólo el general Memnon consiguió resistir, pero de nada sirvió pues
todo el ejército fue destruido. Liberó Sarde y las ciudades griegas de
Asia; tomó Mileto, donde falleció Memnon, y Halicarnaso. Después cruzó
Licia, Panfilia y Frigia (donde cumplió la profecía del "Nudo Gordiano",
partiéndolo en dos con su espada). En todos los territorios conquistados
situaba a oficiales macedonios como gobernadores con el título de
sátrapas.
En el verano del 333 las fuerzas macedonias sufrieron
diversos reveses en los que perdieron Quíos y Mitilene. Estos reveses se
debieron a la prematura disolución de la flota jónica, que regresó a
Grecia, dejando al ejército sin posibilidad de retirarse.
Se enfrentó al ejército persa comandado por el propio
Darío III en la batalla de Iso en el año 333 a. C.( Ver anexo 2 ). La
victoria de Alejandro fue completa y el rey persa huyó hacia el este con
todas sus fuerzas, dejando en manos de Alejandro el tesoro real, así
como a su madre, Sisigambia, su esposa Estatira y sus hijos, a los que
Alejandro respetó la vida. Darío ofreció grandes riquezas y títulos a
Alejandro a cambio de que detuviese sus avances, pero éste los rechazó.
La zona occidental del imperio persa (Fenicia, Palestina, Egipto), se le
entregó sin ofrecer resistencia entre el 332 y el 331. En Egipto, fue
designado hijo del dios Amón en el oasis de Siua; allí, fundó varias
ciudades, entre ellas Alejandría, y estimuló la construcción de obras
públicas como el Faro en el delta del Nilo, que construyó en el 285 uno
de sus generales, Ptolomeo. Asegurado su dominio sobre estas regiones
del Mediterráneo, estaba en condiciones de emprender la conquista de
Oriente.
En el año 331 a.C. se dirigió hacia Mesopotamia, donde
Darío III había reunido un gran ejército. En la titánica batalla de
Gaugamela o Arbela (ver anexo 3 ) nuevamente Alejandro derrotó al rey
persa, utilizando la táctica de la línea oblicua que ya había empleado
en Gránico e Isos; Darío huyó a Ecbatana; Babilonia y Susa se
entregaron. Alejandro le persiguió y después de cruzar las Puertas
Cáspicas conquistó Persépolis, antigua capital del Imperio Persa, donde
encontró un sustancioso botín e incendió el palacio real en compensación
por la destrucción que los persas habían causado en Grecia en el 480. Se
adentró en Persia conquistando Media y Partia. El asesinato del rey
persa por Bessos (330 a.C.) permitió a Alejandro considerarse sucesor de
dicho monarca; como tal, sometió a las satrapías orientales disidentes
y, al mismo tiempo, capturó a los asesinos de Darío, con el fin de
evitar que constituyesen reinos independientes. En el 329 conquistó el
Irán oriental, donde capturó y ejecutó a Bessos. Durante tres años
continuó sus conquistas por el territorio persa, lo que le llevó de
Hircania hasta Drangiana, Bactriana y Sogdiana, donde se casó con
Roxana, hija de un príncipe local, en el 328; durante estos años
Alejandro sufrió un proceso de orientalización que provocó el disgusto y
el abandono de algunos de sus compañeros macedonios.
La progresiva identificación de Alejandro con los
elementos persas se manifestó no sólo en el origen oriental de las
tropas reclutadas y en el nombramiento de sátrapas para el gobierno de
las regiones conquistadas, sino también en su propia vida personal: su
matrimonio según el rito iranio, el uso de los atributos (sello, tiara y
ceremonial) reales persas y, lo que fue más grave, el exigir a los
macedonios que le saludaran postrándose ante él según el gesto de
adoración que los persas realizaban ante sus reyes. Esta "crisis
asiática" radicalizó la represión de Alejandro entre los miembros de su
séquito que criticaban las nuevas costumbres adquiridas. Mandó ejecutar
a Filotas, a Parmenio, y a Calístenes, sobrino de Aristóteles, tras la
conjura de los pajes del 327; así mismo ejecutó al mismo Clito, su
hermano de leche, que le había salvado la vida en la batalla de Gránico;
se dice que a éste lo ejecutó con sus propias manos.
En el año 327 a.C. inició su expedición contra la
India, con el fin de alcanzar los supuestos confines meridional y
oriental de las tierras habitadas y satisfacer su proyecto de dominio
universal, así como para aplacar los ánimos de su descontento ejército,
el cual veía cómo los orientales tenían más peso dentro de sus filas. En
su progresión hacia Oriente derrotó al rey indio Poros en Hidaspes; su
sumisión hizo que Alejandro le devolviera el reino y lo considerara como
un vasallo. Se abrió camino hasta la desembocadura del río Indo, pero
allí tuvo que preparar el regreso debido a un motín de las tropas que se
negaban a seguirle hasta el Ganges; era el otoño del año 326. En poco
más de ocho años las conquistas de Alejandro ocupaban un inmenso
territorio que unía el Mediterráneo con la India y Egipto con Grecia.
Para el regreso desde la India tuvo que construir una flota fuertemente
armada, mandada por Niarcos, mientras Alejandro y Crátero, al frente de
sus ejércitos, se desplazaron por tierra en dirección a Persépolis. En
el trayecto Alejandro fundó varias ciudades (Nicea y Bucéfala -esta
última en honor de su caballo Bucéfalo-). En Susa, en el año 324 a.C.,
se casó con Estatira, hija de Darío, y con Parysatis, hija de Oco, sin
repudiar a su primera esposa Roxana, hecho que incitó a los generales y
soldados macedonios a contraer matrimonio con mujeres asiáticas.
Sin embargo, Alejandro comprobó que el desorden y la
corrupción se habían generalizado durante su ausencia en los primeros
territorios conquistados, por lo que se vio obligado a aplicar medidas
correctoras, que a su vez provocaron motines entre los veteranos griegos
que le habían seguido desde el inicio de las campañas. La sublevación de
los veteranos licenciados en la ciudad de Opis en el año 324 desencadenó
una serie de medidas destinadas a crear una nueva estructuración del
imperio en Babilonia mediante la unión de persas y macedonios: a los
persas se les admitió en el ejército en igualdad de derechos con los
griegos; en las satrapías creadas se llevó a cabo una estricta
separación de los poderes civiles y militares; se centralizaron las
finanzas y se creó una moneda única, acuñada en plata.
La muerte en Ecbatana de Hefestión, su gran amigo, en
el 324 impresionó terriblemente a Alejandro, que lo enterró con fastos
nunca vistos anteriormente, crucificó al médico que le atendió,
acusándole de dejarle morir y de no conocer su oficio, derribó el templo
de Esculapio y los muros de Ecbatana, mandó apagar los fuegos sagrados
de toda Asia e inmoló sobre su tumba a los coseos, que se habían
sublevado por aquellos momentos. Después de aquello, redobló sus
intentos por unir Oriente y Occidente, para lo que intentó implantar la
cultura griega por todo su imperio; fomentó el comercio basado en las
rutas marítimas, con tal fin fundó numerosas ciudades portuarias y llevó
a cabo el dragado de ríos y puertos para permitir el tránsito de los
barcos mercantes. Proyectó facilitar las comunicaciones con la lejana
India, conquistar las costas mediterráneas y levantar edificios y
monumentos a lo largo de todo el imperio.
Todas esta medidas fueron la base para hacer del
imperio de Alejandro una extensa área de intercambio económico y
cultural, en la que la lengua y la cultura griega aportarían a las
peculiaridades regionales la sabiduría del mundo clásico. Paralelamente,
Alejandro seguía alimentando otros grandes proyectos, ahora hacia el mar
Caspio y Arabia. Pero pronto, el 13 de junio del año 323 a.C., toda su
gloria y proyectos de dominio universal se vieron cercenados al morir en
Babilonia, víctima del paludismo, a los 33 años de edad y tras trece de
reinado.
A la muerte de Alejandro acaecida en el año 323 a.C.,
se presentó repentinamente el grave o casi insoluble problema de la
sucesión: aspiraban al trono Filipo Arrideo, hijo ilegítimo de Filipo II
(de hecho hermanastro de Alejandro por la línea paterna), y el hijo
póstumo de Alejandro Magno, que, Roxana dio a luz tras la muerte del
conductor, al que dieron el nombre de Alejandro IV.Poco antes de morir,
Alejandro había nombrado regente a Pérdicas, que a su muerte asumió el
poder en representación del hermanastro de Alejandro y su hijo póstumo,
hasta que quedase establecido a quien correspondía el trono.
También llevó a cabo el reparto de las funciones
administrativas entre los incondicionales de Alejandro: a Antípatro le
correspondió Macedonia y Grecia; a Antígono, Frigia y Lidia; a Ptolomeo,
Egipto y a Lisímaco, Tracia.
Por consiguiente en ausencia de un sucesor, los
generales de Alejandro Magno decidieron adoptar una solución aceptable:
los dos más influyentes, Pérdicas, hipparco (o sea, jefe supremo de la
caballería), que se encontraba en Babilonia, y Antípatro, a quien
Alejandro había confiado Macedonia, asumieron las funciones de regentes
de los dos aspirantes al trono ( que por otra parte terminaron siendo
asesinados al cabo de pocos años) y se propusieron mantener unido al
imperio, resistiendo las tendencias separatistas de los otros generales
o de los diversos sátrapas. Entre éstos figuraban, en primer lugar:
Meleagro, antiguo jefe de la Falange; Poro y Táxiles, sátrapas de las
regiones orientales; Leonatos, Seleuco y Ptolomeo, que en esos momentos
conducían las tropas macedonias en los alrededores de babilonia;
Lisímaco, que se encontraba en Tracia; Eumenes de Cardia, que gobernaba
Capadocia; Crátero, gobernador de Cilicia; Peitón, sátrapa de Media,
Antígono Monoftalmo, sátrapa de Frigia, y otros. Pero pronto se demostró
que la situación era incontrolable, por cuanto entre todos esos
generales y sátrapas se tramaban coaliciones que, con un complicado
juego de alianzas en cambio continuo, llevaron a una serie de guerras
que terminaron desmoronando el imperio.
Con la muerte de los regentes Pérdicas (en el 321
a.C.) y Antípatro (en el 319 a.C., aunque su hijo Casandro ocupó su
ligar y continuó su política con menos prestigio), y la desaparición de
Leonatos y Eumenes de Cardia, entró en escena alrededor del año 315, un
grupo más restringido de pretendientes a la sucesión de Alejandro:
Antígono Monoftalmo (que controlaba Frigia, Persia y Media, ayudado por
su hijo Demetrio Polorcetes), Ptolomeo (que se estaba creando un reino
autónomo en Egipto), Casandro (que dominaba en Macedonia y tesalia),
Seleuco (sátrapa de Babilonia) y Lisímaco (que gobernaba Tracia,
territorio relativamente pequeño, pero importante porque controlaba el
paso del Bósforo).
La situación política aún seguía siendo complicada y
se caracterizó por rápidas variaciones e imprevistos cambios de alianza
durante los quince años posteriores, en cuyo transcurso se registró en
los enfrentamientos entre los rivales un cierto predominio de Antígono
Monoftalmo.
Antígono se proponía dividir a sus adversarios para
derrotarlos por separado y anexionar sus dominios, hasta reconstruir la
unidad del imperio de Alejandro, cuya mayor parte ya controlaba; pero
esta política no dió resultado, pues sus enemigos, aunque desunidos por
ásperas rivalidades, se apoyaron recíprocamente con oportunas alianzas,
con el propósito de salvar los dominios donde cada uno de ellos estaba
construyendo su propio reino particular.
Desde 315 a.C. hasta el 301 a.C. tiene lugar la guerra
de los diacodos que se disputan el trono de Alejandro hasta que en 306
se lleva a cabo a disolución del imperio y se forman cuatro reinos.
En el año 301 a.C., Antígono fué vencido y muerto por
los rivales coligados en la batalla de Ipso, y de hecho esta fecha marcó
el fin del sueño imperial de Alejandro y sus sucesores. Así, puede
afirmarse que desde este año, se inició la historia de tres grandes
reinos:
REINO DE MACEDONIA ( 277 - 168 A.C.)
IMPERIO SELEÚCIDA ( 305 - 64 a. C.)
EGIPTO PTOLEMAICO ( 305 - 30 a.C.)
La leyenda de
Alejandro
Alejandro Magno es considerado la máxima figura política de la
Antigüedad, gran estratega militar (el primero de todos, en opinión de
Aníbal, según se recoge en la leyenda de este último personaje) y
creador de una obra de gran trascendencia cultural: la aparición de un
mundo nuevo, el helenístico, donde la cultura clásica se vio enriquecida
con las aportaciones orientales. Sin embargo, la helenización de Asia
nunca llegó a ser tan profunda como se pretendió, debido a la rápida
disolución de la obra de Alejandro, ya que a su muerte sus generales
entraron en guerra unos con otros para dirigir el imperio, con lo que se
llegó a la división del mismo.
La base de la leyenda
Alejandro el Grande murió poco antes de
cumplir los 33 años, como Cristo, con quien se asoció de algún modo al
responder ambos al tópico del puer-senex (Alejandro era tan sabio como
fuerte desde la más tierna infancia). Legendario es también su famoso
caballo, Bucéfalo, resultado del cruce de dromedario y elefante, según
el Libro de Alexandre español. La figura de Alejandro está a la cabeza
del ciclo de la materia de Roma (como lo está Carlomagno para la materia
de Francia y Arturo para la materia de Bretaña). Escritores de su
séquito, como Calístenes de Olinto y Onesícrito de Astipalea hubieron de
dar a su relato laudatorio una temprana pátina constituida por la
superposición de elementos maravillosos y fantásticos; esta dosis hubo
de intensificarse por medio de sus continuadores, de los que poseemos
una larga nómina en época clásica (de seguro, la voluntad de Ptolomeo y
sus sucesores de enaltecer su dinastía hubo de estar en la base de
algunos de estos relatos).
La personalidad de Alejandro
Hijo de Filipo de Macedonia y de Olimpia
(356-323 a.C.) fué el más famoso capitán de la antigüedad. Conquistó
Tracia e Iliria, derrotó a los tebanos en la batalla de Queronea y
destruyó Tebas. Posteriormente venció a Darçía, rey de los persas:
invadió Egipto y fundó la ciudad de Alejandría. ¿Quien era en realidad
Alejandro?, hay acuerdo en los historiadores en lo que respecta a la
apariencia física del joven soberano, quienes lo consideran bastante
parecido a las estatuas de Lisipo, de las cuales todavía existen
vestigio y copias. En ellas Alejandro se nos presenta más bien alto,
bien proporcionado, atlético, de cabellos lacios, mirada dulce dirigida
hacia lo alto, cabeza algo inclinada a la izquierda, piel blanca y lisa.
Menos fácil es la reconstrucción de su
personalidad, porque se puede pensar que tal vez su irresistible encanto
indujo a los historiadores a dar testimonios parciales. Plutarco por
ejemplo escribe "Desde que era mozo se manifestó su sobriedad en cuanto
a los placeres del cuerpo: se mostraba ardiente e impetuoso en todas las
cosas, pero se dedicaba con moderación a los placeres del cuerpo; en sus
sentimiento dominó siempre el deseo del honor, y estos fueron elevados y
magnánimos, más de lo que podía esperarse de su edad. "También fué por
cierto, generoso y leal con los amigos, muy audaz, valeroso hasta la
temeridad, de una inteligencia extraordinaria, una incansable vitalidad
y una curiosidad insaciable. Su padre fue su primer modelo, sus
maestros; Leónidas, Lisímaco y finalmente Aristóteles.
Pero en los hechos se manifestó
autoritario, ambicioso hasta la exageración, obstinado, poco propenso a
admitir sus errores, presa frecuente de los vapores del alcohol y de la
cólera violenta, sobre todo cuando se le contradecía.
Las causas de su muerte aún permanecen
sin aclararse, según algunos historiadores murió tras un baño en las
frías aguas del río Cicno, con treinta y tres años de edad.
La larga marcha de Alejandro
La expedición de Alejandro en Asia
constituye una empresa extraordinaria desde todo punto de vista. En
todas las épocas, el aspecto más celebrado (incluso porque para los
historiadores griegos representó la gloriosa culminación de las
alternativas no siempre felices de las guerras Médicas) es sin duda el
de la victoria obtenida sobre el imperio Arqueménida y la conquista del
predominio en un territorio de ilimitada extensión, pero merecen
destacarse otras facetas interesantes de la expedición: la distancia
recorrida, que los estudiosos calculan que cubrió más de 27.000
kilómetros de territorio, a menudo montañoso o desértico; el
descubrimiento de civilizaciones casi desconocidas hasta entonces en
Occidente, por ejemplo la que se desarrolló en el valle del Indo; la
excepcional duración de la expedición, desde la primavera del año 334
a.C. hasta febrero del 324 a.C.; los aspectos estratégicos de la empresa
(batallas casi siempre victoriosas, sitios, solución de los enormes
problemas ligados al aprovisionamiento y acuartelamiento en los meses
invernales); la fundación de numerosas ciudades; la notable contribución
efectuada a los conocimientos científicos del mundo griego, puesto que
Alejandro, sensible a los problemas de la investigación científica,
merced a su maestro Aristóteles, fue seguido por geógrafos, astrónomos,
botánicos, geólogos y estudiosos de toda clase.
Las motivaciones que impulsaron al joven
Alejandro a intentar una empresa que parecía superior a sus fuerzas son
oscuras, en gran parte y motivo de discusión entre los historiadores.
Algunos, siguiendo las opiniones de los hagiógrafos griegos de este
conductor, sostiene que fue un hecho natural, inevitable, atacar a los
bárbaros a los que se consideraba como una raza inferior, cada vez que
fuese posible. Otros afirman, en cambio, que Alejandro partió en
realidad con la idea de restringir su empresa a Asia Menor y que esta
prosiguió al penetrar en el corazón del Imperio Arqueménida, en tierras
que hasta entonces habían sido totalmente desconocidas para el mundo
griego, sólo con el objeto de destruir definitivamente a un enemigo que,
de lo contrario, pronto habría reaparecido en escena. Unida a estas
razones, más o menos lógicas, se destaca la necesidad fundamental de
satisfacer su anhelo de experimentación y conocimiento, vinculada con la
psicología de Alejandro y la educación recibida de Aristóteles. No se
explicarían de otro modo los largos meses pasados en las exploraciones
de as ásperas tierras de Bactriana, su incursión en los territorios más
allá del río Indo, la decisión de dividir en dos la expedición, haciendo
que Crátero volviera por una ruta, y guiado personalmente a otro
contingente de guerreros por un itinerario distinto, y la organización
de una expedición naval confiada al mando de Nearco para explorar las
costas del océano Índico y del golfo Pérsico.
El mapa indica el desarrollo global de la
empresa de Alejandro que abarca un vastísimo territorio de una extensión
superior a cinco millones de kilómetros cuadrados y con una variedad de
situaciones climáticas y ambientales (desde el calor tórrido de Egipto
hasta el frío de los altos pasos de Afganistán) que jamás ejercito
alguno había afrontado ni superado.
De la Antigüedad al Medievo
La cumbre de la leyenda de Alejandro en
el Medievo es el Roman d'Alexandre, cuyo orto es imposible de entender
si no se persigue antes su evolución desde la época helenística. Lejos
quedan los supuestos autores contemporáneos, como Calístenes de Olinto,
hijo de una sobrina de Aristóteles y compañero de expedición del
emperador macedonio; sobre él, nada más queda que un puñado de
fragmentos, pero la calidad de su relato, en que Alejandro aparece
endiosado, facilitó que se le adjudicase la llamada Novela de Alejandro,
que no es sino el relato conocido hoy como Pseudo-Calístenes. También
contemporáneo de Alejandro fue Cares de Mitilene, autor de una Historia
de Alejandro, del que se conoce algún fragmento indirecto (a través de
Ateneo. Otros autores primitivos fueron Efipo de Calcidia, que escribió
Sobre el funeral de Alejandro, Onesícrito de Astipalea o Egina, Nearco
de Creta, Clitarco de Alejandría o Aristóbulo de Casandrea, cuyas obras
son conocidas también por medio de simples fragmentos y siempre a través
de autores posteriores. De todos los autores antiguos, el principal es
sin duda Tolomeo o Ptolomeo, hombre de confianza de Alejandro y su
principal heredero.
Los historiadores que versan sobre la
leyenda de Alejandro dentro de lo que hoy se considera segunda
generación (correspondiente al siglo I a. C.) tienen su punto de partida
en Diodoro Sículo, quien dedicó el libro XVII de su Biblioteca Histórica
a Alejandro. Mucho más importantes serán las consecuencias de que
Plutarco dedique al héroe su obra Sobre la fortuna o virtud de
Alejandro y, más tarde, su exitosa Vida de Alejandro; no
obstante, los helenistas siguen considerando a Arriano de Nicomedia como
el informante principal para todo lo relativo a la figura de Alejandro.
En estos y otros autores, se saca partido de documentos supuestamente
redactados cerca del propio Alejandro, como son las Efemérides reales y
un buen puñado de cartas, muchas de las cuales son claramente espurias,
aunque gozaron de gran fama a lo largo del tiempo.
La historiografía latina sobre Alejandro
arranca con Quinto Curcio y su Historia, redactada en las medianías del
siglo I d. C.; en él, se perciben de forma diáfana algunos de los rasgos
que serán potenciados por los autores tardo-clásicos y medievales, como
el talante dramático o los rasgos exóticos de la narración. A las
andanzas del héroe macedonio se llegó también gracias al Epitoma que
Justino (que floreció a comienzos del siglo III) preparó sobre la
Universalis Historia de Trogo Pompeyo. A este material, se sumaría el
Pseudo-Calístenes, con lo que al público medieval le llegó perfectamente
elaborada la leyenda del gran emperador macedonio.
De Pseudo-Calístenes al Libro de
Alexandre
En el siglo III, de acuerdo con la mayor
parte de la crítica, un alejandrino, al que conocemos como Pseudo-Calístenes,
escribió su fabulosa historia sobre Alejandro el Grande, que partió de
una biografía y una serie de cartas dispuestas a modo de novela
epistolar (es una época de decadencia, adecuada para la novela, con un
marcado gusto por lo mítico y lo fabuloso). Esta obra fue traducida en
el siglo IV al latín por un tal Julio Valerio (es la titulada Res gestae
Alexandri Macedonis); a su vez, el texto latino fue abreviado en el
siglo IX y, así, se constituyó en Epítome. A finales del siglo XI o
comienzos del siglo XII, este último libro fue el que utilizó un
trovador del sudeste de Francia llamado Albéric de Pisançon, quien
escribió un poema del que sólo nos quedan los 105 primeros versos,
escritos en quince laisses de octosílabos monorrimos en dialecto
franco-provenzal.
Después, un poeta del Poiteu utilizó este
último texto para construir 77 tiradas de versos de diez sílabas. A su
vez, éste fue continuado por dos poemas: uno de Alejandro de París,
Eustaquio y Lambert le Tort de Châteaudun, hasta llegar a 20.000 versos
dodecasílabos (alejandrinos). El conjunto ha recibido el nombre de Roman
d'Alexandre, obra que consta de cuatro ramas (branches) principales
(recopiladas ca. 1170-1180). Recordemos que entre 1178 y 1182 se escribe
el poema épico latino Alexandreis, obra de Gautier de Chatillon, en el
que se encuentra el otro sólido pilar del Libro de Alexandre español.
Las cuatro branches son las siguientes:
1) Narra la niñez del héroe y sus primeras conquistas en decasílabos. 2)
La versión de Eustaquio recoge la razzia de Alejandro en Gaza. 3) Es la
más extensa y está basada en Lambert le Tort; va desde la derrota de
Darío hasta la trama para envenenar a Alejandro. 4) Obra de un tal
Alejandro de París o de Bernay y de Pierre de Saint-Cloud, en ella se
cuenta la muerte del héroe, sus funerales y la partición de su imperio.
Alejandro de París parece haber dado al texto su forma definitiva, con
la refundición de los poemas citados y con otros materiales hasta
constituir una obra con un total de 16.000 alejandrinos dispuesta en su
orden cronológico.
Es importantísimo retener que, a lo largo
del período en que surgieron las refundiciones citadas, se añadieron
nuevos materiales: enseguida, se recuperó a Quinto Curcio (más tarde,
exitosísimo en época incunable, en latín o traducido) y, junto a él, la
Historia de praeliis medieval, obra del siglo X del Arcipreste León de
Nápoles que constituye la base de la difusión de la leyenda en el
Medioevo; a su lado, hay que situar a Justino (o, lo que es lo mismo, a
Trogo Pompeyo), Pablo Orosio y diversos textos apócrifos, entre los que
hay que citar el viaje de Alejandro al Paraíso, la carta de Aristóteles
a Alejandro, la carta de Alejandro a Aristóteles sobre las maravillas de
la India, la carta del Preste Juan, el Liber monstruorum, etc. Todo este
material 'exótico' pesó sobremanera en una leyenda verdaderamente
recargada de mirabilia desde sus orígenes.
De ese modo, el Roman se muestra como un
roman de aventuras con decorado oriental (que dejará una huella clara en
tantos relatos novelescos del Medioevo europeo); además, Alejandro es,
de algún modo, la encarnación de todas las virtudes caballerescas, lo
que invita a leer la obra como un compendio de hazañas bélicas. Sin
embargo, su constitución a modo de enciclopedia hará algo distinto de la
obra, especialmente en el caso del Libro de Alexandre español. Tal como
la conocemos, es "un eslabón intermedio entre historia, épica, biografía
y leyenda, por un lado, y novela por otro", como ha señalado Carlos
García Gual; sin embargo, por su tema, ajeno a Francia, no es
propiamente un texto épico o heroico.
Como sucede en el caso de la vida de
Cristo o las de héroes épicos como Carlomagno, Guillaume d'Orange o el
Cid, tenemos no pocas obras que continúan el ciclo: las dos Vengement
Alixandre, en que se venga su muerte (siglo XII); la Prise de Defur
(siglo XIII), con 1654 alejandrinos en que se cuentan las peripecias
amorosas del héroe, y el Voyage d'Alexandre au paradis terrestre. Entre
otras obras, hay que citar los Voeux du Paon de Jacques de Longuyon
(siglo XIV), que alguna vez fueron traducidos al castellano y leídos por
don Iñigo López de Mendoza, nuestro célebre Marqués de Santillana (de
hecho, se citan en su Prohemio e carta).
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