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§1. Anaximandro. Tradición escolar y mítica
1. Anaximandro de Mileto, hijo de
Praxíades,
compañero y discípulo de Tales, según las Crónicas de
Apolodoro (D. Laercio, II, 2) tenía sesenta y
cuatro años en el segundo año de la Olimpíada 58 (547/46 a.n.e.) y
murió poco después. De acuerdo con esta datación, Anaximandro habría
nacido en torno al año 610/609, fecha que coincide con la noticia de
Hipólito (Ref. I, 6, 1-7) que fija su nacimiento en el tercer
año de la Olimpíada 42. Se puede pues situar la vida de Anaximandro
entre el 610/609 y el 545. La asociación, que establece D. Laercio,
de la madurez de Anaximandro con la de Polícrates, tirano de Samos,
es muy dudosa por cuanto éste sube al poder el 533/32 y muere el
522.
Suidas atribuye a Anaximandro la
autoría de cuatro libros: Sobre la naturaleza, Perímetro de la
tierra, Sobre las estrellas fijas y una Esfera celeste.
La denominación Sobre la naturaleza (Perì fúsewV) era la
titulación clásica que tendía a conferirse a los escritos de todos
aquellos que Aristóteles denominó fusikoí, es decir a casi todos los
presocráticos. Posiblemente el libro de Anaximandro no tenía título
y los títulos de Suidas serían simplemente capítulos de un libro
fundamental. Lo que sí parece cierto, a partir de los fragmentos
subsistentes y de los testimonios (Temistio, Orat. 36 p.
317), que Anaximandro fue el primero de quien tenemos noticia que
escribió un libro en prosa (lógon suggegramménon). La importancia
del escrito en prosa reside en que Anaximandro, como filósofo que
continúa la tradición de Tales, inaugura un género literario nuevo,
distinto del verso utilizado por la tradición de los poetas y
educadores.
Anaximandro, al igual que Tales, es presentado muchas
veces como un científico interesado en cuestiones de astronomía
(descubrimiento de los solsticios, de los equinoccios y de la
oblicuidad del Zodíaco, Plinio, Hist. nat., II, 3) y que dio
a conocer un esbozo de geometría (Suidas). Sin embargo, las
anécdotas que de él tenemos nos ofrecen la imagen de un hombre
práctico (inventor del gnomon, constructor de un
mapa-mundi y de una carta de los cielos, predicción de un
terremoto) y de un organizador político y militar, puesto al frente
de una expedición colonizadora de Mileto en Apolonia (Aelianus,
Varia historia, III, 17).
a) El gnomon. Favorino (D. Laercio, II, 1) dice
que fue el primero que inventó un gnomon. Es posible que este
descubrimiento no se pueda atribuir a Anaximandro pues según Herodoto (II,
29) «los griegos adquirieron de los babilonios el conocimiento de la
esfera celeste, del gnomon, y de las doce partes del día». En todo caso
Anaximandro habría sido el introductor del gnomon en Grecia. Sin
embargo, es posible que también Tales haya conocido el gnomon, y puede
verse incluso este instrumento como una realización técnica del teorema
de la proporcionalidad de triángulos (utilizado por Tales para
determinar la altura de las pirámides). La noticia de Favorino-Laercio
es también confusa, pues el gnomon es una especie de reloj de sol que,
según el testimonio, Anaximandro «colocó sobre los relojes de Sol en
Lacedemonia». Acaso la novedad de Anaximandro resida en construir un
gnomon, es decir una varilla o estilo, que, además de marcador de horas
(como los relojes de sol al uso), sirviera también para marcar los
solsticios y equinoccios.
b) Predicción de un terremoto. Lo que sí
parece cierto es que Anaximandro visitó Lacedemonia pues aconsejó a los
espartanos que abandonaran la ciudad ante la inminencia de un terremoto,
y en aquella ocasión, según testimonio de Cicerón (De divinatione,
I, 50, 112) «la ciudad entera se derrumbó y la cumbre del monte Táigeto
se resquebrajó como la popa de un navío». La predicción de un terremoto
la pudo haber llevado a cabo Anaximandro por alguna experiencia al
respecto (por ejemplo, el vuelo alborotado de las cigüeñas), ya que
Mileto está dentro de una zona sísmica.
c) El mapa-mundi. Diógenes Laercio
(II, 2) nos dice que Anaximandro fue el primero en trazar el perímetro
de la tierra y el mar y construyó también una esfera celeste (es decir
una carta de los cielos). Agatémero (I, 1) y Estrabón (I, 7) informan
también que Anaximandro dibujó un mapa de la tierra habitada, que fue
perfeccionado posteriormente por Hecateo de Mileto. Su mapa-mundi
es un diseño circular, en el que las regiones conocidas (Asia y Europa)
formaban segmentos aproximadamente iguales y todo ello rodeado por el
Océano (Herodoto, IV, 36). Los conocimientos geográficos de Anaximandro
se basarían en las noticias de navegantes que serían abundantes y
variadas en Mileto, centro comercial y de colonizaciones.
Pero la tradición considera a Anaximandro,
ante todo, como un filósofo, sucesor y discípulo (diádocoV kaì maqhth<V)
de Tales, cuya filosofía debemos interpretar como un desarrollo interno
del racionalismo de su maestro. De acuerdo con la información de que
disponemos, Anaximandro habría desarrollado, como crítica a la filosofía
de Tales, las ideas filosóficas siguientes:
a) El ápeiron. Según las fuentes
procedentes de Teofrasto, Anaximandro habría afirmado que el
principio de todas las cosas existentes no es ninguno de los
denominados elementos (agua, aire, tierra, fuego), sino alguna otra
naturaleza ápeiron [indefinido o infinito] (Simplicio,
Fís. 24, 13-25).
b) El cosmos. Del seno del
ápeiron eterno se segrega un gónimos, germen de los
elementos opuestos (Ps. Plutarco, Strom. 2). El ápeiron
se determina en un orden de elementos contrarios (cosmos
enantiológico). Este cosmos es un cosmos dinámico y temporal que
tiene su origen y su fin en el ápeiron.
c) La pluralidad de mundos. Todas las
fuentes procedentes de Teofrasto (Simplicio, Hipólito y Ps.
Plutarco) atribuyen a Anaximandro la idea de mundos infinitos
(simultáneos o sucesivos).
En Anaximandro nos encontramos con un
problema semejante al que se nos planteaba en Tales de Mileto, pues en
ambos pensadores las actividades científicas y filosóficas recaen en la
misma persona subjetiva. Anaximandro podría ser interpretado desde un
punto vista categorial (científico) como una especie de cosmólogo, del
mismo modo que Tales podría ser interpretado como un fisiólogo o un
biólogo. Pero la cosmología de Anaximandro, al igual que la physis
de Tales está recorrida toda ella por ideas filosóficas. Las ideas de
Anaximandro (el ápeiron, el cosmos, la dinámica y
la temporalidad del mundo) sólo adquieren una escala adecuada al
contemplarlas como un desarrollo interno de los problemas planteados en
el racionalismo de Tales, de tal modo que se podría afirmar incluso que
muchos de sus aportes científicos están cumpliendo funciones
ontológicas, sólo pueden ser entendidos por medio de sus ideas
filosóficas (el mapa-mundi de Anaximandro, en cuanto
representación de la omnitudo universi, sólo adquiere sentido
desde la idea de cosmos, en cuanto facies totius universi).
2. La consideración de las ideas de
Anaximandro como un desarrollo interno (por lo tanto crítico) del
racionalismo de Tales es el mejor freno a las interpretaciones que
pretenden reducir su filosofía a ideas míticas y religiosas. Al igual
que las ideas filosóficas de Tales podían ser pensadas como un
transformado de las ideas míticas de Homero o de Hesíodo (un
transformado que, sin embargo, mediante la aplicación de la
racionalidad sensu stricto, terminaba por enfrentarse al mito),
del mismo modo podríamos interpretar las ideas de Anaximandro como
transformaciones de ideas míticas (por ejemplo, la reducción del
ápeiron al caos de Hesíodo, o a la Noche del orfismo).
Es decir podríamos interpretar el sistema de Anaximandro como una
racionalización del esquema cosmogónico de los órficos tal como nos lo
ofrece Guthrie (Orfeo y la religión griega, trad. de Eudeba,
1970, p. 226). El hecho de que Anaximandro hable de un gónimos
(germen de lo caliente y de lo frío), segregado del seno del ápeiron,
da pie a este autor para establecer su semejanza con el huevo
órfico, y el ápeiron con la Noche de la mitología órfica.
La correspondencia entre el sistema de Anaximandro y la doctrina órfica
podría representarse así:
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Ahora bien, la comparación de Guthrie no
puede justificarse por las siguientes razones:
a) La doctrina órfica puesta en relación
con Anaximandro por Guthrie es tan sólo un fragmento de una cadena más
amplia: antes de la Noche está Fanes, que procede de un huevo, que
procede a su vez de una serpiente monstruosa... La primacía de la Noche
sobre el huevo procede de fuentes no específicamente órficas; aparece en
Aristófanes (Aves, 693) y se remonta probablemente a Homero (Il.,
14, 258) donde aparece «la Noche domadora de los dioses», pero sin
referencia alguna al huevo. Contra las tesis de Guthrie, quien defendió
que la doctrina órfica estaba ya escrita en libros sagrados en el siglo
VI a.n.e., es opinión generalizada (C. Wilamowitz, I.M. Linforth, Kirk-Raven,
...) que no puede hablarse de un corpus escrito de la doctrina
órfica antes del período helenístico. La fuente principal de las
versiones órficas acerca de la formación del mundo procede de los
neoplatónicos tardíos (Damascio, Atenágoras). Según estas fuentes la
formación del mundo se produce en dos fases distintas, la primera por
obra de Fanes, y la segunda por obra de Zeus. En la “teología órfica
usual” de las Rapsodias, aparece ya clara la derivación de Fanes
del huevo, y la Noche como hija de Fanes (Simplicio, De principiis,
316, 18). En la versión de Jerónimo y Helánico (Simplicio, De
principiis, 317-319) se hace surgir todo del agua o barro donde se
origina una serpiente gigantesca denominada Cronos o Heracles. La
serpiente crea a Éter, Caos y Erebo. Éter fecundado por la serpiente da
lugar a un huevo de plata del que procede Fanes (dios incorpóreo con
alas y cabeza de animal). Fanes crea, por una parte, una raza de hombres
anteriores y distintos a nosotros, y, por la otra, crea la Noche, de la
que proceden Gea y Uranos, que unidos por Eros dan lugar a los Titanes y
a los hombres procedentes de las cenizas de los Titanes). En este punto
el mito de Orfeo incorpora la tradición de la cosmogonía de Hesíodo. La
versión de Atenágoras (Legatio, 18, 4-6) coincide con la de
Jerónimo y Helánico, pero en ella derivan directamente del huevo tanto
Fanes, como Gea y Uranos, pero sin referencia ninguna a la Noche.
b) Estructuralmente la comparación
tampoco está justificada. Es artificial ver en el gónimos el huevo, en
el ápeiron la Noche obscura, y en lo húmedo a Eros. Lo único que
subsiste es el dualismo de lo frío y lo caliente en relación con Gea y
Uranos.
c) En un sentido genético es posible que
Anaximandro haya recibido influjos órficos. Pero de todas maneras el
esquema órfico estaría ya racionalizado. La doctrina órfica podría haber
servido. en todo caso, como nuevo material de experiencia al que son
aplicables los problemas planteados en la crítica al sistema de Tales.
En consecuencia, el sistema de
Anaximandro se concibe como un desarrollo del racionalismo implícito en
el pensamiento de Tales: 1) Tales significa la racionalización de un
serie de ideas implícitas en el relato mítico, o, en otras palabras, el
relato mítico es el material mundano de experiencia sobre el que
reflexionaría el pensamiento de Tales. 2) El racionalismo de Tales
plantea una serie de problemas sobre los cuales reflexionaría
Anaximandro. 3) El orfismo podría haber servido a Anaximandro como nuevo
material de experiencia para el ajuste de las ideas resultantes del
desarrollo del racionalismo de Tales.
3. La actividad filosófica de los
milesios va ligada a la idea de reflexión y de escuela filosófica. Pero
reflexión no en el sentido subjetivo sino en sentido objetivo y
cultural, como reflexión de segundo grado. Reflexión en primer lugar
sobre la actividad científica presenta tanto en Tales como en
Anaximandro. Reflexión sobre el material mítico mundano (Hesíodo,
orfismo). Y reflexión, por último, en el caso de Anaximandro sobre las
ideas acuñadas por Tales, lo que nos pone en presencia del concepto de
escuela filosófica.
La distribución de los primeros filósofos
en escuelas y la fijación de la relación maestro-discípulo dentro de
ellas proviene de Teofrasto. El concepto de escuela filosófica (escuela
de Mileto, escuela pitagórica, escuela de Elea, &c.) supone una
sabiduría sobre la que reflexionar. La idea de reflexión tiene aquí un
sentido objetivo, histórico-cultural: reflexión sobre el material
acuñado por la escuela. Y este punto es necesario para comprender la
diferencia entre las escuela filosóficas griegas de las escuelas de
pensamiento orientales. El modelo oriental (las escuelas de Babilonia y
de Egipto) tienen un carácter aristocrático, donde la sabiduría está
encomendada a una casta sacerdotal. El modelo griego tiene un carácter
urbano, laico y secular. Pero la principal diferencia que cabe
establecer entre ambas es que, mientras las escuelas orientales tienen
un carácter tradicionalista, pues en ellas se trata de mantenerse fiel a
las palabras del maestro (magister dixit), y, por ende,
solidarias de los métodos filológicos, en cambio las escuelas griegas
tienen un carácter progresista, en las que la relación entre los
miembros de la escuela, es la crítica del discípulo al maestro.
El modelo helénico de escuela filosófica
es además plural. En principio se puede hablar, al menos, de dos
modelos: el modelo milesio y el modelo pitagórico. El modelo de
Mileto prefigura una «institución científica» que sería el
antecedente del Liceo de Aristóteles. El modelo pitagórico
prefigura, más bien, un «partido político», como «escuela de vida», que
anticipa la Academia platónica. Ambas instituciones son el antecedente
de nuestras universidades. Ahora bien las universidades son fundaciones
públicas a diferencia de las escuelas griegas que son fundaciones
privadas hasta la época romana (con la excepción del período alejandrino
bajo el mecenazgo de los Ptolomeos). Por otra parte (en conexión con el
carácter político del modelo pitagórico), originariamente las
universidades no son el núcleo de actividades políticas y religiosas,
pero ellas mismas están envueltas en organizaciones políticas y
religiosas de las que son instrumentos (Universidad de la Iglesia
medieval, Universidad prusiana, Universidad soviética). A su vez el
modelo de Mileto puede adquirir una dimensión política de oposición
«liberal» a la Iglesia y al Estado, y esta dimensión política busca la
«privatización» (por ejemplo: la Institución Libre de la Enseñanza en
España).
Como conclusión diremos que los primeros
pensadores griegos se distribuyen en escuelas que exigen una tradición
cultural, un vocabulario específico (las ideas filosóficas), y una
relación crítica entre discípulo y maestro. Si caracterizamos el
pensamiento de Tales como un racionalismo monista, el de
Anaximandro sería un racionalismo crítico (del monismo de Tales).
No obstante, si los dos pertenecen a la misma escuela es necesario un
rasgo común, presente tanto en Tales como en Anaximandro: esta
característica común sería el grupo de transformaciones.
Los principales términos acuñados por
Anaximandro son el Ápeiron (M) y el Cosmos (Mi),
que pueden ser pensados en relación alternativa: Mi(M) Ë M(Mi).
En la fórmula Mi(M) el ápeiron se subordina o reduce
al cosmos. En la fórmula M(Mi) el cosmos se
absorbe en el ápeiron como un episodio suyo. Ambos casos son
significativos para la Historia de la filosofía pues en los dos casos el
ápeiron es un desarrollo crítico de la doctrina del a1rch' de
Tales (monismo de la sustancia).
§2. El ápeiron
1. Según las fuentes de Teofrasto (Simplicio, Fís.
24, 13-25; Hipólito, Ref. I, 6, 2; y Ps. Plutarco, Strom.
2) y los testimonios de Aecio (I, 3, 3) y D. Laercio (II, 1) el ápeiron
es el contenido del a1rch'. Ahora bien, concebido como contenido del
arjé, se está definiendo positivamente al ápeiron. Y, sin
embargo, la idea de ápeiron es una idea crítica-negativa, que no
puede ser definida positivamente. Esta negación está contenida ya en su
significado etimológico. El término ápeiron está compuesto de la
partícula privativa a1 y del término péraV (límite, borde).
Etimológicamente ápeiron significa lo sin límites.
La idea de ápeiron puede adquirir diferentes
sentidos negativos según los diferentes parámetros que fijemos para
lo limitado. Así, si tomamos como parámetros de lo limitado los
objetos concretos del mundo de las formas (p. ej., un lámina metálica,
una cinta), ápeiron será lo que no tiene bordes o extremos,
porque se han unido en un anillo, o en una llanta. Aristóteles y
Aristófanes testimonian la asociación del ápeiron con algo
circular o esférico, según subrayaron Cornford y Diels. Ahora bien lo
esférico puede ser tomado, a su vez, como referencia de lo limitado (p.
ej., el cosmos esférico limitado por una superficie inmersa en un
espacio vacío), y, entonces el ápeiron sería una esfera de radio
infinito, sin límites, es decir una extensión (llena) infinita por todas
sus partes. El ápeiron sería, pues, lo esférico, lo infinito en
extensión espacial.
Estos sentidos de ápeiron aunque negativos son,
en cambio, categoriales; es decir, no conciben la negación en sentido
filosófico cultural en relación con el mundo de Tales. Ahora bien, si
tomamos como modelo de lo limitado el agua de Tales en cuanto
determinación del arjé, entonces el ápeiron de Anaximandro
será la negación que, en su uso filosófico, se ejerce sobre la
metafísica de Tales. El agua de Tales si es algo determinado no puede
ser arjé. El ápeiron aparece así como una alternativa al
monismo de la sustancia y, por ende, no puede ser ni el agua ni ninguno
de los denominados elementos (aire, tierra, fuego).
En el racionalismo de Tales el arjé aparece
siempre determinado en las formas del mundo [A, B, C, D, ..., N]. La
unidad de estas formas es la unidad de las transformaciones mutuas
(unidad por identidad). El racionalismo de Tales va unido a la
reductibilidad de unas formas a otras (lo mismo es el bien que el mal,
los griegos que los bárbaros, los amos que los esclavos, &c.). Ahora
bien el proyecto de Tales comenzaría a desvanecerse cuando las formas
del mundo empiezan a pensarse como irreductibles: los opuestos están
separados por fronteras intraspasables, al menos de un modo directo. Sin
embargo Anaximandro conservaría el grupo de transformaciones de Tales,
pero no de un modo directo sino mediato. La transformación de unas cosas
en otras está mediada por el ápeiron. El ápeiron se nos
presenta así como la fuente inagotable de energía que garantiza la
transformación y la unidad del cosmos.
Dos son las características del ápeiron de Anaximandro:
Infinito e Indeterminado. En cuanto infinito el ápeiron es
fuente de energía y movimiento para que en el mundo no cese la
generación y corrupción (Simplicio, Fís. 24, 18-19; Ps. Plutarco,
Strom. 2, Aecio, I, 3, 3). Pero además el ápeiron no es
ninguno de los denominados elementos (stoiceía) sino algo indeterminado
(a1óristoV). Esta indeterminación es relativa al mundo (kósmoV) generado
en su seno como el embrión (gónimoV) en la placenta. Anaxímenes, el
discípulo de Anaximandro, conservará de su maestro la infinitud del
arjé, pero ya no será indeterminado como en Anaximandro sino algo
determinado: el aire (a1h'r).
2. Es de suma importancia determinar las razones que
llevaron a Anaximandro a oponerse al proyecto racionalista de Tales, en
términos de discusión interna, propia de la Escuela. ¿Cuáles son las
razones que llevan a Anaximandro a establecer la tesis de que el arjé
infinito no puede ser algo determinado, no puede ser ninguno de los
denominados elementos?
Según Gomperz (Pensadores griegos), el grupo de
transformaciones no puede servir para explicar la transformación de unas
cosas en otras. Así, por ejemplo, el aire para convertirse en fuego por
rarefacción (aumento de volumen), necesita calentarse; las nubes al
condensarse se convierten en agua, pero para ello necesitan enfriarse,
etc.
Pero el argumento decisivo es que la condensación y
rarefacción implican la finitud del mundo. Y si el mundo es finito
entonces ninguna de sus partes, ninguna determinación, puede ser eleva a
la categoría del arjé infinito. ¿Pero, por qué la condensación y
rarefacción implican la finitud del mundo? Si partimos de la hipótesis
de que el mundo es infinito, es decir, un mundo compuesto de infinitas
partes [A, B, C, ........], entonces caben dos posibilidades: a) Cada
parte es algo determinado y finito; pero en este caso la parte se
desintegraría en la infinitud de transformaciones. b) La parte o
determinación es algo infinito, pero entonces nunca se transformaría en
otra parte, pues por más que condensemos el fuego, siempre obtendremos
fuego, etc. Por reductio ad impossibilem se establece la tesis de
que el mundo de las formas es un mundo finito. Luego si es posible la
transformación en el mundo de las formas, lo es en tanto que ellas se
absorben en un ápeiron indeterminado. La crítica directa a Tales
lleva a establecer como primer principio o arjé algo
indeterminado.
La interpretación del arjé como infinito e
indeterminado, del ápeiron como aquello en que todas las formas
del mundo, y en particular los opuestos, se reabsorben, como fuente
inagotable de energía que garantiza la transformación y unidad del
cosmos, indica el camino hacia la ontología general (M).
Y, sin embargo, también es posible la interpretación
del ápeiron en los límites de la ontología especial (Mi).
Las fuentes de Simplicio, Ps. Plutarco, Hipólito, Aecio, etc. nos
informan que el ápeiron no es ninguno de los denominados
elementos (tw<n kalouménwn stoiceíwn), pero al mismo tiempo nos dicen
que el ápeiron es «principio y elemento (a1rch' kaì stoiceîon) de
todas las cosas existentes». En este caso el ápeiron no es ningún
elemento determinado sino un elemento indeterminado, en el cual las
determinaciones se borran y desaparecen. Algunos testimonios de
Aristóteles (Física, 187a; De ge. et corr. 328b, y 332a)
nos presentan al ápeiron como una substancia intermedia (méson,
ti metaxù) entre todos los elementos, o bien una mezcla (mígma)
indiferenciada de todas las materias empíricas.
§3. El cosmos
1. La segunda idea de Anaximandro, que llega hasta
nuestros días y bajo la cual estamos envueltos, es la idea de cosmos.
El término kósmoV se traduce generalmente por «mundo» y por «naturaleza»
(en el contexto de «mundo natural»). En la evolución semántica del
término kósmoV pueden distinguirse los siguientes estadios:
a) Su significado etimológico es el «orden o
disposición» (táxiV) de cierta cosa (por ejemplo, una tropa de
hoplitas) y el de «ornato» (por ejemplo, el ornamento femenino, de
donde proviene cosmética). Según Heidegger, este segundo
significado debe interpretarse como belleza, noción ligada
transcendentalmente a la idea de ser.
b) El orden del mundo.
c) El mundo como un orden.
d) El mundo en general sin especial referencia a
la estructura ordenada (Guthrie).
Anaximandro habría efectuado el paso de (a) a (b) o
(c). Ahora bien, este paso sólo es posible bajo la experiencia o
representación de una ordenación concreta en el primer sentido (táxiV)
de (a). ¿Pero qué ordenación concreta? Esto plantea el problema de los
modelos (sociales, políticos, militares, o tecnológicos) de la idea de
cosmos.
Para Paul Vernant, el cosmos de Anaximandro
sería el emblema de la nueva polis democrática en la que el
príncipe o monarca ha sido sustituido por el equilibrio de fuerzas
democráticas que se contrapesan en torno a un centro: el ágora.
Pero, además de los modelos socio-políticos de este
tipo, existen también los modelos tecnológicos que parecen gozar de una
mayor potencia explicativa. Esta interpretación fue ya sugerida por
Gomperz. La experiencia tecnológica de la rueda sería la correa de
transmisión para la construcción de la idea de cosmos. Así, por ejemplo,
Anaximandro asigna trayectorias circulares a los astros, no en cuanto
cuerpos aislados, sino en cuanto fragmentos de ruedas de fuego envueltas
en una especie de llanta de aire: «El sol es ... semejante a la “rueda”
de un carro, tiene el borde “hueco” ... y se hace manifiesto ... como a
través de un “torbellino ígneo entubado”» (Aecio, II, 20, 1). La rueda
se nos presenta así como esquema inteligible de contigüidad o
conservación de los astros. En todo caso el ágora puede ser
considerada como un refuerzo del concepto de rueda.
2. «En la generación de este cosmos, el germen (tò
gónimon) de lo caliente y lo frío fue segregado de lo eterno» (Ps.
Plutarco, Strom., 2). La generación del cosmos a partir del
ápeiron se produce no por alteración del elemento sino al separarse
los contrarios: caliente/frío, seco/húmedo (Simplicio, Fís. 24,
23-25, y 150, 20-25). Lo esencial del ápeiron de Anaximandro no
es que se determine en los elementos sino en un orden de elementos,
formando un cosmos, pero un cosmos que es un cosmos enantiológico,
un sistema de oposiciones.
El cosmos de Anaximandro es la unidad
metafísica del mundo de las formas, pero esta unidad se realiza de un
modo diferente a como ocurría en el mundo de Tales. En el monismo de
la sustancia de Tales la unidad del mundo es la unidad propia de las
formas que desaparecen unas en otras. En cambio, en el monismo
del orden de Anaximandro, la unidad del cosmos es la unidad
de las formas que aparecen: no de las otras, sino del ápeiron.
El cosmos es, pues, la unidad que las formas deben mantener para
subsistir como tales formas. Esta unidad es ya un concepto M3,
que no se absorbe en ningún cuerpo (M1), ni en ninguna mente
(M2).
El cosmos enantiológico forma un sistema de
relaciones, una estructura, que se realiza en todos los campos, sobre
todo en el astronómico. En este sentido Anaximandro, anticipándose a los
pitagóricos, es el primero en iniciar el análisis matemático de la
naturaleza, estableciendo relaciones numéricas entre los cuerpos
celestes y el radio de la Tierra tomado como unidad: a) relaciones del
radio de la Tierra con su altura (la altura es igual a un tercio del
diámetro); b) relaciones de las distancia entre anillos con el radio
terrestre (el anillo de las estrellas y de los planetas dista 9 radios,
el de la luna 18 radios, y el anillo del sol 27 radios).
El cosmos de Anaximandro es un sistema de
relaciones temporal pues «a partir de donde hay generación para las
cosas, hacia allí también se produce la destrucción, según la necesidad
... de acuerdo con la disposición (táxiV) del tiempo» (Simplicio,
Fís. 24, 18-20). La dinámica del cosmos se desarrolla
conforme a dos fases: la primera es la de la formación del cosmos
a partir del ápeiron, la segunda fase es la del retorno de todas
las cosas al ápeiron.
3. El cosmos es un sistema de relaciones
temporal pues sus términos no proceden de sí mismos (de la
transformación de unos en otros), sino del ápeiron. Anaximandro
explica la formación del cosmos a partir del ápeiron en
dos etapas. En la primera etapa se explica la formación de la Tierra. La
segunda será la de la formación de las Esferas o anillos.
Del seno del ápeiron eterno se segrega un
gónimos, generador de lo caliente y lo frío. Frío y caliente son el
primer par de opuestos. Lo caliente da lugar al fuego o masa ígnea que
rodea totalmente a lo frío «como la corteza al árbol». Esta esfera ígnea
tiene un movimiento circular. Lo frío a su vez se determina en otro par
de opuestos: lo sólido y lo húmedo. Lo sólido da lugar a la Tierra. Lo
húmedo se determina en líquido (agua) y gaseoso (aire). Los cuatro
elementos (fuego, tierra, agua y aire) que forman nuestro cosmos han
sido generados —«según la disposición del tiempo»— a partir de las
cualidades opuestas.
a) Formación de la Tierra. El movimiento
circular de la esfera ígnea da lugar a un torbellino que origina la
Tierra a partir de lo frío. La tierra tiene forma cilíndrica, como «una
columna de piedra» (Hipólito, Ref. I, 6, 3; Aecio, III, 10, 2), y
el hombre habita una de sus superficies planas. La altura de la Tierra
es un tercio de su diámetro (Ps. Plutarco, Strom., 2). En un
principio, la Tierra está rodeada de agua (de lo húmedo) por todas las
partes, pero el calor del fuego transforma parte del agua en aire, y el
resto se convierte en mar salada, quedando libre parte de la tierra que,
sin embargo, propende a secarse completamente: «el mar es un residuo de
la humedad primitiva.... Después una parte de la humedad se evaporó a
causa del sol y se convirtió en vientos...; en cuanto a la parte que
queda en los lugares huecos de la tierra, es mar. Por lo cual, al ser
secado por el sol, disminuye y alguna vez terminará por estar todo seco»
(Alejandro, Meteor., 67, 3). La Tierra está en el centro del
universo, suspendida libremente, sin estar sostenida por nada, y aunque
se mueve en un espacio infinito, este movimiento queda neutralizado,
pues, al estar en el centro, las fuerzas de atracción que actúan desde
los distintos lugares de la bóveda se compensan entre sí. Así pues, la
Tierra tiene que permanecer en su lugar. Anaximandro parte de la idea de
movimiento y deduce de ella el reposo de la Tierra.
b) Formación de las esferas (sfaîrai). La
cobertura ígnea que rodea a todo lo demás se desgarra para formar
anillos separados. Este rompimiento se produce a causa del movimiento de
la propia esfera ígnea o, también, porque la masa gaseosa al ser
calentada penetra en la esfera ígnea. Estos anillos están envueltos por
una masa atmosférica opaca y obscura; pero presentan orificios o
aberturas a través de los cuales brilla el fuego que aprisionan. Lo que
nosotros denominamos cuerpos celestes no son otra cosa que el fuego que
nosotros percibimos a través de estos orificios. La obstrucción de estos
orificios produciría, según Anaximandro, los eclipses y las fases de la
luna (Hipólito, I, 6, 4-5). Existen tres clases de anillos: el del sol,
el de la luna, y el de los planetas y estrellas fijas. El sol es el más
alejado (dista de la Tierra 27 radios), tras él la luna (18 radios) y
bajo ellos las estrella fijas y los planetas (9 radios) [Aecio, II, 15,
6, Hipólito, I, 6, 4-5].
c) Origen de los animales y del hombre.
Anaximandro enuncia una tesis evolucionista, mediante generatio
aequivoca, sobre el origen de los animales. Los primeros animales
surgen del fango que se iba secando merced al calor del sol y estaban
recubiertos de una piel erizada y espinosa para protegerse del mundo
circundante (Aecio, V, 19, 4). Con ello enuncia una tesis lamarquista-darwinista
de la defensa de las especies frente a su medio ambiente y del cambio de
la forma de las especies en virtud de los cambios producidos en ese
medio. El cambio de las condiciones de vida (el cambio hacia el elemento
seco) ocasiona la desaparición de la corteza que rodeaba a estos seres.
Por otra parte, los hombres y mujeres primitivos
nacieron ya adultos. En el fango calentado por el sol se originaron unos
peces o animales semejantes a los peces en cuyo interior se habían
desarrollaron los hombres que permanecieron allí hasta la madurez (Censorino,
4, 7). Anaximandro fundamenta esta tesis en lo siguiente: el hombre si
hubiese llegado al mundo en la forma que llega actualmente, no habría
sobrevivido (Ps. Plutarco, Strom., 2). La argumentación de Anaximandro
vendría a ser la siguiente: 1) Todos los seres pueden valerse por sí
mismos tan pronto como nacen, excepto el hombre que necesita, en cambio,
un largo período de cuidados maternos. 2) Los primeros hombres
necesitarían una protección especial (biológica) que sustituyera los
cuidados maternos actuales. 3) Si no hubieran tenido esta protección, la
especie humana habría perecido. 4) Pero la especie humana no ha
perecido. 5) Luego los hombres primitivos no llegaron al mundo en la
forma que lo hacen actualmente.
4. La dinámica del cosmos en su segunda fase
consiste en el retorno de todas las cosas al ápeiron. El propio
sistema conduce a su destrucción y absorción en el ápeiron.
Los anillos de fuego, el del sol particularmente,
mientras giran van determinando una evaporación del agua terrestre, que
terminará por desecar la tierra (sofocando la vida que hay en ella) y
recalentándola acabará con el propio aire que envuelve a los anillos. Se
producirá así una especie de «muerte térmica del universo». En términos
más modernos, se podría decir que el cosmos de Anaximandro lleva en su
seno la muerte entrópica, su desaparición por la conversión de todo en
calor, en fuego.
El cosmos de Anaximandro es un equilibrio —un
orden, una entropía mínima—, pero un equilibrio inestable, porque no hay
perfecta y constante retribución (según el criterio del racionalismo de
grupo) de unos términos a otros. Por ello dice Anaximandro que el mundo
es injusto (a5dikoV) y por ello (según el texto de Simplicio) las cosas
vuelven de nuevo al ápeiron según el orden del tiempo (katà th>n toû
crónou táxin).
§4. La pluralidad de mundos
La dinámica del cosmos de Anaximandro nos
muestra que éste tiene un comienzo y un término. El
ápeiron se nos presenta dialécticamente en el principio y en el fin
del cosmos. Pero el principio es diferente de la idea de Nada y
de creación, y el fin no significa aniquilación. Por ello el ápeiron
se nos presenta como la conjunción de dos imposibilidades: a) la
imposibilidad de un cosmos eterno, y b) la imposibilidad de la
creación y aniquilación.
Ahora bien, si el cosmos no es eterno y la
aniquilación del cosmos no es posible, entonces el fin del cosmos tiene
que dar origen a nuevos mundos. Anaximandro concibe al ápeiron fuera del
tiempo, pero íntegramente orientado hacia el cosmos. El cosmos en que
estamos comienza y acaba, y el ápeiron da lugar a nuevos mundos que
empiezan y acaban.
Pero la multiplicidad de los mundos puede ser
entendida como simultánea o como sucesiva. Defienden la pluralidad
simultánea San Agustín, Burnet, W. Capelle, y otros, sobre todo Kirk y
Raven al manifestar que, en el caso de atribuir la multiplicidad de
mundos a Anaximandro, la observación de nuestro mundo sugiere más la
pluralidad simultánea (la multiplicidad de astros) que la sucesiva.
Defienden la multiplicidad sucesiva de mundos Zeller y Cornford (Principium
Sapientiae) quien demostró la falacia de muchos de los argumentos de
Burnet y logró que la interpretación de Zeller gozara del favor general.
El principal problema que plantea la pluralidad de los
mundos es su compatibilidad con el monismo, y San Agustín no dudó en
contraponer el pluralismo de Anaximandro al monismo de Tales pues «creía
(Anaximandro) que los principios de las cosas singulares eran infinitos
y daban origen a mundos innumerables» (Civ. Dei, VIII, 2).
Efectivamente, si el ápeiron da origen a infinitos mundos
coexistentes en el tiempo (simultáneos), entonces no es posible incluir
a Anaximandro en el monismo milesio. La unidad del ápeiron
implica la unidad del cosmos, pero esta unidad quedaría rota con
la multiplicidad simultánea de mundos singulares. Por lo tanto la
pluralidad de mundos coexistentes rompería la unidad del ápeiron
en cuanto ésta se funda por referencia al cosmos.
Sin embargo la multiplicidad sucesiva de mundos sí
parece compatible con el monismo, pues la unidad del ápeiron se
mantiene por referencia a la singularidad de cada mundo. La sucesión
infinita de mundos puede ser entendida de dos maneras:
a) Como continuidad cósmica. La sucesión entre
dos mundos es ella misma una continuidad cósmica. Pero si la sucesividad
entre dos mundos sucesivos se mantiene en el plano cósmico entonces
existe una continuidad ininterrumpida de cosmos. Ello conduce a la tesis
de que, en realidad, no existe propiamente una pluralidad ni sucesiva ni
simultánea de mundos (idea de continuo que habíamos atribuido a Tales de
Mileto).
b) Como hiatos acósmicos (metakósmia). Entre
mundo y mundo existirían hiatos extracósmicos (ápeiron). La idea de
inter-mundia (metakósmia) es una idea límite de cosmos,
que no podemos conocer en sí y por eso se nos presenta como
indeterminado.
Pero la
idea de metacosmia tampoco es incompatible con la de
simultaneidad, en el caso de que la multiplicidad de mundos aislados
constituye un cosmos que tiene como límite la idea de
metacosmos.
Fuente Proyecto de Filosofía
en español.
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