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211004
- Denis Boneau -
Red Voltaire
Nacido en 1905, Raymond Aron pertenece a una vieja familia judía de
Alsacia (región al Este de Francia). Uno de sus parientes lejanos
cuidaba de la salud de Louis XIV. El árbol genealógico de su familia
refleja, por otro lado, parentesco con Emile Durkheim, padre de la
sociología francesa, y con su primo, el antropólogo Marcel Mauss.
Alumno de la Escuela Normal, compañero de promoción de
Jean-Paul Sartre,
Canguilhem y Nizan, Raymond Aron es socialista y pacifista.
Participa sin pena ni
gloria en la vida política estudiantil del Barrio Latino (en París) en
los años 20. Se va a Alemania donde ejerce como lector en la
universidad de Colonia y es reclutado después por el Instituto Francés
de Berlín. Es testigo del recrudecimiento del antisemitismo y la toma
del poder por Adolf Hitler.
En 1933, regresa a
Francia donde lo acoge el Centro de Documentación Social que dirige
Celestin Bouglé. La casualidad lo convierte en sucesor de Marcel Déat,
futuro fundador del Reagrupamiento Nacional Popular, movimiento
colaboracionista bajo la ocupación alemana. El Centro, situado en la
calle Ulm, recibe créditos de la Fundación Rockefeller. Raymond Aron
se relaciona allí con Robert Marjolin, economista formado en Estados
Unidos gracias a una beca que gestionaron Rist y Bouglé, los dos
contactos permanentes de la Fundación Rockefeller en Francia [2].
Primeros pasos en Londres
Después de la
desmovilización, Aron sale de Francia para instalarse en Londres.
Desde su primera estancia allí se pone en contacto, mediante su amigo
Robert Marjolin, con el equipo de Jean Monnet. Enseguida lo recluta
André Labarthe, a quien el general de Gaulle ha confiado la misión de
crear una revista de la Resistencia - La France Libre
- dentro de la cual Aron se convertirá en uno de los redactores más
dinámicos.
La revista le permite
desarrollar ideas que serán el leitmotiv de su compromiso político
durante la Guerra Fría. En un artículo de 1944, Raymond Aron da una
forma primitiva a la retórica antitotalitaria que se convertirá en el
discurso casi oficial de la intelectualidad anticomunista. Las tres
grandes corrientes «paganas» del período contemporáneo -el socialismo,
el comunismo y el nazismo- son presentadas así como tres
representaciones del ideal tipo de «religión secular».
Aron se distingue
principalmente por su crítica abierta al general de Gaulle, sobre todo
en un artículo de 1943 intitulado L’ombre de Bonaparte
[La sombra de Bonaparte]. Sus relaciones con Labarthe son cordiales.
Lo que Aron no sabe todavía es que el responsable de La France Libre
será más tarde considerado, sobre todo por el atlantista Henri Freney,
sospechoso de trabajar como agente soviético para la red Harry
Robinson.
En Londres, Raymond
Aron conoce a futuros aliados de la Guerra Fría. Es un asiduo del «Reform
Club» cuyos animadores son Lionel Robbins y Friedrich von Hayek, quien
prepara la formación de la Sociedad Mont Pelerin. Karl Mannheim le
propone ocupar un puesto en la London School of Economics and
Political Studies, prestigioso bastión de los liberales (Mises y Hayek)
financiado por la Fundación Rockefeller.
El compromiso de Aron
con el movimiento del general de Gaulle durante la guerra no es lo
suficientemente marcado como para valerle el favor del general, quien
no aprecia las críticas del joven intelectual. Aron, quien ve el
gobierno colaboracionista de Vichy como «un paréntesis en la
historia», no condenó nunca la Revolución Nacional.
A lo largo de su vida
se erigió varias veces en defensor de los partidarios de Petain,
específicamente durante la polémica que suscitó el libro de Bernard-Henri
Lévy titulado L’idéologie française [La ideología
francesa]. Veamos la opinión de Aron: «¿Traidores los
colaboracionistas? Sí. ¿Traidores los defensores de la Revolución
Nacional? Claro que no. Los que lamentan hoy, en frío, que la
depuración no haya golpeado como lo que eran a todos los defensores de
la Revolución Nacional se comportan como instigadores de guerra civil.
Ni siquiera en 1941, me dejé llevar por esas bajas pasiones» [3].
Periodismo y política
En el momento de la
Liberación (Ndlr. cuando las tropas nazis fueron expulsadas de Francia
durante la SGM), decepcionado por sus propios fracasos universitarios,
Raymond Aron se dedica de lleno a sus actividades periodísticas y
políticas. Escribe en Point de vue,
Combat y sobre todo en Le Figaro
que dirige Pierre Brisson, ex-colaborador de Lucien Romier, muerto
este último durante la guerra después de haber sido ministro del
Estado Francés [4] en 1943.
La línea política del
diario parisino Le Figaro es abiertamente
proestadounidense. Anticomunista, partidario de la Alianza Atlántica y
de la construcción europea, Raymond Aron adquiere en las columnas de
este periódico una indiscutible legitimidad.
Es uno de sus cuatro grandes columnistas, junto a André Siegfried,
profesor del Instituto de Estudios Políticos de París; François
Mauriac, que lo sigue al Congreso por la Libertad de la Cultura, y
André François-Poncet, quien reemplaza al general Koenig como jefe de
las autoridades de ocupación y es nombrado más tarde embajador en la
República Federal de Alemania.
Raymond Aron tiene,
paralelamente, su primera experiencia política al convertirse, en la
época de la Liberación, en director de gabinete del ministro de la
Información, André Malraux. Trabaja así con Jacques Chaban-Delmas,
Manès Sperber y Jean Lecanuet. Encarga la realización de sondeos de
opinión al IFOP, recientemente creado por Jean Stoetzel, veterano de
la Fundación Alexis Carrel [5].
En 1947, se hace
miembro del RPF. Durante el congreso de Lille, se le encarga una
intervención sobre lo que el general de Gaulle llama «la asociación»
(la división capital/trabajo en el seno de la empresa), concepto clave
de la «tercera vía» económica que preconiza de Gaulle.
Guerra Fría y reflexión política
El pensamiento político
de Raymond Aron tiene raíces profundas en el contexto histórico de la
Guerra Fría. El principal objetivo de sus publicaciones es atraer a
los intelectuales neutros, o sea los que sin pertenecen al Partido
Comunista manifiestan algún tipo de simpatía hacia la ideología
marxista, lo que Aron describe en un trabajo expuesto ante la Sociedad
Mont Pelerin como «el prejuicio favorable a la Unión Soviética».
La obra
L’Opium des intellectuels [El Opio de los intelectuales]
constituye un testimonio de esa voluntad de convencer a la izquierda
no comunista. Aron, que se inspira en las tesis de los New York
Intellectuals, anuncia en ese trabajo el fin de las ideologías y
exhorta a los intelectuales a romper con el socialismo.
Como defensor de la
libertad en el mundo ante partidos comunistas que «con o sin
internacional, con o sin Kominform, representan una conspiración
permanente, destinada a abrir una vía al imperialismo ruso-soviético»,
Estados Unidos representa para el autor del Grand
schisme [El gran cisma] el imperio benevolente que lucha por la
libertad: «La clase dirigente de Estados Unidos no deseó la hegemonía
que ha recaído en ella desde que el potencial industrial de la
República americana se transformó en fuerza militar [...] La
diplomacia soviética ha suscitado como reacción una voluntad de
containment, el esfuerzo para detener la expansión de su rival, no ha
suscitado una voluntad de dominación, a menos que se utilice ese
término para designar el esfuerzo por ampliar la zona abierta al libre
intercambio» [6].
Raymond Aron actúa como
el intermediario intelectual de la diplomacia estadounidense en
Francia. Amigo y consejero de Henry A. Kissinger, quien lo considera
como su guía, [7] y de George Kennan, el padre de la doctrina del «containment»,
Aron representa sin dudas el mejor apoyo del que disponen los
servicios culturales estadounidenses en Francia.
Raymond Aron, el cabecilla francés del Congreso por la Libertad de la
Cultura
En junio de 1950,
Melvin Lasky organiza en Berlín la primera reunión internacional de lo
que será el Congreso por la Libertad de la Cultura [8]. La iniciativa
cuenta con el apoyo de intelectuales anticomunistas reunidos en «un
comité no oficial e independiente» del cual es miembro Raymond Aron.
La reunión de Berlín desemboca en un embrión de organización: Arthur
Koestler escribe El Manifiesto a los hombres libres y un texto
redactado por Henri Freney prevé la creación de un comité
internacional dotado de un secretariado permanente y de comités
nacionales. A partir de noviembre de 1950, cinco suplentes son
nombrados para completar la lista de miembros del comité ejecutivo.
Raymond Aron aparece
esta vez en las instancias dirigentes del Congreso por la Libertad de
la Cultura y se convierta rápidamente en una de las personalidades más
influyentes. Colabora con Michael Josselsion [9], intermediario entre
la CIA y los intelectuales, y sus libros -esencialmente
Le Grand schisme, L’Opium des
intellectuels y Les Guerres en chaîne [Las
Guerras en cadena]- constituyen obras de referencia para la
intelectualidad anticomunista.
Aron implanta sólidamente
el Congreso en Francia y contribuye a la difusión de las tesis de los New
York Intellectuals facilitando la traducción del libro
L’Ere des organisateurs [La Era de los organizadores], manifiesto de
la organización redactado por su amigo James Burnham. Se recurre a él para
que organice o participe en varias reuniones apadrinadas por el Congreso.
En 1954, durante las
Jornadas de Estudios de Niza, el trabajo que presenta se intitula «Rostros
del comunismo en Francia e Italia». Completamente inmerso en las
actividades del Secretariado Internacional que controlan Josselson y
Nabokov, dos ex-oficiales de los servicios culturales del ejército
estadounidense en Berlín, Raymond Aron prepara la Conferencia de Hamburgo
junto a Sidney Hook y Jacques Enock.
Durante este encuentro, Aron presenta un trabajo sobre «Los conceptos de
verdad de clase y de verdad nacional en las ciencias sociales» y es
designado miembro del Comité de Ciencia y Libertad, un organismo que
depende del Congreso, del que forman parte catorce personalidades. Prepara
enseguida, junto a Josselson, Nabokov, Polanyi, Jouvenel y Bristol, la
Conferencia de Milán: «El porvenir de la libertad».
El año 1955 es decisivo
para Aron ya que es uno de los intelectuales que juegan un papel central
en la conferencia de Milán y, también, porque ese mismo año es nombrado en
la Sorbona y publica L’Opium des intellectuels,
verdadera carga contra los pensadores prosoviéticos.
Esta conferencia da lugar a la aparición de un nuevo órgano del Congreso,
el Comité de Seminarios, del cual Aron es uno de los artífices. Durante
una primera fase, Daniel Bell, un sociólogo de la universidad de Columbia
que acaba de llegar a Francia, coordina las actividades del Comité que
incluye a Aron, Jouvenel, Polanyy y Edward Shils (de la London School of
Economics).
Raymond Aron reemplaza a
Bell a la cabeza del Comité de Seminarios y lanza el proyecto de los
coloquios de Rheinfelden. La publicación de los trabajos presentados en
los coloquios de septiembre de 1959 la garantizan Jean-Claude Casanova,
futuro jefe de la ultraaroniana revista Commentaire y
Pierre Hassner.
En Nápoles, Aron preside el
coloquio internacional y presenta una reflexión sobre el «Desarrollo
social y económico de los países del Mediterráneo». El décimo aniversario
del Congreso, simbolizado por la reunión de 1960, hace patente el éxito de
la estrategia de conquista ideológica de Raymond Aron. Las intervenciones
de nuevos participantes, como Edgar Morin, Georges Friedmann o Jean-Marie
Domenach son reveladoras de la victoria de la retórica antitotalitaria [10].
El escándalo que revela, en
1967, que la CIA estaba financiando el Congreso provoca la brusca
interrupción de la participación de Raymond Aron. Sin embargo, lejos de
condenar la empresa, Aron acepta supervisar la creación de una nueva
organización financiada por la Fundación Ford: la Asociación por la
Libertad de la Cultura [11]. Pero, ante las proporciones del escándalo en
Francia, acaba por rechazar la oferta.
François Furet, Michel
Crozier y otros intelectuales ocupan el puesto de Aron quien, después del
escándalo, presidirá solamente dos seminarios -uno en Venecia, «El
historiador entre el etnólogo y el futurólogo», y otro en Bonn, «International
politics and the future of european-american relations».
A pesar de su retirada,
Raymond Aron acepta convertirse en el presidente de honor del Committee
for the Free World, proyecto supervisado por Midge Decter, esposa de
Norman Podhoretz, el redactor jefe de Commentary, y
financiado por las fundaciones conservadoras Olin, Scaife y Smith
Richardson.
Volviendo al asunto del
Congreso, en sus Memorias Raymond Aron estima que, ya que el fin justifica
los medios, este constituyó una experiencia política necesaria y positiva:
«¿Habríamos tolerado el financiamiento de la CIA si lo hubiésemos
conocido? Probablemente no, aunque ese rechazo hubiera carecido -en
definitiva- de sentido [...] El Congreso no podía cumplir su misión, y la
cumplió únicamente gracias al enmascaramiento o incluso, si se quiere, a
la mentira y la omisión» [12].
Un
universitario conservador
Paralelamente a esta
intensa actividad política, Raymond Aron escala posiciones dominantes en
el ámbito universitario. En 1955, es nombrado en la Sorbona. En 1961,
gracias al apoyo financiero de la Fundación Ford, crea el Centro de
Sociología Europea, que dirige él mismo junto a su asistente, un tal
Pierre Bourdieu. El joven sociólogo organiza las investigaciones de
Sociología de la Educación y de la Cultura. La ruptura entre Bourdieu y
Aron se produce después de la publicación del libro Les
Héritiers [Los Herederos], que se convertirá cuatro años después en
obra de referencia para los estudiantes contestatarios.
La «traición» de Pierre
Bourdieu no impide que Aron logre consolidar su control sobre la
intelectualidad liberal que se apretuja en sus seminarios organizados en
la Sorbona, después en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales y
en el Centro de Sociología Europea: Pierre Hassner, Jean-Claude Casanova,
Jean Baechler, Annie Kriegel, Alain Besançon, Pierre Manent, François
Bourricaud, Georges Liébert y Jerome Dumoulin. Aron moviliza esa red en
mayo del 68 para contrarrestar la «revolucioncita» y, más tarde, para
reemplazar Preuves (Pruebas), la revista oficial del
Congreso por la Libertad de la Cultura.
Durante los sucesos de mayo
y junio de 1968, Raymond Aron simboliza la reacción conservadora hostil al
«carnaval estudiantil» y logra reagrupar un polo conservador del cual él
mismo es el centro. El 30 de mayo, Aron saluda el fin de los motines con
un «Vive de Gaulle» (Viva el general de Gaulle) de alivio y desfila por
los Campos Elíseos junto a su amigo y aliado Kostas Papaioannou.
El 11 de junio lanza desde
las columnas del periódico Le Figaro un llamado a
poner fin a la huelga y a la reanudación de las clases. El 19 de junio
publica una serie de artículos intitulada «La crisis de la universidad» y
crea un Comité de Defensa y Renovación de la Enseñanza Francesa, encargado
de organizar el reinicio de las clases y la realización de los exámenes.
Este Comité improvisado incluye, al principio, un pequeño equipo de
colaboradores cercanos de Aron. Antiguos miembros del Partido Comunista
como Emmanuel Le Roy Ladurie y Annie Kriegel se unen momentáneamente a
Alain Besançon, Kostas Papaiannou y Jean Baechler...
El 21 de junio, el Comité
se reúne por primera vez. François Bourricaud, Michel Crozier (a la sazón
profesor en la universidad de Nanterre), Raymond Boudon y Julián Freund se
convierten en sus principales portavoces en el seno de la universidad
parisina. Según Aron, el poder no debe retroceder ante lo que él mismo
llama «el terrorismo del poder estudiantil»
A causa de su actitud
hostil hacia las protestas estudiantiles, se le prohíbe a Aron hacer uso
de la palabra en la calle de Ulm, y los estudiantes interrumpen a veces
sus defensas de tesis... Blanco predilecto de los «rabiosos», Aron se ve
sometido también a la crítica de su ex-compañero de la Escuela Normal,
Jean-Paul Sartre, que lanza un llamado a la destrucción de «las Bastillas
de Aron».
En agosto, este último publica La Révolution introuvable
[La Revolución imposible de encontrar], violento ataque contra los
protagonistas de la revuelta de mayo del 68.
Los
herederos de Raymond Aron
A fines de los años 70,
Raymond Aron rompe con el Congreso por la Libertad de la Cultura, cuya
revista oficial, Preuves [13], está ya agonizante. El
viejo liberal tiene la intención de construir una nueva tribuna académica.
De 1970 a 1976 la revista Contrepoint, que dirige uno
de sus seguidores, Georges Liébert, acoge a numerosos discípulos de la
escuela aroniana, como Pierre Manent. Pero es la revista
Commentaire la publicación que se convertirá en la tribuna ideal para
Aron. Creada en 1978 y supervisada por Jean-Claude Casanova, esta revista
es la digna sucesora de Preuves.
Traducciones de artículos
de Encounter y de Commentary son
prueba de la función de Commentaire, que distribuye
algunos de sus números en Europa oriental. La convergencia entre los
intelectuales de Commentaire y los de la revista
Le Débat (El Debate) da lugar, en 1981, con el impulso
que le imprimen François Furet y Pierre Rosanvallon, a la aparición, de la
Fundación Saint-Simon, verdadero think tank [Centro de investigación,
propaganda y divulgación de ideas, generalmente de carácter político]
proestadounidense del período posterior a la Guerra Fría. [14].
El 17 de octubre de 1983,
Raymond Aron declara como testigo a favor de su amigo Bertrand de Jouvenel,
acusado de «nazismo». El viejo filósofo declara: «Es verdad que nosotros,
los hombres de esta generación, nos sentíamos desesperados ante la
debilidad de las democracias. Sentíamos que la guerra se aproximaba.
Algunos soñaron con otra cosa, algo que acabara con esa debilidad». En
efecto, durante los años 30 Jouvenel soñó con un nuevo régimen. Viendo a
Hitler como un nuevo guía económico, se enroló en el Partido Popular
Francés de Doriot. [15]. Reclutado por los servicios de inteligencia, se
convirtió más tarde en espía de su viejo amigo Otto Abetz. En la época de
la Liberación, funda con Rueff y Hayek la ultraliberal Sociedad Mont
Pelerin [16] y participa intensamente en las actividades del Congreso por
la Libertad de la Cultura [17].
La defensa de su amigo
Jouvenel fue la última declaración pública de Raymond Aron quien muere de
una crisis cardiaca en el auto que lo esperaba a la salida del tribunal
Denis Boneau
es Periodista francés, miembro de la sección francesa de la Red Voltaire
[1] Es en el año 1927 que el escritor
francés Julien Benda hace aparecer su panfleto titulado:
La traición de los intelectuales (en francés La
trahison des clercs) en el cual estigmatiza la demisión de los
intelectuales en la búsqueda de la verdad, en vez de sacrificarse por esta
causa muchos de ellos prefieren defender su compromiso político o
partidario.
[2] «EHESS: Las ciencias sociales
francesas bajo perfusión de la CIA (Las sciences sociales françaises sous
perfusion de la CIA», por Bertrand Chavaux, Voltaire, 7 de julio de 2004.
[3] Raymond Aron, Mémoires, 50 ans de
réflexion politique, Julliard, 1983, p. 175.
[4] «L’État français» (El estado
francés) es el nombre que dio el general francés Philippe Pétain al
régimen de dictadura administrativa que él mismo constituyó después de
decretar la abolición de la República Francesa y cuando colaboraba con la
ocupación nazi de su país durante la Segunda Guerra Mundial.
[5] «Uriage, l’école des cadres de la
Collaboration» (Uriage, la escuela que formó a los administradores de la
colaboración con los nazis), por Denis Boneau, Voltaire, 23 de abril de
2004.
[6] Raymond Aron, Le
Grand schisme, ediciones Gallimard, 1948. p. 25, Francia.
[7] «Nadie ha tenido sobre mí más
influencia intelectual que él. Fue un crítico benevolente cuando yo
ocupaba posiciones oficiales. Su aprobación me daba ánimos, las críticas
que me hacía a veces me frenaban». Cita de Henry Kissinger, en el sitio
web de Catallaxia, Libéralisme alternatif.
[8] «Quand la CIA finançait les
intellectuels européens», (Cuando la CIA financiaba a los intelectuales
europeos) por Denis Boneau, Voltaire, 27 de noviembre de 2003.
[9] «Michaël Josselson, de origen
estonio, fue el creador del Congreso [...]. Él nos engañó, podríamos
decir, y así lo habría reconocido él si hubiésemos discutido el fondo del
problema [...]. Yo sigo sintiendo hacia él consideración y estima [...].
Él era mucho más que un agente de servicios secretos, era otra cosa. Como
intelectual dotado del sentido de la acción, le corresponde la doble
responsabilidad del éxito del Congreso y de la mentira original». Raymond
Aron, Mémoires, p. 238-239.
[10] Pierre Grémion,
Intelligence de l’anticommunisme, Le Congrès pour la liberté de la culture
à Paris, 1950-1975, ediciones Arthème Fayard, 1995.
[11] «La Fundación Ford, fachada
filantrópica de la CIA», Voltaire, 31 de enero de 2005.
[12] Raymond Aron logró imponer en
Francia esa interpretación de su compromiso con las actividades del
Congreso por la Libertad de la Cultura. Hay que señalar que la versión
estadounidense del trabajo de Frances Stonor Saunders, La
CIA y la guerra fría cultural (editorial Debate, Madrid, 2001), es más
afirmativa. Ella indica que «Aron felt deeply compromised by the exposure
of the Congress as a CIA front, though it is alleged he had been in on the
secret for years», [Aron se sintió gravemente comprometido cuando se
reveló que el Congreso servía de cobertura a la CIA, pero algunos piensan
que él estaba al corriente desde hacía años. Traducción del francés al
español realizada por la Red Voltaire.].
[13] De 1951 a 1966, Raymond Aron
publica alrededor de cincuenta artículos en Preuves,
la revista de François Bondy, y unas treinta traducciones para
Der Monat y Encounter.
[14] «La face cachée de la Fondation
Saint-Simon», por Denis Boneau, Voltaire, 10 de febrero de 2004.
[15] Doriot fue un dirigente comunista
francés, cuando Francia fue invadida y ocupada por el ejército nazi,
Doriot se convirtió en una de las principales figuras del colaboracionismo
con el enemigo nazi. Una vez finalizada la guerra con la derrota de Hitler,
Doriot fue juzgado y fusilado por traición a la patria
[16] «Friedrich von Hayek, el padre
del neoliberalismo», por Denis Boneau, Voltaire, 30 de enero de 2005.
[17] Su principal legado es el grupo
Futuribles, una organización internacional de previsión económica creada
con créditos de la Fundación Ford.
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