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Conti González Báez
- Fue un
matemático y físico francés, generalmente considerado como uno de
los descubridores del
electromagnetismo.
André-Marie Ampère nació el 22 de enero de
1775 en Lyon, Francia. Su padre, Jean-Jacques Ampère, era un
próspero comerciante, estimado por todos cuantos le rodeaban.
Su madre, Jeann Antoinette Sarcey, también era muy
querida por la gente de la localidad, no solamente por la dulzura de
su carácter, sino además por las obras y actos de beneficencia que
frecuentemente realizaba.
Durante los primeros años de André, su
familia pasaba la mayor parte del año en su casa de Lyon y los meses
de verano en una pequeña finca en Poleymieux, a tan sólo 10
kilómetros de distancia. Tuvo una infancia afortunada, siendo un
niño querido que pasaba momentos felices con sus padres y su hermana
Josefina.
Cuando cumplió siete años, su padre decidió
dedicarle más tiempo a su educación y la finca se convirtió en la
residencia principal de la familia, que tan sólo pasaba un corto
periodo del invierno en Lyon, donde el padre supervisaba sus
negocios.
Polmieux era un pueblo chico, sin las exigencias
ni enseñanzas de ningún profesor. A pesar de no asistir a la
escuela, André-Marie recibió una excelente educación.
Su padre era un hombre instruido, experto en
Literatura latina y francesa, además de tener conocimientos en
varias ramas de la ciencia. Nunca le exigió a André estudiar
nada, pero supo inspirar en él un deseo de saber.
André era inquieto y
curioso, pero fue un niño débil. No le interesaban mucho los
deportes o los ejercicios al aire libre. Prefería sus propios
pensamientos y la observación del mundo que le rodeaba. Sin embargo,
era sociable y disfrutaba de las bromas, siempre que no se las
hicieran a él.
Una de las primeras facultades que desarrolló fue
la del cálculo. Le gustaba contar y, antes de conocer bien las
cifras, juntaba piedras, las pintaba de diferentes colores, las
combinaba y lograba establecer cálculos precisos. Su natural
concepción lógica le permitía trabajar en largas sumas aritméticas.
Un día cayó enfermo y ya no pudo distraerse con
sus piedritas. Estando en cama, ideó otro método: cortaba en
pequeños pedazos el pastel que su mamá le daba y continuaba con sus
cálculos.
Antes de aprender a leer, el mayor placer del
pequeño era escuchar pasajes de la Historia Natural de Buffon. Más
tarde, comenzó a leer la Enciclopedia en orden alfabético. Años
después podía recitar varios artículos completos de memoria.
Pronto
comenzó a devorar todos los libros que llegaban a sus manos. Le
gustaban la historia, los viajes, la poesía y la filosofía. Era un
muchacho de extraordinaria inteligencia que pasaba gran parte de su
tiempo en la biblioteca. Siempre que podía, su papá lo llevaba a
Lyon, donde el joven se dedicaba a consultar los libros más raros
que encontrara. El padre
había empezado a enseñarle Latín, pero lo dejó al ver su mayor
inclinación y aptitud hacia los estudios matemáticos. Rápidamente
comenzó a desarrollar sus propias ideas matemáticas. Al no estar en
contacto con ningún experto en la materia, sentía que eran originales.
A los trece años escribió un tratado sobre las
secciones cónicas y lo envió a la Academia de Lyon, pero fue rechazado
por carecer de ciertos aspectos del cálculo. El joven Ampère se
dio cuenta de que necesitaba aprender más.
Después de tomar algunas lecciones de cálculo
diferencial e integral con un monje de Lyon, se propuso estudiar los
trabajos de Euler y Bernoulli. Cuando descubrió que estaban en Latín,
decidió retomar sus estudios de esa lengua, la que aprendió en unas
pocas semanas.
Luego adquirió una copia de la Mecánica Analítica de
Lagrange, cuya lectura le dio nuevos ánimos. Comenzó a estudiarla
seriamente, repitiendo todos los cálculos de la obra.
También quiso entender a grandes filósofos. Leyendo a
Leibnitz y Descartes se introdujo al análisis del espíritu humano y la
clasificación de las ideas. Deseaba tener muy bien constituido todo un
marco de referencia.
La apacible vida de André-Marie Ampère terminó
con el estallido de la Revolución Francesa. Tras la toma de la Bastilla
el 14 de julio de 1789, el efecto en la región de Lyon no fue muy
grande al principio. A fines de 1791, su padre aceptó ser nombrado Juez
de Paz, puesto que le hacía virtualmente imposible evitar involucrarse
en los conflictos revolucionarios.
Al año siguiente, la tragedia golpeó a la familia con
la muerte de Josefina, la hermana de André. Luego, la ciudad de
Lyon se negó a seguir instrucciones de París y fue sitiada durante dos
meses.
Cuando las tropas republicanas tomaron Lyon, la ciudad
fue devastada y sus habitantes fueron tratados con inusitada crueldad.
El padre de Ampère fue arrestado y condenado a morir en el
patíbulo, lo cual aceptó con gran entereza, tratando de reconfortar a su
esposa e hijo en una carta que escribió poco antes de ser ejecutado en
la guillotina.
El efecto de la muerte de su padre fue devastador para
André, quien tenía apenas dieciocho años. Dejó sus estudios y
cayó en el derrotismo. Pasaron meses y el joven se veía cada vez peor.
Sus amigos trataban de alentarlo, pero era imposible; su estado de ánimo
seguía igual.
Durante más de un año estuvo sumido en la apatía,
hasta que cayeron en sus manos unos escritos de Rousseau sobre Botánica,
que despertaron su interés. Después comenzó a leer a Homero, Virgilio y
otros poetas clásicos que alimentaron su espíritu e inclusive llegó a
escribir algunos versos.
André no se recuperó del todo hasta que conoció a una
bella joven, Julie Carre, de la que se enamoró. Ella no se sentía tan
atraída por él, ya que le parecía que no tenía modales, que era torpe,
tímido y con una pésima presentación.
Pese a esta frialdad inicial, el romance prosperó y se
comprometieron en 1797. Ampère tenía 22 años y decidió que más le
valía demostrar que podía ganarse la vida, por lo que comenzó a enseñar
Matemáticas en Lyon. Dos años después se casó con Julie y su hijo
Jean-Jacques nació en 1800.
Recién casado, André-Marie Ampère habitaba una
modesta casa en Lyon. Julie era una buena esposa y sentía una gran
admiración por el matemático. Junto con el pequeño Jean-Jacques, eran
felices.
Diariamente, al ponerse el sol, un grupo de jóvenes
acudía a su casa a recibir lecciones de Matemáticas, pero su situación
era precaria. André tenía que buscar otro trabajo para ganar el dinero
necesario para los gastos familiares.
En 1802 consiguió un puesto como Profesor de
Física y Química en la Escuela Centrale de Bourg. Antes de mudarse a
esta ciudad, Julie cayó enferma y Ampère tuvo que tomar la difícil
decisión de dejarla en Poleymieux con sus suegros.
Aunque enseñaba Física y Química, sus investigaciones
eran de Matemáticas. Escribió un tratado sobre probabilidad, "La Teoría
Matemática de los Juegos", que envió a la Academia de París en 1803.
Laplace notó un error, explicándoselo a Ampère en una carta. Éste
pudo corregirlo y el tratado fue reimpreso. Poco después realizó otro
trabajo sobre el cálculo de variaciones.
Después de un año en Bourg, Ampère pudo estar
más cerca de Poleymieux al obtener un puesto de Matemáticas en el Liceo
de Lyon, gracias a la recomendación de Delambre. Su trabajo era muy
difícil debido a que la salud de su esposa seguía empeorando, pero logró
producir otro interesante tratado sobre geometria analítica.
El matemático era capaz de concentrarse en sus
teoremas pese a sus tragedias personales. Tristemente, Julie murió en
1803, poco antes de su quinto aniversario de bodas. André sufrió con
los sentimientos de culpa por haber vivido lejos de su esposa durante su
corto matrimonio.
Sumamente deprimido, decidió dejar Lyon e irse a París
para cambiar de aires. Después se arrepintió de esta decisión; extrañaba
a sus amigos, que habían tratado de llenar el vacío emocional que dejó
la muerte de Julie. Se sentía muy solo, pero el trabajo fue su gran
consuelo y se adaptó gradualmente a la comunidad científica parisina.
Para entonces, Ampère ya tenía una buena reputación
como maestro e investigador matemático y, pese a no contar con una
educación formal, fue nombrado Tutor en la Escuela Politécnica.
En 1806 se casó por segunda ocasión con una
mujer llamada Jenny, culta, graciosa y exquisitamente educada; Lagrange
y Delambre asistieron a la boda. Sin embargo, el matrimonio resultó
desastroso y al año siguiente, antes del nacimiento de su hija Albine,
la pareja estaba viviendo separada y sin dirigirse la palabra. Se
divorciaron en 1808 y Ampère, de 33 años, obtuvo la
custodia de la niña.
Al año siguiente, fue nombrado Profesor de Matemáticas
de la Escuela Politécnica. Realizó un trabajo sobre ecuaciones
diferenciales parciales y creó una clasificación que le valió ser
elegido miembro del Instituto Nacional de Ciencias.
Después de su elección, trabajó en una gran variedad
de tópicos. Realizó una clasificación de los elementos químicos y
trabajó en la teoría de la luz, publicando un estudio sobre su
refracción.
Fue defensor de la teoría ondulatoria de la luz, en la
que estaba de acuerdo con Fresnel; ambos se oponían a Biot y Laplace,
quienes defendían una teoría corpuscular. Fresnel se convirtió en un
buen amigo de Ampère y se hospedó en casa de éste de durante cinco años,
hasta que murió.
André-Marie Ampère se
interesó por el estudio de la electricidad y el magnetismo. En 1820,
el físico danés Hans Christian Oersted se encontraba experimentando una
pila de Volta, tratando de averiguar por qué se calentaba el alambre por
el que circulaba la corriente eléctrica.
En su mesa de trabajo había una brújula y observó que
al hacer pasar la corriente por el alambre, la aguja de la brújula se
desviaba. Al interrumpirla, volvía a su posición original. Había
encontrado que una corriente eléctrica produce un campo magnético.
Dos meses después, llegó la noticia a Ampère,
quien repitió lo realizado por Oersted, buscando una explicación. Pudo
demostrar que el paso de la corriente eléctrica a través de un cable
conductor era capaz de producir un campo magnético a su alrededor, así
como encontrar la relación entre la intensidad de la corriente y la
intensidad del campo magnético que producía.
Para fundamentar el descubrimiento, en pocas semanas
elaboró un trabajo matemático donde expuso una completa teoría sobre el
fenómeno.
Formuló una ley sobre el electromagnetismo, comúnmente
llamada Ley de Ampère, en la cual se describe matemáticamente la
fuerza magnética interactuando entre dos corrientes eléctricas, sentando
así las bases de la electrodinámica.
Ampère fue el primero en
demostrar que dos conductores paralelos por los que circula una
corriente en el mismo sentido se atraen el uno al otro, mientras que si
los sentidos son opuestos, se repelen.
También fue el primero en llamar a la corriente
eléctrica por ese nombre y en medir la intensidad de su flujo,
utilizando un instrumento que él mismo construyó, el amperímetro.
Inventó la aguja astática, que hizo posible el moderno galvanómetro.
El electromagnetismo fue el descubrimiento culminante
para el desarrollo del telégrafo. El físico alemán Hans Schweigger
inventó el multiplicador que amplificaba el efecto magnético de la
corriente para desviar la aguja imantada, mediante varias bobinas de
alambre. André-Marie Ampère sugirió un sistema telegráfico basado en la
desviación de agujas magnéticas por la acción de la corriente eléctrica,
en 26 hilos de alambre.
La aplicación práctica de la electrodinámica fue
fundamental para el desarrollo de la ciencia y la técnica del siglo XIX
y muchos científicos de la época trabajaron en ella.
El inglés Michael Faraday descubrió la inducción
electromagnética en 1821 y un año después lo hizo Ampère,
quien pensó haber sido el primero en descubrir el efecto. Al darse
cuenta de su error, estuvo de acuerdo en que todo el crédito del
descubrimiento debía ser para Faraday.
Durante los siguientes años, Ampère fue
asistido por Félix Savary, cuya ayuda para escribir sus resultados fue
invaluable. Savary destacó por su disciplina y habilidad para
concentrarse en problemas específicos, lo que permitió a Ampère
completar los detallados cálculos requeridos para aplicar su ley a los
fenómenos magnéticos.
Sus estudios sobre electricidad y magnetismo
culminaron en 1826 con la publicación de su obra cumbre, "Memoria
sobre la Teoría Matemática de los Fenómenos Electrodinámicos", que
contenía una derivación matemática de la ley de la fuerza
electrodinámica y la descripción de cuatro experimentos.
Ese mismo año, comenzó a enseñar en el Colegio de
Francia. A diferencia de sus clases en el Politécnico, donde tenía que
seguir un temario, su nueva posición le permitía diseñar sus propios
cursos de electrodinámica. Su fama se extendió rápidamente y en 1927
fue elegido miembro de la Real Sociedad.
En cuanto a su vida personal, su hijo Jean-Jacques
logró fama como historiador y filólogo estudiando los orígenes
culturales de los idiomas europeos occidentales y fue nombrado Profesor
de Literatura Extranjera en la Sorbonne, pero la relación entre ambos
fue difícil.
Los dos hombres eran temperamentales y sujetos a
largos periodos de melancolía, seguidos de explosivos arranques de
cólera. El hogar de André-Marie Ampère no podía albergar a padre
e hijo juntos durante mucho tiempo.
Ampére tuvo aún más
dificultades con su hija Albine. Ella se casó con un teniente de
Napoleón que era alcohólico y muy pronto hubo problemas en el
matrimonio. Tres años después, Albine se fue a casa de su papá y,
algunos días más tarde, también se mudó el marido. La pareja causó
muchos problemas, incluyendo la intervención de la policía, lo que hizo
muy infeliz al científico.
Un amigo suyo de Lyon lo visitó en París y se dio
cuenta de que Ampère ya no era el mismo. Se veía acabado, con la
salud quebrantada. Sin embargo, su ánimo y deseo de conocimiento seguían
siendo los mismos y no perdió la oportunidad de recorrer el mundo.
Viajó por todos rumbos: de Norte a Sur, de Este a
Oeste; no quería dejar nada sin conocer. Independientemente de su fama,
su gran amabilidad y sencillez le abrían las puertas en todos lados.
Finalmente llegó a Marsella, una ciudad por la que
sentía un cariño muy especial y poco después se encontró ya muy enfermo,
por lo que decidió quedarse un tiempo para recuperarse. Pero su cuerpo
no resistía más y tuvo que dejar inconcluso su último libro, "Ensayo
sobre la Filosofía de las Ciencias".
Durante sus últimos días, fue reconfortado con las
palabras de un sacerdote local, con quien leía e intercambia
pensamientos de un libro titulado "Imitación de Cristo", que se sabía de
memoria.
André-Marie Ampère murió
el 10 de junio de 1836, a los 61 años de edad. Ese mismo día el
telégrafo de Marsella, perfeccionado por este gran hombre, comunicaba la
triste noticia a la capital.
Fue enterrado en el Cementerio de Montmartre, en
París. Tandem felix, "Por fin feliz", dice la lápida de este atormentado
genio universal.
En su honor, la unidad de intensidad de la corriente
eléctrica lleva su nombre. Aunque desde hace años el Sistema
Internacional de Medidas estableció oficialmente como "amper" el nombre
para designar dicha unidad, en algunos países de habla hispana se
continúa llamándola "amperio".
Varias
calles de Francia también llevan su nombre, así como el Monte Ampère
de la Luna. Cuando Gustave Eiffel construyó su famosa torre en
París, incluyó los nombres de 72 prominentes científicos franceses en
placas conmemorativas alrededor de la primera plataforma. Entre ellos
está el de André-Marie Ampère.
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