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León Battista Alberti

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. Biography (In English)

Iglesia de Santa María Novella

Biografía
(Español) - José María de Azcárate

Arquitecto y teórico de arte italiano. Hijo natural del florentino Lorenzo di Benedetto; n. probablemente en Génova en 1404, y m. en Roma, en abril de 1472. Es uno de los más grandes artistas del Renacimiento italiano. Muy joven debió salir de Génova, constando que su padre estaba en Venecia en 1414. Estudió en las Univ. de Padua y Bolonia, donde se doctoró a los 24 años. En 1428 está en Florencia. De 1431 a 1434 reside en Roma, donde estudia los monumentos clásicos en especial, más que las formas artísticas en sí mismas, los principios en que se fundamenta la belleza en la arquitectura de la Antigüedad. De nuevo en Florencia en 1434, se introduce en los medios humanísticos. Es entonces cuando debió percibir la importancia y la novedad de la obra de Brunelleschi. Testimonio de su admiración por el gran maestro florentino es la dedicatoria de su tratado De pictura. En 1436 está en Bolonia, constando varios viajes a Venecia y Parma, y, en 1438, en Ferrara. Vuelve a Roma después de 1443, renovando sus estudios en torno a la arquitectura romana, consecuencia de los cuales es su famoso tratado De re aedificatoria, en 10 libros, que ofrece a Nicolás V en 1452. Esta obra es fundamental para la teoría estética de la arquitectura renacentista. En él se contienen los principios esenciales de la arquitectura del Renacimiento, tanto en cuanto a los fundamentos básicos de la belleza arquitectónica, como en su concreción en formas y en determinados tipos de edificios. Para A. es la matemática, el número, la medida, las proporciones en suma, el fundamento de la belleza. El círculo -y de ahí la importancia de la cúpula- es la forma más perfecta, y como derivadas de ella, las figuras geométricas que con el círculo se relacionan, como el octógono. Junto al círculo es el cuadrado la forma geométrica de mayor perfección. Con estos principios, tomando como base para su trazado y alzado estas figuras geométricas, se encuentra en cualquier tipo de edificio la razón de la belleza objetiva, perfecta. Junto a estos principios racionales y en relación con ellos, en el ornato de la arquitectura sitúa A. en un lugar principal la columna, que alcanza gran importancia en la arquitectura renacentista.
          Primeras obras. En torno a 1430 se inicia propiamente su labor como arquitecto, que en todo momento fue de carácter más teórico que práctico. Esta tardía actividad práctica, en contraste con la intensa actividad que como teórico ha ido desarrollando en múltiples trabajos, de las más diversas materias, ha sido el fundamento para que se haya puesto en duda su labor como arquitecto. Desde este punto de vista parece que A. preocupábase más de las trazas, de la idea general del edificio, participando directamente en muy contadas ocasiones. Hacia 1450 interviene en algunos problemas referentes a San Stefano en Roma, base quizá para sus estudios en torno a la primacía de la planta central para las iglesias. También hacia estas fechas, y en relación con Nicolás V, se registra su intervención en las fortificaciones romanas, como superintendente, y en algunas cuestiones en torno a la antigua basílica de San Pedro. Su obra fundamental de estos años es la reforma del templo de San Francisco de Rímini. Esta iglesia, convertida en templo Malatestiano a instancia de Sigismondo Pandolfo Malatesta, sefíor de Rímini, es una de las obras fundamentales del Renacimiento italiano. La idea de Sigismondo Malatesta era convertirlo en templo votivo en honor de su esposa Isotta y que al mismo tiempo sirviese de panteón de los hombres ilustres de la ciudad de Rímini.

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Con esta idea A. organiza una fachada en la que el elemento fundamental es un arco de triunfo central que da acceso al templo y a los lados otros dos, cegados, en los cuales habían de colocarse las urnas funerarias de Sigismondo y de Isotta. En la parte alta un segundo arco de triunfo resaltaba la calle central, de acuerdo con la estructura gótica de la iglesia, y en la parte externa de la construcción una serie de arcos albergaban los sarcófagos de los hombres famosos de la ciudad. En el interior, inacabado, sobresalen las capillas con bellísimas alegorías de las Virtudes y Ciencias, anagramas de Sigismondo e Isotta y un riquísimo repertorio de formas decorativas, en las que intervino, como principal colaborador de A. en toda la obra, Mateo de Pastis. De hacia el mismo periodo es la construcción del Palacio Rucellai en Florencia, que en su organización en cuerpos y calles rompe con la concepción del palacio cerrado de Brunelleschi y sus discípulos, al mismo tiempo que en las divisiones rectangulares que se originan vemos la aplicación del concepto de las medidas áureas que A. utiliza en todos sus edificios. De poco después es la fachada de Santa Maria Novella, en Florencia, feliz resolución del problema de la organización de una fachada renacentista a una estructura gótica, sin romper con la armonía del conjunto. En ella es fundamental la solución del problema del desnivel entre la calle central y las laterales, que resuelve A. con grandes volutas que enlazan y unifican la fachada, rematada en frontón, organizando estructuralmente el conjunto mediante la combinación de cuadrados y rectángulos. De esta manera, manteniendo unos principios racionales estrictamente renacentistas, traza A. una fachada que no rompe bruscamente con la estructura y las formas góticas, al saber aprovechar los elementos clásicos que están implícitos en la arquitectura gótica italiana.
          Mantua: últimas obras. A partir de 1459 sus estancias en Mantua se repiten. De 1460 es el proyecto para la Iglesia de San Sebastián, concebida como un cuadrado con capillas rectangulares, que dibujan una cruz griega, y un pórtico de seis pilastras. Esta obra, hecha para Ludovico Gonzaga, no llegó a terminarse por diversas circunstancias, siendo dirigida por Luca Fancelli. En torno a 1470 se sitúan las trazas de la Iglesia de San Andrés, también realizada por encargo de Ludovico Gonzaga. La obra, iniciada en 1472 aunque acabada después de su muerte y reformada, es una de sus obras maestras. A un interior constituido por una gran nave, con bóveda de cañón -curiosamente más alta que la fachada- con tres capillas por lado, crucero con cúpula y presbiterio rectangular, corresponde una monumental fachada concebida como un gran arco de triunfo, con grandes pilastras, nichos y frontón, en la que está implícita toda la grandiosidad y la valoración de la luz de la arquitectura cinque-centista. En este aspecto es la obra más avanzada de A. y la que más influencia ejerce, ya que se halla en íntima relación con el modelo que luego ha de ser adoptado por la Compañía de Jesús. Por último, consta que en sus últimos años interviene en proyectos y trazas para la iglesia florentina de la SS. Annunziata, para terminar la parte inacabada por Michelozzo.
          Como teórico desarrolló A. una extensísima labor, conociéndose cerca del centenar de escritos de diversa índole. Aparte de numerosas obras de carácter poético, moral, filosófico, científico y técnico, y además de los ya citados tratados Della Pittura y De re aedificatoria, redactó una Descriptio Urbis Romae y un tratado De statua. En este aspecto, como hombre de cultura universal es el más claro precedente de Leonardo de Vine¡ y una de las mentes más fértiles de la Italia quattrocentista.


León Battista Alberti - Antonio Bautista Durán -

De relevancia notable fueron los escritos del arquitecto León Batista Alberti (14O4-1472), "uomo universale" como Leonardo, "mejor conocido por lo que escribió, que por el trabajo de sus manos" (
1), que constituyen la primera síntesis teórica del arte como unidad, pintura, escultura y arquitectura, en clara aspiración científica de un artista, cuyo esfuerzo junto al de otros renacentistas cambiaron el concepto de las ars mecanicas en ars liberalis. El paradigma albertiano, aunque sea posteriormente reinterpretado, creará una tradición de prestigio intelectual del artista en la sociedad que ya será constante. El deseo era retomar toda esta tradición proporcional de los talleres florentinos, para sustituir esta practica rutinaria por una ciencia, para probar en definitiva que el arte es ciencia, sistematizando también la perspectiva artificialis, con la autoridad de la antiguedad tomada de textos clásicos de oratoria de Cicerón, de la Institutio oratoria de Quintiliano, y exponiéndola según estos mismos objetivos de lectura para el discurso plástico. La propuesta proporcional de Alberti es totalmente original: su empirismo radical le llevó a no aceptar más norma que la estadística.

En su Tratado de Pintura, Alberti afirma que:

 "La misma Naturaleza nos ha puesto delante de los ojos todas las medidas del cuerpo humano; y así el estudioso hallará mucha utilidad en la investigación de estas proporciones por sí propio en el natural...El arquitecto Vitruvio mide al hombre por el pie; pero a mi me parece más digno que todos sus miembros se sujeten a la dimensión de su cabeza, bien que, según yo he observado, en casi todos los hombres la longitud del pie es igual a la que hay desde la barba hasta el vértice o parte superior de la cabeza: por lo cual es necesario medir todos los demás miembros por uno de estos dos, de modo que en toda la figura no se halle miembro que no corresponda a los demás en longitud y anchura" (2).

        En otra obra suya posterior, De statua, Alberti se centra en el tema de las proporciones al describir cómo debe hacerse una estatua, empleando los términos dimensio (longitudes tridimensionales genéricas) y finitio  (medidas concretas en movimiento) (3). Cuando estudia la dimensio de la estatua, lo hace empleando la regla (la exempeda de seis pies) y la escuadra (normae) siguiendo unos criterios básicos que configuran su sistema y que llama exempeda (de seis pies), y que reúnen la aportación de su sistema proporcional de la siguiente manera:

Primero hay que determinar las tres medidas básicas de la figura, altura, anchura y profundidad. La altura equivale a 6 pedes o pies, siendo éste y no la cabeza como sugiere antes, el módulo del sistema. Cada pedes es subdividido de nuevo en diez partes que llama unceolae (pulgadas), 6O en total, y cada unceolae puede dividirse de nuevo en otras diez unidades mínimas, 6OO minuta.

Alberti observa con la práctica que su sistema del exempeda basado en el análisis empírico de un número considerable de personas diversas, que busca el término medio clásico, o la normalidad de la figura humana, no es suficiente para alcanzar la belleza, y lo trata de salvar introduciendo la definitio y el artilugio definitor (4), para corregir las variaciones individuales.

Las unidades de Alberti sujetas a estas divisiones numéricas rígidas carecen de justificación orgánica, y no expresan las longitudes de los miembros en fracciones de la altura total, sino en múltiplos de estas unidades atípicas que carecen de simbolismo.

Con el instrumento albertiano finitorium, (estructura circular con plomada) se integraban la exempeda y escuadras, y podían acometerse estatuas de cualquier tamaño, incluso fragmentariamente a la manera colosal de la anécdota de Diodoro. Instrumentos que en vez de reticular o geometrizar el cuerpo humano como en el canon egipcio o medieval, rescatan el sentido clásico grecorromano del módulo o ratio fraccional de unas partes con otras y con la totalidad, pero de forma más sencilla con sólo variar la longitud del exempeda, y ofreciendo al artista una tabla de proporciones con cincuenta y seis medidas de un hombre tipo, que suponen el abandono del canon pseudovarroniano medieval de 9 rostros. Este sistema proporcional albertiano es autónomo, carece de vinculación filosófica o religiosa; es una simple media aritmética, tal vez inspirada en la leyenda de Zeuxis de las 5 modelos de Crótona para seleccionar lo más bello de cada una y representar la divinidad. Alberti propone el método de comprobación: que no se pueda añadir, quitar o cambiar algo sin empeorarlo. La concinnitas o belleza para Alberti está en una cierta armonía entre las partes, rescatando la gran teoría clásica.

Este empirismo estadístico de Alberti que pretendía rehabilitar a la teoría de las proporciones como ciencia, fue aplicado por escultores como Ghiberti y Donatello, y fue apoyado por el empirismo médico de Michele Savonarola. Contribuyó del mismo modo al éxito desmesurado de los modelos proporcionales que la idea reductiva vitruviana de que la proporción es la vía que produce la belleza sensible en las artes.
 

(1)     VASARI, Lives of the artists, New York. Penguin books ltd. 1965. p.2O9.

(2)     DA VINCI, L., "Tratado de la pintura". trad. Diego Rejón. Edit. Caja de Murcia 1985. p. 233.

(3)     SCHLOSSER, J., La literatura artística, Ed. Cátedra. Madrid  1976. Trad. Esther Benítez, p. 124.

(4)      Que nos evoca por su nombre al modulor de Le Corbusier tan cercano.

Iglesia de Santa María Novella - Florencia - Alberti 1456
Alberti completó una fachada que había sido iniciada con elementos de arquitectura claramente medievales, incorporándolos a una ordenación perfectamente clásica basada en la proporción. Se trata de la fachada de Santa María Novella en Florencia, que es una fachada a modo de telón, delante de una iglesia gótica.
 


Estaba ya realizada la parte del basamento y Alberti la tomará como punto de partida para construir el resto de acuerdo con el nuevo sistema. El cuadrado, empleado como módulo para las proporciones, tiene una escala menor en el cuerpo inferior de la fachada, y toda ella se puede inscribir en un cuadrado. Ese motivo resulta dibujado en ambos cuerpos mediante la taracea de mármoles de colores, recurso cromático con el que se expresa esa armonía entre las partes que es fundamento de la arquitectura de Alberti. El tema de la tradición incorporada a la nueva arquitectura no se limita a cómo integró lo ya construido, sino que también en el hecho de emplearla taracea remite a edificios medievales toscanos, como San Miniato, realizados con el mismo sentido cromático, y que por entonces se creía que podían datar de la Antigüedad o, al menos, de una etapa medieval tan gloriosa como fue la época de Carlomagno. En esta fachada de Santa María Movella, Alberti emplea la columna con un sentido de ornamento que se repetirá en otros edificios suyos. Sirven, por ejemplo, para enmarcar la puerta y, por lo tanto, el eje central del edificio. Además de la columna, el empleo de un frontón clásico es otro elemento tomado del repertorio ofrecido por la Antigüedad, repertorio que Alberti reelaboró siempre con gran libertad. La relación armónica entre el ancho cuerpo inferior y el, mucho más estrecho, cuerpo superior de esta fachada, la resolvió el arquitecto con dos aletones, motivo de gran repercusión en la arquitectura religiosa del siglo XVI.

Biography - 1404-1472 - Fuente Kirjasto

Italian architect, humanist, antiquarian, mathematician, art theorist, "universal man" of the Early Renaissance. Alberti has been called the prophet of the "new, grand style" in art, Renaissance, and Leonardo da Vinci (1452-1519) its inaugurator. His influential treatise Della pittura (On Painting) was the first modern manual for painters. It was circulated in manuscript until 1540, when it was first printed.

"Let no one doubt, that the man who does not perfectly understand what he is attempting to do when painting, will never be a good painter. It is useless to draw the bow, unless you have a target to aim to arrow at." (from On Painting)

Leon Battista Alberti was born in Genoa. He was one of the two illegitimate sons of a wealthy Florentine merchant, Lorenzo Alberti. Leon's mother, Bianca Fieschi, was a Bolognese widow. She died during an outbreak of plague. Like many other families, the Albertis had been expelled from their native city Florence by the republican government, run by the Albizzis. At the time of Alberti's birth, Lorenzo lived in Genoa, but the family soon moved to Venice, where Lorenzo ran the family bank with his brother. Lorenzo married again in 1408. The ban on the family was lifted in 1428 and in the same year Alberti visited the city for the first time.

Alberti received the finest education then available to an Italian nobleman. From around 1414 to 1418 he studied classics at the famous scool of Gasparino Barzizza in Padua. He then completed his education at the University of Bologna, where he studied law. In his youth, according to stories, Alberti could - with his feet together - spring over a man's head, he was a superb horseman, and he "learned music without a master, and yet his compositions were admired by professional judges." (Jacob Burckhard in The Civilization of the Renaissaince Italy: An Essay, 1860).

After the death of his father, Alberti was supported by his uncles. In his twenties Alberti wrote On the Advantages and Disadvantages of Letters, which he dedicated to his brother Carlo, also a scholar and writer. Alberti's Latin comedy, Philodoxeos, aimed to teach that "a man dedicated to study and hard work can attain glory, just as well as a rich and fortunate man." For a short time it was passed as genuinely antique Roman play. Like Petrarch (1304-1374), who had been the first famous philologist to study the oeuvres of the ancient Roman poets, Alberti loved classics, but he compared continual reading and rereading in libraries with long confinement in the prison. Later he also complained, that "the learned don't become rich, or if they do become rich from literary pursuits, the sources of their wealth are shameful." Other early works, Amator (c.1429), Ecatonfilea (c.1429), and Deiphira (c.1429-34?), dealt with love, virtues, and failed relationships.

Alberti received his doctorate in canon law in 1428. In the early 1430s he went to Rome where he worked as an abbreviator at the Papal curia, drafting papal briefs. A master of Latin and Italian, Alberti also rewrote in Latin traditional lives of saints and martyrs. After taking holy orders, he was deemed to hold the priorate of San Martino a Gangalandi at Lastra a Signa. In 1448 he was appointed rector of the parish of San Lorenzo in Mugello. Alberti served also as a papal inspector of monuments (1447-55), and advised Pope Nicholas V, a former fellow student from Bologna, on the ambitious building projects in the city of Rome.

In the mid-1430s, Alberti moved to Florence with Pope Eugenius IV, who had been driven out of the Holy City. Alberti was appointed canon of the Florentine Cathedral. He admired greatly its dome, designed by Filippo Brunelleschi (1377-1446). At that time it was the largest in the world, an unique manifestation of the integration of art, science, and technology, the spiritual symbol of the Florentine Rinascita. "Who could be hard or envious enough to fail to praise Pippo [Filippo]," wrote Alberti, " the architect on seeing here such a large structure, rising above the skies, ample to cover with its shadow all the Tuscan people."

In 1450 Alberti was commissioned to transform the Gothic church of S. Francesco, Rimini, into memorial to the local warlord Sigismondo Malatesta, his wife Isotta, and courtiers. The church is usually known as the Tempio Malatestiano. Its dominating form is the classical triumphal arch, Alberti's favorite structure, but the severe, restrained façade was never quite finished. Alberti himself did not live in Rimini. He corresponded with his assistants, who were responsible for most of the actual rebuilding. Like the Tempio Malatestiano, the façade of Santa Maria Novella in Florence is considered to be a landmark in the formation of Renaissance architecture. The only buildings Alberti designed entirely himself, were S. Sebastiano (1460), still under work during Alberti's lifetime, and S. Andrea (1470), completed in the 18th century. Its triumphal arch was even grander than in the Tempio Malatestiano.

De pictura (1435), the first version of On Painting, Alberti wrote in Latin. He then translated it into Italian under the title Della pittura (1436). Alberti decicated the book to Filippo Brunelleschi, among others. He also credited Donatello (c.1386-1466), Lorenzo Ghiberti (1378-1455), Masaccio (1401-28) and Filippo with "a genius for every laudable enterprise in no way inferior to any of the ancients". Brunelleschi was a self-learned architect - originally he was trained as a goldsmith. Brunelleschi's early achievements included his formulation of the laws of linear perspective, which he presented in two panels. The creation of a pictorial space and perspective was fundamental to Renaissance art. In his own work, Alberti codified the basic geometry so that the linear perspective became mathematically coherent and related to the spectator. However, the technical first part of the book did not have any illustrations. After Alberti, Piero della Francesca presented his own theory of perspective in De prospectiva pingendi.

Alberti regarded mathematics as the common ground of art and the sciences. "To make clear my exposition in writing this brief commentary on painting," Alberti began his treatise Della pittura, "I will take first from the mathematicians those things which my subject is concerned." In both Della pittura and De statua, a short treatise on sculpture, Alberti stressed that "all steps of learning should be sought from nature". The ultimate aim of an artist is to imitate nature. Painters and sculptors strive "through by different skills, at the same goal, namely that as nearly as possible the work they have undertaken shall appear to the observer to be similar to the real objects of nature". However, Alberti did not mean that artists should imitate nature objectively, as it is, but the artist should be especially attentive to beauty, "for in painting beauty is as pleasing as it is necessary". The work of art is according to Alberti so constructed that it is impossible to take anything away from it or add anything to it, without impairing the beauty of the whole. Beauty was for Alberti "the harmony of all pats in relation to one another," and subsequently "this concord is realized in a particular number, proportion, and arrangement demanded by harmony". Alberti's thoughts on harmony were not new - they could be traced back to Pythagoras - but he set them in a fresh contex, which well fit in with the contemporary aesthetic discourse.

I Libri della famiglia, which discussed of education, marriage, household management and money, Alberti wrote in the Tuscan dialect. The work was not printed until 1843. Like Erasmus decades later, Alberti stressed the need for a reform in education. He noted that "the care of very young children is women's work, for nurses or the mother," and that at the earlier possible age they should be taught the alphabet. With great hopes, he gave the work to his family to read, but in his autobiography Alberti confesses that "he could hardly avoid feeling rage, moreover, when he saw some of his relatives openly ridiculing both the whole work and the author's futile enterprise along it." Momus, written between 1443 and 1450, was a misogynist comedy about the Olympian gods. It has been considered as a roman à clef - Jupiter has been identified in some sources as Pope Eugenius IV and Pope Nicholaus V. Alberti borrowed many of its characters from Lucian, one of his favorite Greek writers. The name of its hero, Momus, refers to the Greek word for blame or criticism. After being expelled from heaven, Momus, the god of mockery, is eventually castrated. Jupiter and the other gods come also down to earth, but they return to heaven after Jupiter breaks his nose in a great storm.

In Rome Alberti had plenty of time to study its ancient sites, ruins and objects. His detailed observations Alberti included in De re aedificatoria (1452, Ten Books on Architecture), patterned after the De architecture by the Roman architect and engineer Vitruvius (fl. 46-30 B.C.). The work was the first architectural treatise of the Renaissance. It covered a wide range of subjects from history to town planning and engineering to the philosophy of beauty. De re aedificatoria, a large and expensive book, was not fully published until 1485, after which it became a major guide to architects. However, the book was written "not only for craftsmen but also for anyone interested in the noble arts," as Alberti put it. The first Italian edition came out in 1546. The standard Italian edition by Cosimo Bartoli was published in 1550. Pope Nicholas V, whom Alberti dedicated the whole work, dreamed to rebuild the city of Rome, but he managed to realize only a fragment of his visionary plans. Through his book, Alberti spread from Rome his theories and ideals of the Florentine Renaissance to the rest of Italy.

Among Alberti's smaller studies, pioneering in their field, were a treatise in cryptography, De componendis cifris, and the first Italian grammar. With the Florentine cosmographer Paolo Toscanelli he collaborated in astronomy, a close science to geography at that time, and produced a small Latin work on geography, Descriptio urbis Romae (the Panorama of the City of Rome). Just a few years before his death, Alberti completed De iciarchia (On Ruling the Household), a dialogue about Florence during the Medici rule. Alberti died on April 25, 1472 in Rome.

As an artist, Alberti distinguished himself from the ordinary craftsman, educated in workshops. He was a humanist, who associated with princes and lords as equals. Alberti was a welcomed guest at the Este court in Ferrara, and in Urbino he spent part of the hot-weather season with the soldier-prince Federigo da Montefeltro (1422-82). The Duke of Urbino was a shrewd military commander, who generously spent money on the patronage of art. Alberti planned to dedicate his treatise on architecture to his friend.

For the Rucellai family in Florence Alberti designed several buildings, the façade of Palazzo Rucellai, executed by Bernardo Rosselino, the façade of S. Maria Novella, the marble-clad shrine of the Holy Sepulchre, and perhaps also the Capella Rucellai. More than the magnificent cathedrals of his own day, Alberti preferred the austere, puritanic churches of early centuries. He also thought that all churches should be pure white inside.

Eventually the new self-consciousness of artists led to the cult of genius, fully realized in the character of Leonardo da Vinci. Giorgio Vasari (1511-74), who argued that historical progress in art reached its peak in Michelangelo, emphasized Alberti's scholarly achievements, not his artistic talents: "He spent his time finding out about the world and studying the proportions of antiquities; but above all, following his natural genius, he concentrated on writing rather than on applied work." (from Lives of the Artists). Leonardo, who ironically called himself "an uneducated person" (omo senza lettere), followed Alberti in the view that painting is science. However, as a scientist Leonardo was more empirical than Alberti, who was a theorist and did not have similar interest in practice. Alberti believed in ideal beauty, but Leonardo filled his notebooks with observations on human proportions, page after page, ending with the famous drawing on the Vitruvian man, a human figure related to a square and a circle.

"We painters," said Alberti in On Painting, but as a painter, or sculptor, Alberti was a dilettante. "In painting Alberti achieved nothing of any great importance or beauty," wrote Vasari. " The very few paintings of his that are extant are far from perfect, but this is not surprising since he devoted himself more to his studies than to draughtsmanship." Jacob Burckhardt portrayed Alberti in The Civilization of the Renaissance in Italy as a truly universal genius. "And Leonardo da Vinci was to Alberti as the finisher to the beginner, as the master to the dilettante. Would only that Vasari's work were here supplemented by a description like that of Alberti! The colossal outlines of Leonardo's nature can never be more than dimly and distantly conceived." Burckhardt also mentions Alberti's love for animals. He had a pet dog, a mongrel, for whom he wrote a panegyric, Canis (1441-42).

Alberti is said to be in Mantegna's great frescoes in the Camera degli Sposi the older man dressed in dark red clothes, who whispers in the ear of Ludovico Gonzaga, the ruler of Mantua. In Alberti's self-portrait, a large plaquette, he is clothed as a Roman. To the left of his profile is a winged eye. On the reverse side is the question, Quid tum? (what then), taken from Virgil Eclogues: "So what, if Amyntas is dark? (quid tum si fuscus Amyntas?) Violets are black, and hyacinths are black."

For further reading: The Two Parallel Realities of Alberti and Cennini: The Power of Writing & the Visual Arts in the Italian Quattrocento by Latifah Troncelliti, James Matthew Bohn (2004); Leon Battista Alberti: Master Builder of the Italian Renaissance by Anthony Grafton (2000); On Alberti and the Art of Building by R. Tavernor (1998); Leon Battista Alberti, ed. by J. Rykwert and A. Engel (1994); Leon Battist Alberti: His Literary and Aesthetic Theories by M. Jarzombek (1989); Leon Battista Alberti by F. Borsi (1977); Leon Battista Alberti and the Humanist Theory of the Arts by M. Barry Katz (1977); Leon Battista Alberti: Universal Man of the Early Renaissance by J.Gadol (1969); The Architecture of the Italian Renaissance by Peter Murray (1969); Vita di Leon Battista Alberti by G. Mancini (1911)

Selected works:

  • Della famiglia, 1435-44 (written)

  • De pictura praestantissima, 1435

  • Della pittura, 1436

  • Momus, written in the 1440s

  • De re aedificatoria, 1452, 1485

  • De iciarchia, 1468

  • Opere volgari, 1843-49

  • Della famiglia, 1845 (ed. by F.C. Pellegrini)

  • Opera inedita, 1890 (ed. by G. Mancini)

  • Ecatonfila, 1915

  • Momus o del Principe, 1946

  • Opera volgari, 1960-1973 (3 vols., ed. by C. Grayson)

  • Della Pittura, 1960 (ed. by L. Mallè)

  • La prima grammatica della lingua volgare, 1964 (ed. by C. Grayson)

  • L'Architettura (De Re aedificatoria), 1966 (ed. by G. Orlandi)

  • On Painting, 1966 (trans. by J.R. Spencer)

  • The Family in Renaissance Florence, 1969 (trans. by R.N. Watkins)

  • De commodis litterarum atque incommodis, 1976 (ed. by L. Goggi Carotti)

  • Leon Battista Alberti: the Complete Works, 1977

  • Apologi et elogi, 1984 (ed. by R. Contarino)

  • Momo o del principe, 1986 (ed. by R. Contarino)

  • On the Art of Building in Ten Books, 1988 (trans. by J. Rykwert, N. Leach, R. Tavernor)

  • The Use and Abuse of Books, 1999 (trans. by Renée Neu Watkins)

  • Momus, 2003 (ed. by Virginia and Sarah Knight)

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