|
(*) La primer librería, la que era atendida por el propio Ameghino, era
una vieja casona ubicada entre Rincón y Pasco, luego, cuando Ameghino y
su esposa viajaron a Córdoba, la librería se trasladó a la calle
Rivadavia, entre Ombú (actual Pasteur) y Azcuénaga y era atendida por su
hermano Juan, quien vivía con su madre.
(**)A la librería de La Plata le pone el nombre "Librería Rivadavia" y
estaba en la calle 60 número 795, es decir en la esquina 11.
DIRECTOR DEL MUSEO NACIONAL:
Al comenzar el año lectivo de 1902, la Facultad de Ciencias
Físico-Matemáticas de la Universidad provincial de La Plata,
"rindiéndose ante la evidencia (como cita Márquez Miranda) de la labor
extraordinaria de este gran estudioso, resolvió llamarlo a su seno para
confiarle la cátedra de mineralogía y geología." Poco después Joaquín V.
Gonzalez, que era ministro de justicia e instrucción pública, ofreció a
F. Ameghino el cargo de director del Museo Nacional de Bs. As., el cuál
quedaba vacante luego de la muerte del Dr. Carlos Berg. Estas
nominaciones por fin, le dieron el reconocimiento postergado. A partir
de allí le llega una lluvia de nombramientos: vocal del primer consejo
directivo del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de Bs. As.,
al año siguiente, catedrático titular de antropología en la Facultad de
Filosofía y Letras que no acepta y en 1906 es nombrado jefe de sección y
miembro del consejo académico del Museo de La Plata y también profesor
de geología en la Facultad de Ciencias Naturales de esa Universidad.
Cabrera describe así su cargo en el Museo Nacional: "Durante los 9 años
en que lo desempeñó, ingresaron en las colecciones del Museo setenta y
un mil objetos, es decir casi ocho mil al año, y se publicaron quince
volúmenes de los anales, en los que colaboraron los hombres de ciencia
más distinguidos de la República y no pocos de otros países."
FALLECIMIENTO Y TRASCENDENCIA:
En el momento de su muerte, Florentino Ameghino se había convertido
en un paradigma de la ciencia argentina. Murió el 6 de agosto de 1811en
su domicilio de La Plata, por complicaciones resultantes de una diabetes
y su resistencia a ser intervenido quirúrgicamente. Su entierro fue
grandioso a pesar que el gobierno no se manifestó a la altura que
correspondía, si lo hicieron las Universidades de La Plata y Bs. As y
las sociedades científicas. Sus restos se depositaron en el Panteón de
los Maestros, hicieron uso de la palabra eminentes personalidades de la
época como E. Holmberg, Victor Mercante, J. B. Ambrosetti, José
Ingenieros y otros. José Ingenieros dijo en su discurso de despedida:
"Muere en él la tercera vida ejemplar de nuestra centuria, Sarmiento,
inagotable catarata de energía en las gloriosas batallas de nuestra
emancipación espiritual. Mitre, que alcanzó la santidad de un semidiós y
fue consejero de los pueblos. Ameghino, preclaro sembrador de altas
verdades, cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de la
naturaleza." "Tenía que ser un sabio argentino, porque ningún otro de la
superficie terrestre contiene una fauna fósil comparable a la nuestra;
tenía que ser de nuestro siglo, porque antes le hubiese faltado el
asidero de las doctrinas darwinistas que el sirven de fundamento. No
podía ser antes de ahora, porque el clima intelectual del país no era
propicio a la obra antes de que la fecundara el genio de Sarmiento; y
tenía que ser Florentino Ameghino, y ningún otro hombre de su tiempo,
por varias razones. ¿Qué otro argentino hemos conocido, que reuniera en
tal alto grado su actitud para la observación y el análisis, su
capacidad para la síntesis y la hipótesis, su resistencia para el enorme
esfuerzo prolongado durante tantos años, su desinterés por todas las
vanidades que hacen del hombre un funcionario, pero matan al pensador?…"
A los tres días de su muerte, el Ministerio de Instrucción Pública
expidió un proyecto de ley pidiendo al Poder Legislativo la autorización
para erigir un monumento conmemorativo de Ameghino, en el cuál citaba
"Llegó de la nada a la cumbre por sus propios esfuerzos". Aunque la ley
fue aprobada con unanimidad, el monumento nunca se construyó. Otro
proyecto fue el presentado por Francisco P. Moreno, que era diputado
nacional por ese entonces, el 23 de agosto, a pocos días de la muerte de
Ameghino, pidió a la Honorable Cámara que autorizase al Poder Ejecutivo
a adquirir la Biblioteca, manuscritos y colecciones para el Museo
Nacional. Proyecto éste que tampoco se llevó a cabo. El homenaje más
importante que le podemos hacer es seguir sus pasos y su ejemplo:
(Citando a J. Frenguelli) "…con su obra y su vida íntegramente
consagrada a ideales puros, parece repetir: Que vuestra guía sea la
curiosidad inextinguible de saber. Ella os indicará la ruta, pero no
siempre bastará a salvaros de los escollos de que está sembrado el
áspero camino. Si incurrierais en el error, no temáis a los reproches y
el escarnio de los tímidos…Recordaos que la historia es benévola para
quién, después de las derrotas, consigue una victoria; pero siempre
condena al olvido al crítico infecundo… "
Filogenia
Cuando se escribe una obra es de regla escribir también un prólogo (…)
A medida que enriquecía mi colección de fósiles de mamíferos pampeanos y
me familiarizaba con las numerosas formas que presentan, columbraba
entre ellas, las que precedieron y las sucedieron, lazos de parentesco,
que se manifiestan a mi vista, en series graduadas de modificaciones que
parecían obedecer a un plan preconcebido a un primer impulso que les
imprimiera dirección. Esta ley evolutiva presentábaseme tan constante en
sus efectos y resultados, que entreví la posibilidad de restaurar una
fauna perdida conociendo tan solo un corto número de sus representantes.
Un Toxodón - me decía, -nos parece anómalo porque lo conocemos aislado;
pero las leyes evolutivas nos demuestran que tuvo predecesores y
colaterales; determinemos estas incógnitas, y el ser misterioso que se
nos presenta como un aborto de la naturaleza, representara solo un punto
de la serie de los numerosos seres, sus parientes, que lo unen con lazos
indestructibles al resto de la animalidad. Los animales fósiles
catalogados formaban otros tantos términos conocidos que debíamos
permitir determinar los desconocidos. Mis primeras ensayos diéronme
resultados satisfactorios, y desde entonces propúseme perfeccionar ese
sistema de clasificación paleontológica, presentándolo algún día reunido
en conjunto. Esto pensaba hace 10 años. Nuevos hallazgos pusiéronme
luego sobre los rastros del hombre que en nuestro suelo fue el
contemporáneo del Toxodón y del Glyptodón. Seguilos con ahínco durante
largos años, obligándome a emprender estudios especiales sobre la
arqueología prehistórica y la geología de la pampa, hasta que publico el
resultado completo de mis investigaciones sobre esta materia en una obra
especial en dos volúmenes editada en París en los años 1880-1881 Al
mismo tiempo que se imprimía ese trabajo, publicaba en colaboración con
cl doctor Henry Gervais ensayo sobre los mamíferos fósiles de América
del Sud destinado a servir como de introducción a un estudio completo de
la fauna fósil mamalógica de las comarcas del Plata, que pensaba
emprender a mi regreso a Buenos Aires. Pero, cuando efectué éste, a
mediados de 1881, mis malas condiciones financieras dieron al traste con
mis proyectos. Mi viaje a Europa y la impresión de parte de mis trabajos
(los que se referían al hombre antiguo del Plata y a la geología de la
pampa) , habían dejado exhausto mi bolsillo…
Reconozco la necesidad imperiosa de proceder cuan antes a bosquejar este
ensayo de clasificación genealógica y voy a acometer la empresa sin
disimularme las dificultades que para ello tendré que vencer, los
deberes que impone, los sinsabores que quizá me reserva y la acerba
critica con que sin duda será acogido por todos los que no tienen fe en
el porvenir y en las innovaciones y ven detrás de cada revolución un
caos, sin reflexionar que después del fuerte rugir del trueno y de la
oscuridad que momentáneamente produce el encapotado cielo es cuando se
muestra la bóveda celeste mas límpida y azul y el sol aparece más
brillante y más hermoso. A sabios de la autoridad de Owen o Burmeister,
de Milne Edwards o Gaudry es a quienes correspondería tamaño trabajo;
ellos producirían una obra admirable Pero a unos las filas opuestas en
que militan; y a otros el temor de un fracaso que dejara malparada la
reputación científica de que justamente gozan, sin duda los retrae de
tal empresa. En este sentido, nada radical debemos esperar de los
maestros de la ciencia. Yo me encuentro en muy distintas condiciones.
No tengo la autoridad de un Cuvier para imponer mis convicciones, y
tampoco tengo la celebridad bien merecida de un Owen o de un Darwin,
para temer que un fracaso real o aparente de mi trabajo pueda menoscabar
mi reputación científica, hasta ahora nula. Represento un punto de la
inmensa planicie en que descollaban esos picos elevados del saber humano
y me he elevado gradualmente con el nivel general de la llanura. No es
para esos picos descollantes para quienes escribo: me dirijo a la
llanura; y si los primeros pueden fulminar sobre mi sus anatemas, de la
segunda nada tengo que temer, -de ella he salido y a ella volveré. Otra
consideración más determina mi atrevimiento. No diré que estoy en buen
camino , porque la falibilidad es atributo humano; pero creo estarlo; y
como aun soy bastante joven, supongo que si las leyes de la naturaleza
se cumplen, aun me quedan bastantes años para sostener bien alto el
estandarte de las ideas que me hago apóstol y para hacerlas triunfar si
son verdaderas - Buenos Aires Diciembre de 1882
Florentino Ameghino -
Naturalista (Paleontólogo y antropólogo)
Nació en Luján (Buenos Aires) el 18 de septiembre de 1854
Murió en La Plata (Buenos Aires) el 6 de Agosto de 1911
Florentino Ameghino fue la primera gran figura de
la ciencia nacional y la que alcanzó, seguramente, mayor
trascendencia internacional. Fue un autodidacta, que puso por
alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su
formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más
financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería,
negocio que manejó durante años en La Plata.
Sin perjuicio de esta limitada condición,
Ameghino produjo obras que no tuvieron igual en su tiempo y en
su país, como la monumental Contribución al conocimiento de
los mamíferos fósiles de la República Argentina, de 1889,
que le valió la medalla de oro en la Exposición Universal de
París, o Filogenia, principios de clasificación
transformista basados sobre leyes naturales y proporciones
matemáticas, que lo ubicó entre las pocas figuras
mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva.
En palabras de Sarmiento, Ameghino era entonces,
"un paisano de Mercedes que aquí nadie conoce,
pero que es admirado por los sabios del mundo entero."
En su trayectoria científica se pueden distinguir
tres etapas. La primera, que coincide con su juventud, estuvo
especialmente dedicada a las exploraciones del suelo pampeano y
a estudios sobre la antigüedad del hombre en América. Se puede
decir que en este período, que abarca desde 1875 a 1882,
Ameghino fue un antropólogo.
La segunda etapa es la más trascendente de su
producción científica. Vuelto de Europa con un gran caudal de
conocimientos -adquiridos de sus colegas, y en los museos de
París, Bruselas y Londres-, y con el material que provenía de
los viajes expedicionarios de su hermano Carlos a la Patagonia,
Ameghino fue realizando un monumental estudio de cientos de
fósiles, que interpretaba a la luz del evolucionismo darwiniano,
aún cuando esta teoría no se hallaba firmemente establecida
entre los naturalistas. Son también estos los años en los que
más sufre y más lucha contra la pobreza; financia sus
emprendimientos con las ganancias de una modesta librería y sólo
en 1903, cuando prácticamente había completado su obra, recibió
la primera designación duradera del Estado. Cierra esta etapa de
su vida en 1906 con Formaciones sedimentarias del Cretáceo
Superior y del Terciario de Patagonia, una obra de síntesis
que no se limita a las descripciones, sino que plantea hipótesis
sobre la evolución de los diversos mamíferos y analiza las
distintas capas de la corteza terrestre y sus posibles edades.
Finalmente, entre 1907 y 1911, vuelve Ameghino a
su primitiva dedicación: el hombre fósil, las descripciones de
los primeros habitantes, sus industrias y culturas.
Impresiona el volumen que alcanzaron sus
publicaciones en los 57 años que vivió. En una recopilación,
publicada como Obras Completas, se cuentan 24 volúmenes de entre
700 y 800 páginas cada uno, que contienen clasificaciones,
estudios, comparaciones y descripciones de más de 9000 animales
extinguidos, muchos de ellos descubiertos por él. Tan importante
era este catálogo en relación con la cantidad total de mamíferos
extinguidos conocidos en el mundo entero, que científicos de
América y Europa viajaban a la Argentina a conocer la "colección
de Ameghino", escépticos y curiosos, para rendirse por fin, ante
la evidencia de la verdad y el genio del naturalista.
De su vida se sabe bastante, gracias a la somera
reseña autobiográfica que realizó (Ver Autobiografía):
Es muy probable que haya nacido en Luján, (Buenos Aires), en
setiembre de 1853. Sin embargo algunos historiadores ponen en
duda este dato y creen posible que Génova, Italia, sea su lugar
de nacimiento. De todas maneras vivió, se formó y desarrolló su
labor científica en Argentina.
Su formación primaria la realizó en forma
particular y como entretenimiento infantil recogía huesos en las
barrancas de Luján. En Buenos Aires siguió estudios secundarios
que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad
bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una
escuela y dedicó nueve meses al estudio geológico y
paleontológico de los terrenos de la llanura pampeana.
En 1875 dio a conocer las primeras especies
nuevas que había descubierto. En el mismo año, se presentó en un
concurso-exposición organizado por la Sociedad Científica con
siete cajas de fósiles. Pero a los jurados poco les interesaban
aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las
catorce menciones honoríficas. Ameghino insistió al año
siguiente con una memoria sobre el cuaternario -la más reciente
era geológica- que ni siquiera fue considerada.
La Exposición Internacional de París de 1878 es
adonde lleva luego su ya crecida colección de fósiles. En Europa
siguió cursos, visitó museos, se relacionó con importantes
científicos y pudo publicar La antigüedad del hombre en el
Plata y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional,
que se traduciría más tarde al francés. En 1884 publicó
Filogenia, una obra teórica en la que desarrolla su
concepción evolucionista, de neto corte lamarckiano, y propicia,
con intuición precursora, la fundación de una taxonomía
zoológica de fundamentos matemáticos. Un año después viaja a
Córdoba y ocupa la Cátedra de Zoología y funda el Museo
Antropológico y Paleontológico de la Universidad.
En 1886, Francisco P. Moreno lo nombró
vicedirector del Museo de La Plata, asignándole la sección de
paleontología, que Ameghino enriqueció con su propia colección. Pero
fue poco el tiempo en que estos dos científicos trabajaron juntos y
al cabo de un año Ameghino, que había abandonado la cátedra en
Córdoba, quedó nuevamente sin trabajo. Un año después presentó en
las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna,
compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al
conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.
Cuando se estaba desempeñando como profesor de mineralogía y
geología en La Plata, fue convocado para hacerse cargo de la
dirección del Museo Nacional de Historia Natural de Buenos
Aires, en reemplazo de Germán Burmeister, quién
fuera su gran oponente intelectual, y de Carlos Berg.
Con la dirección de Ameghino, que contaba con un muy bajo
presupuesto, el museo consiguió acrecentar notablemente su
material.
Desde las primeras publicaciones de Ameghino, se
despertó en el extranjero, sobre todo en los Estados Unidos, la
curiosidad por observar directamente y poder coleccionar los
fósiles de mamíferos patagónicos. Así, en distintas épocas,
destacados hombres de ciencia recorrieron nuestro país y
produjeron importantes trabajos.
Otro aspecto de su obra está representado por las
construcciones teóricas y doctrinarias, con las que estructuró
todas sus observaciones y descubrimientos, y que aparecen en
Mi Credo, la concepción del universo según un filósofo
científico y en Los Infinitos.
Por muchos años, defendió con pasión una tesis
errónea, algo que no desacreditó su excepcional trayectoria.
Supuso que el hombre se había originado en América y que el
suelo argentino, o algún territorio próximo a él, fue la cuna de
nuestra especie, de manera que las migraciones humanas que
poblaron los demás continentes arrancaron desde aquí y pasaron a
través de puentes hoy inexistentes. Ameghino puso al servicio de
esta doctrina antropológica todos sus hallazgos.
Estas ideas implicaban la adhesión a la teoría de
la evolución, aún no aceptada en aquella época por todos los
naturalistas: Ameghino fue el gran introductor del darwinismo en
la Argentina.
Esta obra se basa en las colecciones comenzadas
con las expediciones anuales de Carlos Ameghino a la Patagonia,
allá por 1887. En un singular trabajo de colaboración, año tras
año Carlos enviaba a su hermano documentación minuciosa sobre
las sucesivas faunas extinguidas que la naturaleza había
preservado en los suelos de Chubút, Neuquén, Santa Cruz y Río
Negro, Entonces, en la trastienda de su comercio de librería,
Florentino Ameghino fue realizando un estudio sistemático de
esos cientos de fósiles, que interpretaba a la luz del
evolucionismo. George Gaylord Simpson, uno de los fundadores de
la "Teoría Sintética de la Evolución", calificó esta empresa
como "uno de los más notables logros en la historia de la
ciencia."
Es así que su obra alcanza visos de genialidad.
No sólo por su volumen y amplitud (hizo estudios antropológicos,
paleontológicos y geológicos) sino por formar parte de un
enfoque integrado, que le permitió realizar una reconstrucción
paleogeográfica del continente y de las migraciones de animales
extinguidos a lo largo del tiempo geológico. Además, realizó
trabajos sobre el lenguaje (en El origen poligénico del
lenguaje, de 1910), propuso un nuevo sistema de escritura
taquigráfica, que él mismo utilizaba para tomar notas (Taquigrafía,
de 1880), y analizó los problemas ambientales, en trabajos tales
como Las sequías e inundaciones de la Provincia de Buenos
Aires, de 1884, un trabajo que actualmente es objeto de
culto entre los climatólogos.
Florentino Ameghino murió en La Plata, en 1911,
en medio de una atmósfera de generalizado reconocimiento a su
labor y a su figura. Ese mismo reconocimiento que le había
faltado en la época de oro de su trabajo científico.
Tan importante como su obra paleontológica fueron
las proyecciones que estas adquirieron y sus escritos
filosóficos. A pesar de que no se considera un filósofo, obras
como Mi Credo lo posicionan como el primer filósofo
explícito de la ciencia que diera al mundo América Latina.
|