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Biografías / Biographies
Pietro Aretino

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130808 - Maupassant - Aretino (l'Arétin: Texto original en francés  de Maupassant) Guy de Maupassant - Publicado en Gil Blas, el 8 de diciembre de 1885.

Las personas que no saben gran cosa, es decir el noventa por ciento de la sociedad llamada inteligente, rugen de indignación cuando se pronuncia esta única palabra, Aretino. Para ellos Aretino es una especie de marqués italiano que redactó, en treinta y dos artículos, el código de la lujuria. Se pronuncia su nombre muy bajo; se dice: «Ya sabe usted, el Tratado de Aretino.» Y uno se imagina que ese famoso tratado se encuentra sobre las chimeneas de las casas de desenfreno y que es consultado por los viciosos como el código Napoleón lo es por los magistrados y que revela unas cosas abominables que hacen juzgar a puerta cerrada ciertas costumbres.

Además, más sencillo todavía, imagínense que Aretino era un pintor a quién se deben pequeñas imágenes impuras que personas mal vestidas nos ofrecen, por las noches, en las calles, bajo forma de postales transparentes.
Desengañémonos de algunas de esas ingenuidades. Pietro Aretino fue simplemente un periodista, un periodista italiano del siglo XVI, un gran hombre, un escéptico admirable, un prodigioso denigrador de reyes, el más sorprendente de los aventureros, que supo desarrollar, como un maestro, todas las debilidades, todos lo vicios, todas las ridiculeces de la humanidad, un genio dotado de todas las cualidades naturales que permiten a un ser hacer su carrera por todos los medios, obteniendo todos los éxitos, y ser temible, alabado y respetado al igual que un Dios, a pesar de los atrevimientos más escandalosos.


Este compatriota de Maquiavelo y de los Borgia parece ser el tipo vivo de Panurge reuniendo en él todas las bajezas y todas las astucias, pero que posee hasta tal punto el arte de utilizar esos repugnantes defectos, que impone el respeto y provoca la admiración.
He dicho que Aretino fue un periodista, tal y como lo constata el historiador Cantu, mediante el análisis de sus obras que no son, en efecto, para la mayoría, más que artículos de periódico, panfletos, escritos del día a día, polémicas de prensa, retratos. La influencia de este escritor no fue menos extensa que la de no importa qué poeta; y su renombre más grande que el del más célebre de los artistas.
Sus comienzos fueron miserables y vergonzosos.

Nacido de una muchacha en el hospital de Arezzo, comenzó en esta ciudad con sátiras violentas que lo hicieron detener en poco tiempo. Entonces partió, caminando, hacia Roma, donde trabajó como criado en casa de Augustin Chigi, el protector de Rafael, y pronto abandonó esta casa tras haber cometido algunas indiscreciones. Entonces se hizo capuchino, luego ladrón, después se dedicó a insultar a todo el que fuese poderoso y rico. Atacaba brutalmente, con una impudicia sin límite y una irresistible audacia. Habiendo adquirido pronto el conocimiento de los hombres, sabiendo bien que la hipocresía es casi siempre la única virtud de los más respetados, que todos tienen vicios y que todos tienen miedo del escándalo, el se dijo que desafiando todo se podía llegar a todo. Libertino en exceso, desplegando su libertinaje, se atrevía a escribir: « No se cantar ni bailar, pero hago el amor como un asno.» Prodigando los ultrajes en un estilo arrebatado, poderoso, punzante, gustó a algunos grandes señores, que lo apadrinaron en el mundo.

Pero como sabía alabar tan bien como insultar, aduló a Léon X, de modo que para complacerle se presentó ante él con un bello hábito que había conseguido mediante estafa, recibiendo por ello un puñado de ducados, y conquistó del mismo modo a Julian de Médicis.
Desde entonces, su fortuna se volvió sorprendente.
Los príncipes lo llamaban, lo adulaban, le cubrían de regalos tanto por deseo de sus elogios como por terror a sus ataques.

Los obispos a su vez lo buscaban, le enviaban joyas, trajes de satén para engalanarlo, y oro para sus placeres.
Las costumbres de esta agitada y magnífica época eran tales que uno apenas puede imaginárselas hoy. De este modo Pietro Aretino, habiendo hecho dieciséis sonetos para describir dieciséis actitudes voluptuosas grabadas por Marc Antoine Raimondi, según dieciséis pinturas de Jules Romain, obtuvo por esa obra licenciosa el favor de Clemente VII y el perdón de los dos artistas que él había comentado de ese modo.
Odiado por los unos, admirado por los otros, va de príncipe en príncipe, adulador, mendigo e insolente. Tanto ataca y ultraja como acaricia y halaga, pues se le paga igualmente por ambas cosas. Se libra a todos los excesos en el campamento de Jean des Bandes Noires con el que comparte la misma cama; se convierte en una especie de favorito de Francisco I que le trata con todas las deferencias posibles; Carlos V lo llama, lo sienta a su derecha, le paga una pensión; Enrique VIII le da trescientas coronas de oro, Julio III, mil coronas con la bula de caballero de San Pedro. Se acuñan medallas en su honor; una de ellas lleva la siguiente inscripción: « Los príncipes que reciben los tributos de los pueblos, pagan tributo a su servidor. » Carlos V lo trata de Divino; el pueblo lo llama « El azote de los príncipes »; los más grandes artistas quieren hacer su retrato. Escribe: « Tantos señores me rompen continuamente la cabeza con sus visitas, que mis escaleras están gastadas por el repetido roce de sus pies, como lo está el pavimento del Capitolio por las ruedas de los carros del triunfo... Me parece, a causa de ello, haberme convertido en el oráculo de la verdad, pues cada uno viene a contarme el error que ha cometido tal príncipe o tal prelado; me encuentro entonces como si fuese el secretario del Mundo; y ustedes no deberían denominarme de otro modo en las cartas que me dirigen. »

Su lengua no es menos terrible que su temible pluma; y si los presentes que se le envían no le parecen suficientes, tiene unos agradecimientos feroces. Responde al canciller de Francia que le envió una suma de oro: « No os sorprenda si me callo. He consumido mi voz para pedir; no me queda más para agradecer.»
A Carlos V, después de una derrota, habiéndole enviado un rico collar, a fin de evitar sus burlas, Aretino le declara sopesando lentamente: « Es bien ligero para tan pesada tontería. »
Francisco I le había ofrecido un brazalete formado de lenguas entrelazadas y llevando por divisa: « Lingua ejus loquetur mendacium. »


Cuando no se le daba bastante rápido, él amenaza; si los regalos son insuficientes los rechaza: « Es cierto que conviene a aquellos que compran la gloria hacerles pagar lo que ella vale, no según su propio valor, sino según la condición de aquél a la que se la concede; pues las pobres plumas tienen grandes problemas en levantar de tierra un nombre pesado como el plomo por su falta de mérito. »
Escribe a Francisco I: « No sabe usted, señor, que no conviene al rango de Vuestra Alteza recordarle los seiscientos escudos que, del propio movimiento de vuestra real lengua dijo usted a mi enviado, deber serme pagados por vuestro embajador. »
Su gran fuerza ha sido sobre todo excitar ardientes rivalidades y odiosos celos entre los príncipes adulándolos y denigrándolos por turno, en detrimento los unos de los otros: « Es necesario hacer que las voces de mis escritos rompan el sueño de la avaricia. »
Los grandes artistas de su tiempo apreciaron además su prodigioso espíritu y su incomparable destreza. Ariosto lo sitúa entre los grandes hombres de Italia.; Tiziano hizo varias veces su retrato; Miguel Ángel se proclamaba su amigo.

Por lo demás, si su profesión de escritor da una inmensa resonancia a sus audacias y a sus escritos, su vida no es una excepción en un país y en un tiempo donde Benvenuto Cellini asesinaba a sus enemigos y a aquellos que incluso cuestionaban su genio, el Papa defraudaba el oro que empleaba para él, robaba sin vergüenza, violaba muchachas y se jactaba de esas acciones como de hechos sublimes, pues: « Los hombres como yo, únicos en su profesión, deben ser ajenos a las leyes.

 
Era el siglo en el que los prelados romanos elevaban públicamente a sus hijos tras ellos, donde los innumerables cortesanos de los príncipes servían, se decía, « de bufones en su más tierna edad, de mujeres en su infancia, de maridos en su adolescencia, de compañeros en su juventud, de proxenetas en su vejez y de diablos en su decrepitud ». El puñal y el veneno eran de uso común en las relaciones sociales como los saludos de sombrero en nuestra época. La muerte de Pietro Aretino fue verdaderamente sorprendente y digna de su vida.
Había llegado a tal estado de renombre que su retrato se encontraba colgado en todas las casas de los pobres y de los príncipes, de los prelados y de las cortesanas, en las tabernas, en los palacios y en los lugares de desenfreno público. Ferdinand de Adda, rector de la universidad de Padua, lo sitúa encima de Carlos V y de Fancisco I. La ciudad de Arezzo le hizo noble y Oficial honorario. Se le llamo incluso el Quinto Evangelista.
Pues había compuesto no solamente libros de una extrema impudicia, cartas, sátiras, comedias, libelos, sino también sermones, obras piadosas, vidas de santos llenas de una profunda y oculta ironía.
Habiéndose retirado a Venecia, donde la libertad era absoluta, encontró allí a sus hermanas que llevaban en esta ciudad una vida de placer.
Cierto día, como ellas había venido a contarle una aventura obscena de la que se jactaban, él se puso a reír tan violentamente que cayó de su silla de espaldas y se mató sobre la baldosa...

Comenzando el relato de la vida de este sorprendente hombre, he escrito el nombre de Panurge. Me parece, en efecto, que Pietro Aretino fue la absoluta personificación del personaje imaginado por Rabelais. Si se añade que Aretino, valiente por momentos como Panurge, fue también cobarde como él en otras ocasiones, pues supo respetar a los intratables, plegarse ante las amenazas de muerte de Tintoreto y de Pierre Strozzi al que había denigrado, recibió palizas que olvidó, bastonazos que perdonó « agradeciendo a Dios concederle esa fuerza », se verá que el parecido entre el panfletario italiano y el tipo de la novela francesa es absolutamente parecido.
Si se constata todavía que Aretino murió en 1556, y Rabelais en 1553, se verá que este tipo de hombre era el paradigma de las costumbres y del ambiente de aquel tiempo.

8 de diciembre de 1885 - Traducción de José M. Ramos González

Poemas

- 1 -


-Follemos, alma mía, vamos a follar
que para follar todos nacemos.
Si tu adoras el carajo, yo amo la higa,
y un carajo sería el mundo sin todo esto.

Y si follar después de muerto fuese honesto,
yo diría: -Moriremos de tanto follar
para más allá follar a Adán y a Eva,
que encontraron un morir tan deshonroso.

-De veras digo que si esos bribones
no hubieran comido la fruta traicionera,
sé que hoy no retozarían los amantes.

Mas dejémonos ya de cháchara. Hasta el
corazón
hinca el carajo, y haz que allí se parta
el alma, que en la verga nace y muere.

Y, si es posible, fuera
de la higa no dejes los cojones,
del placer de follar siempre testigos.

- 1 -

-Fottiamci, anima mia, fottiamci presto,
poi che tutti per fotter nati siamo;
e se tu il cazzo adori, io la potta amo:
e saria il mondo un cazzo senza questo.

E se post mortem fotter fuss'onesto,
direi: -Tanto fottiam, che ci moriamo
per fotter poi de là Eva et Adamo,
che trovaro il morir sí disonesto.

-Veramente gli è ver, che s'i furfanti
non mangiavan quel pomo traditore,
io so che si sfoiavano gli amanti.

Ma lasciamo ir le ciancie, e in sino al core
ficcami il cazzo, e fà ch'ivi si schianti
l'anima che'n su 'l cazzo or nasce or more.

E s'è possibil, fore
non mi tener la potta i coglioni,
d'ogni piacer fottuto testimoni.

Soneto 2

-Mettimi un dito in cul, caro vecchione,
e spingi dentro il cazzo a poco a poco.
Alza ben questa gamba e fà buon gioco,
poi mella senza far reputazione.

Che per mia fé questo è miglior boccone
che mangiar il pan unto apresso il foco.
E s'in potta ti spiace, muta loco,
c'uomo non è, chi non è bugerone.

-In potta io ve 'l farò questa fiata,
E in cul quest'altra: e'n potta e'n culo il cazzo
me farà lieto, e voi lieta e beata.

E chi vòl esser gran maestro è pazzo,
che proprio è un uccel perde-gionata
chi d'altro che di fotter ha solazzo.

E crepi nel palazzo
ser cortigiano, e aspetti che 'l tal moia,
ch'io per me penso sol trarmi la foia.

- 2 -

-Méteme un dedo en el culo, viejote
e híncame la verga poco a poco.
Alzándome bien esta pierna haz buen juego.
Luego menéate sin remilgos.

Que a fe mía esto es mejor bocado
que comer pan tostado junto al fuego.
Y si no te place la higa, cambia el sitio
que no es uno hombre si no es bujarrón..

-Quiero hacerlo en el coño esta vez,
y esta otra en el culo: la verga en coño y
culo
me hará a mi feliz, y a vos feliz y beata.

El que quiere ser un gran maestro está loco,
pues no es más que un pajarito pierde tiempo
que en todo menos en follar se solaza.

Que la palme en el palacio
el cortesano, esperando que su rival muera,
que yo en darme a la lujuria solo pienso.

- 3 -

-Esta verga quiero yo, y no un tesoro.
Ella es la que procura la dicha,
es una polla digna de una emperatriz;
esta gema vale más que un pozo de oro.

Ay de mí, socorro polla, que me muero.
Trata de enfundarte en la matriz,
más al fin, la verga pequeña se desdice
si en la crica quiere actuar con decoro.

-Señora mía, es verdad lo que bien decís:
que quien tiene poca verga y folla en coño,
merecería un enema de agua fría.

Si es corta, que folle por el culo noche y día,
pero si es despiadada y fiera, como la mía,
que se desahogue siempre con los coños.

-Cierto, pero tanto nos deleitamos
con la polla, y tan divertida nos parece,
que ese obelisco delante y atrás tendremos.

- 3 -

-Questo cazzo voglio io, non un tesoro.
Quest'e colui che puo far felice,
quest'e un cazzo proprio da imperatrice,
questa gemma val piú ch'un pozzo d'oro.

Ohimè, cazzo, aiutami ch'io moro,
e trova ben la foia in la matrice.
In fine un cazzo piccol si disdice
s'in la potta osservar vuole il decoro.

-Patrona mia, voi dite ben il vero:
che chi ha picciol cazzo, e in potta fotte,
meriteria d'aqua fredda un cristero.

Chi n'ha poco, in cul fotta dí e norte,
ma chi l'ha, com'io, spietato e fiero,
sbizzariscasi sempre nelle potte.

-Gli è ver, ma noi siam ghiotte
del cazzo tanto, e tanto ci par lieto,
che terremmo la guglia innanzi e drieto.

Soneto 4.
 

-Quest'è pur un bel cazzo e lungo e grosso.
Deh, se m'hai cara, lasciame 'l vedere.
-Vogliam provar se potete tenere
questo cazzo in la potta e me adosso?

-Come s'io vo' provar?, come s'io posso?
Piú tosto questo che mangiar o bere.
-Ma s'io vi frango poi, stando a giacere,
faròvi mal. -Tu hai 'l pensier del Rosso.

Gèttati pur nel letto o ne lo spazzo
sopra di me, che se Marforio fosse
o un gigante, n'avrò maggior solazzo.

Pur che mi tocchi le midolle e l'osse
con questo tuo sí venerabil cazzo
che guarisce le potte da la tosse.

-Aprite ben le cosse,
che potran de le donne esser vedute
vestite meglio sí, ma non fottute.

- 4 -

-Tienes un buen rabo, grande y bello.
Venga, déjamelo ver, si es que me amas.
-¿Quieres probar a mantenerte
con él en el coño y conmigo encima?

-¿Que si quiero probarlo? ¿que si puedo?
Mejor esto que comer o que beber.
-¿Y si así tumbados, luego os desgarro
y os hago daño?. -Piensas igual que el Rosso.

Vamos, ponte en la cama o en el suelo
sobre mí, que si fueses Marforio
o algún gigante, más aún disfrutaría.

Pero alcanza la médula y los huesos
con esta verga tuya tan venerable,
que hasta protege a los coños de la tos.

-Abríos bien de piernas.
Puede que se vean por ahí mujeres
mejor vestidas, mas no tan bien gozadas

- 5 -

-¿Por dónde os la vais a meter?, responded,
¿por delante o por detrás? Quiero saberlo.
-¿Por qué? ¿es que os molestaría
si en el culo me la clavo, por desgracia?

-No, señora. Es porque el coño sacia
tanto a la polla que da poco placer.
Mas así lo hago yo por no parecer
un fraile Mariano, verbi gratia.

-Pues si la polla entera en el culo deseáis,
como anhelan los grandes, estoy contenta
de que con el mío hagáis lo que queráis.

-Agarradla con la mano y metedla dentro,
que tanta utilidad para el cuerpo encontraréis
como la asistencia a los enfermos.

Y yo tal gozo siento
al sentir mi verga en la mano vuestra,
que pronto moriré si ahora follamos.

- 5 -

-O 'l metterete voi?, dítel di grazia,
dietro o dinanzi? Io lo vorei sapere.
-Perché?, farotti io forse dispiacere
se ne 'l cul me lo caccio per digrazia?

-Madonna no, perché la potta sazia
il cazzo sí, ch' ei v'ha poco piacere.
Ma quel ch'io faccio, il fo per non parere
un frate Mariano verbi gratia.

Ma poi che 'l cazzo in cul tutto volete,
come voglion i grandi, io son contento
che voi fate del mio ciò che volete;

E pigliatel con man, mettetel drento.
Che tanto utile al corpo il trovarete,
quanto ch'a gli amalati l'argomento.

Et io tal gaudio sento
a sentir il mio cazzo in mano a voi,
ch'io morirò se ci fottiam fra noi.

Soneto 6. Dibujo de Giulio Romano

-E'saria pur una coglioneria,
essendo in potestà mia fottervi adesso,
avervi il cazzo nella potta messo,
del cul non mi facendo carestia.

Finisca in me la mia genealogia,
ch'io vo' fottervi dietro spesso spesso,
perché gli è differente il tondo e'l fesso
come l'acquato da la malvagía.

-Fóttimi, e fà di me ciò che tu vòi,
e in potta e in cul, che me ne curo poco
dove che tu ti faccia i fatti tuoi;

Ch'io per me ne la potta e in cul ho 'l foco.
E quanti cazzi han muli, asini e buoi,
non scemariano a la mia foia un poco.

Poi saresti un da poco
a farme 'l ne la potta a usanza antica,
che s'un uomo foss'io, non vorrei fica.

- 6 -

-Menuda tontería ha sido,
pudiendo elegir cómo follaros,
la polla en el coño haber metido
cuando no me negabais vuestro culo.

Que conmigo acabe mi genealogía,
pero por detrás quiero meterla muchas veces,
pues el ano y la raja son tan distintos
como el vino aguado y el malvasía.

-Fóllame y haz conmigo lo que quieras
por el coño y por el culo ¿qué importa
por dónde tú hagas tus asuntos?;

Hay en mi higa y en mi culo tales fuegos
que ni pollas de mulos, bueyes y asnos,
pueden un poco calmar mis ardores.

Un calzonazos serías
si lo haces a la usanza antigua;
Si yo fuera hombre, coños nunca querría.

- 7 -

-Tienes la verga en el coño y ves mi culo,
y yo veo tu culo cómo está hecho.
-Mas podrías decir que no estoy cuerdo,
porque las manos las tengo donde los pies.

-Pues si así crees que puedes follar,
un bestia eres, y no lo lograrás
porque al follar mejor me adapto
cuando tu pecho sobre el mío está.

-Yo os quiero follar con maña, comadre,
y acariciaros el culo mil veces
con los dedos, la polla y la lengua,

que vais a sentir un placer infinito,
un no sé qué más dulce que el rascar
de la diosas, duquesas y reinas.

Al final me diréis
que es estas ceremonias soy valiente,
más tengo la polla pequeña y desespero.

- 7 -

-Tu m'hai 'l cazzo in la potta e 'l cul mi vedi,
et io veggio il tuo cul com'egli è fatto.
-Ma tu potresti, dir ch'io son un matto,
Perché io tengo le mani u' stanno i piedi.

-Ma s'a cotesto modo fotter credi,
sei una bestia, e non ti verrà fatto,
perché assai meglio nel fotter m'addatto
quando co 'l petto su 'l mio petto siedi.

-Io vi vo' fotter per lettra, comare,
e voglio farvi al cul tante mammine
con le dita, co 'l cazzo e co 'l menare.

Che sentirete un piacer senza fine,
un non so che piú dolce che 'l grattare
da dee, da duchesse e da regine;

E mi direte al fine
che son un valent'uomo in tal mistiero,
Ma d'aver poco cazzo io mi dispiero.

Soneto  8 . Dibujo de Giulio Romano

-Io 'l voglio in cul, tu mi perdonerai.
-O donna, io no vo' far questo peccato,
perché quest'è un cibo da prelato
c'hanno il gusto perduto sempre mai.

-Deh mettil qui. -Non farò. -Sí farai.
-Perché?, non s'usa piú da l' altro lato,
id est in potta? -Sí, ma gli è piú grato
il cazzo dietro, che dinanzi, assai.

-Da voi lasciar mi voglio consigliare.
Il cazzo è vostro, e s'ei vi piace tanto,
com'a cazzo gli avete a comandare.

-Io l'accetto, ben mio; spingil da canto,
piú là, piú giú, ei c'è senza sputare.
O cazzo buon compagno, o cazzo santo.

-Togliete 'l tutto quanto.
-Io l'ho tolto entro piú che volentiere,
ma starvi un anno ci vorre'a sedere.

- 8 -

-Me perdonarás, pero la quiero en el culo.
-Señora, no quiero cometer tal pecado,
porque esa es vianda de prelados
que han perdido el gusto para siempre.

-Vamos, métela aquí. -Que no. -Que sí.
-¿Por qué? , ¿no se usa ya el otro lado,
o sea, el coño? -Sí, pero es más grato
la verga por detrás que por delante.

-De vos dejarme quiero aconsejar.
Vuestro es el carajo, y si así os place,
como a carajo le debéis mandar.

-Aceptado, mi bien, métela de lado:
Por aquí, así, y no te corras todavía,
Oh verga, buena amiga, oh verga santa.

-Metétela toda entera
-Ya ha entrado toda dentro ¡qué placer!,
y así quisiera estar sentada un año

- 9 -

-Abrete bien de piernas para que yo tenga
tu culo hermoso y tu coño en la cara.
Culo que procura el paraíso,
coño que limpia el corazón por los riñones.

Mientras yo te contemplo, ahí me viene
de repente el capricho de besarte,
y me parece ser más bello que Narciso
en el espejo, que a mi polla alegra.

- ¡Corrompidos! En la tierra y en la cama.
Te estoy viendo, putona, y si te cojo
dos costillas del pecho he de romperte.

-Pues me cago en ti, vieja chismosa,
Que por este placer pluscuamperfecto
en un pozo entraría sin acetre.

No hay abeja tan golosa
de la flor como yo del noble carajo,
y aún sin catarlo, por mirarlo me empapo.

- 9 -

-Apri le coscie, acciò ch'io veggia bene
il tuo bel culo e la tua potta in viso,
culo da compire un paradiso,
potta ch'i cori stilla per le rene.

Mentre ch'io vagheggio, egli mi viene
capriccio di basciarvi a l'improviso,
e mi par esser piú bel che Narciso
nel specchio che 'l mio cazzo allegro tiene.

-Ahi ribalda, ahi ribaldo, in terra e in letto.
Io ti veggio, puttana, e t'apparecchia
ch'io ti rompa due costole del petto.

-Io te n'incaco, franciosata vecchia,
che per questo piacer plusquamperfetto
entrarei in un pozzo senza secchia.

E' non si trova pecchia
ghiotta d'i fior, com'io d'un nobil cazzo.
E no 'l provo anco, e per mirarlo sguazzo.

Soneto 10. Dibujo de Giulio Romano

-Marte, malatestissimo poltrone,
cosí sotto una donna non si reca
e non si fotte Venere a la ceca,
con assai furia e poca discrezione.

-la non son Marte, io son Ercol Rangone,
e fotto voi, che sete Angela Greca.
E s'io avessi qui la mia ribeca,
Vi suonerei fotendo una canzone;

E voi signora mía, dolce consorte,
su la potta ballar fareste il cazzo
menando il culo e in su spingendo forte.

-Signor sí, che con voi fottendo sguazzo,
ma temo Amor, che non mi dia la morte
con le vostre armi, essendo putto e pazzo.

-Cupido è mio ragazzo
e vostro figlio, e guarda l'arme mia
Per sacrarle a la dea poltronaria.

- 10 -

-Marte, haragán descontrolado,
no se yace así sobre una moza,
ni a Venus se la folla a ciegas,
con tanta furia y tan poca discreción.

-Yo no soy Marte, sino Ercol Rangone,
y a vos os follo, que sois Ángela Greca;
y si aquí conmigo el laúd tuviera,
mientras follo una canción os tañera,

y vos, señora mía, dulce consorte,
en el coño haríais bailar mi verga
meneando el culo y presionando fuerte.

- Sí, señor, al joder con vos me empapo,
pero temo que Amor me dé la muerte
con vuestras armas, pues es niño y loco.

-Cupido es mi muchacho
e hijo vuestro, y mis armas cuida para
a ti, diosa ociosa, consagrarlas.

- 11 -

-Dame la lengua y apoya el pie en el muro.
Aprieta con las piernas estrecho estrecho.
Ponte boca abajo sobre el lecho,
que nada sino follar me interesa.

-Ah, traidor, qué dura tienes la verga.
-Oh, que dulzura la de tu coño.
-Un día metérmela en el culo te prometo,
y que saldrá limpia te aseguro.

-Gracias te doy, querida Lorenzina
y me esforzaré en servirte, pero empuja
empuja como hace la zapatera.

-Ahora mismo ¿y tú cuándo lo harás?
-En seguida; tú dame la lengüecita,
que me muero. -Yo también, y tú eres la razón.

-Entonces, ¿cumplirás?
-Ahora mismo, ahora lo hago, señor mío,
ahora lo hago -Y yo. -Ay de mí. -Oh Dios.

- 11 -

-Dammi la lingua, e apponta i piedi al muro,
stringe le coscie e tiemmi stretto stretto.
Lasciatev'ir a riverso su 'l letto,
che d'altro che di fotter non mi curo.

-Ahi, traditor, tu hai che cazzo duro.
-O come su la potta ci confetto.
-Un dí tòrmelo in culo ti prometto,
e di farlo uscir netto t'assicuro.

-Io vi ringrazio, cara Lorenzina.
Mi sforzerò servirvi, ma spingete,
spingete, come fa la ciabattina.

-Io farò adesso, e voi quando farete?
-Adesso, dammi tutta la lenguina,
ch'io moro. -E io, e voi cagion ne sète.

-Adunque, compirete?
-Adesso, adesso faccio, signor mio,
adesso ho fatto. -E io. -Ahimè. -O Dio.

Soneto 12. Dibujo de Giulio Romano

-Non tirar, futtutelo di Cupido,
la carriola; fírmati, bismulo,
Ch'io vo' fotter in potta, e non in culo,
costei che mi to' 'I cazzo, e me ne rido.

E ne le braccia e ne le gambe mi fido,
e sí disconcio sto, e non t'adulo,
che ci morrebbe a starci un'ora un mulo.
E però tanto co 'l cul soffio e grido.

E se voi, Beatrice, stentar faccio,
perdonar mi dovete, perch'io mostro
che fottendo a dissaggio mi disfaccio;

E se non ch'io mi specchio nel cul vostro,
stando sospeso in I'uno e'n l'altro braccio,
mai non si finirebbe il fatto nostro.

O cul di latte e d'ostro,
se non ch'io son per mirarti di vena,
non mi starebbe il cazzo dritto a pena.

- 12 -

-No tires, Cupido sinvergüenza,
de la carriola. Párate, borrico,
que quiero dar por coño, y no por culo,
a quien me toca la polla, y yo me río;

En los brazos y en las piernas confío,
mas tan incómodo estoy, no te engaño,
que así hasta un mulo, en una hora moriría.
Sin embargo, soplo y grito con el culo.

Si acaso te cansaras, Beatriz,
me habrás de perdonar, porque ya sabes
que follar en esta postura me destroza;

y si no tuviera tu culo por espejo,
sosteniéndome así, en ambos brazos,
Nunca concluiría nuestro asunto.

Oh culito blanco y rosado,
Si no me recreara mirándote,
no tendría la verga tiesa apenas.


L'Arétin - Guy de Maupassant -Texte publié dans Gil Blas du 8 décembre 1885 - Numérisation et mise en forme HTML (9 juin 2000): Thierry Selva

L'Arétin

    Les gens qui ne savent pas grand-chose, c'est-à-dire les neuf dixièmes de la société dite intelligente, rougissent d'indignation quand on prononce ce seul mot, l'Arétin. Pour eux l'Arétin est une espèce de marquis italien qui a rédigé, en trente-deux articles, le code de la luxure. On prononce son nom tout bas ; on dit : « Vous savez, le Traité de l'Arétin. » Et on s'imagine que ce fameux traité traîne sur les cheminées des maisons de débauche, qu'il est consulté par les vicieux comme le code Napoléon par les magistrats et qu'il révèle de ces choses abominables qui font juger à huis clos certains procès de mœurs.
    D'autres, plus simples encore, se figurent que l'Arétin était un peintre à qui on doit ces petites images impures que des gens mal vêtus nous proposent, le soir, dans les rues, sous forme de cartes transparentes.
    Détrompons quelques-uns de ces naïfs. Pierre l'Arétin fut tout simplement un journaliste, un journaliste italien du XVIe siècle, un grand homme, un admirable sceptique, un prodigieux contempteur de rois, le plus surprenant des aventuriers, qui sut jouer, en maître artiste, de toutes les faiblesses, de tous les vices, de tous les ridicules de l'humanité, un parvenu de génie doué de toutes les qualités natives qui permettent à un être de faire son chemin par tous les moyens, d'obtenir tous les succès, et d'être redouté, loué et respecté à l'égal d'un Dieu, malgré les audaces les plus éhontées.
    Ce compatriote de Machiavel et des Borgia semble être le type vivant de Panurge qui réunit en lui toutes les bassesses et toutes les ruses, mais qui possède à un tel point l'art d'utiliser ces défauts répugnants qu'il impose le respect et commande l'admiration.
    J'ai dit que l'Arétin fut un journaliste, ainsi que le constate l'historien Cantu, par l'analyse de ses œuvres qui ne sont, en effet, pour la plupart, que des articles de journal, des pamphlets, des écrits au jour le jour, des polémiques de presse, des portraits. L'influence de cet écrivain n'en fut pas moins plus étendue que celle de n'importe quel poète ; et sa renommée plus grande que celle des plus célèbres artistes.
    Ses commencements furent misérables et honteux.
    Né d'une fille dans l'hôpital d'Arezzo, il débuta dans cette ville par des satires violentes qui le firent chasser en peu de temps. Il vint alors à Rome à pied, s'engagea comme valet chez Augustin Chigi, le protecteur de Raphaël, et quitta bientôt cette maison après y avoir commis des indélicatesses. Il se fit alors capucin, puis voleur, puis insulteur de tout ce qui était puissant et riche. Il attaquait brutalement, avec une impudence sans borne et une audace irrésistible. Ayant acquis promptement la connaissance des hommes, sachant bien que l'hypocrisie est presque toujours la seule vertu des plus respectés, que tous ont des vices et que tous ont peur du scandale, il se dit qu'en bravant tout on pouvait arriver à tout. Libertin à l'excès, étalant son libertinage, il osait écrire : « Moi, je ne sais ni danser ni chanter, mais faire l'amour comme un âne. » Prodiguant les outrages dans un style emporté, puissant, brûlant, il plut à quelques grands seigneurs, qui le patronnèrent dans le monde.
    Mais comme il savait louer aussi bien qu'insulter, il flatta Léon X, ainsi qu'il fallait pour lui plaire, puis se présenta devant lui avec un bel habit qu'il avait escroqué, en reçut une poignée de ducats, et conquit de la même façon Julien de Médicis.
    Dès lors, sa fortune devint surprenante.
    Les princes l'appelaient à eux, le flattaient, le couvraient de présents autant par désir de ses éloges que par terreur de ses attaques.
    Les évêques à leur tour le recherchèrent, lui envoyant des bijoux, des habits de satin pour le parer, et de l'or pour ses plaisirs.
    Les mœurs de cette époque troublée et magnifique étaient telles qu'on peut à peine se les figurer aujourd'hui. Ainsi Pierre l'Arétin, ayant fait seize sonnets pour décrire seize attitudes voluptueuses gravées par Marc Antoine Raimondi, d'après seize peintures de Jules Romain, il obtint par cette œuvre licencieuse les bonnes grâces de Clément VII et le pardon des deux artistes qu'il avait ainsi commentés.
    Chassé par les uns, recueilli par les autres, il va de prince en prince, flatteur, mendiant et insolent. Tantôt il brave et outrage, tantôt il caresse et loue, car on le paye également pour les deux. Il se livre à tous les excès dans le camp de Jean des Bandes Noires dont il partage même la couche ; il devient une sorte de favori de François Ier qui le traite avec toutes espèces d'égards ; Charles Quint l'appelle, le place à sa droite, lui paie une pension ; Henry VIII lui donne trois cents couronnes d'or, Jules III, mille couronnes avec la bulle de chevalier de Saint-Pierre. On frappe des médailles en son honneur ; une d'elles portait comme inscription : « Les princes qui reçoivent les tributs des peuples paient tribut à leur serviteur. » Charles Quint le traite de Divin ; le peuple l'appelle « le fléau des princes » ; les plus grands artistes veulent faire son portrait. Il écrit : « Tant de seigneurs me rompent continuellement la tête avec leurs visites, que mes escaliers sont usés par le frottement répété de leurs pieds, comme le pavé du Capitole par les roues des chars de triomphe... Il me semble à cause de cela être devenu l'oracle de la vérité, puisque chacun vient me raconter le tort qu'il a éprouvé de tel prince, de tel prélat ; je me trouve donc être le secrétaire du Monde ; et vous n'aurez qu'à me dénommer ainsi sur les lettres que vous m'adresserez. »

    Sa langue est non moins terrible que sa plume redoutable ; et si les présents qu'on lui envoie ne lui paraissent point suffisants il a des remerciements féroces. Il répond au chancelier de France qui lui comptait une somme d'or : « Ne vous étonnez pas si je me tais. J'ai consumé ma voix pour demander ; il ne m'en reste plus pour remercier. »
    Charles Quint, après une défaite, lui ayant envoyé un riche collier, afin d'éviter ses railleries, l'Arétin déclara en le soupesant lentement : « Il est bien léger pour une aussi lourde sottise. »
    François Ier lui avait offert un bracelet formé de langues entrelacées et portant pour devise : « Lingua ejus loquetur mendacium. »
    Quand on ne lui donne pas assez vite il menace ; si les cadeaux sont insuffisants il les refuse : « Il est certain qu'il convient à ceux qui achètent la gloire de la payer ce qu'elle vaut, non pas selon leur propre valeur, mais selon la condition de celui qui la leur décerne ; car les pauvres plumes ont grand mal à soulever de terre un nom pesant comme du plomb par son défaut de mérite. »
    Il écrit à François Ier : « Ne savez-vous donc pas, sire, qu'il ne convient pas au rang de Votre Altesse de ne pas vous souvenir de six cents écus que, du propre mouvement de votre langue royale, vous dîtes à mon envoyé devoir m'être payés par votre ambassadeur. »
    Sa grande force a été surtout d'exciter entre les princes d'ardentes rivalités et de haineuses jalousies en les louant et dénigrant tour à tour, au détriment les uns des autres : « Il faut faire en sorte que les voix de mes écrits rompent le sommeil de l'avarice. »
    Les grands artistes de son temps apprécièrent d'ailleurs son prodigieux esprit et son incomparable adresse. Arioste le place parmi les grands hommes de l'Italie ; Titien fit plusieurs fois son portrait ; Michel-Ange se proclamait son ami.
    Du reste, si sa profession d'écrivain donna un immense retentissement à ses audaces et à ses écrits, sa vie ne fait pas une exception dans un pays et dans un temps où Benvenuto Cellini assassinait ses ennemis et ceux mêmes qui contestaient son génie, fraudait le pape sur l'or qu'il employait pour lui, volait sans vergogne, violait des jeunes filles et se vantait de ces actions comme de hauts faits, car : « Les hommes comme moi, uniques dans leur profession, doivent être affranchis des lois. »
    C'était le siècle où les prélats romains élevaient publiquement leurs enfants auprès d'eux, où les innombrables courtisans des princes servaient, disait-on, « de bouffons dans leur bas âge, de femmes dans leur enfance, de maris dans leur adolescence, de compagnons dans leur jeunesse, de proxénètes dans leur vieillesse et de diables dans leur décrépitude ». Le poignard et le poison étaient en usage dans les relations sociales comme les coups de chapeau et les poignées de main à notre époque. La mort de Pierre Arétin est vraiment surprenante et bien digne de sa vie.
    Il était arrivé à un tel éclat de renommée que son portrait se trouvait accroché dans toutes les maisons des pauvres et des princes, des prélats et des courtisanes, dans les tavernes, dans les palais et dans les lieux de débauche publique. Ferdinand d'Adda, recteur de l'université de Padoue, le mettait au-dessus de Charles Quint et de François Ier. La ville d'Arezzo le fit noble et gonfalonier honoraire. On le surnomma même le Cinquième Évangéliste.
    Car il avait composé non seulement des livres d'une extrême impudicité, des lettres, des satires, des comédies, des libelles, mais aussi des sermons, des ouvrages pieux, des vies des saints pleins d'une ironie profonde et cachée.
    S'étant retiré à Venise où la liberté était absolue, il y retrouva ses sueurs qui menaient en cette ville une vie de plaisir.
    Or, un jour, comme elles étaient venues lui raconter une aventure obscène dont elles se vantaient, il se mit à rire si violemment qu'il tomba de sa chaise à la renverse et se tua sur le carreau...

    En commençant le récit de la vie de cet homme surprenant, j'ai écrit le nom de Panurge. Il me semble, en effet, que Pierre Arétin fut la personnification absolue du personnage imaginé par Rabelais. Si on ajoute que l'Arétin, brave par moments comme Panurge, fut aussi lâche que lui en d'autres instants, sut respecter les intraitables, plier devant les menaces de mort du Tintoret et de Pierre Strozzi qu'il avait raillé, reçut des coups qu'il oublia, des bastonnades qu'il pardonna « en remerciant Dieu de lui accorder cette force », on verra que la ressemblance est absolue entre le pamphlétaire italien et le type du roman français.
    Si on constate encore que l'Arétin est mort en 1556, et Rabelais en 1553, on verra que cette sorte d'être était bien dans les mœurs et dans l'air du temps.

8 décembre 1885

 

 

 

 

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