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. Vida y Obra

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- Silvia Cuevas-Morales - Fallece Tránsito Amaguaña: símbolo de la lucha indígena


Me acabo de enterar de la triste noticia de que ha fallecido una de las principales líderes indígenas del Ecuador, Tránsito Amaguaña. Mujer campesina, mujer indígena, que desde la más profunda pobreza supo liderar a todo un pueblo en la lucha por obtener mejores condiciones laborales y que este año cumplía un siglo de vida. Hace poco que descubrí su persona y recientemente me publicaron un artículo sobre ella en la revista Maginaria, editada por la Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla. Para rendirle un sincero homenaje y para que las personas que no la conocen sepan de su larga trayectoria, reproduzco a continuación el artículo citado.

¡Hasta siempre Tránsito, que sepas que tu coraje y ejemplo ha sido reconocido en todo el mundo!

Vida y Obra

Rosa Elena Tránsito Amaguaña Alba nació en Pesillo, Cantón Cayambe, al norte de Quito, Ecuador, el 10 de septiembre de 1909. Su infancia transcurrió en la hacienda de La Chimba, en la que sus padres trabajaban como huasipungueros. Se les llamaba huasipungueros porque a cada familia le asignaban una pequeña parcela, un huasipungo, en el que realizaban sus propios cultivos, garantizando así su estancia en la hacienda.

Los huasipungueros eran obligados a trabajar día y noche, siete días a la semana y aunque supuestamente debían cobrar un salario por su trabajo, éste se les escamoteaba a menudo. En palabras de la propia Tránsito:

“En ese tiempo plata no veíamos. Nada. Sólo cuando mismo no teníamos nos daban un socorro. Un año, un costal de cebada; otro año, un costal de papa; otro un costal de trigo. Y a las mujeres un rebozo y un centro blanco. Y maltrato doble”. (1)

Los abusos de los patrones eran constantes, un ejemplo es el caso de la propia tía de Tránsito, su tía Pascuala Amaguaña, que fue sentenciada a muerte por el amo de la hacienda por haber dejado morir a un ternero. Parecida suerte corrió su padre, a quien se le había encargado el cuidado de un rebaño y de curtir las pieles de las reses. Un día que éste no fue a cumplir con su trabajo y el patrón, acompañado de varios hombres, lo sacaron de su choza y lo apalearon brutalmente.

A los siete años Tránsito ya trabajaba en la hacienda pero a los nueve su madre la obligó a ir a la escuela, ya que no quería que fuese analfabeta como ella, pero sus estudios duraron poco. En la escuela, sufrió humillaciones por ser indígena y tras seis meses de estudio comenzó a trabajar como “servicia” para las patronas de la hacienda. A su corta edad tenía que lavar, barrer, llevar leña, servir los almuerzos, ayudar en las cosechas, ordeñar las vacas sin siquiera poder beber la leche... Cualquier pequeño error era pagado con castigos corporales y tareas extras.
En las haciendas era común que los patrones violaran a las niñas empleadas y para prevenirlo sus padres la obligaron a casarse con un hombre mucho mayor que ella. Ella tenía sólo catorce años y él veinticinco. Era alcohólico y la maltrataba; malos tratos que comenzaron el mismo día de su boda. Ya a los quince años se convirtió en madre y tuvo su primer hijo, José Luis. En esta época, a escondidas de su marido, comenzó a asistir a las reuniones de la organización comunal creada por el Partido Socialista. El marido dudaba que ese hijo fuese suyo y durante uno de sus muchos arrebatos violentos la acusó de estar teniendo aventuras con los compañeros de las reuniones. Una noche la emprendió a golpes con ella y a la mañana siguiente Tránsito descubrió a su hijo muerto. Más tarde tuvo dos hijos más, Daniel y Mesías.

A pesar de la oposición de su marido que no quería que ella se involucrara en la lucha de los indígenas, Tránsito decidió que no se rendiría y que se rebelaría contra la injusticia. Ella misma relata como se hartó de recibir palizas y se enzarzó en su última lucha con él:

“Entonces cuando él vino otra vez a pegarme, patearme y ya estaba fuerte y le dije “¿Sois marido o no sois marido? ¿Soy tu mujer o no soy tu mujer? ¡Me matas o te mato! ¡carajo!”. Me pegó. Yo alcé la mano y le di un chirlazo en la cara. Dos días peleamos, dos días de pura pelea fueron. “¡Si mueres, mueres en mis manos! ¡Si me matas en tus manos he de morir!”, le dije yo. Nos golpeamos dos días solo descansando para tomar agüita. Hinchados los ojos tenía. Morados tenía por todo el cuerpo.”
Tras esa batalla desigual los vecinos acudieron a la choza y encerraron al marido en un cuarto. Éste se marchó cabizbajo al día siguiente.

A partir de ese momento, Tránsito trabajó en diversas tareas, recibiendo sólo comida por su trabajo. A los veintiún años se encontraba sola, con dos hijos a los que cuidar, pero esto no impidió que siguiera colaborando con los líderes de su comunidad que se reunían clandestinamente para luchar por sus derechos. En 1930 participó activamente en la creación de las primeras organizaciones indígenas de su país y tomó parte en veintiséis marchas hacia Quito para exigir justicia para su pueblo; marchas que realizó descalza y con un hijo a cuestas y el otro de la mano. Participó en la creación de los primeros sindicatos agrícolas del país: “El Inca” en Pesillo, “Tierra Libre” en Muyurco y “Pan y Tierra” en La Chimba. A pesar de los malos tratos y el acoso al que eran sujetos los “cabecillas”, Tránsito y sus compañeros redactaron y presentaron una lista de peticiones a los patrones. Entre sus justas exigencias, pedían que se aumentaran los salarios, que tuvieran un día libre y que la jornada fuera de ocho horas.

Como era de esperar sus peticiones no fueron atendidas y en 1931 participó en la primera huelga de trabajadores agrícolas en Olmedo. La huelga duró cerca de tres meses, algunos trabajadores reanudaron sus tareas aunque los cabecillas no. Los patrones exigieron entonces la ayuda de las fuerzas militares que destrozaron las chozas de los líderes y detuvieron a los que no lograron escapar. Tránsito logró evadirse y durante los siguientes quince años vivió escondida, deambulando de un lado a otro, mientras su madre se ocupaba de sus hijos. Fue en esta etapa cuando conoció a otra gran líder ecuatoriana, Dolores Cacuango. Durante la huelga y después de ella, las mujeres desempeñaron un papel activo en el movimiento indígena de las haciendas de Olmedo. Ellas encabezaban las comisiones a Quito (cubriendo unos 66 kilómetros a pie) y eran las que se entrevistaban con las autoridades. Tránsito y Dolores eran elocuentes y magníficas oradoras, juntas incitaban a los trabajadores a unirse a su lucha. Los patrones de las haciendas iban perdiendo gradualmente su poder y aunque algunos trabajadores se dejaban sobornar por los latifundistas, muchos iban perdiendo el miedo a exigir mejores condiciones de vida. Las propias líderes sufrieron intentos de soborno, como relata Tránsito:

“El cura de Cayambe nos había estado esperando cerca de la quebrada de Yanahuaico. Así con un fajo de billetes. “Toma Dolores. No estés andando. Coge la plata ¡Cinco mil sucres y ya! Les pago para que estén quietitas, para que no sean luchadoras.” – “¿Qué haremos Tránsito?” “No cojas mamita. Cinco sucres ha de dar, no cinco mil.” “¡Calla, india comunista! ¡Negada de Dios! Cuando mueras no has de entrar en el panteón... ¡En la quebrada te hemos de botar!” ¡Elé, nos cogimos y seguimos andando!”

En 1944, junto a Ricardo Paredes, Nela Martínez, Dolores Cacuango y Jesús Gualavisí, participó en la fundación de la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI). Federación que en 1946 fue reconocida como organismo legal. Durante los años siguientes la FEI comenzó el traspaso de las tierras a los trabajadores, prestando especial atención a las mujeres indígenas, y gradualmente las peticiones presentadas en 1931 se fueron satisfaciendo. Las personas que perdieron sus casas tras la huelga recibieron una pequeña compensación y cada trabajador y trabajadora pudo por fin recibir un sueldo por sus horas de trabajo. Muchas familias volvieron a edificar sus casas y aquellos que habían escapado para no ser apresados pudieron reunirse con sus familias. Pero a pesar de poder usar las tierras para edificar sus modestos hogares y mantener un pequeño huerto, estas tierras no les pertenecían.
A mediados de los cincuenta, colaboró en la creación de la Federación de Trabajadores Agrícolas del Litoral FETAL. Tránsito ya gozaba de una enorme reputación como dirigente campesina de su país, aunque ella jamás se viera como líder, simplemente se dedicaba a luchar por obtener los mismos derechos que los blancos. Una vez constituidos numerosos sindicatos de trabajadores se involucró en otra batalla para lograr que los niños y niñas de su zona tuviesen educación. Junto a Luisa Gómez de la Torre Paz y Dolores Cacuango, creó las escuelas campesinas en las que, por primera vez, se enseñaba a los indígenas en quechua y español. En su zona de Cayambe, fundó cuatro escuelas bilingües. Como cabecilla Tránsito se ganó el respeto y reconocimiento de las familias campesinas, pero a la vez sufría amenazas continuas por parte de las fuerzas del “orden” y en una ocasión que debatían la instauración de una escuela se la llevaron detenida. Afortunadamente la tuvieron que poner el libertad ya que no podían esgrimir ningún cargo contra ella.

En 1961 viajó a Cuba en representación del pueblo indígena de Ecuador y más tarde prosiguió su viaje a la Unión Soviética (Hoy Rusia) para asistir al congreso de Moscú. En Ecuador la dictadura, temerosa de la revolución cubana, desató una fuerte represión encarcelando a líderes de izquierda. En 1963, tras su viaje por la Unión Soviética, fue detenida y llevada al Penal García Moreno, acusada de tráfico de armas soviéticas y de recibir dinero de los bolcheviques para incitar a la revolución en su país. Es evidente que la líder no traficaba con armas ni llevaba dinero, aunque sí llevaba instrucciones de cómo proceder a la repartición de tierras. Permaneció encarcelada cuatro meses y cuatro días. En esta época falleció su padre y más tarde su madre, así como sus dos hijos Daniel y Mesías, y una de sus nueras. Gracias a las gestiones del ex presidente Galo Plaza, Tránsito recuperó su libertad tras firmar una declaración de que no seguiría incitando a los indígenas.

Tránsito volvió a La Chimba y como era de prever, no abandonó la lucha, esta vez liderando la formación de cooperativas. Tuvo un nuevo compañero, un profesor de escuela, pero éste falleció al caerse del caballo tras una noche de fiesta. Como él era el dueño de la pequeña parcela en la que vivían, ella volvió a quedarse sin hogar al no poder heredarla. Sin embargo, ese mismo año, en 1964, los sindicatos agrícolas ganaron su lucha de treinta años y algunos campesinos pudieron comprar sus tierras, y otros terrenos fueron asignados a cooperativas. Las tierras se repartieron según el número de miembros de cada familia y según las jerarquías que regían en la hacienda. Tránsito, al igual que otros líderes que no trabajaban en la hacienda, no pudieron formar parte de la cooperativa y se quedaron sin tierra. Su nuera recibió una parcela pero como era viuda y tenía que trabajar y cuidar de sus hijos, a menudo faltaba a las reuniones de la cooperativa. Obligada a pagar multas por no asistir se vio forzada a renunciar a su trozo de terreno. Nuevamente gracias a las gestiones de Plaza, Tránsito obtuvo una pequeña parcela al pie del volcán Cayambe, donde se instaló con su nuera y su nieto. Con el paso del tiempo el sistema cooperativista se corrompió y aunque algunos prosperaron, otros continuaron viviendo en la pobreza y muchos tuvieron que abandonar sus comunidades y unirse a los miles de desplazados hacia las ciudades.

En 1988, gracias a las gestiones de los diputados indígenas, el gobierno ecuatoriano le otorgó una pensión vitalicia en reconocimiento por toda una vida entregada a mejorar las condiciones del pueblo indígena. En l996 la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador la nominó para el premio internacional “Bob Pierce”, donde obtuvo el tercer puesto, en reconocimiento a su lucha por el desarrollo del pueblo indígena. En 1997 La Municipalidad de Quito le otorgó la condecoración “Manuela Espejo” por sus años de labor como líder y en el 2004 el Ministerio de Educación y Cultura le otorgó el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo, por su larga e incansable lucha a favor de los más pobres.

A pesar de cien años de lucha esta gran mujer ha sobrevivido a sus hijos y sigue viviendo en una modesta casita, construida por la Municipalidad, en la ladera del volcán Cayambe. A casi tres mil metros de altura, comparte este modesto hogar con su nuera y su nieto. Símbolo viviente de la lucha indígena, hoy lleva una vida solitaria e humilde. En su comunidad las nuevas generaciones ya no la reconocen, ya no valoran su experiencia, incluso envidian las numerosas visitas que recibe y en las reuniones ya no quieren oír sus propuestas. Esperemos que su recuerdo no se borre y que el ejemplo de sus cien años de lucha sigan conmoviendo y alentando a todos los pueblos del mundo durante muchos siglos más.

Notas: (1) Todas las citas provienen del libro de Raquel Rodas.

Fuentes:

Lucas, Kintto. “Un símbolo del Movimiento Indígena Ecuatoriano”. Ecuador, Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, Septiembre de 1998.

Miño Grijalva, Cecilia. Tránsito Amaguaña. Heroína India. Banco Central del Ecuador, Volumen IV de la Colección “Biografías Ecuatorianas”, 2006.

Rodas, Raquel. Tránsito Amaguaña: su testimonio. Quito, Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, 2007.

Para ver un magnífico video producido por el Banco Mundial: http://es.youtube.com/watch?V=qh2AyJPYrw

 


 

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