Biografías
Buda (Siddhartha Gautama)
Carlos A. Hernández Cruz
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Buda, Jesús y Marx - Carlos Marx Vida y obra

Buda (c. 563-c. 486), fundador del budismo, nacido en el parque Lumbini cerca de Kapilavastu, en la actualidad Nepal, cerca de la frontera india. El nombre de Gautama Buda, por el que se conoce al Buda histórico, es una combinación del nombre de su familia, Gautama, y el epíteto Buda, que significa "el iluminado". A pesar de todos los esfuerzos, las fechas de su nacimiento y muerte siguen siendo dudosas. Las diversas fuentes budistas están de acuerdo en que vivió 80 años, pero no sobre las fechas concretas. Los países modernos del budismo theravada sitúan su nacimiento en el año 623 A.C. y su muerte en el 543 A.C., pero estas dataciones son rechazadas por la mayoría de los historiadores occidentales e hindúes. Las fuentes antiguas ofrecen dos cronologías diferentes: la cronología larga, basada en fuentes cingalesas, que sitúa el nirvana final de Buda alrededor de 218 años antes de la consagración del rey Asoka (c. 273 A.C.); y la cronología breve, avalada por todas las fuentes chinas y sánscritas, que datan la muerte de Buda 100 años después de la consagración de Asoka. Todos los relatos que han llegado hasta nosotros sobre la vida de Buda fueron escritos muchos años después de su muerte por discípulos dados a la idealización más que por historiadores objetivos, por lo que resulta difícil separar los acontecimientos reales de los numerosos mitos y leyendas que aparecen sobre su vida. Además, la mayoría de las tradiciones budistas sostienen que Buda no fue sino la última encarnación en una serie de vidas recogidas en diversas historias edificantes. Para el budismo, los mitos y leyendas que rodean la figura del Buda histórico son tan importantes como sus palabras y hechos, de ahí que los detalles históricos de su vida resulten difíciles de establecer, y acaso por ello no reciban un tratamiento preferente respecto de relatos y doctrinas que se añadieron.

Budismo

El Budismo es una religión de gran importancia a escala mundial, fundada en el noreste de la India. Se basa en las enseñanzas de Siddhartha Gautama, más conocido como Buda o El Iluminado. Se originó como un movimiento monástico dentro de la tradición brahmánica dominante en aquel entonces, aunque rápidamente el budismo se fue desarrollando en otra dirección, adquiriendo características propias. Buda no sólo renegaba de algunos aspectos muy significativos de la filosofía hindú, sino que también desafiaba la autoridad de sus sacerdotes, no aceptaba la validez de las escrituras védicas, y estaba en contra de los sacrificios al culto en los que se basaban estas escrituras. Además Buda abrió las puertas de su movimiento a personas de todas las castas sociales, rechazando abiertamente la idea de que los asuntos espirituales de las personas estuvieran determinados por la condición social dentro de la que nacen. Hoy en día, el budismo está dividido en dos grandes ramas: el Theravada o Camino de los Sabios, y el Mahayana o Gran Vehículo. Los seguidores del Mahayana se refieren en forma despectiva a los del Theravada usando el nombre de Hinayana o Pequeño Vehículo. El budismo ha tenido una influencia muy fuerte no sólo en la India, sino también en países tales como Sri Lanka, Tailandia, Cambodia, Birmania y Laos, donde la rama predominante es la Theravada. Por su parte, la rama Mahayana ha tenido una especial influencia en China, Japón, Taiwan, Tíbet, Nepal, Mongolia, Corea y Vietnam, así como en la India. Se estima que el número de miembros de la religión budista que hay en el mundo, oscila entre los 150 y los 300 millones. La razón por la que existe una diferencia tan grande en esta estimación se debe a dos causas: en gran parte de Asia la afiliación religiosa tiende a no ser exclusiva; y resulta especialmente difícil poder estimar la influencia del budismo en países comunistas como China.

Las enseñanzas de Buda

Buda transmitía sus enseñanzas en forma oral, por lo que al morir no dejó ningún testimonio escrito de sus ideas y pensamientos. Sin embargo, más tarde sus discípulos se encargaron de escribirlos. Los elementos centrales en los que se basaba la Iluminación de Buda, estaban condicionados a la realización de las Cuatro Verdades Excelentes: (1) La vida es un sufrimiento. Esta afirmación va más allá del simple reconocimiento de la existencia del sufrimiento en la vida y se refiere más bien a que la existencia humana es intrínsecamente dolorosa, desde el momento en que nacemos hasta que morimos. Más aún, este sufrimiento ni siquiera desaparecería con la muerte, ya que Buda incluyó en sus enseñanzas la idea hindú de que la vida es cíclica, por lo que la muerte simplemente precedería a una nueva reencarnación. (2) La causa de este sufrimiento radica en el hecho de que el hombre desconoce la naturaleza de la realidad, producto de lo cual, siente ansiedad, tiene apego por las cosas materiales y mucha codicia. Estos defectos provocan su sufrimiento. (3) Se puede poner fin al sufrimiento si el hombre logra superar su ignorancia e ir más allá de las ataduras mundanas. (4) El camino para dar fin al sufrimiento es el Sendero de las Ocho Grandes Verdades, que consiste en tener una adecuada visión de las cosas, buenas intenciones, un correcto modo de expresión, realizar buenas acciones, tener un correcto modo de vida, esforzarse de forma positiva, tener buenos pensamientos y desarrollar la contemplación de un modo adecuado. Estos ocho puntos generalmente se dividen en tres categorías que conforman el pilar central del budismo: moral, sabiduría y samadi o concentración.

Anatmán

El budismo analiza la existencia humana partiendo de la base de que está formada por el conjunto de cinco realidades (skandhas): el cuerpo material, los sentimientos, las percepciones, la predisposición ante las cosas o tendencias kármicas y la conciencia. Cada persona es simplemente la combinación temporal de estas cinco realidades, las que están a su vez sujetas a continuos cambios. Ninguna de ellas se mantiene igual ni siquiera en dos momentos consecutivos. Los budistas niegan que este conjunto de cinco realidades, ya sea en forma individual o conjunta, puedan ser consideradas como una existencia independiente y permanente, o el alma (atmán). De hecho consideran un error el concebir que exista siquiera una unidad permanente que sea un elemento constitutivo del hombre. Buda sostenía la idea de que esta concepción de sí mismo llevaba a que las personas fueran egoístas, padecieran de ansiedad, y que por lo tanto sufrieran. Por eso enseñó la doctrina de anatmán, o de la negación de la existencia de un alma permanente. Sostenía que toda la existencia humana se caracterizaba por contar con las tres señas de: anatmán (no tener alma), anitya (impermanencia) y dukkha (el sufrimiento). La doctrina de anatmán hizo necesario que Buda diera una reinterpretación a la creencia hindú de las reencarnaciones en el ciclo de la existencia fenomenológica, más conocida como samsara. Después de haber llegado a este punto en su enseñanza, Buda comenzó a difundir la doctrina del origen subordinado o pratityasamutpada. En esta cadena de doce causas unidas, se demuestra cómo el haber sido ignorante en una vida anterior hace que la persona tienda a formar un determinado conjunto que tiene que desarrollar. Esta combinación llevará a que actúen la mente y los sentidos. Las sensaciones que resultan de este actuar llevan a sufrir ansiedad y un apego a la existencia. Esta condición determina el proceso de ser nuevamente, creando otro ciclo de nacimiento, vida adulta y muerte. A través de esta cadena causal, se vincula una vida a la siguiente. Se llega a un fluir de nuevas vidas, más que a un existir permanente que se desplace de una vida a otra; de hecho es la creencia de una reencarnación sin transmigración.

Karma

La doctrina del karma se encuentra muy relacionada con la doctrina anterior (anatmán). El karma se basa en los actos de cada persona y en las consecuencias morales que se desprendan de ese proceder. Los actos humanos determinan su reencarnación posterior, por lo que las buenas acciones lógicamente serán recompensadas, como serán castigadas las malas. Por eso el budismo sostiene que no existen en el mundo los placeres inmerecidos ni los castigos injustificados, sino que todo es más bien producto de una justicia universal. El proceso kármico actúa por medio de una ley moral natural, más que por medio de un sistema de juicio divino. El karma de cada individuo determina asuntos tales como su belleza, su inteligencia, su longevidad, su salud y su nivel social. De acuerdo con las enseñanzas de Buda, dependiendo del tipo de karma que tenga cada persona, puede reencarnarse en un ser humano, un animal, un fantasma hambriento, un habitante del infierno o incluso en alguno de los dioses de la religión hindú. A pesar de que el budismo no niega la existencia de dioses, no les atribuye ninguna importancia especial. La vida de los dioses en el cielo es larga y apacible, aunque están sujetos a los mismos problemas que puede tener cualquier otra criatura, por lo que están expuestos a una eventual muerte y a una futura reencarnación en un estado de existencia inferior. No son los creadores del universo, ni tampoco controlan el destino de la humanidad, por lo que para el budismo, el rezar o hacerles sacrificios no tiene ninguna utilidad. De las distintas modalidades de reencarnación, la humana es la mejor, porque las deidades están tan absortas en sus propios placeres que pierden de vista la necesidad de redención. Por lo tanto, la posibilidad de ser un iluminado es válida sólo para los seres humanos.

Nirvana

El objetivo final del camino del budismo es lograr liberarse de la existencia fenoménica a la que le es propia el sufrir. Para lograr este objetivo hay que alcanzar el nirvana, que es un estado de iluminación en el que los fuegos de la codicia, el odio y la ignorancia han sido apagados. Este estado no debe confundirse con el aniquilamiento; el nirvana es un estado de conciencia que va más allá de ninguna definición. Después de alcanzar el nirvana, el iluminado puede seguir viviendo e ir eliminando cualquier remanente de karma que pueda tener, hasta lograr llegar, en el momento de morir, a un último estado de nirvana (parinirvana). En teoría cualquier persona podría lograr alcanzar el nirvana, aunque en realidad es un objetivo accesible sólo para los miembros de la comunidad monástica. En el budismo Theravada, la persona que haya alcanzado la iluminación gracias a haber seguido el Sendero de las Ocho Verdades o Pequeño Vehículo, se le conoce con el nombre de arhat, o aquél que vale mucho, algo así como un santo solitario. Todos aquellos que por una u otra razón no son capaces de lograr el objetivo final, tienen, como siguiente opción, el tratar de lograr una mejor reencarnación por medio del perfeccionamiento de su karma. Generalmente aspiran a esta meta inferior los budistas laicos, quienes ven en este objetivo la esperanza de llegar a una vida en la que sean capaces de alcanzar la iluminación final, como miembros del sanga. La ética que guía y que lleva a alcanzar el nirvana, es objetiva y de orientación interior, personal. Exige cultivar cuatro actitudes que demuestren la virtud; estas actitudes son conocidas como Los Palacios del Brahman, y son: la amabilidad y ternura, la compasión, la alegría benévola y la ecuanimidad. Sin embargo, la ética que lleva a lograr una mejor reencarnación se centra más bien en el cumplimiento de los deberes que tiene cada persona con respecto a su sociedad. Estos deberes incluyen actos de caridad, un especial apoyo al sanga, como también el no olvidar jamás los cinco preceptos que constituyen el código básico de la moral budista. Estas normas prohíben matar, robar, tener un lenguaje hiriente, un comportamiento sexual indebido y consumir bebidas alcohólicas. Si la persona se atuviera a estos preceptos, podría superar las tres grandes raíces del mal: la lujuria, el odio y el engaño.

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Mahayana

Los orígenes del Mahayana resultan especialmente oscuros. No son conocidos ni siquiera los nombres de sus fundadores, y los estudiosos no concuerdan en si se originó en el sur o en el nordeste de la India. Sus primeros años de formación fueron entre los siglos II A.C. y el I D.C. Las especulaciones con respecto al Buda eterno continuaron hasta bastante entrada la era cristiana, terminando con la doctrina Mahayana que se refiere a su naturaleza triple o de triple "cuerpo" (trikaya). Estos tres cuerpos son el de la esencia, el de la bienaventuranza de la comunidad y el de la transformación. El cuerpo de la esencia representa la naturaleza última de Buda. Antes que esto, existiría la forma absoluta e invariable, a la que se referían como conciencia o lo vacío, la nada. Esta naturaleza esencial de Buda se manifestaría sola, tomando formas celestiales como aquella de la bienaventuranza de la comunidad. Bajo esta forma, Buda se sienta a predicar en los cielos, en medio del esplendor divino. Por último, la naturaleza de Buda se hace presente en la tierra utilizando una forma humana, su fin es el de convertir a la humanidad. A esta forma física se le conoce como el cuerpo de la transformación. Los Mahayana consideran al Buda histórico, Siddhartha Gautama, sólo como un ejemplo del cuerpo de transformación ya que, según ellos, Buda ha tomado esta apariencia humana una infinidad de veces. El nuevo concepto Mahayana de Buda hizo posible el crear conceptos de gracia divina y de una revelación continua, nociones que están ausentes en el Theravada. La creencia en las manifestaciones divinas de Buda, llevaron al desarrollo de una significativa ramificación en la devoción Mahayana. Sin embargo, algunos estudiosos han descrito el precoz desarrollo Mahayana como una "hinduización" del budismo. Otro concepto nuevo dentro del Mahayana, también muy importante, es el de bodhisattva o del ser iluminado, como un ideal hacia el que los buenos budistas deberían aspirar. Un bodhisattva es una persona que ha logrado una iluminación perfecta, pero que se niega a entrar al nirvana final, para hacer posible así, la salvación de todos los otros seres sensibles. El bodhisattva logra transmitirle a seres menos afortunados sus méritos logrados después de muchas vidas. Los principales atributos de estos santos sociales son la compasión y la amorosa bondad. Por eso los Mahayana consideran el bodhisattva superior al arhat, representante del ideal Theravada. Algunos bodhisattvas, como Maitreya, que representa la amorosa bondad de Buda, y Avalokitesvara o Kuan-yin, que representa su compasión, se han transformado en el centro de la adoración y devoción popular Mahayana.

Tantrismo

Alrededor del siglo VII D.C. se desarrolló una nueva forma de budismo conocida como tantrismo. Se formó a raíz de la unión entre el Mahayana y creencias y magia del folklore popular del norte de la India. A pesar de ser similar al tantrismo hindú, que se desarrolló por aquellos mismos años, el tantrismo budista difiere del Mahayana por el gran énfasis que el primero pone en la acción sacramental. Conocida también como Vajrayana, el Vehículo del Diamante, el tantrismo tiene una tradición esotérica. Sus ceremonias de iniciación incluyen la entrada al mandala, un círculo místico o mapa simbólico del universo espiritual. Para el tantrismo, también es importante la utilización de mudras o demostraciones rituales, y mantras o sílabas sagradas, las que se cantaban en repetidas ocasiones y se utilizaban como formas de meditación. El vajrayana se transformó en la forma del budismo dominante en el Tíbet. A través de China fue transmitida a Japón, lugar donde se sigue practicando por la secta shingon.

La expansión asiática

Al rey Asoka, a su hijo Mahinda y a su hija Sanghamitta se les relaciona directamente con la conversión de Sri Lanka al budismo. Desde el comienzo de su reinado, el Theravada se convirtió en la religión oficial de este país. De acuerdo a la tradición, durante el reinado de Asoka, el Theravada habría sido llevado a Birmania desde Sri Lanka, aunque no existe constancia de su presencia en este país hasta el siglo V D.C. Durante el siglo VI, el Theravada se extendió desde Birmania hasta la zona de lo que hoy es Tailandia. La religión fue adoptada por los tailandeses cuando finalmente se hubieron asentado, desde el suroeste chino, en la zona de la Tailandia actual; esto sucedió entre los siglos XII y XIV. Con el florecimiento del reino tailandés, el Theravada fue adoptado como la religión oficial. Durante el siglo XIV, el Theravada también fue adoptado por la casa real de Laos. Tanto el Mahayana como el hinduismo comenzaron a influir en el pueblo de Camboya a fines del siglo II D.C. Sin embargo, después del siglo XIV y bajo la influencia tailandesa, el Theravada fue convirtiéndose gradualmente en la religión con más fuerza en Camboya. A comienzos de la era cristiana, el budismo fue llevado a Asia Central. Desde allí, y durante el siglo I D.C., entró en China siguiendo las rutas del comercio. A pesar de que contaba con la oposición de los confucionistas ortodoxos y víctima de persecuciones durante el año 446, en el periodo 574-577 y en el 845, el budismo logró cimentarse e influir con fuerza en la cultura china, teniendo que adaptarse a las costumbres del país. El periodo más fuerte de influencia del budismo chino, terminó con la gran persecución del año 845. A pesar de esto, las sectas Zen o Ch'an, enfocada a la meditación (del Sánscrito dhyana, "meditación"), y Tierra Pura, con mayor énfasis en la devoción, continuaron siendo importantes. Desde China el budismo continuó su expansión asiática. Las autoridades del confucionismo estaban totalmente en desacuerdo con que el budismo entrara en Vietnam, pero la influencia Mahayana se sentía allí desde hacía mucho tiempo, más o menos desde el 189. De acuerdo con fuentes oficiales, el budismo llegó por primera vez a Corea, desde China, el 372. Desde entonces, y dada la fuerte influencia que durante siglos tuvo China en ese país, Corea fue convirtiéndose gradualmente al budismo. El budismo fue llevado a Japón desde Corea. A pesar de que los japoneses ya tenían conocimiento de esta religión, 552 D.C. se considera el año de su introducción oficial en el país. En el 593, el príncipe Shotoku declara el budismo como la religión oficial de Japón. El budismo llegó al Tíbet a principios del siglo VII D.C., a través de la influencia de las esposas extranjeras del rey. A mediados del siglo siguiente, ya se había transformado en una fuerza bastante significativa dentro de la cultura tibetana. Un personaje que tuvo gran protagonismo en el desarrollo de este budismo tibetano, fue el monje hindú Padmasambhava, quien había llegado al Tíbet en 747. Su principal interés era expandir el budismo tántrico, rama del budismo que se transformó en la más fuerte dentro del Tíbet. Tanto los budistas chinos como los hindúes competían por la influencia de su religión en el Tíbet, hasta que a fines del siglo VIII, los chinos fueron vencidos y expulsados del país. Aproximadamente siete siglos más tarde, los budistas tibetanos habían adoptado la idea de que los abades de los grandes monasterios eran reencarnación es de los famosos bodhisattvas. A raíz de esto, el principal de los abades pasó a ser conocido como Dalai Lama. Desde mediados del siglo XVII hasta 1950, año en que China se apoderó del Tíbet, los Dalai Lamas dirigieron el Tíbet como una teocracia.

La vida Monástica

Desde un principio, los seguidores más devotos de Buda estaban organizados en un grupo monástico llamado sanga. Los miembros podían ser fácilmente identificados por sus cabezas totalmente afeitadas y sus túnicas sin costuras y de color naranja. Los primeros monjes budistas o bhikkus, vagaban de un lugar a otro, estableciéndose en comunidades sólo durante la época de las lluvias, periodo en que los viajes resultaban difíciles. Cada una de estas comunidades establecidas, y las que se fueron desarrollando conforme pasaba el tiempo, eran independientes y estaban organizadas democráticamente. La vida monástica estaba regida por los reglamentos del Vinaya Sutra, una de las tres colecciones canónicas de las escrituras. Cada cuarenta noches, dentro de cada comunidad, los monjes celebraban una asamblea formal, la uposatha. Una parte muy importante de esta ceremonia constituía el recitar muy respetuosamente las reglas del Vinaya y la confesión pública de todas sus violaciones. El sanga incluía normas para monjes y monjas, un rasgo único y distintivo dentro de las órdenes monásticas de la India. Ellos y ellas, seguidores del Theravada eran célibes, y diariamente conseguían su comida pidiendo limosnas en las casas de los laicos más devotos. La escuela Zen no hizo caso a la regla en la que se decía que los miembros del el sanga debían vivir pidiendo limosna; más aún, como parte de la disciplina de la secta, se les exige a sus miembros trabajar en los campos para ganar su propio sustento. La popular escuela Shin de Japón, una rama de Tierra Pura, permite a sus sacerdotes casarse y tener familias. Dentro de las funciones más tradicionales de los monjes budistas, están el celebrar servicios fúnebres para honrar a los muertos. Los elementos más importantes de estos servicios incluyen el canto de las escrituras y el traspaso de méritos para beneficio del muerto.

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