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El inspirador de la creación de
la
Comisión Trilateral
A principios de los años setenta,
Brzezinski se distingue como analista cuando anuncia proféticamente
la llegada de actores mayores al escenario del poder mundial. Se
trata de Europa y Japón, cuyas economías se han levantado
rápidamente después de la
Segunda Guerra Mundial.
En un artículo suyo publicado en la
revista Foreign Affaire, en 1970, expone su visión de este «nuevo
orden mundial»: «Se hace necesaria una visión nueva y más audaz -la
creación de una comunidad de países desarrollados que puedan tratar
de manera eficaz los amplios problemas de la humanidad. Además de
los Estados Unidos de América y Europa Occidental, debe incluirse a
Japón (...)
«Un consejo formado por miembros de
Estados Unidos, Europa Oriental y Japón que fomentara encuentros
regulares entre los jefes de gobierno, pero también entre
personalidades menos importantes, sería un buen comienzo.» El mismo
año, Brzezinski lanza nuevas ideas en su nuevo libro titulado:
Between two Ages [1], donde explica que ha
llegado la era de reequilibrar el poder mundial, poder que debe
pasar a manos de un nuevo orden político global basado en un vínculo
económico trilateral entre Japón, Europa y Estados Unidos.
La revolución de las técnicas de
producción, el cambio de la industria pesada a la electrónica, debía
provocar un trastorno de sistemas políticos y una nueva generación
de élites en el poder. David Rockefeller, entusiasmado con estos
conceptos, lo contrata entonces para crear la Comisión Trilateral y
lo nombra director. Esta fue establecida oficialmente en 1973, y
reúne a importantes figuras del comercio mundial, de los medios
bancarios internacionales, gobernantes y los grandes medios de
comunicación europeos, japoneses y norteamericanos.
Cuando ocurrió el primera crisis
petrolera, la principal preocupación de estos maestros de las
finanzas mundiales fue la de quitarse de encima la responsabilidad
de la deuda exterior de los países en vías de desarrollo, dando
mayores obligaciones y fortaleciendo el
Fondo Monetario Internacional (FMI). También se trataba para los
Estados Unidos, debilitados en aquella época por su fracaso militar
en Vietnam, de apoyarse en cada extremo geográfico del continente
euroasiático, donde tenían gran influencia después la Segunda Guerra
Mundial, con la finalidad de mantener y extender su hegemonía.
Esta misión, vista desde afuera,
otorga sin dudas a Brzezinski una imagen de defensor de la paz,
portavoz de la disminución de la tensión mundial (Guerra Fría) y de
las relaciones multilaterales, e incluso -ante los ojos de la
extrema derecha-, una apariencia de globalista inspirado en el
marxismo.
Para llevar a cabo los grandes planes
de la Comisión Trilateral, lo mejor era que uno de sus miembros
llegara a ser presidente de los Estados Unidos.
El presidente
Carter y el doble juego
Desde la creación de la Comisión
Trilateral, el pastor
Jimmy Carter era uno de los que con seguridad formaban parte del
equipo Rockefeller-Brzezinski. Había abierto las primeras oficinas
comerciales para el estado de Georgia en Bruselas y en Tokio, cosa
que hacía de él la imagen modelo o el concepto fundador de la
Comisión [2].
Para su nominación como candidato a
las elecciones y la elección presidencial de 1976, Rockfeller puso
en funcionamiento sus relaciones en Wall Street y a trabajar a
Brzezinski, cuya influencia académica al servicio del candidato
demócrata Jimmy Carter fue de gran provecho para que ganara las
elecciones. Naturalmente, cuando Carter fue elegido, Brzezinski
ocupó el puesto privilegiado de consejero de seguridad nacional [3].
Una vez en su silla, Carter definió
como prioridad la reducción del arsenal militar nuclear de los dos
bloques (EE.UU-URSS). Sin embargo, la crisis de los mísiles SS-20
soviéticos apuntados hacia Europa hizo que Carter reaccionara con el
despliegue de los mísiles Pershing, lo que arruinó sus esfuerzos,
sinceros o no, y puso a ambos bloques en una situación de
desconfianza recíproca.
Se puede constatar que en aquella
época el campo soviético tenía buenas razones para sospechar que su
adversario realizaba un doble juego: la derrota militar de los EE.UU
en Vietnam les obliga a mantener cierta modestia en el plano militar
y estratégico, mientras que Brzezinski preparaba su plan de guerra
por mandato, para preparar una trampa y obligar a la Unión Soviética
a entrar en un conflicto periférico.
La desestabilización del régimen
comunista afgano y el financiamiento y entrega de armas a las
primeras milicias jihadistas anticomunistas en 1979 provocaron, como
previsto, la entrada del Ejército Rojo en Afganistán. Para ello
Brzezinski se apoya en los efectivos servicios de espionaje e
inteligencia paquistaníes, el temido ISI.
Cuando la revista francesa
Le Nouvel Observateur le realizó una entrevista
en 1998, Brzezinski reconoció que el equipamiento de las tropas
antisoviéticas de Bin Laden era anterior a la invasión rusa y
destinado a provocar su reacción:
Le Nouvel Observateur
: El ex director de la CIA, Robert Gates, lo afirma
en sus Memorias: los servicios secretos norteamericanos comenzaron a
ayudar a los mujaidines afganos seis meses antes de la intervención
soviética. En esa época usted era el consejero del presidente Carter
y su papel fue clave en este asunto. ¿Lo confirma?
Zbigniew
Brzezinski : Sí. Según la versión
oficial de la historia, la ayuda de la CIA a los mujaidines se
inició en el año 1980, es decir, luego que el ejército soviético
invadiera a Afganistán el 24 de diciembre de 1979. Pero la realidad,
mantenida en secreto hasta hoy, es muy distinta: fue el 3 de julio
de 1979 que el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la
asistencia clandestina a los opositores del régimen pro soviético de
Kabul. Aquel día le escribí una nota al presidente en la que le
explicaba que en mi opinión aquella ayuda provocaría la intervención
de los soviéticos. (...) No empujamos a los rusos a intervenir, pero
conscientemente aumentamos las probabilidades de que lo hicieran.
N.O.:
Cuando los soviéticos justificaron su intervención afirmando que
luchaban contra una injerencia secreta de los Estados Unidos nadie
les creyó, sin embargo había un fondo de verdad. ¿No lamenta nada
hoy?
Z. Brz.:
¿Lamentar qué? Esa operación secreta era una excelente idea. Tuvo
como efecto atraer a los rusos hacia la trampa afgana, ¿y usted
quiere que lo lamente? El día en que los soviéticos cruzaron
oficialmente la frontera afgana escribí al presidente Carter en
esencia: «Esta es nuestra oportunidad de darle a la URSS su Vietnam»
(...).
N.O.:
¿Tampoco lamenta usted el haber favorecido el integrismo islámico,
haber entregado armas y asesoría a futuros terroristas?
Z Brz.:
¿Qué es lo más importante ante la mirada de la historia mundial, los
talibanes o la caída del imperio soviético? ¿Algunos islamistas
excitados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra
Fría?» [4]
(Nota de la redacción de la Red Voltaire: el conflicto en Afganistán
desde sus inicios en 1979 ha causado miles de miles de muertos, para
algunos observadores un millón de muertos y desplazado gran parte de
la población civil del país, en la lamentable condición de
refugiado, pero para el Sr. Brzezinski los fines justifican los
medios).
Al hablar de «algunos islamistas
excitados» en esta entrevista, Brzezinski no subestima el poderío de
Al Qaeda, pero caracteriza la realidad de lo que los
neoconservadores han erigido en mito a fin de justificar su cruzada
mundial. Claro que un miembro del Council on Foreign Relations se
cuidaría muy bien hoy de ser tan categórico.
Alianza objetiva
con China y apoyo incondicional al Shah de Irán
Si bien Nixon y Kissinger habían
jugado decididamente con el miedo al cerco de la Unión Soviética,
iniciando un proceso de normalización de las relaciones con China,
una parte de los más allegados a Carter desconfiaba de este
acercamiento que pretendía Brzezinski.
Al llegar a la Casa Blanca, Carter
había afirmado que optaría por el diálogo con la URSS y guardaría
distancia con respecto a la República Popular China, pero su
secretario de Estado, Cyrus Vance se enfrentó rápidamente a la
obsesión antirrusa de Brzezinski y durante todo su mandato Carter
tuvo que esforzarse por conciliar los antagonismos de su
administración.
Quien hacía las veces de mediador
entre estos dos polos era Richard C. Holbrooke, futuro embajador de
los Estados Unidos en la ONU y asesor de
John Kerry para la política exterior durante su campaña, junto a
Mark Brzezinski, hijo de Zbigniew. Según Cyrus Vance y otros
partidarios del diálogo, como el renegado demócrata Averell Arriman,
la lógica triangular de cerco sólo podía conducir, en el mejor de
los casos, a un malentendido con la URSS, cuando no a la guerra.
Preconizaban el diálogo sobre el
desarme y la cooperación con la Unión Soviética para neutralizar los
conflictos del Tercer Mundo. La normalización de las relaciones con
China siguió en marcha. Brzezinski llegó a ultimar un programa
conjunto de cooperación estratégica y a mantener buenas relaciones
personales con Deng Xiaoping, lo que le vale ser actualmente bien
visto entre los chinos.
La misma desconfianza de Brzezinski
hacia la URSS se encuentra en su actitud con respecto a Irán, que
bajo el régimen del Shah era considerado un baluarte contra la
influencia soviética en el Medio Oriente. Así, Brzezinski le aseguró
su apoyo al Shah hasta el último momento, y pidió la intervención
militar de los Estados Unidos para mantenerlo en el poder incluso
cuando una parte de la administración Carter, a la cabeza de la cual
se encontraba el secretario de Estado, quería su salida.
Sin embargo, las acciones concretas
de Washington fueron dictadas por el punto de vista del Departamento
de Estado, y, a pesar de las conversaciones con los generales que
derrocaron al Shah para garantizar un régimen moderado al frente del
país, fue Khomeini quien ocupó el poder en un ras de mar popular.
Participó con Carter en las
negociaciones de Camp David 1 en 1977 y desempeñó un papel en la
firma del tratado de paz entre Israel y Egipto sin necesidad de
tener que imponer su presencia en el momento culminante de los
debates, contrariamente a lo que siempre hizo cuando se trataba de
la URSS.
Vuelve la
amenaza rusa frente a la hegemonía norteamericana
En 1989 Brzezinski abandona la
Universidad de Columbia, donde enseñaba desde 1960, para dedicarse a
la elaboración del plan de estatus independiente de
Ucrania,
lo que marca el inicio de su compromiso con vistas a prevenir el
resurgimiento de Rusia como superpotencia. Por el contrario defiende
la integración de Rusia al sistema de Occidente y el
«pluripartidismo geopolítico» en el espacio de la ex Unión
Soviética.
Por otra parte, desarrolla «un plan
para Europa» que pasaría por la extensión de la OTAN a las
repúblicas bálticas. Sus esfuerzos darán frutos varios años más
tarde, especialmente con la integración de las tres repúblicas
bálticas a la OTAN en 2002. Durante los años 90 es igualmente el
emisario especial del presidente de los Estados Unidos para la
promoción del mayor proyecto de infraestructura petrolera del mundo,
el oleoducto Bakú-Tbilissi-Ceyhan.
Dicho proyecto representa para él la
mejor concretización de sus ambiciones tendentes a impedir el
renacimiento de Rusia. Paralelamente preside desde 1999 el Comité
Norteamericano para la Paz en Chechenia (American Committee for
Peace in Chechnya), instalado en los locales de Freedom House, cargo
desde el que pretende intervenir en las negociaciones de paz entre
el gobierno ruso y los independentistas dirigidos por Mashkadov.
Sin embargo, estas actividades,
cuidadosamente revestidas de buenas intenciones «a lo demócrata»
tienen cada vez más dificultades para disimular la realidad
subyacente: la de un apoyo encubierto a los independentistas para
mantener una guerra periférica, como en Afganistán, a fin de
debilitar a Rusia y mantenerla alejada de las ganancias generadas
por los recursos del Mar Caspio.
La materialización de la doctrina
Brzezinski en el sentido de que «Una potencia que domine Eurasia
controlaría dos de las regiones más avanzadas y económicamente
productivas del mundo» pasa por la extensión de la OTAN hacia el
Este, en lo que trabajó activamente la administración Clinton. ¿Pero
cómo venderles esta necesidad de la OTAN a los europeos? «La entidad
europea, situada en el borde occidental de Eurasia, y en la
proximidad más inmediata de África, está más expuesta a los riesgos
inherentes al desorden global creciente que una América
políticamente más unida, militarmente más poderosa y geográficamente
más aislada (...).
Los europeos estarán más
inmediatamente expuestos al riesgo en caso de que un imperialismo
chauvinista anime nuevamente la política exterior rusa», explicaba
Brzezinski en la revista National Interest en 2000 [5]. Esto tiene
el mérito de la claridad: el despliegue de las fuerzas de la OTAN
alrededor de Rusia era una medida preventiva. Si Rusia reacciona
poniéndose a la defensiva, ello constituiría la prueba de que aspira
a restaurar su imperio y a una vuelta al totalitarismo.
Trabajando al mismo tiempo como
consultante para BP-Amoco y Freedom House, Brzezinski está encargado
en Azerbaiyán de redorar la imagen del dirigente Heidar Alyiev. Para
ello no vaciló en calificar al dictador como un «tipo simpático» en
una entrevista al New York Times [6]. Como
justificación al apoyo anglosajón a la dictadura de Aliyev,
Brzezinski argumenta que tras siete décadas de gobierno comunista no
puede esperarse que Azerbaiyán y las demás repúblicas de la antigua
Unión Soviética adopten la democracia en un lapso tan corto.
Si bien la represión política bajo el
régimen de Aliyev tuvo una tendencia a acentuarse durante estos
últimos años a medida que disminuían las expectativas sobre las
riquezas del Caspio, Azerbaiyán no dejó por ello de pasar del
estatus de país «no libre» al de «parcialmente libre» en la
clasificación de Freedom House [7].
Al mismo tiempo, en 1999, la
secretaria de Estado y discípula de Brzezinski, Madeleine Albright,
invitaba a Heidar Aliyev a la celebración del aniversario de la
OTAN. Siempre en la misma perspectiva de implantación de la OTAN
para permitir a los intereses occidentales, sobre todo petroleros,
implantarse en la región, Georgia, Azerbaiyán y Ucrania organizaron
ejercicios militares conjuntos el 16 de abril de 1999 auspiciados
por el programa «Asociación para la Paz», de la OTAN [8].
Además de sus actividades de
consultante para BP-Amoco y Freedom House, Brzezinski apoya o presta
su nombre a todo un sistema de fondos y de ONGs (organizaciones no
gubernamentales) que apadrinan a las castas, a los intelectuales y a
las élites de la antigua órbita soviética.
Por iniciativa del Comité
Norteamericano para la Paz en Chechenia, del que Brzezinski es
presidente, tuvo lugar una reunión entre los principales líderes del
movimiento checheno entre los días 16 y 18 de agosto de 2002, en
Lichtenstein, encuentro que se realizó dos meses después del
realizado entre Bassaiev y Maskhadov, donde se estableció el acuerdo
sobre la dirección común de las «Fuerzas Armadas de la República
Chechena de Ichkeria».
Los participantes concluyeron que
Chechenia no podía seguir incluida en Rusia, que era necesaria una
amplia autonomía y que se imponían negociaciones con Maskhadov. La
toma de rehenes de
Beslán, reivindicada por Bassaiev, ¿forma parte del proceso de
reivindicación de independencia de Chechenia o del proceso de
desestabilización de Rusia? [9].
Podemos hacernos algunas preguntas a
partir del hecho de que la principal consecuencia de esta acción fue
el ascenso de las tensiones entre Osetia del Norte y la vecina
Inguchia, es decir, una «balcanización» cada vez más importante de
la región
Hoy Zbigniew Brzezinski es sobre todo
activo en el seno del CSIS, pero sigue siendo el cerebro del
programa demócrata en política exterior, de lo que da fe la obsesión
del candidato Kerry, y sobre todo de su compañero de candidatura
John Edwards, en lo referente a Rusia.
Según los consejos de Mark Brzezinski,
eligieron adoptar como primera prioridad la cuestión del desarme
nuclear de Rusia, cuando esta ha recuperado su capacidad de
producción de petróleo de antes del derrumbe de la URSS y cuando el
Estado ruso se beneficia ampliamente del precio actual del crudo, lo
que recientemente le ha permitido duplicar su presupuesto de
defensa. La cuestión del peligro del vetusto arsenal nuclear ruso no
es por lo tanto algo de actualidad, contrariamente a lo que pretende
John Kerry.
Su objetivo es otro, más vinculado a
la estrategia de subordinación de Rusia defendida desde hace varias
décadas por Zbigniew Brzezinski, pero es más difícil de ahora en
adelante convencer a la opinión mundial de que Rusia encarna el mal
absoluto y de que si no es subordinada volverá al
totalitarismo [10].
Para ello hay que
provocar su reacción de igual forma que en Afganistán en 1979, pues
contrariamente a los Estados Unidos, está a buen resguardo de
problemas de suministro energético para las próximas décadas. Así,
verificamos una deriva en el discurso de Brzezinski, que calificaba
recientemente a Vladimir Putin de «Benito Mussolini ruso», en
entrevistas concedidas al Wall Street Journal et
au Novaya Gazetta.
Notas
(1]
Between two Ages: America’s Role in the Technetronic Era, por
Zbigniew Brzezinski, editorial Harper, 1971. Édition française :
Révolution technetronique, editorial Calman-Lévy, 1971.
[2] Es igualmente
la Comisión Trilateral la que llevará al presidente francés Giscard
d’Estaing a escoger como primer ministro a uno de sus miembros,
Raymond Barre, profesor de Economía y sin experiencia política.
[3] Brzezinski
llama junto a sí a Madeleine K. Albright (cuyo padre sirvió en
Checoslovaquia durante el gobierno del suegro de Brzezinki, Eduard
Benes), y a los dos teóricos del conflicto o
Choque de civilizaciones Bernard Lewis et Samuel P.Huntington.
[4]
Le Nouvel Observateur No. 1732, del 15 al 21 de enero de 1998,
p.76.
[5] Citado en
«Bribing Montenegro - It didn’t work», por George Szamuely,
antiwar, 15 de junio de 2000.
[6] «Freedom spells
B-A-K-U», Counterpunch Magazine, 1999.
[7] Ver: «Freedom
House, quand la liberté n’est qu’un slogan», Voltaire, 7 de
septiembre de 2004 artículo en francés que será pronto publicado por
la Red Voltaire.
[8] «U.S. and NATO
goals in the Balkans», por Lenora Foerstel, International Action
Center, 1999.
[9]
«Beslán: La responsabilidad del ataque genocida apunta a los
anglosajones» por Marivilia Carrasco, Agencia IPI y la redacción
de Voltaire, 19 de septiembre de 2004.
[10]
«115 atlantistas contra Rusia» por Thierry Meyssan, Voltaire, 26
de noviembre de 2004.
Biography
- Zbigniew Brzezinski -
Source:
Answers
Zbigniew Brzezinski (born
1928) was assistant to the president of the United States
for national security affairs during the Carter
administration (1977-1980). Later he was associated with the
Center for Strategic and International Studies in Washington
D.C. He authored several books through which he expounded
his philosophies as well as his political beliefs and ideals.
Zbigniew Brzezinski was born in
Warsaw, Poland, on March 28, 1928. After obtaining his B.A. and
M.A. degrees from McGill University in Montreal, Canada, he came
to the United States in 1953. He was awarded the Ph.D. at
Harvard the same year and remained there, first as a research
fellow at the Russian Research Center and then as assistant
professor of government, until 1960. He became a naturalized
American citizen in 1958.
In 1960 Brzezinski moved to
Columbia where he continued his rapid climb up the academic
ladder. He was promoted to full professor in 1962 and directed
the Research Institute in Communist Affairs (later the Research
Institute on International Change) from 1962 to 1977. From 1966
to 1968 he had gained valuable experience as a member of the
Department of State's Policy Planning Council during the Lyndon
B. Johnson administration. Identified as a Democrat and a rival
of Henry Kissinger, Brzezinski saw little action during Richard
Nixon's presidency. In 1973 he became director of the Trilateral
Commission and had the foresight to recruit a young and
generally unknown governor of Georgia, Jimmy Carter. For
Brzezinski, the early contact with Carter brought handsome
rewards.
Carter declared his candidacy for
president in 1974, and Brzezinski quickly approached him with an
offer of advice. Of the potential candidates, Henry Jackson of
Washington had views on foreign policy that appealed to
Brzezinski more than those of Carter, but Jackson did not look
like a winner. To most other Democratic presidential aspirants,
Brzezinski's reputation as a "hard-liner" was unacceptable. By
1975 Brzezinski emerged as Carter's principal adviser on foreign
policy issues.
National Security
Adviser
Brzezinski was openly eager to be
appointed assistant to the president for national security
affairs and delighted when President-elect Carter offered him
the position in December 1976. He had not wanted to be secretary
of state, confident that he would be more effective in the White
House, at the president's side. From the outset he was uneasy
about the president's idealism and the absence of other
appointees likely to give Carter the "realistic and hard-nosed"
advice needed in world affairs.
Carter had campaigned against the
Ford administration's "Lone Ranger" diplomacy, the unchecked
activities of Henry Kissinger. He intended to have a more
balanced organization reporting to the president, who would
decide policy questions. A triumvirate composed of the secretary
of state, the secretary of defense, and the national security
adviser, such as had existed in the Kennedy years, seemed ideal.
Cyrus Vance, Harold Brown, and Brzezinski would do the job.
Brzezinski agreed with Carter's
ideas on organizational structure, but never doubted that his
presence in the White House and his daily briefing of the
president gave him the upper hand. He moved quickly to assert
himself, and neither Vance nor Brown was equal to the challenge.
What balance existed - and it was considerable - was provided,
as it had to be, by Carter.
Brzezinski's differences with
Vance were often substantive as well, especially on policy
toward what was then the Soviet Union. Although Vance had few
illusions about the Soviet leadership, he believed that
improvement of Soviet-American relations was both necessary and
possible. Further arms limitation agreements and cooperation in
crisis areas such as the Middle East were essential to avoid
nuclear war. He was not willing to jeopardize progress toward a
sounder Soviet-American detente by disregarding Soviet interests
in the Middle East or fears of Chinese-American rapprochement.
Brzezinski shared Vance's conception of the Soviet Union and the
United States as permanent competitors, but perceived little
hope for significant improvement in the relationship. The United
States had to be firm, seek every advantage it could garner at
Soviet expense, and play on Soviet fears by "playing the China
card." Although Carter initially leaned toward Vance's view, by
the end of 1978 Brzezinski appeared to have prevailed. The
handling of the decision to normalize relations with China
marked the ascendency of Brzezinski and the increasing
alienation of the secretary of state from the policies of the
administration.
Another arena in which Brzezinski
succeeded in establishing his primacy was in the public
presentation of Carter administration policy. Initially, all
concerned had agreed that other than the president, the
secretary of state would be the sole spokesman on foreign policy.
Brzezinski quickly concluded, however, that Vance was not
adequate to the task and took it upon himself. The result, given
the policy differences that emerged between Vance and Brzezinski,
was increased public confusion about America's course and a
decline in confidence in the president's ability to keep his
team running in tandem.
Hostage Crisis in
Iran
Although disagreement over the
handling of the hostage crisis in Iran finally drove Vance from
the administration, Brzezinski had been unhappy with the
original course Vance had plotted and Carter had approved during
the last days of the Shah's rule. Brzezinski was a sincere
advocate of a foreign policy that stressed concern for human
rights, but when he perceived a need to choose between enhancing
human rights or projecting American power, power came first. As
the Shah's regime disintegrated in late 1978, Brzezinski wanted
the United States to urge the Shah to act aggressively, to use
force against his opponents, to carry out a military coup.
Carter refused, sharing the distaste within the administration,
generally for the repressive means the Shah had already
undertaken. After the Shah's abdication, the return of Khomeini,
and the seizure of the American hostages, a desperate president
accepted a rescue plan that Brzezinski supported and Vance
opposed. Vance resigned. The plan failed.
Brzezinski saw Iran as Carter's "only"
fatal error. Probably more than any other single issue, the
prolongation of the hostage crisis cost Carter the election of
1980 (to Ronald Reagan) and resulted in Brzezinski's return to
private life in 1981. Of the accomplishments of the Carter
administration, Brzezinski was proudest of its success in the
Middle East (the Camp David accords), the normalization of
relations with the People's Republic of China, the Panama Canal
treaties, SALT II, the commitment to majority rule in Africa,
the identification of American policy with the human rights
issue, and the plan to strengthen the military and strategic
position of the United States by building the MX missile.
Adviser, Author,
and Observer
Brzezinski remained a prominent
personage during the Reagan administration. During this time he
conceived and advocated a form of detente which he called
"Mutual Strategic Security." This proposal involved both space-based
Strategically Deployed Interballistic missiles (SDI) and ground-based
systems to be maintained by the United States. The United States,
in turn, would limit its nuclear arsenal to a level well below "first-strike"
capability. His conservative politics were notoriously in sync
with right-wing Republican views, with regard to virtually every
aspect of foreign affairs. His highly academic approach to
foreign policy led some to see him as immature and insecure. In
his various writings he occasionally criticized other
politicians for petty idiosyncrasies.
After leaving government service,
Brzezinski, still a young man, wrote a memoir, joined the Center
for Strategic and International Studies at Georgetown University,
served as a consultant to Dean, Witter, Reynolds, Inc., and
waited for another opportunity to exercise power.
Brzezinski was widely interviewed
in 1989 with respect to the Solidarity movement which arose in
Poland, as well as the imminent dissolution of the Soviet Union.
He expressed guarded optimism for the success of the Solidarity
movement in his native Poland, and he avowed emphatic support
for the demise of Communism. He further advocated some degree of
laissez-faire policy by the United States in dealing with
Eastern Europe at such a fragile moment in history. He published
his thoughts on these matters in a book, The Grand Failure:
The Birth and Death of Communism in the Twentieth Century.
Brzezinski then took a peek into the 21st century, based on a
retrospective of the past 100 years, in his provocative
publication, Out of Control: Global
Turmoil on the Eve of the Twenty-first Century.
Throughout his career Brzezinski
has utilized his aggressive perseverance to foster his policies,
keeping him in the forefront as a respected political advisor
and critic. He has established himself as a deep thinker, as
well as a philosopher through his many writings. His published
opinions range from cold war politics to human rights to genetic
engineering. His ideas are at once pessimistic and moralistic,
especially with respect to the culture of the United States. In
a 1993 interview he stated that the "self-indulgent, hedonistic,
consumption-oriented society cannot project a moral imperative
onto the world … Our moral consciousness has been corrupted by …
the equal indifference we assign to all values as if they were
competing products on the supermarket shelf."
Further Reading
The most useful source of biographical material
is his memoir, Power and Principle: Memoirs of the National
Security Adviser, 1977-1981 (1983). See also Cyrus Vance,
Hard Choices: Critical Years in America's Foreign Policy
(1983) and Jimmy Carter, Keeping Faith-Memoirs of a President
(1982).
Additional Sources
Washington Monthly, October 1987.
Maclean's, August 18,
1989.
People Weekly, November
27, 1989.
Time, December 18,
1989.
New Perspectives Quarterly,
Summer 1993.
USA Today Magazine,
November 1993.
Insight on the News,
August 21, 1995.
The Economist, March
11, 1989; March 12, 1994.
Brzezinski, Zbigniew, The Grand Failure: The
Birth and Death of Communism in the Twentieth Century,
Scribner, 1989.
Brzezinski, Zbigniew, Out of Control: Global
Turmoil on the Eve of the Twenty-first Century, Scribner,
1993.
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