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Johann Sebastián Bach

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. Herencia de Johann Sebastián Bach

Nació en Eisenach, Alemania, el 21 de marzo de 1685, formando parte de una familia turingia en la que muchos de sus miembros fueron músicos. El patriarca de esta familia fue Veit Bach, muerto en 1615 y el último de los nietos de Juan Sebastián, Wilhelm Friederich, maestro de capilla en la corte de Berlín, murió en 1846. Fueron padres de Juan Sebastián, Juan Ambrosio Bach y Elizabeth Lämberhirt; se educó en un medio familiar musical extraordinario, donde todo concurría a estimular sus poderosas facultades; célebres eran las reuniones de toda la familia Bach, en las que todos los componentes, eran relevantes músicos ya sea tocando o componiendo. Quedó huérfano de madre a los nueve años, y un año más tarde moría su padre, por lo que hubo de ir a vivir con su hermano mayor, Juan Cristóbal, que desempeñaba el cargo de organista en Ohrdruf, y con quien continuó sus estudios.

(
Retrato atribuido a Johann E. Rentsch "el viejo", año 1715, Bach tenia 30 años. A la derecha)

Su pasión por la música era manifiesta; se cuenta que, en esta época, habiéndose rehusado su hermano a prestarle un libro que contenía piezas de Fröberger, Kerl y Pachelbel, se apoderó de él a escondidas y lo copió a la luz de la luna durante seis meses; se agrega que cuando ya había avanzado bastante en esta labor, fue descubierto por su propio hermano, quien, en un momento de ira, por la desobediencia del niño, destruyó el manuscrito llenando de desolación el corazón del pequeño Juan.

A los quince años entró en la escuela de S. Miguel, en Lüneburgo, quizás recomendado por su maestro Elías Herder, y en atención a su dedicación a la música y asu excepcional voz de soprano en este lugar permaneció ters años, llegando a desempeñar el cargo de "Prefecto de los niños del Coro", y teniendo en ocasiones, oportunidad de actuar no solamente como organista, sino como director del propio coro. A los dieciocho años ocupó un puesto como violinista en la orquesta del conde Juan Ernesto de Weimar, donde permaneció algunos meses.

En 1703 pasó como maestro de capilla a Arnstadt, donde tuvo tiempo suficiente para dedicarse al órgano y a la composición. Estando en este lugar hizo el viaje a Lübeck para oír al gran organista Buxtehude, pidiendo, para tal fin, cuatro semanas de permiso, que se convirtieron en tres meses: por este comportamiento recibió una reprimenda del Consistorio Condal, (de la que se conserva el acta correspondiente), a la cual contestó que "estuvo en Lübeck para imponerse allí de diversas cuestiones relacionadas con su arte... ". En el mismo documento se le llama la atención por no querer atender el "Coro de Niños", ocupación a la cual se revelaría toda su vida.

En 1707, se trasladó a Mulhausen, como organista de la iglesia de S. Blas, tomando posesión el 15 de junio. El 17 de octubre del mismo año contrajo matrimonio con su prima María Bárbara Bach. En 1708 vuelve a Weimar como organista y músico de cámara del dque reinante. Su estancia se prolonga hasta 1717. En esta etapa de su vida el repertorio del órgano y de diversos instrumentos reciben la magistral aportación de J.S. Bach: entre las composiciones de este período figuran la "Tocata y fuga en re menor" y la monumental "Pasacalle en do menor".

Uno de los más importantes acontecimientos ocurridos en esta época fue su "tournée" artística a Dresde en 171: se hallaba allí el notable organista Jean Luis Marchand, (1669-1732) quien no solamente exaltaba la superioridad del arte francés, sino que, además, se proclamaba a sí mismo como el mejor organista, añadiendo que no había en toda Alemania quien pudiese comparársele.

Entre los músicos de Dresde había varios que conocían a Bach, (uno de ellos Jean Baptiste Volumier), quienes le invitaron para competir con Marchand. Aceptó, y después de oír, secretamente, al organista francés, lo desafió por escrito para efectuar un concurso, que consistiría en desarrollar un tema, dado por el oponente en el mismo momento en que se efectuase el acto. Señalado el jurado, el lugar, (la casa del primer ministro Flemming) y la fecha (desafortunadamente perdida), Bach se presentó puntualmente a la hora convenida, pero esperó puntualmente a su rival: Marchand se ausentó de la ciudad en la mañana de ese mismo día, por la posta ligera, dando así, implícitamente, la victoria al maestro alemán, quien recibió de los asistentes no solamente felicitaciones, sino innumerables consideraciones que llevaron su fama por distintos países. Pero el príncipe de Weimar, Wilhelm Ernest, permaneció indiferente al triunfo de su músico: veamos como lo recompensó.

En 1714 había sido designado Bach violín concertista de la orquesta, y con este carácter substituía al director titular, Samuel Drese: esta circunstancia le hizo concebir esperanzas, cuando murió este maestro, de que sería nombrado para sucederle en el puesto; y al no haber sucedido así manifestó su disgusto en forma tan ostensible y destemplada, que fue a dar a la cárcel, arrestado por cuatro semanas. Al ser puesto en libertad presentó su dimisión. En 1717 fue a Cöthen, donde entró al servicio del príncipe Anhalt, quien le confió la dirección de su orquesta. Se inauguró para Juan Sebastián una de las etapas más felices de su vida, gozando de grandes consideraciones y estimación: aquí escribió la primera parte del "Clavecín bien temperado", los "Conciertos de Brandeburgo", música de cámara y obras que tituló "Sonatas", para violín, flauta, viola de gamba, etc., que llegan al límite de las posibilidades técnicas de los instrumentos.

En 1720, mientras acompañaba al príncipe en Carlsbad, murió su esposa, que fue enterrada el 7 de julio. Bach recibió con dolorosa entereza la noticia de la muerte de su mujer, que era "apacible, tranquila y dulce, adornada por dotes musicales suficientes para comprender la obra de su esposo, y ofrecerle, de puertas adentro, un hogar honrado y virtuoso". Sin embargo, al año siguiente contrajo nuevas nupcias con Ana Magdalena Wülken, efectuándose la ceremonia en el hogar del maestro el 3 de diciembre de 1721. La forma en que se conocieron se encerró dentro de las siguientes circunstancias: Bach había ido a Hamburgo a escuchar, una vez más, al organista Reinken, quien después de oírlo improvisar le dijo: "Creía que este arte había muerto ya, pero veo que sigue viviendo en vos".

Durante su estancia en esta ciudad conoció a Ana Magdalena: ella misma lo relata en su "Pequeña Crónica", que ha sido calificada como "un canto de amor al hogar". Dice así:

"En el invierno de 1720 acompañe a mi padre a Hamburgo... Al día siguiente de mi llegada, mi tía me llevó de compras por la ciudad y, a la vuelta, al pasar frente al templo, se me ocurrió la idea de conocerlo. Empujé la puerta y tales sonidos maravillosos escuché difundirse por el aire, que me parecieron arrancados por algún arcángel. Deslíceme en silencio hasta el interior y me quedé inmóvil. Miraba hacia el órgano situado sobre la galería del oeste; subían hacia la bóveda los enormes tubos, pero no podía ver al organista. No sé cuánto tiempo permanecí de ese modo en la iglesia vacía, toda oídos, cual si hubiera echado raíces en las baldosas. En la embriaguez de aquella música perdí por completo la sensación de las horas. Cuando, tras haber estremecido el espacio con una serie de radiantes acordes, la melodía cesó, súbitamente, yo permanecía aún de pie, estupefacta, como si los truenos que brotaban de las galerías mágicas debieran seguir vibrando todavía. Entonces el organista, Sebastián en persona, apareció en la tribuna y se acercó a la baranda; yo tenía aún los ojos alzados cuando él me vio. Le miré un instante, demasiado asustada por su repentina aparición, para hacer un movimiento. Tras un concierto semejante, más que a un hombre, esperaba contemplar a S. Jorge mismo. Me eché a templar, cogí mi capa, caída al suelo y presa del incontenible pánico, me precipité fuera de la iglesia..." "La figura de Juan Sebastián Bach era extraordinaria: aún cuando no era demasiado alto, sigue diciendo Ana Magdalena, daba la impresión de ser muy grande, grueso, ancho y fuerte como una roca. Rodeado de otros hombres, parecía, físicamente, más considerable, aún cuando solamente su corazón y su espíritu fueran más grandes y poderosos que los demás. Era grave y calmado, pero estando cerca de él, se sentía que sobrepasaba a todos en calidad espiritual y humana"

En 1723, Bach parte para Leipzig a tomar posesión del puesto que ocuparía hasta su muerte: "Cantor de la iglesia de Santo Tomás y director de la música de la Universidad". Cumpliendo rigurosamente con los deberes que tenía encomendados, encontró la manera de hacer algunos viajes, entre ellos el que emprendió a la corte de Federico el Grande, llegando a Potsdam el 7 de mayo de 1747, acompañado de su hijo Emmanuel. Se cuenta que cuando el monarca fue enterrado de que había llegado, voliéndose a los músicos de su orquesta, dijo con cierto tono de impaciencia: "Señores: el viejo Bach acaba de llegar". Y dio las órdenes para que el gran maestro se presentara inmediatamente en palacio. Al llegar dijo: "señores: ponéos de pie, que el gran Bach está entre nosotros". En los últimos años de su vida, Bach padeció una enfermedad de los ojos que empeoró hasta dejarlo completamente ciego. Su muerte ocurrió el martes 29 de julio de 1750, alas ocho y cuarto de la noche.

Los detalles nos son revelados por la propia Ana Magdalena. Dice: "Había puesto música, en su lecho de muerte, al coral "Estoy ante tu trono", (dictado a su hijo político Cristián), y cuando terminó dijo: -"Será la última música que componga en este mundo... ...Miré el rosto de Sebastián, apoyado en la almohada, luego el manuscrito de su último canto... Por fin me llamó: -"¡Magdalena querida, ven, acércate...!" Sobrecogida por el extraño templor de su voz me volví... Había abierto los ojos. Me miraba, me veía. Sus ojos apretados por los sufrimientos se abrían con un brillo doloroso. La recuperación de la vista, pocos instantes antes de la muerte, fue el último don de dios a mi marido. Vio una vez más el sol, a sus hijos, a mi misma, vio a su nieto que Isabel le presentaba y que llevaría su nombre.

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Le mostré una bella rosa roja y su mirada se clavó en ella.

- "Hay cosas mejores allá, Magdalena, colores más hermosos, músicas que ni tú ni yo hemos oído jamás..." Pronto vimos que el fin se aproximaba. -"Quiero oír un poco de música", -dijo... Dios me insipiró y escogí un coral "Todos los hombres deben morir"... Los demás se unieron hasta completar las cuatro partes. Mientras cantábamos, una gran paz descendía sobre el rostro de Sebastián, libre ya de las miserias del mundo!.

Juan Sebastián Bach confirma la frase que dice: "El verdadero hombre jamás deja de aspirar a metas superiores y de desarrollarse mientras viva". Fue un ejemplo de aspiración sublime, cumpliendo estrictamente con las obligaciones que contraía; cuando faltaba a sus compromisos era para elevarse sobre la opinion corriente y dar oídos a su impulso de genio. Dotado de un sano juicio amó a sus esposas con verdader fidelidad, enraizó en su hogar como un gran patriarca: de sus dos mujeres tuvo veinte hijos, de los cuales solamente diez, seis hombres y cuatro mujeres, le sobrevivieron. Amó la libertad y la integridad personal. Kitell dijo de él: "Era un hombre de gran bondad". Como maestro fue ejemplar: observando a sus alumnos componía para ellos lo que les hacía falta.

Detestaba, en cambio, a los flojos, incumplidos, léperos y tramposos; más de una vez, al perder el juicio con ellos, se quitó la peluca que su cargo le obligaba a usar, para "Batir con ella a esos pillos". Como músico no tiene compañero: "Es el más grande que ha producido la humanidad". En todos los géneros que cultivó dejó modelos que permanecen insuperados hasta ahora. En todos los necargos y puestos que desempeño encontró un motivo para componer obras geniales; podía aplicársele el atributo de Midas: "Convertía en oro cuanto tocaba".

(
Bach por Elias Gottlob Haussman (Leipzig) pintado en el año 1746, Bach tenia 61 años.
Esta en el antiguo ayuntamiento de Leipzig. Bach enseña la partitura de un canon a 6 voces propio. Detalle de la obra, a la derecha)

Doscientos doce años despues de su muerte todos reconocen que no hay arte superior al suyo, proclamado por su elevación, por su fecundidad, por su perfección absoluta, por su inmensidad aérea; se le proclama como el mayor de los artistas de todos los tiempos. Su obra comprende más de cincuenta volúmenes. La palabra Bach, en alemán, significa arroyo.

Pero se ha dicho de Juan Sebastián: "No era un arroyo, es el océano completo de la música". Por eso todos los músicos le han rendido tributo de admiración y van a su música como se acude al manantial más inagotable de la más prístina pureza y de la más saludable aspiración. Phillip Spitta dijo de él: "Ya jamás podrán caer de nuevo en el olvido ni el nombre ni la obra de Juan Sebastián Bach, dondequiera que viva el espíritu de la música".

Tomado de Guillermo Orta Velázquez, "100 Biografías en la Historia de la Música", Ed. Joaquín Porrúa, 1962.


Herencia de Johann Sebastián Bach - Paloma Socías Casquero - eugenion@navegalia.com

En este ensayo sobre la figura de Juan Sebastián Bach, veremos cual ha sido la influencia de éste en los demás compositores de la historia. Aunque murió sin conocer el éxito, cuesta pensar en una música más admirada o más influyente que la suya. De Mozart a Schönberg, de Brahms a Strauss, de Beethoven a Shostakovich, muy pocos han sido los compositores que no han rendido su tributo de admiración en una forma u otra.

Sus propios hijos fueron, cada uno en su estilo, sus primeros continuadores de su obra: Wilhelm Friedemann Bach, llamado el "Bach de Halle", siendo el más enigmático de sus hijos, fue también uno de los más dotados. Su música, original y a veces sorprendente, sigue siendo uno de los más bellos testimonios del estilo "moderno" y "sensible" del siglo XVIII. A pesar de que le atraía el nuevo lenguaje, Wilhelm estuvo muy influido por la obra de su padre, fundiendo así en su música, elementos conservadores y modernos, teniendo por tanto, un estilo muy personal y un gran temperamento.

(
Bach a los 35 años, por J. J. Ihle, pintado en 1720, esta en el museo de Bach, Eisenach. A la derecha)

Carl Philip Emanuel fue el Bach más famoso de su tiempo, llamado también el "Bach de Berlín". Aunque discípulo de su padre, adoptó la nueva escritura llamada estilo galante e hizo muchas innovaciones para dar vida a la Sonata, que empezaba a decaer. No en vano ha sido considerado como el padre de la Sonata clásica y, aunque nunca abandonó la tradición heredada de su padre, sí buscó su estilo original, y entre sus más importantes innovaciones se encuentran el haber sustituido el estilo fugado por el estilo libre o galante, el establecimiento de la segunda melodía en el primer tiempo, la importancia de las partes medias, etc. Aunque su melodía no alcanza gran altura, el ritmo y la armonía imprevista dan un sabor peculiar a su obra.

Johann Christian, llamado el "Bach de Londres" o "Bach de Milán", no recibió especial influencia de Johann Sebastian ya que, aunque trabajó con su padre cuando era muy joven, su primer y verdadero maestro fue su hermano Carl Philip. Destacó más en ópera, género musical que su padre había desdeñado. Mozart lo consideraba el mayor genio musical del siglo.

El influjo de Bach sobre compositores posteriores se basa principalmente en tres grandes pilares de los que el músico barroco puede considerarse como un auténtico maestro: la ornamentación, la fuga y la variación. Aunque ya los maestros renacentistas usaron la ornamentación en gran parte de sus composiciones, en toda la obra de Bach los ornamentos están presentes en forma de notas de adorno, apoyaturas, grupetos, trinos, etc, y todos los compositores venideros (Haydn, Mozart, Beethoven, Chopin) los han utilizado basándose en ellos.

Después de Bach, la fuga casi desaparece durante el siglo XVIII en favor de la Sonata, entonces triunfante, y sólamente la emplearon algunos maestros como forma arcaica. El temperamento de W. A. Mozart se prestaba poco para cultivar este género, pero a pesar de ello compuso alguna para clave, además de un final fugado para pequeña orquesta, que figura en su Galimatías musical compuesta a los doce años, y la más famosa, la del Kyrie de su esplendoroso Requiem. Pero sin duda sus modelos fueron Carl Philip Emanuel, tal y como reflejan sus sonatas, y su hermano Johann Christian, cuya impronta es patente en la Fantasía y Fuga en do menor.

Si bien las primeras sonatas de L. van Beethoven están impregnadas del "estilo galante" de C. P. Emanuel Bach y de los elementos y formas de Haydn y Mozart, en la construcción de las fugas, siendo inferiores a las de Bach, queda patente la influencia de éste aunque con más expresividad y dramatismo. Beethoven incorpora las fugas a sus grandes obras, empleándola como desarrollo o como pieza independiente. El final de la Sonata Op. 110 es sin duda la fuga más bella que se ha escrito después de las del maestro barroco.

Bach fue el primer minimalista de la historia: con motivos muy cortos, de tan sólo cuatro notas a veces, que se repiten, se entrecruzan, se multiplican, cambian de armonía, etc, establece el "Tema con Variaciones", género adaptado por muchos compositores aunque ya anteriormente aparece en algunas obras de compositores renacentistas con el término "diferencias", que son variaciones propiamente dichas. Después de las Treinta variaciones sobre un aria en sol (Variaciones Goldberg) tenemos las Variaciones para clave de Haendel o los Andante con variaciones de Mozart o de Beethoven y los Estudios Sinfónicos en forma de variaciones de Schumann. Con respecto a la ampliación temática o gran variación, Bach es el pionero tal y como lo refleja en sus corales. El Coral variado es la manifestación más antigua que se conoce de la ampliación de un tema. Bach compuso nueve corales con ampliación, y aunque después de él este genero caería en desuso, Beethoven, en el último periodo de su vida, volvió a emplearlo, dando así a la gran variación todo el valor musical que ningún compositor había dado desde J. S. Bach, tal y como lo demuestra en sus 32 variaciones sobre un vals de Diabelli.

En el periodo romántico fueron varios los autores que compusieron obras relativas a Bach como Robert Schumann, quien desde 1845 se dedica al estudio de las obras de aquél (el Clave bien temperado era su pan cotidiano), de lo cual resulta una serie de obras contrapuntísticas: Estudios Op. 56 y Bocetos Op. 58 para piano de pedales, 6 Fugas sobre el nombre B.A.C.H. Op. 60 para órgano y 4 Fugas Op. 72 para piano.

Ya dijimos en el anterior arículo que Felix Mendelssohn dirigió en 1829 la Pasión según San Mateo, haciendo resurgir con ello la obra de Bach. Sentía verdadera veneración por el genio alemás y, tras instalarse en Leipzig, la influencia de éste fue cada vez mayor. Compone los Preludios y Fugas Op. 35 para piano y el Op. 37 para órgano, inspirados en corales y fugas barrocas y logrando una síntesis de polifonía y estilo pianístico libre. Asimismo compuso dos Oratorios (el de San Pablo y Elías) que son una verdadera imitación bachiana.

Franz Liszt compuso las Variaciones sobre la Cantata BWV 12, cuyo tema principal proviene del primer coro de la mencionada Cantata, y con un bajo ostinato que no es otro que el Crucifixus de la Misa en Si menor de Bach. Otra de sus grandes obras es la Fantasía y Fuga sobre el nombre de B.A.C.H (1855), cuya adaptación pianística hecha en 1871 no ha destronado la versión original que pertenece plenamente al universo del órgano.

Pero sin duda la fuga romántica más importante es la de César Frank en su Preludio Coral y Fuga en la que no sólo hace un homenaje en la fuga sino que el preludio y el coral están inspirados en el último coral de la Pasión según San Juan.

Ferruccio Busoni, pianista y compositor italiano, que consideraba a Liszt como el Omega del piano siendo Bach el Alfa, emprendió con 22 años un monumental trabajo: la transcripción para piano de todas las obras para órgano de Bach. Una de sus piezas más importantes es la Fantasía contrapuntística sobre la última obra inacabada de J. S. Bach. Se refiere a la última fuga de El arte de la Fuga.

Rimski-Korsakov, compositor ruso del siglo XIX, compuso varias fugas y 6 variaciones sobre B.A.C.H. Op. 10, escritas en 1878. Esta obra se compone de Vals, Intermezzo, Scherzo, Nocturno, Preludio y Fuga. De escritura interesante, el tema es generalmente utilizado en "cantus firmus" a diferentes voces.

Camille Saint-Saëns, compositor francés del XIX, rinde homenaje a Johann Sebastian con sus 6 Fugas Op. 161, obra tardía de una rigurosa arquitectura. El músico Max Reger, en su obra Variaciones y Fuga sobre un tema de B.A.C.H. Op. 81 desarrolla el tema tomado de la Cantata BWV 128. Se trata de 14 variaciones concebidas dentro de la tradición de las Variaciones Goldberg.

Ya en el siglo XX tenemos al compositor ruso Dimitri Shostakovich, quien en 1951 compuso un ciclo de 24 Preludios y Fugas Op. 87 en homenaje a Bach, tras haber asistido a los conciertos del bicentenario del nacimiento de éste en Leipzig. En un concurso organizado para celebrar el evento, la pianista Tatiana Nikolaeva interpretó los 24 Preludios y Fugas de Bach. Shostakovich, que era presidente del jurado, le otorgó el primer premio y se inspiró en esta obra para componer la suya. Este es el primer ejemplo de este género en la música rusa. Aunque es un homenaje a El Clave bien temperado, Shostakovich procede de manera diferente en cuanto al orden de las tonalidades: mientras Bach progresa por semitonos cromáticos, haciendo suceder el mayor y el menor de cada grado (do mayor, do menor; re bemol mayor, do sostenido menor; etc), Shostakovich guarda el orden del círculo de quintas con la alternancia del mayor y su relativo menor. Las fugas son a dos, tres, cuatro y cinco voces, y dos fugas dobles. Terminada la composición en la primavera de 1951, la estrenó Nikolaeva en diciembre de ese mismo año en Leningrado. De esta obra diría el mismo Shostakovich -uno de los músicos del siglo XX más cercano a Bach-: "he vuelto al formalismo. Bach es imbatible en su terreno. Nosotros solo podemos superarlo en rebeldía furiosa y desgarro interior".

Béla Bártok, compositor húngaro, compuso a los cuarenta años los 6 cuadernos del Mikrokosmos : 153 piezas de un valor pedagógico sin rival desde las Invenciones y Preludios y Fugas de Bach. Los comentaristas nunca han omitido el completamente justificado paralelismo con el Clavierbüchlein, escrito dos siglos antes por J. S. Bach para su hijo W. Friedemann, y con los 12 Pequeños preludios para los principiantes. Aunque hay similitud en las formas (canon, coral, variación, etc) hay que señalar una gran diferencia de inspiración: los temas del Mikrokosmos están basados en melodías del folclore de la Europa central y oriental. Los números 79 y 91 son un claro homenaje al compositor alemán. Su obra Nueve pequeñas piezas compuesta en 1926 está dividida en tres cuadernos, y en dos de ellos muestra por primera vez, al igual que en su Concierto, la fuerte influencia del contrapunto lineal de J.S. Bach. El primer cuaderno especialmente se compone de Cuatro diálogos, que son en realidad cuatro auténticas invenciones a dos voces. El segundo cuaderno contiene un Minueto y un Aire cuya polifonía no sólo recuerda a Bach sino que se remonta hasta Frescobaldi.

Heitor Villa-lobos, compositor brasileño nacido 1887, sintió una sincera admiración por Bach. Desplegó una intensa actividad musical, no sólo como compositor sino también como pedagogo, y organizó grandes conciertos que hicieron descubrir a sus compatriotas las obras corales de Johann Sebastian. Sus nueve suites tituladas Bachianas brasileiras funden el idioma musical del músico barroco con los poderosos ritmos y melodías de la música tropical. Utilizando instrumentos nativos del Brasil en unas, el violoncello o el coro en otras, el resultado de todas ellas es un conjunto de piezas basadas en las cantatas bachianas de una belleza singular. Tienen doble título: por un lado y evocando al barroco las denomina Adagio, Fuga, Aria, Preludio, Toccata, etc, y por otro, aludiendo a la música popular añade Mouriña, Ponteio, Desafío, etc. Villa-lobos organizó orfeones masivos de 11.000 y hasta 40.000 cantores para acercar Bach a los niños de la calle. Por deseo del propio compositor hoy día la música de Johann Sebastian es parte imprescindible de la enseñanza musical en Brasil. En el Museo Villa-lobos de Río de Janeiro se imparten clases gratis dos veces en semana para que los niños pobres accedan a la música: cantatas y corales, choros y bachianas conviven en sus atriles.

Arnold Schönberg, compositor vienés, fue el fundador de la segunda Escuela de Viena junto con Alban Berg y Webern. Dentro de sus Piezas Op. 23, la primera, titulada Sehr langsam, es una auténtica invención a tres voces en la que la voz intermedia traspone la notación de las letras B. A. C. H. La pieza, en su recorrido, desarrolla un contrapunto cromático de una soberana soltura.

El pasado día 6 de octubre, la segunda cadena de TVE emitió un documental muy interesante titulado "En clave de Bach", en el cual se le relacionaba con compositores como los ya citados Shostakovich y Villa-lobos así como con el pianista de jazz Jacques Loussier. Bach fue el primer improvisador de renombre en la música culta. Desde 1959, con ese mismo espíritu, el pianista francés improvisa con su trío a ritmo de swing sobre las partituras del gran maestro de la improvisación. Las Variaciones Goldberg las ha trasformado en jazz porque le ha inspirado la primera página que dice: "treinta improvisaciones sobre un tema", recargándolas con más ornamentos, añadiendo un bajo y una batería, cambiando las manos, variando el tempo, en definitiva, hermanando barroco y jazz -estilos de los siglos XVIII y XX- sobre un escenario. Otros intérpretes, como The Swingle Singers, Ludovica Mosca y Manel Camp, y el pianista Uri Caine traducen la música del cantor de Leigzip al lenguaje del jazz.

El siglo XX, siglo de la imagen, no sólo ha necesitado reescuchar a Bach, sino verlo en movimiento. En el documental citado, la compañía de danza del bailarín Nacho Duato se expresa en el escenario al son de las notas de una adaptación de El arte de la fuga, así como del Concierto para cuatro claves, cuya coreografía dispone a los bailarines simulando ser notas musicales que se mueven dentro de un pentagrama sobre una imaginaria partitura de Bach. Su música se ha reinterpretado más de una vez; incluso el grupo británico The Beatles utilizaron acordes bachianos en sus últimas composiciones.

En su día, Bach fue un compositor barroco; Mozart y Haydn lo convirtieron en un clásico; Mendelssohn y Schumann hicieron de él un romántico; Villa-Lobos y Jacques Loussiers lo presentaron como un hijo del siglo XX. Bach es y seguirá siendo siempre, nuestro contemporáneo.

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