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Camus, Nobel 1957
- Albert Camus Biografía
Entre escritores
Hemos visto que entre nuestros personajes importantes
hemos tocado filósofos, conquistadores, reformistas religiosos, músicos,
poetas y, sobre todo, escritores. También es cierto que, entre estos últimos,
los dedicados al trazo de la pluma, han sido personas con características
muy propias, muy definidas...
Hablar sobre un escritor, tocar el tema de un novelista,
literato o dramaturgo implica siempre conocer un poco más acerca de su
vida personal. Esto ayuda, en cierta medida, a explicar el por qué de
tales escritos, el por qué de tales pensamientos o el por qué de tal o
cual filosofía.
Hoy nos avocaremos a conocer algo más acerca de la vida
y obra de un escritor argelino (que pudiéramos tomar como francés),
llamado Albert Camus, que nos diera entre algunas de sus grandes obras: El
Extranjero, La Peste, La Caída, El Rebelde, Calígula y otras
Albert Camus
Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi,
pequeña ciudad de la provincia de Constantina, en Argelia. Su padre era
un humilde agricultor al que no llegó a conocer pues éste moriría en
1914, cuando el futuro escritor era apenas un bebé de escasos meses de
edad.
Su madre, por otra parte, era de origen español; y, tal
vez, ella tuvo mucho que ver en el desarrollo y personalidad de este niño
que más tarde sería conocido en todo el mundo como uno de los grandes
escritores y novelistas de la literatura francesa.
Así, con estos orígenes, mezcla francesa, española,
argelina, europea y norafricana, Albert Camus iría a trazar poco a poco
su vida. Las confluencias, las ideas, los rumbos y los derroteros le
marcarían y dejarían huella. Su vida marcharía por mil rumbos y pronto
todos sabrían de él
Su niñez
Camus fue un niño inteligente, físicamente no muy
fuerte, pero sí con el verdadero ánimo para interesarse tanto por sus
estudios como por los deportes. Era un niño -se dice- tierno, serio, simpático...
Muy inteligente. Un alumno brillante, aficionado a los deportes,
especialmente al fútbol y a la natación.
Los primeros años de escuela, pudiera decirse, fueron fáciles
para el pequeño Albert, quien al parecer, encontraba tiempo para hacer
todo lo que quería. Excelente jugador de fútbol y excelente nadador,
Camus se entretenía no solamente haciendo goles, portereando, o nadando
en primero o segundo lugar de orilla a orilla. Nuestro personaje se
empezaba a interesar ya por los libros, las novelas y los viajes
La juventud
En fecha que no pudiera precisar de momento, Camus
empieza a estudiar su bachillerato. Luego, al terminar éste, comienza su
carrera universitaria en la Facultad de Filosofía y Letras de Argel. Sin
embargo, las condiciones eran sumamente difíciles. No cuenta ni tiene
recursos financieros como para estudiar y mantener y ayudar al mismo
tiempo a su madre.
Camus decide entonces dedicarse a toda una clase y serie
de trabajos y ocupaciones. Es oficinista, empleado, vendedor de accesorios
para automóviles, meteorólogo, empleado de oficina de una agencia marítima,
empleado de oficina en una Prefectura (Policía). Todo esto sin abandonar
nunca los deportes ni sus estudios universitarios de filosofía.
Sus primeros años de universitario
Camus es un joven amante y apasionado del teatro. Le
gusta la problemática social, lo interno, lo que va más allá del
pensamiento y la propia existencia cotidiana. Empieza a escribir, pero
antes se licencia en filosofía con una tesis sobre San Agustín y Plotino.
Se interesa luego por ser maestro y catedrático. Aplica
y se prepara para las "oposiciones" como agregado a la
Universidad, pero la tuberculosis que le aqueja le impide presentarse a
ellas. Esto no sería obstáculo para que más tarde se presentase, ya
siendo conocido, como conferencista huésped no solo en esta sino en otras
muchas universidades, tanto de Argel como de Europa
Camus: los primeros pasos
Desde muy joven, Camus había sentido una verdadera pasión
por el teatro. Aprovecha los ratos de ocio que los médicos le han
impuesto (debido a su enfermedad), para reunir a un grupo de amigos y
fundar una compañía a la que le ponen el nombre de L'Equipe.
Camus se convierte en director y actor.
Más tarde las autoridades prohibirían el que se
siguiera representando una de las principales obras que la nueva compañía
estaba llevando a las tablas. Se trataba de La Révolte des Asturies
("La rebelión de Asturias"), obra escrita por el propio Camus,
y que relata la rebelión de los mineros de Asturias en 1934, tema de
actualidad (en ese tiempo), y peligrosamente subversivo a juicio de las
autoridades
Sus primeras obras
Camus empieza no sólo a escribir sino adaptar obras de
otros autores. Inicia primeramente con Le temps du Mépris
("El tiempo del desprecio"), de André Malraux, novela
impregnada de tintes e ideas revolucionarias. Más adelante su compañía
representa la obra El paquebote Tenacity, de Charles Vildrac; La
mujer silenciosa, del dramaturgo inglés Ben Johnson; el Prometeo,
de Esquilo (según versión del propio Camus); y Los hermanos Karamazov,
en versión teatral camusina, donde nuestro personaje interpreta el papel
de Iván Karamazov.
El tiempo pasa, pero ni el teatro ni la literatura
agotan sus energías. Camus empieza a viajar. Visita España, Italia y
Checoslovaquia. Su propósito no es realmente la diversión o el placer
turístico. Lo que le interesa, más bien, es el ampliar sus horizontes y
conocer el estilo y vida de la gente
Su vida y los viajes
Camus es un hombre perceptivo. Va al fondo de las cosas.
Los viajes le abren esa introspección hacia el sentimiento y el por qué
del absurdo. Muchas cosas pueden suceder, uno tratará de explicarlas,
pero tal vez no se encuentren respuestas. Así será la filosofía o el
pensar de Camus.
De los viajes obtiene experiencias, obtiene
conocimientos. El viajar le permite ensanchar el horizonte. Claro, Camus
es pobre y no puede darse el lujo de viajar en trenes de primera o
autobuses de primera línea. Recurre a pasajes ya no de segunda, sino de
tercera. Se acomoda y hospeda en hoteles muy modestos.
Su origen es pobre y esto él no lo olvida. Sus lazos
siempre estarán con los pobres y los humildes. En sus obras siempre se
verá esto. Además, habrá otros datos que indiquen su cuna de pobreza
como dato que indica que al parecer la madre de Camus no sabía leer.
También habrá otros recuerdos que el propio Camus dejaría escritos en
diversos artículos.
De sus primeros viajes proceden las páginas
descriptivas de su primer libro, L'envers et l'endroit ("El
derecho y el revés"), el cual aparece en 1937 y que no provoca
comentario alguno. Luego, al año siguiente, publica Noces
("Bodas"), una evocación y poema lírico de esa cálida y
hechizante tierra africana
Los viajes desnudan el alma
Viajes, lirismo y poesía van siempre acompañados. Esto
lo dice Camus. "La poesía existe con anterioridad a la experiencia
absurda". Los viajes -para nuestro personaje- son una experiencia. Y
esta experiencia de sus viajes le conduce muchas veces al lirismo, otras
veces a lo absurdo.
Para Camus, los viajes desnudan el alma. "El temor
es el precio del viaje. El temor destruye en nosotros una especie de
decorado interior. Ya no es posible engañarse, ocultarse detrás de las
horas de oficina y del taller. Esas horas contra las que tanto protestábamos,
pero que nos defienden tan bien contra el sufrimiento de estar
solos)."
Camus apunta: "¿Qué sería de mí sin mis horas
de oficina?". Luego, volviendo a lo de los viajes dice: "El
viaje nos quita el refugio. Lejos de los nuestros, de nuestro idioma,
privados de todo apoyo, de nuestras máscaras (no conocemos las tarifas
del tranvía, y todo es por el estilo), estamos por completo en la
superficie de nosotros mismos".
De esta forma nos denudamos. No tenemos otra compañía
mas que la de nosotros mismos. La conciencia, replegada sobre sí misma,
sin protección, recibe mayor impacto y fuerza una serie de impresiones
sensoriales que muchas veces no se pueden manejar. Estas nos aniquilan,
nos aplastan, nos deshacen, nos matan. Será como un hombre en un paisaje
que le es extraño donde sólo el hombre inteligente sabrá sobrevivir.
Sus primeros libros
Sus primeros libros y sus contactos literarios llevan a
Camus al periodismo, primero en Argel y luego en París. Llega la guerra y
la ocupación alemana. Camus se lanza a la resistencia. Inicia la
publicación de un periódico clandestino, Combat, como redactor en jefe,
y sigue trabajando intensamente en sus novelas y libros de ensayos.
En 1942 la casa editora Gallimard, por consejo de André
Malraux, le publica a Camus su primera novela: L'Etranger ("El
Extranjero", traducido en algunos países con el título de "El
Extraño"). Un año más tarde, en 1943, aparece Le Mythe de
Sisyphe ("El mito de Sísifo"). La fama de Camus empezaba a
cundir
Otras de sus obras
Las obras de Camus fueron dándose a conocer. Lentamente
en un principio, más aprisa después, el escritor daba a conocer sus
nuevas novelas y libros. Trabaja a un ritmo acelerado, se interesa
nuevamente por el teatro, una de sus máximas pasiones. Así vendrían las
representaciones y puestas en escena de obras tales como Le Malentendu
("El malentendido"), en 1944; y Calígula, en 1945.
Luego vendría otra de sus grandes obras: L'état de
siège ("El estado de sitio"), en 1947, drama que se
desarrolla en la España del Siglo de Oro; y Les Justes ("Los
justos") que trata acerca de la conciencia y el drama interior de los
revolucionarios, una obra que se representa allá por los inicios de los años
'50
Físico, figura y rasgos
El Camus de estos años es un joven pálido, delgado, de
cara seria y delgada, de rente alta y despejada. Cabellos negros y mirada
grave. Le gusta fumar, fuma incesantemente. Trabaja de noche en la redacción
del periódico Combat; por las mañanas se le ve en los cafés.
Camus es un hombre incesante. Asiste a los ensayos de
sus obras. Escribe, redacta, da conferencias. Viaja a los Estados Unidos y
va a las Universidades. Dicta pláticas, seminarios y conferencias. La
gente le acoge con beneplácito. Le queda aún tiempo para ayudar a sus
compañeros de Resistencia.
Su gran amigo es el poeta René Char. Sus maestros son
varios. En primer lugar, él mismo lo aclara está su profesor de la
Universidad de Argel, Jean Grenier; también el filósofo ruso Chestov.
Otras influencias en Camus son André Malraux y
Franz Kafka, así como el
norteamericano Melville, autor de Moby Dick
El yo interno de Camus
Se dice que uno de los rasgos más característicos de
Camus era su fidelidad. Nunca abandonaba a sus amigos. Fiel a sus
costumbres, nuestro personaje jamás abandona sus antiguas inclinaciones.
Vive largos años en París, pero le obsesiona el destino de África del
Norte. Escribe mucho sobre ella, lo mismo que sobre el problema de la
Resistencia española.
Sigue interesándose por el teatro, el cual es su vida,
es su fuerte. Y así, cuando no podía escribir teatro, se contentaba con
adaptar obras de otros. Es así como se le ve adaptar luego La devoción
de la Cruz, de Calderón de la Barca; Réquiem para una monja, de
William Faulkner; y la pieza Caballero de Olmedo, de Lope de Vega
Más y más obras
Camus era un hombre prolijo. En 1947 aparece una de sus
obras cumbres, La Peste, novela dramática que se desarrolla en la ciudad
africana de Orán. Luego, en octubre de 1951 se publica L'Homme Révolté
("El Rebelde"), libro en el que Camus habla o escribe sobre los
problemas internos del hombre: su rebeldía, la rebelión metafísica,
moral, política y social que va contra su destino, contra la sociedad y
contra la historia.
Luego, en 1958, escribe La Chute ("La Caída").
También un libro de cuentos llamado L'Exil et le Royaume ("El
destierro y el reino"). Finalmente, en 1957, Camus recibe el Premio Nóbel
de la Literatura. Su obra ya había llegado lejos. Ahora Camus estaba
frente al público. Un público que esperaba sus palabras y para quienes
el premio Nóbel diría:
"¿Cómo podría un hombre joven, rico en dudas
únicamente y cuya obra está todavía en elaboración, acostumbrado a
vivir en la soledad o entre unos pocos amigos, enterarse sin cierto pánico
de una decisión que lo colocaba súbitamente, solo y reducido a sus
propias fuerzas, en el centro de una luz intensa? ¿Con qué ánimo podría
recibir este honor en el momento en que, en Europa, otros escritores,
entre los más grandes, se ven reducidos al silencio?"
Lo principal de la obra de Camus
Camus fue un genio de las ideas y el existencialismo.
Sus obras muestran y palman el sentir de un hombre y un pueblo. El
"comprometerse" a la vida, como el caso de "El
Extranjero". Esa absurda, vacía y llena de desgracia. Una vida
que carece de sentido, fría y superficial en que los días se pasan sin
que haya una razón de ser.
El caso de El Rebelde, ya citado con
anterioridad, y una de sus máximas obras, La Peste, donde habla
sobre el problema de la fe, el llegar a la decisión de tener que aceptar
o negarlo todo. Una "peste" que a todos llega y se impregna
hasta en el rincón más profundo del alma.
La Peste, una obra realmente profunda, donde se
lee: "En Orán, como en otras partes, por falta de tiempo y reflexión,
se ve uno obligado a amar sin darse cuenta". Donde uno no sabe si es
capaz de morir por amor; un lugar y un tiempo, como decía el padre
Paneloux, donde "ha llegado el momento en que es preciso creerlo todo
o negarlo todo. Y ¿quién de entre vosotros se atrevería a negarlo
todo1?"
Camus: el escritor
Escritor rebelde y comprometido, filósofo profundo que
trataba de hallar su verdad. Un hombre para quien el suicidio no valía la
pena, que pensaba que aunque la vida no tuviera sentido habría que
vivirla. No un fatalista, sino más bien un hombre siempre entregado a la
reflexión y pensamiento. Tal fue Camus
El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió
a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la
trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y
trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo
aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por
encontrar significado y razón a sus vidas. Así, en El extranjero (1942),
el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin
más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947)
luchan con valentía contra el absurdo
Fuente: Federico
Ortíz-Moreno
Albert Camus. Bio
Camus, Albert (1913-1960), novelista, ensayista y
dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes
posteriores a 1945. Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y
conciso, refleja la philosophie de l'absurde, la sensación de alienación
y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la
dignidad y la fraternidad humana.
Camus nació en
Mondovi (actualmente Drean, Argelia), el 7 de noviembre de 1913, y estudió
en la universidad de Argel. Sus estudios se interrumpieron pronto debido a
una tuberculosis. Formó una compañía de teatro de aficionados que
representaba obras a las clases trabajadoras; también trabajó como
periodista y viajó mucho por Europa. En 1939, publicó Bodas, un conjunto
de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y
viajes. En 1940, se trasladó a París y formó parte de la redacción del
periódico Paris-Soir. Durante la II Guerra
Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa y de 1945 a 1947,
director de Combat, una publicación clandestina.
Argelia sirve de
fondo a la primera novela que publicó Camus, El extranjero (1942), y a la
mayoría de sus narraciones siguientes. Esta obra y el ensayo en el que se
basa, El mito de Sísifo (1942), revelan la influencia del existencialismo
en su pensamiento. De las obras de teatro que desarrollan temas
existencialistas, Calígula (1945) es una de las más conocidas. Aunque en
su novela La Peste (1947) Camus todavía se interesa por el absurdo
fundamental de la existencia, reconoce el valor de los seres humanos ante
los desastres. Sus obras posteriores incluyen la novela La caída (1956),
inspirada en un ensayo precedente; El hombre rebelde (1951); la obra de
teatro Estado de sitio (1948); y un conjunto de relatos, El exilio y el
reino (1957). Colecciones de sus trabajos periodísticos aparecieron con
el título de Actuelles (3 vols., 1950, 1953 y 1958) y El verano (1954).
Una muerte feliz (1971), aunque publicada póstumamente, de hecho es su
primera novela. En 1994, se publicó la novela incompleta en la que
trabajaba cuando murió, El primer hombre. Sus Cuadernos, que cubren los años
1935 a 1951, también se publicaron póstumamente en dos volúmenes (1962
y 1964). Camus, que obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura, murió
en un accidente de coche en Villeblerin (Francia) el 4 de enero de 1960
Albert Camus, Premio Nobel
1957 -
Ignacio Iglesias
Artículo publicado en el diario El
Nacional, Caracas, 21 de noviembre de 1957, con motivo de la concesión
del
Premio
Nobel de Literatura a Albert Camus.
El Premio Nobel de Literatura, la más alta recompensa
intelectual mundial –la de mayor renombre en todo caso- acaba de ser
otorgado a Albert Camus, el gran escritor francés de la libertad y de la
dignidad humana. Si la acertada elección de nuestro puro y exquisito
poeta Juan Ramón Jiménez para el Nobel 1956 nos hizo olvidar lamentables
desaciertos anteriores, la muy justa de este año en la persona de Camus
nos acaba de congraciar con la Academia de Suecia. Efectivamente, todo
hace creer que el venerable aerópago sueco está dispuesto a atenerse a
los méritos estrictamente literarios y humanísticos de sus elegidos, sin
otras consideraciones totalmente ajenas al campo de la cultura. En todo
caso, la elección hoy de Albert Camus, al igual que la Juan Ramón Jiménez
ayer, son dos aciertos indiscutibles que honran y dignifican el Premio
Nobel.
Unos breves relatos, unos dramas, algún que otro
ensayo, varias cartas, unos cuantos artículos, en total pocas páginas,
pocas palabras, pero en ese poco que Albert Camus nos ha ofrecido hasta el
presente –no olvidemos que cumple ahora sus 44 años- encontramos el
hombre moderno y su tormento, su miseria y su grandeza. Digamos
inmediatamente que toda la obra de Camus –breve pero densa- oscila entre
el amor y la ansiedad, entre “el mar y las prisiones”, según frase
suya. Contrastes pues de felicidad y de miseria, de alegría y de
angustia, entre los que nuestro autor se debate para intentar arrancar al
tiempo, al sufrimiento y a la muerte ese fruto dorado del tiempo que es la
vida humana. Téngase en cuenta que Albert Camus pertenece a una generación
que la historia implacable ha hecho vivir en el clima de la arbitrariedad,
de la tortura y de la muerte violenta. Al igual que uno de sus héroes,
Calígula, se ha visto en la necesidad de meditar con pasión esa verdad
“a la par simple y clara, un poco idiota, pero difícil de descubrir y
dura de llevar: los hombres mueren y no son felices”. Tienen por tanto
necesidad de lo imposible, “de algo que tal vez resulte demente, pero
que no sea de este mundo”. Todo cuanto Camus escribió hasta la fecha
tiende a denunciar la absurdidad del mundo y a buscar desesperadamente el
sentido de la vida.
Para encarnar los temas que le obsesionan, Camus se ha
venido sirviendo alternativamente de dos formas de arte contemporáneo: el
relato y el drama, reservando por lo general el tema de la voluntad de
potencia a su teatro y a sus relatos el de la lucha de los oprimidos, a
los que les está prohibida la rebelión violenta. No obstante la
premeditada economía de medios de expresión –influencia indudable de
la literatura norteamericana de nuestros días- las dos formas de expresión
señaladas sobresalen por su grandeza y su objetividad, siendo necesario
aclarar sin pérdida de tiempo que la objetividad de Camus no tiende a
crear la ilusión de lo real, como generalmente suele ocurrir. Y no tiende
a crear esa ilusión por la razón de que lo que está en discusión
en sus obras es justamente lo real; lo que trata es de hacer sentir la
incoherencia de nuestro mundo, correspondiendo al lector o espectador el
proporcionar la respuesta a la pregunta que sugiere un cuadro presentado
sin comentarios.
En cuanto Camus ha escrito existe un estilo de vida y de
pensamiento, unas ideas, una moral. El ensayista, el autor dramático y el
moralista que es Albert Camus, ha sabido preservar espontáneamente su
forma y su contenido de todo lo que la actualidad, la contingencia, la política,
la polémica o la propaganda aportan de vulgaridad y de trivial facilidad.
Comparando a uno de los personajes de su obra, con Mersault de “L´Etranger”,
que exageraba su honestidad hasta tal punto de negarse a decir que amaba a
su madre, los lectores de Camus aman en él la conjunción ejemplar
del hombre y de la obra. Pocos casos existen , en efecto, en que la obra y
el hombre aparezcan más identificados, más indisolublemente unidos.
“Le style est l´homme méme”. Jean Paul Sartre
escribió sobre Camus,
hace años, antes de perderse por los meandros de la política
comunista-existencialista: “Es de agradecerle el que una el sentimiento
de la grandeza al gusto apasionado de la belleza y la alegría de vivir
con el sentimiento de la muerte”.Subrayemos que Albert Camus ha logrado
ser lo que en el buen sentido de la palabra se denomina un clásico. Una página
suya es fácil de reconocer por su pureza de buen cristal y esa especie de
vibración contenida que señala el control de un escritor sobre los
movimientos de su pensamiento y de su corazón.
Hace pocos años, coincidiendo con horas muy
tristes para Europa y para Francia, cuando mayor era el prestigio de André
Malraux y comenzaba a establecer su celebridad –hoy un poco ensombrecida-
Jean Paul Sartre , emprendió su obra Albert Camus. En “Le
Mythe de Sosiphe” (1942) ofrece la primera descripción coherente de una
sensibilidad absurda. Partiendo del suicido –“el único problema filosófico
serio”- Camus examina la posibilidad de crear muertos conscientes, es
decir, de vivir sin ilusión. El gran problema planteado es éste: ¿Cómo
hacer coincidir el espíritu del hombre con su naturaleza, su
impulso hacia lo eterno y el carácter limitado de su existencia? Camus se
decide, a fin de cuentas, por una rebeldía que de a la vida su grandeza,
oponiendo a la absurdidad del mundo una creación que la niegue. Y afirma:
“Crear, es vivir dos veces”. Para expresar esta filosofía en páginas
convincentes, escribió “L´Etranger”. En esta novela supo dar al héroe
absurdo una resonancia profundamente humana, pues ese Meursault que desde
las primeras páginas se nos presentó como una víctima propiciatoria de
la sociedad, logra la existencia auténtica en el momento mismo en que el
máximo de injusticia lo lleva a la revuelta: al pie de la guillotina, al
constatar su miseria, adquiere al fin su dignidad de hombre. Este libro
sin esperanza, escrito incluso contra toda esperanza, se termina por lo
tanto con una promesa.
“La Peste” (1947), otra de sus obras más
significativas trata de hallar una respuesta clara a la injusticia que
sufre el hombre. Sirviéndose de una alegoría harto evidente, en la que
una epidemia reemplaza a todas las plagas de nuestra época –guerra
total, ocupación, terror, universo concentracionario-, muestra como somos
todos no sólo víctimas sino asimismo cómplices. Todos y cada uno de los
lectores tuvieron que identificarse con los personajes del libro. En “La
Peste”, el autor busca la definición de una moral práctica, que
consiste en ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así
mejor limitar el daño, o sea de ayudar a vivir y a luchar por la vida.
“La salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática...
Lo que me interesa es su salud”. Como se ve, a la moral de revuelta
sucede otra moral sin duda más optimista orientada esta vez decididamente
hacia la solidaridad humana, que permite a los hombres superar la
absurdidad original. Albert Camus se ha convertido en una especie de
director de conciencia de un sector de la juventud francesa y europea.
La obra de Camus más importante de estos años últimos,
prescindiendo de sus relatos que son de uan rara perfección literaria, es
“L´Homme révolté”, en el que establece algo así como una línea de
resistencia a la historia. “No sólo se vive de lucha y de odio. No
siempre se muere con las armas en la mano. Existe la historia y existe
otra cosa: la simple felicidad... la belleza”. A la desmedida de nuestra
Europa, Camus opone el sentido de la medida que nos ofreció Grecia,
“que nada llevó hasta lo extremo, ni lo sagrado, ni la razón, porque
nada negó, ni la razón ni lo sagrado”. En “L´Homme révolté”,
Camus denuncia la lógica estéril de una revuelta que sólo deifica la
revuelta para mejor llegar al terror. “En el universo puramente histórico
que han elegido, revuelta y revolución desembocan en el mismo dilema: o
la policía o la locura”. Así se opone terminantemente a los
partidarios de las empresas ambiciosas que transportan lo absoluto
en la historia y la religión en la política. Su actitud es más modesta
e infinitamente más humana: “En su mayor esfuerzo, el hombre no puede
proponerse más que disminuir aritméticamente el dolor del mundo... Pero,
el porqué de Dimitri Karakov continuará resonando: el arte y la revuelta
sólo morirán con el último hombre”.
El mérito inmenso de Albert Camus es haber sabido
expresar magníficamente la sensibilidad trágica de nuestra época con
una sobriedad clásica y de haber testimoniado sin traicionar jamás su
arte. Su voz, levantada siempre contra toda injusticia, es sin duda alguna
una de las más puras y nobles de este tiempo. “Debemos servir al mismo
tiempo –afirmó en una ocasión- el dolor y la belleza”. Por eso, este
hombre que ama la soledad no cesa de afirmar su intransigente fidelidad a
las causas justas, aunque aparezcan provisionalmente como causas perdidas,
subiendo incluso a los estrados públicos para gritar con pasión contra
todos los sistemas totalitarios, contra todos los progresos inicuos,
contra las represiones, contra las infamias de la razón de Estado, contra
la pena de muerte. La Academia de Suecia le otorga ahora el Premio Nobel
de Literatura por su obra “que aclara con seriedad penetrante los
problemas planteados en nuestros días a las conciencias humanas”