Biografías
Carlomagno
Federico Ortiz-Moreno
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edericomonterrey@yahoo.com

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Carlomagno - El imperio carolingio  - Textos de von Clausewitz

Carlomagno
Apogeo de Carlomagno

No se conoce con certeza la fecha de nacimiento de Carlos, el hijo de Pipino el Breve y Bertrada. Se proponen dos fechas: 742 ó 747, cualquiera de ellas anterior al matrimonio de Bertrada y Pipino que tuvo lugar en el año 749. De esta manera podríamos considerar a Carlos como un hijo ilegítimo que fue legitimado por su padre, costumbre corriente en el mundo romano que sería asimilada por los germanos. Sobre su educación, infancia y adolescencia no tenemos noticias, toda vez que su principal biógrafo, Eginhardo, omite esta etapa de la vida del rey aludiendo a que "no ha quedado testimonio alguno por escrito que trate de ello". El 24 de septiembre del año 768 fallecía en París Pipino el Breve, víctima de la hidropesía. Había sido coronado rey de los francos por el papa Zacarías en el año 751, momento en el que el rey Childerico era depuesto.

A la muerte de Pipino el reino correspondió a sus dos hijos, Carlos y Carlomán. La asamblea general de los francos proclamaron a ambos reyes con la condición de repartirse equitativamente el reino, de la misma manera que Pipino y su hermano Carlomán habían gobernado el reino como mayordomos reales durante el reinado de Childerico. Ambas partes aceptaron y se repartió el reino entre ambos hermanos, a pesar de que los partidarios de Carlomán deseaban romper esa alianza.

Tras recibir la corona, Carlos continuó la guerra de Aquitania que su padre no había concluido. Solicitó ayuda a su hermano, ayuda que no fue concedida. La rebelión de Hunoldo (769) fue sofocada y éste se refugió en territorio vascón. Esta acción no fue del agrado de Carlos que envió una delegación a Lupo II para que el rebelde fuera entregado. El duque vascón entregó a Hunoldo y sometió sus territorios a la autoridad del monarca franco. En diciembre del año 771 fallecía Carlomán, tras tres escasos años de reinado. Este fallecimiento evitaría una más que probable guerra entre los partidarios de ambos monarcas. Carlos era nombrado, según Eginhardo, "único rey con el consenso de todos los francos". En realidad, Carlos no respetó los derechos a la corona de sus sobrinos y se proclamó rey de todos los francos. La esposa de Carlomán, sus hijos y sus partidarios tuvieron que huir a Italia, poniéndose bajo la protección de Desiderio, el rey de los longobardos, lo que indica que no eran bien acogidos en la corte franca.

Una de las primeras acciones que emprendió Carlos como rey único de los francos fue hacerse eco de la solicitud del papa Adriano I para expulsar a los longobardos de Italia. La guerra se prolongó entre los años 773 y 774, consiguiendo la rendición del rey Desiderio y la expulsión de su hijo Adalgiso de Italia. El papa conseguía recuperar las tierras que formarán los Estados Pontificios pero las amenazas continuaban en la península Itálica. El duque de Fruil, Rodgauso, se rebeló en el año 776. Carlos volvió a Italia para acabar con la revuelta y una vez sofocados todos los fuegos impuso a su hijo Pipino como rey. Corría el año 781. Finalizadas las campañas en Italia, Carlos pudo destinar mayores esfuerzos a combatir a los sajones, pueblo germánico que ocupaban el territorio situado entre el Elba y el mar del Norte. La delimitación de fronteras -donde se producían continuos enfrentamientos- y cuestiones religiosas -los sajones se mostraban hostiles al cristianismo al considerarlo un elemento de penetración franca"- serían las causas de la guerra. Los cronistas hacen referencia a 33 años consecutivos de lucha, manifestando que los sajones nunca cumplían los tratados y las rendiciones firmados.

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Carlos se puso en varias ocasiones al frente de su ejército para luchar contra el peligro sajón, confiando también las tropas a los condes cuando otros asuntos requerían su presencia. La guerra acabó hacia el año 804. Diez mil sajones fueron deportados mientras que los restantes serían acogidos en la fe cristiana y obligados a guardar fidelidad al rey franco, "formando un solo pueblo". Las miras expansionistas de Carlos no se limitaban a la península Itálica o el territorio de los sajones. En el año de 778 inició una contundente expedición contra el norte de la península Ibérica, dominada por los musulmanes. Animado por los cristianos, Carlos llegó a la plaza fuerte de Zaragoza tras tomar Pamplona. El gobernador musulmán no rindió la plaza lo que motivó el inicio de un largo asedio. Las noticias que llegaron procedentes de Sajonia no eran muy halagüeñas por lo que Carlos se retiró a Francia a través del desfiladero de Roncesvalles. El 15 de agosto de 778 la retaguardia del ejército franco sufrió una emboscada por parte de grupos de vascones, posiblemente apoyados por musulmanes. Desde lo alto de los montes, los vascones atacaron a las tropas francas dirigidas por Roldán, prefecto de la marca de Bretaña. En la desigual lucha perecieron buena parte de la élite militar franca: Roldán, el senescal Egihardo y el conde Anselmo. Cuando la vanguardia quiso reaccionar, los asaltante huyeron aprovechando lo escarpado del terreno y la oscuridad "de la noche que ya empezaba a caer". Este episodio daría lugar al famoso cantar de gesta titulado "La chanson de Roland".

En el enclave navarro de Roncesvalles se conserva un edificio conocido como el "Silo de Carlomagno" donde la tradición cuenta que están enterrados los huesos de los muertos en esta batalla. Más fácil es de creer que la cantidad de restos que se conservan en este lugar procedan de los cuerpos de los peregrinos enfermos que fallecían en este lugar de acceso al Camino de Santiago. La península de Armorica será el siguiente punto que Carlos someta a su dominio. Los pueblos bretones de esta zona se sometieron en el año 786 aunque su carácter rebelde les llevó a provocar nuevas intervenciones en los años 799 y 811. El sometimiento del ducado de Benevento, en el sur de Italia, será su próximo objetivo. El duque Aragiso se adelantó a los planes del rey franco y entregó a sus dos hijos como rehenes, al tiempo que juraba fidelidad. Carlos admitió las ofertas del duque y tras recibir los juramentos se retiró a tierras francas. En Baviera nos encontramos con el nuevo punto de conflicto debido al duque Tasilón y su alianza a los ávaros. Carlos no soportó esta desobediencia y se dirigió con un fuerte ejército la región de Baviera. El duque, ante la actitud amenazante del monarca franco, suplicó clemencia a Carlos con lo que se zanjó de manera rápida este frente de conflicto. Tasilón fue condenado a pena de prisión perpetua en el monasterio de Jumièges debido a sus antecedentes rebeldes -ya se había rebelado antes contra Carlomagno en el año 787 por lo que debió jurar fidelidad al rey franco-.

En su actitud expansionista serán los eslavos los nuevos enemigos de Carlos luchando contra los welátabos a los que se aliaron los sajones. Estos pueblos del mar Báltico se rebelaron en diferentes ocasiones realizándose diversas expediciones militares contra ellos. Pero la guerra más importante de esta década de 790 es la emprendida contra los ávaros, en la que el rey intervino personalmente en las luchas que tuvieron lugar en la actual Hungría. Serían su hijo Pipino y los demás miembros de la nobleza quienes recibieron la confianza del monarca para dirigir la larga contienda pues duraría entre los años 791 y 803. La región de Panonia quedó deshabitada según Eginhardo mientras el dinero y los tesoros acumulados por los ávaros pasaron manos francas.

Las últimas guerras libradas por Carlos fueron contra los bohemios(805), los linones (808-811) y los daneses (810), pueblo este último que pretendía dominar toda la Germania dirigido por su rey Godofredo. Como consecuencia de todas estas luchas llevadas a cabo durante los cuarenta y siete años que duró el reinado, el reino de Carlos se duplicó en proporciones respecto a lo heredado de su padre. Las fronteras se extendieron hasta la península Ibérica y el centro de Europa, contando con Italia, Germania, Sajonia y la Dacia, estableciendo en el Danubio la frontera este. De ahí la denominación "Carolus Magnus" con la que ha trascendido su nombre a la Historia y la coronación de Carlos como emperador y augusto en Roma por el papa León III el 23 de diciembre del año 800, igualándose a los emperadores de Oriente que se consideraban los auténticos herederos de los emperadores romanos. Este nombramiento como emperador sería precedido por la ayuda solicitada a Carlos por el papa León III quien había sido atacado un año antes por un grupo de conjurados que le obligaron a escapar a Sajonia donde se encontró con Carlos, solicitando su ayuda. La intervención de Carlos permitió el restablecimiento de la paz en los Estados Pontificios. Al igual que la guerra, la diplomacia también será uno de los puntos fuertes de Carlos, estableciendo contactos con los reyes más reputados de su tiempo como Alfonso II el Casto de León, Harun al-Rachid el califa abassí de Bagdad o los emperadores de Constantinopla.

Resulta francamente interesante conocer la vida privada del rey franco. Antes de sus numerosos matrimonios Carlos mantuvo relaciones con una joven noble llamada Himiltrudis, naciendo de esta relación un hijo llamado Pipino el Jorobado. Hacia el año 770 casó con Ermengarda, hija de Desiderio, el rey de los longobardos, a la que repudió por desconocidos motivos tras un año del enlace. La segunda esposa fue Hildelgarda, mujer noble de origen suabo con la que tuvo 9 hijos, cuatro varones -Carlos, Pipino y Ludovico entre ellos - y cinco mujeres - Rotrudis, Berta y Gisela son las que conocemos-. A la muerte de Hildelgarda -30 de abril del año 783- casó con Fastrada, de origen germánico, con quien al menos tuvo dos hijas: Teodorada y Hiltrudis mientras que una concubina le daba otra hija de nombre Rodaida. De nuevo viudo en el año 794 contrajo matrimonio con la alamana Liutgarda con la que no tuvo hijos. Al fallecer ésta se relacionó con cuatro concubinas: Madelgarda, con quien tuvo a Rotilda; Gersvinda, madre de Adeltrius; Regina que tuvo dos hijos, Drogón y Hugo; y Adelinda con la que tuvo a Teodorico. En total, diez relaciones conocidas de las que nacieron al menos 18 hijos conocidos. Todos estos hijos e hijas recibieron la formación típica medieval dividida en dos grupos: el "trivium" formado por la gramática, la retórica y la dialéctica y el "quadrivium" integrado por aritmética, geometría, música y astronomía. Eginhardo nos presenta a Carlos absolutamente preocupado por la educación de su vasta descendencia e incluso cuenta que ""nunca cenó sin ellos ni se fue de viaje sin llevárselos consigo".

Entre los principales valores de Carlos encontramos, siempre según el cronista Eginhardo, la amistad, el interés por lo procedente de otras tierras, la honradez o el afecto hacia sus súbditos. En su descripción física alude a un hombre de alta estatura -1´92 metros según la exhumación de su cuerpo que se produjo en el año 1861-, "hermosa cabellera blanca y rostro agradable y alegre". El cronista dice que gozó de buena salud a excepción de sus últimos cuatro años en los que eran frecuentes las fiebres e incluso cojeó de un pie, pudiendo padecer la gota ya que los médicos le recomendaban la abstinencia de guisos asados, recomendaciones que el rey no seguía. Su moderación en la comida y en la bebida contrasta con esta atracción hacia los guisos. La comida siempre se acompañaba de música o de lecturas. Tras el almuerzo solía dormir dos o tres horas. Entre sus aficiones encontramos la caza, la equitación, los baños termales y la natación. Eginhardo dice que "vestía según la costumbre de su pueblo (...) sobre el cuerpo llevaba una camisa y unos calzones de lino; encima, una túnica ribeteada de seda y medias calzas y luego unas bandas alrededor de las piernas y calzado en los pies. (...) Se cubría con un manto azul y siempre llevaba ceñida una daga cuya empuñadura y cuya vaina eran de oro o plata".

Durante el reinado de Carlos se manifiesta un importante renacimiento cultural al proteger a importantes personajes como Alcuino de York, quien se convirtió en uno de los principales impulsores de la cultura carolingia. El propio Carlos cultivó las artes liberales, especialmente la astronomía. También se intereso por la labor legislativa al unificar y completar las leyes francas al tiempo que ordenó la recopilación de todas las leyes de los pueblos que estaban bajo su mando. Al igual que los emperadores romanos Carlos también se preocupó por desarrollar una importante labor constructiva con la que demostrar la grandeza de su reinado como podemos constatar en los magníficos palacios de Aquisgran y su capilla palatina o la construcción de iglesias en todos los rincones de su reino.

Antes de morir, Carlos asoció al trono a su hijo Ludovico, en aquellos momentos rey de Aquitania, y le nombró heredero de la corona imperial ante la asamblea de próceres. Esta ceremonia de coronación se realizó el 11 de septiembre del año 813. A primeros de noviembre, Carlos regresó de cazar a su palacio de Aquisgrán, donde sufrió un fuerte proceso febril en el mes de enero del año 814. La dieta que se le impuso para la recuperación no fue efectiva, complicándose la fiebre con "un dolor en el costado, lo que los griegos llaman pleuresía" en palabras de Eginhardo. El 28 de enero de ese año fallecía Carlomagno a la edad de 72 años, tras 47 de reinado. Su cuerpo fue sepultado en Aquisgrán.

Carlomagno

En 761 un chiita llamado Abd al-Rahmán ibn Rustum declaró independiente del Califato abasí un territorio en el norte de África, más o menos el actual Marruecos. En 762 el general Isá ibn Musá sitió en Damasco a Muhammad, el chiita bisnieto de Hasán que pretendía el califato. Fue derrotado y decapitado. Luego Isá marchó por Ibrahím, el hermano de Muhammad, que marchaba sobre Kufa. Mientras tanto, el Califa Al-Mansur decidió que Kufa no era segura como capital, así que eligió una nueva. Se trataba de una pequeña aldea en la orilla del Tigris llamada Bagdad. Sobre ella construyó una ciudad monumental que conservó el nombre. La construcción de Bagdad fue la ruina de Ctesifonte, la antigua capital persa, que fue usada como fuente de materiales y ornamentos para la nueva capital. En 763 Isá se enfrentó a Ibrahím, quien murió en la batalla alcanzado por una flecha.

En China, la rebelión de An Lushan fue aplastada cuando éste fue asesinado por su propio hijo. Tras ocho años de guerra civil, el país sufría una grave crisis demográfica, económica y social. El estado impuso una enorme carga fiscal que obligó a los pequeños campesinos a vender sus tierras y caer en la servidumbre. También fue confiscada una parte de las propiedades de los mercaderes. Los tibetanos y otros pueblos nómadas se aprovecharon de la debilidad china. Los ejércitos de Khri-srong-Ide-btsan llegaron hasta la capital de los Tang, la saquearon y luego se marcharon.

El sobrino de Pipino el Breve, llamado Tasilón, era duque de Baviera y decidió independizar su ducado del reino franco. Pipino no reaccionó, pues estaba más interesado en dominar Aquitania.

En 765 el emperador Constantino V neutralizó una conjuración de los iconodulos, tras la cual no dudó en perseguir abiertamente a sus enemigos.

Aunque los chiitas se veían obligados a aceptar un Califa que según su criterio era ilegítimo, nada les impedía tener su propia autoridad religiosa. Ésta era lo que llamaban el Imán. Cuando murió el sexto Imán, Yafar al-Sadiq, se abrió una polémica, pues tiempo atrás Yafar había designado como sucesor a su hijo Ismaíl, pero éste había muerto cinco años antes. Entonces los chiitas se dividieron en dos facciones, los que consideraban que el séptimo imán debía de ser Ismaíl, de acuerdo con lo dispuesto por Yafar, y los que consideraban que esto no podía ser, mayormente porque ya debía de estar algo descompuesto, y en su lugar proponían al segundo hijo de Yafar, Musá al-Kazim. Pese a lo contundente del argumento, los llamados chiitas septimanos o ismailíes defendieron que en realidad Ismaíl había entrado en Gayba (la ocultación) y que había que esperar a que volviera entre los vivos (aunque no dieron fecha). Como aún no ha vuelto, los chiitas septimanos no reconocen más que a siete imanes, mientras que los restantes chiitas continuan la cadena con Musá. La interpretación más sencilla de este surrealismo septimano es que los ismailíes (o al menos sus fundadores) eran una facción chiita interesada en que la autoridad religiosa cambiara de manos, y juzgaron que la situación que se dio tras la muerte de Yafar permitía hacerlo con "coherencia".

En 766 Pipino el Breve sometió definitivamente al duque Wifredo de Aquitania. Con ello dominaba efectivamente todo lo que había sido la Galia (a excepción de Bretaña) así como extensos territorios al otro lado del Rin. Mientras Pipino estuvo ocupado con Aquitania, el rey lombardo Desiderio fue cambiando su política inicial de sumisión al Papa y pasó a adoptar una actitud más agresiva. Paulo I tuvo que hacer valer sus buenas relaciones con Pipino para contenerlo.

En 767 murió el Papa san Paulo I, y esta vez un duque italiano llamado Toto logró que fuera elegido papa su hermano, que se convirtió en Constantino II. Sin embargo, en 768 la aristocracia clerical decidió elegir su propio Papa, que se llamaba Esteban III. Tras esta elección Constantino II se vio obligado a recluirse en un monasterio.

Ese mismo año murió el rey Fruela de Asturias, y fue sucedido por Aurelio, sobrino de Alfonso I el Católico. Durante su reinado se produjo una rebelión de siervos. Las tierras del reino pertenecían a unos pocos señores que las explotaban a través de un gran número de siervos. No se conocen las causas concretas de la rebelión, pero el caso es que fue sofocada. Aurelio mantuvo relaciones pacíficas con el emirato de Abd al-Rahmán I.

También murió Pipino el Breve y, fiel a la tradición franca, dividió el reino entre sus dos hijos, Carlos y Carlomán. El reparto fue extraño, pues no respetaba la división tradicional entre Neustria y Austrasia. Carlos recibió un arco de tierras occidentales, mientras que el reino de Carlomán estaba formado por los territorios orientales.

En Aquitania acababa de morir el duque Wifredo, y su sucesor, Lobo II, consideró que la muerte de Pipino marcaba el momento idóneo para librarse del dominio carolingio, por lo que se declaró en rebeldía. El ducado estaba en el territorio asignado a Carlos, quien inmediatamente se dispuso a sofocar la rebelión. Al parecer, Carlomán no confiaba en su hermano o, por algún motivo, no se llevaba bien con él. El caso fue que Carlos no recibió ninguna ayuda, sino que tuvo que enfrentarse solo a los aquitanos. Pese a ello, obtuvo una completa victoria, la primera de las muchas que le valdrían el sobrenombre de Carlos el Grande, Karl der Grosse, Carolus Magnus o Carlomagno. Tras esta victoria Carlomagno estableció su capital en Aquisgrán, posiblemente su ciudad natal, situada en la confluencia de las actuales fronteras entre Bélgica, Holanda y Alemania.

En los recelos de Carlomán hacia su hermano fueron alimentados por el rey lombardo Desiderio, que nunca dejó de adularlo y estableció una sólida alianza con él, la cual culminó con el matrimonio entre el rey franco y una de las hijas del rey lombardo. Por otra parte, Berta, la viuda de Pipino el Breve, quiso reconciliar a sus hijos, por lo que indujo a Carlomagno a casarse con otra hija de Desiderio. Probablemente pensó que las dos hermanas lombardas contribuirían a mejorar las relaciones entre sus maridos.

En 769 le arrancaron los ojos al Papa Constantino II y poco despues fue citado a un concilio convocado por Esteban III en Roma en el que se anularon todos sus actos como Papa. Constantino II murió ese mismo año. En el citado concilio, Esteban III condenó la iconoclastia y precisó la doctrina de la Iglesia Romana respecto a las imágenes.

En 770 el rey Offa de Mercia reemprendió la política de dominación que había iniciado su antecesor Ethebaldo y llevó sus ejércitos a Sussex y Kent, con los cuales fue logrando lentamente la sumisión de los sajones.

En 771 murió Carlomán, con tan sólo veintiún años de edad. Dejó dos hijos pequeños, además de a su viuda, la princesa lombarda. Carlomagno comprendio que, si no lo evitaba, el reino de su hermano iba a ser gobernado por Desiderio, así que actuó rápidamente, se adueñó de él y envió a Pavía a su resentida cuñada, que no tardó en instar a su padre Desiderio para que tomara medidas contra Carlomagno. Al parecer, la esposa de éste tampoco se mostró nada satisfecha con la forma en que había sido tratada su hermana, por lo que Carlomagno optó por repudiarla y enviarla también a Pavía.

Los frisios se sometieron a Carlomagno, mientras que Tasilón mantuvo la independencia de Baviera. Pero a Carlomagno le interesaron más los sajones. Bonifacio había logrado evangelizar a la mayoría de los bávaros y los frisios. Pipino el Breve había potenciado esta evangelización como un primer paso para el sometimiento de los germanos, y ciertamente su política había dado frutos. Precisamente por esto mismo, los sajones se aferraron al paganismo, pues comprendieron que aceptar el cristianismo les llevaría tarde o temprano a ser absorbidos por los francos. Carlomagno, que era muy piadoso, vio la evangelización de los sajones (o la conquista, que era más o menos lo mismo) como una especie de guerra santa, así que envió tropas a Sajonia.

Por otra parte, Desiderio sabía que no era lo suficientemente poderoso para enfrentarse abiertamente a Carlomagno, pero pensó que podría volver contra él algunos señores francos del reino de Carlomán si conseguía convencerlos de que el trono correspondía legítimamente a sus nietos. Una forma de lograrlo era que el Papa reconociera los derechos de los niños, lo cual podría conseguirse con un poco de presión. La suerte le ayudó, porque en 772 murió Esteban III y los Estados Pontificios quedaron sumidos una vez más en disputas sobre la sucesión, disputas que Desiderio aprovechó para invadir el territorio. Finalmente fue elegido Papa Adriano I, quien solicitó de inmediato la ayuda de Carlomagno. En 773 el monarca franco estaba en Italia, y todos los nobles francos le permanecían leales. Desiderio trató de negociar como había hecho Astolfo ante Pipino, pero Carlomagno no entendía de promesas. Pavía fue asediada durante nueve meses y finalmente Carlomagno recibió la corona de hierro lombarda, adoptó el título de rey de los lombardos y se llevó a Desiderio cautivo a territorio franco. Así desapareció de la historia el reino lombardo. Quedaba el ducado de Benevento, al sur de los Estados Pontificios, pero era débil y allí los lombardos perdieron pronto su identidad mezclándose con los demás italianos.

Mientras tanto el Califa Al-Mansur había logrado sofocar las rebeliones chiitas y envió un general a Al-Ándalus con credenciales de gobernador. Éste organiza una sublevación contra el Emir Abd al-Rahmán I. Los rebeldes se distinguen con una bandera negra, pero Abd al-Rahmán I los derrotó y devolvió a Al-Mansur la cabeza de su general envuelta en la bandera negra. Desde entonces Al-Ándalus fue reconocido como Emirato Independiente. El norte de África seguía bajo el dominio del chiita Abd al-Rahmán ibn Rustum y fue también independiente. Túnez y Argelia aceptaron la autoridad abasí, pero sólo nominalmente. Por lo demás, el Califato Abasí dominaba desde Libia hasta la India.

En 774 Carlomagno confirmó al Papa Adriano I como legítimo dueño de los Estados Pontificios (la donación de Carlomagno). Ese mismo año murió el rey Aurelio de Asturias, y fue sucedido por Silo, que estaba casado con una hija de Alfonso I el Católico. Silo mantuvo la paz con los moros, pero tuvo que sofocar una rebelión de los gallegos.

En 775 murió el Califa Al-Mansur, y fue sucedido por su hijo Al-Mahdí, quien hizo oficial la doctrina sunní. Los chiitas, que conocían el papel decisivo que habían representado en el acceso al poder de los abasíes pasaron a una resentida oposición.

También murió el emperador Constantino V, durante una de sus muchas campañas contra los búlgaros. Fue sucedido por su hijo León IV, después de haber derrotado a sus hermanos Cristóforo y Nicéforo. Los tres habían sido nombrados césares por su padre. León IV suavizó las medidas contra los iconodulos, tal vez porque estaba casado con Irene, una ateniense que en secreto era iconodula.

En 776 un monje asturiano conocido como Beato de Liébana escribió unos Comentarios al Apocalipsis en los que defiende la creencia en el inminente fin del mundo.

En 777 el rey Offa de Mercia derrotó al ejército de Wessex junto al Támesis, cerca de Oxford, y obligó a su rey a aceptar su soberanía. Luego casó a una de sus hijas con el rey de Wessex y luego a otra con el rey de Northumbria, con lo que su influencia se extendió prácticamente a toda Inglaterra. En cambio, Offa no intentó derrotar a los galeses. Tal vez sabía lo peligroso de adentrarse en las montañas galesas. En lugar de ello adoptó la estrategia de los romanos y construyó una muralla de adobe a lo largo de toda la frontera galesa (aproximadamente la actual) excepto en aquellas zonas en las que los bosques eran tan densos que en la práctica eran impenetrables. Offa acuñó su propia moneda, a imitación de Kent, que unos años antes había imitado en esto mismo a los francos. No obstante, las monedas de Offa estaban mucho mejor trabajadas que las rudas monedas francas.

El cristianismo se había ido extendiendo lentamente entre los búlgaros, hasta que finalmente el kan Telerig aceptó el bautismo. Esto puso a los búlgaros bajo la influencia de la iglesia y durante un tiempo dejaron de ser una amenaza contra Constantinopla.

Mientras tanto, Carlomagno no tenía contra los sajones el mismo éxito que había tenido contra los lombardos. Los francos habían encontrado en sajonia un tronco de árbol sagrado llamado Irminsul, que representaba al árbol que sustentaba el Mundo. Los sacerdotes francos ordenaron la destrucción de tal ídolo, y con ello aumentaron el rencor de los sajones. Se inició una guerra de guerrillas. Cuando los francos capturaban un grupo de sajones les obligaban a adoptar el cristianismo. Éstos así lo hacían, pero en cuanto los soldados se alejaban olvidaban sus juramentos, destruían las iglesias y mataban a cualquiera que hubiera aceptado sinceramente el cristianismo. Los ejércitos de Carlomagno se adentraban cada vez más en sajonia, mataban más sajones, tomaban más rehenes, pero todo era inútil.

Mientras tanto, Abd al-Rahmán I tenía problemas en Al-Ándalus para dominar a los nobles moros. Las rebeliones eran frecuentes y los gobernadores de Toledo y Zaragoza se declararon emires desafiando a Córdoba. Para conseguir sus fines no dudaban en aliarse con los cristianos de Asturias. Por otra parte estaban los vascos, que sólo pensaban en alejar de sus tierras a todos los extranjeros, y ello no sólo incluía a los moros, sino también a los francos (el territorio vasco abarcaba la costa norte de la península ibérica, al este de Asturias, y también la Gascuña al norte de los Pirineos). Carlomagno quiso poner fin a las correrías de los vascos y aprovechó que el Emir de Zaragoza, Al-Arabí, le invitó a intervenir en su contienda con Abd al-Rahmán I. En 778 condujo sus ejércitos hacia el sur y se dispuso a ocupar Zaragoza, para atacar después a los vascos por la retaguardia, pero en el último momento Al-Arabí decidió que no le convenía una alianza con un infiel tan poderoso, y le negó la entrada. Carlomagno se dispuso a asediar la ciudad, pero no tenía suficientes efectivos. Además le llegaron noticias de que un sajón llamado Widukindo logró levantar a su pueblo en uno de los más cruentos ataques contra los francos. Hizo matar a todos los sacerdotes de Sajonia y en sus correrías llegó hasta el Rin.

Carlomagno juzgó que lo más adecuado era retirarse de Zaragoza y emprendió el camino de vuelta a través de los Pirineos. Mientras los atravesaba por el desfiladero de Roncesvalles los vascos lo observaban ocultos desde los laterales. Dejaron pasar al grueso del ejército y atacaron a la retaguardia, con lo que obtuvieron un buen botín.

El emperador León IV dirigió una expedición contra Siria.

Uno de los mayores centros culturales de occidente era entonces la escuela de York, en Northumbria, de la que fue nombrado director su más ilustre alumno, Alcuino de York.

En 780 murió el emperador León IV y fue sucedido por su hijo de diez años Constantino VI. Su madre Irene asumió la regencia, y a partir de este momento inició el delicado proceso de erradicar la iconoclastia. Era complicado, pues las principales autoridades eclesiásticas era iconoclastas y, lo más grave, el ejército era mayoritariamente iconoclasta. Irene inició una peligrosa política de desgaste del ejército disminuyendo su presupuesto (lo que, por otra parte, le permitió bajar los impuestos y le granjeó el apoyo de los civiles).

En 781 los súbditos del duque Tasilón de Baviera se sintieron inquietos ante las posibles represalias de Carlomagno por la rebeldía de su señor y optaron por abandonarlo. Tasilón tuvo así que reconocer la soberanía franca. Carlomagno decidió nombrar rey de Italia (esto es, del antiguo reino lombardo) a su hijo Carlomán, de cuatro años, más conocido por Pipino, y rey de Aquitania a su hijo Luis, de tres años de edad (para lo que previamente hizo ejecutar al duque de Aquitania Lobo II). En ambos casos se trató de una estrategia de integración, pues así ambos territorios se consideraban gobernados por un rey propio y Carlomagno designó como regentes a hombres de su confianza.

Ese año Carlomagno visitó Roma y el Papa Adriano I ungió y coronó a los dos niños según el deseo de su padre. Adriano dejó de fechar sus documentos por los años de reinado del emperador romano y pasó a fecharlos por los años de reinado de Carlomagno. Casualmente, Carlomagno se encontró en Roma con Alcuino de York. El rey franco comprendía el miserable estado del saber en su reino y tal vez intuía que sin hombres educados que lo administrasen no tardaría en derrumbarse. La alfabetización estaba restringida a los sacerdotes y monjes. Para un franco, alguien que supiera leer y escribir no era un franco auténtico franco, ni probablemente un auténtico hombre. La aristocracia se dedicaba esencialmente a la guerra y dejaba el cultivo de las tierras a cargo de siervos a los que requisaba la mayor parte de su producción. Estos siervos estaban ligados al suelo, de modo que no podían abandonar la tierra en la que habían nacido. Los señores eran relativamente leales al rey en cuestiones militares, pero por lo demás cada cual imponía en sus dominios su propia concepción de la justicia y el derecho, y las disputas entre señores vecinos se arreglaban entre ellos sin que mediara ninguna autoridad superior y, a menudo, en detrimento de los siervos.

Por ejemplo, una forma típica de dirimir disputas entre aldeanos era la "ordalía". Si alguien era acusado, por ejemplo, de robo, se le obligaba a coger con la mano un trozo de metal al rojo, o a meterla en agua hirviendo. Si las heridas se curaban en tres días era inocente. Entre nobles las disputas se resolvían mediante combates, lo cual tenía su lógica, porque Dios no iba a ayudar sino al que tuviera la razón. Carlomagno trató de potenciar un sistema por el que las disputas entre aldeanos se resolvían por el veredicto de un grupo de hombres escogidos por su buena reputación.

Volviendo al encuentro entre Carlomagno y Alcuino, el rey quedó impresionado por el religioso y le ofreció la posibilidad de dirigir un programa de educación en el reino franco. Alcuino aceptó y nunca regresó a Inglaterra. Entre los francos, Alcuino enseñó a los funcionarios de la corte, fundó escuelas y escribió obras didácticas. Modificó el derecho eclesiástico siguiendo el modelo italiano, pero añadió tradiciones francas. Su versión fue aceptada en Italia. Pero una de sus mayores contribuciones a la cultura fue una reforma del sistema de escritura: ideó un alfabeto que ocupaba menos espacio en los pergaminos y era mucho más claro que el usado hasta entonces, es decir, inventó lo que hoy llamamos "letras minúsculas". El alfabeto latino sólo tenía hasta entonces letras mayúsculas. Junto a Alcuino, Carlomagno llamó también para colaborar en su proyecto de educación a los italianos Pablo Diácono y Pedro de Pisa, así como al hispano Teodulfo.

El propio Carlomagno quiso asistir a las clases de la escuela de Alcuino, y obligó a asistir a miembros de su familia y de la corte. (Probablemente no estaban nada ilusionados con la idea, pero nada podían hacer). Carlomagno, además del alemán, hablaba latín y un poco de griego, pero ahí acababan sus conocimientos. Su secretario, Eginardo, escribió una breve biografía del rey en la que relata sus progresos: "Aprendió el arte de contar mediante números", esto es, aprendió algo de aritmética, lo cual, teniendo en cuenta que los números en cuestión eran los romanos, tenía algo más de ciencia de lo que parece. También aprendió a leer algo, aunque sus esfuerzos por escribir fueron vanos. Eginardo cuenta que el rey se llevaba a la cama sus tablillas con modelos de escritura y por la mañana, o si se despertaba durante la noche, se esforzaba por reproducir las letras, pero no pudo llegar más allá de copiar modelos.

En 782 Carlomagno dirigió una de las campañas más duras contra los sajones. Se dice que ordenó ejecutar cuatro mil quinientos sajones en un solo día.

En 783 murió el rey Silo de Asturias. La nobleza eligió rey a Alfonso II, hijo de Fruela, pero fue expulsado del reino por un hijo bastardo de Alfonso I el Católico llamado Mauregato, que se convirtió así en el nuevo rey. Parece ser que los disturbios ocasionados por la usurpación favorecieron que los moros iniciaran una campaña contra el reino cristiano. Por esta época Beato de Liébana escribió un himno litúrgico dedicado a Mauregato en el que se invoca al apóstol Santiago como cabeza de España. Pronto se difundió la idea de que el apóstol había evangelizado España y que era el santo patrón de los cristianos españoles.

En la India surgió un gobierno fuerte bajo la dinastía de los Prathiara, que impidió la expansión árabe. El rey actual era Vatsraja. Su ambición era dominar todo el norte de la India, lo cual le enfrentó con Dharampala, que reinaba al oeste, en Bengala, al cual terminó derrotando.

En 784 el emperador japonés Kammu fundó una nueva capital en Nagaoka, para liberarse del dominio de los monjes budistas.

El Califa Al-Mahdí fue sucedido por su hijo Al-Hadí.

A lo largo de los últimos cien años se había ido elaborando en occidente una nueva forma de canto litúrgico conocida como canto gregoriano (atribuido erróneamente al Papa san Gregorio I Magno) y que ahora empezaba a adoptarse en centros importantes como Metz en sustitución del antiguo romano.

En 785 el sajón Widukindo fue derrotado, tuvo que aceptar la conversión al cristianismo y ya no se atrevió a abjurar de ella (al menos públicamente). De todos modos, la resistencia sajona continuó. Mientras tanto, la ciudad de Gerona, en la costa mediterránea, al sur de los Pirineos, decidió ponerse bajo la protección de Carlomagno.

Abd al-Rahmán I inició la construcción de la Mezquita de Córdoba. Hasta entonces musulmanes y cristianos cordobeses compartían, según era costumbre una misma iglesia, la iglesia de san Vicente. Abd al-Rahmán I compró a los cristianos la mitad de la iglesia e inició las obras en dicha mitad.

En 786 la Emperatriz Irene trató de convocar un concilio para revocar la iconoclastia, pero los soldados lo disolvieron. El Califa Al-Hadí fue sucedido por su hermano Harún al-Rashid (Aarón el Justo). Con él llegó el apogeo de Bagdad, que llegó a tener hasta dos millones de habitantes. Impuso un sistema administrativo justo y razonable (de ahí su sobrenombre) y el Califato pudo prosperar satisfecho. La lengua árabe se extendió por Mesopotamia. Harún nombró visir(primer ministro) a Yahyá, que pertenecía a la familia persa de los Barmakíes, entre cuyos miembros habían salido los principales asesores de los primeros califas abasíes y que se distinguieron como protectores de las artes y la literatura.

Tras la conquista musulmana, Toledo siguió siendo la cabeza de la Iglesia Católica en la península ibérica, pero la influencia islámica hizo que surgiera un intento de conciliar ambas religiones. Una de las mayores discrepancias entre ellas era que el islam negaba la divinidad de Jesucristo, así que Elipando de Toledo desarrolló el adopcionismo, teoría según la cual Jesucristo era un hombre al que Dios había convertido en hijo suyo por adopción. El adopcionismo fue combatido por Beato de Liébana, que escribió junto con su discípulo Eterio el Tratado apologético para rebatirlo. La polémica llegó al reino franco y puso a Beato en contacto con Alcuino. El propio Carlomagno se interesó en la cuestión y emprendió medidas para desvincular la iglesia asturiana de la toledana.

En 787 la Emperatriz Irene logró convocar con éxito un concilio en Nicea, donde se restauró el culto a los iconos, si bien se prohibieron las esculturas, consintiendo a lo sumo los bajorrelieves. La iconoclastia subsistió, pero cada vez con menos apoyos. Con el tiempo se fueron destruyendo todos los textos en su favor, así que no conocemos sus fundamentos exactos salvo a través de sus detractores.

El rey Offa de Mercia se permitía tratar a Carlomagno de igual a igual. Probablemente no hubiera sido así si entre sus reinos no hubiera habido un brazo de mar o si Carlomagno hubiera contado con una flota. El caso es que Offa llegó a la conclusión de que era insultante para Mercia que la mayor autoridad de la Iglesia de Inglaterra fuera el arzobispo de Canterbury, en Kent, cuando hacía ya tiempo que la gloria de Kent se había extinguido. Offa pidió al Papa Adriano I que creara un arzobispado en Lichfield, que tendría a su cargo la Iglesia de Mercia, mientras que el de Canterbury limitaría su jurisdicción al sudeste. Se cuenta que Adriano I se opuso, pero Offa sugirió a Carlomagno que depusiera a Adriano I y nombrara en su lugar un Papa franco. Carlomagno hizo saber a Adriano I que la idea de Offa le parecía acertada y, Adriano I, conocedor de los consejos que Offa había dado al rey franco, se apresuró a acceder por si acaso.

Los pueblos escandinavos, que habitaban al norte de Europa, basaban su subsistencia más en la pesca que en la agricultura, pues las bajas temperaturas de sus tierras no hacían a la agricultura muy productiva. Tenían una extensa costa, por lo que se convirtieron en buenos marineros. A lo largo del siglo VIII algunos pueblos escandinavos descubrieron que podían sacar del mar un partido mejor que los peces. Se hicieron piratas y se dedicaron a recorrer las costas escandinavas dedicados al saqueo y al pillaje. Sólo fue cuestión de tiempo que se lanzaran a ultramar. Una pequeña isla en las costas de Kent recibió la primera "visita" conocida de los escandinavos a la Europa cristiana. No fue especialmente brutal, pero sin duda volvieron a sus hogares con un buen botín que estimuló nuevas expediciones.

En 788 el duque Tasilón de Baviera fue internado en un monasterio y se le confiscaron todos sus bienes. Ese año murio el rey de Asturias Mauregato, y fue sucedido por Vermudo I el Diácono, llamado así porque fue elegido rey cuando ya había recibido el diaconado. Era sobrino de Alfonso I el Católico, hijo de su hermano Fruela. También murió el Emir Abd al-Rahmán I, y fue sucedido por su hijo Hisam I, que tuvo que combatir a sus hermanos Sulaymán y Abd Allah. Hisam I terminó la construcción de la Mezquita de Córdoba. El territorio del actual Marruecos se independizó del dominio Rustemí bajo Idris I, que inició una nueva dinastía de gobernantes musulmanes conocidos como Idrisíes. Su capital era Fez.

En 789 se convirtió en rey de los pictos Constantino Mac Fergus, que al parecer fue reconocido, al menos nominalmente, como rey de los escotos.

Carlomagno impuso finalmente su dominación sobre Bretaña. Los bretones se habían resistido hasta entonces a aceptar la soberanía franca y ahora la aceptaron al menos nominalmente: pagaron tributo y se mantuvieron en una cauta sumisión.

En 790 el emperador Constantino VI tenía ya veinte años y no compartía la iconodulía de su madre. En esto coincidía con el ejército, así que no tuvo dificultad en lograr que los soldados suprimieran la regencia de Irene y la desterraran.

Apogeo de Carlomagno

Al inicio del siglo IX Carlomagno estaba en la cúspide de su poder. Su dominio sobre el reino franco estaba bien consolidado, por lo que el emperador se preocupó fundamentalmente de fortalecer las fronteras. Los territorios fronterizos más conflictivos recibieron el nombre de marcas, palabra germánica que significa precisamente "frontera", la misma de la que procede el nombre del reino anglo de Mercia, que fue en su día una "marca" de Northumbria. Al oeste estaba la marca de Bretaña, donde los bretones eran obligados a aceptar más o menos la autoridad franca. Al noreste estaba la marca danesa, que limitaba con el territorio de los daneses. El rey Godofredo había iniciado la construcción de una línea de fortificaciones conocida como Dannewirke para detener el avance de Carlomagno. Con el tiempo, el nombre de "marca danesa", o Dannmark, pasó a aplicarse a la propia península, de donde le viene el nombre actual de Dinamarca. Al sureste estaba la marca del este, la ostmark. Para proteger la parte meridional del Imperio, Carlomagno decidió fortalecer las minúsculas posesiones francas al sur de los Pirineos. Aprovechando la crisis por la que pasaba el emirato de Al-Ándalus, en 801 su hijo Luis, el rey de Aquitania, tomó la ciudad de Barcelona y ocupó una estrecha franja de terreno al sur de los Pirineos desde el mediterráneo hasta la parte más oriental de los territorios vascos. Esta parte era conocida como Navarra, mientras que el resto se convirtió en la marca hispánica, que fue dividida en pequeños condados: Aragón (con capital en Jaca), Sobrarbe (con capital en Ainsa), Ribagorza, Pallars (con capital en Tremp) Urgel (con capital en La Seo), Cerdaña (con capital en Prada), Rosellón (con capital en Perpiñán), Ampurias, Ausona (con capital en Vic) Gerona y Barcelona. Algunos de ellos estuvieron gobernados por nativos, como el de Aragón, mientras que otros dependían de nobles francos, como Sobrarbe, Ribagorza y Pallars, que dependían del conde Guillermo de Tolosa, o Urgel y Ausona, que dependían del conde Borrell. El primer conde de Ampurias fue Ermenguer, y se le encargó la defensa de las costas. Aunque Gerona ya llevaba un tiempo bajo protección franca, Luis puso como conde a Rostán. Por último, como conde de Barcelona fue elegido Bera, un noble de Septimania.

El Imperio Japonés dominaba la mayor parte de la isla de Japón, pero en la parte norte quedaban todavía pueblos bárbaros que efectuaban las típicas incursiones. El general Sakanue no Tamuramaro fue nombrado shogun, que significa algo así como "jefe militar contra los bárbaros" y procedió a arrinconar a los bárbaros en la región más extrema de la isla.

En México, los mixtecas de las montañas empezaron a enfrentarse a los zapotecas que habitaban en los valles. Su cultura había avanzado notablemente. Eran excelentes orfebres: trabajaban en plata, oro, cobre y algunas aleaciones.

La cultura maya inició un rápido proceso de decadencia del que no se conocen las causas. Se especula con un posible agotamiento de las tierras, o bien la aparición de la malaria, o bien desórdenes sociales en contra de la clase sacerdotal, o tal vez el declive se produjera a causa de influencias externas.

Unos años antes, Offa había impuesto como rey de Wessex a Beorhtric, para lo cual había tenido que expulsar a otro miembro de la casa real llamado Egberto. Éste había buscado refugio entre los francos y había servido a Carlomagno en su corte durante los tres últimos años. Pero Beorhtric murió en 802 y Egberto volvió rápidamente a su patria donde, como único miembro de la casa real, fue proclamado rey. La muerte de Beorhtric también permitió al Papa León III deshacer lo que unos años antes se había visto obligado a hacer: el arzobispado de Lichfield, en Mercia, fue abolido y Canterbury volvió a ser la cabeza de la Iglesia en Inglaterra.

En Asia, Jayavarman II se convirtió en rey del Chen-la de las aguas, se anexionó la otra mitad del reino e instaló su capital en Mahendraparvata. Instauró el culto a Devarajá, el dios-rey, amo y creador del país.

Mientras tanto, el Emir de Al-Ándalus Al-Hakam I no acababa de dominar su territorio. Después de haber resuelto la rebelión de sus tíos, en Zaragoza se le rebeló Musá ibn Fortún, que pertenecía a una influyente familia de muladíes conocida como los banú Qasí. Este nombre viene de Cassius, un conde visigodo del valle del Ebro que se convirtió al islam tras la conquista musulmana para conservar sus tierras (banú Qasí significa "hijos de Cassius"). Musá ibn Fortún era su nieto y había ayudado a Hisam I en las luchas que se produjeron tras la muerte de Abd al-Rahmán I. Estaba casado con la viuda de Íñigo Jiménez, un caudillo vasco, y su hermano, Mutarrif ibn Musá, había sido gobernador de Pamplona, la ciudad más importante de Navarra, donde murió dos años antes de que la tomaran los francos. El gobernador de Huesca, llamado Amrús ibn Yúsuf, logró, no sin gran trabajo, someter a Musá, que murió ese mismo año.

El rey Alfonso II de Asturias fue derrocado por unos conspiradores y encerrado en un monasterio, pero poco después sus partidarios lograron devolverle la corona.

La Emperatriz Irene planeó reconstruir la unidad de Imperio mediante una boda con Carlomagno. Se iniciaron negociaciones con el emperador franco, pero los militares, desde siempre opuestos a Irene, consideraron que la reacción adecuada ante la usurpación del título imperial por parte del monarca franco no era una boda sino una guerra. Por ello las negociaciones se interrumpieron cuando una conspiración de generales bien organizada secuestró a Irene y la recluyó en un convento en la isla de Lesbos (donde murió al año siguiente), al tiempo que era nombrado emperador el que había sido su tesorero, Nicéforo I. Inicialmente tuvo que complacer a los generales que le habían puesto en el trono y declarar la guerra a Carlomagno, pero se las arregló para terminar la guerra cuanto antes. No le fue difícil, pues Carlomagno tampoco estaba interesado en la guerra. En 803 ambas partes firmaron una paz en la que Carlomagno reconocía el dominio bizantino sobre el sur de Italia y la costa de Iliria, así como sobre la ciudad de Venecia, que estaba totalmente rodeada por territorio franco, pero cuyos habitantes habían preferido mantenerse fieles a Constantinopla. Por su parte, Nicéforo I no reconocía el título imperial de Carlomagno. En resumen, Carlomagno aceptó que Constantinopla se quedara con lo que ya era suyo, pero el acuerdo satisfizo a los bizantinos y la guerra terminó. Así Nicéforo pudo dedicarse a restablecer las finanzas del estado, descuidadas por Irene mientras se ocupaba de cuestiones religiosas. Ello supuso aumentar los impuestos, especialmente a la iglesia, lo que le valió la enemistad de los monjes. Nicéforo I también fortaleció el ejército decretando el alistamiento obligatorio de los campesinos pobres.

Sin embargo, Carlomagno estableció una alianza con el Califa Harún al-Rashid. Era natural, pues tenían los mismos enemigos: el Imperio Bizantino por una parte y el Emirato Omeya por la otra. El Imperio Franco y el Califato Abasí estaban demasiado alejados para una cooperación efectiva, pero mera existencia de esta alianza era motivo suficiente para inquietar a Constantinopla.

Los Barmakíes cayeron en desgracia en la corte de Bagdad. Yafar, el hijo del primer ministro Yahyá y hasta entonces amigo íntimo del Califa, fue ejecutado inmediatamente, y otros miembros de la familia fueron llevados a prisión. Pese a ello, la influencia persa se mantuvo presente en el califato Abasí.

En 804 se sometieron a Carlomagno los últimos ávaros rebeldes. A partir de este momento los ávaros desaparecieron de la historia, diluyéndose rápidamente entre la población eslava que antaño habían oprimido. El conde Guillermo de Tolosa se retiró a una abadía benedictina. Ese año murió Alcuino de York.

En 805 Nicéforo I obtuvo una victoria importante frente a los eslavos, tras la cual inició una política de colonización que le permitió restaurar el dominio bizantino en los Balcanes. Entonces se consideró preparado para enfrentarse a los musulmanes y envió una carta a Harún al-Rashid notificándole que iba a dejar de pagar el tributo anual. La respuesta del Califa es un modelo de diplomacia. El texto completo decía:

En nombre del Dios misericordioso, Harún al-Rashid, jefe de los fieles, a Nicéforo, perro romano. He recibido tu carta, hijo de infiel, y no escucharás mi réplica, sino que la verás.

El Califa organizó rápidamente una invasión de Asia Menor, hizo retroceder a los ejércitos bizantinos y Nicéforo I tuvo que firmar una paz humillante que, entre otras cosas, le obligaba a seguir pagando el tributo.

Por esta época volvieron de China dos monjes budistas japoneses, Saicho y Kukai, quienes, además de introducir nuevas doctrinas budistas y nuevas formas artísticas, crearon una escritura silábica para transcribir las desinencias puramente japonesas. Además fomentaron la enseñanza de la escritura a las mujeres, que hasta entonces no tenían acceso a la cultura china. Se crearon academias.

En la india murió el rey Vatsraja, que fue sucedido por Nagabhatta II.

En 806 Carlomagno proyecto para después de su muerte un reparto de su reino entre sus tres hijos, Carlos, Luis y Pipino. La cuestió de quién heredaría el título imperial no pareció preocuparle. Simplemente, no habría emperador.

Los muladíes de Toledo se rebelaron contra el Emir Al-Hakam bajo el liderazgo de Ubayd Allah ibn Jámir y el poeta Girbib ibn Abd Allah, que reivindicaban que los muladíes recibieran el mismo trato que los musulmanes puros. Al-Hakam encargó a Amrús ibn Yúsuf que hiciera lo posible para tranquilizarlos. En 807 Amrús decidió invitar a los principales conversos a un "banquete de conciliación" en su palacio. A medida que los invitados iban llegando, eran degollados y arrojados a un foso. Por ello el día fue recordado como la Jornada del foso. Según autores, las víctimas varían entre 700 y 5.000.

En 808 los búlgaros eligieron un jefe poderoso llamado Krum. Nicéforo I llevó dos exitosas campañas contra ellos en las que tomó su capital, pero la capital de un pueblo tribal no es especialmente importante, y los búlgaros siguieron combatiendo.

Una disputa en torno a Venecia hizo que se reabriera la guerra entre los francos y los bizantinos. Carlomagno la dejó en manos de su hijo Pipino, que en 809 se apoderó de Venecia y de las islas que dominaba.

Ese año murió el conde de Aragón y fue sucedido por el primero cuyo nombre conocemos: Aznar Galindo I.

También murió el Califa Harún al Rashid y estalló una larga guerra civil entre sus hijos al-Amín y al-Mamún, lo que alivió la presión sobre el Imperio Bizantino, que pudo concentrarse contra los búlgaros.

Nicéforo I exilió nuevamente a Teodoro Estudita. En 810 aceptó un tratado de paz en el que reconocía la soberanía franca sobre lo que había sido el exarcado de Ravena a condición de que los francos le devolvieran Venecia. De todos modos, Venecia pasó a ser a lo sumo un protectodado bizantido cuyos nexos de unión fueron más económicos y culturales que políticos, pues por esta época Venecia era una potencia independiente. Este mismo año fue nombrado duxAgnello Partecipazio, quien construyó las primeras edificaciones en el emplazamiento actual de la ciudad. Era un terreno pantanoso, de modo que las casas (de madera) se construyeron sobre pilares, también de madera, clavados en el barro y la arena. Sin embargo, el Palacio Ducal y las primeras iglesias se contruyeron sobre pilares de piedra.

En China el poeta Bo Juyi publicaba su obra más importante, los xin yuefu. Era una reacción contra la poesía erudita, tan sofisticada que no podía entenderse al oírla, sino que era necesario leerla. Bo Juyi era la encarnación del ideal confuciano de funcionario culto cuya obra pretende prestar un servicio. Así, cantó los amores del emperador (Canto del amor eterno) igual que describió escenas cotidianas, como el placer de beber una taza de té.

En la India murió el rey bengalí Dharmapala, que fue sucedido por su hijo Devpala. Un año antes había conseguido derrotar al rey Prathiara Nagabhatta II.

Ese mismo año murió el rey danés Godofredo, y fue sucedido por Hemming. También murió Pipino y en 811 murió Carlos, con lo que, de los tres hijos de Carlomagno, sólo Luis quedaba con vida. Hemming firmó un tratado con Carlomagno en el que se fijaba la frontera entre su reino y el Imperio.

Mientras tanto los búlgaros lograron infligir una gran derrota a los bizantinos. Nicéforo I murió en el combate y su hijo Estauracio resultó herido. Los monjes bizantinos celebraron la noticia. Estauracio se convirtió en el nuevo emperador, pero murió unos meses después a consecuencia de las heridas. El Imperio pasó a manos de Miguel I, el yerno de Nicéforo I, quien llamó de nuevo a Constantinopla a Teodoro Estudita y lo convirtió en su consejero.

En 812 murió el conde san Guillermo de Tolosa. Unos años después de su retiro había fundado su propia abadía.

Ante la amenaza búlgara, Miguel I reconoció la validez del título imperial de Carlomagno, en un intento de acercamiento entre las dos potencias con la esperanza de que los francos atacaran a los búlgaros por la retaguardia. Pero el kan Krum parecía invencible. Obtuvo una victoria en Tracia y en 813 otra más. Los búlgaros marchaban ya hacia Constantinopla cuando un general bizantino hizo que sus hombres lo proclamaran emperador e inmediatamente se encaminó a toda prisa a la capital para llegar antes que los bárbaros. Miguel I no opuso ninguna resistencia, abdicó y vivió en paz casi treinta años más, dejando el Imperio en manos del que pasó a ser León V. Los búlgaros se encontraron, naturalmente, con que las murallas de Constantinoplas eran infranqueables, y León V dirigió expediciones con las que causó numerosas bajas entre los enemigos. Finalmente Krum se vio obligado a retirarse.

Tras la muerte del rey Pipino de Italia, sus dominios quedaron bajo el gobierno de funcionarios de la corte (sometidos a Carlomagno, por supuesto) pero finalmente Carlomagno nombró rey a Bernardo, el hijo de Pipino. Puesto que sólo le quedaba un hijo vivo, el emperador tuvo que alterar sus planes de sucesión. Ahora Luis podía heredar el título imperial, que ya había sido reconocido en Constantinopla. Luis fue llamado a Aquisgrán y se coronó a sí mismo como emperador en presencia de su padre, pero no del Papa León III, el cual no se atrevió a poner objeciones. Quedó así establecido que el Papa no era necesario para coronar emperadores.

El conde Ermenguer de Ampurias obtuvo una victoria frente a los musulmanes en aguas de las Baleares. Carlomagno firmó un tratado de paz con el Emir Al-Hakam I por el que se comprometía a no extender sus fronteras más allá del río Llobregat.

En un concilio celebrado en Tours se ordenaba a los sacerdotes que pusieran sus sermones "in rusticam romanam linguam aut theotiscam". La lengua "teotisca" es la que los francos llamaban "Teutsch" y que actualmente se llama Deutsch, o sea, el alemán, pero, junto a la mitad de la población franca que no entendía el latín porque hablaba alemán, estaban los que tampoco lo entendían porque hablaban la "lengua romana rural". Es una de las primeras constataciones de la drástica evolución y fragmentación que estaba sufriendo el latín no sólo en el territorio franco, sino en todo el territorio en donde los antiguos romanos lo habían implantado, incluida Italia. Ciertamente, el latín nunca se habló igual en toda Europa, debido al contacto con las lenguas autóctonas de cada región, pero ahora la evolución se aceleró por causa del analfabetismo imperante en toda la población laica, hasta el punto de que, como se deduce de la decisión del concilio de Tours, los clérigos no podían dirigirse en latín a sus fieles si querían ser entendidos.

A pesar del alto grado de dialectización que sufrían las lenguas románicas, en el reino franco podemos distinguir dos grupos lingüísticos, uno al norte y otro al sur. Así como el alemán y muchas otras lenguas tienen una palabra para decir simplemente "sí", no ocurría lo mismo con el latín, que tenía, por supuesto, adverbios afirmativos, pero ninguno tan simple y de uso universal como nuestro "sí" o el "ja" alemán. Por ello cada región se buscó su propia forma de decir "sí". En el reino franco se adaptó el adverbio latino "hoc" (esto), pero en el norte se convirtió en "oil", mientras que en el sur se quedó en "oc". Esta diferencia en una palabra de uso tan frecuente llamó la atención de los hablantes, que distinguieron ambas variantes llamándolas respectivamente la lengua de oil y la lengua de oc.

El general persa Tahir ibn Husayn, que había servido a Harún al-Rashid, tomó Bagdad para su hijo al-Mamún, con lo que su victoria definitiva frente a al-Amín no tardó en llegar.

Carlomagno murió en 814 a la edad de setenta y dos años. Dejó un imperio de aproximadamente 1.800.000 kilómetros cuadrados de superficie.

En Italia llegaba desde Lombardía hasta el ducado de Spoleto (dejando en medio los Estados Pontificios), pero el ducado de Benevento era tributario de Carlomagno. Sólo la parte más meridional de la península (Apulia y Calabria) era bizantina, junto con las islas Sicilia, Córcega y Cerdeña. Bohemia y los territorios situados más al norte (poblados por eslavos) también rendían tributo al Imperio.

Las hazañas de Carlomagno pasaron de boca en boca durante los siglos siguientes y, naturalmente, al final distaban bastante de ser fieles crónicas históricas. Carlomagno se convirtió en un héroe, un jefe de blancos cabellos rodeado por doce grandes caballeros: los paladines. Originariamente, los paladines eran funcionarios de palacio, pero al aplicarse a los guerreros de Carlomagno la palabra pasó a nombrar a todo caballero heroico. El más famoso paladín era Roldán, también conocido como Orlando. Era un sobrino de Carlomagno (que terminó siendo su hijo) y que murió heroicamente en la retirada de Roncesvalles. Junto a Orlando estaba su fiel amigo Oliveros, cuya amistad nació después de un duelo de cinco horas en el que ninguno de los contrincantes pudo imponerse sobre el otro. También era famoso Ogier el Danés, príncipe de Dinamarca, que participó en las luchas contra los sajones. El conde san Guillermo de Tolosa también dio lugar a su propia leyenda, en la que es conocido como Guillermo de Orange, en la que lucha contra los piratas moros.

Un inciso sobre la palabra Orange: Los persas llamaban narang a la fruta que los árabes llamaron naranch y que difundieron por su Imperio. En castellano pasó a ser naranja, y en francés antiguo norange, pero sucede en en francés une norange se pronuncia exactamente igual que une orange, por lo que los francos analfabetos convirtieron las noranges en oranges. El cultivo de la naranja se hizo popular en Al-Ándalus y en el sur del reino franco, por lo que no es extraño que apareciera en la Provenza un señorío de Orange, del que siglos después surgiría una casa nobiliaria.

El Imperio pasó sin discusión alguna a manos de Luis I, el único hijo con vida de Carlomagno, que tenía entonces ya treinta y seis años (una edad avanzada, para la época).

Ese mismo año murió el kan búlgaro Krum, con lo que el emperador León V lo tuvo más fácil para infligir una nueva derrota a los bárbaros. El sucesor de Krum fue su hijo Omurtag. Una vez conjurada la amenaza búlgara, León V se dispuso a dejar las cuestiones religiosas a gusto del ejército. En 815 convocó un concilio en el que se confirmaron las tesis iconoclastas. Teodoro Estudita fue desterrado por tercera vez, al igual que Nicéforo, el Patriarca de Constantinopla. Fue autor de tratados acerca del culto a las imágenes, así como de una valiosa historia del Imperio Bizantino llamada Compendio de Nicéforo, que comprende el periodo 602-769.

Bera, el conde de Barcelona, promulgó una ley que otorgaba ciertos privilegios a los "hispanos" (cristianos emigrados de al-Ándalus a tierras cristianas) y se encontró con la oposición de los "godos" (los naturales de estas tierras y de Septimania), los cuales optaron por aliarse con los moros. Bera acudió a la corte de Aquisgrán para justificar su política, pero fue acusado de traición y, según la costumbre se acordó hacer justicia mediante un duelo. Bera perdió y tuvo que retractarse.

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