|
|
|
Biografías |
|
Los viajes
(Ver mapas de rutas)
La seguridad en la ruta trazada este-oeste, casi en línea recta por la latitud 28 norte, desde la Isla Gomera, si bien no llevaba más que confusamente a las islas antillanas, muestra un conocimiento claro de tierras al otro lado del océano. La ruta de regreso siguiendo la corriente del Gulf Stream, suroeste-al-nordeste, es otro acierto y otro misterio no suficientemente aclarado. El mapa que llevaba Martín Alonso Pinzón, consultado en altamar y conocido durante "los pleitos colombinos", era una copia del Martellus traído de Roma, de la biblioteca del papa Inocencio VIII, fechado en 1489, donde explícitamente aparece el litoral suramericano. La doble contabilidad llevada durante el primer viaje, demuestra que se tenía una distancia estimada y prevista de unas 750 leguas marinas, calculada porque se tenía conocimiento de las distancias por recorrer, bien por Martellus, Behaim, por Pinzón o por sí mismo. La carta-credencial para el Gran Can, por triplicado, delata una misión predeterminada y un objetivo político del viaje, no evangelizador, puesto que en el primer viaje no iba ningún cura y sí un intérprete políglota, Luis de Torres, judío que hablaba «hebraico, arábigo y algo de caldeo>. Allí se le ordena dar embajada ante los príncipes de Oriente y referirles la situación de España después de la expulsión de moros y judíos. En efecto, en el proemio a su Diario de viaje, es patente que Colón sabía a dónde iba y a qué, pues no tendría objeto darle informes al Gran Can de la estrategia antimusulmana y antijudía de los reyes si no era con el propósito de buscar su alianza. La confirmación de los privilegios otorgados al Almirante el 28 de marzo de 1493, después del primer viaje, se apresura a otorgarle nombramiento de Virrey de las islas y tierra firme, cuando sólo se habían hallado seis islas y apenas habían transcurrido trece días de su regreso. La insólita bula papal, imprudente y precipitada, qué encomia el viaje "descubridor" de Colón y prepara los tratados de partición del mundo, cuando apenas el almirante pisaba, de retorno, tierra hispana. Fernando Colón, en la biografía de su padre, dejó testimonio de la manera solapada y de los ardides de que se valió para decir su verdad a medias, ante las juntas de sabios convocadas para examinar el proyectado primer viaje: «Como en aquellos tiempos no había tantos cosmógrafos como hay ahora, los que se reunieron no entendían lo que debían, ni el Almirante se quería dejar entender del todo, por temor a que ocurriese lo mismo que en Portugal y se alzasen con el santo y la limosna>. Pero Marchena sí conoció la verdad de todo, y ese es un nuevo indicio revelador. Gonzalo Fernández de Oviedo afirma que Marchena fue «la persona sola de aquesta vida a quien Colón más comunicó de sus secretos». Pero como tampoco los podía revelar, porque los había conocido bajo el secreto de la confesión, el fraile se las ingenió para decirle a los Reyes Católicos «que era verdad lo que el Almirante decía», y a Martín Alonso Pinzón que «fuese a descubrir las Indias que placería a Dios que habían de hallar tierra». El propio Colón aceptó después, que en los siete o casi ocho años que duró su lucha por obtener apoyo oficial a su plan de viaje, «no halló persona que no los tuviese en burla salvo aquel padre fray Alonso de Marchena». ¿Qué otra cosa pudo revelar Colón a Marchena sino el origen y las pruebas de su ambicioso proyecto? Aún más, información suficiente sobre Sánchez de Huelva, primer español en llegar a tierras americanas (Haití, 1484 ó 1485), consta en muchos escritores antiguos, como Bernardo Aldrete, Roderigo Caro, Juan de Solórzano, Fernando Pizarro, Agustino Torniel, Petrus de-Maliz, Gregorio García, Juan de Torquemada, Juan Bautista Riccioli, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Girolamo Benzoni, y el ilustre autor de los Comentarios Reales, Garcilaso Inca de la Vega. |
|
|
Los viajes Primer viaje. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 salió de Palos, a orillas del río Tinto, la pequeña flota compuesta por dos carabelas, La Pinta y La Niña, y una nao, la Marigalante, rebautizada como Santa María. Todo el viaje costaría alrededor de dos millones de maravedís, de los cuales los banqueros genoveses de la Casa Berardi pusieron una cuarta parte prestada a Colón, los Pinzón y los Niño otro tanto, y los Reyes Católicos la otra mitad, representada en las carabelas. El primer viaje, de 32 semanas, se podría dividir en seis etapas. La primera, de Palos a Canarias, entre el 3 y e19 de agosto, cuando llegaron a las Canarias, islas ya castellanas y de las que no se podía sobrepasar al sur por prohibirlo el Tratado de Alcazovas. Colón sabía, empero, que podía navegar hacia el oeste siguiendo los alisios del norte, a lo largo del paralelo 28. La segunda etapa cubre hasta el 12 de octubre, viernes, en que se afirma que vieron tierra los navegantes. Es curioso que, contra lo que se cree, ni un solo documento coetáneo, ni siquiera el Diario de Colón, citado por Bartolomé de las Casas, confirme esa fecha de manera explícita. Colón aseguró haber sido él en persona quien avistara una lucecilla a eso de las dos de la mañana. La superstición fraguada después sirvió para despojar al judío converso Juan Rodríguez Bermej, llamado Rodrigo de Triana, del premio de diez mil maravedís y un jubón de seda a quien primero viera tierra; pero fue este hombre quien gritó desde el palo mayor de La Pinta (no desde la Santa María): «Waana Hen-I» (¡He ahí tierra!), de modo que lo entendieron sólo Colón y Torrés, el judío. La tercera etapa del viaje llega al 16 de enero, cuando Colón se creyó en el archipiélago japonés y próximo al Sinus Magnus. Tan apremiado estaba por entregar las credenciales de embajador al Gran Can, que al pasar por Cuba envió a sus emisarios a buscarlo. Con la misma idea se le adelantó Pinzón, y así llegó a Haití, pensando en Cipango. La cuarta etapa ya es de regreso, Colón llegó entonces a las Azores, el 17 de febrero, por ruta equivocada debido a una tormenta. De las Azores a Lisboa cubre la quinta etapa. Durante el imprevisto encuentro con el rey de Portugal, se le notificó a Colón que las islas al norte y al occidente de las Azores eran lusitanas, en virtud del Tratado de Alcazovas de 1479. Más adelante, Portugal reivindicó Terranova, Labrador y Brasil como posesiones suyas. En fin, la sexta etapa concluye justamente en Palos, el 15 de marzo de 1493. La noticia de su regreso no causó, de momento, mayor interés, excepto en los marineros y sus familiares. Dos meses después, en carta a Juan Borromeo, Pedro Mártir de Anglería contó así el suceso: «Un tal Chistophorus Colunus retornó de las antípodas occidentales; es un ligur que enviado por mis reyes, con solo tres barcos penetró en aquella provincia reputada por fabulosa, volviendo con pruebas palpables, muchas cosas preciosas y en particular oro, que se produce en aquella naturalmente. Pero pasemos a cosas menos ajenas».
El segundo viaje, del 25 de septiembre de 1493 al 11 de junio de 1496, encaminado a establecer asentamientos coloniales y recuperar la inversión mediante captura de perlas y oro, fue el más numeroso y el más prolongado de los viajes colombinos. Visitó las Antillas menores y la isla de Puerto Rico. A su paso por la isla Tortuga, de Haití, constató la mala suerte que había acompañado a los primeros colonos que se habían instalado en Natividad. A1 parecer, rivalidades internas surgidas entre los habitantes españoles por acopio de oro y mujeres, fueron aprovechadas por los caciques Guacanagarí, Caonabó y Mayreni para castigar a los intrusos. Sin embargo, Colón fundó Isabela (25 de diciembre), organizó una expedición a Civao (Cipango, según creían), recorrió la isla de Jamaica y Cuba por la costa meridional. Convencido de que Cuba era península asiática, hizo jurar a toda la tripulación que habían llegado al punto donde oriente y occidente se juntan.
Durante el tercer viaje, cumplido entre el 30 de junio y el 18 de octubre de 1498, bojeó Suramérica sin saberlo, reconoció la embocadura del Orinoco (Mar Dulce), visitó la isla Margarita y terminó el viaje en las Antillas.
Colón murió en 1506 en la ciudad de Valladolid, y allí mismo fue sepultado, pero en 1509 sus restos fueron exhumados para enviarlos a Sevilla, aunque otros querían que se enviaran a Triana. Luego, en 1541, fueron remitidos a Santo Domingo, en la actual, República Dominicana. A1 confundirse con otros restos, se generó tal confusión que hasta el día de hoy no ha sido aclarada por los antropólogos físicos, porque cuando en 1795 Santo Domingo fue cedido a Francia, las autoridades hispanas decidieron llevarse los huesos del Almirante a La Habana y, al parecer, se llevaron equivocadamente otros. De tal suerte, en septiembre de 18T7 se encontraron, otra vez en Santo Domingo, sus restos en urna de plomo bajo la inscripción «Illtro. y Esde Varon Dn Cristoval Colon». Si a todo esto agregamos que entonces se sostuvo que los llevados a Sevilla eran los de su hijo Diego, y que veinte años después, en 1898, los supuestos huesos de Colón se llevaron a Cuba, resulta que ya nadie podrá asegurar, con propiedad, dónde se encuentran las cenizas del hombre que más estatuas tiene en el mundo por lo único que no reconoció haber sido: Descubridor de América [Ver tomo l, Historia, "El descubrimiento de América", pp. 39-62]. Bibliografía ALMAGIA, ROBERTO. II mappamondi di Enrico Martello e alcuni concetti geografici di Cristoforo Colombo. Florencia, Bibliopolis, 1941. ANDRÉ MARIUS. La verídica aventura de Cristóbal Colón. Madrid, González Rojas, Editor, 1927. BELTRÁN y RÓZPIDE, RICARDO. Cristóbal Colón y Cristóforo Colombo. Estudio crítico documental. Madrid, 1921. FERNANDEZ DURO, CESAREO. Colón y Pinzón. Informe relativo a los pormenores del descubrimiento del Nuevo Mundo. Madrid, 1883. GANDÍA, ENRIQUE: Nueva historia del descubrimiento de América. Buenos Aires, Universidad del Museo Social Argentino, 1989. IRVING, WASHINGTON. Vida del Almirante Don Cristóbal Colón [1827]. Madrid, Colegio Universitario e Itsmo, 1987. MADARRIAGA, SALVADOR DE. Vida del muy magnífico señor don Cristóbal Colón. Buenos Aires, Suramericana, 1973. MAHIEU, JACQUES DE. L'Imposture de Christophe Colomb. La géographie secréte de 1'Amerique. París, Copernic, 1979. MANZANO Y MANZANO, JUAN. Los Pinzones y el descubrimiento de América. Madrid, Cultura Hispánica, tct, 1988. RANDLES, W.G.L.e la tierra plana al globo terreshe. Una rápida mutación epistemológica, 1480-1520. México, Fca, 1990. SUDHOFF, HEINKE. Lo Siento, Colón! El Descubrimiento de América en la antigüedad. México, Diana, 1992. VÁRELA, CONSUELO. Cristóbal Colón. Textos y documentos completos. Madrid, Alianza Universidad, 1982. VÁRELA, CONSUELO. Colón y los florentinos. Madrid, Alianza Editorial, 1988. VIGNAUD, HENRY. Cristobal Colón y la leyenda. Colección Historia y Viajes. Buenos Aires, Argos, 1947. LEVILLIER, ROBERTO. America, 1a bien llamada. Buenos Aires, Kraft, 1948. Racolta di documenti e studi publicati dalla Regia Commissione Colombina nel quarto centenario della scoperta dell'America. Cesare de Llolis, editor. Roma, Real Comision Colombina, 1892-1894. TAVIANI, PAOLO EMILIO. Cristoforo Colombo, genio del mar. Roma, 1990. TAVIANI, PAOLO EMILIO. Cristóbal Colón. Dos polémicas. México, Nueva Imagen, 1991. |
|
AVIZORA |