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Publicaciones |
. Comité Internacional "Pierre de Coubertin" |
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| La obra de Pierre de Coubertin - Vida y obra de P de Coubertin - El ideario de P de Coubertin |
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Pierre
de Coubertin nació en París
el 1 de enero de 1863, en el seno de una
La obra de Pierre de Coubertin Los discursos y los
textos de Pierre de Coubertin en favor de la plenitud física y del
desarrollo del deporte jalonan toda su existencia. El 25 de noviembre de
1892 da una conferencia en la Sorbona sobre «el ejercicio físico en el mundo
moderno», seguida del anuncio del restablecimiento de los Juegos Olímpicos;
en 1894 proclama, una vez más en la Sorbona, la renovación de los Juegos y
la fundación del
Comité
Olímpico Internacional,
que presidirá de 1896 a 1925 con una dedicación y una competencia poco
frecuentes. Los Juegos
cuadrienales, animados por el espíritu de la verdad olímpica, salvan las
diferencias y reconcilian a los adversarios: viviendo profundamente su
cuerpo, el atleta se espiritualiza. Al equilibrio
armonioso de cada ser humano deben corresponder la paz y la justicia social,
la paz y la justicia internacional.
El Directorio del Comité Olímpico de Chile ha dispuesto entregar a sus 49
Federaciones, la historia de Pierre de Coubertin, para que sus bases
conozcan a este hombre que supo sembrar una idea sencilla, pero que con el
tiempo se ha mostrado de gran eficacia y amplitud.... los Juegos
Olímpicos.
Consideramos que la dirigencia del deporte nacional debe conocer a fondo al Barón Pierre de Coubertin. El Olimpismo es una filosofía de la vida que utiliza al deporte como correa trasmisora de sus ideales enriquecedores, formativos, pacifistas, democráticos y humanitarios. Hemos buscado la mejor manera que entre el conjunto de reglas y disposiciones, porque se rigen nuestras disciplinas, se conozca a fondo la historia de este hombre que nos enseñó los principios filosóficos que el olimpismo encierra
PIERRE DE FREDY, BARÓN DE COUBERTIN, nació en París el 1 de enero
de 1863, dentro del seno de una familia acomodada y noble de ascendencia
italiana, cuyos antepasados se remontan a un primer Fredy conocido, que
sirvió al Rey francés Luis XI, quien le otorgó título nobiliario en 1471.
Uno de los Fredy adquirirá en 1567 el Señorío de Coubertin cerca de Paris,
adoptando el nombre que con posterioridad conservará la familia. Pierre de
Coubertin estudiará en París, en la Escuela Primaria, y ulteriormente en
la Universidad de Ciencias Políticas. Vivirá en el castillo de Mirville en
Normandía, propiedad de su familia y en París en la calle Oudinot N°20, la
casa en donde nació y que será inicialmente el centro operativo del
Comité
Olímpico Internacional
Coubertin será el alma motora, ideólogo, ejecutor y proyectista de la gran
aventura olímpica moderna, a la que estuvo estrechamente vinculado y llevó
personalmente desde sus inicios, desempeñando la presidencia del
Comité
Olímpico Internacional entre 1896 y 1925.
Usando los primitivos medios de la época, dirigió y atendió personalmente el olimpismo restaurado, recibiendo y escribiendo a mano la abundante correspondencia olímpica en progresivo aumento, en titánica tarea personal a la que dedicó todos los momentos de su vida y también la totalidad de su saneada y considerable fortuna, soportando por ello una aguda y difícil situación económica al final de su vida La incomprensión de un sector de sus paisanos al sentido de su obra y las tensiones políticas del momento, motivaron el traslado y ubicación del C.O.I. a la ciudad suiza de Lausana, a donde llevó también los archivos del mismo, en virtud de un acuerdo firmado en el Ayuntamiento de la ciudad el 10 de abril de 1915, viviendo en este país hasta su muerte ocurrida de forma repentina el 2 de Septiembre de 1937, cuando, meditando, paseaba por el parque de la Grange en Ginebra. En su testamento, dejó establecido que su cuerpo fuera enterrado en Suiza, nación que le dio cobijo, comprensión y abrigo a él y a su obra, y que su corazón fuera llevado al mítico santuario de Olimpia, el motor de su ilusionado y fecundo que hacer olímpico
Allí reposa depositado en una estela de mármol desde el mes de marzo de
1938.El estudio de los Juegos Olímpicos antiguos y una visita que realizó
a los templos y al estadio de Olimpia, en Grecia, hizo nacer en el Barón
de Coubertin la feliz idea de iniciar las Olimpiadas de la edad moderna.
Pierre de Coubertin comprendió que el deporte era capaz de despertar el
entusiasmo y la noble emulación tanto de los jóvenes como de quienes ya no
lo eran tanto. Advirtió también que el deporte podía proporcionar salud y
virilidad a sus cuerpos, así como nobles ideales a sus almas.
Se dio cuenta, además, de que en la segunda mitad del siglo XIX la ciencia y la tecnología habían acabado con las barreras del tiempo y el espacio, de que los trenes, los buques de vapor y el telégrafo habían convertido a las naciones en miembros de una sociedad mundial, en la cual podría florecer el deporte internacional. Presintió que este último, se extendía y arraigaba, llegaría a convertirse en un poderoso factor de transformación de la sociedad, que ayudaría a nivelar las desigualdades sociales, a contrarrestar el agesivo militarismo de la época y a fomentar la amistad y el mutuo entendimiento entre los pueblos del mundo Tal vez el segundo de los objetivos que tenía el Barón de Coubertin fuera la supresión de las diferencias de clase, de los sistemas, casi de castas, que existían en la época en que nació. Pertenecía a una familia aristocrática y estaba acostumbrada al lujo y los privilegios. Sus padres deseaban que siguiera la carrera de las armas, pero él rechazó la idea. Al final, y para contentarlos, aceptó estudiar Leyes, no obstante, ya había decidido consagrar su vida a la educación, ser maestro, profesión que, en opinión de su familia, no era digna de un caballero. A medida que el Barón de Coubertin comprendía el vacío y la frivolidad en que se desenvolvía la vida de tantos hombres y mujeres de su “clase”, se iba volviendo cada vez más apasionadamente igualitario
Soñaba con llegar a ver la verdadera liberación de las masas trabajadoras.
“Pan, dignidad y educación” era su programa liberador. Le disgustaba
sobremanera, y condenaba sin contemplaciones, el concepto de aficionado
tal como se concebía por aquel entonces en Gran Bretaña; consideraba que
dicho concepto hacía del deporte aficionado y del deporte en general, el
privilegio exclusivo de las clases sociales ociosas y adineradas. Quería
que todo hombre tuviera las mismas oportunidades para tomar parte en
competiciones deportivas
Creía que si esto llegaba a ocurrir, buena parte de los atletas más
destacados, de las “estrellas”, serían inevitablemente hombres de
distintas procedencias sociales, el “esnobismo” y las “castas” sociales,
que él rechazaba, desaparecerían despacio pero con toda seguridad. En el
2002 este ambicioso objetivo social del Movimiento Olímpico de Coubertin
se ha logrado en gran parte. En muchos países el esnobismo y las castas
han desaparecido por completo, y ello se debe, en buena medida, a Pierre
de Coubertin. En 1912, los concursos artísticos y literarios cuyos
principios había formulado Pierre de Coubertin seis años antes durante la
Conferencia Consultiva de París (en la Comédie Francaise), pero que los
organizadores de los Juegos de 1908 en Londres no habían tenido tiempo de
preparar, pasaron a ocupar un lugar en el programa olímpico, junto a las
competiciones deportivas
El jurado de Estocolmo tenía ante sí la difícil tarea de calificar y
premiar las obras literarias que les habían sido enviadas, pero una entre
todas atrajo particularmente su atención. Ante la elevada espiritualidad de aquel texto que intentaba expresar lo esencial-aunque en términos muy alejados de lo que algún día sería la literatura de vanguardia-, y probablemente impresionados por el esfuerzo común de un alemán y un francés, esfuerzo que parecía encarnar e fraterno espíritu olímpico en un momento en que la tensión internacional entre los dos países era la nota dominante del panorama mundial, los miembros del jurado no lo dudaron y concedieron al doble autor la medalla de oro. Fue entonces, cuando se supo que Hohrod y Eschbach eran una sola y única persona...¡y que esa persona no era otro que el mismísimo Pierre de Coubertin¡ En efecto, durante los Juegos de 1912-cuyo desarrollo superó todas las expectativas y cuyo éxito supuso el triunfo definitivo de a aventurada empresa anunciada la noche del 25 de Noviembre de 1892, apenas veinte años antes-, Pierre de Coubertin tuvo la alegría de figurar entre los laureados en los Juegos Olímpicos y de verse coronado por sus pares, tras intervenir anónimamente y en condiciones de total igualdad en un concurso en el que sólo contaban los méritos de los participantes. Aunque el secreto se mantuvo celosamente-ante todo por el propio autor del poema-, no era completamente imposible desentrañar el significado de uno de los dos seudónimos utilizados El ideario de Pierre de Coubertin El espíritu de lucha como constancia vital. * Lo importante en la vida no es el triunfo sino la
lucha. Lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien (1908). La vida es solidaria, porque la lucha es solidaria. De mi victoria dependen otras victorias, cuyos tiempos y circunstancias no conoceré nunca, y mi derrota provoca otras, cuyas consecuencias van a perderse en el abismo de las responsabilidades ocultas. El hombre que estaba delante de mí, alcanzó al atardecer, el lugar desde donde yo partí esta mañana, y el que viene detrás de mí, se beneficiará de los peligros que aparto y de las trampas que señalo. La vida es bella porque la lucha es bella: no la lucha sangrienta, fruto de la tiranía y de las malas pasiones, las que fomentan la ignorancia y la rutina, sino la santa lucha de las almas, en busca de la verdad, la luz y la justicia (1902). Todo ello le ganó un lugar no sólo en la historia del deporte sino en la del mundo entero que ha ido abrazando su causa al extremo de convertir a la actividad en la de mayor convocatoria en la sociedad moderna. Pierre de Coubertin fue profético al sostener “si Alemania redescubrió Olimpia, ¿por qué Francia no podría encargarse de restablecer su espíritu?” Así lo hizo y los resultados están a la vista. Por eso, siempre será interesante escudriñar en la historia del restaurador del olimpismo y asumir su ejemplo como fundamento de toda gestión deportiva. Es también, una tarea para todos los involucrados en su desarrollo y en su cada vez más amplio futuro |
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