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Es hermano de Fidel Castro. Ocupa el segundo lugar en la
jerarquía del poder cubano, siendo el primer vice de Fidel en
todos sus puestos de
Estado y partido. Encabeza el ministerio de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias
de Cuba, ostentando el título de general de
ejército.
Grado Escolar: Universitario
Ocupación: Segundo Secretario del Comité Central del Partido,
Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros,
Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Organizaciones a las que pertenece: Fundador del Partido.
Nace el 3 de junio de 1931 en el poblado de Birán,
en la entonces provincia de Oriente. Cursa sus primeros estudios
en la Ciudad de Santiago de Cuba y posteriormente se traslada a
La Habana. Allí realiza la enseñanza secundaria e ingresa en la
Universidad, donde participa en las luchas estudiantiles contra
el corrupto gobierno de Carlos Prío Socarrás y la tiranía
batistiana.
En el año 1953 asiste como delegado a la Conferencia
Internacional de Defensa de los Derechos de la Juventud, que se
llevó a cabo en Viena. Fue invitado a participar en la Reunión
del Comité Internacional Preparatorio del IV Festival Mundial de
la Juventud y los Estudiantes en Bucarest.
Posteriormente formó parte de los jóvenes que el 26 de julio de
aquel mismo año asaltaron al Cuartel Moncada, en la ciudad de
Santiago de Cuba, ocasión en la que dirigió al grupo que tomó el
Palacio de Justicia en apoyo a la acción principal comandada por
Fidel. Por tales hechos fue condenado a 13 años de cárcel y
trasladado al Presidio de la Isla de Pinos.
En 1956 lo amnistiaron junto al resto de los asaltantes gracias
a la lucha popular. La persecución de la tiranía lo obligó a
asilarse en la Embajada de México y luego trasladarse a dicho
país. En tierra azteca participó en los preparativos de la
expedición que culmina con el desembarco del Granma, el 2 de
diciembre de 1956. Después de la dispersión que sigue a Alegría
de Pío, se puso al frente de un pequeño grupo de cuatro
expedicionarios hasta el día 18 de diciembre en que logra
reencontrarse con Fidel en el lugar conocido por Cinco Palmas,
en Purial de Vicana.
Participó en la campaña de la Sierra Maestra, y el 27 de febrero
de 1958 por sus méritos Fidel lo asciende a Comandante. En ese
momento le encomendaran atravesar la entonces provincia de
Oriente como jefe de una columna para abrir, al nordeste de ese
territorio, el II Frente Oriental "Frank País", que dirigió
hasta el final de la guerra de liberación.
Después del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959
lo designaron jefe militar de la provincia de Oriente. En el mes
de octubre de aquel año, al crearse el Ministerio de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias, fue designado Ministro, cargo que ha
desempeñado hasta la actualidad.
Formó parte de la Dirección Nacional de las Organizaciones
Revolucionarias Integradas, y más tarde la Dirección Nacional
del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. En
octubre de 1965, al crearse el Comité Central del Partido
Comunista de Cuba, fue elegido como su Segundo Secretario, y
ratificado como tal por los II, III, IV, y V Congresos de la
organización.
Es diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su
conformación en 1976 y el 3 de diciembre de ese año fue electo
Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y Ministros,
cargo que desempeña a partir de ese momento.
Por los servicios prestados a la defensa del país, el 15 de
noviembre de 1976 fue ascendido al grado de General de Ejército.
El 27 de febrero de 1998 por acuerdo del Consejo de Estado, al
cumplirse el 40 Aniversario de su ascenso a Comandante del
Ejército Rebelde, le fue otorgado junto al Comandante de la
Revolución Juan Almeida Bosque, el título honorífico de Héroe de
la República de Cuba y la "Orden Máximo Gómez" Primer Grado, en
consideración a su larga trayectoria, sus grandes méritos
revolucionarios y la consagración al deber durante estos años.
Ha recibido también otras condecoraciones nacionales y
extranjeras.
El General de Ejército, Raúl Castro Ruz ha hecho aportes
notables a nuestra Revolución como dirigente político, estadista
y jefe militar. En este último aspecto, destaca su decisiva
participación al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, en los resultados alcanzados en la preparación
del país para la defensa y en la aplicación práctica de la
concepción de la Guerra de Todo el Pueblo.
LA CERCANÍA DE RAÚL -
José Ramón Fernández y Asela de los santos
Cada uno de nosotros tiene hermosos recuerdos y hondas vivencias de
su relación con Raúl Castro, el jefe, el dirigente, el compañero, el
hombre, a quien nos unen profundos afectos y enseñanzas a través de
décadas.
Una, lo conoció en plena guerra de
liberación, cuando le confió la tarea de organizar el sector
educacional en el II Frente Oriental Frank País que tenía a su
mando. El otro, cuando Raúl, en los primeros meses de 1959,
procedente de Santiago de Cuba, asumió el cargo en La Habana,
ocasión en que lo recibió y tuvo una larga conversación. A partir de
enero de 1959, fue nombrado Director de la Escuela de Cadetes, y
posteriormente de otros centros de preparación militar, bajo su
mando, y ocupó el cargo de Jefe la Dirección de Preparación
Combativa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, antes de
desempeñarse como Viceministro.
Durante aquel primer encuentro, Raúl
se interesó por conocer la edad de su interlocutor. Saber que tenía
36 años le motivó un comentario jocoso. "¡Qué viejo tú estás!",
expresó. Cuando, años después, el Ministro arribó a la misma edad,
quien esto escribe lo visitó en su oficina y, luego de felicitarlo,
le devolvió sus palabras. Raúl rió como él sabe hacerlo, a plenitud,
y reconoció que el problema de la edad que advertimos en otros, es
siempre relativo y tiene una dependencia estrecha de la que tenemos
y seamos capaces de demostrar. Traemos a colación esta anécdota
porque él la ha repetido muchas veces ante miles de compañeros, y
volvió a recordarla, y esa vez por escrito, cuando uno de los
autores de estas páginas cumplió ochenta años.
Pero más que los recuerdos de una y
otro, este es un texto escrito a cuatro manos con el propósito de
ofrecer nuestra modesta aproximación al compañero Raúl, o dicho en
otras palabras, dar una visión de Raúl desde nuestras vivencias.
Ha sido un forjador extraordinario de
cuadros y un excelente compañero. Un hombre sumamente organizado,
ordenado, sistemático, exigente. Enemigo acérrimo de la injusticia.
Predica con su ejemplo y es capaz de censurar o estimular cuando
tiene que hacerlo. Un padre preocupadísimo por la educación y el
cuidado de sus hijos. Un hombre criollísimo, afable, atento,
chistoso, con un carácter muy abierto y profundamente humano.
Sobre todo esto hablaremos más
adelante.
EL JEFE
La guerra de liberación forjó en Raúl
las cualidades de mando que lo caracterizan. Él conceptualizó lo que
debe ser un jefe cuando en una ocasión al referirse a Fidel, aseveró
que en nuestro Comandante se advertían las cualidades y virtudes
que, en opinión de Engels, debe reunir un jefe militar, a saber:
identificación absoluta con los intereses del pueblo, profundos
conocimientos militares y elevada cultura, dada no solo por una
vasta preparación profesional, sino por su dimensión política,
militar e ideológica. Un jefe asimismo dará muestras de modestia y
sencillez en el trato, será capaz de formular con precisión sus
ideas y tendrá la habilidad necesaria para trasmitirlas. A partir de
las enseñanzas de Fidel, esas cualidades cristalizaron en Raúl y lo
han acompañado a través de toda su ejecutoria. Sus condiciones de
jefe no son únicamente resultado de su capacidad de aprendizaje. Le
nacen de sí mismo.
Raúl es sistemático en su estilo de
trabajo y dirección. Cuando toma una decisión va a sus detalles,
pero además a las relaciones y al entramado de actividades y plazos
que reclama su cumplimiento. Sin cansancio ni desmayos sigue la
trayectoria de sus órdenes e indicaciones, y de esa manera enseña a
sus subordinados la importancia de la constancia en una tarea y de
su seguimiento. Constancia y seguimiento que de perderse podrían
conducir al debilitamiento de esa tarea, por bien que haya sido
diseñada.
Recordamos, a modo de ejemplo, cuando
en los años iniciales de la Revolución concibió la creación de las
Escuelas Vocacionales Militares Camilo Cienfuegos como cantera
natural de las escuelas de cadetes para la formación de oficiales y
cuadros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En la construcción
de aquel proyecto que devendría estimulante realidad, Raúl seguía
paso a paso, y hasta el detalle, todo lo relacionado con aquellas
escuelas que el pueblo llamó de Camilitos: la selección de alumnos y
profesores, la edificación de los planteles en cada provincia, el
diseño de los uniformes y el aseguramiento de la base material de
estudio. Insistió en que se fuese muy cuidadoso en la confección de
los reglamentos pues lo que se pretendía era educar a adolescentes y
estimular sus vocaciones como futuros oficiales.
La certeza de aquella concepción,
unida a las lecciones de sistematicidad en el trabajo que dio a los
que vieron nacer y desarrollarse aquella idea, ha sido confirmada en
el decurso de décadas en las que esos centros vocacionales egresaron
miles de jóvenes que continuaron estudios en las escuelas de
cadetes, y hoy podemos decir con orgullo que en las filas de
nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias contamos con generales de
brigada, coroneles, teniente coroneles, mayores y oficiales de
diversas graduaciones que estudiaron en los Camilitos.
(Raúl
Castro, left, younger brother of Fidel, with his arm around second-in-command,
Argentine 'Che' Guevara, 1959)
Otro tanto habría que decir del
quehacer de Raúl en el perfeccionamiento del servicio militar que
prepara a nuestros jóvenes para la defensa del país y los forma como
ciudadanos comprometidos con su patria. Es idea suya la Orden 18,
que posibilita la entrada en la universidad a los bachilleres una
vez salidos de filas. Y aleccionadora es su preocupación por la
compleja labor de las estructuras y plantillas de las FAR en función
de niveles crecientes de eficiencia, sentido del ahorro,
capacitación continua en la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo
y la elevación permanente de la preparación combativa y política de
millones de compatriotas.
Hombre de la Revolución a quien ha
tocado la misión histórica de tomar grandes decisiones, es juicioso
y reflexivo en sus valoraciones. Sabe examinar con detenimiento
todos los factores que intervienen en un proceso que es objeto de
análisis. Una de las lecciones que se aprenden a su lado es la de
alejarse de los análisis unilaterales para dar paso al enfoque
multilateral de los problemas. A su vez, es enérgico para exigir que
las misiones se cumplan con la calidad que requieren.
ESTILO DE DIRECCIÓN
El compañero Raúl muestra, con su
ejemplo personal, un sentido ético y pautas de comportamiento y
actuación en la labor de dirección. No perdamos de vista que el
Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, bajo su
conducción, ha sido y es escuela y cantera de cuadros para la
dirección de nuestro Partido, el Gobierno y el Estado, y, al mismo
tiempo, ejemplo de organización, austeridad y control de los
recursos para otros ministerios.
Su estilo de dirección, no solo en la
vida militar, sino en las tareas gubernamentales y partidistas,
demuestra lo sustancial de ese enfoque integral en el trazado de
pautas y en su control eficiente. Modesto y firme a la vez, Raúl
educa en la importancia de la elaboración colectiva de las ideas, el
control colectivo de la marcha de las misiones, del papel
estratégico de la unidad, la cooperación y el espíritu colectivista
a la vez que combate la vanidad, la autosuficiencia, la pedantería,
el individualismo y todo rasgo negativo y contrario a la moral
socialista en que nos forjamos. De esto dan fe generaciones de
oficiales y cuadros políticos formados en estas concepciones.
Otra de las enseñanzas que emanan de
su ejemplo personal y su estilo de dirección es la importancia de
tomar decisiones oportunas. Nos ha educado en la necesidad de
prever, de pensar en profundidad, de saber decidir... son estos
elementos cruciales en el combate y en la vida política, donde la
toma de iniciativas y el estudio del enemigo evita que nos
sorprendan desprevenidos. Por eso reclama a los cuadros que estén
informados, documentados, que desarrollen la habilidad de saber
ponerse en la posición del adversario y que se entrenen en la toma
de decisiones bien pensadas y a tiempo. Inteligencia, reflexión,
celeridad, decisión... son elementos que Raúl enseña a armonizar en
la teoría y en la ejecución práctica.
Faceta nada secundaria de su labor
educativa es el empeño del Ministro de las FAR por inculcar en la
conciencia de subordinados la necesidad de tener en cuenta el costo
de cada misión y la trascendencia decisiva de la economía. No es
esta una preocupación suya actual o reciente. Insiste en eso desde
hace cuarenta y siete años.
Vienen a nuestra memoria sus
exigencias en los tiempos iniciales de la preparación combativa y la
formación de oficiales y sus interrogantes de entonces: "¿Cuánto
cuesta cada proyectil?" "¿Cuánto cuesta la preparación de un
oficial?" "¿Cuánto combustible se gasta en el traslado de tropas?"
"¿Cuánto es el costo de esta maniobra?" El Ministro no admitía que
sus oficiales desconociésemos lo que costaba una misión, un
ejercicio, un movimiento militar y nos exigía un especial esfuerzo
de análisis para buscar las alternativas más racionales desde el
punto de vista económico.
Nos reclamaba saber el costo de cada
pieza de la base material de estudio, de los materiales gastables,
de las prácticas, y nos instaba a forjarnos una conciencia de ahorro
de todos los preciosos recursos que significaban la propia
supervivencia de la Revolución y que nuestro pueblo, con enormes
sacrificios, ponía en nuestras manos, consciente de que la vida
demostraba que la defensa era tarea primordial y asunto de vida o
muerte para los destinos del país, y en este sentido nos recordaba
que los revolucionarios que olvidaron esa lección de la experiencia
histórica lo pagaron muy caro, con sus propias vidas y con la
existencia de sus revoluciones.
Raúl se ha desempeñado como Primer
Vicepresidente de nuestro país. Y lo ha hecho, con gran sentido
ético, con cuidado y claridad. Ejerciendo sus funciones como
Ministro, Vicepresidente o Segundo Secretario, y respetándolas.
PERMANENTE EDUCADOR
Desde esas posiciones ha sido un
permanente educador en la línea de principios en los que Fidel forjó
a los combatientes desde los tiempos iniciales de la lucha
revolucionaria.
Desde la difícil y compleja
responsabilidad de segundo al mando, Raúl enseña desde su propio
ejemplo personal lo que hay que exigir de cada uno de nuestros
militantes, de nuestros cuadros, de los revolucionarios todos. Hace
cuarenta y tres años, en memorable y aleccionador discurso en
ocasión de un acto de constitución del Partido en el Pico Turquino
expresó que la posesión del carnet de la organización no otorga
ningún derecho especial. Y añadió que nadie imagine que porque el
Partido dirige, hay que hacer caso a lo que diga cualquiera de
nosotros por el hecho de ser militante, sino que el militante tiene
que ganarse con su trabajo la atención que esperamos del pueblo y de
las organizaciones de masas.
Como todos los educadores auténticos,
el compañero Raúl reiteraba en aquella ocasión que un revolucionario
no conquista, mantiene y eleva su prestigio en virtud de un carnet,
sino con el fruto del trabajo militante, con su responsabilidad, con
su actuación, con su disposición para el sacrificio, entendiendo por
tal no únicamente el sacrificio de un instante, en un momento de
combate, si el combate se impusiera, sino con la abnegación
aparentemente pequeña, aparentemente insignificante, pero
permanente, día a día, hora a hora.
Otra de las constantes de su labor
educativa es la idea de que el militante, el revolucionario tiene
que desplegar una disposición y una voluntad de aprendizaje
permanente; que la condición de revolucionario se perfecciona por la
experiencia, el estudio, las lecciones de la vida y la actitud
combativa y transformadora ante los problemas.
Explicaba el papel de la vanguardia,
la misión de sumar siempre más y más compañeros a las filas de
nuestra causa patriótica. Él, que vio nacer una Revolución con un
puñado de hombres y que cuenta hoy con todo un pueblo, decía,
recordando la razón que tenía Fidel, que en los primeros y difíciles
momentos de la gesta, los iniciadores fueron como un fósforo que
pugna por mantenerse encendido en medio de una tempestad y que aquel
fósforo se convirtió en antorcha y que mientras más eran los que
alcanzaban a ver su resplandor, más se nutría, mayor era su fuerza,
más extendía su luz.
En el proceso de educar en los
principios de la crítica y la autocrítica, Raúl ha demostrado la
necesidad de plantear los problemas con toda honestidad y valentía a
fin de propiciar el debate franco y constructivo en pos de la
solución de dichos problemas o para eliminar las deficiencias.
Ha reiterado a través de los años a
cada nueva hornada de cuadros políticos y militares su idea de que
la persona que no tiene dónde plantear un problema, evacuar una duda
o formular una crítica, habla donde no debe o con quien no le
corresponde y que eso se evita solo cuando cada cual sabe a dónde
puede acudir para exponer su queja, preocupación o inquietud. Así,
debemos educarnos y ayudar a educar a los demás a que planteen sus
problemas observando las reglas de lugar, tiempo y forma. O como
precisa siempre: en el lugar indicado, en el momento oportuno y con
la forma correcta.
VALORES PATRIOS
Estudioso y conocedor de nuestra
historia, Raúl ve en ella una fuente de formación de valores
patrióticos. Desde la llegada del pueblo al poder, concibió las
conmemoraciones históricas como vías de instrucción y educación
revolucionarias. Expresa que las fechas patrias deben servir de
recuento y análisis; de ejemplo, estímulo y aliento. Exhorta a que
se refuerce el contenido político e ideológico de conmemoraciones y
efemérides revolucionarias, tanto nacionales como internacionales, a
fin de que, ajenas a todo formalismo y espectacularidad, contribuyan
al logro de objetivos concretos como la mejor forma de honrar a
héroes y mártires.
La columna vertebral de su obra
educativa en todos los sectores de la vida de la nación y del pueblo
es el concepto, heredado de nuestras tradiciones patrióticas e
inculcado por nuestro Comandante en Jefe, de que los principios
nunca son negociables por adversas que puedan ser las
circunstancias.
Sus ideas de la educación patriótica
están enlazadas orgánicamente con la educación en el
internacionalismo desde la raigal definición martiana de que "patria
es humanidad". Dice que ancha es la patria de los revolucionarios y
que debemos estar dispuestos a acudir a cualquier país desde donde
se nos llame y, sentencia, "con ese espíritu ha de educarse nuestra
juventud".
Ha explicado, en su labor de
educación política, el papel del partido como garantía de la
continuidad de la Revolución. Hace treinta y tres años, cuando
concluía una reflexión en torno al análisis de la estructura del
Comité Central, decía con la vista puesta en el futuro:
A los dirigentes históricos de la
Revolución, minuto a minuto, el tiempo nos pasa su cuenta inexorable
y nos va acortando la vida. Y con este trabajo estamos preparando,
con la participación de ustedes, al gran dirigente de nuestra
Revolución de hoy, de mañana y siempre que será nuestro Partido
Comunista.
Desde la dirección del MINFAR, tarea
de gran importancia que no es segunda de ninguna, sabe Raúl el costo
de la victoria, pero comprende a la perfección lo que significaría
una derrota. Por ello, con voluntad firme e indoblegable ha educado
a jefes y a oficiales en la convicción del Comandante en Jefe de que
las victorias se forjan antes de las batallas, de que un pueblo muy
bien preparado para la guerra es la mejor garantía para evitarla. De
ahí su concepción de que la preparación combativa y la preparación
política constituyen una unidad indisoluble. En intervenciones
magistrales ha explicado que el binomio unidad política-preparación
militar de los revolucionarios cubanos hace que el enemigo piense
una y otra vez el costo que tendría que pagar en vidas si osara
atacar a este pueblo que desde que conoció la libertad está
dispuesto a defenderla con su sangre. Una de las misiones
estratégicas de Raúl ministro y, por encima de todo, educador
político, sobre cuyos hombros ha pesado y pesa la organización y
preparación del país para la defensa, ha sido y es forjar la
convicción de que tenemos que trabajar para la victoria tanto desde
las "trincheras de piedras" como desde las "trincheras de ideas".
VILMA
Nadie puede dudar del tiempo que le
reclaman las enormes tareas que la Revolución y personalmente el
Comandante en Jefe depositan en él. Sin embargo, Raúl siempre ha
encontrado tiempo para atender a su familia y preocuparse por la
educación de sus hijos que, ya adultos, son personas trabajadoras,
responsables, sencillas y de gran calidad humana. Raúl y Vilma,
formaron sus hijos desde sus valores y ejemplos personales. Hablar
de Raúl con respecto a su familia es imposible sin aludir a Vilma,
figura imprescindible en la historia y en la obra de la Revolución.
Vilma, a quien Raúl admiró desde que la conoció y después amó.
Vilma, la combatiente clandestina, la insurrecta del alzamiento del
30 de noviembre de 1956, la guerrillera en la Sierra y la
protagonista, a partir de 1959, de la revolución que se produjo
dentro de la Revolución por la emancipación e igualdad de la mujer.
Con autoridad moral incuestionable,
el Segundo Secretario de nuestro Partido se ha referido al papel de
la familia en la educación de niños y jóvenes y ha destacado con
palabras claras el papel de los padres, con consejos y preceptos,
pero sobre todo con su ejemplo, en la educación de los hijos,
CONFIANZA EN LOS JÓVENES
Su conocimiento de la vida, de los
seres humanos, sus convicciones revolucionarias y su confianza
infinita en los jóvenes hacen del compañero Raúl un calador profundo
en la esencia de la educación de las nuevas generaciones, así como
un crítico contundente de formas y métodos que no se corresponden
con cada tiempo histórico, con cada nueva etapa del desarrollo de la
Revolución, con la realidad, con la vida misma. Reconoce que los
jóvenes de hoy son en efecto más exigentes porque son
incomparablemente más capaces, más instruidos, más cultos y, sobre
todo, más críticos, y que no es un mal síntoma que sean así, sino al
contrario. Ha alertado, al mismo tiempo, que lo erróneo es querer
llegar a ellos mediante fórmulas esquemáticas, con recursos
triviales y argumentos insustanciales. A su juicio, para llegar a la
mente y al corazón de los jóvenes, fortalecerlos ideológica y
políticamente, despertar su interés y estimular sus motivaciones, el
trabajo político-ideológico tiene necesariamente que ganar en
extensión y en profundidad, tiene que ser incomparablemente más
riguroso y, sobre todo, más moderno.
Por eso está convencido de que cada
generación necesita de sus propias motivaciones y de sus propios
valores, a la vez que insiste en dejar bien claro que nadie será hoy
revolucionario solo porque le expliquemos la penuria que padecieron
sus padres y abuelos. Hablar de ello es importante, pero la
evocación de la triste realidad que le tocó conocer a los
antepasados de esos jóvenes tiene que ir acompañada de la
argumentación que les indique qué deben hacer en esta hora y qué les
depara el porvenir. Raúl concibe la educación de los jóvenes con los
jóvenes como protagonistas de su propia formación, como
participantes activos en su aprendizaje, en la labor transformadora,
en llevar siempre a la Revolución a nuevas metas, a nuevos niveles
de desarrollo, como herederos de la experiencia de los que le
precedieron, pero con luz propia, iniciativa, creatividad y un
profundo sentido del compromiso de ser continuadores cualesquiera
que sean las dificultades.
Es una personalidad de carácter
fuerte. Inquebrantable, sensible, jovial, con una inteligencia
preclara. Su visión de la cultura, sus estudios, la práctica
revolucionaria, sus experiencias políticas y las enseñanzas de Fidel
le hicieron ver claro que la solución de los grandes problemas de
Cuba en la segunda mitad del siglo XX estaba en la liberación
nacional y en la revolución social por la vía de la lucha armada y
por la educación y la cultura.
Los medios de propaganda del mundo
capitalista de hoy —esa maquinaria sofisticada y tenebrosa al
servicio del engaño y la distorsión de la verdad que el mismo
Goebbels hubiera envidiado— han tratado de dibujar, desde hace
muchos años, la imagen de Raúl como un ser extremista, hosco y
áspero en sus relaciones humanas, desprovisto de sentido del humor y
carente de sensibilidad. Lo hace así el enemigo porque sabe muy bien
lo que Raúl representa para la Revolución, para nuestro pueblo y
para los destinos del país. No es casual entonces que traten de
desfigurar su imagen. Claro, ya se sabe en manos de quién están esos
medios y quiénes pagan lo que en ellos se divulga.
Cómo van a hablar bien de Raúl los
medios de propaganda del capitalismo. Cómo van a tener un
acercamiento honesto a una persona que se sabe que es firme en lo
que debe demandar de cada tarea que encomienda sin dejar por ello de
ser afable, afectuoso, humano, comprensivo; que sabe ser serio y
exigente y, al propio tiempo, amistoso y capaz de escuchar el relato
de una anécdota o disfrutar de un chiste. Un ser profundamente
humano.
CAMINANDO CON FIDEL
Uno de los aportes de Raúl a la
experiencia revolucionaria cubana es, sin dudas, la creación del
Segundo Frente Oriental Frank País. Fue ese Frente, como se ha
dicho, un Estado en la guerra y una demostración de que es posible
desarrollar una obra de justicia social en pleno fragor de los
combates, en plena lucha de liberación.
Raúl ha explicado cómo el compañero
Fidel le anticipó sus ideas en torno a la estrategia a seguir en el
curso de la guerra revolucionaria. Fue en diciembre de 1957 en un
lugar conocido como Balcón de la Habanita donde se encontraba la
Columna 1 "José Martí" al mando del Comandante en Jefe, en acciones
combativas entre Pilón y Manzanillo. Fidel era del criterio de que
una vez consolidado el frente de la Maestra habría que crear nuevas
columnas guerrilleras y, entre otras, enviar una a la zona de la
Sierra Cristal, otra al este de la Maestra, en las proximidades de
Santiago de Cuba; otra a la región central del país y una más hasta
Pinar del Río, la más occidental de las provincias cubanas. Esa fue
la estrategia concebida y a Raúl le esperaba una importante nueva
misión.
Dice al respecto en su Diario de
Campaña en las anotaciones correspondientes al mes de febrero de
1958:
(...) Febrero- domingo 23. Caminando
con Fidel por el patio de la casa, me informó que escogiera 50
hombres para realizar la misión que le pedí una vez. Me volví loco
de contento y empecé a trabajar preparando a la gente. Le puse por
nombre "Operación Frank País" en honor al inolvidable combatiente
caído. Ese mismo nombre sería el de la Columna y el del Frente que
se abriría (...)
El día 1ro. de marzo de 1958, en
horas de la mañana, los integrantes de las columnas número 3 y
número 6 se reunieron en la comandancia del Che Guevara en Pata de
la Mesa. Aproximadamente a media mañana tuvo lugar un importante
intercambio con Fidel.
Debemos recordar que como expresión
de la idea estratégica del Comandante en Jefe, en la Columna 1 José
Martí, en la Sierra Maestra, se forjaron los jefes y el núcleo
fundador de las restantes columnas. De esa manera, valiosos
compañeros aportarían al Segundo Frente el concurso de su
experiencia, de su valor, de su voluntad revolucionaria.
Acompañarían a Raúl veteranos del desembarco del Granma,
combatientes del alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba,
campesinos y obreros, hombres hechos en los combates. La escuela de
Fidel se multiplicaba y se escogía a Raúl para esa trascendente
misión por sus probadas condiciones revolucionarias, sus valores
como jefe, su autoridad político-militar indiscutida y su don
especial para interpretar y concretar las ideas del fundador del
Ejército Rebelde. Una misión excepcional requería de un jefe
excepcional. Este fue Raúl, avalado por la vida y por la historia.
La marcha hacia la fundación del
Segundo Frente Oriental Frank País tiene una especial huella
sentimental e histórica: desde los días del Moncada, es esa la
primera vez en que Fidel y Raúl no estarán juntos.
Por fin, a las cuatro de la tarde del
11 de marzo de 1958, luego de una marcha de veinte horas, tenía
lugar el acontecimiento esperado: la Columna 6 Frank País llegaba a
Piloto del Medio, al norte del municipio de San Luis. Concluía la
operación que el propio Raúl llamó Frank País y quedaba abierto
oficialmente el Segundo Frente Oriental con el nombre luminoso del
maestro y dirigente nacional del Movimiento Revolucionario 26 de
Julio.
El Frente quedó organizado en
columnas de combate, la Fuerza Aérea Revolucionaria y en
departamentos que se ocupaban de los asuntos de Guerra, Justicia,
Propaganda, Finanzas, Construcciones y Comunicaciones, Buró Agrario,
Buró Obrero, Sanidad y Educación. El funcionamiento de este aparato
de la administración del territorio liberado propició mejorías en
las condiciones sociales de los pobladores de aquella región
serrana, que, como otras tantas del país, habían sido históricamente
olvidadas por los diferentes gobiernos que Cuba sufrió durante la
república neocolonial. Por ejemplo, al valorar el trabajo allí
realizado en las esferas de sanidad y educación, dijo el compañero
Raúl:
El prestigio que alcanzó la labor
sanitaria y de educación que se desarrolló con la población civil
fue un incentivo que acrecentó su decidida colaboración con el
Ejército Rebelde y contribuyó de modo muy especial a enraizar el
respeto que sentía por él. He considerado siempre que el conjunto de
ese esfuerzo constituyó de hecho un trabajo político y social masivo
de inestimable valor que hizo sentir de modo muy directo a los
habitantes de aquellos territorios lo que representaría el triunfo
de la Revolución.
UNA EXPERIENCIA FORMIDABLE
Bajo la conducción de Raúl, en el
Segundo Frente y en plena guerra de liberación nacional, se
desarrolló una experiencia formidable. Baste recordar que se
construyó un grupo de escuelas y se pusieron en funcionamiento
otras, hasta un total de más de cuatrocientas, haciéndose ya
realidad la profecía que el propio Raúl había enunciado, cuando casi
al amanecer del 17 de enero de 1957, viendo arder el cuartel de La
Plata, (al que él mismo prendió fuego), momentos después de la
primera victoria del Ejército Rebelde, escribió en su diario: Desde
lo lejos, se veían arder sobre los cuarteles de la opresión, las
llamas de la libertad. Algún día no lejano sobre esas cenizas
levantaremos escuelas.
También se instalaron no menos de
veinte hospitales, además de la labor que se acometió en la
construcción de caminos, pistas de aterrizaje, el establecimiento de
una importante red de comunicaciones por teléfono y plantas de radio
entre las columnas rebeldes, sin olvidar las actividades de tipo
jurídico-civil y las de la prensa revolucionaria. No olvidar que
aquel territorio libre de Cuba fue el escenario del Congreso
Campesino en Armas, el 21 de septiembre de 1958, y del Congreso
Obrero en Armas, el 8 de diciembre del mismo año.
Singular experiencia fue la creación
de la Escuela de Instructores Políticos para la Tropa José Martí.
Raúl sabía que el camino a la libertad pasaba por la preparación de
las personas, por el acceso de estas a la cultura, en primer lugar a
la cultura política, a la comprensión de la situación del país y la
necesidad de un cambio. Entonces, en aquel año de decisivas acciones
militares contra la tiranía, sin dejar de combatir, existió una
escuela política donde se enseñaba Historia y Geografía de Cuba,
Cívica basada en el ideario martiano, Objetivos y Problemas de la
Revolución cubana; asignaturas que tenían un enfoque encaminado a
explicar la injusticia social en nuestro país y lo que habían
significado los gobiernos y los monopolios norteamericanos en la
frustración de la independencia del país, su apoderamiento de
nuestros recursos económicos y su apoyo a la tiranía de Batista.
Raúl explicaba personalmente en esa
Escuela los temas que tenían que ver con la ética del combatiente;
la ética de un ejército revolucionario que jamás maltrató a un
prisionero y que acabó con los abusos que se cometían con la
población campesina y los desmanes que bandidos y tropas de la
tiranía perpetraban en aquella zona.
El Segundo Frente fue también
expresión de la obra del Ejército Rebelde en los territorios que
liberaba. Fidel estuvo siempre consciente de que tan imprescindible
como el armamento para la derrota del ejército enemigo, eran las
armas de la cultura, de la educación, de las expresiones de la
justicia social para contribuir de manera raigal a la emancipación
de cubanas y cubanos. En este sentido, la obra que los combatientes,
bajo la dirección de Raúl, acometieron allí fue la anticipación de
lo que sería el Estado revolucionario cuando el pueblo llegó
masivamente al poder por primera vez en nuestra historia.
Fidel calificó el Segundo Frente como
"modelo de organización, administración y orden", y esa valoración
de nuestro Comandante en Jefe es la opinión del gestor principal de
las ideas que se concretaron en esa estratégica experiencia a la que
Raúl consagró toda su inteligencia y energía. Se insertaba en la
concepción de la Revolución que concebía la extensión y ampliación
de los frentes de combate dentro y fuera de la provincia de Oriente.
La concreción de esa estrategia obligó al enemigo a dividir sus
fuerzas y reveló progresivamente su incapacidad para detener el
avance del ejército revolucionario. Fue una fragua de la que
salieron cientos de combatientes y cuadros bajo la guía de su
fundador y jefe, el Comandante Raúl, quien a lo largo de todos estos
años ha construido, con su energía, probada capacidad de mando y
magisterio permanente, unas Fuerzas Armadas que demuestran su
patriotismo, profesionalidad, calidad, capacidad y sentido militante
del internacionalismo.
CAPAZ, RESPONSABLE Y BRILLANTE
En el tejido de esta historia está la
voluntad indoblegable de Raúl para formar jefes, oficiales y
combatientes cumplidores de su deber, conscientes de que el amor a
la Patria es lo primero. Ellos, a su vez, saben inculcar a sus
subordinados la decisión acerada de ser firmes defensores del
socialismo y de la soberanía, conocedores de que si perdiéramos el
socialismo perderíamos la soberanía y nuestra independencia como
nación.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias
nacidas con el Ejército Rebelde el 2 de diciembre de 1956 han
crecido y se han multiplicado para llegar a constituir hoy una
fortaleza inexpugnable en defensa de la Revolución, que equivale a
decir en defensa de los sueños y esperanzas de nuestro pueblo y de
los que junto a nosotros, en otras partes del planeta, creen no solo
en la posibilidad, sino en la necesidad de un mundo mejor. En la
forja de ese puño de acero está la obra de millones de
revolucionarios, mas un lugar muy especial en la historia de las FAR
lo tienen la consagración y la energía creadora de Raúl, su
fidelidad al Comandante en Jefe, y su confianza en que aquella
semilla que se sembró desde la epopeya del Granma continúe
germinando, invicta y pujante en las nuevas generaciones de soldados
de la Revolución.
Gianni Miná, en su célebre entrevista
con Fidel, al hablar de los hombres de la Revolución, preguntó al
Comandante en Jefe:
¿Y su hermano Raúl?
Fidel, con gran objetividad,
respondió: Es capaz, responsable y brillante...
El sagaz periodista italiano volvió a
la carga en otro momento de la entrevista: "Comandante, ¿su sucesor
será su hermano Raúl? ¿Qué cualidades posee él que usted no tiene y,
a su vez, cuáles defectos tiene él que usted no tiene?"
Respondió Fidel:
Oye, me vas a poner a hacer un examen
comparativo entre dos hermanos. Yo creo que no sería correcto que me
pusiera a hacer ese tipo de examen.
Añadió:
Lo que ocurrió es que al principio de
la Revolución nosotros conocíamos los planes de la CIA para
asesinarme, un método, algo que han tratado de hacer durante mucho
tiempo, y lógicamente, había que tomar algunas medidas preventivas.
En aquella época se hablaba mucho de que Raúl era más radical, todas
aquellas cosas. Yo llegué a la conclusión de que realmente, en aquel
momento, en aquellas circunstancias, ante el pueblo había que
explicar que la eliminación física mía no liquidaría la Revolución y
que inmediatamente habría otro jefe revolucionario. Y en mi opinión,
el compañero que estaba más preparado de todos, al que conocía muy
bien, para realizar esa tarea, era el compañero Raúl. Desde entonces
se estableció ese precedente y se creó el cargo, incluso de Segundo
Secretario del Partido.
Fidel le contaba a Miná, el momento
en que a Raúl se propuso para ocupar el cargo de Segundo Jefe del
Movimiento 26 de Julio. Fue el 21 de enero de 1959, solo tres
semanas después del triunfo de la Revolución, en el grandioso acto,
denominado "Operación Verdad", efectuado, frente al entonces Palacio
Presidencial. Allí, el Comandante en Jefe después de hacer mención a
la preocupación del pueblo por su seguridad, esclareció su
invariable determinación de desafiar tranquilamente todos los
peligros, y que pase lo que pase, a la Revolución no la detendrá
nada ni nadie. Y les dijo a sus enemigos que detrás de él vienen
otros más.
Luego expresaría que: Para tomar
todas las medidas de precaución, porque aquí hay que estar
prevenidos contra todo, le voy a proponer a la Dirección del
Movimiento 26 de Julio que designe al compañero Raúl Castro como
Segundo Jefe del Movimiento 26 de Julio. Lo hago no porque sea mi
hermano, que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo, sino
porque honradamente lo considero con cualidades suficientes para
sustituirme en el caso que yo mañana muriera en esta lucha, porque
además, es un compañero de firmes convicciones revolucionarias, que
ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió
el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de
los que organizó el Segundo Frente Frank País, y de los que ha dado
relevantes pruebas de capacidad como organizador y militar. Ojalá
que en este caso no se hubiese tratado de un hermano mío, ojalá
hubiera sido otro; para que no quedara la menor sospecha de que se
trata de favorecer a un familiar.
Más adelante, continuó Fidel: Y al
plantear aquí la necesidad de que el pueblo esté alertado y esté
prevenido contra cualquier agresión en la persona de uno de sus
dirigentes, al plantear aquí esa necesidad, lo hago con una fuerte
convicción, de hombre que no solo le preocupa el presente, sino
también el futuro de la Patria, de hombre que le preocupa la Patria
no solo mientras viva, sino también cuando muera. Y al plantear
aquí, que considero que el compañero Raúl Castro podía sustituirme
en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero
consultar con el pueblo si está de acuerdo (Aclamaciones y gritos de
"SÍ").
La historia, la vida y el respaldo del pueblo se ha
encargado de corroborar la certeza de esa decisión y del acuerdo
popular.
0806 - En Agosto del 2006 el gobierno de
Cuba anunció que debido a una enfermedad de relativa gravedad, Fidel
Castro debió delegar provisoriamente el mando en su hermano Raúl.
Tratándose de una personalidad política de las dimensiones de Fidel
Castro y entre otros factores, por razones de estado y seguridad, es
muy poco lo que se informa sobre este tema.
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