Biografías
Cayo Valerio Catulo
A. López Kindler

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Lírica romana. Poesía latina - Textos de Catulo - Textos sobre Literatura - Julio César Vida y obra - Safo de Lesbos Vida y obra

. Concepto del amor y de la pasión en Catulo

Uno de los mejores poetas líricos romanos. De su vida poseemos muy pocos datos ciertos. Transcurrió, según la mayoría de los autores, entre los a. 87 y 54 a. C. De importante familia veronesa, aprox. con 20 años de edad se trasladó, para seguir su educación o en pos de su amada, a Roma, donde desde el primer momento frecuentó a la aristocracia del dinero y de la inteligencia: el mecenas Manlio Torquato, Quinto Hortensio el orador, el poeta Licinio Calvo, Helvio Cinna, Asinio Polión, el historiador Cornelio Nepote, etc. Particular interés ha suscitado su postura ante Julio César, amigo de la familia del poeta, por lo que puede revelar de actitud política personal. Sin embargo, las críticas más o menos directas (carmina 29, 53, 54, 57, 93) no van más allá de la vida privada del dictador.

Algunos hechos de su vida penetran aislados en el alma del poeta y se reflejan en su obra. Así, la muerte de un hermano o el viaje a Bitinia en el cortejo del propretor Memnio, su única participación en la vida pública. El gran acontecimiento de la vida de C. es la historia de sus amores con Lesbia. Sobre ellos giran las tres cuartas partes de su obra literaria. Ese simple dato explica que la identificación de esa mujer haya sido desde siempre tema obligado en los estudios catulianos. No han faltado quienes han visto en el nombre una ficción literaria, reflejo de la admiración del poeta hacia Safo, la poetisa lesbia, o hacia las mujeres de aquella isla, famosas en el mundo grecorromano por su hermosura. Sin embargo, siguiendo a Apuleyo, es opinión común que Lesbia encubre la persona de Clodia, hermana de P. Clodio Pulcher, tribuno de la plebe, para nosotros famoso ante todo por su enemistad con Cicerón. Quienquiera que fuese, esta mujer no fue fiel al poeta. Provocadas por sus desvíos, en el corpus catuliano se suceden escenas de exultación amorosa junto a otras de celos, de ruptura o de reconciliación a un ritmo que sembró en el espíritu de C. esa actitud reflejada en el famoso carmen 85: «Odio y amo. ¿Cómo es posible?, preguntarás acaso. No lo sé, pero siento que así me sucede y es un suplicio».
     
Este apasionamiento no impide que C. se muestre en su obra como un hombre cultivado, profundo conocedor de la literatura griega y de los recursos de la retórica, introducido plenamente en las ideas literarias del momento. Es la suya una época en la que, huyendo de la epopeya de tipo homérico y enniano, llevados por la influencia de los neóteroi (modernistas) alejandrinos, sobre todos Filitas de Cos y Calímaco, los poetae novi se dedican a escribir composiciones breves, narraciones amorosas de tipo mitológico que permiten expresar los propios sentimientos, incluso las experiencias amorosas personales. Es esta condición de poeta novus, el único cuyas obras de han conservado, como tal cultivador de diversos géneros poéticos, observante escrupuloso de la corrección en la forma, la que justifica que C. haya pasado a la posteridad, en expresión acuñada por Lígdamo, como un doctus poeta.
     
En su conjunto, la obra de C. consta de unos 2.300 versos, agrupados en 116 carmina. Es habitual considerarla dividida, desde un punto de vista topográfico, en tres partes. La primera contiene 60 poemas cortos, escritos en diversos metros líricos, sobre todo endecasílabos falecios, coliambos y trímetros yámbicos. La segunda consta de cuatro poemas (61 a 64), todos largos, escritos en distintos metros. La última comprende alrededor de 50 poemas, cortos y largos, compuestos en dísticos elegíacos. La ordenación actual del corpus no responde como se ve a un criterio métrico; tampoco a consideraciones temáticas, de género literario o cronológicas. Esta ausencia de agrupación por algún concepto lógica, plantea serios problemas que no acaba de resolver la historia de la transmisión del texto. Hacia el a. 1300 se descubre en Verona el manuscrito del que proceden todos los códices conocidos actualmente, con excepción del Thuaneus, del s. ix, que sólo contiene el carmen 62. Ambos parecen proceder de un tronco común unitario: el liber catullianus. Sin embargo, las citas de Servio, Plinio y sobre todo Juvenal, junto a la existencia de fragmentos catulianos no incluidos en los citados manuscritos, pueden interpretarse como argumentos en pro de la existencia de varias colecciones poéticas del mismo autor. Si a esto se añade la evidencia del análisis de las características internas y externas del corpus, extraordinaria amplitud, heterogeneidad del contenido, testimonios del propio C., parece imponerse la idea de que debió haber libros de poemas publicados por separado. Es imposible, sin embargo, determinar quién los publicó, en qué orden aparecieron y con qué criterios se agruparon los distintos libelli.
     
Con un criterio literario, se puede distinguir en la obra catuliana: a) narraciones poéticas, dentro del epillion o épica corta. Ejemplo típico es el carmen 64, las Bodas de Tetis y Peleo, tema en el que C. inserta, con una técnica propia de la docta poética alejandrina, la historia de Ariadna. En todas ellas aparecen rasgos originales tanto narrativos como poéticos; b) elegías, género con una tradición de al menos cinco siglos en la cultura grecorromana. Son, sin embargo, las primeras conservadas íntegramente. Su carácter íntimo, personal, ya apuntado en los precedentes romanos (Varrón de Atax, C. Licinio Calvo), parece ser innovador respecto a los modelos griegos y alejandrinos; c) poemas matrimoniales, epitalamios, con motivos en torno a las ceremonias de las bodas. Este género, presentado en C. por los carmina 51, 52 y los versos 323 a 381 del 54, cuenta también con una tradición multisecular que tiene sus precedentes en Homero; d) poemas cortos con temas brindados por sucesos de la vida ordinaria. Dentro de ellos están representados la dedicatoria, el poema satírico, el amoroso, la narración de una anécdota, el poema de invitación, el votivo, etc.
     
Es C. un poeta de extraordinaria influencia en toda la literatura romana posterior (Marcial, Estacio, Ausonio), hasta el S. VII en que deja de ser conocido directamente. A partir del trecento italiano, pueden atisbarse huellas de su presencia en la literatura de todos los tiempos y todos los países: Sannazaro, Ronsard, Montaigne, Goethe.
     
    BIBL.: Ediciones: M. DOLO, C. Valerio Catulo. Poesías, Barcelona 1963 (bilingüe); C. J. FORDYCE, Oxford 1961 (comentada).Estudios: G. BAYET y OTROS, Catulle, Ginebra 1956; G. LUCK, The latín love Elegy, Londres 1959.

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Concepto del amor y de la pasión en Catulo - Alejandro Gamero Parra - Santino3712@hotmail.com


Los escasos datos que se conocen sobre la vida de Catulo se organizan en su mayor parte en torno a las informaciones que el propio Catulo ofrece al lector en su poesía. Este hecho ya pone al lector sobre la pista de lo que va a significar en parte la gran originalidad de este poeta.

Nace, probablemente en Verona, poco antes de la dictadura de Sila (San Jerónimo conjetura la fecha del año 87 a. de C., pero esta fecha puede ofrecer algunos problemas), y muere con el primer triunvirato (alrededor del año 54 a. de C.). En cualquier caso, la vida de Catulo es corta e intensa. Muere joven, y al morir deja constancia de las experiencias más significativas que marcaron su vida.

Catulo se traslada a Roma, y allí entra a formar parte de los llamados poetae novi o neoteroi, como los denominaba Cicerón, que se caracterizaban por buscar una renovación en cuanto a temas y formas poéticas. Dentro de este grupo de poetas figuran nombres como C. Helvio Cinna (poema XCV), C. Licinio Calvo (poema XCVI) o Cornificio entre otros. Se oponían al modelo de poesía heróica estereotipada, herencia de Ennio, cultivando una poesía caracterizada por su individualidad y su subjetividad. Éste es uno de los grandes aciertos de Catulo: haber escrito una poesía sincera y directa, que trata de evitar la erudición mitológica y universaliza el tema en epigramas, con gran influencia de Safo (el poema LI es una traducción de un poema de Safo) y de Arquíloco; aunque también escribe extensos poemas narrativos, con influencia de Calímaco (el poema LXVI es la traducción de un poema de Calímaco), de abundantes referencias mitológicas y un lenguaje exquisito poblado de helenismos, con la diferencia de que no tienen la finalidad moral y didáctica que tenían los poemas de sus predecesores.

La obra de Catulo se suele dividir generalmente en tres partes: desde el poema 1 al poema LX, desde el poema LXI al poema LXVIII, y desde el poema LXIX al poema CXVI. Las partes primera y tercera son precisamente las composiciones que se caracterizan por su sinceridad, su lenguaje sencillo y directo, y su intensidad. En definitiva, son los poemas que ofrecen más pistas acerca de la personalidad del autor. La segunda parte se compone de los extensos poemas narrativos; no es que Catulo esté fuera de esos poemas narrativos, pero trata de establecer una cierta distancia, que no siempre es posible (se introduce como motivo de los poemas LXI y LXII el canto a las bodas de su amigo Manlio Torcuato, y en el poema LXIV aparece como historia secundaria, paralela a la principal, los tristes lamentos de Ariadna al ser abandonada por Teseo, lo cual podría identificarse en cierta manera con el propio Catulo).

Pero dejando a un lado la belleza de poemas como el LXII o el LXIII (incluso dejando a un lado el poema LXVII, que será todo un referente para la poesía satírica posterior, y como crítica de la sociedad del momento), la poesía que muestra realmente la personalidad de Catulo es la del primer y tercer grupo.

Pero, ¿quién es verdaderamente Catulo? Su personalidad es de una complejidad extremada: a un tiempo se presenta como persona de muy buen humor, que se expresa a través de ironías más o menos sutiles (como en los poemas VI, XII, XIII, LXXXIV, XCVII, etc.), y como alguien azotado por las circunstancias de su vida, que le impulsan irremediablemente al dolor y a la violencia verbal. Sin duda, impulsivo y directo. No se interesa por cuestiones políticas, y eso se demuestra en que sus críticas dirigidas a Julio César van más referidas al plano sexual, que a una crítica política en sí (en el poema XCIII en el poema LVII). Es al mismo tiempo una persona tremendamente apasionada, tanto para la amistad, como para el amor, el odio o el desprecio. Dedica una gran cantidad de poemas a sus amigos, a veces reprochándoles una falta de interés por su parte, y otras simplemente expresándoles su cariño (poema IX).

Catulo es, ante todo, un hombre de su tiempo. Por eso no debe extrañar al lector actual el que, a pesar de haberse confesado apasionadamente enamorado de Lesbia, contrate los servicios de prostitutas (poemas XLI o XLII), esté enamorado de un niño llamado Juvencio (poemas XXIV o XLVIII), con un amor que peca de inocente (poema XCIX), y al mismo tiempo reproche a algunos de sus amigos su comportamiento ante el propio Juvencio (poema XVI). Estos poemas por lo tanto ofrecen un testimonio acerca de la sexualidad de la época, que era tremendamente más compleja que la actual (de ahí que muchos se escandalicen con la poesía de Catulo).

Sin embargo, el acontecimiento fundamental en la vida de Catulo se llama Lesbia. Sin ella Catulo es tan impensable como Petrarca lo sería sin Laura. Lesbia pasa a ser, no simplemente un tema, sino una fuerza generadora de poesía, una inspiración dolorosa. Ambos se pueden considerar como los autores de esos poemas. No está claro quién fuera Lesbia, pero probablemente se trate de Clodia Pulcher, hermana de Clodius Pulcher (debido a referencias en los poemas LXXVIII y LXXIX) y esposa de Quinto Metelo Céler. Existen noticias de Clodia a través de Cicerón y de otros autores.

Lesbia, que pertenecía a la alta aristocracia romana, a pesar de ser una mujer casada, se caracterizaba por las infidelidades hacia su marido y su gran número de amantes, entre los que se encontraba incluso su propio hermano. Pertenecía a un sector social en el que las costumbres morales estaban sometidas a un cierto relajamiento. De no haber sido así, Catulo probablemente nunca podría haber sido su amante, ni tampoco le habría escrito esos hermosos poemas. No se puede concebir a Lesbia de otra forma que no sea así. Era necesario que lo fuera para que Catulo llevara el amor hasta los límites de una pasión que rozaría con el odio. Catulo se siente engañado y traicionado por Lesbia, aunque los momentos de entrega amorosa son intensos (poemas V o VII). Esta traición amorosa, unida a la muerte de su hermano (poemas CI y LXV), hacen que exista en Catulo un vaivén entre el buen humor propio de su carácter y las circunstancias de una vida nada fácil.

Es precisamente esa traición amorosa la que hace que Catulo escriba los poemas más intensos, más sorprendentes y magníficos. Catulo no insulta directamente a Lesbia, sino que se limita a constatar una realidad (en el poema XI o en el poema XXXVII), que es el insaciable apetito sexual de Lesbia y su elevado número de amantes. Si quisiera insultarla directamente no escatimaría en obscenidades, como hace en los poemas LXIX, XCVII o XXXIX. Los ataques directos son más bien hacia sus amantes (Rufo, Emilio y Egnacio en este caso, respectivamente). Pero existe siempre un relativo pudor que le lleva a tratar con gran cuidado la figura de Lesbia.

De todas formas, aunque Catulo hubiera insultado abiertamente a Lesbia, así no habría hecho más que reafirmar la intensidad de su amor hacia ella; porque según él, el hecho de hablar mal sobre la persona que se amó es signo de que la pasión amorosa todavía no se ha apagado, sino más bien al contrario: brilla con más intensidad (poemas LXXXIII y XCII). Es aquí donde reside auténticamente la genialidad de Catulo: ha conseguido borrar las fronteras aparentes entre el amor y el odio (poema LXXXV), la traición amorosa de Lesbia no hace más que acrecentar su amor, en lugar de disminuirlo (poemas LXXII y LXXV). Es un hombre que reconoce que su pasión amorosa le está destruyendo (los poemas VIII o XXXVIII, o el poema LI con su otium, Catulle, tibi molestum est), pero aún así ha confesado que es incapaz de dejar de amar, y aún la ama con más pasión todavía. Catulo no puede evitarlo, está preso de la intensidad de sus sentimientos hacia Lesbia, es algo superior contra lo que no puede luchar, ya se manifieste en forma de amor o en forma de odio. Da igual, porque son variantes de un mismo corazón, ambos provienen de un mismo sitio.

Se suele decir que el poema XI sería cronológicamente el último, porque Catulo confiesa que ya no siente nada hacia ella (nec meum respectet, ut ante, amorem), pero el propio Catulo sabe que no puede hacer nada por salvarse de su amor, que el mero hecho de estar hablando de ella ya significa que la ama (poemas LXXXIII y XCII), o que la odia, porque en el fondo, lo mismo da una cosa que otra.

Bibliografía:

Víctor-José Herrero Llorente (introducción, traducción y notas de), Catulo. Poesías, Madrid, Aguilar, 1967.
Joan Petit (introducción, traducción y notas de), Catulo. Poesía, Barcelona, Planeta, 1990.
Juan Manuel Rodríguez Tobal (versión castellana y notas de), Catulo. Poesía completa, Madrid, Hiperión, 1999.
Mariano Roldán (traducción, prólogo y notas de), Noventa poemas de Catulo, Navarra, Pamiela, 1999.

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