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Concepto
del amor y de la pasión en Catulo -
Alejandro Gamero Parra -
Santino3712@hotmail.com
Los escasos datos que se conocen sobre la vida de Catulo se
organizan en su mayor parte en torno a las informaciones que el
propio Catulo ofrece al lector en su poesía. Este hecho ya pone al
lector sobre la pista de lo que va a significar en parte la gran
originalidad de este poeta.
Nace, probablemente en Verona, poco antes de la dictadura de Sila
(San Jerónimo conjetura la fecha del año 87 a. de C., pero esta
fecha puede ofrecer algunos problemas), y muere con el primer
triunvirato (alrededor del año 54 a. de C.). En cualquier caso, la
vida de Catulo es corta e intensa. Muere joven, y al morir deja
constancia de las experiencias más significativas que marcaron su
vida.
Catulo se traslada a Roma, y allí entra a formar parte de los
llamados poetae novi o neoteroi, como los
denominaba Cicerón, que se caracterizaban por buscar una renovación
en cuanto a temas y formas poéticas. Dentro de este grupo de poetas
figuran nombres como C. Helvio Cinna (poema XCV), C. Licinio Calvo
(poema XCVI) o Cornificio entre otros. Se oponían al modelo de
poesía heróica estereotipada, herencia de Ennio, cultivando una
poesía caracterizada por su individualidad y su subjetividad. Éste
es uno de los grandes aciertos de Catulo: haber escrito una poesía
sincera y directa, que trata de evitar la erudición mitológica y
universaliza el tema en epigramas, con gran influencia de Safo (el
poema LI es una traducción de un poema de Safo) y de Arquíloco;
aunque también escribe extensos poemas narrativos, con influencia de
Calímaco (el poema LXVI es la traducción de un poema de Calímaco),
de abundantes referencias mitológicas y un lenguaje exquisito
poblado de helenismos, con la diferencia de que no tienen la
finalidad moral y didáctica que tenían los poemas de sus
predecesores.
La obra de Catulo se suele dividir generalmente en tres partes:
desde el poema 1 al poema LX, desde el poema LXI al poema LXVIII, y
desde el poema LXIX al poema CXVI. Las partes primera y tercera son
precisamente las composiciones que se caracterizan por su
sinceridad, su lenguaje sencillo y directo, y su intensidad. En
definitiva, son los poemas que ofrecen más pistas acerca de la
personalidad del autor. La segunda parte se compone de los extensos
poemas narrativos; no es que Catulo esté fuera de esos poemas
narrativos, pero trata de establecer una cierta distancia, que no
siempre es posible (se introduce como motivo de los poemas LXI y
LXII el canto a las bodas de su amigo Manlio Torcuato, y en el poema
LXIV aparece como historia secundaria, paralela a la principal, los
tristes lamentos de Ariadna al ser abandonada por Teseo, lo cual
podría identificarse en cierta manera con el propio Catulo).
Pero dejando a un lado la belleza de poemas como el LXII o el LXIII
(incluso dejando a un lado el poema LXVII, que será todo un
referente para la poesía satírica posterior, y como crítica de la
sociedad del momento), la poesía que muestra realmente la
personalidad de Catulo es la del primer y tercer grupo.
Pero, ¿quién es verdaderamente Catulo? Su personalidad es de una
complejidad extremada: a un tiempo se presenta como persona de muy
buen humor, que se expresa a través de ironías más o menos sutiles
(como en los poemas VI, XII, XIII, LXXXIV, XCVII, etc.), y como
alguien azotado por las circunstancias de su vida, que le impulsan
irremediablemente al dolor y a la violencia verbal. Sin duda,
impulsivo y directo. No se interesa por cuestiones políticas, y eso
se demuestra en que sus críticas dirigidas a Julio César van más
referidas al plano sexual, que a una crítica política en sí (en el
poema XCIII en el poema LVII). Es al mismo tiempo una persona
tremendamente apasionada, tanto para la amistad, como para el amor,
el odio o el desprecio. Dedica una gran cantidad de poemas a sus
amigos, a veces reprochándoles una falta de interés por su parte, y
otras simplemente expresándoles su cariño (poema IX).
Catulo es, ante todo, un hombre de su tiempo. Por eso no debe
extrañar al lector actual el que, a pesar de haberse confesado
apasionadamente enamorado de Lesbia, contrate los servicios de
prostitutas (poemas XLI o XLII), esté enamorado de un niño llamado
Juvencio (poemas XXIV o XLVIII), con un amor que peca de inocente
(poema XCIX), y al mismo tiempo reproche a algunos de sus amigos
su comportamiento ante el propio Juvencio (poema XVI). Estos poemas
por lo tanto ofrecen un testimonio acerca de la sexualidad de la
época, que era tremendamente más compleja que la actual (de ahí que
muchos se escandalicen con la poesía de Catulo).
Sin embargo, el acontecimiento fundamental en la vida de Catulo se
llama Lesbia. Sin ella Catulo es tan impensable como Petrarca lo
sería sin Laura. Lesbia pasa a ser, no simplemente un tema, sino una
fuerza generadora de poesía, una inspiración dolorosa. Ambos se
pueden considerar como los autores de esos poemas. No está claro
quién fuera Lesbia, pero probablemente se trate de Clodia Pulcher,
hermana de Clodius Pulcher (debido a referencias en los poemas
LXXVIII y LXXIX) y esposa de Quinto Metelo Céler. Existen noticias
de Clodia a través de Cicerón y de otros autores.
Lesbia, que pertenecía a la alta aristocracia romana, a pesar de ser
una mujer casada, se caracterizaba por las infidelidades hacia su
marido y su gran número de amantes, entre los que se encontraba
incluso su propio hermano. Pertenecía a un sector social en el que
las costumbres morales estaban sometidas a un cierto relajamiento.
De no haber sido así, Catulo probablemente nunca podría haber sido
su amante, ni tampoco le habría escrito esos hermosos poemas. No se
puede concebir a Lesbia de otra forma que no sea así. Era necesario
que lo fuera para que Catulo llevara el amor hasta los límites de
una pasión que rozaría con el odio. Catulo se siente engañado y
traicionado por Lesbia, aunque los momentos de entrega amorosa son
intensos (poemas V o VII). Esta traición amorosa, unida a la muerte
de su hermano (poemas CI y LXV), hacen que exista en Catulo un
vaivén entre el buen humor propio de su carácter y las
circunstancias de una vida nada fácil.
Es precisamente esa traición amorosa la que hace que Catulo escriba
los poemas más intensos, más sorprendentes y magníficos. Catulo no
insulta directamente a Lesbia, sino que se limita a constatar una
realidad (en el poema XI o en el poema XXXVII), que es el insaciable
apetito sexual de Lesbia y su elevado número de amantes. Si quisiera
insultarla directamente no escatimaría en obscenidades, como hace en
los poemas LXIX, XCVII o XXXIX. Los ataques directos son más bien
hacia sus amantes (Rufo, Emilio y Egnacio en este caso,
respectivamente). Pero existe siempre un relativo pudor que le lleva
a tratar con gran cuidado la figura de Lesbia.
De todas formas, aunque Catulo hubiera insultado abiertamente a
Lesbia, así no habría hecho más que reafirmar la intensidad de su
amor hacia ella; porque según él, el hecho de hablar mal sobre la
persona que se amó es signo de que la pasión amorosa todavía no se
ha apagado, sino más bien al contrario: brilla con más intensidad
(poemas LXXXIII y XCII). Es aquí donde reside auténticamente la
genialidad de Catulo: ha conseguido borrar las fronteras aparentes
entre el amor y el odio (poema LXXXV), la traición amorosa de Lesbia
no hace más que acrecentar su amor, en lugar de disminuirlo (poemas
LXXII y LXXV). Es un hombre que reconoce que su pasión amorosa le
está destruyendo (los poemas VIII o XXXVIII, o el poema LI con su
otium, Catulle, tibi molestum est), pero aún así ha
confesado que es incapaz de dejar de amar, y aún la ama con más
pasión todavía. Catulo no puede evitarlo, está preso de la
intensidad de sus sentimientos hacia Lesbia, es algo superior contra
lo que no puede luchar, ya se manifieste en forma de amor o en forma
de odio. Da igual, porque son variantes de un mismo corazón, ambos
provienen de un mismo sitio.
Se suele decir que el poema XI sería cronológicamente el último,
porque Catulo confiesa que ya no siente nada hacia ella (nec
meum respectet, ut ante, amorem), pero el propio Catulo sabe
que no puede hacer nada por salvarse de su amor, que el mero hecho
de estar hablando de ella ya significa que la ama (poemas LXXXIII y
XCII), o que la odia, porque en el fondo, lo mismo da una cosa que
otra.
Bibliografía:
Víctor-José Herrero Llorente (introducción, traducción y notas de),
Catulo. Poesías, Madrid, Aguilar, 1967.
Joan Petit (introducción, traducción y notas de), Catulo. Poesía,
Barcelona, Planeta, 1990.
Juan Manuel Rodríguez Tobal (versión castellana y notas de),
Catulo. Poesía completa, Madrid, Hiperión, 1999.
Mariano Roldán (traducción, prólogo y notas de), Noventa poemas
de Catulo, Navarra, Pamiela, 1999. |