|
|
|
Biografías /
Biographies |
|
Contenidos disponibles en
español y en inglés - Availables resources in spanish and english -
Compilador / Compiler
Jorge
.
Biography 1
(English)
.
Biografía 2
(Español)
Biografía
en forma de ensayo (Español) -
Fuente
Revista Mexicana de Comunicación El nombre
verdadero de Truman Capote es Truman Streckfus Persons. Nació el 30 de
septiembre de 1924. Existe la biografía definitiva (Truman Capote. La
biografía, de Gerarld Clarke) que puede explicar cómo la celebridad del
personaje estuvo a punto de eclipsar al obsesivo autor que encontramos
en cada una de sus obras en las que dejó trazada por su parte la propia
existencia, desde Otras voces, otros ámbitos hasta Plegarias atendidas,
pasando por el relato Desayuno en Tiffany's y la canónica novela de no
ficción, A sangre fría, y las antologías de materiales periodísticos y
literarios testimoniales, Música para camaleones y Los perros ladran. Su
obra está empapada de realidad transcrita con los procedimientos de la
ficción. Comprender cómo los hechos capturados periodísticamente pueden
transmitirse y leerse como una novela pasa por él. Murió el 25 de agosto
de 1984. Con la dificultad de llevar las riendas de una vida sin control, empeñado en que las recuperaciones nunca fueran plenas, pese a sí mismo, Truman Capote acertó con su obra. Precisamente después de un largo periodo en el abismo de las drogas, el alcohol y el mundo sofisticado en el que se movía entre fiestas y viajes, durante 1979, el año que acaso fue el más fecundo de su carrera según su biógrafo Gerald Clarke1, Truman Capote escribió una serie de relatos cortos, de lo mejor que escribiera, que hizo públicos en The New Yorker, Interview y Esquire. Al inaugurarse la década de los ochenta, Truman Capote publicó Música para camaleones como reunión de esos textos, junto con otros relatos como "Mojave", escrito originalmente como un capítulo de Plegarias atendidas2, la novela que nunca concluyó pese a que la anunció después de aparecer el libro de A sangre fría, en 1966. Gerald
Clarke afirma que Música para camaleones fue resultado de una
suprema y heroica gesta de concentración por parte de Truman Capote,
quien hizo un último esfuerzo para demostrar lo que era capaz cuando
ponía su cerebro a trabajar. Una vez conseguido, Capote se rindió a
lo que él llamaba mis demonios y en esa entrega olvidó concluir
Plegarias atendidas. Capote tenía ya la certeza de que con
Música para camaleones3
había llevado a cabo la idea que le rondaba en la cabeza de que un
escritor debía tener todos sus colores y capacidades disponibles en
la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para
aplicarlos simultáneamente. Así también se lo contó al periodista
Lawrence Grobel que publicó Conversaciones íntimas con Truman
Capote.4
Dice Capote: Música para camaleones es eso -esa ambición de Capote- y otras implicaciones ocultas entre líneas. Vayamos por partes. El mismo Capote describía su trayectoria a través de cuatro ciclos creativos.5 El primero: los inicios exclusivamente literarios que arrojaron la novela Otras voces, otros ámbitos. El segundo: el tránsito de la ficción a la no ficción, que va desde la novela Desayuno en Tiffany's a una serie de artículos y reportajes publicados en The New Yorker que después aparecieron en forma de libros, como el titulado Se oyen las musas sobre el primer intercambio cultural entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El tercero: la creación de lo que implica una novela real con la factura de A sangre fría. Y el cuarto y último ciclo: dentro de la eterna proyección de Plegarias atendidas como una variante de novela real, la elaboración de relatos de ficción y de no ficción basados estrictamente en la documentación y en experiencias personales. Las historias de Música para camaleones están ubicadas en el cuarto y último ciclo creativo de Truman Capote. Son historias narradas desde la perspectiva del método, en un procedimiento que el periodista Ryszard Kapuscinski también empleó en su libro El sha o la desmesura del poder en el que reconstruye la caída de Reza Pahlevi del trono iraní durante 1978 a partir de la exhibición de fotografías, documentos y grabaciones. Truman Capote relata a partir del modo en que consigue la información: la entrevista a los personajes tal cual, transcrita en su totalidad, con algunas acotaciones narrativas, descriptivas e indicativas (en las que incluso también remite a fotografías, documentos, cartas y notas de su diario personal) y con reconstrucciones de diálogos y flash backs de los personajes. Si consideramos que Capote también privilegia el presentismo, el aquí y ahora de los sucesos mediante la precisión temporal explícita, el registro aparece como propio de una obra dramatúrgica o de un guión cinematográfico. Veamos un
ejemplo: el final del texto "Un día de trabajo". Truman Capote
acompañó a una trabajadora doméstica durante una jornada laboral que
ambos concluyeron en el interior de un templo, arrodillados. Escribe
Capote: (Su
lista de nombres es más numerosa que las cuentas del rosario, y sus
ruegos a favor de ellos tienen la intensidad de la llama del cirio
en el altar. Se interrumpe para mirarme). En estas
líneas, Truman Capote concentra su clave, sus constantes, contenidas
en los materiales de Música para camaleones, productos de la
experiencia misma y de la observación, a saber: Manejo de la técnica Truman
Capote es, ante todo, técnica. La realidad, cualquier anécdota, es
motivo para poner en marcha la maquinaria técnica de narración.
Cuando se le presentó el tema apropiado, Truman Capote intentó lo
que él llamaba el arte verdadero que no era sólo escribir bien, como
lo explicó en el prólogo de Música para camaleones, sino someterse a
las diabólicas complejidades de construir párrafos, la puntuación,
el empleo de diálogos por no mencionar el plan general del conjunto.
Incluso A sangre fría así surgió. Capote se lo confesó a Grobel de
la siguiente manera: Si el
periodismo tiene como materia prima los hechos de interés colectivo
eso le importa poco o nada a Truman Capote. Capote no
dejó nunca de plantearse cuestiones tan básicas como la estructura y
el orden. Su biógrafo Clarke dice que podía pasar horas analizando
un solo párrafo, "como un tallista de diamantes pensando en cómo
transformar una piedra en bruto en una joya resplandeciente".8
Técnica. Capote es técnica, un artista, un escultor de narrativa
que poco le importa que la forma se cargue el fondo. No es el caso
de A sangre fría, pero las historias de Música para
camaleones resultan limitadas, superficiales. En tal contexto, este
análisis interesado en encontrar lecciones para el periodismo puede
resultar injusto en cuanto a que Capote advirtió que nunca pretendió
ejercer el periodismo ni someterse a las exigencias de la profesión;9
de hecho cuando acudía a los acontecimientos de su interés para
escribir "ni una sola vez verían a Truman tomando notas", dice su
biógrafo Clarke cuando explica la manera en que nuestro narrador
realizó el trabajo de campo para A sangre fría: Clarke considera que el método de Capote era bastante lento pero eficaz ya que una vez que escribía en un papel lo que había averiguado, elaboraba una versión de las entrevistas del día y después la comparaba con las notas de su colaboradora, la periodista Nelle Harper Lee. Para construir los materiales de Música para camaleones, Capote procedió de manera similar pero añadió a la anécdota, como ya lo señalábamos, una dosis de introspección propia de su bagaje y de su propia biografía. El encuentro con la aristócrata de la Martinica, con el asesino miembro del clan de Charlie Manson recluido en la presión de San Quintín o con la trabajadora doméstica, fluyen sin la advertencia de libretas de notas ni magnetófonos de por medio. Fluyen como relatos de su testimonio, de su experiencia con esa aristócrata, con ese preso o con aquella mujer que conservaba gatos muertos en la nevera. Pero ello no implica que pueda subrayarse que las historias de Música para camaleones, como materiales fundamentados en la realidad, carezcan de rigor informativo y se pierdan en trivialidades. Incluso los textos con materia prima para el periodismo, por sus hechos o por sus personajes, estarían en el cesto de la basura si hubieran sido revisados por un editor que no tuviera la suficiente libertad mental para no encasillar al periodista de talento en unas normas convencionales de género y de profundidad que le vendrían estrechas a Capote.
El texto "Una adorable criatura", un perfil de
Marilyn Monroe en el contexto de una tarde con la actriz, debe
leerse y comprenderse como lo que es: el relato de la experiencia de
Truman Capote con la célebre actriz durante unas horas. Tal como
Lillian Ross lo realizó con Retrato de Hemingway al registrar
con precisión y exactitud su experiencia de dos días con el Nóbel de
Literatura. Sí, Capote muestra rasgos de la personalidad del
personaje, de los personajes, a través de la trascripción textual y
total de los diálogos, pero el lector que espere revelaciones en
torno al pensamiento de la actriz en torno a su profesión podría
quedar decepcionado ante preguntas y respuestas como las siguientes: Lo
extraordinario en Truman Capote está en las formas y en los potentes
atributos con que construyó sus narraciones sobre asuntos
aparentemente triviales y hasta absurdos. No buscó mirlos blancos ni
grandes tragedias. Todos los mirlos son negros y todas las tragedias
son grandes. Todos los sucesos son importantes siempre y cuando se
cuente con el talento para registrarlos y narrarlos. Capote lo tuvo.
Y lo sabía porque se lo dijo a Grobel en una de las entrevistas que
sostuvieron: Capote dejó claro con su obra que la realidad suele ser siempre más rica, fantástica y terrible que cualquier ficción al momento de contar una historia, ya sea la de las personas con quienes nos rodeamos -como él, con una aristócrata de la Martinica que gusta de ponerle música a los camaleones de su jardín-, o lo que leemos en los periódicos, como a él le ocurrió el 16 de noviembre de 1959 cuando abrió el ejemplar de The New York Times para encontrar, en el centro de la página 39, una columna sin excesivo lujo tipográfico, fechada en Holcomb, Kansas, y con el titular: "Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados", que le daría el motivo para poner en marcha, durante los próximos seis años, la idea de escribir una novela fundamentada en la realidad que sería conocida como A sangre fría. En el caso
de Música para camaleones, el empleo de la anécdota humaniza
los relatos en sí mismos. El relato está personalizado; la narración
no es abstracta. Truman Capote también es potente en el uso de la
visibilidad. Es preciso en sus transcripciones y en sus
descripciones. Y eso, eso hace creíbles sus anécdotas. Creíbles sí,
verdaderas es lo de menos para él. Pero algunas lo son. Son también
verdaderas porque nadie reprochó un dato de A sangre fría y
muchos personajes de la alta sociedad neoyorquina lo condenaron
hasta el ostracismo porque se sintieron descritos y utilizados como
personajes de los capítulos de la novela Plegarias atendidas que, en
la medida que los escribía, los daba a conocer en las páginas de
Esquire. Joseph M. Fox, editor de la edición norteamericana de
Plegarias atendidas, en el prólogo de la edición póstuma de la
novela que también aparece en la versión en castellano, cuenta que
Capote resultó afectado por las reacciones ante su trabajo, pero que
declaraba provocativamente: Fue un
escritor y se sirvió de todo. Truman Capote nos dice que hay que
aprender tanto y de tantas fuentes: no sólo de los libros, sino de
la música, de la pintura y hasta de la simple observación de todos
los días. Lo apuntó en el prólogo de Música para camaleones:
Orgía perpetua En Truman Capote opera la entrega total a la escritura tan vehemente como cuando se ama a alguien, en un ejercicio orgiástico permanente. Esa es la orgía perpetua de la que hablaba Mario Vargas Llosa al estudiar la novela Madame Bovary y el proceso creativo de Gustav Flaubert, un autor cuya actitud hacia la escritura, su perfeccionismo, es lo que a Truman Capote le gustaba perseguir. La orgía de Flaubert. La orgía de Vargas Llosa. La orgía de Capote. La de los escritores que hacen de su oficio, de sus lecturas y revisiones, una operación de pasión infinita; la de los escritores que viven en una erección permanente y que se sirven sin escrúpulos de toda la realidad, que convierten en literatura todo lo que les va ocurriendo y que tienen la manía de la documentación llevada a extremos por una ambición totalizadora. Esta visión es la que más interés provoca como periodista. En la visión totalizadora de la vida y en el pormenor que revela atmósferas, paisajes, modos de existencia, formas de conducta y pensamientos singulares de personajes, la novela A sangre fría recuerda a cada paso la ambición del reportaje: valerse de todos los géneros periodísticos (todos esos colores y capacidades disponibles en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente, como lo pensaba Capote) para ofrecer un panorama completo, una visión de conjunto que es la suma de varias singularidades; es lo que sucedió y cómo sucedió desde el punto de vista de sus antecedentes y de sus consecuencias, desde quienes lo vivieron o escucharon de él, desde quienes resultaron afectados directa o indirectamente, desde quien lo pone por escrito y opina también. Este es el caso de A sangre fría. No el de Música para camaleones. Música para camaleones es la antítesis de A sangre fría. Es consecuencia de A sangre fría y, digamos, su confirmación como experto criminalista que podría ser consultado por un detective en un caso de asesinato múltiple que desembocaría en la novela corta Ataúdes tallados a mano. Relato real de un crimen norteamericano: un thriller de espléndida factura que, para su biógrafo Clarke, sería su última obra de envergadura. Música para camaleones es bagaje, memoria, experiencia. A sangre fría, documentación y reconstrucción. En A sangre fría, el narrador está oculto y ubicado en las alturas de la reconstrucción de los hechos reales, como relator invisible que todo lo observa y lo cuenta, como Flaubert en Madame Bovary. En Música para camaleones, la actitud es la opuesta: el narrador está situado en el centro de la escena. Truman Capote se arriesga a pintarse a sí mismo a través de la elaboración de la experiencia vivida; se aferra a su perspectiva radicalmente subjetiva y desde ella muestra sus hallazgos, incluso allí donde los hechos parecen ordinarios. La convención indica que, en una entrevista, el entrevistador debe quedar completamente al margen del protagonismo. En Música para camaleones, Truman Capote hizo lo contrario para demostrar que se podía sostener un diálogo situándose en el centro. Truman Capote se metió en camisa de once varas y salió ileso. La presencia del autor como narrador protagonista puede resultar contraproducente si se utiliza en un contexto inadecuado. La voz protagonista del narrador sólo podría resultar eficaz si se explica la historia de un modo que sería imposible contar con una simple enumeración directa de los hechos, lo cual genera tensión dramática, como un relato. Y eso, eso es lo que hizo Truman Capote. Novela real En la novela corta Ataúdes tallados a mano, Truman Capote está situado al centro de la reproducción total de los diálogos reales o imaginarios. Desde la conversación, desde las respuestas de sus interlocutores o personajes, desde los recuerdos presentados a manera de flash back y una serie de breves acotaciones narrativas en estilo libre indirecto, Truman Capote reconstruye, a caballo entre el relato y el guión cinematográfico, una serie de asesinatos a miembros de un jurado en el interior de Estados Unidos. Como parte
de los materiales hechos como variantes de novela real,
fundamentados en la realidad y en experiencias personales,
Ataúdes tallados a mano es un relato creíble, pero verdadero -ya
lo decíamos- es lo que menos importa para el autor. No obstante el
subtítulo "Relato real de un crimen americano", Ataúdes tallados
a mano corresponde a un producto de la imaginación. Así lo
revela Gerald Clarke en la biografía de Capote: Truman Capote mezcló ficción y realidad en Ataúdes tallados a mano. Transgredió propiedades; alejó al relato del periodismo y lo insertó en el ámbito literario. Capote no se apega a la verdad, a lo que exclusivamente ocurre: lo inventa, pero ha sido capaz de hacerlo creer como si fuera cierto porque alimentó la ficción con datos de la realidad, de su realidad, de su propia experiencia personal. Esta situación, para algunos estudiosos, condiciona de forma definitiva su obra de no ficción hasta el punto de que la hace inexistente como tal.14 Antítesis
de A sangre fría en términos formales y morales, Ataúdes tallados
a mano es, temáticamente, una prolongación de la experiencia de
la obra cumbre de Truman Capote. Incluso, empleó el mismo
procedimiento de A sangre fría para inaugurar Ataúdes
tallados a mano. En ambos casos, los primeros párrafos son precisos
en descripciones geográficas de los escenarios de los respectivos
sucesos; y el tono, el registro, resulta telegráfico, como una
crónica informativa, a través de una alternancia de frases cortas
con frases largas. Pero después ambas estructuras son distintas.
A sangre fría está fundamentada en la reconstrucción de los
hechos a través de una narración en estilo libre indirecto;
Ataúdes tallados a mano, en la trascripción total de los
diálogos. A sangre fría, novela real. Ataúdes tallados a
mano, variante de novela real. La distancia de más de diez años
entre obra y obra le permiten a Truman Capote, sin embargo, imprimir
en Ataúdes tallados a mano nuevas preocupaciones, nuevas
ideas en torno a la síntesis y, particularmente, superar
deficiencias que reconocía en lo que había escrito hasta entonces,
incluso en A sangre fría. No se trataba de un asunto sobre
sus contenidos ni sus enfoques, sino sobre la organización de los
propios textos: En
Música para camaleones intentó explotar esa energía y sus
facultades narrativas a su disposición. Entonces, ¿eso lo convierte
en su mejor libro? Esta pregunta se la formuló Grobel a Capote, y
consiguió la siguiente respuesta: "No. Pero creo que es interesante
porque entonces dio muy buen resultado".16 Escultor de palabras Mármol aguardando al escultor. Hermosa imagen. Truman Capote correspondió a ella y consiguió resultados genuinos que establecieron precedentes. Sin embargo, se nos advierte que la obra de Truman Capote es auténtica, pero no inaugura un nuevo género con A sangre fría como la primera novela de no ficción. Tampoco fue el primero en vestir los hechos con los colores de la ficción, lo que ya habían hecho algunos escritores desde el siglo XVIII (como cuando Daniel Defoe publicó Diario del año de la peste); y -para remitirnos al contexto en que habría de operar Capote- como lo intentaron con éxito, desde los años cincuenta del siglo XX, algunos periodistas de The New Yorker como John Hersey y Lillian Ross con trabajos como Hiroshima y Retrato de Hemingway, respectivamente; obras con las que el estilo del llamado nuevo periodismo18 adquirió un impulso decisivo. A sangre
fría no era un nuevo género aunque así se lo pareciese a muchos
lectores. Otros ya habían utilizado técnicas propias de la novela,
pero nadie había llegado a escribir un relato verídico que pudiera
leerse como una novela. Gerald Clarke pone de esta manera en la balanza la máxima obra de Truman Capote y se atreve a afirmar que obras posteriores a A sangre fría, hechas como reportajes novelados, como Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer, no se habrían escrito, o al menos de la misma manera, si Truman Capote no llega a dar con aquella noticia en el otoño de 1959 que le permitió poner en marcha una maquinaria técnica de escultor de narrativa; una maquinaria que abrió brecha para despertar nuevas sensibilidades dentro de una tradición escritural, como la norteamericana, profundamente realista y precisa al momento de la descripción. Truman Capote es un personaje contradictorio; pero un autor constante en la producción de materiales narrativos, mestizos, híbridos entre ficción y no ficción, entre la aplicación simultánea de géneros y recursos fundamentados en la realidad y en experiencias personales. Un individuo en el que operó la insatisfacción como motor para vivir y para escribir. Creía que Dios le entrega a uno un don y también un látigo, "y el látigo es únicamente para autoflagelarse", afirmaba.20 La insatisfacción destruyó al personaje, pero alimentó al escritor porque, en éste, la insatisfacción funcionó como tensión necesaria y hasta deseable para conseguir en cada relato o reportaje lo que se buscaba y cómo se pretendía contarlo.
NOTAS
Bibliografía |
|
|
Truman Capote was born in New Orleans, as the son of a salesman and a 16-year-old beauty queen, Lillie Mae Faulk. His father, Archulus "Arch" Persons, worked as a clerk for a steamboat company. Persons never stuck at any job for long, and was always leaving home in search for new opportunities. The unhappy marriage gradually disintegrated. When Capote was four, his parents eventually divorced. The young Truman was brought up in Monroeville, Alabama. He lived some years with his relatives, one of whom became the model for the loving, elderly spinster of the author's novels, stories, and plays. "Her face is remarkable - not unlike Lincoln's, craggy like that, and tinted by sun and wind," described Capote in A CHRISTMAS MEMORY (1966) his distant relative Sook, Nanny Rumbley Faulk. Sook was sixty-something, "small and sprightly, like a bantam hen..." Capote's mother, Lillie Mae, wrote letters and telephoned to her son, often crying that she had no money and no husband. In his childhood Capote made friends with Harper Lee, who portrayed him as Dill in her world famous novel To Kill a Mockingbird. "Dill was a curiosity. He wore blue linen shorts that buttoned to his shirt, his hair was snow white and stuck to his head like duckfluff; he was a year my senior but I towered over him. As he told us the old tale his blue eyes would lighten and darken; his laugh was sudden and happy; he habitually pulled at a cowlick in the center of his forehead." After Capote's mother married again, this time a well-to-do businessman, Capote moved to New York, and adopted his stepfather's surname. He attended the Trinity School and St. John's Academy in New York, and the public schools of Greenwich, Connecticut. At the age of seventeen, Capote ended his formal schooling. He found work at the New Yorker, where he attracted attention with his eccentric style of dress. "... I recall him sweeping through the corridors of the magazine in a black opera cape, his long golden hair falling to his shoulders: an apparition that put one in mind of Oscar Wilde in Nevada, in his velvets and lilies." (Brendan Gill in Here at The New Yorker, 1975) Capote's early stories were published in quality magazines and in 1946 he won the O.Henry award. His first novel, OTHER VOICES, OTHER ROOMS (1948), depicted a boy, Joel Knox, growing up in the Deep South. Joel is "too pretty, too delicate and fair skinned". He seeks his father but falls into a relationship with a decadent transvestite. The book gained a wide success and created controversy because of its treatment of homosexuality. During this time Capote had already established his fame among the cultural circles as the thin voiced, promising young writer, who could brighten up parties with his sharp and clever remarks. Next year Capote went to Europe, where he wrote fiction and non-fiction. Among his major works was a profile of Marlon Brando. Capote's travels accompanying a tour of Porgy and Bess in the Soviet Union produced THE MUSES ARE HEARD. These European years marked the beginning of Capote's work for the theatre and films. In 1949 appeared A TREE OF NIGHT, which gathered together short stories published in Harper's Bazaar, Mademoiselle, and other magazines. When the director John Huston was making The Asphalt Jungle (1950), Capote met Marilyn Monroe, who acted in the film. "With her tresses invisible, and her complexion cleared of all cosmetics, she looked twelve years old, a pubescent virgin who had just been admitted to an orphanage and is grieving her plight." (from Marilyn Monroe: Photographs 1945-1962 by Truman Capote) In the 1950s Capote wrote THE HOUSE OF FLOWERS, a musical set in a West Indies bordello. Capote's lyrical style and melancholy marked his novel THE GRASS HARP (1951). In the story an orphaned boy and two old ladies observe life from a china tree. Eventually they come down from their temporary retreat, unlike Cosimo Piovasco di Rondò in Italo Calvino's novel The Baron in the Trees (1957). The book was adapted into screen in 1996, starring Piper Laurie, Sissy Spacek, and Walter Matthau. Capote's first important film work was collaboration with John Huston on Beat the Devil (1954). Following return to the United States, Copote wrote BREAKFAST AT TIFFANY'S (1958). Its central character, Holly Golightly, is a young woman, who comes to New York seeking for happiness. She has a nameless cat and a brother named Fred. The narrator, an aspiring writer who has the same birthday as Capote (September 30), follows Holly's life, filled with colorful characters. "What I've found does the most good is just to get into a taxi and go to Tiffany's. It calms me down right away, the quietness and the proud look of it; nothing very bad could happen to you there..." The novel is constructed as a memory of events, that happened about 15 years earlier. Holly has left the country before the end of the war, and the narrator has not seen her since. Breakfast at Tiffany's was made into a successful film, directed by Blake Edwards and starring Audrey Hepburn. George Axelrod updated the story to the 1960s and later told: "Nothing really happened in the book. All we had was this glorious girl - a perfect part for Audrie Hepburn. What we had to do was devise a story, get a central romantic relationship, and make the hero a red-blooded heterosexual." Increasing preoccupation with journalism formed the basis for the bestseller In Cold Blood, a pioneering work of documentary novel or "nonfiction novel". The work started from an article in The New York Times. It dealt with the murder of a wealthy family in Holcomb, Kansas. Sponsored by the magazine, Capote interviewed with Harper Lee local people to recreate the lives of both the murderers and their victims. During the process he became emotionally attached to both killers. However, this did not prevent him from telling the story with utmost objectivity. The research work and writing took six years to finish. Capote used neither a tape recorder nor note pad, but emptied his interviews and impressions in notebooks at the end of the day. He also recorded last days of the death-obsessed criminals. (See Norman Mailer's journalistic works The Armies of the Nigh, Miami and the Siege of Chicago, Of Fire on the Moon.) Richard Brooks' screen adaptation of the book, with its black-and-white photography, avoided all sensationalism. The trial scene was re-enacted at the Finney County Court House in the Garden City, where the actual trial had taken place. Brooks also used the real jury who had convicted Perry Smith and Dick Hicock. Among Capote's other works from the 1960s is the classic A Christmas Memory, a story about a seven-year-old boy, Buddy, his cousin, an eccentric old lady, and a tough little orange and white rat terrier called Queenie. Buddy and his cousin are each other's best friends, whose special relationship is symbolized by baking of fruitcakes, a kind of a Proustian Madeleine remembrance. The story gained a huge success as a television play. After the publication of In Cold Blood, Capote planned to write a Proustian novel to be called "Answered Prayers". This plan never materialized. Problems with drink and drugs, and disputes with other writers, such as Gore Vidal, exhausted Capote's creative energies. In interviews, Capote negative anecdotes about the people he knew distanced him from his friends. "I had a big discussion with Saul Bellow about Richard Wright," Capote said in 1974. "I said, Richard Wright was a good friend of mine and do you know what Saul Bellow said? He said, "Huh! Well, Wright just became a victim of these heavyweight intellectuals. I used to see him carting around books on Wittgenstein. He was convinced he was an intellectual." I thought that was very sad and pathetic." (The Critical Response to Truman Capote by Joseph J. Waldmeir, 1999) Answered Prayers remained unfinished, but three stories from the novel appeared in Esquire in the 1970s. The surviving portions were republished in 1986. Capote's autobiographical book presented such real-life as Colette, the Duchess of Windsor, Montgomery Clift, and Tallulah Bankhead, but its depiction of the smart set was characterized in The New York Times as "a socio-pornographic ''Ragtime'' rife with the low cackle of camp." MUSIC FOR CHAMELEONS (1981) was a collection of short pieces, stories, interviews, and conversations published in various magazines. Truman Capote died in Los Angeles, California, on August 26, 1984, of liver disease complicated by phlebitis and multiple drug intoxication. His life and work inspired Bennett Miller's film Capote (2005), based on the Gerald Clarke biography from 1988, and Have You Heard? (2006), based on George Plimpton's interviews.
Throughout his career, Truman Capote remained one of America's most controversial and colorful authors, combining literary genius with a penchant for the glittering world of high society. Though he wrote only a handful of books, his prose styling was impeccable, and his insight into the psychology of human desire was extraordinary. His flamboyant and well-documented lifestyle has often overshadowed his gifts as a writer, but over time Capote's work will outlive the celebrity. Born in New Orleans in 1924, Capote was abandoned by his mother and raised by his elderly aunts and cousins in Monroeville, Alabama. As a child he lived a solitary and lonely existence, turning to writing for solace. Of his early days Capote related, "I began writing really sort of seriously when I was about eleven. I say seriously in the sense that like other kids go home and practice the violin or the piano or whatever, I used to go home from school every day and I would write for about three hours. I was obsessed by it." In his mid-teens, Capote was sent to New York to live with his mother and her new husband. Disoriented by life in the city, he dropped out of school, and at age seventeen, got a job with THE NEW YORKER magazine. Within a few years he was writing regularly for an assortment of publications. One of his stories, "Miriam," attracted the attention of publisher Bennett Cerf, who signed the young writer to a contract with Random House. Capote's first book, OTHER VOICES, OTHER ROOMS, was published in 1948. OTHER VOICES, OTHER ROOMS received instant notoriety for its fine prose, its frank discussion of homosexual themes, and, perhaps most of all, for its erotically suggestive cover photograph of Capote himself. With literary success came social celebrity. The young writer was lionized by the high society elite, and was seen at the best parties, clubs, and restaurants. He answered accusations of frivolousness by claiming he was researching a future book. His short novel, BREAKFAST AT TIFFANY'S (1958), took much of its inspiration from these experiences. With the publication of BREAKFAST AT TIFFANY'S and the subsequent hit film staring Audrey Hepburn, Capote's popularity and place among the upper crust was assured. His ambition, however, was to be great as well as popular, and so he began work on a new experimental project that he imagined would revolutionize the field of journalism. In 1959, Capote set about creating a new literary genre -- the non-fiction novel. IN COLD BLOOD (1966), the book that most consider his masterpiece, is the story of the 1959 murder of the four members of a Kansas farming family, the Clutters. Capote left his jet-set friends and went to Kansas to delve into the small-town life and record the process by which they coped with this loss. During his stay, the two murderers were caught, and Capote began an involved interview with both. For six years, he became enmeshed in the lives of both the killers and the townspeople, taking thousands of pages of notes. Of IN COLD BLOOD, Capote said, "This book was an important event for me. While writing it, I realized I just might have found a solution to what had always been my greatest creative quandary. I wanted to produce a journalistic novel, something on a large scale that would have the credibility of fact, the immediacy of film, the depth and freedom of prose, and the precision of poetry." IN COLD BLOOD sold out instantly, and became one of the most talked about books of its time. An instant classic, IN COLD BLOOD brought its author millions of dollars and a fame unparalleled by nearly any other literary author since. To celebrate the book's success, Capote threw what many called the "Party of the Century," the famous "Black and White Ball." This masked ball, at New York's elegant Plaza Hotel, was to be the pinnacle of both his literary endeavors and his popularity. Overwhelmed by the lifestyles of the rich and famous, Capote began to work on a project exploring the intimate details of his friends. He received a large advance for a book which was to be called ANSWERED PRAYERS (after Saint Theresa of Avila's saying that answered prayers cause more tears than those that remain unanswered). The book was to be a biting and largely factual account of the glittering world in which he moved. The publication of the first few chapters in ESQUIRE magazine in 1975 caused a major scandal. Columnist Liz Smith explained, "He wrote what he knew, which is what people always tell writers to do, but he just didn't wait till they were dead to do it." With these first short publications Capote found that many of his close friends and acquaintances shut him off completely. Though he claimed to be working on ANSWERED PRAYERS (which many imagined would be his greatest work), the shock of the initial negative reactions sent him into a spiral of drug and alcohol use, during which time he wrote very little of any quality. When Capote died in 1984, at the age of fifty-nine, he left behind no evidence of any continued progress on ANSWERED PRAYERS. Though many feel that Capote did not live up to the promise of his early work, it is clear from what he did write that he was an artist of exquisite talent and vision. With both his fiction and his non-fiction, he created a body of work that will continue to move readers and inspire writers for years. |
|
AVIZORA |