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Lewis Carroll (1832-1898)

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Lewis Carroll

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Celebrando la anticipación y el error
 

120108 - Biografía. Lewis Carroll - Wikipedia

Lewis Carroll es el seudónimo por el que es conocido en la historia de la literatura Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, 27 de enero de 1832 - Guildford, Surrey, 14 de enero de 1898), sacerdote anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico, conocido sobre todo por su obra Alicia en el país de las maravillas.

Biografía

Los antepasados de Dodgson procedían principalmente del norte de Inglaterra, con algunas conexiones irlandesas. Conservadores y miembros de la High Church anglicana, la mayoría de ellos se dedicaron a las dos profesiones características de la clase media-alta inglesa: el ejército y la Iglesia. Su bisabuelo, llamado también Charles Dodgson, llegó a ser obispo; su abuelo, otro Charles, fue capitán del ejército y murió en batalla en 1803, cuando sus dos hijos eran todavía muy pequeños.

El mayor de ellos –también llamado Charles- escogió la carrera eclesiástica. Estudió en Westminster School, y luego en Christ Church, Oxford. Con grandes dotes para las matemáticas, obtuvo una doble titulación que prometía ser el comienzo de una brillante carrera académica. No obstante, el futuro padre de Lewis Carroll prefirió, tras casarse en 1827 con su prima, convertirse en párroco rural.

Su hijo Charles nació en la pequeña parroquia de Daresbury, en Cheshire. Fue el tercero de los hijos del matrimonio Dodgson, y el primer varón. Después seguirían ocho hijos más, y, lo que resulta más insólito para la época, todos ellos –siete chicas y cuatro chicos- sobrevivirían hasta la edad adulta. Cuando Charles tenía once años, su padre fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, y toda la familia se trasladó a la espaciosa rectoría que sería la morada familiar durante los siguientes 25 años.

Dodgson padre fue haciendo progresos en el escalafón eclesiástico: publicó varios sermones, tradujo a Tertuliano, se convirtió en archidiácono de la catedral de Ripon, y tomó parte activa en las apasionadas discusiones que por entonces dividían a la Iglesia de Inglaterra. Él era partidario de la High Church y favorable al Anglo-Catolicismo; admiraba a John Henry Newman y al movimiento tractariano, e hizo lo que pudo para transmitir a sus hijos sus puntos de vista.

El joven Charles inició su educación en su propia casa. Las listas de sus lecturas conservadas por la familia, atestiguan su precocidad intelectual: a los siete años leyó The Pilgrim’s Progress de John Bunyan. Se ha dicho que sufrió un trauma infantil cuando se le obligó a contrarrestar su tendencia natural a ser zurdo; no hay, sin embargo, ninguna evidencia de que haya sido así. Sí sufríó de otra discapacidad: un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones sociales durante toda su vida. También padeció sordera en el oído derecho a consecuencia de una enfermedad. A los doce años fue enviado a una escuela privada en las afueras de Richmond, donde parece que se integró bien, y en 1845, fue trasladado a Rugby School, donde fue evidentemente menos feliz, según él mismo escribió algunos años después de abandonar el lugar:

Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable. (1)

La naturaleza de esta "molestia nocturna" nunca será, quizá, correctamente interpretada. Puede ser una forma delicada de hacer referencia a algún tipo de abuso sexual. Académicamente, sin embargo, Charles se las arregló bastante bien. Su profesor de Matemáticas, R.B.Mayor, dijo de él: "No he conocido a un chico más prometedor desde que estoy en Rugby".[2]

Abandonó Rugby a finales de 1850 y en enero de 1851 se trasladó a la Universidad de Oxford, donde ingresó en el antiguo college de su padre, Christ Church. Llevaba sólo dos días en Oxford cuando tuvo que regresar a su casa: su madre había muerto de "inflamación del cerebro" (posiblemente meningitis) a los cuarenta y siete años de edad.

Cualesquiera que hayan sido los sentimientos que la muerte de su madre le produjo a Dodgson, no permitió que le apartaran del objetivo que le había llevado a Oxford. Tal vez no siempre trabajó duro, pero estaba excepcionalmente dotado y obtuvo con facilidad unos resultados excelentes. Su temprana carrera académica osciló entre sus éxitos, que prometían una carrera explosiva, y su tendencia irresistible a la distracción. A causa de su pereza, perdió una importante beca, pero, aun así, su brillantez como matemático le hizo ganar, en 1857, un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church, que desempeñaría durante los 26 años siguientes (aunque no parece haber disfrutado especialmente de su actividad). Cuatro años después fue ordenado diácono.

En Oxford se le diagnosticó epilepsia, lo cual por entonces constituía un estigma social considerable. Sin embargo, en fecha reciente John R. Hughes, director de la Universidad de Illinois (Chicago) ha sugerido que pudo haber habido un error de diagnóstico.
 


Alice Liddell

Carroll y la fotografía

En 1856, Dodgson descubrió una nueva forma de arte, la fotografía, primero por influencia de su tío Skeffington Lutwidge, y más tarde de su amigo de Oxford Reginald Southey y del pionero del arte fotográfico Oscar Gustav Rejlander.

Dodgson alcanzó pronto la excelencia en este arte, que convirtió en expresión de su personal filosofía interior: la creencia en la divinidad de lo que él llamaba belleza, que para él significaba un estado de perfección moral, estética o física. A través de la fotografía, Carroll trató de combinar los ideales de libertad y belleza con la inocencia edénica, donde el cuerpo humano y el contacto humano podían ser disfrutados sin sentimiento de culpa. En su mediana edad, esta visión se transformó en la persecución de la belleza como un estado de gracia, un medio para recuperar la inocencia perdida. Esto, junto con su pasión por el teatro, que le acompañó durante toda su vida, habría de traerle problemas con la moral victoriana, e incluso con los principios anglicanos de su propia familia. Como anota su principal biógrafo, Morton Cohen: "Rechazó rotundamente el principio calvinista del pecado original y lo sustituyó por la noción de divinidad innata".

La obra definitiva acerca de su actividad como fotógrafo (Lewis Carroll, Photographer, de Roger Taylor (2002), documenta exhaustivamente cada una de las fotografías de Lewis Carroll que se han conservado. Taylor calcula que algo más de la mitad de su obra conservada está dedicada a retratar a niñas. Sin embargo, debe ser tenido en cuenta que menos de un tercio de la totalidad de su obra se ha conservado. La niña que más veces le sirvió de modelo fue Alexandra Kitchin ("Xie"), hija del deán de la catedral de Winchester, a la que fotografió unas cincuenta veces desde que tenía 4 años hasta que cumplió 16. En 1880 intentó fotografiarla en traje de baño, pero no se le permitió. Se supone que Dodgson destruyó o devolvió las fotografías de desnudos a las familias de las niñas que fotografiaba. Se creía que se habían perdido, pero se han encontrado seis desnudos, de los cuales cuatro han sido publicados y dos se conocen apenas. Las fotografías y esbozos de desnudos que Dodgson realizaba alentaron la suposición de que tenía tendencias pedófilas.[3]

La fotografía le fue también útil como entrada en círculos sociales elevados. Cuando logró tener un estudio propio, hizo notables de personajes relevantes, como John Everett Millais, Ellen Terry, Dante Gabriel Rossetti, Julia Margaret Cameron y Alfred Tennyson. Cultivó también el paisaje y el estudio anatómico.

Dodgson abandonó repentinamente la fotografía en 1880. Después de 24 años, dominaba completamente el medio, disponía de su propio estudio en el barrio de Tom Quad, y había creado unas 3.000 imágenes. Menos de 1.000 han sobrevivido al tiempo y a la destrucción intencionada. Dodgson registraba cuidadosamente las circunstancias que rodeaban la creación de cada una de sus fotografías, pero su registro fue destruido.

Su obra fue reconocida póstumamente, junto a la de Julia Margaret Cameron, gracias a su reivindicación por parte de los fotógrafos del pictorialismo, así como al apoyo del Círculo de Bloomsbury, en el que se hallaba Virginia Woolf. En la actualidad, es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes, y, con seguridad, el más influyente en la fotografía artística contemporánea.

Carrera literaria

Dodgson escribió poesía y cuentos que envió a varias revistas y que le reportaron un éxito discreto. Entre 1854 y 1856 su obra apareció en las publicaciones de ámbito nacional The Comic Times y The Train, así como en revistas de menor difusión, como la Whitby Gazette y el Oxford Critic.

La mayor parte de estos escritos de Dodgson son humorísticos, y en ocasiones satíricos. Pero tenía un alto nivel de autoexigencia. En julio de 1855 escribió: "No creo haber escrito todavía nada digno de una verdadera publicación (en lo que no incluyo a la Whitby Gazette o al Oxonian Advertiser), pero no desespero de hacerlo algún día". Años antes de Alicia en el país de las maravillas, ya buscaba ideas de cuentos para niños que pudieran proporcionarle dinero: "Un libro de Navidad [que podría] venderse bien... Instrucciones prácticas para construir marionetas y un teatro".

En 1856 publicó su primera obra con el seudónimo que le haría famoso: un predecible poemilla romántico, "Solitude", que apareció en The Train firmado por Lewis Carroll. El sobrenombre lo creó a partir de la latinización de su nombre y el apellido de su madre, Charles Lutwidge. Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus. El resultante, Ludovicus Carolus, regresó otra vez al idioma inglés como Lewis Carroll.

También en 1856, un nuevo deán, Henry Liddell, llegó a Christ Church, trayendo con él a su joven esposa y a sus hijas, que tendrían un importante papel en la vida de Dodgson. Éste entabló una gran amistad con la madre y con los niños, especialmente con las tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición para Dodgson llevar a la niñas de picnic al río, en Godstow o en Nuneham.

Fue en una de estas excursiones, concretamente, según sus diarios, el 4 de julio de 1862, cuando Dodgson inventó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito comercial. Él y su amigo, el reverendo Robinson Duckworth, llevaron a las tres hermanas Liddell (Lorina, de trece años, Alice, de diez, y Edith, de ocho) a pasear en barca por el Támesis. Según los relatos del propio Dodgson, de Alice Liddell y de Duckworth, el autor improvisó la narración, que entusiasmó a las niñas, especialmente a Alice. Después de la excursión, Alice le pidió que escribiese la historia. Dodgson pasó una noche componiendo el manuscrito, y se lo regaló a Alice Liddell en las Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las aventuras subterráneas de Alicia (Alice's Adventures Under Ground), y estaba ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la heroína de la obra está basada en Alice Liddell, pero Dodgson negó que el personaje estuviera basado en persona real alguna [4] .

Tres años más tarde, Dodgson, movido por el gran interés que el manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro, convenientemente revisado, al editor Macmillan, a quien le gustó de inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel.

El multitudinario éxito del libro llevó a su autor a escribir y publicar una segunda parte, Alicia a través del Espejo (Through the Looking-Glass and what Alice Found There).

Posteriormente, Carroll publicó su gran poema paródico La caza del Snark (The Hunting of the Snark), en 1876; y los dos volúmenes de su última obra, Silvia y Bruno, en 1889 y 1893, respectivamente.

También publicó con su verdadero nombre muchos artículos y libros de tema matemático. Destacan El juego de la Lógica y Euclides y sus rivales modernos.

Controversias e incógnitas

Consumo de estupefacientes

Ha habido multitud de especulaciones sobre la posibilidad de que Dodgson hiciera uso de drogas psicoactivas, aunque no existe prueba alguna que respalde esta teoría. No obstante, la mayoría de los historiadores consideran probable que el autor utilizase de vez en cuando láudano, un analgésico de consumo bastante común en la época, y que le ayudaría con el dolor de su artritis. Hay que señalar que esta sustancia procede del opio, y puede producir efectos psicotrópicos si es utilizado en dosis lo suficientemente grandes. Pese a ello, no existe evidencia alguna que pueda llevar a pensar que Dodgson abusara de los narcóticos, ni de que éstos tuvieran influencia alguna en su trabajo. Por otro lado, algunos han creído ver en las alucinaciones que sufre su personaje, Alicia, una referencia a las sustancias psicodélicas. Por ejemplo, en el caso de la Amanita Muscaria que produce macrostesia y microstesia, vemos una analogía en las variaciones de tamaño que sufre Alicia al ingerir trozos de seta.

Sacerdocio

Dodgson estaba destinado a terminar como sacerdote, dada su condición de residente en la Christ Church. No obstante, empezaría a rechazar esta idea, retrasando el momento de convertirse en diácono hasta diciembre de 1861. Cuando un año después, le tocaba dar el siguiente paso para convertirse en sacerdote, apeló a Liddell para no continuar. Esa actitud no era compatible con las normas, y el propio Liddell le contó que probablemente tendría que dejar su trabajo si renunciaba al sacerdocio, aunque lo consultaría con el órgano de gobierno de la institución, algo que indudablemente, le hubiera acarreado una expulsión. Por razones desconocidas, Lidell cambió de opinión y permitió que Dodgson se quedase y no llegase jamás al sacerdocio.[5]

No existe pista concluyente alguna que permita averiguar por qué Dodgson evitó el convertirse en sacerdote. Algunos han señalado que su tartamudez pudo influir en la decisión, de manera que hubiera tenido miedo de dar sermones. No obstante, Dodgson no evitaba hablar en público, ni tenía problema alguno con actuaciones tales como contar cuentos, u ofrecer espectáculos de magia. Además, en su última etapa, llegaría a predicar, pese a no ostentar la condición de sacerdote.

Bibliografía

Algunas obras de Lewis Carroll

 

* Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland) (1865), publicado en español por Ed. Siruela, ISBN 8-4784-4760-1.
* Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass, and what Alice found there) (1872) Publicado en español por Ed. Gaviota, ISBN 8-4392-1611-4.
* La caza del Snark (The Hunting of the Snark) (1875), publicado en español como La caza del carabón por Ed. Lumen, ISBN 8-4264-2837-1.
* El juego de la lógica (The Game of Logic) (1876), publicado en español por Alianza Editorial, ISBN 8-4206-7757-4.
* Silvia y Bruno (Sylvie and Bruno) (1889)

En inglés

* Alice in wonderland / Through the looking-glass / Phantasmagoria. Wordsworth classics, Inglaterra, 1992. ISBN 1-85326-002-9.

Bibliografía pasiva

* Kelly, Richard: Lewis Carroll , Twayne, 1990.
* Cohen, Morton: Lewis Carroll: A Biography, Vintage, 1996. Traducción española: Lewis Carroll, Anagrama, 1998. ISBN 84-339-0780-8

Referencias

1. ↑ Collingwood, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, 18 (inglés)
2. ↑ Collingwood, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll, 18. (inglés)
3. ↑ Cohen, Morton N. Lewis Carroll: A Biography.. pp. 166-167, 254-255.
4. ↑ Cohen, Morton N. (ed), The Letters of Lewis Carroll, London: Macmillan, 1979.
5. ↑ Dodgson's MS diaries, volume 8, October 22-October 241862

Cronología

1832 Charles Lutwidge Dodgson nace el 27 de enero en Dadesbury (Manchester), tercer hijo de Charles Dodgson, párroco de esa localidad, rector de Croft en Yorkshire en 1843.
1844 inicia su enseñanza secundaria en el colegio de Richmond. Hasta entonces, es decir, hasta los doce años, se había educado en el seno de su familia.
1845 reúne en un manuscrito, titulado Useful and Instructive Poetry (publicado en 1954) una serie de trabajos infantiles que preludian de manera extraordinaria su producción literaria posterior, hasta el punto de contener el núcleo de diversas parodias y juegos de palabras de Alicia.
-- escribe una obra análoga, The Unknown One, al igual que la anterior para divertir a su familia, y que conocemos por estar mencionada por Collingwood, pero que no ha sido encontrada hasta ahora.
1846 ingresa en el public school de Rugby, una de las más célebres instituciones inglesas de esa especie. Durante este período, muy penoso para Dodgson, continua el estilo iniciado en su familia y comienza su interés por el teatro organizando espectáculos de marionetas.
1850 esos trabajos son reunidos en The Rectory Magazine (que alude a la rectoría de su padre), que nunca ha sido publicada en su integridad pero sí recogida parcialmente en otras publicaciones posteriores. Del mismo estilo, Guida di Bragia, publicado en 1931. Id. The Rectory Umbrella. Comienza también Mishmash.
1851 se matricula en el colegio de Christ Church de la universidad de Oxford, donde residirá hasta su muerte. Su madre muere unos días más tarde, causándole una honda impresión, a la que muchos atribuyen el comienzo definitivo de su tendencia a retornar al mundo feliz de su infancia.
1852 aprueba con éxito sus exámenes y le es otorgado un puesto de «estudiante» que de hecho lo convierte en miembro vitalicio del Colegio. Destaca particularmente en estudios matemáticos. Continúa escribiendo Mishmash y comienza a publicar artículos como The Lady of the Ladle y Wilhelm von Schmitz en algunas revistas.
1854 obtiene la licenciatura y empieza a prepararse para la ordenación de diácono.
1855 entra en contacto con Edmundo Yates, director del Comic Times, donde publica parodias poéticas y algunos cuentos cortos. Yates le da el pseudónimo de Lewis Carroll.
1856 Yates lanza la revista The Train, para la que Carroll, usando su flamante pseudónimo, escribe diversos poemas cómicos y de disparate. Conoce a Alicia Liddell, de tres años de edad, e inicia relaciones de gran intimidad con su familia, vecina suya en Christ Church. También ve en el teatro a la actriz infantil Ellen Terry, de ocho años, con quien mantendrá más tarde una larga relación.
1857 Dodgson trabaja con interés en una serie de temas. Publica cartas en periódicos ingleses. Inicia sus escritos matemáticos simultáneamente con sus clases (y también con su fracaso como maestro) y se apasiona por el arte incipiente de la fotografía, del que es un notable precursor: Alicia posa frecuentemente para su cámara.
1858 publica anónimamente The Fifth Book of Euclid treated algebraically by a College Tutor.
1860 A Photographer's Day Out, firmado por Lewis Carroll. Rules for a Court Circular y Faces in the Fire, poema donde por primera vez aparece una nota melancólica y quizás una última mención al establecimiento de una relación amorosa.
1861 ordenado diácono, pero renuncia a continuar su carrera eclesiástica por falta de una vocacíón más clara y por temer un fracaso análogo al sufrido en el profesorado.
1862 el 4 de julio realiza la famosa excursión en barca por el Támesis con Alicia Liddell y sus hermanas, donde improvisó el núcleo esencial de Las aventuras de Alicia bajo tierra. Publica Mishmash y College Rhymes, donde se recogen diversos poemas de Carroll.
-- simultáneamente publica A Syllabus of Plane Algebraical Geometry, firmado por Dodgson, y Notes on the First Two Books of Euclid. También Notes on the First Part of Algebra.
1863 sus amigos le animan a publicar Alicia. MacMillan acepta la edición y Tenniell las ilustraciones. Publica una obra matemática, The Enunciations of Euclid, anónimamente, pero también la primera de distracciones de lógica matemática, Croquet Castles for Five Players.
1864 varios artículos sobre el Examination Statute, primero de sus trabajos dedicados a temas propios de la universidad y de su sistema escolástico. Del mismo estilo A Guide to the Mathematical Student.
1865 año muy importante, pues además de The New Method of Evaluation as Applied to pi, y de algunos artículos cómicos como The Dynamic of a Parti-cle, se publica Alicia en el país de las maravillas.
1866 The Elections to the Hebdomadal Council. Comienza a escribir cartas a la Pall Mall Gazette (la última aparece en 1877) sobre temas oxonianos, en general. Por causa de los mismos y quizá también por recelos instintivos de la madre de Alicia, se pelea con la familia Liddell.
1867 comienza la redacción de A través del espejo. Viaja a Rusia, con interesantes anotaciones en su diario de viaje. Comienza a publicar en Aunt Judy's Magazine diversas obras cortas firmadas por Carroll.
1868 muere su padre, archidiácono de Ripon, causándole una profunda impresión. Publica un artículo satírico sobre la Universidad, The Offer of the Clarenton Trustees. También continúa publicaciones de lógica matemática: The Telegraph Cipher, The Alphabet Cipher.
1871 Termina el manuscrito de A través del espejo y lo que Alicia encontró ahí, que publicará MacMillan e ilustrará, aunque de mala gana, Tenniell.
1872 The New Belfry of Christ Church y The Vision of the Three T's, son escritos anónimos atacando los proyectos arquitectónicos de Liddell
1873 comienza a escribir Silvia y Bruno.
1874 se reeditan o recogen diversas obras matemáticas anteriores. Igualmente sus panfletos oxonianos bajo el título de Nores by an Oxford Chiel.
1875 Euclid Books I, II, firmado por Dodgson. Termina la composición del fantástico poema A la caza del snark.
1876 publica A la caza del snark y empieza a concentrarse en temas de lógica con Professorship of Comparative Philology y A Method of taking votes on more than two isues.
1877 diversos trabajos relacionados con Alicia: An Easter Greeting to every child who loves Alice, Fame's Penny Trumpel.
1878 primera aparición de juegos lógico-matemáticos con palabras en Word-Links; Doublets al siguiente año.
1879 Euclid and his modern rivals, firmado por Dodgson.
1880 abandona la fotografía, airado por ciertos comentarios mal intencionados respecto a su gusto por los desnudos infantiles. La fotografía, en general, era su pasatiempo favorito. En cambio, empieza a dibujar desnudos de niños en compañía de la artista Gertrude Thomson. Escribe desde 1879 una serie de cartas al Educational Times y de artículos sobre reglas de juegos para The Monthly Packet.
1881 Lanrrick, una de sus últimas producciones alicianas. También un artículo sobre sistemas electorales: Purity of Election y cartas a la St. James Gazette. Decide renunciar al profesorado y es elegido por sus compañeros «conservador» del hogar del Colegio. Reedita sus obras sobre Euclides.
1883 publica poemas anteriores en Rhyme and Reason? y A Tangled Tale, Christmas Greetings.
1881 Twelve months in Curatorship, comentarios jocosos sobre su «conservaduría», y Principles of Parliamentary Representation. Comienza la adaptación de Alicia al teatro y como libro de niños. Inicia un tratado de lógica.
1886 Three Years in a Culatorship, más comentarios jocosos sobre la vida del Colegio; y varios artículos sobre The Election of Proctors.
1887 edición comercial del Juego de la lógica, inspirado por sus clases de lógica a uno de los colegios para niñas de la universidad de Oxford.
1888 publica Curiosa Mathematica, Part I y artículos moralizantes sobre el teatro, como The Stage and the Spirit of Reverence, y Stage Children.
1889 publicación de Silvia y Bruno.
1890 más reglas de juego en Circular Billiards, y Stranger Circular, donde niega la identidad con Lewis Carroll.
1891 vuelve a ver a Alicia, ahora Mrs. Hargreaves.
1892 termina la publicación de Papers on Logic, nueve problemas de lógica aparecidos separadamente desde 1886. También Challenge to Logicians.
1893 publica Syzygies and Lanrick y Curiosa Mathematica, II. Igualmente Sylvia and Bruno Concluded, donde recoge una serie de juegos lingüísticos, así como en Pillow Problems.
1894 exclusivamente dedicado a la lógica, publica Problems of Symbolic Logic, A disputed point of Logic, A Theorem in Logic, a Logical Paradox, a Logical Puzzle, y Lo que la tortuga le dijo a Aquiles, todos ellos anónimamente.
1895 escribe en su diario «consagro todo mi tiempo a la lógica» y termina la redacción de Lógica simbólica.
1896 Lógica simbólica, parte I, elemental. La segunda parte no aparecerá jamás.
1897 obsesionado hasta el último mes de su vida por reglas de cálculo acelerado.
1898 muere el catorce de enero de una bronquitis, unos días antes de cumplir los 66 años.

 

120108 - Celebrando la anticipación y el error - Sonia Budassi

 

A 110 años de la muerte del genial creador de “Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia tras el espejo”, Charles Dogson –más conocido por su seudónimo de Lewis Carroll–, su obra sigue convocando a niños y adultos. Laboratorio literario, los textos del diácono y matemático fueron utilizados por distintas corrientes artísticas y ciencias sociales como referentes o materia de estudio, desde el surrealismo y el psicoanálisis hasta la semiótica. Más allá de los fines didácticos a los que sirvió, las aventuras de Alicia conservan su lúdica inteligencia y su divertido sentido del absurdo, mientras la relación del escritor con las niñas a las que fotografiaba sigue teñida por una misteriosa ambigüedad.

Ay, Dios mío! ¡Todo es tan raro hoy! Y pensar que ayer fue un día normal…¿Habré cambiado durante la noche? A ver…¿era yo la misma al levantarme por la mañana? Creo recordar haberme sentido algo distinta. Pero si no soy la misma… ¿quién diablos soy entonces? ¡Ah, ése es el dilema!”, se lee en “El charco de lágrimas”, el segundo capítulo de Alicia en el país de la maravillas, de Lewis Carroll. Hace unos minutos la protagonista tomó una pastilla que la convirtió en un gigante; ya ni alcanza a ver sus pies. Llora e inunda todo, provoca ríos y cascadas. Pero antes de que esto pase, Alicia “se puso a pensar en todas las chicas conocidas de su edad, para ver si no se había transformado en una de ellas”. La ambiciosa pregunta filosófica se reelabora con base en el mundo conocido y casi se vuelve digerible, o por lo menos algo digno (y posible) de pensar. El fragmento funciona como una suerte de contraposición a la natural (Gregorio Samsa no se pregunta el porqué de su transformación) y sofocante metamorfosis kafkiana (al contrario de la de Alicia, será física y definitiva). Si en la obra paradigmática del siglo XX el narrador padece lo atroz de su aplastante cotidianeidad, el recorrido de Alicia es tan encantador como tortuoso, pero revela acontecimientos delirantes –animales que hablan, mundos paralelos, objetos que tienen vida propia– mientras invita a repensar los supuestos de la comunicación y las certezas aceptadas en un mundo civilizado (el libro se publica en 1865, época victoriana, de industrialización; Charles Dickens deja los documentos literarios más realistas del período, mientras Carroll inventa coloridos nuevos mundos).

Lindo y banal mito fundante. La anécdota del origen de Alicia en el país… y de su continuadora, Alicia tras el espejo, subraya la fuerza espontánea de la tradición oral y funda los cimientos del relato en los cuentos de hadas infantiles. Pero como todo clásico que mantiene su magnetismo varias décadas después, la obra trabaja y encuentra su cauce más rico en los desvíos respecto del modelo anterior, al despegarse del fundamento inicial (un siglo y medio antes de Shrek, ¿quién hablaría de una heroína tan torpe?). Si el punto de partida para narrar esa historia tuvo un fin casi pragmático –“entretener” a otros, “pasar el tiempo”–, su resultado final, cuanto menos, excedió ese objetivo. En 1862, Charles Dogson recurrió al viejo truco de contar un cuento a una niña que se aburría; imagen que debe repetirse en toda la historia de la humanidad. ¿Y entonces? ¿Qué separa este trivial asunto de lo que hacen algunos padres para sus hijos se duerman? ¿Quién era Dogson?

El futuro “Lewis Carroll”, como firmaría su obra más tarde, fue un lector precoz, buen alumno durante todo el ciclo de su educación, y de intereses dispares: se inclinó por la poesía y las matemáticas. En 1851 ingresa al College Christ Church de Oxford y en 1857 consigue el puesto de profesor de Matemáticas mientras publica poemas que firma con su nombre real en revistas literarias. Al poco tiempo es ordenado diácono, pero nunca llega a predicar, por su tartamudez. Esta dificultad se relaciona con su timidez para relacionarse socialmente; algo que no le sucede, según sus biógrafos, cuando trata con niñas.

La leyenda de su obra literaria surge, entonces, de la mítica tarde en que fue de paseo por el río junto al decano de Christ Church y sus tres hijas, Lorina, Alice (la musa; ver recuadro) y Edith. En la travesía Carroll fue interpelado por Alice Lidell para que le contase una historia. Así nació el cuento inspirador de tantas ficciones posteriores, hoy emblema de la literatura maravillosa, superadora, como dijimos, de los cuentos de hadas de la época. Hasta películas como Laberinto o, más acá en el tiempo, ¿Quieres ser John Malcovich? son deudoras de la imaginación de Lewis Carroll.

Ingenio ilógico. Si de su pasión por las matemáticas cabría deducir su interés por los juegos de ingenio, Carroll escribe para dejar en claro que la importancia que tiene para él el sinsentido es tanta como su interés por las estrictas reglas que cada juego debe tener. En el prólogo a la edición de 1897 a Alicia en el país..., el autor escribe: “Me preguntaron tan a menudo si hay una respuesta para la adivinanza del Sombrerero que bien puedo indicar una, adecuada según creo...”. Pero luego de dar una posible explicación, aclara: “Esta es sólo una ocurrencia, porque la adivinanza original no tiene respuesta”. El autor asume que hay elementos arbitrarios (y burla lecturas exageradamente especulativas) y parece disfrutar con esos enigmas irresueltos (hay algo de siniestro en el goce por la incapacidad que tendrá el lector de saber la verdad). En la edición de Alicia tras el espejo, la nota del autor da un paso más allá. Carroll escribe que el poema en jeringoza del primer capítulo ha generado muchas dudas y anticipa una versión democrática –e igualmente idealista– de Humpty Dumpty: “Lo mejor que puedo aconsejarles al respecto es que lo pronuncien e interpreten cada cual según sus propias posibilidades”. Ahora, la “verdad”, está en el interior del lector.

Literatura funcional. Pero en definitiva no importa tanto la intención del autor como el hecho de que las aventuras de Alicia parecen estar dispuestas para sugerir sentidos cifrados. Si desde principios del siglo XX se han escrito libros de “epistemología literaria” (como los interesantes ensayos de Vintila Horia) es porque, sin dudas, suele pasar que es el arte el que adelanta o reformula los planteos teóricos de una época; la problematización de cuestiones filosóficas o culturales latentes. Las dos versiones de Alicia parecen, desde su concepción, obras hechas para interpretar, para servir a distintas ramas de las humanidades, para hiperanalizar, para reversionar con fines didácticos, para hacer ejercicios contrafácticos y explicar nuevas hipótesis. Una historia de las lecturas del libro sería análoga a otra, lúdica, incompleta, multicolor y un poco deforme, que señalara la evolución de la filosofía y las ciencias sociales de los siglos XIX y XX. Claro que es sencillo decirlo cuando, de hecho, las lecturas más densas surgieron con bastante posterioridad a la fecha de edición de los libros. En el momento de su publicación, Alicia en el país de las maravillas, salvo alguna excepción, no fue precisamente festejada por la crítica. La revista Atheneum, por ejemplo, reconoce el trabajo de su autor, pero dice que el resultado es acartonado e hiperbólico. Para el Illustrated Times, el relato es excesivamente absurdo y exótico, lo que provoca sólo desilusión e irritación. No es difícil advertir que las instituciones de la sociedad victoriana disfrutaran más de aquella literatura que regalaba con facilidad ejemplos moralizantes.

Frenología, psicoanálisis, surrealismo. En la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX era común que se practicara y estudiara, como un secreto a voces en las noches de encuentros clandestinos, la frenología, el mesmerismo y el espiritismo. Aquellos temas se discutían en distintos círculos sociales, y desde el comienzo se dijo que Carroll se había inspirado en ellos para escribir ciertos pasajes.

“Cuida el sentido, el sonido se cuidará solo”, dice la duquesa. Cincuenta años más tarde, los surrealistas toman como referente la afición de Carroll por cierta “escritura automática” y las absurdas situaciones planteadas. En esa mezcla de universos referenciales, un poco similares al mundo conocido pero distintos, donde la lógica se invierte y suceden cosas extrañas reside el mayor foco de atracción.

En Alicia tras el espejo, la reina empieza a gritar y Alicia pregunta: “¿Qué es lo que le pasa, Majestad? ¿Se ha pinchado acaso un dedo?”. Y la reina responde: “Todavía no me lo he pinchado... ¡pero me lo voy a pinchar! ¡Ay, ay, ay!”. El asunto deriva, como casi siempre que la protagonista interactúa con otro personaje, en una discusión. En un momento ella dice no poder creer que la monarca tenga, según dice, 105 años. La anciana la insta a “intentar creer”, a lo que Alicia responde: “Es inútil probar... No se puede creer en cosas imposibles”, y la reina agrega: “Me atrevo a pensar que no has tenido mucha práctica. Cuando yo tenía tu edad solía ejercitarme media hora todos los días. ¿Quieres creer que he llegado a creer seis cosas imposibles aun antes del desayuno?”.

El personaje que sueña que otro lo sueña, las paradojas, el mundo paralelo del otro lado del espejo cuyo lenguaje puede deducirse leyendo al revés o los personajes tiranos incapaces de declinar su visión del mundo ante otra distinta, otorgan a cada párrafo una carga simbólica, semiótica, onírica, psicoanalítica, filosófica…

Sin ataduras. Pero nada de lo que se lee queda esclavizado a los modelos interpretativos a los que ha servido el texto. Aún hoy –y en especial en ediciones bien traducidas y con notas al pie que clarifican los juegos de palabras que se pierden en el español, como la reciente de Editorial Losada– la saga de Alicia es apta, atractiva y recomendable para niños y adultos (como también lo son, en la misma línea, los inteligentes “cuentos infantiles” de Oscar Wilde, El príncipe valiente, El fantasma de Canterville y El insigne cohete). Las aventuras en terrenos inestables, en continuo cambio, los diálogos absurdos, los temperamentales seres del mundo subterráneo y del espejo, las analogías del ajedrez con piezas vivas, siguen siendo divertidas, lúcidas y estrafalarias, como su protagonista, un personaje tan dulce como caprichoso y seductor; materia perfecta para actualizar relecturas.

Humpty Dumpty, el huevo que usa una cinta difícil de identificar (Alicia no sabe si se trata de un cinturón o de una corbata) afirma que las palabras significan lo que él quiere decir. Más allá de las implicancias para el análisis del discurso, la idea habla de cierta naturaleza del poder. En tiempos en que los discursos políticos siguen peleando por apropiarse del “tercero del discurso”, cuando partidos tradicionales pelean por un “pueblo” y los más recientes por “la gente”, el texto sigue siendo un laboratorio de reflexión. Pero sin volver a cuestiones analíticas intelectuales, lo más atractivo de Alicia es, al día de hoy, su hermosa manera de equivocarse. Arquetipo alegre de la inadecuación, distraída, insiste en sus errores. Leído hoy, bajo el clima de una época en que el fracaso es infravalorado y hasta cruel marca de desprestigio, que Alicia meta la pata una y otra vez genera un placer casi subversivo. No por eso deja de prestarse a los juegos, como la falsa premiación sugerida por el ratón –a quien mortifica sin querer, hablándole de gatos y luego de perros– ni de aprender, ni de seguir conociendo el nuevo mundo para revisar las cosas de las que siempre estuvo segura. Carroll reconcilia la oscuridad angustiante de quien ignora las reglas y es sometido y se transforma, con la curiosa inocencia de un personaje que encaja con torpeza y voluntad en un mundo delirante. En donde lo terrible deja de ser terrible y se convierte, pasado el mal rato, en una fiesta maravillosa, llena de amistades y alianzas ridículas, equívocos, paradojas y felices malentendidos.

 

 

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