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Lewis Carroll |
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Cronología
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Celebrando la
anticipación y el error
120108 - Biografía. Lewis Carroll -
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Lewis Carroll es el seudónimo por el que es conocido en la historia
de la literatura Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, 27 de
enero de 1832 - Guildford, Surrey, 14 de enero de 1898), sacerdote
anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico, conocido
sobre todo por su obra Alicia en el país de las maravillas.
Biografía
Los antepasados de Dodgson procedían principalmente del norte de
Inglaterra, con algunas conexiones irlandesas. Conservadores y miembros
de la High Church anglicana, la mayoría de ellos se dedicaron a las dos
profesiones características de la clase media-alta inglesa: el ejército
y la Iglesia. Su bisabuelo, llamado también Charles Dodgson, llegó a ser
obispo; su abuelo, otro Charles, fue capitán del ejército y murió en
batalla en 1803, cuando sus dos hijos eran todavía muy pequeños.
El mayor de ellos –también llamado Charles- escogió la carrera
eclesiástica. Estudió en Westminster School, y luego en Christ Church,
Oxford. Con grandes dotes para las matemáticas, obtuvo una doble
titulación que prometía ser el comienzo de una brillante carrera
académica. No obstante, el futuro padre de Lewis Carroll prefirió, tras
casarse en 1827 con su prima, convertirse en párroco rural.
Su hijo Charles nació en la pequeña parroquia de Daresbury, en Cheshire.
Fue el tercero de los hijos del matrimonio Dodgson, y el primer varón.
Después seguirían ocho hijos más, y, lo que resulta más insólito para la
época, todos ellos –siete chicas y cuatro chicos- sobrevivirían hasta la
edad adulta. Cuando Charles tenía once años, su padre fue nombrado
párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, y toda la
familia se trasladó a la espaciosa rectoría que sería la morada familiar
durante los siguientes 25 años.
Dodgson padre fue haciendo progresos en el escalafón eclesiástico:
publicó varios sermones, tradujo a Tertuliano, se convirtió en
archidiácono de la catedral de Ripon, y tomó parte activa en las
apasionadas discusiones que por entonces dividían a la Iglesia de
Inglaterra. Él era partidario de la High Church y favorable al
Anglo-Catolicismo; admiraba a John Henry Newman y al movimiento
tractariano, e hizo lo que pudo para transmitir a sus hijos sus puntos
de vista.
El joven Charles inició su educación en su propia casa. Las listas de
sus lecturas conservadas por la familia, atestiguan su precocidad
intelectual: a los siete años leyó The Pilgrim’s Progress de John Bunyan.
Se ha dicho que sufrió un trauma infantil cuando se le obligó a
contrarrestar su tendencia natural a ser zurdo; no hay, sin embargo,
ninguna evidencia de que haya sido así. Sí sufríó de otra discapacidad:
un tartamudeo que tendría efectos perjudiciales en sus relaciones
sociales durante toda su vida. También padeció sordera en el oído
derecho a consecuencia de una enfermedad. A los doce años fue enviado a
una escuela privada en las afueras de Richmond, donde parece que se
integró bien, y en 1845, fue trasladado a Rugby School, donde fue
evidentemente menos feliz, según él mismo escribió algunos años después
de abandonar el lugar:
Creo ... que por nada en este mundo volvería de nuevo a vivir los
tres años que pasé allí ... Puedo decir, honestamente, que si hubiese
estado ... a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna
se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable. (1)
La naturaleza de esta "molestia nocturna" nunca será, quizá,
correctamente interpretada. Puede ser una forma delicada de hacer
referencia a algún tipo de abuso sexual. Académicamente, sin embargo,
Charles se las arregló bastante bien. Su profesor de Matemáticas,
R.B.Mayor, dijo de él: "No he conocido a un chico más prometedor desde
que estoy en Rugby".[2]
Abandonó Rugby a finales de 1850 y en enero de 1851 se trasladó a la
Universidad de Oxford, donde ingresó en el antiguo college de su padre,
Christ Church. Llevaba sólo dos días en Oxford cuando tuvo que regresar
a su casa: su madre había muerto de "inflamación del cerebro"
(posiblemente meningitis) a los cuarenta y siete años de edad.
Cualesquiera que hayan sido los sentimientos que la muerte de su madre
le produjo a Dodgson, no permitió que le apartaran del objetivo que le
había llevado a Oxford. Tal vez no siempre trabajó duro, pero estaba
excepcionalmente dotado y obtuvo con facilidad unos resultados
excelentes. Su temprana carrera académica osciló entre sus éxitos, que
prometían una carrera explosiva, y su tendencia irresistible a la
distracción. A causa de su pereza, perdió una importante beca, pero, aun
así, su brillantez como matemático le hizo ganar, en 1857, un puesto de
profesor de matemáticas en Christ Church, que desempeñaría durante los
26 años siguientes (aunque no parece haber disfrutado especialmente de
su actividad). Cuatro años después fue ordenado diácono.
En Oxford se le diagnosticó epilepsia, lo cual por entonces constituía
un estigma social considerable. Sin embargo, en fecha reciente John R.
Hughes, director de la Universidad de Illinois (Chicago) ha sugerido que
pudo haber habido un error de diagnóstico.
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Alice Liddell |
Carroll y la fotografía
En 1856, Dodgson descubrió una nueva forma de arte, la fotografía,
primero por influencia de su tío Skeffington Lutwidge, y más tarde de su
amigo de Oxford Reginald Southey y del pionero del arte fotográfico
Oscar Gustav Rejlander.
Dodgson alcanzó pronto la excelencia en este arte, que convirtió en
expresión de su personal filosofía interior: la creencia en la divinidad
de lo que él llamaba belleza, que para él significaba un estado de
perfección moral, estética o física. A través de la fotografía, Carroll
trató de combinar los ideales de libertad y belleza con la inocencia
edénica, donde el cuerpo humano y el contacto humano podían ser
disfrutados sin sentimiento de culpa. En su mediana edad, esta visión se
transformó en la persecución de la belleza como un estado de gracia, un
medio para recuperar la inocencia perdida. Esto, junto con su pasión por
el teatro, que le acompañó durante toda su vida, habría de traerle
problemas con la moral victoriana, e incluso con los principios
anglicanos de su propia familia. Como anota su principal biógrafo,
Morton Cohen: "Rechazó rotundamente el principio calvinista del pecado
original y lo sustituyó por la noción de divinidad innata".
La obra definitiva acerca de su actividad como fotógrafo (Lewis Carroll,
Photographer, de Roger Taylor (2002), documenta exhaustivamente cada
una de las fotografías de Lewis Carroll que se han conservado. Taylor
calcula que algo más de la mitad de su obra conservada está dedicada a
retratar a niñas. Sin embargo, debe ser tenido en cuenta que menos de un
tercio de la totalidad de su obra se ha conservado. La niña que más
veces le sirvió de modelo fue Alexandra Kitchin ("Xie"), hija del deán
de la catedral de Winchester, a la que fotografió unas cincuenta veces
desde que tenía 4 años hasta que cumplió 16. En 1880 intentó
fotografiarla en traje de baño, pero no se le permitió. Se supone que
Dodgson destruyó o devolvió las fotografías de desnudos a las familias
de las niñas que fotografiaba. Se creía que se habían perdido, pero se
han encontrado seis desnudos, de los cuales cuatro han sido publicados y
dos se conocen apenas. Las fotografías y esbozos de desnudos que Dodgson
realizaba alentaron la suposición de que tenía tendencias pedófilas.[3]
La fotografía le fue también útil como entrada en círculos sociales
elevados. Cuando logró tener un estudio propio, hizo notables de
personajes relevantes, como John Everett Millais, Ellen Terry, Dante
Gabriel Rossetti, Julia Margaret Cameron y Alfred Tennyson. Cultivó
también el paisaje y el estudio anatómico.
Dodgson abandonó repentinamente la fotografía en 1880. Después de 24
años, dominaba completamente el medio, disponía de su propio estudio en
el barrio de Tom Quad, y había creado unas 3.000 imágenes. Menos de
1.000 han sobrevivido al tiempo y a la destrucción intencionada. Dodgson
registraba cuidadosamente las circunstancias que rodeaban la creación de
cada una de sus fotografías, pero su registro fue destruido.
Su obra fue reconocida póstumamente, junto a la de Julia Margaret
Cameron, gracias a su reivindicación por parte de los fotógrafos del
pictorialismo, así como al apoyo del Círculo de Bloomsbury, en el que se
hallaba Virginia Woolf. En la actualidad, es considerado uno de los
fotógrafos victorianos más importantes, y, con seguridad, el más
influyente en la fotografía artística contemporánea.
Carrera literaria
Dodgson escribió poesía y cuentos que envió a varias revistas y que le
reportaron un éxito discreto. Entre 1854 y 1856 su obra apareció en las
publicaciones de ámbito nacional The Comic Times y The Train, así como
en revistas de menor difusión, como la Whitby Gazette y el Oxford Critic.
La mayor parte de estos escritos de Dodgson son humorísticos, y en
ocasiones satíricos. Pero tenía un alto nivel de autoexigencia. En julio
de 1855 escribió: "No creo haber escrito todavía nada digno de una
verdadera publicación (en lo que no incluyo a la Whitby Gazette o al
Oxonian Advertiser), pero no desespero de hacerlo algún día". Años antes
de Alicia en el país de las maravillas, ya buscaba ideas de cuentos para
niños que pudieran proporcionarle dinero: "Un libro de Navidad [que
podría] venderse bien... Instrucciones prácticas para construir
marionetas y un teatro".
En 1856 publicó su primera obra con el seudónimo que le haría famoso: un
predecible poemilla romántico, "Solitude", que apareció en The Train
firmado por Lewis Carroll. El sobrenombre lo creó a partir de la
latinización de su nombre y el apellido de su madre, Charles Lutwidge.
Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus. El
resultante, Ludovicus Carolus, regresó otra vez al idioma inglés como
Lewis Carroll.
También en 1856, un nuevo deán, Henry Liddell, llegó a Christ Church,
trayendo con él a su joven esposa y a sus hijas, que tendrían un
importante papel en la vida de Dodgson. Éste entabló una gran amistad
con la madre y con los niños, especialmente con las tres hijas, Lorina,
Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición
para Dodgson llevar a la niñas de picnic al río, en Godstow o en Nuneham.
Fue en una de estas excursiones, concretamente, según sus diarios, el 4
de julio de 1862, cuando Dodgson inventó el argumento de la historia que
más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito comercial. Él y su
amigo, el reverendo Robinson Duckworth, llevaron a las tres hermanas
Liddell (Lorina, de trece años, Alice, de diez, y Edith, de ocho) a
pasear en barca por el Támesis. Según los relatos del propio Dodgson, de
Alice Liddell y de Duckworth, el autor improvisó la narración, que
entusiasmó a las niñas, especialmente a Alice. Después de la excursión,
Alice le pidió que escribiese la historia. Dodgson pasó una noche
componiendo el manuscrito, y se lo regaló a Alice Liddell en las
Navidades siguientes. El manuscrito se titulaba Las aventuras
subterráneas de Alicia (Alice's Adventures Under Ground), y estaba
ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la heroína de la
obra está basada en Alice Liddell, pero Dodgson negó que el personaje
estuviera basado en persona real alguna [4] .
Tres años más tarde, Dodgson, movido por el gran interés que el
manuscrito había despertado entre todos sus lectores, llevó el libro,
convenientemente revisado, al editor Macmillan, a quien le gustó de
inmediato. Tras barajar los títulos de Alicia entre las hadas y La hora
dorada de Alicia, la obra se publicó finalmente en 1865 como Las
aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in
Wonderland), y firmada por Lewis Carroll. Las ilustraciones de esta
primera edición fueron obra de Sir John Tenniel.
El multitudinario éxito del libro llevó a su autor a escribir y publicar
una segunda parte, Alicia a través del Espejo (Through the Looking-Glass
and what Alice Found There).
Posteriormente, Carroll publicó su gran poema paródico La caza del Snark
(The Hunting of the Snark), en 1876; y los dos volúmenes de su última
obra, Silvia y Bruno, en 1889 y 1893, respectivamente.
También publicó con su verdadero nombre muchos artículos y libros de
tema matemático. Destacan El juego de la Lógica y Euclides y sus rivales
modernos.
Controversias e incógnitas
Consumo de estupefacientes
Ha habido multitud de especulaciones sobre la posibilidad de que Dodgson
hiciera uso de drogas psicoactivas, aunque no existe prueba alguna que
respalde esta teoría. No obstante, la mayoría de los historiadores
consideran probable que el autor utilizase de vez en cuando láudano, un
analgésico de consumo bastante común en la época, y que le ayudaría con
el dolor de su artritis. Hay que señalar que esta sustancia procede del
opio, y puede producir efectos psicotrópicos si es utilizado en dosis lo
suficientemente grandes. Pese a ello, no existe evidencia alguna que
pueda llevar a pensar que Dodgson abusara de los narcóticos, ni de que
éstos tuvieran influencia alguna en su trabajo. Por otro lado, algunos
han creído ver en las alucinaciones que sufre su personaje, Alicia, una
referencia a las sustancias psicodélicas. Por ejemplo, en el caso de la
Amanita Muscaria que produce macrostesia y microstesia, vemos una
analogía en las variaciones de tamaño que sufre Alicia al ingerir trozos
de seta.
Sacerdocio
Dodgson estaba destinado a terminar como sacerdote, dada su condición de
residente en la Christ Church. No obstante, empezaría a rechazar esta
idea, retrasando el momento de convertirse en diácono hasta diciembre de
1861. Cuando un año después, le tocaba dar el siguiente paso para
convertirse en sacerdote, apeló a Liddell para no continuar. Esa actitud
no era compatible con las normas, y el propio Liddell le contó que
probablemente tendría que dejar su trabajo si renunciaba al sacerdocio,
aunque lo consultaría con el órgano de gobierno de la institución, algo
que indudablemente, le hubiera acarreado una expulsión. Por razones
desconocidas, Lidell cambió de opinión y permitió que Dodgson se quedase
y no llegase jamás al sacerdocio.[5]
No existe pista concluyente alguna que permita averiguar por qué Dodgson
evitó el convertirse en sacerdote. Algunos han señalado que su
tartamudez pudo influir en la decisión, de manera que hubiera tenido
miedo de dar sermones. No obstante, Dodgson no evitaba hablar en
público, ni tenía problema alguno con actuaciones tales como contar
cuentos, u ofrecer espectáculos de magia. Además, en su última etapa,
llegaría a predicar, pese a no ostentar la condición de sacerdote.
Bibliografía
Algunas obras de Lewis Carroll
* Alicia en el País de las Maravillas (Alice's Adventures in Wonderland)
(1865), publicado en español por Ed. Siruela, ISBN 8-4784-4760-1.
* Alicia a través del espejo (Through the Looking-Glass, and what Alice
found there) (1872) Publicado en español por Ed. Gaviota, ISBN
8-4392-1611-4.
* La caza del Snark (The Hunting of the Snark) (1875), publicado en
español como La caza del carabón por Ed. Lumen, ISBN 8-4264-2837-1.
* El juego de la lógica (The Game of Logic) (1876), publicado en español
por Alianza Editorial, ISBN 8-4206-7757-4.
* Silvia y Bruno (Sylvie and Bruno) (1889)
En inglés
* Alice in wonderland / Through the looking-glass / Phantasmagoria.
Wordsworth classics, Inglaterra, 1992. ISBN 1-85326-002-9.
Bibliografía pasiva
* Kelly, Richard: Lewis Carroll , Twayne, 1990.
* Cohen, Morton: Lewis Carroll: A Biography, Vintage, 1996. Traducción
española: Lewis Carroll, Anagrama, 1998. ISBN 84-339-0780-8
Referencias
1. ↑ Collingwood, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll,
18 (inglés)
2. ↑ Collingwood, Stuart Dodgson. The Life and Letters of Lewis Carroll,
18. (inglés)
3. ↑ Cohen, Morton N. Lewis Carroll: A Biography.. pp. 166-167, 254-255.
4. ↑ Cohen, Morton N. (ed), The Letters of Lewis Carroll, London:
Macmillan, 1979.
5. ↑ Dodgson's MS diaries, volume 8, October 22-October 241862
Cronología
| 1832 |
Charles Lutwidge Dodgson nace el 27 de enero
en Dadesbury (Manchester), tercer hijo de Charles Dodgson,
párroco de esa localidad, rector de Croft en Yorkshire en 1843. |
| 1844 |
inicia su enseñanza secundaria en el colegio
de Richmond. Hasta entonces, es decir, hasta los doce años, se
había educado en el seno de su familia. |
| 1845 |
reúne en un manuscrito, titulado Useful
and Instructive Poetry (publicado en 1954) una serie de
trabajos infantiles que preludian de manera extraordinaria su
producción literaria posterior, hasta el punto de contener el
núcleo de diversas parodias y juegos de palabras de Alicia. |
| -- |
escribe una obra análoga, The Unknown One,
al igual que la anterior para divertir a su familia, y que
conocemos por estar mencionada por Collingwood, pero que no ha
sido encontrada hasta ahora. |
| 1846 |
ingresa en el public school de Rugby,
una de las más célebres instituciones inglesas de esa especie.
Durante este período, muy penoso para Dodgson, continua el
estilo iniciado en su familia y comienza su interés por el
teatro organizando espectáculos de marionetas. |
| 1850 |
esos trabajos son reunidos en The Rectory
Magazine (que alude a la rectoría de su padre), que nunca ha
sido publicada en su integridad pero sí recogida parcialmente en
otras publicaciones posteriores. Del mismo estilo, Guida di
Bragia, publicado en 1931. Id. The Rectory Umbrella.
Comienza también Mishmash. |
| 1851 |
se matricula en el colegio de Christ Church
de la universidad de Oxford, donde residirá hasta su muerte. Su
madre muere unos días más tarde, causándole una honda impresión,
a la que muchos atribuyen el comienzo definitivo de su tendencia
a retornar al mundo feliz de su infancia. |
| 1852 |
aprueba con éxito sus exámenes y le es
otorgado un puesto de «estudiante» que de hecho lo convierte en
miembro vitalicio del Colegio. Destaca particularmente en
estudios matemáticos. Continúa escribiendo Mishmash y
comienza a publicar artículos como The Lady of the Ladle
y Wilhelm von Schmitz en algunas revistas. |
| 1854 |
obtiene la licenciatura y empieza a
prepararse para la ordenación de diácono. |
| 1855 |
entra en contacto con Edmundo Yates, director
del Comic Times, donde publica parodias poéticas y
algunos cuentos cortos. Yates le da el pseudónimo de Lewis
Carroll. |
| 1856 |
Yates lanza la revista The Train, para
la que Carroll, usando su flamante pseudónimo, escribe diversos
poemas cómicos y de disparate. Conoce a Alicia Liddell, de tres
años de edad, e inicia relaciones de gran intimidad con su
familia, vecina suya en Christ Church. También ve en el teatro a
la actriz infantil Ellen Terry, de ocho años, con quien
mantendrá más tarde una larga relación. |
| 1857 |
Dodgson trabaja con interés en una serie de
temas. Publica cartas en periódicos ingleses. Inicia sus
escritos matemáticos simultáneamente con sus clases (y también
con su fracaso como maestro) y se apasiona por el arte
incipiente de la fotografía, del que es un notable precursor:
Alicia posa frecuentemente para su cámara. |
| 1858 |
publica anónimamente The Fifth Book of
Euclid treated algebraically by a College Tutor. |
| 1860 |
A Photographer's Day Out,
firmado por Lewis Carroll. Rules for a Court Circular y
Faces in the Fire, poema donde por primera vez aparece
una nota melancólica y quizás una última mención al
establecimiento de una relación amorosa. |
| 1861 |
ordenado diácono, pero renuncia a continuar
su carrera eclesiástica por falta de una vocacíón más clara y
por temer un fracaso análogo al sufrido en el profesorado. |
| 1862 |
el 4 de julio realiza la famosa excursión en
barca por el Támesis con Alicia Liddell y sus hermanas, donde
improvisó el núcleo esencial de Las aventuras de Alicia bajo
tierra. Publica Mishmash y College Rhymes,
donde se recogen diversos poemas de Carroll. |
| -- |
simultáneamente publica A Syllabus of
Plane Algebraical Geometry, firmado por Dodgson, y Notes
on the First Two Books of Euclid. También Notes on the
First Part of Algebra. |
| 1863 |
sus amigos le animan a publicar Alicia.
MacMillan acepta la edición y Tenniell las ilustraciones.
Publica una obra matemática, The Enunciations of Euclid,
anónimamente, pero también la primera de distracciones de lógica
matemática, Croquet Castles for Five Players. |
| 1864 |
varios artículos sobre el Examination
Statute, primero de sus trabajos dedicados a temas propios
de la universidad y de su sistema escolástico. Del mismo estilo
A Guide to the Mathematical Student. |
| 1865 |
año muy importante, pues además de The New
Method of Evaluation as Applied to pi, y de algunos
artículos cómicos como The Dynamic of a Parti-cle, se
publica Alicia en el país de las maravillas. |
| 1866 |
The Elections to the Hebdomadal Council.
Comienza a escribir cartas a la Pall Mall Gazette (la
última aparece en 1877) sobre temas oxonianos, en general. Por
causa de los mismos y quizá también por recelos instintivos de
la madre de Alicia, se pelea con la familia Liddell. |
| 1867 |
comienza la redacción de A través del
espejo. Viaja a Rusia, con interesantes anotaciones en su
diario de viaje. Comienza a publicar en Aunt Judy's Magazine
diversas obras cortas firmadas por Carroll. |
| 1868 |
muere su padre, archidiácono de Ripon,
causándole una profunda impresión. Publica un artículo satírico
sobre la Universidad, The Offer of the Clarenton Trustees.
También continúa publicaciones de lógica matemática: The
Telegraph Cipher, The Alphabet Cipher. |
| 1871 |
Termina el manuscrito de A través del
espejo y lo que Alicia encontró ahí, que publicará MacMillan
e ilustrará, aunque de mala gana, Tenniell. |
| 1872 |
The New Belfry of Christ Church
y The Vision of the Three T's, son escritos anónimos
atacando los proyectos arquitectónicos de Liddell |
| 1873 |
comienza a escribir Silvia y Bruno. |
| 1874 |
se reeditan o recogen diversas obras
matemáticas anteriores. Igualmente sus panfletos oxonianos bajo
el título de Nores by an Oxford Chiel. |
| 1875 |
Euclid Books I, II,
firmado por Dodgson. Termina la composición del fantástico poema
A la caza del snark. |
| 1876 |
publica A la caza del snark y empieza
a concentrarse en temas de lógica con Professorship of
Comparative Philology y A Method of taking votes on more
than two isues. |
| 1877 |
diversos trabajos relacionados con Alicia:
An Easter Greeting to every child who loves Alice, Fame's
Penny Trumpel. |
| 1878 |
primera aparición de juegos
lógico-matemáticos con palabras en Word-Links;
Doublets al siguiente año. |
| 1879 |
Euclid and his modern rivals,
firmado por Dodgson. |
| 1880 |
abandona la fotografía, airado por ciertos
comentarios mal intencionados respecto a su gusto por los
desnudos infantiles. La fotografía, en general, era su
pasatiempo favorito. En cambio, empieza a dibujar desnudos de
niños en compañía de la artista Gertrude Thomson. Escribe desde
1879 una serie de cartas al Educational Times y de
artículos sobre reglas de juegos para The Monthly Packet. |
| 1881 |
Lanrrick, una de
sus últimas producciones alicianas. También un artículo
sobre sistemas electorales: Purity of Election y cartas a
la St. James Gazette. Decide renunciar al profesorado y
es elegido por sus compañeros «conservador» del hogar del
Colegio. Reedita sus obras sobre Euclides. |
| 1883 |
publica poemas anteriores en Rhyme and
Reason? y A Tangled Tale, Christmas Greetings. |
| 1881 |
Twelve months in Curatorship,
comentarios jocosos sobre su «conservaduría», y Principles of
Parliamentary Representation. Comienza la adaptación de
Alicia al teatro y como libro de niños. Inicia un tratado de
lógica. |
| 1886 |
Three Years in a Culatorship, más
comentarios jocosos sobre la vida del Colegio; y varios
artículos sobre The Election of Proctors. |
| 1887 |
edición comercial del Juego de la lógica,
inspirado por sus clases de lógica a uno de los colegios para
niñas de la universidad de Oxford. |
| 1888 |
publica Curiosa Mathematica, Part I y
artículos moralizantes sobre el teatro, como The Stage and
the Spirit of Reverence, y Stage Children. |
| 1889 |
publicación de Silvia y Bruno. |
| 1890 |
más reglas de juego en Circular Billiards,
y Stranger Circular, donde niega la identidad con Lewis
Carroll. |
| 1891 |
vuelve a ver a Alicia, ahora Mrs. Hargreaves. |
| 1892 |
termina la publicación de Papers on Logic,
nueve problemas de lógica aparecidos separadamente desde 1886.
También Challenge to Logicians. |
| 1893 |
publica Syzygies and Lanrick y
Curiosa Mathematica, II. Igualmente Sylvia and Bruno
Concluded, donde recoge una serie de juegos lingüísticos,
así como en Pillow Problems. |
| 1894 |
exclusivamente dedicado a la lógica, publica
Problems of Symbolic Logic, A disputed point of Logic, A
Theorem in Logic, a Logical Paradox, a Logical Puzzle, y
Lo que la tortuga le dijo a Aquiles, todos ellos
anónimamente. |
| 1895 |
escribe en su diario «consagro todo mi tiempo
a la lógica» y termina la redacción de Lógica simbólica. |
| 1896 |
Lógica simbólica, parte I, elemental.
La segunda parte no aparecerá jamás. |
| 1897 |
obsesionado hasta el último mes de su vida
por reglas de cálculo acelerado. |
| 1898 |
muere el catorce de enero de una bronquitis,
unos días antes de cumplir los 66 años. |
120108 -
Celebrando la
anticipación y el error - Sonia
Budassi
A 110 años de la muerte del genial creador de
“Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia tras el espejo”,
Charles Dogson –más conocido por su seudónimo de Lewis Carroll–,
su obra sigue convocando a niños y adultos. Laboratorio
literario, los textos del diácono y matemático fueron utilizados
por distintas corrientes artísticas y ciencias sociales como
referentes o materia de estudio, desde el surrealismo y el
psicoanálisis hasta la semiótica. Más allá de los fines
didácticos a los que sirvió, las aventuras de Alicia conservan
su lúdica inteligencia y su divertido sentido del absurdo,
mientras la relación del escritor con las niñas a las que
fotografiaba sigue teñida por una misteriosa ambigüedad.
Ay, Dios mío! ¡Todo es tan raro hoy! Y pensar que ayer fue un
día normal…¿Habré cambiado durante la noche? A ver…¿era yo la
misma al levantarme por la mañana? Creo recordar haberme sentido
algo distinta. Pero si no soy la misma… ¿quién diablos soy
entonces? ¡Ah, ése es el dilema!”, se lee en “El charco de
lágrimas”, el segundo capítulo de Alicia en el país de la
maravillas, de Lewis Carroll. Hace unos minutos la protagonista
tomó una pastilla que la convirtió en un gigante; ya ni alcanza
a ver sus pies. Llora e inunda todo, provoca ríos y cascadas.
Pero antes de que esto pase, Alicia “se puso a pensar en todas
las chicas conocidas de su edad, para ver si no se había
transformado en una de ellas”. La ambiciosa pregunta filosófica
se reelabora con base en el mundo conocido y casi se vuelve
digerible, o por lo menos algo digno (y posible) de pensar. El
fragmento funciona como una suerte de contraposición a la
natural (Gregorio Samsa no se pregunta el porqué de su
transformación) y sofocante metamorfosis kafkiana (al contrario
de la de Alicia, será física y definitiva). Si en la obra
paradigmática del siglo XX el narrador padece lo atroz de su
aplastante cotidianeidad, el recorrido de Alicia es tan
encantador como tortuoso, pero revela acontecimientos delirantes
–animales que hablan, mundos paralelos, objetos que tienen vida
propia– mientras invita a repensar los supuestos de la
comunicación y las certezas aceptadas en un mundo civilizado (el
libro se publica en 1865, época victoriana, de
industrialización; Charles Dickens deja los documentos
literarios más realistas del período, mientras Carroll inventa
coloridos nuevos mundos).
Lindo y banal mito fundante. La anécdota del origen de Alicia en
el país… y de su continuadora, Alicia tras el espejo, subraya la
fuerza espontánea de la tradición oral y funda los cimientos del
relato en los cuentos de hadas infantiles. Pero como todo
clásico que mantiene su magnetismo varias décadas después, la
obra trabaja y encuentra su cauce más rico en los desvíos
respecto del modelo anterior, al despegarse del fundamento
inicial (un siglo y medio antes de Shrek, ¿quién hablaría de una
heroína tan torpe?). Si el punto de partida para narrar esa
historia tuvo un fin casi pragmático –“entretener” a otros,
“pasar el tiempo”–, su resultado final, cuanto menos, excedió
ese objetivo. En 1862, Charles Dogson recurrió al viejo truco de
contar un cuento a una niña que se aburría; imagen que debe
repetirse en toda la historia de la humanidad. ¿Y entonces? ¿Qué
separa este trivial asunto de lo que hacen algunos padres para
sus hijos se duerman? ¿Quién era Dogson?
El futuro “Lewis Carroll”, como firmaría su obra más tarde, fue
un lector precoz, buen alumno durante todo el ciclo de su
educación, y de intereses dispares: se inclinó por la poesía y
las matemáticas. En 1851 ingresa al College Christ Church de
Oxford y en 1857 consigue el puesto de profesor de Matemáticas
mientras publica poemas que firma con su nombre real en revistas
literarias. Al poco tiempo es ordenado diácono, pero nunca llega
a predicar, por su tartamudez. Esta dificultad se relaciona con
su timidez para relacionarse socialmente; algo que no le sucede,
según sus biógrafos, cuando trata con niñas.
La leyenda de su obra literaria surge, entonces, de la mítica
tarde en que fue de paseo por el río junto al decano de Christ
Church y sus tres hijas, Lorina, Alice (la musa; ver recuadro) y
Edith. En la travesía Carroll fue interpelado por Alice Lidell
para que le contase una historia. Así nació el cuento inspirador
de tantas ficciones posteriores, hoy emblema de la literatura
maravillosa, superadora, como dijimos, de los cuentos de hadas
de la época. Hasta películas como Laberinto o, más acá en el
tiempo, ¿Quieres ser John Malcovich? son deudoras de la
imaginación de Lewis Carroll.
Ingenio ilógico. Si de su pasión por las matemáticas cabría
deducir su interés por los juegos de ingenio, Carroll escribe
para dejar en claro que la importancia que tiene para él el
sinsentido es tanta como su interés por las estrictas reglas que
cada juego debe tener. En el prólogo a la edición de 1897 a
Alicia en el país..., el autor escribe: “Me preguntaron tan a
menudo si hay una respuesta para la adivinanza del Sombrerero
que bien puedo indicar una, adecuada según creo...”. Pero luego
de dar una posible explicación, aclara: “Esta es sólo una
ocurrencia, porque la adivinanza original no tiene respuesta”.
El autor asume que hay elementos arbitrarios (y burla lecturas
exageradamente especulativas) y parece disfrutar con esos
enigmas irresueltos (hay algo de siniestro en el goce por la
incapacidad que tendrá el lector de saber la verdad). En la
edición de Alicia tras el espejo, la nota del autor da un paso
más allá. Carroll escribe que el poema en jeringoza del primer
capítulo ha generado muchas dudas y anticipa una versión
democrática –e igualmente idealista– de Humpty Dumpty: “Lo mejor
que puedo aconsejarles al respecto es que lo pronuncien e
interpreten cada cual según sus propias posibilidades”. Ahora,
la “verdad”, está en el interior del lector.
Literatura funcional. Pero en definitiva no importa tanto la
intención del autor como el hecho de que las aventuras de Alicia
parecen estar dispuestas para sugerir sentidos cifrados. Si
desde principios del siglo XX se han escrito libros de
“epistemología literaria” (como los interesantes ensayos de
Vintila Horia) es porque, sin dudas, suele pasar que es el arte
el que adelanta o reformula los planteos teóricos de una época;
la problematización de cuestiones filosóficas o culturales
latentes. Las dos versiones de Alicia parecen, desde su
concepción, obras hechas para interpretar, para servir a
distintas ramas de las humanidades, para hiperanalizar, para
reversionar con fines didácticos, para hacer ejercicios
contrafácticos y explicar nuevas hipótesis. Una historia de las
lecturas del libro sería análoga a otra, lúdica, incompleta,
multicolor y un poco deforme, que señalara la evolución de la
filosofía y las ciencias sociales de los siglos XIX y XX. Claro
que es sencillo decirlo cuando, de hecho, las lecturas más
densas surgieron con bastante posterioridad a la fecha de
edición de los libros. En el momento de su publicación, Alicia
en el país de las maravillas, salvo alguna excepción, no fue
precisamente festejada por la crítica. La revista Atheneum, por
ejemplo, reconoce el trabajo de su autor, pero dice que el
resultado es acartonado e hiperbólico. Para el Illustrated
Times, el relato es excesivamente absurdo y exótico, lo que
provoca sólo desilusión e irritación. No es difícil advertir que
las instituciones de la sociedad victoriana disfrutaran más de
aquella literatura que regalaba con facilidad ejemplos
moralizantes.
Frenología, psicoanálisis, surrealismo. En la Inglaterra de la
segunda mitad del siglo XIX era común que se practicara y
estudiara, como un secreto a voces en las noches de encuentros
clandestinos, la frenología, el mesmerismo y el espiritismo.
Aquellos temas se discutían en distintos círculos sociales, y
desde el comienzo se dijo que Carroll se había inspirado en
ellos para escribir ciertos pasajes.
“Cuida el sentido, el sonido se cuidará solo”, dice la duquesa.
Cincuenta años más tarde, los surrealistas toman como referente
la afición de Carroll por cierta “escritura automática” y las
absurdas situaciones planteadas. En esa mezcla de universos
referenciales, un poco similares al mundo conocido pero
distintos, donde la lógica se invierte y suceden cosas extrañas
reside el mayor foco de atracción.
En Alicia tras el espejo, la reina empieza a gritar y Alicia
pregunta: “¿Qué es lo que le pasa, Majestad? ¿Se ha pinchado
acaso un dedo?”. Y la reina responde: “Todavía no me lo he
pinchado... ¡pero me lo voy a pinchar! ¡Ay, ay, ay!”. El asunto
deriva, como casi siempre que la protagonista interactúa con
otro personaje, en una discusión. En un momento ella dice no
poder creer que la monarca tenga, según dice, 105 años. La
anciana la insta a “intentar creer”, a lo que Alicia responde:
“Es inútil probar... No se puede creer en cosas imposibles”, y
la reina agrega: “Me atrevo a pensar que no has tenido mucha
práctica. Cuando yo tenía tu edad solía ejercitarme media hora
todos los días. ¿Quieres creer que he llegado a creer seis cosas
imposibles aun antes del desayuno?”.
El personaje que sueña que otro lo sueña, las paradojas, el
mundo paralelo del otro lado del espejo cuyo lenguaje puede
deducirse leyendo al revés o los personajes tiranos incapaces de
declinar su visión del mundo ante otra distinta, otorgan a cada
párrafo una carga simbólica, semiótica, onírica, psicoanalítica,
filosófica…
Sin ataduras. Pero nada de lo que se lee queda esclavizado a los
modelos interpretativos a los que ha servido el texto. Aún hoy
–y en especial en ediciones bien traducidas y con notas al pie
que clarifican los juegos de palabras que se pierden en el
español, como la reciente de Editorial Losada– la saga de Alicia
es apta, atractiva y recomendable para niños y adultos (como
también lo son, en la misma línea, los inteligentes “cuentos
infantiles” de Oscar Wilde, El príncipe valiente, El fantasma de
Canterville y El insigne cohete). Las aventuras en terrenos
inestables, en continuo cambio, los diálogos absurdos, los
temperamentales seres del mundo subterráneo y del espejo, las
analogías del ajedrez con piezas vivas, siguen siendo
divertidas, lúcidas y estrafalarias, como su protagonista, un
personaje tan dulce como caprichoso y seductor; materia perfecta
para actualizar relecturas.
Humpty Dumpty, el huevo que usa una cinta difícil de identificar
(Alicia no sabe si se trata de un cinturón o de una corbata)
afirma que las palabras significan lo que él quiere decir. Más
allá de las implicancias para el análisis del discurso, la idea
habla de cierta naturaleza del poder. En tiempos en que los
discursos políticos siguen peleando por apropiarse del “tercero
del discurso”, cuando partidos tradicionales pelean por un
“pueblo” y los más recientes por “la gente”, el texto sigue
siendo un laboratorio de reflexión. Pero sin volver a cuestiones
analíticas intelectuales, lo más atractivo de Alicia es, al día
de hoy, su hermosa manera de equivocarse. Arquetipo alegre de la
inadecuación, distraída, insiste en sus errores. Leído hoy, bajo
el clima de una época en que el fracaso es infravalorado y hasta
cruel marca de desprestigio, que Alicia meta la pata una y otra
vez genera un placer casi subversivo. No por eso deja de
prestarse a los juegos, como la falsa premiación sugerida por el
ratón –a quien mortifica sin querer, hablándole de gatos y luego
de perros– ni de aprender, ni de seguir conociendo el nuevo
mundo para revisar las cosas de las que siempre estuvo segura.
Carroll reconcilia la oscuridad angustiante de quien ignora las
reglas y es sometido y se transforma, con la curiosa inocencia
de un personaje que encaja con torpeza y voluntad en un mundo
delirante. En donde lo terrible deja de ser terrible y se
convierte, pasado el mal rato, en una fiesta maravillosa, llena
de amistades y alianzas ridículas, equívocos, paradojas y
felices malentendidos.
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